Cómo Consultar el Tarot

Cómo Consultar el Tarot

Este artículo quisiera permitirle al lector que experimente el descubrimiento que hará algún día cada humilde servidor del tarot, después de años de relación asidua: el tarot, el universo y el sistema nervioso del hombre tienen lazos constantes, muy estrechos y muy precisos. La manera más simple de expresar esto es decir que el tarot permite descifrar el universo y el sistema nervioso del hombre, y así vivir en armonía con ambos: el interior y el exterior. Probablemente, los tres son manifestación, en planos de realidades diferentes y modalidades diferentes, de la misma verdad Una. Pero quedémonos en la práctica, en lo útil, en el instante: veamos las bases para trabajar con el tarot.

Este trabajo es fisiológico, psicológico y espiritual. Se puede utilizar para el propio crecimiento o para ayudar a otros (diagnóstico y terapia). No es necesario hacer intervenir ni la videncia ni los llamados dotes mediumnísticos. Al contrario, él desarrolla todas las cualidades de exactitud y de comprensión, de ahí la intuición.

Estas bases de trabajo son utilizables para no importa qué camino de conocimiento esotérico o exotérico. Tales distinciones no tienen razón de ser después de haber alcanzado un cierto nivel de realización.

Est rota magister

Para trabajar con el tarot es preciso encuadrar en oro este antiguo adagio: Es el Tarot quien es el maestro. Hay que tratarlo con deferencia, casi con devoción, pues él es mucho más grande que uno y extremadamente poderoso. (No se bromea con las legiones angélicas). Pero – sin supersticiones – la actitud justa se siente desde adentro: no son más que trozos de cartulina coloreados. Utilizamos los trozos de cartulina hasta haber podido establecer todas las conexiones con nuestro tarot interior. Hay que mantener estos dos polos como generadores de una corriente de energía.

En segundo lugar, hay que encuadrar en oro el lema de la Sociedad Real de Ciencias británica: Nullius in verba (no creer a nadie sólo por la palabra), no hay que desprenderse del espíritu crítico ni un solo instante. Todo debe ser tomado como una hipótesis de trabajo, empezando por este artículo. Sin embargo, considera éste con cuidado, no leerás su contenido en ningún libro, y hay pocas posibilidades de caer por azar en una cadena de transmisión oral del tarot. Es cierto que podrías encontrar todo esto por ti solo, suponiendo que tengas varios siglos por delante para ello… Presta atención a la resonancia interior que te despertará. Los músicos saben que un sonido justo engendra armónicos puros. Ve por ti mismo lo que te enseñará el empezar a trabajar según las bases expuestas aquí.

En tercer lugar, el tarot no es un libro. El está centrado en el tarot, eso es todo. Y está en todo el tarot, los llamados arcanos menores no presentan ninguna inferioridad. Y hacer intervenir la astrología, los sephiroth, los números, etc., equivale a una confesión de impotencia e ignorancia.

Evolución individual, evolución colectiva
Cada una de las imágenes que componen el tarot es de tal modo arquetípica que corresponde a la vez a una parte de un esquema de evolución colectiva de la humanidad y de la evolución individual, así como a un retrato del universo. Pues el conjunto de los arcanos cubre todas las posibilidades de la experiencia humana, incluyendo las experiencias por venir, así como todas las situaciones psicológicas. Se puede anticipar que el conjunto de situaciones psicológicas humanas abarca todo el camino de la humanidad. Es decir que el hombre revive más o menos completamente, o vive a su manera, la aventura de la totalidad de la raza humana, hasta lo que se podría percibir como el Apocalipsis/Resurrección, o como la fusión galáctica (según Timothy Leary).

 

ComoConsultarElTarot-1Dado que los arcanos constituyen la totalidad de la experiencia humana, cada cual puede ver allí un aspecto, un nivel de la realidad o de la encarnación de esa realidad. Es por eso que Leary, por ejemplo, distingue en ellos la estrategia del A.D.N., llevando la vida desde la Tierra-cuna hasta el espacio; pero eso es el tarot más neurología.

Un visionario que conozco ve en él la historia de las naciones, pero eso es el tarot más filosofía. Otro lo considera la rueda de la vida, pero es el tarot más cábala. Otro lo ve como el proceso del orgasmo, pero
eso son los arcanos mayores más pornografía. Son interpretaciones más o menos chocantes o fantasiosas. Ese no es el verdadero trabajo con el tarot. El verdadero trabajo hace inútiles las técnicas autoritarias o inspiradas, pues el verdadero trabajo alcanza tales niveles de comprensión que toda encarnación en modelos diferentes se muestra posible hasta el infinito, pero no necesaria, y aun, redundante, restrictiva.

 

 

Cómo trabajar con el tarot
El tarot se mira, se contempla, se vive, se experimenta. Al comienzo, al nivel del ojo. Percíbelo como es, no como tú crees que es, no como se te dice que es, no como quisieras que fuera. Para esto observa y anota todos los detalles en un cuaderno a medida que los ves. Quince años después descubrirás todavía cosas nuevas. Es preciso integrarlo memorizándolo completamente. No digas jamás: Oh, aquí hay un error de concepto!. Es la excusa de los vanidosos y de los perezosos. Tienes que ver cada cosa en el lugar en que ella está. Si esto contradice tus ideas preconcebidas, cambia tus ideas, pues es el tarot quien tiene la razón.

Físicamente, cada carta muestra la actitud de uno o varios personajes. Tómala, asúmela lo más exactamente posible. Observa lo que te llega como imágenes interiores en ese momento, percibe si se produce una sensación cenestésica o una reacción fisiológica, como un escalofrío o nausea.

 

ComoConsultarElTarot-2Cuando en la carta esté indicado un movimiento, evalúalo en tus músculos, tu esqueleto. Cópialo, imítalo, siente dónde se encuentran las energías del cuerpo y cómo se desplazan. Ejemplo, los brazos de la Temperancia, la cabeza del Loco, la mano derecha de la Justicia.

Presta un interés especial a la manera en que los personajes son sexuados, es decir, a su polaridad exteriormente manifestada. Astuta, como el Diablo, o aproximativa como los dos individuos que sonríen de manera imbécil – o beata – debajo de él. 0 imprecisa, como la Temperancia, o extraña como la Fuerza.

Siente dónde se sitúa el centro del cuerpo. Siéntate como la Emperatriz o como el Emperador, como la Papisa o la Justicia, y nota la diferencia.

 

 

 

ComoConsultarElTarot-3No dejes pasar ningún detalle. Consagra una sesión de trabajo a comparar los ojos de los personajes: tamaño, dirección de la mirada, expresión. Otra a comparar los pies: color del calzado, ubicación en relación al cuerpo, en relación al suelo, forma, etc. Igual con las manos: la mano derecha del Loco, la mano derecha del Ermitaño, la de la Emperatriz… Otra sesión destinada a los objetos: el cetro del Emperador y de la Emperatriz, la trompeta del juicio, la cuerda que ata al Colgado, la mesa del Mago, las coronas de los reyes y reinas de los arcanos menores.

 

Busca qué arcanos mayores, puestos en un cierto orden, forman un panorama continuo y qué sentido tiene ese panorama. Cuáles son los detalles comunes a la Torre y al Sol?, etc.

 

 

ComoConsultarElTarot-4Sobre todo no omitas los arcanos menores, que ciertos atolondrados consideran postizos e inútiles: la reina de Oros puede ser que te ayude a captar el verdadero significado del arcano VI. Aprovecha para contemplar de cerca el arco sin cuerda del personaje en lo alto de la carta. Esto y las cabalgaduras – con armadura o no – de los caballeros, las insignias de los reyes, las faldas y las cabelleras de las reinas, sus tronos, la fisonomía de los pajes, todos tienen una razón para ser como son. A ti te toca encontrarla: se encuentra memorizando cada detalle. Por qué las láminas pares de la serie Espadas no llevan espadas sino flores? Observa el color de los tallos, están cortados o no? De dónde se originan? Sigue la transformación de estas plantas: qué elemento crece, cuál decrece? Cuáles son los colores? Dónde están las hojas (respiración) y las flores (producción)?

El simbolismo del tarot tiene la simplicidad de la naturaleza: rojo como la sangre, amarillo como el sol o el oro alquímico, azul como las profundidades del agua, verde como los brotes en la primavera, blanco como
la pureza o la ausencia de color, negro como la tierra fértil o como la oscuridad de los lugares donde no penetra la mirada, claro como lo que constituye el aspecto exterior del hombre.

Un marco para la experiencia interior
Presta atención al lugar de la escena, a la disposición de las sombras y a los relieves. A menudo la aparente confusión es significativa. La aparente contradicción traduce una realidad de otra manera inexpresable: el caballete, la rueda, la manivela, los rayos, todos imposibles de la Rueda de la Fortuna…

 

ComoConsultarElTarot-5La experiencia interior tiene necesidad de ser preservada y de tener un marco – arcano XVIII, La Luna – es decir, guardarla secreta, insospechada, invisible, velada – la bestia del mismo color que el agua – pero presente en la casa cerrada. El nombre que figura en cada arcano mayor se encuentra a veces allí para enredarte o para caracterizar en exceso una situación, Desconfía. El tarot está lleno de paradojas, de trampas y de humor. Para las almas moralizantes, es una paliza de golpes dolorosos.

Ningún arcano es bueno ni malo, no más que cualquier aspecto de la evolución interior o del mundo, sino ambivalente y, sobre todo, rico de dos tipos de vitalidad: una para avanzar, otra para cuidarse; una para disolver, otra para coagular.

Ultima recomendación: Observa el grafismo de las letras y de los números. Cada nombre debe ser examinado largamente en su grafismo de origen. Las letras cumplen un rol determinado y constituyen un índice precioso. Los rasgos de las cifras son algunos más delgados, otros más gruesos, atrayendo la atención hacia cómo debe ser comprendida esa cifra.

Por qué el tarot de Marsella?
Como lo habrás notado, las bases de este trabajo se apoyan sobre ejemplos tomados exclusivamente del tarot de Marsella. por qué?

Se podría discutir hasta el cansancio… pero no, si verdaderamente se ha trabajado con el tarot en lugar de nutrir el ego, No hay más tarot que el tarot de Marsella. Esta afirmación aparentemente dictatorial puede parecer insoportable a quienes han diseñado hermosos tarots. Que ellos me perdonen, Se puede fundamentar esta afirmación sobre decenas de pruebas, y especialmente sobre argumentos numerológicos que causarían estupor. Pero me basta una sola prueba objetiva, clara y neta: el tarot de Marsella es el más rico, más pleno, más simple, punto.

Alinea todos los otros tarots al costado de él. Aun aquellos en los que se ha creído conveniente agregar una letra hebraica, un planeta, o no importa qué, son lejos inferiores en sentido y en contenido, parecen míseros y a menudo farfullantes.

Muchas personas, a menudo demasiado sabias, han querido mejorar el tarot de Marsella, completarlo, o simplificarlo. Pero… cuando se ha cambiado la forma de la carta, su colorido o aun su nombre, se ha cambiado también completamente el contenido vibratorio de la carta. Los otros tarots son a veces muy interesantes o armoniosos o decorativos, o cargados de experiencias (notoriamente psicodélicas), pero allí se ve el retrato de la gente que los han hecho y no el retrato de universo. Llegan a ser catálogos de ideas recogidas y no un camino viviente de iniciación.

Idiota congénito o iniciado muy avanzado
Cómo apareció el tarot de Marsella? Nadie ha encontrado todavía un dato ni un nombre, precisos, y tanto las disertaciones como las divagaciones se estrellan contra un muro. Puede ser que el misterio no tenga el espesor que se cree, cuando se le contempla desde un punto de vista desapasionado, que ensaya sentir las cosas en lugar de querer justificarlas.

Cuando uno consulta los juegos anteriores al tarot pareciera ser que el inconsciente colectivo giraba en torno a grandes verdades, prendiendo una aquí, otra allá, en un cuento, un juego de rayuela, una danza en grupo. De esta percepción elementaria o imperfecta de los arquetipos salieron unas cartas para jugar, de las cuales las nuestras son herederas directas. Y sucedió que un día (?) un ser más desarrollado, capaz de percepciones y de síntesis inéditas, haya captado lo incompleto de esta percepción intermitente. El habría dado entonces su forma al tarot, su forma absoluta. Fue un idiota congénito, habitado por el Espíritu en el momento de concebir el tarot? Se trataba de un grupo de iniciados muy avanzados, al punto de borrarse completamente tras el modelo del universo que ellos podían captar en lo que la ciencia denomina hoy día sus estructuras sutiles?

El Diablo  en el Tarot

El Diablo en el Tarot

Ha llegado el momento de enfrentarse al Diablo. Como figura arquetípica pertenece al cielo, la parte superior de nuestra carta del Tarot. Pero cayó recuerdan? Según él renunció a su empleo y abandonó los cielos. Dijo que merecía una mejor oportunidad, ascender y gozar de más autoridad. Pero no es ésta la historia que cuentan los demás. La mayor parte de las leyendas que narran el incidente afirman que Satán fue despedido a causa de su orgullo y su arrogancia. Era despótico y ambicioso y desmesuradamente orgulloso de sí mismo. Sus modales, sin embargo, eran fascinantes y muy seductores. Sólo así podemos entender que consiguiera organizar una rebelión a espaldas del Jefe mientras que, al mismo tiempo, imploraba sus favores. Le gustaba pensar que era su hijo predilecto. Tenía celos de todo el mundo, especialmente de la humanidad. Odiaba a Adán y le irritaba pensar que fuera él quien gobernara el armonioso jardín del Paraíso. Para él la seguridad complaciente era – y sigue siendo – anatema. La perfección le fastidiaba y la inocencia le sacaba de quicio. La tentación era – y sigue siendo – su especialidad. Cómo disfrutó tentando a Eva y ocasionando su expulsión del Paraíso!

Hay quienes llegan a decir que Dios es tan bueno que jamás hubieran podido ocurrírsele las diabólicas triquiñuelas que utilizó para poner a prueba a Job de no haber sido inspirado por Satán. Otros, por el contrario, afirman que el Señor es omnisciente y todopoderoso y que, por consiguiente, es el único responsable de las torturas a que sometió a Job. La polémica sobre la responsabilidad del sufrimiento de Job ha durado muchos siglos, todavía no se ha llegado a ninguna conclusión definitiva y es muy posible que jamás se llegue a ella. La razón es muy sencilla: el Diablo confunde porque está confundido. Si echamos un vistazo a la imagen de esta carta del Tarot comprenderemos por qué.


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La imagen del Diablo se nos presenta como un agregado incoherente de rasgos completamente dispares. Tiene cornamenta de ciervo, garras de ave depredadora y alas de murciélago. Se refiere a sí mismo como un hombre pero tiene pechos de mujer – o, mejor dicho, porta pechos de mujer – porque esos pechos parecen estar pegados o pintados. Ese ridículo peto, sin embargo, resulta muy poco protector. Quizás constituya un emblema para ocultar la crueldad, tal vez sea una alusión simbólica a su uso de la ingenuidad y la inocencia femeninas para lograr introducirse subrepticiamente en nuestro jardín.

En cualquier caso, lo cierto es que la leyenda del Paraíso nos dice que el Diablo utiliza la inocencia personificada por Eva para colarse de rondón en nuestro interior. El hecho de que el peto sea rígido y postizo puede también insinuar que el aspecto femenino del Diablo es mecánico, poco coordinado y que no siempre está bajo su control. Resulta también significativo, en este sentido, que lleve consigo un yelmo dorado, atributo de Wotan, un dios vengativo sujeto a frecuentes arrebatos de cólera cada vez que veía amenazada su autoridad. El Diablo lleva también una espada pero la sostiene descuidadamente con la mano izquierda. Es evidente que su relación con el arma es tan inconsciente que sería incapaz de utilizarla de la manera adecuada, lo cual significa simbólicamente que su relación con el Logos masculino es igualmente torpe.

En esta versión del Tarot, el arma que Satán porta consigo es peligrosísima porque no está bajo su control. Tengamos en cuenta que el crimen organizado actúa lógicamente y que, por consiguiente, puede rastrearse y descubrirse mediante la investigación sistemática. Hasta los crímenes pasionales tiene una cierta lógica emocional que los hace humanamente comprensibles e incluso, en ocasiones, hasta predecibles. Sin embargo, ante la destrucción indiscriminada – el asesinato callejero injustificado o el francotirador enfurecido, por ejemplo – nos encontramos completamente indefensos. Esas fuerzas operan en el dominio de las tinieblas que descansan más allá de la comprensión humana.

El Diablo es una figura arquetípica cuya estirpe se remonta, directa o indirectamente, a la antigüedad, donde solía representarse como una bestia demoníaca más poderosa y menos humana que la imagen que nos ofrece el Tarot. Set, por ejemplo, el dios egipcio del mal, se representaba como una serpiente o un cocodrilo. En la antigua Mesopotamia, por su parte, Pazazu (el rey de los espíritus malignos del aire, un demonio portador de la malaria que moraba en el viento del suroeste) encarnaba algunas de las cualidades que hoy atribuimos a Satán.

Nuestro Diablo también ha heredado algunas de las cualidades de Tiamat, la diosa babilonia del Caos, que asumía el aspecto de un murciélago con garras y cuernos. Fue en la época judeocristiana cuando el Diablo comenzó a aparecer en forma definitivamente humana y a llevar a cabo su nefasta actividad de manera más comprensible para nosotros, los humanos. El hecho de que la imagen del Diablo haya ido humanizándose con el correr de los siglos representa simbólicamente que hoy en día estamos en mejores condiciones para considerarla como un aspecto oscuro de nosotros mismos, que como un dios sobrenatural o como un demonio infernal. Quizás también signifique que ya nos encontramos en condiciones de enfrentarnos a nuestro lado más oculto y satánico.

Pero aunque su apariencia sea humana – e incluso hermosa – el Diablo sigue sin haberse despojado todavía de sus enormes alas de murciélago. Es más, el hecho de que en el Tarot de Marsella esas alas sean mayores y más oscuras todavía, parece indicarnos que la vinculación de Satán con el murciélago es especialmente importante. Detengámonos, por tanto, en este punto para prestarle una atención especial. El murciélago es un ave nocturna. Durante el día rehúye la luz del sol y al llegar la madrugada se retira a una oscura caverna y se cuelga boca abajo para recuperar la energía necesaria para sus correrías nocturnas. Es un chupador de sangre cuyo aliento pestilente emponzoña el ambiente. Se mueve en la oscuridad y, según la creencia popular, tiene una especial tendencia a enredarse con los cabellos de los seres humanos y a desatar sus ataques de histeria.

También el Diablo vuela durante la noche, cuando las luces de la civilización se extinguen y la mente racional dormita, cuando el ser humano yace inconsciente e inerme y más expuesto se halla a la sugestión. A plena luz del día, sin embargo, cuando la consciencia del ser humano está despierta y mantiene toda su capacidad discriminativa, el diablo se retira hacia las zonas más oscuras del psiquismo donde cuelga boca abajo, esconde sus contradicciones, recupera su energía y espera pacientemente a que llegue su momento.

Metafóricamente hablando, el Diablo chupa nuestra sangre y consume nuestra esencia. Los efectos de su mordedura son contagiosos y llegan a contaminar a comunidades o incluso a países enteros. Así pues, del mismo modo que el vuelo del murciélago puede desatar el pánico irracional de un nutrido grupo de personas, el Diablo puede revolotear sobre la multitud, enredarse en sus cabellos, desarticular su pensamiento lógico y desatar un ataque de histeria colectiva. El miedo al murciélago desafía todo tipo de lógica y algo parecido sucede – y por razones similares – con el miedo al Diablo. El murciélago se nos antoja una monstruosa aberración de la naturaleza, un ratón con alas y lo mismo ocurre con el Diablo, cuya disparatada forma desafía todas las leyes de la naturaleza.

Tenemos la tendencia a considerar todo tipo de malformación – los enanos, los jorobados y las cabras con dos cabezas, por ejemplo – como criaturas e instrumentos de los poderes más irracionales y siniestros. Uno de los poderes más inexplicables del murciélago y del Diablo al que más tememos intuitivamente consiste en su capacidad para desplazarse a ciegas en la oscuridad. Los científicos han elaborado todo tipo de estrategias para protegerse de las desagradables y peligrosas costumbres del murciélago, estrategias que les permiten entrar en su guarida y analizarlo racionalmente. Como resultado de esta investigación, su absurda forma y su repulsiva conducta resultan hoy en día menos temibles que antaño. Hasta hemos llegado a comprender las leyes que rigen el secreto de su misterioso sistema de radar. La moderna tecnología ha terminado así desentrañando el poder de su magia negra y ha llegado a diseñar y elaborar un sistema de vuelo similar al suyo que permite al ser humano volar a ciegas.

Es posible que si realizamos un estudio similar sobre el Diablo aprendamos también a protegernos contra él. Tal vez si descubrimos nuestra proclividad hacia la magia negra satánica podamos conquistar los miedos irracionales que paralizan nuestra voluntad y nos impiden enfrentarnos y relacionarnos con el Diablo. Quizás el terror de Hiroshima – con sus espantosas secuelas para la humanidad – pueda permitirnos por fin vislumbrar la monstruosa silueta de nuestra diabólica sombra. Cada nueva guerra pone en evidencia nuestros rasgos más diabólicos. Hay quienes llegan incluso a afirmar que la guerra cumple precisamente con la función de revelar a la humanidad su enorme potencial para el mal de un modo tan crudo que no nos quede más remedio que tomar consciencia de nuestra propia sombra y establecer contacto con las fuerzas inconscientes de nuestra naturaleza interior. Según Alan McGlashan, por ejemplo, la guerra es el castigo por la incredulidad del ser humano con respecto a las fuerzas que moran en su interior.

Paradójicamente, sin embargo, a medida que la vida consciente del ser humano se torna más civilizada su naturaleza animal se declara en guerra y se vuelve más salvaje. A este respecto dice Jung: Las fuerzas instintivas reprimidas por el hombre civilizado son muchísimo más destructivas – y, por consiguiente más peligrosas – que los instintos del primitivo que vive de continuo en estrecho contacto con sus aspectos negativos. En consecuencia, ninguna guerra pasada puede competir – en cuanto a su colosal escalada de horrores se refiere – con las guerras que asolan hoy a las naciones civilizadas. Jung continúa diciendo que la imagen tradicional del Diablo – mitad hombre mitad bestia describe exactamente los aspectos más siniestros y grotescos de nuestro inconsciente con el que jamás hemos llegado a conectar y que, por consiguiente, ha permanecido en su estado salvaje original.

Si examinamos al hombre-bestia que nos muestra el Tarot descubriremos que en él no existe ninguna parte que destaque sobre las demás. Lo que hace su figura tan detestable es el absurdo conglomerado de rasgos tan dispares. Este agregado irracional atenta contra el mismo orden de las cosas y socava el esquema cósmico sobre el que descansa toda nuestra visión de la vida. Afrontar esta sombra significa afrontar un miedo que no sólo espanta al ser humano sino que también aterra a la misma Naturaleza. Pero esta extraña bestia que todos llevamos en nuestro interior y a la que proyectamos como Diablo es, después de todo, Lucifer. Y Lucifer es un ángel – aunque ciertamente un ángel caído – el Portador de la Luz y, como tal, es un mensajero de Dios. Es imprescindible, pues, que aprendamos a establecer contacto con él.

Sallie Nichols

 

Extractado por Matilde Fernández de
Jung y el Tarot.- Editorial Kairós

Qué es el Tarot?

Qué es el Tarot?

No es posible el estudio de la Filosofía Oculta sin instrucción sobre simbolismo, puesto que si las palabras ocultismo y simbolismo son correctamente usadas, significan casi una y la misma cosa. Simbolismo no puede ser aprendido como el aprendizaje para construir puentes o hablar un idioma extranjero, y para la interpretación de los símbolos se hace necesario un tipo especial de mente; sumadas al conocimiento son requeridas facultades especiales: el poder del pensamiento creativo y una imaginación desarrollada. Uno puede entender el uso del simbolismo en las artes, en el conocimiento, en una forma general, cual es el significado oculto por el simbolismo. Pero igualmente es necesario un entrenamiento de la mente, en orden a comprender el “lenguaje de los Iniciados”, y a expresar en este lenguaje las intuiciones que surgen.

Hay muchos métodos para el desarrollo del “sentido de los símbolos” en aquellos quienes se esfuerzan para entender las fuerzas ocultas de la Naturaleza y del Hombre, y para enseñar los principios fundamentales así también como los elementos del lenguaje esotérico. El más sintético, y uno de los más interesantes de estos métodos, es el Tarot.

En su forma externa el Tarot es un paquete de cartas usadas en el sur de Europa para juegos de adivinación. Estas cartas fueron conocidas primero en Europa al final del siglo catorce, cuando eran usadas por las gitanas españolas.

Un mazo de Tarot contiene las cincuenta y dos cartas de juego ordinarias con la adición de una “carta figura” para cada pinta, llamado el Caballero, colocada entre la Reina y el Paje. Estas cincuenta y seis cartas se dividen en cuatro pintas, dos negras y dos rojas y tiene la siguiente designación: cetros (bastos o tréboles), copas (corazones), espadas (picas) y pantáculos o discos (diamantes u oros). Agregándose a los cincuenta y seis cartas el mazo del Tarot tiene además veintidós cartas numeradas con nombres especiales:

Carta I.– “El Mago”
“Hombre” Superhombre. El Iniciado. El Ocultista altamente consciente. Logos Humano. El “Adam Kadmon” kabalístico. La Humanidad. “Homo Sapiens”

Carta II.– “La Sacerdotisa”
Ocultismo. Esoterismo. Misticismo. Teosofía. Iniciación. Isis. Misterio

Carta III.– “La Emperatriz”
La Naturaleza en su aspecto fenoménico. La fuerza de la Naturaleza siempre renovando y recreando. La realidad objetiva.

Carta IV.– “El Emperador”
Tetragrammaton. La ley de cuatro. Energía latente de la Naturaleza. Logos en el total aspecto con todas las posibilidades del nuevo Logos. Filosofía hermética.

Carta V.- “El Sumo Sacerdote”.
Misticismo, Teosofía. Lado esotérico de todas las religiones.

Carta VI.– “Los Amantes”
“Hombre” Otro aspecto del “Adam Kadmon”, el “Hombre Perfecto”, el “Divino Andrógino”. El amor como los esfuerzos de “Adam Kadmon” para encontrarse a sí mismo. El equilibrio de los contrarios. La unificación de la dualidad, como medio para conseguir la Luz.

Carta VII.– “El Carro”
“Hombre”. La imaginación. Magia. Auto sugestión. Auto decepción. Medios artificiales de adquisición. Pseudo ocultismo. Pseudo teosofía.

Carta VIII.- “El Poder”
El Poder real. La Fuerza del amor. La Fuerza de la unión (Cadena Mágica). Fuerza de lo Infinito. Ocultismo. Esoterismo. Teosofía.

Carta IX.– “El Ermitaño”
“Hombre”. El camino de la Iniciación. Búsqueda de la Verdad en la vía derecha. Conocimiento interno. Luz interna. Fuerza interna. Teosofía. Ocultismo.

Carta X.– “La Rueda de la Fortuna”
La Rueda de la Vida. La vida siempre cambiante y nunca siendo lo mismo. El Círculo del Tiempo y los cuatro elementos. La idea del círculo.

Carta XI.– “La Justicia”
Verdad. Conocimiento real. Verdad interna. Ocultismo. Esoterismo. Teosofía.

Carta XII.- “El Colgado”
“Hombre” El dolor de la elevada consciencia atada a las limitaciones del cuerpo y de la mente. El superhombre en el hombre separado.

Carta XIII.- “La Muerte”
Otro aspecto de la Vida. Ir fuera en orden a volver al mismo tiempo. Completar el círculo.

Carta XIV.- “La Templanza”
El primer logro. El “Arcanum Magnum” de los ocultistas. La Cuarta Dimensión. El espacio elevado. “El eterno ahora”.

Carta XV.- “El Diablo”
“Hombre”. Debilidad. Falsedad. La caída del hombre en la separatividad, en el odio y en lo finito.

Carta XVI.- “La Torre”
Sectarismo. Torre de babel. Exoterismo. Confusión de las lenguas. Caída del exoterismo. La fuerza de la Naturaleza restableciendo la verdad distorsionada por los hombres.

Carta XVII.– “La Estrella”
El aspecto real del mundo astral. Lo que puede ser visto en éxtasis. La imaginación de la Naturaleza. El conocimiento real. Ocultismo.

Carta XVIII.- “La Luna”
El mundo astral como es visto por los medios artificiales de magia. Mundo de “Psiquismo”, de “Espiritismo”. Temores nocturnos. La verdadera luz de arriba y la falsa representación de esa luz desde abajo. Pseudo misticismo.

Carta XIX.– “El Sol”
El símbolo y manifestación del Tetragrammaton. Poder creativo. Fuego de vida.

Carta XX.– “El Juicio”
La resurrección, Victoria constante de la vida sobre la muerte. Actividad creativa de la naturaleza en la muerte.

Carta XXI.– “El Mundo”
Naturaleza. El Mundo como es. La Naturaleza en su aspecto noumenal. Lado esotérico de la naturaleza. Lo que se hace conocido en el esoterismo. Realidad interna de las cosas. Consciencia humana en el círculo del tiempo entre los cuatro elementos.

Carta 0. — “El Loco”
“Hombre.” Un hombre ordinario. Un hombre separado. El no iniciado. La consciencia baja. El fin de un rayo no sabiendo su relación al centro.

Este mazo de cartas, en la opinión de muchos investigadores, representa el Libro jeroglífico Egipcio de setenta y ocho tablillas, que llegó a nosotros casi milagrosamente.

La historia del Tarot es un gran rompecabezas. Durante la Edad Media, cuando apareció por primera vez históricamente, había una tendencia de construir sistema sintéticos simbólicos o lógicos del tipo de la Ars Magna de Ramón Llul. Pero producciones similares al Tarot existen en China e India, así que no podemos pensar si posiblemente uno de esos sistemas creados durante la Edad media en Europa, está también evidentemente conectado con los Antiguos Misterios y la Iniciaciones de Egipto. Aunque este origen está en el olvido y el propósito de su autor o autores es completamente desconocido, no hay duda que es el más completo código de simbolismo Hermético que poseemos.

A pesar de estar representado como un mazo de cartas, el Tarot es realmente algo totalmente diferente. Este puede ser “leído” en una variedad de formas. Como ejemplo, entregaré una interpretación metafísica del significado general o del contenido general del libro del Tarot, es decir, su título metafísico, el que mostrará plenamente que este trabajo no habría sido inventado por gitanos iletrados del siglo catorce.

El Tarot posee tres divisiones: La primera parte tiene veintiuna cartas numeradas; la segunda parte tiene una carta 0, la tercera parte tiene cincuenta y seis cartas, es decir, las cuatro pintas de catorce cartas. Además, la segunda parte parece ser un nexo entre la primera y la tercera, ya que el total de las cincuenta y seis cartas de la tercera parte juntas son iguales a la carta 0.

Ahora, si imaginamos veintiuna cartas dispuestas en la forma de un triángulo, siete cartas en cada lado, un punto en el centro del triángulo representado por la carta 0, y un cuadrado rodeando el triángulo (el cuadrado consistente en cincuenta y seis cartas, catorce en cada lado), tendremos una representación de la relación entre Dios, el Hombre y el Universo, o la relación entre el mundo de las ideas, la consciencia del hombre y el mundo físico.


El triángulo es Dios (la Trinidad) o el mundo de las ideas, o el mundo arquetípico. El punto es el alma del hombre. El cuadrado es el mundo visible, físico o fenoménico. Potencialmente el punto es igual al cuadrado, lo que significa que todo el mundo visible está contenido en la consciencia del hombre, es creado en el alma del hombre. Y el alma en si es un punto que no tiene dimensión en el mundo del espíritu, simbolizado por el triángulo. Está claro que tal idea no ha sido originada por gente ignorante y es claro también que el Tarot es algo más que un mazo de cartas para jugar o adivinación.

H.P. Blavatsky menciona al Tarot en sus trabajos, y tenemos alguna razón para creer que ella estudió el Tarot. Se sabe que gustaba de “jugar solitario”. No sabemos si ella leía las cartas así como jugaba este juego, pero el autor dice que Madame Blavatsky lo hizo persistentemente y por largo tiempo.

En orden a llegar a ser un instruido en el Tarot, es necesario entender las ideas básicas de la Kabala y de la Alquimia. Puesto que esto representa, como de hecho muchos comentaristas del Tarot piensan, un resumen de las Ciencias Herméticas: la Kábala, Alquimia, Astrología, Magia, con sus diferentes visiones. Todas estas ciencias, atribuidas a Hermes Trismegisto, verdaderamente representan un sistema de una muy amplia y profunda investigación psicológica de la naturaleza del hombre y su relación con el mundo nouménico (Dios, el mundo del Espíritu) y el mundo fenoménico (el mundo visible, físico). Las letras del alfabeto hebreo y varias alegorías de la Kábala, los nombres de los metales, los ácidos y las sales en la alquimia; de los planetas y constelaciones en la astrología, de los espíritus buenos y malos en magia: todo esos fueron solamente medios para velar la verdad ante el no iniciado.

Pero cuando el verdadero alquimista habla de la búsqueda del oro, habla del oro en el alma del hombre. Y llamó oro a lo que en el Nuevo Testamento es llamado el Reino de los Cielos, y en el Budismo, Nirvana. Y cuando el verdadero astrólogo habla de constelaciones y planetas, él habla de las constelaciones y planetas en el alma del hombre, es decir, de las cualidades del alma humana y sus relaciones con Dios y con el mundo. Y cuando el verdadero Kabalista habla del Nombre de Dios, él busca su nombre en el alma del hombre y en la Naturaleza, no en libros muertos, ni en textos bíblicos, como hacen los estudiosos de la Kábala.Ella, la Alquimia, la Astrología, la Magia son sistemas simbólicos paralelos psicológicos y metafísicos. Cualquier sentencia alquímica puede ser leída en un sentido Kabalístico u astrológica, pero el sentido siempre será psicológico o metafísico.

Estamos rodeados por una muralla construida por nuestras concepciones del mundo, y estamos incapacitados para mirar sobre esta muralla hacia el mundo real. La Kábala presenta un esfuerzo para romper este “círculo encantado”. Esta investiga al mundo como es, el mundo en sí.

El mundo en si, como lo sostiene el Kabalista, consiste de cuatro elementos, o de cuatro únicos principios formadores. Estos cuatro principios están representados por las cuatro letras del nombre de Jehovah. La idea básica de la Kábala consiste en el estudio del Nombre de Dios en su manifestación. Jehovah en hebreo es deletreado por cuatro letras, Yod, He, Vau, He – I.H.V.H. – A estas cuatro letras son dados los profundos significados simbólicos. La primera letra expresa el principio activo, el comienzo o la primera causa, movimiento, energía. “Yo”; la segunda letra expresa el elemento pasivo, inercia, quietud, “el no Yo”; la tercera, el balance de los opuestos, “la forma”, y la cuarta, el resultado o energía latente.

Los Kabalistas afirman que cualquier fenómeno o cualquier objeto consiste de estos cuatro principios, es decir, que cualquier objeto y cualquier fenómeno consiste del Nombre de Dios (El Mundo), Logos.

El estudio de este Nombre (o de la palabra de cuatro letras, tetragrammaton, en griego) y el hallazgo de esto en todas partes constituye el mayor problema de la filosofía Kabalística.

Para establecer esto en otra forma los Kabalistas sostienen que estos cuatro principios penetraron y crearon todo. Por consiguiente, cuando el hombre encuentra esos cuatro principios en las cosas y fenómenos de la totalidad de las diferentes categorías (donde antes él no observaba similitud), comienza a ver analogía entre estos fenómenos. Y gradualmente, termina por convencerse de que el mundo entero está construido de acuerdo a una y a la misma ley, sobre uno y el mismo plan. La riqueza y el desarrollo de su intelecto consisten en la expansión de su facultad para encontrar analogías. Por lo tanto el estudio de la ley de las cuatro letras, o del nombre de Jehovah presenta medios poderosos para ampliar la consciencia.

El I Ching, Las Mutaciones del Juego

El I Ching, Las Mutaciones del Juego

La ley de los contrarios o de la unidad de los contrarios que gobierna las cosas y los fenómenos es la ley fundamental de la naturaleza, de la sociedad, y, además, del pensamiento. Un va y viene incesante, es la interpenetración mutua. Tal es la definición que da un antiguo clásico chino, el Hi-Tseu, del movimiento perpetuo en acción, en el juego de la vida. Movimiento y cambio, metamorfosis de los elementos, transformación de cada situación, de cada evento. Cada día, cada momento son diferentes y los chinos sabían bien que es preciso aprehender la existencia en el estado de espíritu ideal que se encuentra en un juego. Pues no se trata únicamente de dejarse llevar por el flujo y el reflujo, sino también de asir la oportunidad de la acción justa: Una vez abierta, una vez cerrada, así es el ciclo de la evolución, dice el Hi-Tseu, comparando los aspectos positivos y negativos que se pueden presentar a una puerta abierta o cerrada.

Las palabras positivo y negativo no deben ser tomadas en el sentido moral de bien y de mal, sino en tanto que polaridades eléctricas, (+ -), polos indisociables que fundamentan la circulación de la energía. En ésto los chinos habían comprendido que si todo es mutación en las operaciones de la naturaleza, estas se basan, no obstante, en el principio dualista que se encuentra en las revoluciones del Sol y de la Luna. Es decir, el día y la noche, el calor y el frío, lo seco y lo húmedo, lo claro y lo oscuro, lo pleno y lo vacío, lo masculino y lo femenino, el yin y el yang. Pero ninguno de estos términos puede ir sin el otro, tal como las dos caras de una moneda.


Un tiempo yin, un tiempo yang.
Un costado yang, un costado yin.
Allí está el Tao.
El Tao puede ser considerado como el Todo, pero también como el Uno. La presencia global del universo y la visión una que lo percibe. Pero también la Vía del Medio, tan cara al extremo-oriente, que engloba las contradicciones sin rechazarlas, busca equilibrar la situación y encontrar el camino y la conducta justa en todo evento, y la reacción apropiada a los diversos estímulos. Todo esto respetando el orden de las cosas, y teniendo en cuenta los ciclos del tiempo y de las fluctuaciones de la energía cósmica.

Este concepto del yin y del yang goza hoy día de una gran aceptación en occidente. En efecto, él expresa
de manera simple la alternancia presente en el curso de las cosas. Por lo demás, no limita el espíritu a un dualismo estrecho, su símbolo gráfico lo prueba:

 

IChing-1

Blanco y negro,
las energías se interpenetran,
como el día y la noche.
Yin, yang, imagen de la vida, símbolo perfecto de lo pesado y lo liviano, de lo grave y lo agudo, lo largo y lo corto, de la colina y el valle… El Eclesiastés dice: Hay un tiempo para llorar y un tiempo para reir, y también Hay un tiempo para abrazarse y un tiempo para separarse o Hay un tiempo para vivir y un tiempo para morir. Todo es así, brilla el sol, después se nubla, o viceversa. Los negocios caminan, después se atascan, se está triste, después alegre, la dicha y la desdicha van y vienen como la dificultad y la facilidad. Un texto zen dice:


La oscuridad existe en la luz,
No veas sólo el costado luminoso.
La luz existe en la oscuridad,
No veas sólo el costado oscuro.
He aquí la filosofía del yin y el yang y el Tao. Una vía del instante presente, que viene y pasa, simplemente.

Sobre estas nociones de mutaciones rítmicas e incesantes se basa no solamente un lenguaje de sabiduría que se puede considerar como el más elaborado del mundo, sino también reglas de acción y de modulación que se puede comparar con la retroalimentación de la cibernética y con el principio del termostato en maquinarias, y que es aplicable a toda situación social, psicológica y biológica.

Se podría decir que demasiado yang, fuego, quema, demasiado yin, humedad, apaga. Pero esto no hay que considerarlo como una visión lineal y limitada, todo es una interdependencia en espiral. Porque los antiguos chinos habían comprendido que en el control de las situaciones es donde se encuentra la libertad de acción, y que es preciso saber modular las energías latentes y las actuantes, las ocultas y las manifiestas. Para crear un nuevo ser – o el amor – el hombre y la mujer deben mezclar sus esencias sexuales. Igualmente el ser humano es considerado como el producto del matrimonio del Cielo y la Tierra. La vida brota de la fusión de los contrarios y complementarios. La noción de juego es un terreno ideal para la observación de estos principios y ritmos.

Substancias, fuerzas y géneros, el yin y el yang son todo esto indistintamente, son la imagen de una totalidad moviente. Y en este movimiento, la sabiduría china supo encontrar los elementos y los números:

El Cielo vale 1, la Tierra vale 2, el hombre vale 3. Así comienza la alquimia de los números, que serán los signos de los ciclos; ellos señalan las situaciones repartidas en el espacio-tiempo. Son los emblemas que encontraremos actuando en el sistema adivinatorio más elaborado que existe, este tratado sapiencial que figura entre los seis más grandes clásicos chinos considerados como conteniendo todo el conocimiento habido en la historia de la humanidad.

Al hablar del I Ching, este extraordinario sistema adivinatorio, es necesario señalar algunas aproximaciones sorprendentes, algunas analogías que prueban que milenios antes de nuestra era, los sabios chinos habían tenido la intuición de la globalidad de nuestro modelo biológico y de su interdependencia osmótica con el universo.

De partida, sus 64 hexagramas son la base de la escritura china. Cada uno de ellos significa una idea fuerza, nominada en forma pareja por toda la China. Parece que estas 64 ideas-signos son aún anteriores a la escritura, que se remonta a más de 3.000 años. Sobre ellos se fijan las claves del lenguaje, primeros ideogramas (base de los diccionarios chinos) que se descomponen en morfogramas (imágenes simples, representaciones) dactilogramas (signos sugiriendo ideas abstractas) y agregados lógicos (signos donde la yuxtaposición crea nuevos sentidos). Ejemplo de esto último: je (sol) unido a yue (luna) significa ming (luz). Los signos que explican los oráculos dan nacimiento a signos explicando el desarrollo de la vida cotidiana. Lo que parece lógico, porque la interrogación sobre el mundo ha debido preceder a la enunciación escrita de este mundo.

Pero los descubrimientos científicos actuales arrojan luz sobre hechos bien sorprendentes: el físico Schrödinger fue uno de los primeros en mostrar que la teoría de la informática podía aplicarse a la herencia porque cada cromosoma contiene, de una cierta manera codificada, el esquema entero del desarrollo futuro del individuo y de su funcionamiento en estado natural. Cada grupo (fibra) cromosómica contiene el código entero. De allí se deduce que un sistema funcionando a la manera del codigo morse, con puntos y rayas, sería suficiente para dar cuenta de la inmensa diversidad del mundo viviente. Y los biólogos, para los cuales la herencia ha llegado a ser informática, mensajes, códigos no pueden negar este hecho. El premio Nobel Francisco Jacob dijo:

El codigo genético es hoy día enteramente conocido. Cada unidad protéica corresponde a un triplet, es decir, una combinación particular de tres de las cuatro unidades nucléicas. Como existen 64 combinaciones posibles, el diccionario genético contiene sesenta y cuatro palabras. Tres de esos triplets aseguran la puntuación, o sea indican, en la cadena nucléica, el comienzo y el fin de las frases que corresponden a las cadenas protéicas. Cada uno de los otros triplets significa una de las unidades protéicas. Como el número de esas unidades está limitado a veinte, cada una de ellas responde a muchos triplets, a muchos sinónimos en el diccionario, lo que da una cierta flexibilidad en la escritura de la herencia. Parece en fin que todos los organismos, desde la bacteria hasta el hombre, son capaces de interpretar correctamente no importa qué mensaje genético. El código genético parece universal y su clave es conocida por todo el mundo viviente.

Triplets, 64 combinaciones posibles de tres unidades nucléicas, sistema binario: el I Ching habría percibido, codificado, las bases fundamentales de nuestro patrimonio genético y, por lo tanto, de nuestra acción? En todo caso, Francisco Jacob continúa:

Regresando de China, unos misionarios jesuitas mostraron el I Ching a Leibniz. Este quedó muy sorprendido al constatar que este orden natural definía un sistema de numeración binario muy semejante al que él acababa de inventar. Puede ser que más sorprendido todavía estuvieran los biólogos del siglo XX al descubrir una extrema analogía entre el orden natural del I Ching y el código genético. Pues si se asimila convenientemente cada uno de los cuatro diagramas chinos a cada uno de los cuatro pares de radicales químicos que componen el A.D.N., cada hexagrama equivale a uno de los triplets genéticos. Puede ser que sea necesario estudiar el I Ching para captar las relaciones entre la herencia y el lenguaje.

El más viejo libro de oráculos del mundo será también el más viejo tratado de ciencia fundamental? Se puede decir en todo caso que el juego de sus 64 hexagramas es la imagen del juego de la vida.

Marcel Granet en su obra El Pensamiento Chino dice: Estamos habituados a considerar el lenguaje como una simbología especialmente organizada para comunicar ideas. Los chinos no colocan el arte del lenguaje separado de otros procedimientos de señalización y de acción. Les parece que es solidario de todo un cuerpo de técnicas destinadas a situar a los individuos en el sistema de civilización que forma la Sociedad y el Universo… El lenguaje pretende actuar antes que nada. Pretende menos informar que dirigir
la conducta. Se encuentra en forma evidente este movimiento dinámico en el I Ching. Cada hexagrama está explicado por un título, después por una sentencia (el juicio) seguido de la interpretación (la imagen), todo esto rodeado de comentarios.

Cómo es que el I Ching nos va a dar un oráculo? Las maneras de tirar las varillas o monedas son rigurosas, no hay ningún error de cálculo. El sistema entero está en las manos del consultante. En efecto, sus gestos expresan su personalidad y su estado interior presente (físico, emotivo, cerebral). Si en este momento preciso él pasa por un Test: hace un dibujo, elije un color entre otros o selecciona un símbolo o una lámina, su acto testimoniará su ser tal como es aquí y ahora. Sucede lo mismo con la manera de tirar preconizada por el I Ching.

El uso de las varillas es infinitamente más aconsejado que el de las monedas, pues el acto de concentración es más largo en el viaje al interior de sí mismo y en la ejecución de los gestos de tiraje. De ahí se deriva una respuesta más profunda, según afirman todos los comentaristas desde hace milenios. Nosotros compartimos su punto de vista. El hecho de usar algo objetivo pero abstracto (ni las varillas ni
las monedas suscitan alguna imagen) permite el surgimiento del inconsciente oculto en sí mismo. Podemos hablar aquí del fenómeno de la sincronicidad puesto en evidencia por C. G. Jung en una obra fundamental.
La sincronicidad es un principio conectivo acausal, entonces paralelo (o transcendiendo) al continuo espacio-tiempo. Es el azar objetivo de que hablaba André Bretón. La intuición, la premonición, la telepatía
y todos los fenómenos denominados paranormales suceden en este plano, en esta onda, se podría decir. Jung decía que la sincronicidad podía definirse así:

a) una imagen inconsciente aparece en el umbral de la consciencia sea directamente (en forma literal) o indirectamente (de manera simbólica o sugerida), ya sea por un sueño, una idea, una intuición, una premonición.

b) esta imagen-idea va a corresponder a una situación real futura.

Ejemplos: camino por la calle pensando en X de quien no tengo noticias hace ya tiempo, minutos más tarde tropiezo con X. Sueño con Z, al día siguiente encuentro una carta suya en mi casilla. Cada uno de nosotros, si presta atención a ello, experimenta centenas de veces este fenómeno de la sincronicidad bajo diversas formas. Un poder despertado por nuestras facultades conscientes está actuando allí. Se la llama coincidencia, azar, intuición… palabras que no hacen más que ocultar la relatividad absoluta del espacio-tiempo y de todo el sistema de la realidad. En efecto, místicos, filósofos, magos y hechiceros de todos los tiempos lo saben bien. Todas las cosas están en correspondencia, dependen estrechamente las unas de las otras, lo que, en un mundo compuesto de átomos en movimiento no tiene nada de sorprendente. Y Jung propone, respecto a este factor de la sincronicidad, ampliar nuestra visión limitada del universo. De acuerdo con el físico nuclear Pauli, trazó el esquema siguiente, en disposición cuaternaria:

El Tarot

El Tarot


tarotLa historia del Tarot, como la del pueblo bohemio al cual está tradicionalmente asociado, es tan misteriosa como incierta. Sucesivamente se le ha dado como origen la India, Grecia, Egipto, Caldea, la Judea, China… Se ha ensayado relacionarlo con todas las grandes tradiciones que han marcado al Occidente. En efecto, la ausencia total de pruebas – que se ha justificado por la ley del secreto – y una documentación extremadamente magra, no permiten ninguna conclusión seria. Todas las hipotesis formuladas hasta ahora son más el fruto de intuiciones personales que de descubrimientos históricos reales. Esta incertidumbre, lejos de perjudicar su valor, sin duda ha enriquecido su contenido. Los escritores y los místicos del siglo XIX que se han dedicado al estudio del Tarot, han ido consecutivamente aclarando evidencias de múltiples tradiciones. Sus interpretaciones, que se podrían juzgar hoy día como fantásticas por su exceso, han contribuído a la amplificación del simbolismo de las cartas. Ellas han conseguido, gracias a todo un sistema de relaciones y correspondencias, hacer más claro el acceso a las enigmáticas láminas, las que constituyen actualmente una base para comenzar toda investigación a su respecto.
En lugar de querer dar arbitrariamente un origen único a las cartas, parece más justo abordarlas como el producto de un sincretismo. Las cartas, o mejor dicho, lo que nos ha llegado de ellas, son en efecto el resultado de empréstitos diversos, de la yuxtaposición y del maridaje de elementos de todo tipo, fundidos en un conjunto original. Las referencias egipcias, zíngaras, hebráicas o alquímicas, citadas en sus interpretaciones, no deben ser tomadas en cuenta como referencias históricas, sino como simples indicaciones para aclarar su sentido.

El origen del nombre, Tarot, ha sido objeto de innumerables tesis, las que, sin haber logrado imponerse definitivamente, han ayudado a la comprensión general del asunto, Sucesivamente, se ha supuesto que era una corrupción de los nombres de dos dioses egipcios Ptah y Rá; el primero Maestro de la Creación y el segundo, el Dios Sol, al que los bohemios han adorado siempre como su principal divinidad masculina. También que la palabra era un anagrama de Rota que significa Rueda o Círculo y que se había agregado una T a fin de mostrar que el principio y el fin son semejantes. Que era una deformación de Thot, nombre
del dios de las ciencias esotéricas del antiguo Egipto, cuyo equivalente griego es Hermes, y a quien se ha tomado como inspirador y patrón de las cartas. Que se derivaba del hebreo Thora, la Ley, palabra que designa los cinco primeros libros de la Biblia, identificando así las cartas a un texto sagrado. 0 todavía que venía del sanscrito Tar-ó, la Estrella polar, el guía. 0 del latín, Orat, él reza invertido.

Si uno se atiene a los diferentes usos que les son atribuidos, puede percibir que las cartas podrían ser consideradas en tres niveles diferentes:

a) Pueden ser un simple juego de sociedad, antecesor de nuestros modernos naipes. Habrían sido introducidas en Europa por los árabes en medio del siglo XIII y habrían mantenido su popularidad hasta hoy.

b) Son un sistema adivinatorio de origen desconocido en uso en casi toda la zona del Mediterráneo, realmente popularizado por los bohemios. Toma prestados sus elementos principales a fuentes mitológicas o alegóricas antiguas; por consiguiente, a un simbolismo eterno y universal (Arcanos mayores y menores).

c) En fin, para algunos, sus poderes adivinatorios provienen de su naturaleza sagrada. Ellas son enteramente una especie de clave resumida de todas las tradiciones esotéricas occidentales. La Alquimia, la Cábala, la Astrología están allí contenidas. Su sucesión y su orden ocultan un proceso de iniciación. Ellas pueden ser leídas como un libro. Cada carta es una especie de jeroglífico, el que, correctamente interpretado, puede revelar los secretos de la ciencia eterna (Arcanos mayores únicamente).

Para ciertos autores, la tiara pontificia de la lámina V (el Papa) simboliza, por los tres frisos que la adornan, los tres mundos que engloban las cartas.

El Viaje del Neófito:

El neófito está representado por la lámina 0, el Loco.

El es el vagabundo, el hombre extraviado que marcha sin fin, como si fuera su destino el de ser menos atraído por una meta (la que significaría un eventual reposo), que el de avanzar así, mirando al vacío, hacia la eternidad. No tiene más que un bastón para defenderse y para que le sirva de guía. Transporta todo su haber (y todo su saber) en un pequeño hatillo. Sus vestimentas son andrajosas y los perros le persiguen; pero él continúa su camino infinito, empujado tal vez por el hecho de que no puede hacer otra cosa que existir.

El neófito encuentra un día a un ilusionista (Arcano l), es decir, a un mago hábil que lo deslumbra con las riqueza, que exhibe ostensiblemente, y los conocimientos que despliega. Tiene respuestas para todas las preguntas, posee todo lo que el loco jamás se ha atrevido a soñar. Y le dice insidiosamente: Quieres llegar a ser como yo? Quieres saber quién eres, de dónde vienes, quieres tener una meta en la vida? Deseas la fortuna, la gloria, el poder? Quieres saber? Entra en el templo del Tarot y todo te será revelado.

Todavía deslumbrado, el neófito penetra en una sala oscura, austera. Hay ahí una mujer bella e inquietante (Arcano ll, la Papisa). Ella está sentada sobre un trono y lo tienta. Le dice: Contempla este libro, él contiene la verdad sobre todos los hombres, la moral, la ley. Mira ese velo detrás de mí, él oculta las verdades que conducen por encima de todos los hombres.

Quieres ver entreabrirse el velo? Para ello tendrías que conquistarme. Pero, mirar detrás del velo es ya pasar al otro lado. Y el neófito se une a la Papisa y con ella pasa al otro lado.

Es como un viaje a contrapelo del tiempo, como viajar al origen de las cosas. Los seres se metamorfosean ante sus ojos, dos personajes avanzan hacia él: la Emperatriz y el Emperador (Arcanos III y IV) quienes le hablan respectivamente del tiempo y del espacio. El reconoce a su Madre y a su Padre, se identifica con ellos, comprende el secreto del Génesis, los poderes de lo masculino y los poderes de lo femenino. Se une
a ellos y los iguala.

Se le conduce entonces delante del Papa (Arcano V). Este le dice. Al presente tú eres adulto. Ya no andas errabundo sobre la tierra sin razón y sin meta. Puedes escojer. Qué vía tomarás? La del mago? El es hábil, pero la fortuna que te ofrece, el poder y la gloria no son más que ilusiones, se sirve de ellas para atraerte. 0 la del conocimiento? Tú conoces los secretos de los hombres, pero no así los de la Tierra. Deseas ir más lejos? 0 deseas regresar, propagar la ilusión, a tu vez, entre los hombres?

Sí el neófito persevera sobre la Vía, pasa por una segunda prueba, (la primera era la Papisa) e inaugura un segundo ciclo de estudios y búsqueda. Llega a ser el Enamorado (Arcano VI) delante del cual se abren dos vías simbolizadas por dos mujeres tan bellas como diferentes. Las dos lo atraen. El permanece frente a ellas indeciso, en tanto que un ángel armado de un arco y flechas se mantiene por sobre su cabeza, como una espada de Damocles presto a aniquilarlo si él se equivoca en su elección.

Y bruscamente comprende que él es el ángel, el arco y la flecha, que es las dos mujeres y las dos vías todo junto, y une ese todo bajo el yugo de su propia voluntad. Se acepta por entero: es ahora el Rey triunfante sobre su carro (Arcano VII) tirado por dos caballos que son las dos faces de su personalidad, el Bien y el Mal. Ha unido los contrarios, ha resuelto los problemas de la dualidad. Entonces comienza su ascensión hacia las esferas superiores.

Encuentra a la Justicia (Arcano VIII), una mujer fría que pesa y que decide. Ella le enseña el equilibrio: los dos platillos de su balanza no oscilan jamás, nada en el mundo se pierde, nada es creado, no hay más justicia que injusticia, sino un orden secreto que nos rige sin que lo sepamos. La acción ocasiona la reacción y todo movimiento termina siempre por anularse.

Y el neófito comprende que no es más que el juguete de un destino. Es indudable que siente desesperanza, y se retira a un desierto como otros lo han hecho antes de él. Se aisla y se observa. En su noche, dispone de una linterna, es el Ermitaño (Arcano IX). Comprende la vanidad de todo deseo de cambio, las cosas siguen su curso sin que sea posible interferir. Aprende a medir sus pasos, a evitar la imprudencia, a evitar lo inútil. Se sumerge en lo más profundo de sí mismo. Y en este desierto se le aparece una visión (Arcano X). Como una rueda gigantesca que gira sin que nadie la mueva, algunos se elevan, otros caen. La rueda gira, insensible a los gritos y a los llantos. En su cima hay una figura monstruosa coronada (ni hombre, ni, bestia, ni Dios), que lo observa con curiosidad. El neófito piensa: No hay medio de evitar al destino, no
se puede ser otra cosa que lo que se está condenado a ser?.

Aprende a dominarse, a tener el control total de su ser, aprende a domar al león que hay en él y a usarlo como una montura (Arcano XI).

Aprende a sacrificarse, es decir, a sacrificar una parte de sí mismo, un aspecto de su vida, para que alguna cosa cambie. El se sutiliza, se purifica (Arcano XIl). Se cuelga él mismo de un árbol, cabeza abajo, crucificado al revés, él es su propio amo, busca la vía de las Transformaciones.

Llama a la Muerte (Arcano XIII), que significa el cambio. Llega a ser su propia muerte. Se corta un pie. Es decir, se libera de sus orígenes. Anula su vida pasada. Está presto a renacer.

La luces pueden por fin ser reversadas (Arcano XIV, la Temperancia). Ahora puede comunicarse libremente con las esferas superiores, pasar a voluntad de un mundo a otro, Tiene entre sus manos los dos poderes y los mezcla. Lleva una existencia celeste paralelamente a su vida terrestre. Ha franqueado los límites del tiempo y del espacio.

Con el Arcano XV (el Diablo), aprende las maneras de utilizar energías que no son destinadas a los hombres. Obtiene el control de las fuerzas de la naturaleza y la inmunidad total contra sus estragos. He aquí que ha llegado a ser capaz no sólo de transformarse a sí mismo, sino además de actuar sobre los otros. (La Casa de Dios, Arcano XVI). Está presto a tomar a su cargo la conducción de sus contemporáneos. Arrasa con los templos, con las instituciones anacrónicas, que han llegado a ser incapaces de cumplir sus funciones. Destruye los vestigios asfixiantes de culturas muertas, a fin de construir nuevas. Tiene casi cumplida su misión. Contempla los vasos que contienen los dos poderes y se dice que ya no los necesitará. El se despoja y sin lamentarlo ofrece al mundo todo lo que jamás había poseído, conocido o sido. Vacía el agua de los vasos en un río, bien poca agua en verdad, pero ya que ella tiene su lugar, por mínimo que sea, en el orden de las cosas, es tan importante como el resto del universo (Arcano XVII, la Estrella).

Y ofreciéndose al mundo, él se ha identificado con el mundo. Llega a ser la Luna (Arcano XVIII) y el Sol (Arcano XIX),, es decir, indiferentemente los más altos poderes masculinos o femeninos, la matriz de los seres, los poderes del alumbramiento.

No ha encontrado todavía la divinidad (el primer principio), pero sí todos sus atributos. Si el Juicio le es favorable (Arcano XX), entonces solamente será llevado a su presencia y podrá contemplar la reunión de los cuatro elementos, la imagen misma de la perfección, el Ser, la Unidad (Arcano XXI).

Más Sincronicidad: Prólogo de C. G. Jung al I Ching

Más Sincronicidad: Prólogo de C. G. Jung al I Ching

Puesto que no soy sinólogo, una presentación del Libro de las Mutaciones escrita por mí habrá de constituir un testimonio de mi experiencia personal con este libro grande y singular. Se me brinda así, además, una grata oportunidad para rendir homenaje una vez más a la memoria de mi desaparecido amigo Richard Wilhelm. Él mismo tenía honda consciencia de la importancia cultural de su traducción del I Ching, versión sin igual en Occidente.

Si el significado del Libro de las Mutaciones fuese fácil de aprehender, la obra no requeriría de ningún prólogo. Pero sin lugar a dudas no es este el caso, ya que hay tantas cosas que se presentan oscuras en torno de él, que los estudiosos occidentales tendieron a desecharlo, considerándolo un conjunto de “fórmulas mágicas” o bien demasiado abstrusas como para ser inteligibles, o bien carentes de todo valor. La traducción de Legge del I Ching, única versión disponible hasta ahora en inglés, contribuyó poco para hacer accesible la obra a la mentalidad occidental. Wilhelm, en cambio, hizo el máximo esfuerzo para allanar el camino hacia la comprensión del texto. Estaba en condiciones de hacerlo, dado que él mismo había aprendido la filosofía y el uso del I Ching con el venerable sabio Lao Nai Hsüan; además, durante un período de muchos años había puesto en práctica la singular técnica del oráculo. Su captación del significado viviente del texto otorga a su versión del I Ching una profundidad de perspectiva que nunca podría provenir de un conocimiento puramente académico de la filosofía china.

Le estoy muy agradecido a Wilhelm por la luz que él aportó a la comprensión del complicado problema del I Ching, y así mismo por facilitar una profunda introvisión en lo que respecta a su aplicación práctica. A lo largo de más de treinta años me he interesado por esta técnica oracular o método de exploración del inconsciente, ya que me parecía de insólita significación. Ya estaba bastante familiarizado con el I Ching cuando por primera vez me encontré con Wilhelm a comienzos de la década del veinte; me confirmó entonces lo que yo ya sabía y me enseñó muchas cosas más.

No conozco el idioma chino ni he estado nunca en China. Puedo asegurar al lector que no es en modo alguno fácil hallar la correcta vía de acceso a este monumento del pensamiento chino, que se aparta de manera tan completa de nuestros modos de pensar. A fin de entender qué significa semejante libro es imperioso dejar de lado ciertos prejuicios de la mente occidental. Es un hecho curioso que un pueblo tan bien dotado e inteligente como el chino no ha desarrollado nunca lo que nosotros llamamos ciencia.  Pero sucede que nuestra ciencia se basa sobre el principio de causalidad, y se considera que la causalidad es una verdad axiomática.  No obstante, se está produciendo un gran cambio en nuestro punto de vista. Lo que no consiguió la Crítica de la razón pura de Kant lo está logrando la física moderna. Los axiomas de la causalidad se están conmoviendo hasta sus cimientos: sabemos ahora que lo que llamamos leyes naturales son verdades meramente estadísticas que deben por lo tanto, necesariamente, dejar margen a las excepciones. Todavía no hemos tomado lo bastante en cuenta el hecho de que necesitamos del laboratorio, con sus incisivas restricciones, a fin de demostrar la invariable validez de las leyes naturales. Si dejamos las cosas a merced de la naturaleza, vemos un cuadro muy diferente: cada proceso se ve interferido en forma parcial o total por el azar, hasta el punto que, en circunstancias naturales, una secuencia de hechos que se ajuste de manera absoluta a leyes específicas constituye casi una excepción.

La mente china, tal como yo la veo obrar en el I Ching, parece preocuparse exclusivamente por el aspecto casual de los acontecimientos. Lo que nosotros llamamos coincidencia parece constituir el interés principal de esta mente peculiar, y aquello que reverenciamos como causalidad casi no se toma en cuenta. Hemos de admitir que hay bastante que decir sobre la inmensa importancia del azar. Un incalculable caudal de esfuerzos humanos está orientado a combatir y restringir los perjuicios o peligros que entraña el azar. Las consideraciones teóricas sobre causa y efecto a menudo resultan desvaídas e imprecisas en comparación con los resultados prácticos del azar. Está muy bien decir que el cristal de cuarzo es un prisma hexagonal. La afirmación es correcta en la medida en que se tenga en cuenta un cristal ideal. Sin embargo, en la naturaleza no se encuentran dos cristales exactamente iguales, pese a que todos son inequívocamente hexagonales. La forma real, empero, parece interesar más al sabio chino que la forma ideal. La abigarrada trama de leyes naturales que constituyen la realidad empírica posee para él mayor significación que una explicación causal de los hechos, los que por otra parte deben usualmente ser separados unos de otros a fin de tratarlos en forma adecuada.

La manera en que el I Ching tiende a contemplar la realidad parece desaprobar nuestros procedimientos causalistas. El momento concretamente observado se presenta a la antigua visión china más bien como un acaecimiento fortuito que como el resultado claramente definido de procesos en cadena concurrentes y causales. La cuestión que interesa parece ser la configuración formada por los hechos casuales en el momento de la observación, y de ningún modo las razones hipotéticas que aparentemente justifican la coincidencia. En tanto que, cuidadosamente, la mente occidental tamiza, pesa, selecciona, clasifica, separa, la representación china del momento lo abarca todo, hasta el más minúsculo y absurdo detalle, porque todos los ingredientes componen el momento observado.

Ocurre así que cuando se arrojan las tres monedas o se cuentan los cuarenta y nueve tallos, estos pormenores casuales entran en la representación del momento de la observación y constituyen una parte de él, una parte que, aunque sea insignificante para nosotros, es sumamente significativa para la mentalidad china. Para nosotros sería un aserto banal y casi exento de sentido (por lo menos a primera vista) decir que todo lo que ocurre en un momento dado posee inevitablemente la cualidad peculiar de ese momento. Esto no constituye un argumento abstracto, sino un argumento realmente práctico. Existen conocedores capaces de determinar sólo por el aspecto, el gusto y el comportamiento de un vino, el año de su origen y la ubicación del viñedo. Existen anticuarios capaces de indicar con exactitud casi pasmosa la fecha, el lugar de origen y el creador de un objet d’art o de un mueble, sólo con mirarlo. Y hasta existen astrólogos que pueden decirnos, sin ningún conocimiento previo de nuestro natalicio, cuál era la posición del sol y de la luna y qué signo del zodíaco ascendía sobre el horizonte en el momento de nuestro nacimiento. Frente a tales hechos es preciso admitir que los momentos pueden dejar huellas perdurables.

En otras palabras, quienquiera haya inventado el I Ching, estaba convencido de que el hexagrama obtenido en un momento determinado coincidía con éste en su índole cualitativa, no menos que en la temporal. Para él el hexagrama era el exponente del momento en que se lo extraía –más aún de lo que podrían serlo las horas señaladas por el reloj o las divisiones del calendario- por cuanto se entendía que el hexagrama era un indicador de la situación esencial que prevalecía en el momento en que se originaba.

Este supuesto implica cierto curioso principio al que he denominado sincronicidad, un concepto que configura un punto de vista diametralmente opuesto al de causalidad. Dado que esta última es una verdad meramente estadística y no absoluta, constituye una suerte de hipótesis de trabajo acerca de la forma en que los hechos se desarrollan uno a partir de otro, en tanto que la sincronicidad considera que la coincidencia de los hechos en el espacio y en el tiempo significa algo más que el mero azar, vale decir, una peculiar interdependencia de hechos objetivos, tanto entre sí, como entre ellos y los estados subjetivos (psíquicos) del observador o los observadores.

La antigua mentalidad china contempla el cosmos de un modo comparable al del físico moderno, quien no puede negar que su modelo del mundo es una estructura decididamente psicofísica. El hecho microfísico incluye al observador exactamente como la realidad subyacente del I Ching comprende las condiciones subjetivas, es decir psíquicas, de la totalidad de la situación del momento. Exactamente como la causalidad describe la secuencia de los hechos, para la mentalidad china la sincronicidad trata de la coincidencia de los hechos. El punto de vista causal nos relata una dramática historia sobre la manera en que D llegó a la existencia: se originó en C, que existía antes que D, y C a su vez tuvo un padre, B, etc. Por su parte, el punto de vista sincronístico trata de producir una representación igualmente significativa de la coincidencia. ¿Cómo es que A’, B’, C’, D’, etc., aparecen todos en el mismo momento y en el mismo lugar? Ello ocurre antes que nada porque los hechos físicos A’ y B’ son de la misma índole que los hechos psíquicos C’ y D’, y además porque todos son exponentes de una única e idéntica situación momentánea. Se da por supuesto que la situación constituye una figura legible o comprensible.

Ahora bien, los sesenta y cuatro hexagramas del I Ching son el instrumento mediante el cual puede determinarse el significado de sesenta y cuatro situaciones diferentes, y por otra parte típicas. Estas interpretaciones equivalen a explicaciones causales. La conexión causal es estadísticamente necesaria y puede por lo tanto ser sometida al experimento.  Como las situaciones son únicas y no pueden repetirse, parece imposible experimentar con la sincronicidad en condiciones corrientes. En el I Ching, el único criterio de validez de la sincronicidad es la opinión del observador según la cual el texto del hexagrama equivale a una versión fiel de su estado psíquico. Se supone que la caída de las monedas o el resultado de la división del manojo de tallos de milenrama es lo que necesariamente debe ser en una “situación” dada, puesto que cualquier cosa que ocurra en ese momento pertenece a éste como parte indispensable del cuadro. Si se arroja al suelo un puñado de fósforos, ellos forman la figura prototípica característica de ese momento. Pero una verdad tan obvia como ésta sólo revela su carácter significativo si es posible leer la figura prototípica y verificar su interpretación, en parte mediante el conocimiento que el observador tiene de la situación subjetiva y objetiva, y en parte a través del carácter de los hechos ulteriores. Obviamente este no es un procedimiento capaz de hallar eco en una mente crítica, habituada a la verificación experimental de los hechos o a la evidencia fáctica. Pero para alguien que se complace en contemplar el mundo desde el ángulo en que lo veía la antigua China, el I Ching puede ofrecer cierto atractivo.

 Por supuesto, la argumentación que acabo de exponer jamás halló cabida en una mente china. Por el contrario, conforme a la antigua tradición, se trata de “agentes espirituales” que actuando de un modo misterioso hacen que los tallos de milenrama den una respuesta significativa. Estas potencias constituyen, por así decirlo, el alma viviente del libro. Éste es, así, una suerte de ente animado, y en consecuencia la tradición llega a afirmar sin más que uno puede hacerle preguntas al I Ching y aguardar respuestas inteligentes. Se me ocurrió, por lo tanto, que al lector no iniciado podría interesarle ver al I Ching operando. Con ese propósito realicé un experimento acorde con la concepción china: en cierto modo personifiqué al libro, solicitando su criterio sobre su situación actual, o sea sobre mi intención de presentarlo a la mentalidad de Occidente.

Si bien este procedimiento encuadra perfectamente en las premisas de la filosofía taoísta, a nosotros se nos antoja por demás extravagante. Sin embargo, a mí nunca me ha escandalizado ni siquiera lo insólito de los delirios demenciales o de las supersticiones primitivas. Siempre he tratado de mantenerme desprejuiciado y curioso: rerum novarum cupidus. ¿Por qué no osar un diálogo con un antiguo libro que alega ser un ente animado? No puede haber daño alguno en ello, y el lector puede así observar un procedimiento psicológico que ha sido puesto en práctica infinitas veces a lo largo de los milenios de la civilización china, y que representó para hombres de la talla de un Confucio o un Lao Tse una suprema expresión de autoridad espiritual, tanto como un enigma filosófico. Utilicé el método de las monedas, y la respuesta obtenida fue el hexagrama 50, Ting, EL CALDERO.

De acuerdo con la manera en que estaba construida mi pregunta, debe entenderse el texto del hexagrama como si el I Ching mismo fuese la persona que habla. De modo que se describe a sí mismo como un caldero, es decir, una vasija ritual que contiene comida cocida. Aquí la comida debe entenderse como alimento espiritual. Al respecto dice Wilhelm:

“El caldero, como utensilio perteneciente a una civilización refinada, sugiere el cuidado y la alimentación de hombres capaces, lo que redundaba en beneficio del Estado… Vemos aquí a la cultura en el punto en que alcanza su cumbre en la religión. El caldero sirve para ofrendar el sacrificio a Dios…. La suprema revelación de Dios aparece en los profetas y en los santos. Venerarlos, es auténtica veneración de Dios. La voluntad de Dios, tal como se revela a través de ellos, debe ser aceptada con humildad”.

                                                      

Ateniéndonos a nuestra hipótesis debemos concluir que aquí el I Ching está dando testimonio acerca de sí mismo.

Cuando alguna de las líneas de un hexagrama dado tiene el valor seis o nueve, ello significa que se la acentúa especialmente, y que por lo tanto tiene importancia para la interpretación. En mi hexagrama los “agentes espirituales” han dado el acento de 9 a las líneas que ocupan el 2º y 3er puestos. El texto reza: