Innumerables filósofos, místicos y físicos cuánticos han trabajado laboriosamente en descifrar nuevos códigos sobre la naturaleza invisible de la realidad. Hoy día disponemos de una gran cantidad de información en el campo de las comunicaciones que constantemente nos está proporcionando conocimiento sobre las teorías de la física moderna. Capra, Wheeler, Bohm, Sheldrake, Talbot, nos permiten atravesar nuevas fronteras entre la realidad objetiva y subjetiva, entre la onda y la partícula, viaje protagonizado por la consciencia. En relación a esto, Wigner afirma que es imposible dar una descripción de los procesos de la mecánica cuántica sin una explícita referencia de la consciencia.

Que la física moderna esté llegando a conclusiones similares a las que hace miles de años encontraron los místicos de oriente y occidente constituye una de las convergencias más interesantes en beneficio del desarrollo de la humanidad y su proyecto universal.


Por un lado encontramos que desde hace milenios los Tantras nos hablan del espacio como se estuviese atravesado por líneas de fuerza conocidas como los cabellos de Shiva y que serían capaces de causar la expansión y contracción del tejido del espacio mismo. Entre tanto, actualmente Wheeler asegura que la carga eléctrica o las líneas en un campo eléctrico o magnético son literalmente líneas de fuerza atrapadas en el tejido del espacio tiempo. Safartti sugiere que la organización de la materia se debe a un espectro de campos organizados que estructuran la materia fuera del turbulento mar de la espuma cuántica, que la estructura de la materia no puede ser independiente de la consciencia y que ella no es más que luz atrapada gravitatoriamente.

Toda interpretación de la realidad no puede estar exenta de poesía y creatividad. Semeja esa ventana a un mundo invisible que son capaces de construir algunos artistas. En la vida cotidiana la ilusión de una realidad única no es otra cosa que el resultado de la interferencia constructiva de todas las realidades. Hemos soñado el mundo y dentro de él soñamos que estamos inmersos en un mundo real y continuo, pero siempre hay pequeños intersticios donde algunos seres humanos de mirada escrutadora son capaces de atravesar para captar la vibración de la luz y vivenciar los campos de fuerza que constituyen el sustrato de la realidad.

Vincent fue un visionario capaz de captar esa energía sutil, su mente y sus ojos febriles parecían estallar por el vértigo provocado por el constante movimiento de las líneas de fuerzas entrelazadas y circulantes que constituyen indistintamente la materia. Este pintor, poseedor de visión etérica, ha legado a esta generación el privilegio de introducirnos a un mundo en vibración, y a viajar tal vez como una partícula-onda a través de los trigales arlesianos.


Este gran genio de la pintura, nacido en Holanda en 1853 bajo el rojo signo de Aries, tuvo una existencia muy contradictoria, donde se combinaban períodos de extremada lucidez con otros de excentricidad y gran tensión nerviosa o locura. Su vida se fue dificultando, le costaba enormemente relacionarse debido a su carácter áspero y al constante mutismo provocado por la inmersión en su mundo psíquico. Trabajó sin concesiones de ninguna especie, centrado totalmente en la búsqueda de la forma ideal de expresar sus diferentes sensaciones ópticas, integrando en forma magistral los sentimiento y emociones. Fue capaz de sondear las profundidades humanas mucho más lejos que lo que insinuaban las determinantes estéticas del movimiento de los simbolistas, y a través de su muy particular visión de la materia y de la luz nos entregó paisajes cuánticos, trascendiendo cualquier ismo de su época.

Vincent Van Gogh pintaba, por lo general, directo desde el natural, tratando de capturar con máxima precisión la realidad que él captaba. Todas las imágenes elegidas quedaban finalmente subordinadas a su propia percepción visionaria, lo que implicaba la aparición de un verdadero mundo invisible. Así, por ejemplo, tenemos algunos paisajes donde la línea del horizonte no establece necesariamente un sentido espacial habitual sino que, por el contrario, con frecuencia nos lleva a percibir otras dimensiones o realidades, miles de líneas de color vibrando en diferentes dimensiones, constituyendo especies de mareas de materia incluso discos iridiscentes. Con frecuencia sus personajes parecen viajeros de sus propios pensamientos y como si vivieran a cabalidad en la bidimensionalidad de la tela. El uso magistral de sus características pinceladas de color puro de pintura y de trazos gruesos obtenidos directamente del tubo, le permitieron lograr esa atmósfera tan especial que nos muestra el viaje de ciertos contenidos esenciales de la realidad para configurar una nueva dimensión más parecida a los sueños.

La vida de Vicent no fue fácil, continuos dolores emocionales, contradicciones y agotamiento psíquico lo llevaron a vivir momentos sobrecogedores, a tal punto que su vida y su obra no sólo ha sido larga y profundamente estudiada por historiadores y estetas, sino que muy especialmente por psiquiatras y otros estudiosos de la psiquis humana.


Para Jung, el proceso creativo tiene dos aspectos: uno que corresponde a aquello que produce un despertar creador mediante el impacto sobre la consciencia de ideas que emanan de alguna fuente superior, y por otro lado están las ideas menores, visiones y conceptos que capta el artista. Todo artista es una dualidad o una síntesis de actitudes contradictorias. Por un lado es un ser humano con una vida personal, mientras por otro es un proceso creador impersonal. Siendo así, el artista está en constante conflicto, entre su anhelo natural de felicidad, satisfacción y seguridad como individuo por una parte, y por la otra una pasión avasalladora por crear, la que a menudo lo lleva al olvido de sí mismo. Con frecuencia esto conduce a vidas altamente insatisfactorias o trágicas, pareciendo que es muy corriente que se pague caro el don de crear.

En Vincent la tormenta era constante, había una pugna inmensa entre su deseo de amar y el deseo irrefrenable de crear. Ansiaba tener una mujer a su lado, pero su dificultad de relacionarse sin asperezas, junto a una apariencia poco agraciada, reducía mucho las posibilidades reales de encontrarla. Su facilidad para crearse expectativas después de conocer a las dos o tres mujeres de su vida, lo llevaba a estados de dependencia emocional y pasión sólo conocidos por él. Su fértil imaginación en este caso creaba una situación inexistente en la realidad, un perfecto guión que llegaba a ser tan real que permitía que él mismo cayera en su propia trampa, al punto de creer que la mujer en la que había proyectado su amor estaba también enamorada y le correspondía. Esta especie de ensueño era tremendamente dañino, ya que, además de extenuarlo, lo hacía realizar en el mundo cotidiano acciones inexplicables para la sociedad, los amigos, y más aún para esa mujer que no tenía idea de lo que estaba sucediendo. Estos procesos causaron grandes estragos en su personalidad; la realidad le era tan dolorosa que caía en profundos estados depresivos e incluso paranoicos. Ninguna de estas mujeres llegó a conocerlo realmente y menos a amarlo, y su vida en general fue muy desprovista de cualquier afecto, con excepción de un solo ser humano que lo amó, protegió y acompañó hasta el fin, su hermano Theo, quien lo sustentó tanto en el mundo material y práctico como en el vertiginoso mundo emocional.


Otra contradicción constante en la vida de este pintor eran los asuntos religiosos. Se interesó profundamente en conocer a Dios y la justicia divina. Primero intentó el sacerdocio, más tarde prefirió ser evangelista para trabajar y convivir con los pobres en busca de un mundo más justo. Fue destinado a una zona minera muy pobre en Bélgica. Pronto empezó a discrepar fuertemente con la estructura clasista de la Iglesia, lo que motivó la cancelación de su licencia por parte de la Iglesia evangélica Belga. Después de este infortunado episodio decidió alejarse definitivamente de la Iglesia y de Dios, llegando a la conclusión de que sólo existía un doloroso y cruel caos.

La desilusión amorosa, la falta de justicia divina y sus propios desequilibrios lo llevaron a una profunda depresión, de la que la recuperación fue muy lenta. Ayudado por su hermano empezó a dibujar, al principio era muy torpe, de forma que se le hacía muy complicado vaciar lo que su mente percibía. Así comenzó un combate febril, pues quería expresar con veracidad lo que sentía, lo que veía, y por sobre todo la intensidad de la vida, pasando varios años de trabajo para dominar todos los aspectos de la pintura en Bélgica y Holanda, al tiempo que atravesaba por períodos de extremada pobreza y decepciones amorosas.

Nunca lograba vender nada de sus obras a pesar de los esfuerzos de su hermano, que trabajaba en las Galerías Goupil, de propiedad de un tío de ambos. Una vez que terminó su etapa formativa, incentivado por los relatos de Theo sobre los pintores e intelectuales que constituían la conocida fuerza vanguardista, decidió radicarse en París. Al comparar el uso de los colores oscuros de su etapa flamenca con los vibrantes colores de los impresionistas no pudo menos que recibir un fuerte impacto libertario que lo estimuló a abrirse a nuevas experimentaciones en su propia obra. Encontraba fantástico el uso de colores primarios sin graduación, y sin el uso de líneas definidas de los impresionistas, apreciando que esto permitía que las luces y las sombras se fundieran unas en otras como el ojo las ve fundirse en la naturaleza. Estas pinturas tenían aire y luz.


Muy estimulado, empezó a frecuentar Le Bataille, restaurante donde confluían los pintores, conociendo e interactuando con varios de ellos. Lautrec lo impactó con su visión auténtica y profunda de la vida. Gauguin por su pasión, Seurat por su investigación para convertir la pintura en una ciencia abstracta, Rosseau lo paseó por su colección fantástica de animales.

Su pintura empezó a proliferar, trataba desgarradoramente de expresar la esencia, sus cuadros empezaron a desbordarse de la tela, así como también su tensión nerviosa. Estuvo una temporada en esta cofradía, discutiendo y filtrando ideas sobre diferentes tópicos, tales como la función del arte, el valor de las emociones, la pulcritud y precisión de la mente, el valor de la luz y sus efectos en la materia, y fueron muchas la horas de encierro entre el humo de las pipas y el vapor del ajenjo. Incluso llegó a participar de proyectos colectivos en pro de una mejor posición del arte y del artista en la sociedad.

Pronto su alma libertaria, la disminución de su obra y el agobio propio de la ciudad lo llevaron a establecerse al sur de Francia, lugar donde su pintura tomó la dimensión propia de un genio. Viajó en febrero de 1888 a Arlés en las riberas del Ródano.


El sol artesiano lo deslumbró, las estrechas calles de adoquines configuraban unas especies de nichos sombríos que permitían guarecerse del sol y del mistral, viento impetuoso que sólo era posible frenar en las callejuelas gracias a los recovecos. El paisaje lo llamaba con sus innumerables elementos, a su disposición estaban los techos de las casas que parecían apilados en intrincados dibujos, los campos labrados, los huertos en flor. El intenso colorido llegaba a herir sus ojos, los colores parecían brotar puros y deslumbrantes. Casi no podía resistir tanto despliegue de la naturaleza, con aquellos azules tan profundos, la plenitud de los verdes del campo, el enceguecedor amarillo del sol sobre los trigales, y la sensualidad de los rojos de la tierra.

La percepción de la realidad fue demasiado para él, se sentía incapaz de poner ningún control ni freno. Se entregó por entero a la luz y al fenómeno impersonal de la creatividad, así dejó de ser observador para introducirse al mismo campo vibratorio que observaba, ávido de las sensaciones corporales y emocionales que dicha realidad provocaba en él. Embriagado de vivencias pudo experimentar la ausencia de fronteras definidas entre él y el paisaje, entre el artista y su obra, entre el girasol y una silla, una iglesia, la luna o un ciprés., totalidad de miles de trazos de color viajando a velocidades vertiginosas en el rectángulo de la tela.

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