Reencarnación y Karma

Reencarnación y Karma

La mística de la reencarnación ha sido durante siglos objeto de fascinación para las mentes curiosas. Desde el origen del tiempo el hombre ha especulado con la posibilidad de que la vida sea un hilo continuo, de tal modo que los procesos del nacimiento y la muerte sólo sean fases que se mueven desde un nivel de existencia a otro. Toda vida es cambio y todo cambio es vida, pero la vida eterna es la que los antiguos maestros prometieron y dentro de este ámbito de la vida eterna todo cambia aunque nada cambie.

Cuál es la realidad de la existencia del hombre? Acaso es su vida física, sus actos, los principios que defiende, o hay algo mucho más sutil que crea y recrea la vida humana? Nuestros sentidos pueden engañarnos fácilmente. Un hermoso diseño arquitectónico sólo es tan real como la idea que lo creó, porque en algún punto del tiempo y el espacio la estructura simbólica dejará de existir, aunque la idea que la creó continuará existiendo eternamente. El profeta Nostradamus escribió gran cantidad de páginas físicas, muchas de las cuales fueron quemadas o se perdieron. A pesar de todo, las ideas de esas páginas han sobrevivido. Tal es, pues, la substancia de la vida eterna.

La idea que tienes de ti mismo es tu yo real, no el yo tal como lo ven tus familiares, amigos y vecinos. El yo real no es tu cuerpo físico, por lo que no puedes aceptar que sus efectos finalicen en el límite de la piel.

EI tiempo no existía cuando tú no existías y el tiempo no existirá cuando tú dejes de existir. Pero parte de
ti cambiará porque durante tu vida eterna pasarás por unas transformaciones interminables a medida que
tu alma viaja hacia la perfección, tal como sucede con la oruga y la mariposa. Para una oruga, encerrarse
en el capullo es la muerte, pero para la mariposa se trata simplemente de pasar de una forma física a otra, sin perder su propia y verdadera esencia en el proceso. En el antiguo Egipto, los cuerpos de las almas difuntas eran sepultados con sus posesiones más queridas, de modo que pudieran sentirse cómodas durante el largo viaje. Desde hace muchos años en la India los cuerpos se quemaban para que el alma pudiera elevarse sobre las cenizas hacia Brahma, entendiéndose que la caparazón física era sólo el templo en el que se aloja el alma. Parecen saber que el mismo pensamiento que fue capaz de crear tal templo, también lo será de crear nuevos templos a medida que el alma los necesite.

Se ha informado sobre la aparición de espíritus desde el principio de los tiempos, indiscriminadamente, en todas las naciones del globo. El hombre escucha voces, recibe mensajes, ve formas espirituales y, en algunos casos, incluso experimenta contactos con sus vidas anteriores.

La persona escéptica considerará que todo esto no es más que el producto de una mente desequilibrada, pero resulta que hay demasiadas ocasiones en que las pruebas sobre la existencia de otras formas de vida son tan substanciales que hasta la mente más crítica se ve obligada a detenerse y a hacerse preguntas. El proceso de la vida eterna se ve no sólo como plausible, sino de hecho como la única explicación lógica, precisamente allí donde fracasan todas las explicaciones científicas.

Sabemos que los bebés nacen con personalidades definidas, que ya exhiben como tales durante los primeros días pasados en el hospital. A menudo estas personalidades son muy distintas, despliegan características únicas y son inexplicablemente contrarias a la herencia que pudieran traer. En la India se han registrado numerosos casos de niños capaces de hablar dialectos extraños, distintos a los que les enseñaron sus propias familias.

De vez en cuando observamos casos de talentos innatos verdaderamente notables. Mozart por ejemplo, dio su primer concierto a la edad de cuatro años, superando en mucho cualquier clase de conocimientos musicales que hubiera podido obtener durante los primeros cuatro años de su vida. La única explicación posible sobre tan elevado desarrollo musical es que fuera el resultado de varias vidas y que alcanzara la cúspide de su expresión precisamente en esa encarnación.

Sería difícil explicar el talento de Miguel Angel si pensáramos que lo había obtenido sólo durante una vida, sin haber sabido anteriormente nada de arte.

Aquellos talentos naturales que uno posee sin necesidad de que nadie se los haya enseñado suelen ser cosas que uno ha ido elaborando antes de la encarnación actual.

Consideremos el caso de Edgar Cayce, nacido con el don natural de la clarividencia y la percepción extrasensorial. Cuando aún no era más que un jovencito, un día se suponía que debía estar leyendo un libro determinado como parte de las tareas a realizar en casa. No obstante, se durmió en el suelo, utilizando el libro a modo de almohada. Después de despertarle, su padre estuvo a punto de castigarlo por no haber hecho sus deberes, pero Cayce le dijo: Sé todo lo que dice el libro. Sé de qué se trata. Cuando su asombrado padre lo interrogó, el joven Cayce contestó todas las preguntas como si en realidad hubiera leído todo el libro en cuestión. De dónde pudo proceder tanto talento?

En el terreno de las fobias que se resisten tenazmente a todas las formas de tratamiento psiquiátrico, descubrimos que la raíz de tal temor extremo se halla profundamente implantada en el alma, aunque ahora continúe sólo como un residuo, y a pesar de que el individuo ya ni siquiera recuerde conscientemente la razón de tales fobias. Todo lo que necesitaría experimentar para desatar fobias de ese tipo sería una forma de impresión sensorial que le recordara al subconsciente del individuo una encarnación pasada durante la cual pudo haber experimentado una razón adecuada capaz de explicar su temor actual. Enterrados en los recuerdos del alma se hallan los negativos de las imágenes de cada uno de los acontecimientos por los que ha pasado cada alma. Todo lo que se necesita son destellos de luz capaces de enfocar esos negativos, de tal modo que tengan la capacidad para afectar al individuo en su vida actual.

La psicología moderna, sin poseer una comprensión real de la reencarnación, intenta tratar a los pacientes que sufren de fobias por medio de un proceso que llaman desensibilización. Confían en que, al desensibilizar al individuo, alcanzarán finalmente un estado de menor reacción ante los estímulos. Evidentemente, el precio a pagar es que el paciente se ve desensibilizado a todos los estímulos, en lugar
de los pocos cuyo origen actual se encuentra en los negativos de su vida anterior.

Al comprender cómo reacciona un individuo ante el tiempo, obtenemos la primera clave de porqué son tan difíciles de superar los temores y las fobias. Resulta razonable esperar que un estilo de vida perpetuado como un hábito durante tres o cuatro encarnaciones, exija a los psicólogos de cuatro a cinco años de tratamiento antes de empezar a ver con cierta claridad.

En el deseo subconsciente de hallar una vida mejor, los individuos muestran una fuerte tendencia a comprimir el tiempo. En esencia, resulta que un problema crónico experimentado en una vida anterior, y que pudo haber durado treinta o cuarenta años, una vez surgido en la vida actual como un residuo que aparece estimulado por un acontecimiento o percepción, queda comprimido de tal modo que aquel lapso de experiencia tan prolongado resurge simbólicamente durante un período de vida relativamente corto. Se expande, entonces, de tal modo la emoción producida por estos mismos acontecimientos que la reacción a ellos es totalmente desproporcionada, y va mucho más allá de los estímulos psicológicamente observables de la vida corriente. Al mismo tiempo, los traumas agudos de las vidas pasadas tienden a ser tan dolorosos en la memoria del alma, que el individuo es capaz de acudir a todos los extremos imaginables con tal de evitar aquellas zonas o situaciones que él sabe inconscientemente que desatarán tales imágenes negativas. Así, por ejemplo, parece lógico pensar que una persona con pánico a las alturas haya sufrido en una vida anterior una caída mortal.

A partir de todos los casos con los que me he tenido que enfrentar, las indicaciones muestran que aquellas cualidades que, para bien o para mal, tienen una menor integración con el resto de la vida actual, no son más que residuos de una encarnación pasada. Piensa, por ejemplo, en todos aquellos aspectos sobre ti mismo acerca de los cuales no te haya sido posible encontrar respuesta. Dónde encontrar esa respuesta?

La ley del karma:

El gran maestro Buda nos enseña: Eres lo que piensas, habiéndote convertido en lo que pensaste. La Biblia nos dice: No os engañéis, nadie se burla de Dios Según sea la siembra del hombre, así será su cosecha.

Todos los pensamientos que se tienen se imprimen en la substancia de la materia universal, donde se manifestarán en último término como un efecto en el mundo físico. A veces, el efecto puede producirse pocos momentos después del origen de la causa, por lo que nosotros tendremos la oportunidad de ver hasta qué punto se hallan imbricados el pensamiento y el efecto, tal como si arrojáramos una piedra a un lago y observáramos las ondas producidas. Pero en otras ocasiones los efectos se producen muchos años después de la causa y resulta mucho más difícil relacionar ambas cosas. Y, sin embargo, a una estación siempre sigue otra. El verano sigue a la primavera. El pie derecho siempre sigue al pie izquierdo. Un hombre nunca puede ir a ninguna parte sin venir de alguna parte.

Cada día es el resultado del día anterior, del mismo modo que hoy es el retoño del árbol del mañana. Cada pensamiento es el resultado del pensamiento que le precede, del mismo modo que cada vida es otro anillo concéntrico en el árbol de la vida eterna. Todo lo que se tiene que hacer en cada encarnación es encontrarse con uno mismo, hágase lo que se haga, váyase adonde se vaya, piénsese lo que se piense. Y toda experiencia vital está destinada a ayudarle a uno a refinar ese sí-mismo que evoluciona constantemente hacia una expresión cada vez más perfecta del alma.

El alma expande continuamente su consciencia a través de su experiencia, hasta que finalmente ya no tiene la menor necesidad de reencarnar en un cuerpo físico. Antes de nacer, el alma escoge las almas de quienes se convertirán en sus padres. Define la religión en la que vivirá. Selecciona el ambiente en el que nacerá y será educado, y en último término programa en yuxtaposición todas las experiencias de la vida por las que tiene que pasar, incluyendo cada uno de los callejones sin salida en los que entrará hasta descubrir el camino que conduce a la verdad.

A medida que los pasos dados por la vida se hacen más y más ligeros, lo mismo sucede con el peso kármico, Sin embargo, no se puede apresurar este proceso de encontrarse consigo mismo, porque si uno trata de avanzar en puntillas se pierde el equilibrio.

El hombre no hace más que buscar el camino de regreso a casa, y define su estado de felicidad por la seguridad experimentada al recorrer ese camino. Vaya donde vaya, el hombre siempre se dirige a casa (como el Hijo Pródigo) y sus lecciones kármicas son el mapa de ruta en el que se señalan las detenciones, obstáculos y rodeos que tiene que superar para llevar su alma al estado de perfección en que volverá a ser uno con el Espíritu Puro.

La vida bajo la ley kármica:

El gran místico Yogananda explicaba la reencarnación y el karma con las siguientes palabras: La vida es como una gran cadena en el océano de Dios. Cuando una porción de la cadena surge de las aguas, sólo se ve esa pequeña parte. El principio y el final permanecen ocultos. En esta encarnación sólo estás viendo un eslabón de la cadena de la vida, mientras el pasado y el futuro, siendo aun invisibles, permanecen en las profundidades de Dios, que sólo revela sus secretos a quienes se hallan sintonizados con él.

A la búsqueda de vidas pasadas

A la búsqueda de vidas pasadas

Krishna: Los dos, tú y yo hemos
pasado por múltiples nacimientos,
Oh, Arjuna, los míos me son todos conocidos,
pero tú no conoces los tuyos.

Bhagavad Gita (1 VI 5)

 

 

 

Nosotros queremos pruebas, aquí y ahora. Es necesario perdonarnos si durante tan largo tiempo, hemos creído, apoyados en las palabras de otros. Hemos sido nutridos por revelaciones divinas, dogmas estampados en bronce, arabescos metafísicos. La autoridad de los Grandes, los Ancianos, nos han servido de demostración. Pero ahora el alba se ha levantado sobre un pensamiento nuevo que se quiere libre, apoyado sobre observaciones que cada uno pueda hacer, sea él ilustre o indigno. La Escritura intangible se ha revelado como un simbolismo, rico en significados inauditos desvaneciendo todo sectarismo. Caídos de nuestro pedestal de hijos preferidos del Dios de nuestros padres, hemos encontrado extrañas resonancias en las voces tanto tiempo ignoradas del Oriente. Insidiosamente, como la marea que avanza, se van filtrando ideas nuevas en nuestra mente. Hoy día ellas están ahí: reencarnación, karma, la evolución infinita de la Consciencia, de experiencia en experiencia, vida tras vida, hacia un lejano destino divino. Es como un desafío por aceptar o una esperanza?.

Aprendemos ahora que estas ideas son viejas como el mundo, y que se nos había tenido apartados de ellas. En occidente la puerta fue cerrada – o mejor dicho, clausurada – en el siglo VI en Constantinopla: Quienquiera que afirme la fabulosa pre-existencia de las almas, la monstruosa restauración (apocatastasis) que él asegura que sea anatema!

Han aparecido publicadas, en especial en Estados Unidos, antologías muy completas sobre la reencarnación a través del tiempo en las diferentes culturas. Al leerlas, uno se pregunta quién – fuera de
la ortodoxia de las iglesias de occidente – no ha pensado seriamente o creído resueltamente en la reencarnación?. Sin duda es tranquilizador saber que muchos de nuestros mayores, gente ilustre y respetada, han participado del mismo interés por esta idea. La lista es demasiado larga para detallar sus nombres. Pero después de todo, hombres igualmente ilustres no han creído en ella. Y el santo Tomás apóstol que duerme en cada uno de nosotros se despierta de súbito en nuestros días: la autoridad del pasado, la opinión de los otros, ya no puede contentarnos. Queremos pruebas, aquí y ahora, pues la reencarnación nos crea un problema.

Singular exigencia. En el fondo no es esperar lo imposible? Ser capaz un día de ver el alma de un anciano pariente dejar su cuerpo, como se abandona un traje demasiado usado, para acompañarlo en seguida en las peripecias de su itinerario postmortem y finalmente saludar su retorno en el cuerpo de un recién nacido, sin jamás perderlo de vista ni romper el diálogo?. Puede ser que un día la ciencia haga el milagro con instrumentos ultra-sensibles…

Uno se sorprende esperándolo todo de la ciencia. Pero, por el momento, no hay detector más sensible que el hombre mismo. Así, para probarnos experimentalmente la reencarnación y recuperar el recuerdo de nuestras vidas anteriores, no tenemos otra salida que ponernos a la escucha de nuestra memoria lejana, ensayando sumergirnos al fondo de nuestro inconsciente o pidiéndole a un buzo más experimentado hacerlo en nuestro lugar y, eventualmente, acompañarnos en la aventura. Tranquilicémonos, la empresa no está condenada al fracaso, si se cree a ciertos buscadores. Estamos lejos del siglo XIX donde los círculos espiritistas pretendían tener contacto con los difuntos, a través de un medium. Hoy existen técnicas que permiten poner pie sobre las riberas olvidadas. Eso es al menos lo que afirman los expertos en exploración del pasado.

Una palabra antes de empezar nuestro recorrido: no se trata de charlatanes sino de hombres y mujeres sinceros, que generalmente han consagrado una cantidad considerable de energías a reencontrar y recorrer las vías de las que hablan. A menudo, sus móviles aparecen, con toda evidencia, nobles y generosos. En conjunto, esto merece nuestra atención y nuestra buena voluntad, sin obligarnos, desde luego, a sacrificar todo sentido crítico.

Un pionero de la exploración sistemática:

Edgar Cayce (1877 – 1945):

En una vida anterior, usted fue soldado sudista durante la guerra de Secesión. Su nombre era Seasy y vivía en Henrico County (Virginia). Si usted lo desea, puede encontrar trazas oficiales de esta existencia.

El hombre que pronunciaba estas palabras estaba tendido sobre un diván, los ojos cerrados, en estado de trance autohipnótico. Su nombre: Edgar Cayce.

Era una de las 2.500 lecturas de vida (life-readings) hechas por este hijo de un granjero de Kentucky, a quien nada parecía destinar a la notoriedad, hasta el día en que se descubrió, un poco por azar, un poder psíquico extraordinario. Colocado bajo hipnosis, Cayce podía ponerse en relación con un enfermo, diagnosticar su mal con precisión y prescribir una terapia eficaz. Los éxitos fueron innumerables. Con algunos fracasos, como es la regla en parapsicología, aun con los sujetos mejor dotados.

Fue a pedido de un cierto Arthur Lammers, en un día de octubre de 1923, que el ojo interior de Cayce fue encargado de escrutar no un cuerpo sino de hacer un horóscopo. Entendamos: establecer relaciones entre el cosmos y un ser viviente. La respuesta llegó en frases breves, impersonales; después vinieron estas palabras: En otra vida fue monje.

La puerta se abría de manera inesperada sobre un nuevo tipo de investigación, donde Cayce podría -conforme a un voto de su infancia- ayudar a sus semejantes, ya no solamente aliviando sus sufrimientos físicos, sino además ayudándoles a comprender el sentido de su vida y a encontrar una mejor fortuna.

Es necesario decir que en estas lecturas de vida no se desplegaban secuencias fantásticas donde el protagonista era un Faraón o Carlomagno. El rey y el villano se encontraban con una frecuencia razonable. Había una constante de relación lógica entre las vidas anteriores y la situación presente. El encadenamiento kármico aparecía con gran claridad. La persona encontraba sus explicaciones: uno no puede burlarse de Dios, lo que el hombre sembrare, eso cosechará. Por otra parte, en su estado de hipnosis, Cayce no dejaba de acompañar sus declaraciones con citas bíblicas e incitaba a comprender en profundidad y a enmendarse. A menudo la curación prometida estaba subordinada a un cambio de orientación mental, a una apertura al amor hacia los otros.

Hay que precisar que Cayce no esperaba ninguna retribución por el ejercicio (agotador) de su don; su gratificación era la de ayudar a sus semejantes.

Este hombre modesto, prodigio a pesar suyo, educado en la fe cristiana, no adoptó tan fácilmente la idea de la reencarnación al despertar de sus trances. Ayudado por Lammers muy instruido en la filosofía oriental, terminó por comprender que nada en las palabras del Cristo le prohibía acoger esta doctrina, Bien que nueva para él, ella le conservaba al hombre toda su dignidad y no lo alejaba de la búsqueda interior de lo divino. Cayce llegó a realizar un feliz matrimonio entre su fe y las ideas orientales. Para él, hacer una lectura de vida consistía en ponerse en relación con una especie de memoria central de la naturaleza, los famosos anales akásicos (akashic records).

La idea no era nueva. En el siglo XIX, Eliphas Levi había hablado de la luz astral sobre la cual Madame Blavatsky había dado numerosas precisiones en su libro lsis sin Velos (1877) y en sus obras posteriores. Esta misteriosa luz era descrita como una especie de éter, el akasha de los Hindúes. Semejando un aura que envuelve a la tierra, tenía el poder de guardar la traza indeleble de todo advenimiento, todo pensamiento, deseo o acción de los habitantes de nuestro globo. Otro teósofo, W. Q. Judge, describió esta aura -en suma, la psiquis de la tierra- como el equivalente de un hipnotizador invisible de quien los hombres soportan la sugestión inconscientemente.

Los escépticos se burlaron, René Guenón entre ellos. Es preciso creer, sin embargo, que estas teorías expresan verdades indispensables porque ellas se reencarnan, de incógnito, en el pensamiento moderno. Supe, por ejemplo, con gran satisfacción, que un académico soviético, Viadimir Vernadski, a continuación de investigaciones estrictamente científicas de tipo multidisciplinario, concluyó un día en el descubrimiento de una especie de psicósfera, un enorme halo nutrido de las vibraciones psíquicas emitidas por todos los seres vivientes; una capa de energía psíquica envolviendo el globo terrestre y conteniendo el conjunto del saber humano desde el comienzo de la historia hasta nuestros días. He aquí entonces los anales akásicos promovidos al rango de verdaderos bajo el nombre de psicósfera. Constatamos con placer que los científicos modernos acojan voluntariamente la idea de una conservación total de la historia cósmica. Flujos de neutrinos, ondas, electrones vienen en ayuda para hacer este trabajo de archiveros y realizar el viejo sueño de Flammarión.

Hacemos notar que estas ideas fueron enunciadas espontáneamente por Cayce en estado de trance. Lo que prueba, sin duda, una transferencia de información entre la esfera psíquica de Lammers – que conocía bien estas ideas – y la suya, por un efecto de sugestión inconsciente.

No dejemos pasar el hecho de que las revelaciones sobre vidas anteriores susceptibles de ser verificadas, lo fueron efectivamente. El ex soldado sudista encontró en los archivos del Estado de Virginia la prueba indiscutible de que Cayce había dicho la verdad.

Es obvio que un crítico severo podría objetar a este respecto que no hay necesidad de anales akásicos, puesto que existen buenos viejos archivos conservando, negro sobre blanco, la historia de eventos pasados. La percepción extrasensorial a distancia está suficientemente comprobada para que se la use como elemento explicatorio. Aun si toda traza material hubiera desaparecido, bastaría que una persona viviente guardara algunos recuerdos para que un sujeto telépata pudiera recolectarlos de esa memoria y restituirlos, embelleciéndolos si es necesario. Un parapsicólogo nunca está corto de argumentos.

Por su aspecto maravilloso, el caso Cayce ha fascinado a mucha gente y suscitado vocaciones no siempre brillantes. No sólo en Estados Unidos, uno puede tener un life-reading por unos pocos dólares.

Una psicoterapia de vanguardia.

Si ya hemos vivido, por qué no lo recordamos? Objeción valedera para muchos, pero sin fundamento para otros. No es raro – nos dirán – que los niños pequeños tengan recuerdos; que los sueños nos traigan imágenes que sugieren la reencarnación; que ciertas pesadillas recurrentes transporten al soñador a un escenario que no tiene nada que ver con el presente.

Se conocen las investigaciones del Profesor Stevenson referentes a niños que recuerdan y los trabajos del Dr. Guirdham quien, en una cura psiquiátrica, ayudó a una paciente a recuperar la historia completa de un grupo de Cátaros que vivía en Languedoc en el siglo XIII, con pruebas históricas que lo certificaron.

Las incursiones de nuestra memoria lejana en nuestra trama psíquica actual serían entonces mucho más frecuentes de lo que creemos. Existe un número creciente de psicoterapeutas que se inclinan a creer que en ciertos pacientes el origen de sus neurosis o psicosis hay que buscarlo en vidas anteriores. Es el caso del Dr. Denys Kelsey,

Este médico, psiquiatra ortodoxo, descubrió un poco por azar los beneficios terapéuticos de la hipnosis sobre un enfermo angustiado. Practicando la regresión hipnótica hasta la infancia, obtuvo resultados muy satisfactorios. Pasando más atrás del nacimiento y llegando aparentemente hasta la concepción, se convenció un buen día que la reencarnación era una realidad.

Más tarde se casó con Joan Grant, muy conocida del público inglés por sus libros sensacionales relatando sus vidas anteriores, que ella no cesaba de descubrir, año tras año, gracias a un don de visión sorprendente. La asociación del médico hipnotizador y de la clarividente hizo maravillas. Se encuentra en ellos, como en Cayce, un deseo real de aliviar y ayudar en profundidad a aquellos que la ciencia clásica abandona a su mal. Es posible que, por sí solo, este deseo hiciera la mitad de la curación. La exploración
de la vida pasada hacía el resto. El enfermo sale de su neurosis, retorna su confianza en la vida y se acepta tal como es y tal como ha sido en el pasado.

Un hombre ha sido arrancado a la angustia, no es eso lo esencial? Es indispensable tener una creencia inquebrantable en la reencarnación para emprender ese tipo de terapia? Es posible que no. Ciertos enfermos son refractarios al análisis corriente por qué no hablarles de la teoría de que ciertos traumatismos remontan a un pasado lejano y regresan desde el fondo de las edades, como un recuerdo ancestral, ayudando así a los pacientes a que dejen emerger en su consciencia incidentes que una censura tenaz había rechazado? Honestamente, el facultativo dirá: Puede que sea cierto o no. Lo ignoro, pero si usted desea explorar esta posibilidad más a fondo, estoy presto a ayudarlo. Cree que valdría la pena que hicieramos el intento?

La Muerte, esta desconocida

La Muerte, esta desconocida

Tan presuntuosa como ingenua, nuestra civilización pretende escamotear la muerte. Casi ha llegado a hacernos creer que un día por fin la ciencia llegará a un punto en que tendría éxito, si no a eliminarla definitivamente, a hacerla retroceder indefinidamente. Un tal ilusionismo, con las falsas esperanzas que engendra, no puede, evidentemente, conducir más que a resultados aberrantes. Somos testigos hoy día de que cada cual está presto, o casi, a cambiar su muerte natural, que podría ser apacible en el seno de un entorno familiar, por un suplicio interminable en el anonimato de un hospital, donde no será más que un cobayo, un superviviente provisorio, indefenso y derrotado.

Negada, rechazada, olvidada, la muerte de todos modos está allí, inevitable, tanto más presente ahora que las enseñanzas tradicionales, minadas por la ciencia, se han finalmente derrumbado. La muerte no es hoy día más que el final absurdo de una vida desprovista de sentido.

Participé hace algún tiempo en un coloquio sobre este tema al que asistían representantes de diferentes religiones. Me incomodó notar las constantes evasiones de los delegados de iglesias cristianas. Estaba claro que no tenían nada que decir, ninguno de ellos lograba plantear una respuesta clara y racionalmente aceptable frente a la angustia contemporánea. El único participante al coloquio que abordó realmente el problema fué, significativamente, un médico especializado en investigaciones sobre estados intermedios entre la vida y la muerte. Pero cómo explicar esta carencia de opiniones entre los oficialmente cristianos? Sólo por el progresivo endurecimiento de un dualismo que, junto con el cartesianismo triunfante, ha llegado a ser radical y petrificado. Dualismo según el cual está por un lado la materia y por otro, el espíritu; el cuerpo y el alma; la vida y la muerte. La rigidez de este modo de pensar impide por sí misma toda posibilidad de solución.

La situación así creada ha llegado a un punto insuperable. Si bien resulta urgente ponerle remedio, no hay por eso que caer en afirmaciones inverificables o dogmas caducos. Dicho de otra manera, es a la ciencia a la que le corresponde reexaminar una cuestión que ella había, tal vez demasiado rápidamente, dado por resuelta. En 1975 fué publicado en Estados Unidos un libro que a nivel médico produjo el efecto de una bomba: “Vida después de la Vida” del médico norteamericano Raymond A. Moody. El autor reunía ahí más de ciento cincuenta testimonios de pacientes considerados clínicamente muertos con paro cardíaco y, aún en algunos casos, con electroencéfalograma plano. Al ser revividos, coincidieron en narrar experiencias como el desdoblamiento; ser testigos oculares y auditivos de lo que ocurría con su cuerpo y los comentarios de los médicos; un túnel sombrío, una luz al final; seres luminosos acogedores; una proyección de su vida pasada, como un video en una pantalla de televisor; un “saber” que no era su tiempo todavía y que tenían que regresar a la vida física. Además de concordar entre sí, estas experiencias concordaban de manera sorprendente con los fenómenos expuestos en el “Libro Tibetano de los Muertos” o “Bardo Thödol” que desconocían totalmente.

Después de esto ha surgido una masa creciente de literatura sobre el tema, de nivel heterogéneo, nutriendo la credulidad y la angustia nacida del temor a la muerte, la falta de sentido crítico y la atracción de lo sensacional. Citamos sólo tres de los más confiables: “Renacer después de la Muerte”, de J. F. Crolard, una exposición breve sólidamente apoyada sobre textos fundamentales de creencias relativas a la reencarnación; “La Muerte es otro Nacimiento”, obra colectiva de Ediciones Seghers, presentando las enseñanzas de las principales religiones formuladas por sus representantes más autorizados; Inmortalidad y Reencarnación”, de Alejandra David-Neel, donde ella reune las enseñanzas recogidas personalmente en la India, la China y sobre todo en el Tibet.

Todas estas encuestas, estas búsquedas, convergen hacia un punto: el Tibet, porque en ninguna otra parte estos conocimientos han sido tan profundizados, manejados con tanta constancia y desde tiempo inmemorial. No hay nada de mórbido en esta curiosidad por el más allá, inspirada simplemente por el anhelo de vivir mejor ese instante último, donde se resume toda la existencia que termina y se define el porvenir. Por este hecho, agregado a un factor que nosotros ignoramos: la práctica asidua de la meditación, es que se encuentra en el Tibet, en el dominio de la psicología de las profundidades, un avance comparable al adquirido en el occidente sobre la técnica y las ciencias aplicadas. Este tan antiguo desarrollo de la psicología en el Tibet ha sido reconocido y confirmado por el análisis efectuado – en forma tan reciente en el occidente – sobre las capas tan largo tiempo ignoradas de la psiquis humana, siendo C. G. Jung quien más ha investigado en este aspecto.

Las estructuras universales de la consciencia profunda, su condicionamiento por los arquetipos, son en efecto expuestas en obras tibetanas, las que sólo en un muy pequeño número nos son ahora accesibles. El más conocido es el libro citado anteriormente: “El Bardo Thödol”, siendo “Bardo” precisamente aquel estado entre dos vidas que ciertos médicos tratan hoy de explorar. La tradición supone a este libro un origen que se remonta al siglo VIII y al gran maestro budista Padmasambhava como su inspirador. Se supone también que fué oculto junto con otros libros durante una persecución religiosa y que no fue reencontrado hasta el siglo XIV.

A simple vista se le considera como una serie de fórmulas para ser recitadas a la cabecera de un moribundo y luego de] muerto como una manera de guiar al difunto en el más allá. Pero El Bardo Thödol es el recordatorio de las enseñanzas previamente recibidas por el hombre durante su vida. Este se ha ido preparando a lo largo de toda su existencia para este momento y, por las instrucciones recibidas de su maestro espiritual y por su meditación personal, él sabe lo que va a sucederle, y como tiene que actuar. En esta perspectiva, él se ha entrenado progresivamente en la transferencia de la consciencia que le permitirá, llegado el momento, dejarla salir por la cima de la cabeza – su salida natural – y dirigirla en el campo de la Claridad Pura que se le aparecerá en el momento de su muerte. A lo que aspira el iniciado no es a una reencarnación más, sino nada menos que a la liberación definitiva del ciclo de vidas y muertes. Dicho de otra manera, aspira al Despertar mismo del Buda.

Es en efecto este Despertar el que le es propuesto y que se le ofrece en el momento mismo del pasaje al otro mundo, como una visión grandiosa; pero desconcertante y aún terrorífica para el que no está preparado. Pues, para aceptarla, para fundirse con ella, no sólo hay que reconocerla en su verdadera naturaleza, sino previamente renunciar al ego provisorio y superficial, que para los budistas es sólo ilusión despojada de toda existencia verdadera, y, en definitiva, el único obstáculo.

Para aquel cuyos ojos fueron abiertos mientras vivía, la deslumbrante Luz aparecerá como la beatitud suprema, de la que no pudo tener durante su vida más que un pre-gusto, una esperanza y una promesa. Lleno de gozo y de confianza, se desprenderá en el acto de su imperfección provisoria, como quien se despoja de una cáscara, y su consciencia llegará a ser de inmediato lo que desde siempre había sido, pero velada: consciencia iluminada, universal, cósmica, el Buda mismo. Para aquel que alcanzó esa realización, ya no es necesario seguir leyendo el Bardo Thödol.

Por el contrario, si enredado en sus ilusiones, cegado por sus pasiones, el difunto no reconoce la Luz por lo que es; si, espantado, trata de huir y deja pasar el momento propicio, entonces solamente comienza para él el largo proceso de degradación, en el curso del cual la posibilidad de escapar al ciclo de nacimientos y muertes irá disminuyendo progresivamente hasta el momento en que, presa de sus propias pesadillas, no le quedará más escapatoria que refugiarse en una “matriz” para recomenzar una nueva existencia. Es entonces cuando la lectura del Bardo al oído del moribundo, y luego del muerto, es indispensable para permitirle reconocer a tiempo las oportunidades que le serán todavía ofrecidas para liberarse. Estar leyendo junto a la oreja de un hombre muerto puede parecer una locura total, pero, para los lamas tibetanos, ese hombre no por muerto está menos consciente, y las observaciones hechas por el doctor Moody parecieran corroborarlo.

Para un lector occidental, las visiones post mortem expuestas en el Bardo Thödol con gran lujo de detalles se asemejan a una especie de pesadilla exótica, a la vez desconcertante y poco creible. Pero el recitante afirma con energía que esas apariciones no tiene ningún carácter de realidad objetiva, que no son más que productos de nuestra propia imaginación, la proyección de nuestros temores, de nuestras resistencias, de nuestras angustias; figuraciones imaginadas de nuestro karma. Incansablemente, el lector – y esa es una de las mayores razones de la lectura de este texto a la cabecera del moribundo – asegura que no se trata sino de una fantasmagoría, de ilusiones que podrían hacerlo sucumbir si las cree verdaderas.

“Mientras tu cuerpo y tu espíritu se separan, la verdadera apariencia de la Verdad en Sí se muestra para tí: sutil, clara, luminosa, deslumbrante, impresionante. No temas, no te espantes, no tengas miedo. Es la irradiación de tu realidad misma, reconócela. Un poderoso ruido repercute en el centro de esa luz. Es el sonido de la Verdad en Sí, aterrorizante y vibrante como mil truenos. Es el sonido propio a tu verdad misma. No debes temerle, no te asustes, no tengas miedo. Como ya no tienes cuerpo de carne, nada te podrá dañar. Estas apariencias salen de tu cerebro, son las manifestaciones de tu naturaleza inferior… Recuerda, nada de lo que tiene forma es verdadero. Sigue la Luz!”.

Las visiones beatíficas o terroríficas que aparecen en el Bardo están influenciadas por la iconografía propia de la religión budista. Alejandra David-Neel le preguntó a un lama, quien conocía la religión cristiana, si los cristianos pasarían por el Bardo, siendo que ellos no creían en lo que está descrito en el Bardo Thödol. El respondió: “Ellos irán al Bardo, pero lo que verán será Jesús, los santos, los ángeles, los demonios, el paraíso, el infierno. Repasarán en su espíritu todas las cosas que les han enseñado, en las cuales creyeron. Harán surgir ante ellos visiones que los aterrorizarán: el juicio, los tormentos del infierno”. Cualquiera que sean estas visiones, para la psicología de las profundidades no son vanas ni gratuitas, sino ilustraciones de arquetipos. Agreguemos que para los modernos comentadores tibetanos, ellas corresponden a lo que se manifiesta en el curso de la experiencia psicodélica.

Fuera de su utilidad propia, el Libro Tibetano de los Muertos se presenta como uno de los más extraordinarios relatos de exploración del inconsciente que se haya jamás realizado. Sin que sea necesario adherirse a los puntos de vista del budismo tántrico, se le debe considerar como un Libro de Sabiduría sin equivalente en el mundo, no sólo universal, sino también práctico, utilizable por todos.

Qué nos enseña, o mejor, qué nos recuerda, a nosotros que tan a menudo lo hemos olvidado? No tanto el carácter provisorio, precario, de nuestra vida, como su dignidad fundamental, su importancia esencial, las prodigiosas posibilidades que ella encierra, a condición de que la muerte no siga siendo excluída, sino que forme parte de nosotros, que nos demos cuenta, en fin, que morimos a cada instante – que cambiamos sin cesar – y que a cada instante renacemos. Entonces la muerte aparece como es verdaderamente, cesa de ser para nosotros lo completamente extraño, el enigma indecifrable. A cada instante morimos nuestra vida, pero también vivimos nuestra muerte. Si para nosotros, la muerte cesa de estar desprovista de sentido, la vida necesariamente tendrá sentido.

La muerte viene a ser simplemente el exacto resultado de toda nuestra vida, morimos como hemos vivido. Se sabe que el budismo se ahorra un juez exterior que absuelve o que condena, que recompensa o que castiga; no hay otro juez que nosotros mismos que decidimos nuestro destino, durante esta vida, pero también después de la muerte.

Las Experiencias Cercanas a la Muerte

Las Experiencias Cercanas a la Muerte

Qué es exactamente lo que experimentan aquellas personas que han sobrevivido a una experiencia cercana a la muerte (ECM)? Quizás el mejor modo de responder a esta pregunta -mediante la palabra escrita – sea imaginarnos que la ECM es algo que nos está ocurriendo a nosotros en este mismo momento. Existen, sin embargo, dos características fundamentales que deberíamos tener en cuenta. En primer lugar, aunque este tipo de experiencias tiendan a ceñirse a un modelo específico prototípico, la variabilidad de los elementos que las definen es enorme. En este sentido, parecen existir ECM más completas que otras. En segundo lugar, en la medida en que la persona profundiza en la experiencia y experimenta su tronco fundamental, puede seguir ramificaciones muy diversas. En este artículo vamos a describir una ECM completa que se desarrolla a lo largo de una de sus ramificaciones más comunes.

Es muy probable que lo primero que experimentemos cuando atravesamos una ECM sea una gran sensación de paz y bienestar. No sentimos ningún tipo de dolor, no tenemos sensaciones corporales de ningún tipo y somos conscientes de una especie de silencio puro y cristalino que difiere notablemente de cualquier cosa que hayamos experimentado anteriormente. Sin embargo, la persona tiene la consciencia directa de que, independientemente de lo que ocurra, se halla absolutamente a salvo y segura en esta atmósfera de paz
que todo lo impregna.

Luego quizás comencemos a tener algún tipo de consciencia visual del entorno. Lo primero que advertimos entonces es que nuestro yo – nuestro auténtico yo – parece estar observándolo todo desde arriba mientras nuestro cuerpo yace abajo, rodeado por un grupo de personas preocupadas. Pero, con toda probabilidad, no nos habremos sentido mejor en toda nuestra vida. Nuestra percepción es extraordinariamente nítida y vívida, nuestra mente parece funcionar de un modo hiper lúcido y nos sentimos más vivos que nunca.

Súbitamente, nuestra atención se ve atraída por una oscuridad plácidamente acogedora en la que irremisiblemente terminamos sumergiéndonos. A pesar de carecer de un cuerpo, tenemos la inconfundible sensación de que nos estamos moviendo y, cuando lo hacemos, nos damos cuenta de que la oscuridad parece adoptar la forma de un túnel.

A medida que nos acercamos al final del túnel comenzamos a percibir un punto de luz – de color blanquecino y con matices dorados – que va aumentando progresivamente de tamaño y de brillo pero que, sin embargo, no daña en modo alguno nuestra mirada. Jamás hemos experimentado una luz similar. Se trata de una luz que parece carecer de origen y que ocupa todo nuestro campo visual. Al aproximarnos a la luz comenzamos a sentirnos sobrecogidos por una poderosa oleada que sólo puede ser descrita como puro amor; una oleada de amor, en suma, que parece impregnar las fibras más profundas de nuestro ser. En ese momento sólo pensamos en fundirnos completamente con la luz. El tiempo se ha detenido por completo, nos hallamos en la eternidad, en la perfección, y sentimos, en definitiva, que la luz es nuestro verdadero hogar.

Sin embargo, en medio de esta perfección atemporal somos conscientes de una presencia definida que se halla, de un modo u otro, ligada a la luz. Aunque no se trata de una persona parece, sin embargo, algún tipo de ser; una forma que no podemos ver pero cuya consciencia se halla, de una manera u otra, íntimamente vinculada con nuestra propia mente. Esta presencia nos advierte que ha llegado el momento de decidir si seguimos adelante o si, por el contrario, debemos regresar. Al mismo tiempo, asistimos al despliegue simultáneo de una multitud de imágenes precisas y detalladas que parecen contener todo lo que nos ha sucedido en la vida. Esta experiencia retrospectiva, sin embargo, no parece conllevar ningún tipo de juicio sino que simplemente nos es dado contemplar la pauta que gobierna nuestra vida. De este modo, nos damos cuenta de que nuestra existencia tiene un propósito definido y entonces comprendemos con absoluta claridad que debemos regresar, que nuestra familia y, en especial, nuestros hijos, nos necesitan.

Éste es el último fragmento de consciencia trascendental del que nos damos cuenta. En el próximo momento de consciencia experimentamos un intenso dolor mientras yacemos en la cama de una unidad de cuidados intensivos, incapaces de hablar pero recordando cada detalle de lo que acaba de suceder.

Si algo resulta claro es que la experiencia que acabamos de atravesar no ha sido un sueño, una alucinación o una fantasía, sino algo absolutamente real y objetivo, más real incluso que la vida misma. Nos gustaría hablar con alguien de lo que ha ocurrido pero aunque lográramos encontrar las palabras adecuadas para describirlo, quién podría comprendernos? Lo único que sabemos es que ésta ha sido la experiencia más profunda que jamás nos ha sucedido y que, a partir de ella, nuestra vida y nuestra comprensión de la vida han experimentado un cambio radical y definitivo.

Éstos suelen ser los elementos comunes que, de un modo general, caracterizan a cualquier ECM lo suficientemente profunda y sus consecuencias inmediatas. En todo caso, así es como describen la muerte la inmensa mayoría de las personas que han atravesado la experiencia. Pero, por supuesto, la mera descripción de los distintos elementos que componen una ECM no nos proporciona la menor respuesta concreta (excepto, claro está, para quienes han atravesado la experiencia), sino que, por el contrario, plantea una multitud de preguntas empíricas e interpretativas con respecto a lo que ocurre cuando morimos o lo que pasa – si es que pasa algo – después de la muerte biológica. Este tipo de experiencias ha sido objeto, desde hace poco tiempo, de diversas investigaciones.

Parámetros e interpretación de las ECM
Con cuánta frecuencia ocurre la experiencia? De cada cien personas, por ejemplo, que han estado clínicamente muertos, cuántos de ellos suelen relatar posteriormente haber atravesado una ECM?

Las primeras investigaciones realizadas en este sentido sugerían que la cifra podría aproximarse al cuarenta por ciento (Ring, 1980; Sabom, 1982) y estas estimaciones se vieron confirmadas posteriormente por los resultados de una encuesta llevada a cabo por el Instituto Gallup (Gallup, 1982). Aunque la mayoría de las personas que han atravesado una experiencia cercana a la muerte no suelen recordar nada, lo cierto, sin embargo, es que los relatos de quienes sostienen haber permanecido conscientes de la experiencia son muy similares a la ECM prototípica que acabamos de describir. Existe también un número menor de personas que relatan experiencias muy particulares que parecen tener, por lo general, un carácter alucinatorio. Hay que señalar también, por último, a un pequeño porcentaje de individuos que afirman haber atravesado una experiencia negativa.

Otra cuestión que suele plantearse con cierta frecuencia consiste en determinar en qué medida la forma en la que se accede a la experiencia puede determinar su desarrollo. En términos generales, la respuesta es que, con independencia del modo en que la persona acceda a la ECM, una vez que ésta comienza a desarrollarse sigue invariablemente la pauta esencial que hemos descrito. Por otra parte, la investigación de los relatos sobre experiencias cercanas a la muerte referidas por suicidas también suelen acomodarse
al mismo prototipo.

Así pues, las variables situacionales no parecen influir significativamente en el curso de la experiencia , pero acaso podemos decir lo mismo con respecto a las características personales?, o dicho de otro modo: existen personas que se hallen más predispuestas a este tipo de experiencias debido al medio social en
el que han crecido, a su personalidad, a sus creencias o incluso a un conocimiento previo de las ECM? Una vez más, los datos proporcionados por la investigación son suficientemente explícitos al respecto, ya que nos permiten concluir, sin ningún género de dudas, que los factores sociales e individuales parecen tener muy poca incidencia sobre el desarrollo de la ECM. En este sentido, las variables demográficas, el sexo, la raza, la clase social y la educación, por ejemplo, no parecen estar relacionadas con la incidencia y con el desarrollo de la ECM. En el mismo sentido, podemos afirmar también que no parece existir un tipo particular de persona, es decir, que no existen cualidades psicológicas particulares que predispongan hacia la ECM. Así pues, los ateos y los agnósticos no son menos proclives a referir experiencias cercanas a la muerte
que las personas religiosas, aunque las interpretaciones que aporten ambos grupos sobre la experiencia difieran, obviamente, entre sí. Por último, tampoco podemos afirmar que el conocimiento previo de este tipo de experiencias aumente la probabilidad de su ocurrencia.

Con respecto a la cuestión crucial de la universalidad de la ECM, nos vemos obligados a admitir que, lamentablemente, todavía existen muchas lagunas en este sentido. No obstante, parece que, a pesar de mostrar un cierto grado de variabilidad intercultural, las ECM presentan ciertas constantes universales (como la experiencia extra corporal, el pasaje a través del reino de la oscuridad hacia una zona iluminada por una luz brillante y el encuentro con seres celestiales).

Veamos, por último, el tema de la interpretación de la ECM. En este campo existe una verdadera plétora de teorías que muestran escasas coincidencias. Todas las interpretaciones, sin embargo, pueden agruparse
en tres grandes categorías – y algunas de ellas no están circunscritas a un solo grupo – a las que denominaremos la teoría biológica, la teoría psicológica y la teoría trascendental. La interpretación biológica tiende a ser reduccionista y contraria a la supervivencia después de la muerte mientras que las interpretaciones trascendentalistas, por su parte, suelen ser empíricamente no demostrables y se inclinan abiertamente en favor de la supervivencia post mortem. Obviamente, las interpretaciones psicológicas tienden, en muchos sentidos, a adoptar una posición intermedia entre las otras dos.

Tras una década de investigaciones en este campo, todavía no hemos podido formular una interpretación general que goce de una aceptación consensual. Por otra parte, tal como he tratado de demostrar recientemente (Ring, 1984), los problemas que suscita la interpretación son mucho más complejos de lo que la mayor parte de los teóricos parecen haber advertido.

El significado fundamental de la ECM no radica tanto en la fenomenología que se despliega durante la experiencia ni en las pautas que pueda adoptar como en sus efectos transformadores posteriores. Son precisamente estos efectos los que nos permiten vincular las ECM con ciertas tendencias evolutivas a
gran escala que parecen impeler a la humanidad hacia el siguiente estadio de su desarrollo colectivo. Pero para poder comprender adecuadamente la naturaleza de este vínculo convendrá explorar previamente el tipo de transformaciones que tienen lugar en la vida, la conducta y el carácter de quienes han atravesado una experiencia cercana a la muerte.

Los efectos transformadores de las ECM
El estudio de las experiencias cercanas a la muerte se ha centrado recientemente en los efectos posteriores de la ECM y nos ha revelado la existencia de una serie de consecuencias muy interesantes. En primer lugar, del mismo modo que la ECM parece ceñirse a una determinada pauta, los efectos que produce también parecen ajustarse a un determinado modelo. En segundo lugar, las pautas de ese cambio tienden
a ser tan positivas y tan concretas que es posible interpretarlo como el signo de un despertar generalizado de las capacidades potenciales superiores del ser humano. Para disponer de una sólida base de trabajo que nos permita apreciar mejor el posible sentido evolutivo de la ECM, comenzaremos revisando previamente los descubrimientos con los que he tropezado a lo largo de mi propia investigación (Ring, 1984).

Esta investigación analiza tres grandes categorías de efectos posteriores:
1) cambios en la imagen de uno mismo y en los valores personales;
2) cambios en la orientación religiosa o espiritual,
3), por último, cambios producidos en el ámbito psíquico.
Pero cuál es, en definitiva, el retrato psicológico que podemos extraer de este estudio?

En primer lugar, en lo que respecta al dominio de los valores personales, la persona suele regresar de la experiencia con un mayor respeto por la vida, lo cual no sólo supone un aumento en su capacidad para percibir la belleza intrínseca de la vida sino también una acusada tendencia a permanecer atentos al momento presente. Simultáneamente, la preocupación por los sufrimientos y las dificultades del pasado y
el temor hacia lo que nos deparará el futuro tienden también a disminuir. Como resultado de todo ello, quienes han atravesado una ECM suelen ser más capaces de vivir de un modo más pleno en el aquí y el ahora, desarrollando de manera natural una cierta frescura perceptiva, y ven fortalecida su atención hacia
el entorno. Estos sujetos también demuestran tener un mayor respeto por sí mismos en el sentido de que aumenta su autoestima. No estamos hablando, claro está, de que sean presas de ningún tipo de inflación egóica sino tan sólo que se muestran más capaces de aceptarse a sí mismos tal como son. En ocasiones, la persona atribuye este aumento de la autoestima a la tremenda sensación de afirmación que recibieron de la Luz.

Impresiones Kármicas

Impresiones Kármicas

Todo emana de la Mente Universal por una ley kármica inmutable, divina y misteriosa. Karma es una ley doble, el primer aspecto general es esencial y se aplica a toda cosa del universo, es una ley de continuidad de toda entidad particular. Esa entidad particular, debe heredar las características de su propia existencia anterior y añadir el efecto a la causa. El segundo aspecto es inmediato y sólo aplicable a las entidades que hayan adquirido autoconsciencia, empieza con las entidades humanas. Cada individuo es responsable de sus pensamientos y de los hechos derivados de ellos. El universo se vuelve posible a través de procesos kármicos de mutua influencia.

Las imágenes del mundo que hace surgir la Mente Universal son imágenes recordadas, que son modificadas y desarrolladas por sus propias interacciones y por su mutua evolución, es un sistema auto-animado que depende de Ella para su existencia y actividad continua.

El Cosmos tiene intervalos de no existencia, que interrumpen periódicamente su historia, son temporarios, sólo son momentos de latencia porque el universo gira en forma de fases cambiantes. Cuando los karmas acumulados de los individuos y de todos los centros planetarios se agotan, el ciclo de la historia del mundo se cierra. El universo manifestado se retira y la Mente Universal descansa de su trabajo.

Cuando los mismos karmas comienzan nuevamente a germinar y a producirse, un nuevo ciclo se abre y el mundo visible comienza a existir nuevamente, como herencia de la existencia del ciclo previo. Las características de un Cosmos anterior, determina la naturaleza del que sucede. Se parece al ritmo respiratorio de inhalación y exhalación. Cada sistema universal separado, como el que vivimos, es una unidad sin principio ni fin. En este sentido el universo es indestructible.

El universo cumple con una ley kármica estricta que consiste en un real proceso, en un ritmo de desarrollo y declinación, evolución y disolución, en una inevitable secuencia. El karma es una energía que plasma las condiciones de cada centro del ser, desde lo mínimo hasta el universo todo. Tiene sentido, porque hay una continuidad ordenada, entre pasado, presente y futuro de todo lo que constituye la existencia universal. La Naturaleza, por lo tanto, posee una memoria durante sus tiempos de receso. Nada se ha perdido, ni pensamientos, sucesos, figuras u objetos. Esta memoria implica la existencia de algo mental. Es la Mente Universal que es cósmica en su recorrido espacial y permanente en su contención del tiempo. El funcionamiento de toda manifestación kármica puede rastrearse en esa Mente. La permanencia y disolución del karma es una función paralela a la de su concepción. Todo ente debe retornar a su fuente divina o por su propia evolución o al final de un ciclo cósmico.

En el momento en que el universo no tiene existencia visible, la Mente Universal ha “retenido” su respiración. Esto constituye un vacío aparente, pero la posibilidad de existencia de todas las cosas, pensamientos, etc. existen de alguna manera. Ello se debe a que tienen una existencia inmaterial que es inaprehensible, hasta que aparece actualizada en el mundo visible, porque los recuerdos kármicos del mundo no manifestado, reposan en la Mente Universal en la forma germinal que sus propios karmas habían acumulado dentro de ella. En el momento kármico maduro se convierten en cosas vívidamente experimentadas. La Mente contiene todo, porque desde el pasado sin comienzo, ha acumulado esos recuerdos cósmicos. El recuerdo que Ella tiene de algo es la esencia misma o alma de la cosa y no otra sustancia. La suma total de todas las impresiones que de esta manera se actualizan, la herencia de todas las formas y vidas, constituye un Cosmos.

Los recuerdos acumulados y transmitidos de un ciclo anterior, debido al poder e imaginación de la Mente Universal, se producen de una manera ordenada. Cada una de las formas de pensamiento de la idea del mundo, en cada etapa de su historia, es una herencia de aquella que la precedió. La ley kármica, acepta, asocia y recurre, sólo a lo que favorece un gradual desenvolvimiento del tiempo y de un ordenado despliegue en el espacio. Su primera característica es su imaginación constructiva, es por eso que la evolución de las formas que contemplamos no tiene límites.

Sri Ramana Maharshi, explica en sus pláticas con respecto al karma:
“a lo que empezó a dar frutos se lo clasifica como acción pasada. A lo que está en reserva y que después dará frutos, se lo clasifica como acción acumulada. Llevan en sí mismos la semilla de la destrucción. El karma que tiene lugar sin esfuerzo, sin intención, o sea, acción involuntaria, no ata. Las acciones del presente se espera que den frutos en nacimientos futuros. Después de la Realización no hay karma.”

Hay un verdadero sentido, una auténtica coherencia, un movimiento ordenado que va de la piedra a la flor, de la bestia al hombre, a través de planos de integración cada vez más elevados y que constituyen la existencia universal. Karma no es sólo una ley de herencia de previas impresiones o de auto-reproducción o de justicia moral retributiva, sino algo mucho más vasto. Es una ley eterna que tiende a ajustar la actuación individual a la actuación universal. Trabaja a favor del universo como totalidad, para mantener a sus innumerables unidades en armonía con su propio equilibrio integral.

El nacimiento de las individualidades.

Las mentes individuales que surgen de una en una, han existido desde universos anteriores en la Mente Universal. Cuando surgen como manifestación cósmica, cada una tiene una distinta clase de consciencia.

La nueva criatura nace a la existencia universal, a través de una serie de
actualizaciones de sus impresiones kármicas antiguas. El individuo y el mundo
aparecen juntos al mismo tiempo. Se sincronizan para ponerse en actividad, porque
así lo dispone la Mente Universal.

La continuidad de la vida individual, produce un aparente quiebre durante el sueño profundo y muy principalmente entre las reencarnaciones, pero es un quiebre sólo aparente. Esto se debe a que la Mente Universal actúa como un receptáculo en el que están depositados todos los olvidados eslabones de la memoria y todas las energías mentales descartadas. Ninguna criatura desaparece por completo

El pensamiento, emoción y voluntad, se ligan en un hilo “personal” y luego caen en la Mente Universal como semillas. Ella hace posible la actividad individual, la mantiene y la sustenta. Si el período del mundo está maduro para la manifestación externa, las impresiones germinales de múltiples individuos, que han sido conservados en forma latente, son inducidos a buscar su nacimiento en un ambiente apropiado.

Todos los seres y el mundo mismo, no son sólo fuerzas de reencarnaciones anteriores, sino que siguen incluyéndose y evolucionando mutuamente. Este hecho se debe a que en las experiencias de vidas pasadas, hay impresiones que tienden a repetirse en forma tan fuerte, que llegan a asumir un carácter estructural, convirtiéndose en complejos energéticos. La repetición habitual, las asociaciones y afinidades las establecen. Es por esta causa que las impresiones se combinan de acuerdo a su natural proceso de evolución. Los órganos de los sentidos, son complejos de este tipo, que actúan de un modo funcional. La vista y el oído son primariamente actividades de la consciencia.

La Naturaleza es otra denominación del trabajo de la Mente Universal, trabajo al cual contribuimos voluntaria e involuntariamente, porque todo objeto de la Naturaleza, es conocido únicamente como un aspecto de nuestra propia consciencia. La instigación de las impresiones kármicas dentro de la Mente Universal se reflejan en la mente individual como un panorama general del mundo. El hombre tiene el panorama del mundo tan asimilado, que supone que lo ha creado él mismo por medio de la experiencia. Durante el estado de vigilia, la concentración alcanza su máxima potencia.

Hay un punto de encuentro entre cada ser consciente y la Mente Universal. Es
el Yo Superior”. A partir de él cada ser recibe la imagen del mundo. El Yo
Superior se concentra en el corazón (chakra Anahata) pero se relaciona con el
cuerpo total y afecta a toda la personalidad. Las energías kármicas se ponen en
actividad dentro del corazón y de allí irrumpen a la existencia espacio-temporal.

Ramana Maharshi, dice al respecto: en los Vedas y en las Escrituras, al corazón se lo usa para señalar el lugar de donde brota la idea del “Yo” Brota dentro de nosotros en algún sitio a la derecha, en la mitad de nuestro cuerpo, (no es el corazón físico sino el chakra Anahata). El “Yo” no tiene ubicación, todo es el “Yo”. No hay nada sino Eso. De modo que debe decirse que el corazón es todo nuestro cuerpo y todo el universo concebido como un Yo es el asiento de nuestra experiencia espiritual. Para ayudar al practicante tenemos que indicar una parte definida del Universo o del Cuerpo. Así es como a ese Corazón se lo señala como el asiento del “Yo”. Pero en verdad estamos por doquier, somos todo lo que existe y no hay nada más. En el “Yo”, no hay cualidades ni buenas ni malas, El “Yo” está más allá de la cualidad. Tampoco hay dualidad. La Verdad no es ni uno ni dos. ESO es como es. El “Yo” es el testigo de los estados de la existencia correspondientes a cuando dormimos, soñamos o estamos despiertos”

Para tener una experiencia más exteriorizada y corriente, debe tenerse la cooperación del cerebro y los sentidos, de lo contrario sería sólo una experiencia onírica. El cerebro y los sentidos actúan como un amplificador de imágenes, para esto la forma de pensamiento se trasmite a un centro ubicado en la capa más exterior del cerebro y a los centros sensibles especiales de los órganos de los sentidos. El cerebro vuelve a transformar las vibraciones recibidas en imágenes más extensas, que el individuo ahora puede captar, toma plena consciencia del mundo magnificado, el que la mente proyecta “como si” este fuera exterior.

El Yo Superior actúa como transmisor de consciencia para el cerebro y mientras éste permanezca, la consciencia despierta del mundo permanecerá. El sueño y la vigilia se regulan por un centro situado por debajo de la corteza cerebral. Este centro se pone en actividad cuando se despierta, y cuando, por el receso interno de la corriente del Yo Superior el estado de vigilia no puede prolongarse, ese centro permanece pasivo durante el sueño. Esta transmisión interior se produce en forma constante, el cerebro está continuamente ampliando las impresiones originariamente kármicas, en la forma de impresiones sensoriales físicas.

La función creadora que da nacimiento a la experiencia del mundo para cada individuo procede de su Yo Superior. Cuando observamos una cosa particular, la vemos en su totalidad. La actividad de la mente liga todas las sensaciones para componer una percepción. La zona mental a la que concurren las sensaciones y donde se reúnen en una percepción completa, está fuera de la consciencia del individuo. La percepción, la imagen última y acabada es la que se ofrece a su atención.

El conocimiento de un objeto a través de las impresiones sensoriales, no es completo sin otras facultades de la mente. Por ejemplo, la memoria, la razón y sobre todo la facultad hacedora de imágenes, la que maneja las sensaciones, completa el trabajo y proporciona al objeto existencia independiente y continua. Esta actividad imaginativa de la mente, es la base de nuestra experiencia sensorial y no una sustancia material separada. Todo sucede al mismo tiempo porque el acto perceptivo, no posee una correspondencia material diferente del acto mismo.

En sus Pláticas, Ramana Maharshi expresa al respecto: En cualquier estado
que uno esté, las percepciones participan en ese estado. La explicación es ésta:
en el estado de vigilia el cuerpo denso percibe nombres y formas densas, en
el estado onírico el cuerpo mental, percibe las creaciones mentales en sus
múltiples formas y nombres, en el estado de sueño sin sueños, al perderse la
identificación con el cuerpo, no hay percepciones. De modo parecido en el
estado trascendental, la identidad con el Absoluto pone al hombre en armonía
con todas las cosas y nada hay aparte de su Yo.”

Sobre nuestras vidas pasadas

Sobre nuestras vidas pasadas

“El espíritu no muere cuando muere el cuerpo.
Escondido en el Corazón de cada Ser yace el ATMA, el Espíritu, el Yo; Más pequeño que el más pequeño de los átomos; más grande que los espacios más grandes”.

(Del Katha Upanishad, siglo VI a. de C.)

Hablar sobre las vidas pasadas, o sobre la razón del trayecto del Alma reencarnándose en vidas sucesivas, sobre el Espacio Entre Vidas, y otros muchos items que conforman este tema, sugieren a la persona que aborda este trabajo, estar abierta al sentimiento de la maravilla de la vida y al asombro que ella nos genera.

Estudiar ésta técnica, requiere de la persona, una investigación propia que la conduzca a corroborar por si misma, según sus propias vivencias, para luego poder comprender lo que nos dicen muchos médicos, psicólogos, psiquiatras e investigadores, que han escrito abundante material, luego de años de haber atendido cientos de casos que proporcionaron las bases para establecer lo que llamamos “comprobación científica”.

No únicamente podemos hablar de estudiosos e investigadores de este siglo. Si nos remontamos centenas de años hacia atrás encontraremos que este tema era tan común como lo es hoy el psicoanálisis.

Aun más lejos, las antiguas filosofías, tales como la budista, la hinduista y la tibetana (por nombrar las más conocidas) hablan detalladamente de ellas, como un suceso normal y necesario de la vida del Alma, abarcada en un Todo inseparable, y para su evolución.

Es a mi sentir necesario, que el estudiante de vidas pasadas, obtenga en principio (o bien a la par que estudia a otros), sus propias experiencias personales, para que su saber “le pertenezca”.

Es a partir de lo propio, que uno puede aprender a conducir al otro, sin inducir. A saber como ayudar a otros a sanarse o, a encontrar el conocimiento que está buscando.

No es difícil aprender las técnicas de la hipnosis consciente, ni como guiar a la persona a encontrarse en una vida pasada. Lo difícil, delicado y vital de aprender muy bien, es la conducción, el acompañamiento, “la NOTA” de la voz, el cuidado en transmitir un sentimiento de protección, comprensión y Amor.

Los beneficios del trabajo sobre nuestras vidas pasadas, son múltiples. Entre estos muchos, el primero en manifestarse normalmente, es la pérdida del miedo a la muerte y el nacimiento de un Amor nuevo hacia la Vida.

La persona que aborda este trabajo con responsabilidad, se da cuenta muy rápidamente que comienza a tener otra mirada hacia su propia vida, tornándose ésta tan vasta y rica en conocimiento, de lo que jamás antes hubiese podido imaginar.

Internándonos en lo más hondo del Alma, comenzamos a sentir y percibir otras dimensiones, vivas igual que ésta, plenas de información sobre el trayecto del Alma. Esto requiere entonces del sujeto, el respeto más sagrado. Reverencia por la Inteligencia inmortal, y fe en que el conocimiento le será revelado.

Comenzamos a transitar por nuestras vidas pasadas recopilando información. Esto nos llevará a la comprensión de muchas actitudes recurrentes, hábitos negativos, miedos incomprensibles, ideas obsesivas, fobias, depresiones, pesadillas recurrentes, insomnios, tensiones y dolores constantes en ciertas partes del cuerpo. Enfermedades respiratorias, parálisis totales en algunos casos, y momentáneas y recurrentes en otros.

Problemas que parecen psicológicos y en los cuales el sujeto ha trabajado en terapias de distintas escuelas, sin resultados. Problemas estos que parecen muy objetivamente venidos de una infancia, y/o adolescencia conflictiva; sin embargo luego comenzamos a ver claramente, desde dónde venimos trayendo los mismos conflictos sin haberlos resueltos.

Quizá de muchas vidas, y aún están aquí… esperando ser solucionados, trayéndolos una vez más para ser transformados y aprender de ellos. Muchas han sido pruebas que no hemos podido pasar airosos, o muertes abruptas, o en lugares y en situaciones que nos han ocasionado terror, o el sentimiento de no aceptación del momento que nos tocó vivir. O demasiado apego a lo material. O un gran amor hacia otra persona. Y tantas otras difícil de resumir en corto espacio.

Y esas emociones si no han sido trabajadas, las vamos llevando a cuestas. Como el efecto de una causa: significado de la palabra Karma.

Luego comenzamos con enfermedades somáticas, pensamos que las soluciones nos las pueden dar otras personas y buscamos afuera. Otras personas sólo pueden ayudarnos a mirar y aprender a buscar adentro, en el lugar en donde TODO ESTÁ.

A la luz del volver a vivenciar sucesos en otras vidas, con una intención de búsqueda que nos lleve hacia la comprensión de estas experiencias, rápidamente nuestra psiquis, nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestras emociones se van sanando solas, y nuestra vida paulatinamente comienza a despejarse.

Es necesario que la persona que aborda este trabajo, comprenda que no es posible comenzarlo con limites de tiempo. Son necesarias la mayor parte de las veces, vivenciar muchas de nuestras vidas pasadas, para adquirir comprensión, conocimiento y sanar esta vida.

Nuestra vida es la decisión o decisiones que tomamos antes de nacer, hemos elegido la vida a vivir, la familia, el lugar y las condiciones existentes allí, para la evolución de nuestro SER, (si bien muchas son las veces que somos aconsejados, conducidos y acompañados amorosamente a hacer una determinada elección que nos resulta difícil). Hemos traído un bagaje de experiencias de otras vidas, que entran en el olvido normalmente a partir de los 5 años de edad.

Y constantemente estamos decidiendo, seamos conscientes o no, de ello. Es menester que seamos conscientes de estas decisiones para que den el fruto que alimentará nuestra vida de hoy. Así también, la calidad de los acontecimientos de nuestra próxima vida, dependerán de lo que trabajemos y nos elevemos en ésta. (Cualquiera sea el trabajo interior que hagamos para el crecimiento y la evolución de nuestro SER).

Las experiencias del Espacio entre las Vidas, es de tal grandiosidad y sacralidad que la conmoción que nos nutre en tal vivencia, tiene el poder de sanarnos de gran cantidad de toxina psíquica ocasionada por las emociones negativas, tales como la desesperanza o la vanidad, o el ego, o resentimientos hacia la vida u otros. Tal grandiosidad nos transmite el certero sentimiento de ser una partícula unida a millones de partículas que conforman un UNO inseparable. Sin embargo cada partícula trae sus propias y personales decisiones para su evolución.

“Para explorar el Río del Alma, de dónde o en qué orden has venido, el mundo cotidiano debe dejarse muy atrás. Entonces, sólo entonces, mediante la concentración, el relajamiento, la diligencia y la paciencia para esperar los resultados, es posible buscar y sujetar el conocimiento y la sabiduría del Trayecto de Alma y de la vida entre las vidas”.

Del Profeta Zoroastro

Sorprende que hasta ahora nadie hubiese sentido curiosidad por adentrarse y estudiar esta ‘región’ del mundo más allá del recuerdo ordinario de la vida. Pero, en todo caso, todo llega y Michael Newton fue el ‘encargado’ de iniciar esta exploración. Es de esperar que en un futuro próximo otros investigadores se dediquen a explorar esta región, y que sus hallazgos puedan ‘confirmar’ de alguna manera los sorprendentes e interesantes datos de este investigador pionero.

Él aborda diferentes aspectos relacionados con este ‘estado entre vidas’. Se trata, por ejemplo, el tema de la ‘despedida’ de seres queridos cuando ocurre el deceso (contactos a través de sueños, por ejemplo, para reconfortar a las personas queridas que se quedan aquí). También se aborda el concepto del ‘grupo de almas’, un conjunto de ‘almas afines’ que la persona que abandona este mundo reencuentra en el mundo espiritual – y que por otro lado también han formado parte de su entorno personal en la vida en la tierra (hermanos, parientes cercanos, amigos íntimos, personas relevantes…). Estos temas no dejarán de resultar ‘familiares’ a diversas personas… No es extraño, por ejemplo, que una persona ‘crea’ haber tenido contacto con un familiar recientemente fallecido (a través de sueños, intuiciones, sensaciones), a pesar de que estos hechos no sean compartidos abiertamente con otras personas por miedo a ser ‘tratados’ de ingenuos o chiflados… O el hecho de ‘reconocer’ que determinadas personas que encontramos en este mundo nos resultan especialmente afines, ‘familiares’ o relevantes – casi como si las conociéramos desde hace mucho tiempo… Y en esto, quizás, Michael Newton resulta especialmente significativo, pues ayuda a dar ‘forma y entendimiento’ a determinadas impresiones insólitas que podemos tener en esta vida.

También nos encontramos con el ‘Consejo de Mayores’, una especie de sociedad o tribunal de seres sabios que nos ayudan a comprender o ‘juzgar’ las acciones y decisiones en nuestra vida pasada. Aquí también encontramos resonancias con lo expuesto en diversas religiones (minoica, egipcia o cristiana): el tribunal de los muertos, el juicio del alma… Sólo que, aquí, el autor del libro nos presenta a estos seres como entidades iluminadas y compasivas, que si bien juzgan con rectitud y serenidad, también lo hacen desde el amor y la comprensión.

Otros aspectos abordados por Michael Newton son: los guías, los niveles de ‘evolución’ del alma, o el proceso de elección de una nueva encarnación, además de otros temas siempre de suma importancia e interés.

Una de las cosas curiosas que él menciona es que estas ‘sesiones’ de regresión a la ‘existencia entre vidas’ suelen resultar más terapéuticas para sus pacientes que las sesiones de regresión a vidas anteriores… En cierta manera las regresiones ‘clásicas’ tienen un propósito de ‘sanar’ o reconocer antiguos ‘traumas’, mientras que el conocimiento de este ‘universo espiritual’ entre vidas puede aportar el conocimiento que la vida en este planeta tiene un ‘propósito’ más amplio que el que imaginamos (ofrece una seguridad, un sentido y una perspectiva más global).

 

De mi parte, María Cristina Catuara, quiero aclarar al público que me lee, que estoy plenamente de acuerdo con lo que explica este interesantísimo hombre, Michael Newton, pues yo misma he vivido todo lo que él dice en mis propias vidas pasadas, además de haberlas escuchado de boca de mis pacientes.

Temática de seminarios intensivos para el aprendizaje de los principios de terapia de vidas pasadas

Seminarios Prácticos y Vivenciales.

Primer módulo:
Diagnósticos:
Cuestionarios sobre la salud psíquica y física del paciente.
Cuestionario sobre la infancia del paciente.
La hipnosis consciente.
Algunas variantes sobre la hipnosis consciente.
La nota de la voz y las emociones de quien conduce.
Primeros ejercicios básicos de conducción a una vida pasada
Ejercicio vivencial:
Un regreso al momento anterior al nacimiento.

* Son múltiples y variadas las formas de abordar la hipnosis consciente.
Se puede llegar a ese estado desde una relajación de la mente, emociones y cuerpo. Desde la respiración. Desde solamente la calma de la mente. Etc.

Lo importante es llegar al estado en el cual el sentido de identidad personal se pierde momentáneamente. Sin embargo el sujeto no deja nunca de tener una alerta interior necesaria para llegar mas allá de una realidad tridimensional que lo llevará a conocer los caminos de su Alma, la razón de sus bloqueos, y mucho más.

Ese otro mundo al cual se accede bajo esta hipnosis, “desde muchas y diversas formas, múltiples variantes, tales como el dolor de una parte del cuerpo”, es tan radicalmente diferente, que el lenguaje no alcanza a expresar su verdadera belleza y esencia.

La responsabilidad del guía es enorme y vital para el crecimiento del paciente. El guía debe asegurarse que aquello que “sale por su boca”, LA NOTA, carezca completamente de cualquier emoción de carácter negativo.

Es importante recalcar que bajo hipnosis consciente, el sujeto siente y sabe siempre en donde está y jamás pierde su voluntad.

Segundo módulo:
Más sobre la hipnosis consciente y sus variantes.
Más sobre ejercicios de conducción.
La vida: (Bosquejo)
Ejercicio vivencial:
Un regreso al momento del nacimiento.

* Las variantes dependen de la naturaleza del sujeto. Las formas con las que él trabaja mejor. Pero, de todas maneras estas formas múltiples de llegar a vivenciar vidas pasadas se pueden encarar desde el conflicto del sujeto, habiendo ya el guía, obtenido una vasta información sobre la condición de la vida actual del paciente. De manera que se puede encarar desde un dolor del cuerpo, o de las emociones, o recuerdos persistentes, o una pregunta.

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