La Pareja Primordial

La Pareja Primordial

yin-yang¿Qué es exactamente la polaridad? Es algo mucho más amplio que la simple dualidad u oposición. Porque decir que los opuestos son polares es decir mucho más que suponer que están muy separados: es decir, que están relacionados y unidos; que son los términos, finales o extremos de un solo todo. Los opuestos polares, por lo tanto, son opuestos inseparables, al igual que los polos de la tierra o de un imán, o los extremos de un palo o las caras de una moneda. Aunque lo que hay entre los polos sea mucho más sustancial que los polos mismos –puesto que ésos son “términos” abstractos en lugar de cuerpo concreto-, no obstante, el hombre piensa en términos y, por ende, divide en el pensamiento lo que no se divide en la naturaleza. Pensar es clasificar, separar la experiencia en clases y casillas intelectuales. Por lo tanto, desde el punto de vista del pensamiento, la pregunta más importante siempre es: “¿Es esto o es aquello? ¿La experiencia está dentro de esta clase o fuera de ella?”. Al contestar estas preguntas describimos y explicamos el mundo; lo hacemos explícito. Pero implícitamente, en la naturaleza misma, no existen clases. Dejamos caer estas redes y cajas intelectuales sobre el mundo al tejer las líneas imaginarias de longitud y latitud sobre la superficie de la tierra y el también imaginario firmamento de las estrellas. Así, es el carácter imaginario, abstracto y conceptual de estas divisiones lo que las hace polares. Para el pensamiento, la importancia de una caja es que su interior es diferente de su exterior. Pero en la naturaleza, las paredes de la caja son lo que tienen en común el interior y el exterior.

Por esto, siempre que alguien llama la atención sobre la unidad implícita de los opuestos polares, nos resulta un poco chocante. Porque los fundamentos del pensamiento son sacudidos por la sospecha de que las experiencias y valores que creíamos contrarios y distintos son, después de todo, aspectos de la misma cosa. En los albores del pensamiento elaborado, tanto en China como en Occidente, esta unidad desconcertante de opuestos fue señalada por dos sabios casi míticos: Heráclito, que vivía en Grecia en el 500 a. C. aproximadamente, y Lao Tzu, a quien se supone contemporáneo de Confucio (479 a. de C.), aunque probablemente vivió un siglo o más después.

En los fragmentos de los escritos de Heráclito que han llegado hasta nosotros hay un conjunto de aforismos que, si no se hace caso de la polaridad de los opuestos, parecen paradojas chocantes:

24. El tiempo es un niño que mueve fichas en un juego; el poder real es el del niño.

25. La guerra es el padre y rey de todos; a unos los ha convertido en dioses y a otros en hombres; a unos les ha hecho esclavos y a otros, libres.

26. Se debe comprender que la guerra es la condición común, que la contienda es la justicia, y que todo sucede gracias al impulso de la contienda.

27. Homero estaba equivocado cuando dijo: “Ojalá falleciera la contienda entre los dioses y los hombres”. Porque si esto ocurriera todo dejaría de existir.

98. La oposición provoca la concordia. De la concordia surge la armonía más favorable.

99. A causa de la enfermedad, la salud es agradable; por el mal, el bien es agradable; por el hambre, la saciedad; por el cansancio, el descanso.

100. Los hombres no habrían conocido el nombre de la justicia si no hubiesen ocurrido estas cosas.

101. El agua del mar es a la vez muy pura y muy sucia: es potable y saludable para los peces, pero no potable y mortífera para los hombres.

106. Para Dios, toda cosa es hermosa, buena y correcta; los hombres, en cambio, consideran que algunas cosas son correctas y otras incorrectas.

107. Los médicos cortan, queman y torturan a los enfermos, y luego les exigen honorarios no merecidos por estos servicios.

108. El camino hacia arriba y el camino hacia abajo son el mismo.

109. En el círculo, el comienzo y el fin son comunes.

111. Para los cardadores de lana, el camino recto y el sinuoso son el mismo.

112. Los huesos conectados por articulaciones son un todo unitario y a la vez no lo son. Estar de acuerdo es ser distinto; lo concordante es lo discordante. De todos los muchos detalles particulares surge la unidad, y de la unidad surgen los muchos detalles particulares.

113. Es lo mismo estar vivo que muerto, despierto que dormido, ser viejo que joven. El primer aspecto, en cada caso, se convierte en el segundo, y el segundo de nuevo en el primero, por medio de una inversión repentina.

114. Hesíodo, a quien tantos aceptan como sabio maestro, ni siquiera comprendía la naturaleza del día y de la noche: porque son lo mismo.

115. El nombre del arco es la vida, pero su trabajo es la muerte.

117. La gente no entiende cómo lo que está en desacuerdo consigo mismo puede estar de acuerdo consigo mismo. Existe una armonía en la inclinación de la espalda, tanto en el caso del arco como en el de la lira.

118. Escuchando al Logos y no a mí, es sensato reconocer que la totalidad es una.

121. Dios es el día y la noche, el invierno y el verano, la guerra y la paz, la saciedad y la necesidad. Pero experimenta transformaciones, y al igual que (un fondo neutro) cuando se mezcla con una fragancia, se llama según el aroma particular (que se introduzca).

124. Hasta las personas que duermen son trabajadores y colaboradores de lo que sucede en el Universo.

En la historia y el clima del pensamiento occidental, Heráclito se queda solo, porque una filosofía en la que “es lo mismo estar vivo que muerto, despierto que durmiendo, ser viejo que joven” no parece ofrecer ninguna directriz para la acción, es decir, para hacer elecciones. Para nosotros, el filósofo maestro no es Heráclito sino Aristóteles, que insiste en que toda acción es elección y que la voluntad nunca entra en acción, salvo para elegir algún bien en lugar de algún mal, incluso cuando la elección está equivocada. En general, la cultura occidental es una celebración de la ilusión de que el bien puede existir sin el mal, la luz sin la oscuridad, y el placer sin el dolor, y esto es cierto en sus fases cristianas y en sus fases tecnológicas seculares. Aquí, o de ahora en adelante, nuestro ideal es un mundo en que “no habrá más muerte, ni tristeza, ni llanto, ni habrá más dolor; porque las cosas de antes han desaparecido”.

Si hemos de darle a cada cual lo que le corresponde, esto ha sido una gran ilusión, aunque, para aquellos cuyo sentido común todavía se basa en la lógica de Aristóteles, es difícil comprender que los fundamentos de la cultura china se basen en la visión polar de la luz y la oscuridad. Comparemos, por lo tanto, las palabras de Lao Tzu con las de Heráclito:

Cuando todos reconocen la belleza como bella, ya existe la fealdad.

Cuando todos reconocen el bien como bueno, ya existe el mal.

“Ser” y “no ser” surgen mutuamente.

Difícil y fácil se realizan mutuamente.

Largo y corto se contrastan mutuamente.

Alto y bajo están mutuamente situados…

Antes y después están en una secuencia mutua.

No era probable que una cultura basada en estas premisas produjera una tecnología heroica. Por otro lado, la visión polar del bien y del mal no llevó en absoluto al aniquilamiento, a un modo de vida sin directrices para la acción o la capacidad de realizar el orden y gracia. No cabe la menor duda de que, antes de la Revolución Industrial, los chinos, en varios períodos de su historia, habían creado la civilización más grande y compleja que hemos conocido en cualquier parte del mundo.

A diferencia de Heráclito, Lao Tzu no se quedó solo en su cultura. Su visión del mundo tenía raíces en una tradición mitológica que ya era antigua en su tiempo, una tradición absolutamente básica para los modos chinos de pensar y sentir. Esta tradición está materializada en el I Ching o Libro de las mutaciones. Aunque se ha determinado una antigüedad fabulosa para este clásico, situándolo entre el 2000 y el 1300 a. de C., no hay ninguna prueba clara de su existencia como documento escrito hasta el 400 a. de C., aproximadamente. No obstante, el sistema de simbolismo sobre el cual está basado, es realmente muy antiguo, aunque la obra, tal y como está actualmente, es una compilación de siglos. Generación tras generación de eruditos y pensadores chinos comentaron sobre él y proyectaron en sus formas primarias ideas y significados que son, históricamente, desarrollos bastante posteriores.

Básicamente, el Libro de las mutaciones es una secuencia de 64 símbolos o hexagramas de este tipo:

Hexagrama 64

Cada hexagrama, tal como especifica el propio término, consta de seis líneas que pueden ser discontinuas o continuas, negativas o positivas, y los 64 símbolos constituyen cada combinación posible de los dos tipos de línea en el patrón elegido. Las líneas continuas representan yang, el aspecto masculino o positivo de la naturaleza, y las líneas discontinuas representan yin, el aspecto femenino o negativo. Se dice que estos términos se aplicaron por primera vez a los lados del norte y del sur de las montañas, el primero soleado y el segundo sombreado. Puesto que los dos lados de una montaña son una polaridad inseparable, yin y yang llegaron a significar los polos arquetípicos de la naturaleza: más y menos, fuerte y débil, hombre y mujer, luz y oscuridad, subida y caída. Consecuentemente, la secuencia de 64 combinaciones de ambos, combinados en grupos de seis, se comprende como un epítome simbólico de las situaciones básicas de la vida y la naturaleza. Según la combinación y poder relativo de las fuerzas positivas y negativas, cada hexagrama representa la estructura esquelética fundamental de la disposición de la naturaleza en cualquier momento dado.

Cada hexagrama, además, puede considerarse compuesto de dos trigramas, y las ocho posibles formaciones de trigramas se suelen exponer como los de la figura:

I Ching

Los nombres atribuidos a cada trigrama, cielo, tierra, agua, fuego, etc., representan principios elementales en el esquema cambiante de la naturaleza, y, por lo tanto, un hexagrama que tiene, digamos, tierra, encima de montaña, señala una situación en que conviene que se oculte la grandeza o el poder, y que los gobernantes y hombres de negocios actúen con modestia.

El uso principal de estos símbolos era para la adivinación, y el texto del libro es un conjunto de oráculos que describen las situaciones representadas y que dan consejos para una acción apropiada. Mientras que hay muchos métodos para consultar el oráculo, el más habitual es hacer divisiones fortuitas de un conjunto de cincuenta tallos de milenrama, los cuales se cuentan según un sistema que proporciona el hexagrama correspondiente a la situación actual del interrogador. La suposición estriba en que la división fortuita de los tallos, de hecho, se adecuará al orden del tiempo en el que esté ocurriendo dicha operación, proporcionando un hexagrama que revele el equilibrio y disposición de las fuerzas naturales que está funcionando en ese determinado tiempo y espacio.

La tradición atribuye la invención de los hexagramas al sabio-emperador Fu Hsi, que reinaba a principios de la historia china.

Antiguamente, cuando Fu Hsi había alcanzado el reinado de todos bajo el cielo, miró hacia arriba y contempló las formas expuestas en el cielo (las constelaciones), y miró hacia abajo, contemplando el proceso que se desarrollaba en la tierra. Contempló el modelo de los pájaros y de las bestias, y las propiedades de los varios ambientes y lugares. Muy a mano, en su propio cuerpo, descubrió cosas por considerar, y lo mismo a distancia, en los acontecimientos en general. Así concibió los ocho trigramas, para entrar en relación con las virtudes de los Espíritus Brillantes, y para clasificar las relaciones de diez mil cosas.

El gran Apéndice del Libro de las mutaciones explica sus principios generales de la siguiente manera:

Tai Chi Quan

Tai Chi Quan

Sin límite,
como el flujo del río
que permanece
y cambia sin cesar

Escribir sobre el Tai-chi es un desafío, pues este arte es inasible. El pueblo que construyó la Gran Muralla, hace más de dos mil años, se expresa en esta práctica como en un símbolo. Diversas publicaciones han sido ya realizadas en distintos países occidentales sobre este tema, Ha llegado el momento, en efecto, de hacer descubrir y compartir esta fuente de un nuevo equilibrio que transmite la tradición del Tai-chi. Escribir sobre este arte del movimiento, de la energía, de la unidad, según sus principios y su espíritu, sin preocuparse de sus variantes, tal es nuestro objetivo. A través de esta monografía, proponemos una contribución con la esperanza que ella permita un enriquecimiento de la sensibilidad y de la comprensión de aquellos para quienes el camino pasa por el Tai-chi.

Meditación, arte marcial, terapia, el Tai-chi no tiene un fundador único. Es más bien el fruto de la confluencia de diferentes corrientes y de una larga evolución enriquecida por sucesivos maestros.

A lo largo de esta tradición, el centro y los principios han permanecido sin variar la interacción entre Yin y Yang, relación de unidad y equilibrio que está en la base del pensamiento chino.

El rostro del Tai-chi ha sido a menudo deformado y es a veces descrito como una simple gimnasia. Esta visión de la práctica es completamente errónea. El Tai-chi desarrolla la unidad de la persona. Meditación, arte marcial, arte del movimiento, entrenamiento de la relajación y de la respiración, el Tai-chi es todo eso. Pero, en su esencia, permanece misterioso. Así, lo que no se ve es a menudo más importante que lo que se ve.

La unidad no es una simple palabra sino una experiencia que vivir.

Cristalizado por el tiempo y los maestros, el Tai-chi ha llegado a ser para muchos occidentales, y para los chinos mismos, la vía de un equilibrio re-encontrado y un camino hacia sí mismo y hacia los demás. Con la práctica, la confianza se fortalece, la energía aumenta y se afirma, la tristeza hace lugar a la alegría, el vacío y la plenitud se manifiestan.

Nuestro objetivo, en el marco de este libro, es exponer la naturaleza y los diferentes aspectos del Tai-chi, precisar su práctica y ayudarlos a sentir su belleza profunda.

Historia:
Tradicionalmente se distinguen dos corrientes del arte marcial en China; la corriente exotérica, de la que
se dice que nació en el templo Shao-lin situado en la provincia de He-nan. Se lo asocia generalmente al personaje de Bodhidharma, quien habría residido allí alrededor del comienzo del siglo VI.

La segunda corriente, llamada esotérica, está ligada al monte Wu-dan situado en la provincia de Hu-bei,
que era un lugar renombrado del Taoísmo. Este lugar se asocia generalmente al personaje de Zhang San-Feng, quien residía allí y vivió entre los siglos XII y XIII. Se le atribuye la fundación del Tai-chi, y la leyenda más conocida al respecto dice que un día, mientras Zhang San-Feng estaba en la ventana, vio un duelo entre un pájaro y una serpiente. El pájaro hacía movimientos bruscos y dispersos. La serpiente se movía flexible y circularmente. La serpiente ganó, Zhang San-Feng comprendió entonces que la flexibilidad y la atención vencen a la rigidez y la dispersión.

Para diferenciar estas dos corrientes, se caracteriza a la primera como una práctica en la que predomina el trabajo muscular y la eficacia del gesto, en tanto que la segunda insiste más en el trabajo sobre el hálito interior y la lentitud de los movimientos. El lazo estrecho que existe entre el Tai-chi y el Taoísmo explica, en gran medida, esta diferenciación.

Movimiento de Vida

Sentir el Movimiento:
Cada movimiento nace, se desarrolla, declina y no está separado del que le precede ni del que le sigue; es parte integrante de un movimiento más vasto que se despliega sin ruptura, como una corriente continua.

La práctica del Tai-chi permite percibir y equilibrar nuestro dinamismo vital interior y exterior. Nos pone en relación con el gran ciclo vital y nos ayuda a conducir la energía sin esfuerzo en la estabilidad.

El primer movimiento que realiza un principiante contiene ya toda la práctica. Es por esto que sentir el movimiento no depende simplemente de la dificultad técnica del ejercicio. Es un estado de atención, de apertura y de calma. La constancia de la práctica desarrolla esta presencia a sí mismo, a los demás, al espacio.

Estar entre Cielo y Tierra:
El hombre está en movimiento entre el cielo y la tierra. El caminar es el ejemplo más simple y evidente. La práctica del Tai-chi realiza una unión entre el arriba y el abajo: ella une nuestra aspiración hacia el cielo y nuestro enraizamiento en la tierra. Mediante la presencia de la flexibilidad y de la estabilidad, el movimiento puede ser entonces a la vez abierto, firme y móvil. De allí nace la verdadera fluidez en la cual la liviandad
no es vacilación y el medio ambiente no es pesadez. Privada de sus raíces una planta no puede crecer; privada de luz, no puede desarrollarse plenamente.

El Encuentro con el Ejercicio:
El sentido del ejercicio no es la ejecución rígida, automática de un gesto o de una postura ya conocidos, sino que el desarrollo, a través de la práctica, de una sensibilidad nueva en relación con el espacio y la energía cósmica. El corazón del ejercicio es calor, escuchar en la estabilidad, silencio en el movimiento. Estar presente en las posturas, en los gestos de los diferentes ejercicios del Tai-chi no se trata de buscar otra cosa. Exteriormente, el movimiento es sin ruptura. Interiormente, su sabor deviene pleno y abierto al espacio. Este sabor no puede ser descrito y comprendido racionalmente, aparece con la práctica y resuena más allá de la práctica. Esto necesita confianza y atención.

Los Diez Principios:

Quieto como una montaña.
Móvil como un río.

1.- La Cabeza Liviana y la Mente Despierta:
Relajarse tan completamente como sea posible. Mantener la cabeza derecha pero sin tiesura ni rigidez, como colgando de un hilo. Relajar los músculos del rostro, Evitar la rigidez del cuello; éste debe estar libremente móvil y listo para girar en cualquier dirección.

Conservar la atención serena y despierta. Apartar de la mente todos los pensamientos que no se relacionen con la toma de consciencia de cada movimiento.

2.- Dejar fundirse el pecho y mantener la Espalda Tónica:
Soltar ligeramente el pecho hacia el interior y mantener la espalda tónica, con tono muscular.

El sentido de dejar fundirse el pecho hacia el interior es de impedir que el aire suba hacia la parte alta del cuerpo. Esta subida del aire hacia lo alto imprimiría una pesadez y un ahogo a la parte superior del cuerpo, en tanto que la parte inferior se volvería liviana y flotante, lo que haría perder la flexibilidad y armonía de los movimientos. No hinchar el tórax, pero tampoco dejar derrumbarse o desplomarse el pecho.

Mantener la espalda con tono muscular, pero no rígida. La columna vertebral sirve de soporte y de lugar de paso del soplo interior (Qi). Es la columna vertebral la que canaliza la energía potencial hacia los diferentes miembros.

Quien puede relajar el pecho, puede al mismo tiempo mantener tónica la espalda.

3.- La Cintura, Centro del Movimiento:
Soltar la zona lumbar. Esta zona es el centro de comando del movimiento y el centro de control de la energía que viene de los pies como raíces, pasa por las piernas y se despliega en las manos y dedos. La cintura es como el eje de una rueda en movimiento, hacia arriba o abajo, hacia adelante o atrás, hacia la derecha o la izquierda. Cuando la fuerza se aplica erróneamente, los movimientos del cuerpo se dispersan en desorden. El error debe entonces ser buscado en la cintura y las piernas.

4.- El Vacío y la Plenitud:
Hay que distinguir bien la alternancia de lo vacío y lo lleno. Por su naturaleza, cada actitud tiene un lado vacío y un lado lleno según el principio del Yin y el Yang. Esto se verifica para cada posición en el Tai-chi. Cuando el peso del cuerpo va sobre la pierna derecha, esta se vuelve llena (Yang) y al mismo tiempo la pierna izquierda se vuelve vacía (Yin). El peso del cuerpo no reposa nunca sobre las dos piernas simultáneamente, salvo al comienzo y al fin del ejercicio.

Cuando nuestro centro de gravedad está sobre una pierna, se puede ser flexible, rápido y fluido. Al contrario, con el peso igualmente repartido sobre las dos piernas, uno se vuelve doblemente pesado y estancado. Hay gente que, incluso después de largos años de estudio, no ha obtenido la flexibilidad y armonía de los movimientos; esto proviene de que no han descubierto el error de la doble pesadez. Para evitar este error se debe conocer y distinguir bien el Yin y el Yang, lo vacío y lo lleno, lo negativo y lo positivo, en cada movimiento de Tai-chi

5.- Soltar los Hombros y los Codos:
Es importante soltar los hombros. Si se levantan los hombros, el aire va hacia arriba, lo que podría causar malestar y entrabar el desarrollo de los movimientos.

Dejar bajar los codos. Con los codos levantados no se podría soltar los hombros y mantener el aliento abajo. Este soltar no significa vacilación. Exteriormente se manifiesta en la relajación. Interiormente nace de la intención de instalarse en la pelvis.

6.- La Intención y el no Esfuerzo:
En el ejercicio se utiliza la intención (Yin) y no la fuerza. Los movimientos son suaves y sin violencia. La intención actúa sobre el hálito, lo conduce a fin que se hunda y se concentre en los huesos. El hálito hace moverse el cuerpo y lo vuelve flexible. Entonces puede seguir fácilmente. La intención y la respiración son porta-estandartes, la cintura es el centro del comando.

7.- Unión de la Mente y el Cuerpo:
Cada movimiento debe ser realizado con una cuidadosa atención. Es la intención que guía hacia adelante los pies o las manos en la dirección correcta.

Estar atento en el cuerpo. La mente conduce el movimiento. Es estar presente.

8.- Simultaneidad y Armonía de los Movimientos:
Cuando una parte del cuerpo se mueve, todas las otras partes se mueven. Si una parte se detiene, las otras también.

El cuerpo es un todo cuyos elementos están armoniosamente relacionados. Los pies son las raíces. La energía, cuyo control reside en la zona lumbar, pasa por las piernas y se despliega en las manos y los dedos. En los movimientos, todos los miembros deben estar ligados unos a otros y moverse simultáneamente.

La armonía es un factor importante de esta simultaneidad. Mantener todo el tiempo la misma velocidad. Algunos gestos se prestan a ser realizados a un tiempo más rápido, eviten la tentación de apurarse.

Los movimientos de los brazos o las piernas hacia arriba o abajo, hacia delante o atrás, hacia la derecha o la izquierda, se alternan y se corresponden. La mano que ha sido levantada baja, mientas la otra sube.

9.- La Continuidad:
Los movimientos deben estar encadenados sin ruptura. El gesto comenzado se prosigue desde el comienzo hasta el fin del ejercicio, sin interrupción. Además, ningún gesto es llevado a su punto extremo. No alargar los pasos ni los brazos tan lejos como se pueda, de modo que el fin de un movimiento lleve ya el germen del comienzo del que sigue.

Los movimientos de los brazos son generalmente espirales, comenzando o terminando un círculo, semi-círculo o curva, ya sea verticalmente, horizontalmente o al sesgo.

Realizar los movimientos como tirando de un hilo de seda. Se expresarán así sin interrupción, sin ruptura, sin discontinuidad. El cuerpo se mueve como un río, recorrido sin cesar por la misma corriente.

10.- La Calma en el Movimiento:
Permanecer calmo en los movimientos.

El corazón permanece tranquilo y vigilante, recogido y concentrado, unido, despierto como un gato acechando un ratón.

El cuerpo permanece tranquilo con serenidad y confianza, el hálito interior (Qi) circula y se expresa sin esfuerzo en el movimiento espiral, estable y continuo.

La Historia de la Destreza Admirable de un Gato

La Historia de la Destreza Admirable de un Gato

Hubo una vez un maestro de esgrima que se llamaba Shoken. En su casa, una gran rata hacía de las suyas. Aun durante el día se paseaba por la casa con toda frescura. Entonces él cerró la habitación y esperó que
el gato de la casa la atrapara. Pero la rata, de un salto, hizo presa del hocico del gato que escapó maullando de dolor. Aquello, pues, no se arregló.

Entonces el dueño de casa trajo varios gatos que gozaban de mucha reputación en la vecindad. La rata se acurrucaba en una esquina y cuando se acercaba un gato, saltaba, lo mordía y lo ponía en fuga. La rata resultaba tan combativa que los gatos rehuían acercarse otra vez. Shoken perdió la paciencia y se puso él mismo en persecución de la rata. Pero ella esquivaba a maravilla los tajos del maestro de esgrima que no lograba acertarle. Rompió así puertas y enseres, pero la rata saltaba como una exhalación, hacía el quite a todos los tajos, hasta que al final le saltó al rostro y le mordió.

Bañado en sudor, llamó finalmente a su criado: Se dice que a seis o siete leguas de aquí hay un gato que es el más valeroso del mundo. Vete y tráelo. El criado trajo el gato, que no le causó especial impresión, pero cerró la puerta dejándolo adentro. El gato entró con gran paz como si no esperara nada especial. La rata se quedó sorprendida y no se rebulló. Y el gato se acercó con toda calma, le dio una dentellada y se la llevó.

A la tarde se reunieron los gatos derrotados en la casa de Shoken. Con todo respeto hicieron que el viejo gato se sentara en el puesto de honor, le hicieron reverencias y le dijeron con modestia: Todos nosotros pasamos por valerosos. Nos hemos entrenado para atacar, hemos afilado muy bien las uñas y hemos conseguido vencer todo tipo de ratas y otras alimañas. Nunca habíamos creído que pudiera haber una rata tan robusta, Con qué táctica has conseguido derrotar tan fácilmente a esa rata? No nos ocultes tu arma secreta.

El viejo gato se rió y dijo: Vosotros, jovencitos, ciertamente sois valientes. Pero no conocéis bien las tácticas a emplear. Por eso, cuando se presenta lo inesperado, fracasáis. Pero contadme primero cómo os habéis entrenado.

Entonces se adelantó un gato y dijo: Provengo de una familia famosa en la caza de ratas. Por eso opté por esa táctica. Puedo saltarme biombos de dos metros de altura. Puedo deslizarme por agujeros estrechos por los que sólo una rata sabe pasar. Desde la infancia me ejercité en toda suerte de acrobacias. Cuando estoy todavía despertando del sueño y veo una rata que corre por las vigas, en seguida la atrapo. Pero esta rata era más fuerte y he sufrido la derrota más grande de mi vida, Estoy avergonzado.

El viejo gato le dijo: Tú no te has entrenado más que en la técnica. Y no tienes en la cabeza otro pensamiento que ganar la batalla, De esta manera sólo pensabas en triunfar, Cuando los viejos enseñaban la técnica. lo hacían para mostrar uno de los caminos que llevan al triunfo. Y eran técnicas sencillas, pero que encerraban dentro de sí la verdad más excelsa. Pero los que los siguieron no se ocupan ya más que de la técnica. Se obtienen ciertamente resultados, por ejemplo, cuando prescriben que haciendo esto y esto, se obtiene esto o lo otro. Pero, qué se logra con ello? Unicamente un poco de destreza. Y al abandonar el viejo camino tradicional, poniendo en juego los mejores recursos, surge la emulación en la técnica hasta el agotamiento, y desde ese momento ya no hay progreso posible. Y así tiene que ser si no interesa más que la técnica y el saber. Cierto que el saber es una función del espíritu; pero, si no marcha por el verdadero camino y sólo atiende a la destreza, no es más que un error y sus logros son contraproducentes. Por tanto reflexiona y emprende el verdadero camino.

Entonces se acercó un hermoso gato de piel atigrada y dijo: En el arte militar todo depende, creo, del espíritu. Por eso siempre he cultivado esa cualidad. Y he llegado a tener un temple de acero. Un espíritu libre y lleno del espíritu del cielo y de la tierra. En cuanto veo al enemigo, mi espíritu invencible lo deja hechizado, y gano la batalla aun antes de empezar. Sólo entonces sigo adelante de manera instintiva, como lo exige la situación. Me oriento por el ruido de mi adversario, acoso a la rata como me place, a derecha, a izquierda, cortándole siempre la retirada. De la técnica propiamente dicha no me preocupo; la dictan las circunstancias. Una rata que corre por la viga, la clavo con mi mirada, y cae y es mía. Pero esta misteriosa rata aparecía y desaparecía sin dejar rastro. Qué es esto? No lo sé.

El viejo gato le contestó: Eso que tanto te interesa es ciertamente un efecto que proviene de la gran energía que llena el cielo y la tierra, Pero lo que has conseguido no es más que una fuerza psíquica, no es algo que merezca verdaderamente el nombre de bueno; el hecho mismo de que eres consciente de la energía con que quieres vencer, obstaculiza la victoria. Tu Yo está en acción. Pero si el Yo del otro es más fuerte que el tuyo, qué ocurrirá? Si quieres derrotar a tu enemigo con la ventaja de tu fuerza, él te opondrá la suya. 0 te imaginas que sólo tú eres fuerte y todos los demás débiles? Pero, cómo hay que comportarse cuando hay algo que quiere triunfar con una mejor voluntad y no precisamente con la ventaja de la propia fortaleza? ahí está el problema! Esa agilidad y temple de acero y de energía que llena el cielo
y la tierra, no es aún la Gran Energía sino un reflejo suyo. Es tu propio espíritu, pura sombra del Gran Espíritu. Tiene la apariencia de la Gran Energía, pero en realidad es totalmente distinta. El espíritu de que habla Menzius es poderoso porque está siempre penetrado por la gran sabiduría. Se diferencia como la corriente perenne de un gran río, como el Yang-tse Kiang, comparado con un torrente repentino y pasajero. Pero cuál es el espíritu que hay que poseer cuando nos enfrentamos a algo que no puede ser derrotado por ninguna fuerza espiritual condicionada? Ese es el problema! Dice un refrán: Una rata acosada muerde al gato. Si el enemigo está en peligro de muerte, no guarda miramientos, se olvida de su vida, de sus apuros y de sí mismo y no tiene preocupación por victorias ni derrotas. No se preocupa siquiera de su existencia. Y, por eso, su voluntad es dura como el acero. Cómo podremos vencerle con unas fuerzas que tenemos la pretensión de poseer?

Entonces avanzó lentamente un gato pardo más viejo y dijo:Efectivamente es como tú dices, La fuerza psíquica, por poderosa que sea, tiene una forma. Pero, lo que tiene forma, por pequeño que sea, puede atraparse. Por eso, desde hace mucho tiempo he procurado entrenar la energía del corazón. Yo no pongo en juego, como el segundo gato, esa energía que domina al adversario espiritualmente. Ni hago las acrobacias del primer gato. Me reconcilio con el adversario, me pongo de acuerdo con él y no le contrarío. Si el otro es más fuerte que yo, cedo sin más y hago lo que él quiere. Mi habilidad, en cierto modo, es ir recogiendo las piedras en saco roto. Una rata que me quiere atacar, por fuerte que sea, no tiene dónde hacer pie ni a qué agarrarse, Pero la rata de hoy era distinta. Era ligera como la luz. Nunca he visto cosa igual.

El gato viejo dijo: Lo que llamas reconciliación no proviene de la esencia profunda ni de la gran naturaleza. Es una reconciliación ficticia y artificial; es un truco. Con ella, lo que quieres es contrarrestar la combatividad del contrario. Y, como sólo piensas en eso, por más que disimules, el contrario lo nota. Y, aunque con ese espíritu te muestres conciliador, tu espíritu de combate se mezcla y lo perturba, quedando perjudicada la precisión de tu visión y actuación. Todo cuanto hagas con intenciones conscientes, obstaculiza la primaria vibración de la gran naturaleza que actúa desde lo profundo e impide el flujo de su libre movimiento. Cómo podrá brotar en esas condiciones una energía maravillosa? Sólo si no se piensa nada, ni no quieres ni pretendes nada, sino que te. abandonas al impulso del ser, lograrás no tener forma aprehensible, y no surgirá en la tierra forma alguna antagonista; y entonces tampoco habrá enemigo que pueda hacerte resistencia.

Evidentemente, no pienso que todo cuanto habéis dicho sea inútil. Todas y cada una de estas técnicas pueden ser una variante del camino acertado. La técnica y este camino pueden perfectamente ponerse de acuerdo. En tal caso, el Gran Espíritu, el Dominador, está latente en ella y se manifiesta en toda acción del cuerpo. La fuerza del Gran Espíritu es la que apoya a la persona del hombre. Aquel en quien esa fuerza está liberada, puede enfrentarse correctamente a todo con infinita libertad. Si su espíritu está pacificado, aunque no ponga en la lucha energías especiales, ni el oro ni la piedra lograrán corromperle ni. destruirle. Lo único importante es que no entre en juego ni una brizna de la consciencia del yo, de lo contrario, todo está perdido. Y si se mezclan pensamientos, aunque sea de manera fugaz, todo queda falseado. Ya no brota de lo profundo de la esencia, ni del impulso primario del cuerpo bien dirigido. Y entonces tampoco el contrario se pondrá de acuerdo con nosotros, sino que tratará de oponerse. Qué camino o táctica emplear? Unicamente si tienes esa mentalidad que está liberada de toda consciencia, si actúas como si no actuaras, sin trucos
ni segundas intenciones, en perfecta armonía con la Gran Naturaleza, estarás en el buen camino. Abandonemos toda pretensión, ejercitémonos en la abnegación de toda intención y hagamos que todo brote simplemente desde lo profundo del ser. Este es el camino sin fin, e inagotable.

Y el viejo gato añadió algo notabilísimo: No creáis que lo que he dicho es lo más excelso. Hace no mucho tiempo que en un lugar vecino al mío había un gato. Se pasaba el día durmiendo. No se advertía en él nada de energía espiritual. Allí se estaba tendido como un tronco. Nadie lo había visto cazar una rata. Pero, donde él estaba, no había ni una rata. Un día que le visité, le pregunté qué explicación tenía esto. No dio ninguna respuesta. Volví a repetir la pregunta hasta tres veces. El callaba. No es que no quisiera responder, pero evidentemente no sabía qué responder. Entonces caí en la cuenta: el que sabe algo, no lo dice; y el que dice algo, lo ignora. Este gato se había olvidado de sí mismo y de cuanto lo rodeaba. Había alcanzado la nada y con ello, la más elevada cima de la carencia de pretensiones. Y ahora podemos decirlo, había arribado al camino divino de la milicia: vencer sin matar. Con él estoy de acuerdo.

Shoken oía todo esto como quien sueña. Se acercó, saludó al gato viejo y dijo: Hace mucho que me ejercito en la esgrima, pero aun no he llegado a la cima. He escuchado vuestras consideraciones y creo
que he entendido el significado de mi camino; pero os ruego con todo empeño que me digáis algo más sobre vuestro secreto.

El gato viejo le respondió: Cómo puedo hacerlo? Yo no soy más que un animal que se alimenta de ratas, cómo puedo yo saber algo de las cosas humanas? Lo único que sé es que la finalidad de la esgrima no consiste únicamente en vencer al adversario. Más bien es el arte de llegar, en un momento dado, a la gran claridad de la base misma de la vida y la muerte. Un verdadero caballero debería, en todo entrenamiento técnico, cuidar el entrenamiento espiritual de esta lucidez. Además deberá, ante todo, analizar la doctrina, la razón de ser de la vida y la muerte, de la necesidad de morir. Esta gran lucidez sólo la alcanza el que está liberado de todo lo que le desvía de este camino, especialmente de todo pensar concretizador. Si a la esencia profunda y al encuentro con ella se les da libre curso, liberadas del yo y de todas las cosas, pronto hará aparición aquello que es lo único importante. Pero si tu corazón se apega, aunque sea pasajeramente, a alguna cosa, tu esencia queda también aprisionada con las apariencias de algo consistente. Y si se ha convertido en algo consistente, automáticamente allí hay un yo consistente también, y al que se le puede hacer resistencia. Y ya tenemos dos seres enfrentados por la supervivencia. Y en este caso quedan frenadas las admirables funciones de la esencia que posibilitan el progreso y el cambio. Entonces ya tenemos el torcedor de la muerte y hemos perdido la lucidez propia de nuestra esencia. Con esa mentalidad, cómo enfrentarse correctamente al adversario y contemplar con tranquilidad el dilema Victoria-Derrota? Y, aunque se logre la victoria, no es sino una victoria ciega que nada tiene que ver con el sentido de la verdadera esgrima. Liberarse de todas las cosas no es pura teoría. El ser, en cuanto tal, no tiene figura ni fisonomía propia de por sí, está más allá de todas las formas. Ni debe atesorar nada en sí mismo. Pero si nos fijamos y nos asimos a algo por insignificante que sea, aun por un momento, la gran energía queda refrenada y el equilibrio original de fuerzas queda desbaratado. Si el ser queda aprisionado, por poco que sea, pierde su habilidad de movimiento y no brota con toda su magnificencia. Si el equilibrio del ser profundo se perturba, su fuerza, si es que fluye, se desborda; en caso contrario, es insuficiente. Cuando se desborda, irrumpe incontenible. Cuando es insuficiente, el espíritu se debilita y decae y no consigue adaptarse a las situaciones. Lo que llamo liberación de las cosas significa, pues, lo siguiente: si no retenemos las cosas, ni nos apoyamos ni fijamos en nada, ya no hay antinomias. Ni Yo ni anti -Yo. Si algo sobreviene, lo enfrentamos con espontaneidad y no dejará huella tras de sí. En el I – Ching (Libro de los Cambios), esto se expresa así. Sin pensar, sin emociones, en perfecta calma; sólo así podemos testimoniar la esencia y
la ley de las cosas de manera espontánea y podemos identificarnos con el cielo y la tierra. El que ejercita
la esgrima de este modo y lo entiende así, está muy cerca del verdadero camino.

Lao Tsé

Lao Tsé

Se cree que nació a fines del siglo 7 a. C. Lao Tsé es un apodo que significa “anciano”. Su apellido era Li, su nombre Erl, su nombre de erudito fue Be Yang (Conde Sol). En forma póstuma recibió el nombre de Dan o Tan. Literalmente Anciano Orejudo, en sentido figurado: Anciano Maestro. Fue oriundo de la actual provincia de Honan, situada en la región más meridional de la China.

Trabajó como archivero en un ministerio de la corte imperial de los Shou. Debido a esta circunstancia, tuvo varios encuentros con Confucio (documentados), en los cuales este último se refería a él con gran consideración frente a sus discípulos, aludiendo a su profunda sabiduría. Lo comparaba a un dragón que alcanza las nubes.

Llegado un momento de su vida, y debido a que en China se vivían situaciones muy convulsionadas políticamente y cansado de revisar documentos que sólo se referían a guerras y crueldades, decidió renunciar a su cargo con el objeto de llevar una vida más retirada. Se dirigió al oeste, montado en un búfalo negro. En el paso fronterizo de la montaña de Han Su, tuvo un encuentro con Yun Hsi, quien le solicitó le legara algún escrito. Lao Tsé accedió al pedido y le transcribió el Tao Te King, después de
lo cual, continuó su camino. Desde ese momento se perdió su huella física en el tiempo.

Durante toda su vida se esforzó por pasar inadvertido, tampoco tuvo discípulos. Descubrió para sí, grandes conexiones universales y seguramente esperó que con el tiempo, otros seres con espíritu afín, contemplaran y comprobaran las verdades que él había descubierto.

Su personalidad única, irrepetible y enigmática, evitó que se conociera más de su vida, así se transformó con el tiempo, en un ser mítico que alcanzó cumbres insospechadas y terminó por fundirse en un ser cósmico que habría aparecido en la tierra en las más diversas épocas.

Hay autores que suponen se dirigió a la India y ven huellas taoístas en el budismo, que, aseguran, no les parecen puras coincidencias.

El Tao Te King.

Hubo algunos emperadores chinos que estudiaron y trataron de aplicar la sabiduría de los 81 aforismos y 5.000 ideogramas que componen el libro. En especial Han Wen Ti (197 a 157 a C), cuyo hijo Han King Ti (156 a 140aC), da al libro el nombre de Tao Te King, es decir, “El libro del Sentido y de la Vida”, este nombre lo ha conservado hasta la actualidad en China.

Está formado por dos segmentos: Tao y Te.

El Tao, significa, Dios, Vía, Razón, Palabra, Logos y Sentido, designa la percepción misma en el seno de la consciencia, (el sentido interior), la disposición de percibir, de tomar consciencia de alguna cosa (el sentido de orientación), la razón, el juicio, el discernimiento, (el sentido común, el buen sentido).

Tao es un término que no es exclusivo del taoísmo. El confucianismo lo emplea para representar la norma moral, que debe cumplir con los designios del Cielo.

Para Lao Tsé, el Sentido o Tao, es toda realización todavía no separada por el divergir polar de los opuestos, con el que toda realización está ligada. Sería el proceso mismo de transformación de la Naturaleza, la síntesis suprema de todos los contrarios, que se resume en la contradicción universal y primera, Yin y Yang.

El Tao para los taoístas es la nada de donde surge el mundo visible, es inefable, porque el nombre no se distingue de la esencia Es trascendente, incognoscible, es la medida que se hace inmanente a la cosa.

Y Te, en chino significa “lo que los seres reciben para nacer”, o sea, Vida, Ser, Espíritu, Naturaleza, Fuerza.

La obra “original,” se divide en los siguientes capítulos:

Primera parte
Del Tao: Temas teóricos.
Del 1 al 10: Carácter general de la doctrina.
Del 11 al 20: Teoría de la inacción.
Del 21 al 28: Modelos de Tao.
Del 29 al 31: Advertencias contra el uso de la fuerza.
Del 32 al 37: Ritmo de vida.

Segunda parte.
Del Te: Tópicos de orden cotidiano.
Del 38 al 49: Simplicidad y quietud
Del 50 al 56: Preservación de la vida
Del 57 al 67: Manejo de asuntos humanos.
Del 68 al 69: Actitud frente a la guerra
Del 70 al 75: Crímenes y castigos.
Del 76 al 81: La fuerza de la debilidad

Contenido del Tao Te King

La filosofía de Lao Tsé, excluyó totalmente el antropomorfismo en la religión china. El Tao Te King no menciona hechos históricos, sin embargo, el autor los conocía muy bien. En su obra menciona tácitamente antiguas fórmulas de sabiduría.

Lao Tsé se mantuvo en el terreno de lo humano. En Tao y en Te está implícita la pregunta. Cómo conozco la Naturaleza del mundo?. El conocimiento del mundo es cada vez un principio general, el cual se halla también presente en el hombre que reflexiona. Lo que se conoce gracias a la experiencia, en el centro de uno mismo, (a partir de la luz interior, como dicen los místicos) queda endeble con la condición de que se haya percibido una manera realmente pura y verdadera.

Lao Tsé toma en consideración al ” yo” puro del yo inherente del ser humano como tal. Lo importante es que el corazón esté vacío, sólo entonces pueden conocerse las grandes verdades (vacío en el terreno del conocimiento igual que en el terreno práctico). En China el concepto “corazón”, significa también un medio de contacto con el exterior, se considera un complejo sensorial, como los cinco sentidos. Para
Lao Tsé es también la sede del deseo, orienta hacia fuera. El hecho de estar vinculado al mundo empírico, por medio de los sentidos y los deseos, constituye un peligro, porque ofrece una apariencia ilusoria e impide el verdadero conocimiento.

Es por eso que se deben “cerrar” las puertas, para que no entren esas impresiones generadoras de confusión. Todo saber positivo, pasa a segundo plano. Lao Tsé considera que cualquier conocimiento no
es suficientemente directo. Allí donde se extingue la apariencia, se distingue más nítidamente la esencia verdadera, aquella que se eleva por encima de la cambiante rapidez de la visión sensorial.

Lao Tsé, no aspira al “conocimiento” sino a la “visión” a la “iluminación interior”. Pero estas contemplaciones no tienen nada que ver con las visiones ascéticas. La iluminación interior, conduce por sí sola a la simplicidad, como la de un niño.

El ser humano constituye una unidad coherente, que vuelve sobre sí misma y se realiza actuando espontáneamente y dentro de la cual cualquier manifestación en una dirección determinada se ve completada, enseguida, por su contraria. Este equilibrio armónico, no se rompe a causa de los fenómenos del nacimiento y muerte, confiere una vida eterna que trasciende la muerte.

Para Lao Tsé, la vida no es otra cosa que la naturaleza humana, cuyo misterio más profundo es la espontaneidad. El individuo se deja vivir, es vivido. Por eso insiste en el wu wei, en la no acción, o sea, en la receptividad total y absoluta frente a todo lo que acciona sobre el individuo desde el fondo metafísico.

La Vida es buena en la medida en que exhiba un comportamiento adecuado a cada instante y situación. Es buena para los buenos, y también lo es, con los que no lo son, porque da a cada uno lo que le falta para ser completo.

Hasta la virtud más elevada que pretende afirmarse, es algo inferior, porque no representa más que un aspecto unilateral del indispensable par de opuestos.

Al hombre ideal, que encarna la Vida, en el Tao Te King, se le llama “sabio”. Es aquél que ha renunciado a sus inclinaciones y deseos accidentales, porque refleja perfectamente el principio de la Vida y deja que ésta se manifieste en él. Tal disposición, lo transforma en una potencia cósmica, porque no se puede separar al hombre del circuito cósmico. Siempre continuará siendo un eslabón indispensable del complejo que solemos llamar mundo.

TAO.- La espontaneidad seguida más allá de lo humano, nos conduce al Sentido
(Tao). La Vida está en el ser humano, el Sentido está en el mundo, en forma de espontaneidad, naturalmente. No pertenece al terreno de lo existente. Lao Tsé, le atribuye el “no ser”, el “vacío”. Son extremos opuestos pero no contradictorios. El “no ser” de Lao Tsé, se debe interpretar como algo cualitativamente distinto de la existencia.

El Sentido está en todas las cosas, pero no es una cosa, está presente en todo lo que ocurre, pero no se agota en ningún acontecimiento. Este no-colmarse lo eleva por encima de todas las cosas.

La eternidad del Sentido se basa en que todos sus movimientos retornan siempre sobre sí mismos. Las contradicciones se compensan mutuamente. Cada movimiento se convierte en su contrario.

El Sentido es ontológicamente la raíz de todo Ser, pero como el Ser no se distingue del No-ser, nada más que por el nombre y no por la esencia, en el Sentido se manifiesta también el seno del Ser, de forma de lo materno, de donde nacen a la vida los seres individuales y donde vuelven al morir.

Lao Tsé, distingue dos aspectos, por una parte, el movimiento que conduce desde el Sentido, como Unidad Suprema, al nacimiento de las diversidades y por otra, las líneas, que conducen del pensamiento a la realidad.

Lao Tsé parte de la Unidad, el punto más alto que puede alcanzar el pensamiento, es la puerta por donde surgen todas las energías. Dentro de la Unidad se encuentran incluidos todos los contrarios, aún sin separar. Es lo que se llama “el no- comienzo”, antes del comienzo original.

La Unidad encierra la predisposición a la diversidad, sin que esta última sea capaz de manifestarse en estado germinal. Esto permite que la Unidad evolucione hacia la diversidad, sin que nazca algo completamente distinto. En diversos capítulos de su obra, Lao Tsé habla de una visibilidad invisible, una audibilidad inaudible, encerrada en el Sentido, formando Uno, en forma inseparablemente confundidos. La diversidad en la unidad, hace posible las evoluciones posteriores. Para Lao Tsé, la evolución es un proceso esencialmente lógico que, no obstante, puede ser proyectado en el pasado, y designado, entonces, como el comienzo del Cielo y de la Tierra. Lo mismo se produce en el mundo tridimensional como la continua regeneración de la vida.

El Sentido se manifiesta fluyendo. Actúa primero en el conjunto de las fuerzas inmateriales que obran sin ser vistas en el Cielo, y que luego, se aleja de sí mismo y fecunda la Tierra que es el conjunto de la corporalidad material. Finalmente retorna sobre sí mismo en el ser humano.

Cielo y Tierra y ser humano hallan siempre, por lo tanto, su respectivo modelo en el nivel de existencia inmediatamente anterior. Su modalidad de manifestación se deriva del Sentido, único en tener capacidad realizadora directa.

Se debe distinguir la relación de Unidad y diversidad y el paso desde el Sentido a la realidad.

Hay capítulos en el Tao Te King, en que se encuentran alusiones a cómo el Sentido contiene potencialmente la realidad. La manifestación del Sentido en las criaturas (en los seres individuales de la realidad) es posible gracias a que el Sentido contiene de un modo inconcebible, sin forma ni cuerpo, a las ideas. Para expresar el nacimiento de estas ideas, Lao Tsé se sirve de la noción de Vida, (el contenido
de la gran Vida, sigue en todo al Sentido, lo toma como modelo), y por otro lado de la noción de semilla.

El concepto de semilla ocupa una posición intermediaria entre el mundo de las Ideas y el mundo de los cuerpos materiales. En este contexto, el Cielo representa las energías espirituales, mientras que la Tierra se sitúa más próxima a lo material, o sea, a una enajenación del Sentido.

Otros dos conceptos importantes en el Tao Te King son el Vacío o Profundidad, (literalmente el valle) y el Espíritu o los Dioses. La Profundidad o el vacío es el espacio sin llenar entre las vertientes de las montañas. La Profundidad casi asumiría el significado de lo que llamamos materia: lo que todavía es indeterminado, inactivo, la mera posibilidad de Ser, mientras que el Espíritu aportaría el principio
activo correspondiente.

La Doctrina Taoísta

La Doctrina Taoísta

Las fuentes de la doctrina taoísta son muy remotas, se cree que tienen su origen en las culturas más antiguas de China formadas por campesinos, cuyo pensamiento fue muy singular al crear este principio de orden universal e impersonal, el Tao. El Tao, considera a la existencia como un océano de pureza, sin límites de espacio y tiempo, sobre el que juegan miríadas de ilusiones por medio de la acción recíproca de los contrarios, los cuales son de naturaleza yin y yang.

Con el transcurso del tiempo, se fueron produciendo elaboraciones de diversa índole, sociales, metafísicas, políticas, morales que fueron estructurando el pensamiento chino, que está representado muy especialmente por Lao Tsé y Confucio.

Hsu-Ti-Shan, publicó una tabla que explica cómo los brujos y sabios que rodeaban al rey realizaban investigaciones con el objeto de confeccionar un calendario que debía asegurar la correspondencia armónica, entre el ciclo de las estaciones y el ciclo de la vida social y agrícola. Señala que el origen de la doctrina taoísta está en la de los “brujos” y el I Ching, tratado metafísico y cosmogónico, que sirvió como oráculo imperial, muy importante y base para la filosofía que nos legó Lao Tsé, que incluye la escuela de los números, la doctrina de las artes mágicas, de los adivinos, de los astrónomos y astrólogos, la del Tao Tö, y las escuelas de Mo Tzú, la medicina e higiene sexual, la escuela del calendario, la del yin y yang, la doctrina de los cinco elementos y la de la inmortalidad.

Las dos vertientes principales relacionadas con el origen del taoísmo, son: primero, la que la considera originada como un desarrollo del primer animismo y de las prácticas mágicas, esta teoría se apoya en la leyenda del Emperador Amarillo que vivió más o menos en año 3000 aC. La otra, se refiere al taoísmo clásico, que empezó con Lao Tzé, el cual vivió aproximadamente el siglo 600 o 700 aC. Nos legó el Tao Te King, la obra suprema del taoísmo.

Las dos vertientes se conocieron como escuela de Huang Lao.

La obra de Lao Tsé se expresa en aforismos. Las otras, reconocidas también como representantes de la corriente clásica, son el Chuag Zú y el Lie-Zi, cuyos autores, que tienen el mismo nombre de sus obras, se expresan en relatos alegóricos y apológicos.

El taoísmo tradicional es más cosmológico que teológico, la religión, cosmología y filosofía se encuentran estrechamente relacionadas. Se desprecia la moral cínica, la ética convencional y la sofisticación, se repudia la magia y el ritual carente de sentido. Es la filosofía del ritmo de la vida, la simplicidad de la mente y del espíritu, trata de toda la Naturaleza y del puesto que el Hombre tiene en ella. Es el arte de vivir y de las relaciones.

El taoísmo actual se remonta a unas fuentes muy distintas a las del Tao Te King. No es más que la religión popular animista antigua, algo sistematizada y mezclada con doctrinas hindúes. En oriente, el animismo se considera algo útil para dominar a las masas, en occidente, es una superstición. Hubo taoístas que conjuraron espíritus, realizaron trucos mágicos, se inventó el “elixir” de la vida, también se introdujo la dignidad del papado taoísta con el título de Tien Shi (Maestro Celeste), dignidad que se trasmitía por herencia en la familia Dchang, por metempsicosis, (que se perdió con la llegada de los comunistas). Estos puntos de vista no tienen nada que ver con Lao Tzé su doctrina y sus seguidores.

El lugar de la noción de Ser Supremo de las religiones occidentales, está ocupado en Asia Oriental por la noción de Estado Supremo del Ser. No es más que una ilusión engañosa lo que separa a todos los seres de esta perfección impersonal.

Todos están vinculados a la ley de la impermanencia, dioses, demonios, igual que los hombres. En el concepto taoísta del Último, se mezclan la filosofía profunda, la aspiración espiritual, la poesía de la Naturaleza y la veneración indiferenciada de lo sacro en todos los seres y cosas, sin distinción.

El Tao es eterno e incognoscible. Como vacío indiferenciado, Tai Hsü, como no vacío es el que contiene, el que sustenta y en cierto sentido el mismo ser de las miríadas de objetos, es Ser y no Ser. Como objeto de la existencia es el Camino, la Vida, el Cielo, la Tierra, el Hombre. Aunque no es consciente de actividad, ni tiene proyectos, ni busca premios ni alabanzas, sin embargo, realiza todas las cosas hasta la perfección. Como el agua, conquista su camino con blandura.

Lao Tzé dice que Tao no es sino una palabra útil para nombrar al Innominado. Nada puede decirse de Él que no menoscabe su plenitud. Es la Ultima Causa. Tai chi, la mónada, la razón principal del cosmos; es también Tia I, el Gran Cambiador. Visto por el hombre, con su visión limitada, es también el Tien, el Cielo la fuente de la regularidad y el gobierno. Para un taoísta, nada está separado del Tao.

El Tao Te King dice: ” El universo tiene una causa anterior que puede llamarse Madre. Conoce a la Madre para que puedas conocer al Hijo, conoce al Hijo para que puedas entender a la Madre,” lo que quiere decir, es que el mundo de la forma no se entiende si no se conoce el Vacío, ni el Vacío se penetraría sin conocer el mundo de la forma. Se trata de dos aspectos del Uno.

La concepción taoísta del mundo supone que cada cosa o acontecimiento es lo que es, sólo en relación con las demás. La tierra y las más minúsculas partículas que habitan en ella, están inevitablemente “en concordancia”, con el sol, la luna y las estrellas. Recíprocamente, el sol no iluminaría si no hubiera ojos, y el universo no “existiría” si no hubiera consciencia y viceversa. Éste es el principio del “surgimiento mutuo”. El principio sostiene que si se deja que todas las cosas sigan su curso, la armonía del universo quedaría establecida, ya que cada proceso del mundo puede “realizarse”, sólo en relación con todos los otros. Así, el modo particular de cada cosa, es el modo “particular e inédito” del universo. Debido a su interdependencia mutua, todos los seres armonizarían si se les respeta y no se los fuerza a la conformidad con ninguna noción de orden arbitraria, artificial o abstracta.

El Tao es Wu-Tsé, (no ley), pero posee un orden que puede ser reconocido, pero no puede ser definido porque tiene demasiadas dimensiones y variables.

En su visión política, compara al estado con una maquinaria en que las ruedas hacen juego unas con otras. En los gobernados residen los conocimientos técnicos y en los gobernantes, el poder. La armonía social resulta de la perfecta fusión de ambos elementos. El papel de los gobernantes es servir a los gobernados.

El taoísmo, desde el punto de vista psicológico, se presenta como un pensamiento introvertido, donde los factores inconscientes, desempeñan un importantísimo papel en toda su literatura y diversas manifestaciones artísticas.

Si consideramos al taoísmo una religión, se tendría que clasificar entre las religiones del orden eterno del mundo, que en este caso se llama Tao. El hecho de que en algún momento haya tomado la forma de religión, (monjes y ritos), no proviene de su naturaleza propia. El taoísmo es esencialmente una metafísica y un modo de vida en su aspecto más elevado, oscilaciones posteriores entre la magia, la alquimia, la metafísica, no le quitaron nunca su carácter esotérico. Tuvo siempre prestigio por los conocimientos secretos que prevalecieron en la antigua aristocracia china.

Se debe al taoísmo la creación de la alquimia, de la medicina tradicional china y de algunas prácticas de adivinación.

La idea original de longevidad, se encuentra relacionada con el armónico desarrollo del “alma embrionaria”, que supone un equilibrio constante entre el cuerpo y las diferentes almas, evitando que una de las facultades se desarrolle en exceso.

La longevidad taoísta, así como la concepción de los “inmortales,” no fue nunca en los círculos taoístas ilustrados, sino el símbolo de una integración del ser humano con la emanación del principio trascendente que reside en él. Así deben entenderse las grandes obras taoístas de Lao Tzé, Chuang Tzú y Lie Tzi.

El taoísmo debe comprenderse como un naturalismo, puesto que en él el hombre y la divinidad son concebidos a imagen de la Naturaleza. No es una revelación de un ser divino que desea predicar una verdad, sino doctrinas dictadas por sabios, los cuales parten del supuesto de que la Humanidad, por lo regular, por su propia responsabilidad, es incapaz de encaminarse por las vías del bien. Por eso se resuelven a buscar para sí mismos y para sus semejantes una posibilidad de mejoramiento y un medio de liberación. Medio de liberación, que no puede ser otro que una ciencia: la ciencia del alma humana y de la real naturaleza de este mundo y de las causas que provocan el dolor y la infelicidad.

El fin del hombre es un estado de realización espiritual, que sólo se puede conseguir, cuando la ciencia que se ha logrado, llegue a trocarse en forma de vida.

La felicidad no es una gracia divina, ni el favor de un dios aplacado por plegarias, sino obra exclusiva del hombre, por su propia voluntad que, a través del esfuerzo, se redime.

El pensamiento chino aflora a través de su lengua, los ideogramas subordinan la significación abstracta al signo concreto. Su pronunciación monosilábica, polifónica y modulada, que lleva consigo ritmos y rimas, da lirismo al lenguaje hablado, poesía a la prosa y música a la poesía. Al disponer de estos ricos elementos plásticos y musicales, tiende a ser preferentemente un conjunto armonioso de cualidades sensoriales, más que un instrumento de expresión precisa y de razonamiento riguroso.

El alma china rechaza naturalmente toda actividad puramente intelectual que puede distinguir las cosas unas de otras y oponerlas entre sí, sin agruparlas. Esto posee una “lógica concreta” que convierte los términos antitéticos, en elementos- yin y yang- de una pareja armoniosa.

Une lo inteligible a lo sensible, lo intelectual a lo afectivo y el pensamiento abstracto a la vida concreta.

Algunos conceptos básicos.

Yin y Yang.

Se originó en los Fan Gshe, o Escuela de los expertos de las artes ocultas, que en los primeros siglos del período feudal estuvieron adscritos a las diversas cortes y más tarde, al desaparecer el feudalismo, se dispersaron por el imperio. Los principales libros de esta escuela fueron ” Prescripciones mensuales” y ” La gran norma”.

Los ideogramas que corresponden a Yin y Yang, eran originariamente los lados Norte y Sur, respectivamente, de una montaña. Antiguamente, el carácter Yang representaba en su parte superior, un sol naciente y en la inferior un asta con gallardetes, simbolizando los rayos solares, o sea, que el sentido inmediato era de la luz solar. En cambio yin, estaba representado por el signo correspondiente a ” ahora ” y una nube, de modo que significaba que en ese momento dado, las nubes ocultan el sol, de ahí su sentido de “noche”.

Este concepto de los contrarios, activo, pasivo, por ejemplo, se ha encontrado también en algunos pueblos primitivos de América del Sur cuyos símbolos son muy parecidos al símbolo chino del Tia Chi.

Este antiguo principio fue acuñado en China por Hsuo- Yang, 430 aC. y da vida a la doctrina taoísta y es uno de los productos más extraordinarios de la metafísica china. Representa principios polares complementarios y alternantes. El desequilibrio entre ellos produce desarmonía.

El Yin antecede tradicionalmente al Yang, por una razón histórico antropológica, el régimen matriarcal habría sido anterior al patriarcal en la China arcaica.

El Yin y el Yang, están determinados por principios metafísicos y en forma subordinada, por aspectos de la Naturaleza, del cosmos, de la especie humana, de los animales, las plantas y hasta de las cosas, que no son concebibles como inanimadas, porque llevan fuerzas Yin y Yang. Es la dinámica de la vida universal, aun en lo físico, pero relacionado con su naturaleza metafísica, depende del orden superior que es el Todo.

Técnica para desarrollar el Hara

Técnica para desarrollar el Hara

El ser que se ha realizado totalmente se muestra por una negación o resistencia autónoma a la fuerza gravitacional de la tierra. Un objeto está completamente dominado por la fuerza de gravedad. El cuerpo de un animal se sobrepone automáticamente a la dominación de la fuerza de gravedad. El cuerpo humano en su negación de esta fuerza es la expresión de una voluntad autónoma. La naturaleza de su cuerpo-ser se muestra en su libertad de movimientos y en la verticalidad de su tronco.

Si la principal característica del ser humano es la verticalidad de su cuerpo, entonces el carácter de un hombre debe ser expresado por una actualización intencional de esta postura. Cuando ella falta, los lomos se vuelven débiles y el hombre cae en una postura en la cual la región del estómago y del abdomen está comprimida. Por lo tanto, es absolutamente necesario mantener las vértebras lumbares erectas en forma voluntaria. De otra manera, ellas se dejarán ir y se inclinarán bajo el peso de la parte superior del cuerpo. Esta postura indica que el lado más bajo, más material de la naturaleza ha prevalecido y que el activo Ser ha llegado a ser pasivo.

La más importante, la más fuerte y también la más sensitiva parte del cuerpo y – por consiguiente – la unidad del cuerpo-ser es la que yace en la región del tronco por debajo del ombligo. Esta región es la llamada koshi. El principio-base del Ser tiene su raíz en el koshi. Si el koshi no está lleno con fortaleza, el cuerpo no tiene un centro de fuerza en sí mismo y puede ser abatido por una fuerza exterior a él mismo, por ejemplo por la fuerza gravitacional de la tierra o al ser atacado por sorpresa. Los miembros cesan de estar coordinados. El cuerpo pierde su significación como una vida independiente y autosuficiente.

Un fuerte y erecto koshi es una afirmación de la actividad de un ser humano como tal. Si uno mantiene el tronco erecto y aprende a hacer pesado el koshi, la circulación de la sangre en la parte inferior del cuerpo es estimulada y produce calor. Cabeza fría, pies calientes, ha sido desde tiempos inmemoriales signos de buena salud. En cambio, cabeza caliente y pies fríos, fríos lomos y nalgas frías, son signos de salud pobre. Hakuin Zenshi decía: La forma de mantenerse en buen estado de salud es conservar la parte superior del cuerpo fría y fresca y la parte inferior, caliente.

La correcta postura se alcanza llenando primero el bajo vientre con la fuerza de todo el cuerpo. Llenar el koshi con fuerza significa tensar los músculos abdominales un poco. Si uno tensa estos músculos de la manera correcta aparece, como un resultado de esta tensión, un punto de concentración debajo del ombligo. Este punto es el centro del hombre como ser humano, cuerpo y alma incluídos, y es llamado Tanden (en chino) o Hara (en japonés). El arte de activarlo es relajar la fuerza de todas las otras partes del cuerpo y concentrarlas allí. Este arte ha sido cultivado desde muy antiguos tiempos en el budo, el camino del samurai; en el gedo, el camino del artista; en el sado, la postura de meditación con las piernas cruzadas.

El método de introspección que Hakuin Zenshi enseñó consiste en que el aspirante, tendido de espaldas, tense las piernas rectas hacia adelante, manteniéndolas fuertemente adheridas la una a la otra, reuniendo toda la fuerza del cuerpo en la zona comprendida entre la cintura y los talones. Este método de Hakuin está muy bien calculado para poner todo el cuerpo bajo control. Si uno extrema la tensión en los músculos de las rodillas y pone la fuerza en las piernas y en el koshi, siente con deleite como todo el cuerpo es llenado con fuerza. Entonces uno retira la fuerza desde las piernas, trayéndola hacia el koshi, para continuar la práctica sintiendo toda la fuerza solamente en el koshi.

Tan pronto como el hombre se pone de pie, su centro de gravedad queda en evidencia. Ahora el arte de la introspección debe ser practicado en postura erguida. Primero es necesario colocar los pies firmemente sobre el suelo, dejando las plantas de los pies, por así decirlo, como encoladas a él. Al mismo tiempo uno debe tensar fuertemente los músculos de las rodillas y poner toda su fuerza en las piernas. Entonces las piernas se vuelven firmes como el tronco de un árbol y el koshi por sí mismo se llena de fuerza. Luego la fuerza debe ir retirándose desde las piernas y llevándola hacia el koshi. Así todo el vigor del cuerpo queda acumulado allí.

El llenar el koshi con fuerza va de la mano con la respiración. Al inhalar, uno debe retirar la fuerza del vientre pero, al mismo tiempo, mantener la correcta condición del koshi. Entonces el aire inhalado entra por sí solo y llena el tórax. Al final de la inhalación, el bajo vientre se fortalece por sí mismo y uno puede entonces, en forma suave y natural, cambiarse a la exhalación. El cambio de inhalación a exhalación y viceversa debe ser totalmente suave y sin interrumpir el flujo del aliento.

Cuando todos los músculos del cuerpo mantienen su equilibrio correcto, la región del estómago se vuelve cóncava durante la exhalación, pero el bajo vientre se curva ligeramente hacia afuera. Esto no significa que uno deba empujarlo hacia afuera a propósito. El volumen y contorno de la parte baja del cuerpo vista desde afuera cambia muy poco. Así la parte baja del cuerpo efectúa el cambio de vacío total a lleno total aunque su volumen se altera sólo muy ligeramente.

En este ejercicio la inhalación es corta en tanto que la exhalación es larga para que el Hara sea reforzado. Uno debe entrar la barbilla un poco, abrir ampliamente la zona del Hara y expeler el aire fuerte y completamente. Esta exhalaciòn debe ser, al llegar a su fin, espesa como un garrote. Si la zona del Hara está desprovista de fuerza, la exhalación será superficial y jadeante. pero si uno realmente respira desde el Hara, el aliento se vuelve poderoso y fluído.

El bajo vientre y las nalgas se complementan el uno al otro, como el frente y el trasero de la base del tronco, y de esta manera constituyen una unidad especial que es la llamada koshi. La fuerza del koshi es la que da una base firme al tronco. Dejar la fuerza fluir dentro del koshi significa mantener las nalgas duras y poner firme el bajo vientre. Si las nalgas son presionadas hacia atrás y el bajo vientre tensado hacia adelante, la base del tronco es tan firme como una roca. Los huesos de la pelvis están firmemente estabilizados entre las nalgas y el bajo vientre formando una verdadera base perpendicular al eje del cuerpo.

El dejar que la fuerza fluya dentro del tanden no significa dejar caer todo el peso de la parte superior del cuerpo sobre la inferior. Eso querría decir que la parte superior sigue siendo el amo del cuerpo. No hay que buscar en ella la fuente de la fuerza que que debe llenar el koshi. Esta es una fuerza que actúa como si la parte superior del cuerpo no existiera. Uno debe reunir todas las fuerzas del cuerpo en el koshi como si este creciera directamente desde el centro de la tierra. El koshi soporta la parte superior del cuerpo con una fuerza dirigida hacia arriba desde abajo. Cuando la fuerza yace en el tanden, las nalgas están también contraídas.

En las posturas erróneas el tronco está sólo aparentemente sostenido pero, en realidad, tiende a irse hacia atrás y se mantiene derecho con dificultad. Esto significa que el bajo vientre está sujeto a la dominación de la fuerza de gravedad mientras que el tórax la niega. Esta postura que desmiente el carácter autónomo del hombre es fea. Puesto que el ser humano es al mismo tiempo un ser divino. la postura de su cuerpo debe ser noble. Mantener el koshi erecto es, por lo tanto, la más importante expresión exterior del alma encarnada.

A causa de la postura errónea, la parte superior del cuerpo queda – por decir así – situada sobre una parte inferior encogida. Esto hace que los músculos del pecho, hombros, cuello y rostro se acalambren y es sólo un remedio artificioso tratar de corregir los calambres con masajes. Para eliminar el origen de estos calambres en forma definitiva, uno debe enderezar la columna vertebral y adoptar la postura correcta.

Esta postura correcta, que permite al cuerpo mantener su posición perpendicular propia, es la única manera de conseguir que la parte inferior del cuerpo sea pesada y la superior liviana, desarrollando una postura corporal con un fuerte koshi y un bajo vientre ligeramente prominente. Entonces el koshi llega a ser tan firme como una roca y uno no puede hacer otra cosa que colocar la fuerza con toda naturalidad en el bajo vientre. Esta fuerza tensa los músculos abdominales en forma agradable y da vitalidad a todo el cuerpo. La tensión del bajo vientre es más fuerte en la exhalación, tan fuerte que un puñetazo contra él rebotaría.

Tensar el pecho, levantar los hombros, hundir el bajo vientre, todo eso cambia el centro de gravedad hacia arriba y produce inestabilidad. El pecho debe estar absolutamente vacío. Uno debe tener cuidado de abrir, suavizar y relajar el pecho, nunca ponerlo tenso. Toda la fuerza del cuerpo debe yacer exclusivamente en el koshi como la raíz del tronco; los músculos de todo el cuerpo deben tender naturalmente hacia la región del koshi. Cuando esta región está llena con fuerza, y cuando la parte superior del cuerpo y el cuello están sueltos, el movimiento de cada miembro – y cualquier esfuerzo que se haga – expresa la totalidad y unidad centrada en el tanden y no produce tirantez ni distorsión en ningún punto. Así cada movimiento particular llega a ser una maravillosa entidad en el aquí y el ahora.

Al retirar la fuerza desde el pecho, uno debe al mismo tiempo dejar hundirse la boca del estómago. Esta es la región cóncava que queda debajo del externón y sobre el ombligo. Es aquella parte que se llama alto vientre en contraste con el bajo vientre. Si uno adelanta el koshi, esa región se hunde. Para recoger toda la fuerza del cuerpo en el tanden, uno sostiene el koshi erecto y tensa el bajo vientre al exhalar mientras el alto vientre se hunde. Al inhalar, uno debe respirar con un pecho vacío y relajado. Entonces el aire llena el alto vientre y la región sobre el ombligo se infla un poco en forma natural. Al exhalar, la tensión muscular está concentrada en el bajo vientre. Entonces el alto vientre se hunde naturalmente como si fuera succionado por una aspiradora.

Si el koshi es la más importante región para adquirir una correcta postura, uno debiera decir que la parte más importante que sigue es el cuello. El koshi y el cuello son las partes del cuerpo más inestables. Por lo tanto, para adquirir una postura correcta, uno debe mantener controladas ambas partes. La cabeza está unida al tronco por medio de un delgado y flexible cuello que forma su base. Si uno sostiene su cabeza en forma errónea, el cuerpo quedaría dividido en cabeza y tronco, cada parte poseyendo un centro de gravedad separado. Esto representaría dualismo. Para alcanzar la unidad del cuerpo, uno debe tener cuidado de que el centro de gravedad de la cabeza esté exactamente en línea con el eje del cuerpo. La mandíbula inferior de mucha gente está tendida hacia adelante y cae por inercia. Uno debe mantener la barbilla ligeramente hacia adentro y cuidar que los lóbulos de las orejas estén en línea recta con los hombros. Los maestros enseñan que uno debe mantener las vértebras cervicales derechas y poner fuerza en el cuello empujando la barbilla hacia adentro hasta que duela detrás de las orejas. En la postura correcta, la fuerza que uno pone en el koshi y la fuerza que empuja hacia adentro la barbilla están estrechamente conectadas. Si uno pierde la fuerza del koshi, la barbilla cae rápidamente hacia adelante.

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