Origen de la experiencia

Origen de la experiencia

La experiencia de cada ser humano, está basada en su esquema de ideas, que a su vez se originan en su percepción a través de los órganos de los sentidos y de la consciencia. Sabemos que transmiten sólo apariencias de la verdadera realidad.

Si nuestros ojos tuvieran otra potencia, microscópica por ejemplo, nuestra forma de ver el mundo sería distinta, así podemos deducir que la realidad está gobernada por la relatividad, como toda existencia.

La percepción de los sentidos nos dicen como parecen ser las cosas, pero no como son en realidad. Con la ilusión, podemos ver otras formas y figuras cuya existencia es sólo mental. No es suficiente con los sentidos, debemos ser conscientes de lo que ellos nos revelan. Tener consciencia de algo, es tener consciencia de sus relaciones con las demás cosas y con la persona que observa. Por lo tanto el conocimiento, también siempre es relativo.

Actualmente se considera a la Naturaleza como un proceso, como una serie continuada de acontecimientos, nada está en reposo hay una transformación permanente. Los científicos han comprobado que la materia está constituida de átomos que contienen electrones y otras partículas subatómicas las que se encuentran ubicadas a distancias siderales entre sí y en posiciones aleatorias. También comprobaron que es una energía transmutable, en sonido, calor, luz, etc., la energía aislada no la han captado. Sin embargo, se tendría que reconocer con el tiempo que el elemento primordial en el mundo es de la misma naturaleza que el que produce nuestras ideas.

La energía no es la raíz primaria, la realidad última es de naturaleza mental, no puede limitarse a esa energía y es uno de los aspectos principales de esta realidad y no un poder independiente en sí mismo.

Debemos ampliar nuestra consciencia a dimensiones superiores para conocer verdaderamente el mundo. Debemos aceptar que nuestra experiencia espacio- temporal, investigada hasta su último origen, se revela como una construcción mental. Sólo el lego reconoce la falacia de la forma y aunque esto resulte correcto en el plano de la vida práctica, es una visión equivocada, porque no agota las posibilidades del universo.

La Mente es de por sí la fuente de la energía que la ciencia quiere considerar como elemento primordial del universo. Es la realidad que proyecta la sombra, es la Mente Cósmica, de la que emana la Mente Universal, la que está detrás de todas nuestras mentes. La ciencia se acerca cada vez más a la metafísica, y no está lejano el día en que reconozca que la energía no es más que la actividad de la mente.

Si el individuo y su mundo espacio-temporal están indisolublemente unidos, si es la consciencia individual que por su misma índole incluye al mundo, y si, por consiguiente, la consciencia es la realidad de ambos, esto es así, porque ambos no son otra cosa que manifestaciones de una tercera entidad, que los trasciende y que, por lo tanto, tiene que ser una forma superior de consciencia.

El hombre no puede representar la última palabra en la Naturaleza. Debemos aceptar que tiene que existir una mente prístina, autosuficiente, una mente universalmente difundida, que asuma la consciencia de las miríadas de cosas y seres del mundo, que alcance los cambios y vicisitudes que se producen dentro de su continua dirección. Debe ser un observador del Universo conocido y también de un mundo deshabitado e ignoto. La existencia de un mundo en sí mismo, sin una mente cognoscente, no puede jamás establecerse.

Esta conclusión surge de la base de la percepción interior ultramística y como corolario de un correcto razonamiento, ambos apoyan la confirmación, de la enseñanza oculta respecto de la existencia de esta Mente Suprema

La percepción similar del mundo externo que tenemos todos los seres en conjunto, significa que todos estamos contenidos en una sola e igual Super Mente Eterna que constantemente percibe. Un paisaje visto en vigilia y en sueños, se diferencian en que el primero puede ser visto por otros, porque es independiente de nuestro pensamiento individual, mientras que en sueños surge de nuestro pensamiento personal. Ambos son paisajes puramente mentales. Todos vivimos en un universo de ideas, y el primer paisaje no deja de existir, debido a que su original pensador es la Mente Universal, que todo lo incluye y que es trascendente e inmanente.

La imagen del mundo, no surge a la vida respondiendo a un proceso arbitrario; es algo dado, los seres vivientes no lo han originado, pero lo experimentan en su interior. Hay una relación entre el mundo y el individuo y entre el mundo y una Mente Universal. Las funciones mentales de todos los hombres se relacionan entre sí, esta es la razón por la que todos vemos el mundo en igual orden espacio-temporal. Es su propia existencia múltiple dentro de una mente única, la Mente Universal o Inteligencia Universal, y que constituye el Alma de la Naturaleza.

La mente de un individuo es la única fuente de su experiencia, pero nuestra mente es finita y limitada, no somos responsables voluntariamente del mundo que nos rodea, sin embargo, sabemos que dichos mundos y cosas son estructuras del pensamiento y que sus nacimientos deben ser producto de alguna mente. Debe haber una causa desconocida que dé razones de la constante sucesión de formas mentales que se nos presentan como experiencia. Estas formas deben ser correlatos mentales de una Super Mente Universal que posee el poder de darles forma y de imponerlas a la mente individual.

Facetas de la experiencia del mundo.
Nuestra experiencia del mundo, tiene dos facetas: una interna y otra externa; nuestros pensamientos y el medio ambiente circundante. Sabemos que las impresiones del mundo sensorial nos son impuestas. Sabemos, también, que nuestra faceta de experiencias internas representadas por las ideas, etc., existen
o no de acuerdo a nuestra voluntad.

Para el hombre, los objetos circundantes son materiales, en cambio, las fantasías, los recuerdos, las imágenes mentales son comparativamente irreales. Pero ambos fenómenos tienen una diferencia de grado
y no de naturaleza, lo que no destruye el carácter fundamental mental del mundo. Lo que llamamos cosa, es una creación primigenia de la Mente Universal. Lo que se conoce como pensamiento, es una creación de la mente humana.

La percepción que tenemos de ambas experiencias es distinta; una impresión sensorial deriva de su origen universal y se impone con fuerza en nosotros. En cambio, una fantasía, por ejemplo, surge en nuestro interior con debilidad debido a su origen humano. Es sólo una diferencia de calidad de “conscientización”.

En algún acto creador, el artista puede sentir con igual o mayor intensidad que en la experiencia del mundo circundante. Igual le puede suceder a un místico evolucionado, en el momento en que se sumerge en la contemplación devota. Las dos experiencias interna y externa tienen innegablemente una similitud, la fundamental unidad de substancia de la cual surgen.

La Mente Universal tiene el poder de emitir sus fantasías, llenar su vacío aparente, con innumerables pensamientos de cosas, de un modo tal, que sean captadas por toda la humanidad. Cada individuo recibe espontáneamente esas ideas, a través de sus propios mecanismos mentales. La idea del mundo es mantenida frente a nuestra contemplación y experiencia por el efecto del pensar de esa Mente, que nos la impone como si fuera fija e inmutable. Lo que para nosotros es un millón de años, para Ella puede ser un segundo. Sólo conocemos nuestros estados mentales, aunque algunos de ellos aparezcan como cosas. Sólo vemos imágenes mentales, aun cuando algunas de ellas aparezcan como exteriores.

Durante la evolución humana, desde la época primitiva, el hombre se vio obligado a darle prioridad al mundo exterior. Así, los cinco sentidos le hicieron sentir que la materia era una identidad real, y en lugar de considerarla como un pensamiento, comprendió mal su propia experiencia, olvidando que ésta es sólo una forma de la consciencia.

No se trata de negar la existencia de los sólidos, líquidos y gaseosos; sólo considerarlos como elaboraciones mentales. La Mente se manifiesta de diversas formas o fantasías, que resultan distintas entre sí, pero que no quita que nuestras experiencias de las mismas persistan en su origen mental, porque el mundo se externaliza en y por medio de la mente.

De qué está hecho el Universo y cuándo se originó?

Ramana Maharshi, explica en sus Pláticas que el universo está compuesto de luz y sonido, lo que corresponden a la mente y a la corriente de vida, en la terminología vedántica. Son densos, sutiles y trascendentales. Los órganos de los sentidos, pueden percibir el aspecto denso. Los otros aspectos no son tan perceptibles. Lo sutil puede inferirse, lo trascendental, es sólo trascendente.

El universo ha existido siempre activo o en estado latente, porque no surgió de un acto repentino de creación, sino debido a un gradual proceso de manifestación. Ha ido surgiendo de la propia “substancia” mental de la Mente Universal. Todo lo surgido de ella es eterno e inmortal, porque ella lo es. No existe, por lo tanto, comienzo ni fin concebibles. Buda afirmó: no nacido, no creado, no originado.”

El universo es eterno y autosuficiente, está en una evolución permanente y de una manera constante, junto a todas sus criaturas. La causalidad es una verdad temporaria, porque no hay en ningún lugar ni una causa ni un efecto final real de todos los acontecimientos. Nada existe por sí mismo, las cosas existen actualmente como efectos indirectos de innumerables causas que se ligan como una cadena infinita, desde el pasado sin comienzo. Existe un tejido de interdependencia que cubre todas las cosas sin excepción,
nada de lo manifestado puede ser auto existente. El proceso de transformación del universo es eterno y esto constituye la ley misma del propio ser del universo. No hay nada particular que sea sólo causa o sólo efecto, siempre son ambas cosas a la vez.

Debemos descartar la causalidad como principio metafísico y sólo comprenderlo filosóficamente, porque la mente finita del ser humano, puede comprender que la cadena de eslabones recíprocamente dependientes, que constituyen una causa, no tiene principio ni fin. El hombre sólo puede concebir algunos factores que contribuyen a esa causa. Mirado desde su trasfondo, el universo siempre ha tenido una realidad oculta y eterna. Esa realidad es la Mente Universal. El mundo representa su manifestación. Ella abarca todas las cosas pero ella no es abarcada por ninguna. El mundo es su auto proyección, su idea. El Universo ha surgido de su meditación constructiva, ha aparecido bajo la forma ordenadamente autodeterminada, plasmado por medio de sus propias impresiones mentales recordadas respecto a un estado anterior de existencia activa.

Paul Brunton

Extractado por Elisa Aliaga de
Brunton Paul.- La sabiduría del Yo Superior Editorial Kier

Más información:
Ramanananda Saraswati.- Pláticas con Sri Ramana Maharshi Editorial Kier
Brunton, Paul.- El sendero secreto. Editorial Kier
Brunton, Paul.- La búsqueda del Yo Superior Editorial Kier
Brunton, Paul.- La india secreta Editorial Horus
Brunton, Paul.- Una ermita en los Himalayas.- Editorial Horus

Visión de la Realidad

Visión de la Realidad


Shri-Ramana-MaharshiEl tema de la obra, que consta de 40 versos, es introducido inmediatamente en el primer verso y se hace la aserción de que es sólo morar en el Corazón. El punto central de todos los cuarenta versos es sólo este hecho. El pensamiento yo, la individualidad, surge de él y se sumerge en él; la historia del universo culmina en el Corazón. En versos posteriores, (por ej. el N14 y otros), Ramana muestra una vía simple y directa que le permite a uno hacerlo. Percibir sólo la mente, y no darse cuenta de que la verdadera fuente de la luz es el Corazón, es ignorancia.
Puede decirse sin temor a la contradicción que Visión de la Realidad es la más lúcida exposición de la naturaleza del pensamiento yo, del método de rastrearlo hasta su fuente y sumergirlo en ella, de modo que la Verdad pueda brillar. Todas las falsas nociones que nublan la comprensión de uno son eliminadas, y la atención es repetidamente dirigida a la necesidad de profundizar en la propia fuente de uno. Ahí acaban todas las contradicciones y cesan todas las dudas.

Oración

1. Puede haber la sensación de yo, sin eso que existe, siempre? Libre de pensamientos, existe, este ser interno, el Corazón. Cómo conocer entonces eso que está más allá de la mente? Conocerlo es morar, firmemente, en el Corazón.

2. El pensamiento yo es el primero en morir para aquellos que se han refugiado del miedo de la muerte, a los pies del conquistador de la muerte. En adelante son, naturalmente inmortales. Pueden ser asaltados alguna vez de nuevo por el miedo de la muerte?

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Versos

1. Puesto que nosotros vemos el variopinto mundo, una sola fuente, con poderes ilimitados, ha de ser aceptada. El veedor, lo visto, la pantalla sobre la que es proyectado, la luz, son todos sólo Él, el Uno.

2. Todas las religiones comienzan con la existencia del individuo, el mundo y Dios. Mientras dure el ego éstos tres permanecerán separados. Morar, sin ego, en el Sí mismo, es lo mejor.

3. De qué utilidad son las disputas tales como el mundo es real, no, es un espejismo, es energía consciente, no, es materia, es felicidad,no, es sufrimiento? Morar en el exaltado estado donde ni el ego ni el mundo existen, es aceptable para todos.

4. Mientras uno piensa que tiene una forma, el mundo y Dios también tienen formas. Cuando uno es el Sí mismo sin forma, quién hay para ver? Ello mismo es el Ojo, completo, sin límites.

5. El cuerpo está constituido de cinco envolturas. El cuerpo y el mundo co-existen. Cómo puede alguien ver el mundo, a menos que tenga un cuerpo?

6. El mundo está en la forma de los cinco sentidos, como el sonido. Estos sentidos son conocidos a través de los cinco órganos de los sentidos. Sólo la mente percibe el mundo a través de estos órganos de los sentidos. Por consiguiente, el mundo es sólo la mente.

7. Aunque tanto la mente como el mundo surgen y se sumergen juntos, es la mente la que ilumina al mundo. La fuente de la que el mundo y la mente surgen y en la que se sumergen, es la Realidad, que no surge ni se sumerge.

8. La adoración de lo Supremo, bajo cualquier nombre y bajo cualquier forma, es una ayuda para la visión de Ello. Sin embargo, la verdadera visión es sumergirse y morar en la Realidad.

9. Cuando el individuo, para quien la dualidad y la trinidad existen, es rastreado, éstas se sueltan y caen. Entonces todo movimiento mental cesa para siempre.

10. Puede haber conocimiento sin ignorancia? Puede la ignorancia existir sin el conocimiento? Buscar la fuente del individuo a quien pertenecen, y morar ahí, es verdadero conocimiento.

11. Puede el conocimiento de todo, sin el conocimiento del Sí mismo, ser verdadero conocimiento? El conocimiento del Sí mismo, que es el soporte del conocedor y lo conocido, destruye la pareja de conocimiento e ignorancia.

12. Ni el sueño profundo ni la cognición de los objetos es conocimiento. En el verdadero estado, que es diferente de ambos, no hay ningún conocimiento de objetos; sólo brilla la consciencia. Por tanto, no es un vacío.

13. La consciencia, el Sí mismo, es Real. La multitud de las formas no pueden existir aparte de él. Pueden los diferentes ornamentos existir por sí mismos? Acaso son aparte del oro?

14. Sin el yo las personas segunda y tercera no pueden existir. Cuando el yo se sumerge a través de la indagación sobre su fuente, las personas segunda y tercera también desaparecen. Nuestro propio estado natural, brilla.

15. En su tiempo, tanto el pasado como el futuro son sólo el presente. No es como para reírse el que se discuta acerca del pasado y el futuro, sin darse cuenta del presente? Puede uno contar sin el número uno?

16. Puede haber espacio, puede haber tiempo, excepto para mí? El espacio y el tiempo me atan, sólo si yo soy el cuerpo. Yo no estoy en ninguna parte, yo soy sin tiempo. Yo existo por todas partes y siempre.

17. Tanto el sabio como el ignorante consideran al cuerpo como yo. El ignorante limita el yo al cuerpo. Para el sabio, el Sí mismo brilla en el corazón, sin límites, incluyendo el cuerpo y el mundo.

18. Para el ignorante y para el sabio, el mundo existe. El ignorante considera que sólo el mundo es real. Para el sabio, la fuente sin forma de lo visto, es real, completa.

19. La controversia sobre si el destino es más fuerte que el libre albedrío o viceversa, es sólo para aquellos que no conocen su propia fuente. Aquellos que conocen al individuo a quien pertenecen (el destino y el libre albedrío), permanecen intocados por ellos.

20. Ver a Dios como aparte del veedor, es sólo una imagen mental, puesto que Dios no está separado del veedor. Morar en el equilibrio del Sí mismo es verdadera visión de Dios.

21. Las escrituras declaran ve al Sí mismo, ve a Dios. No es fácil comprender estas ideas. Puesto que el Sí mismo es Uno no puede ser visto. Cómo puede uno ver a Dios? Sólo deviniendo alimento para Él.

22. Dios ilumina la mente y brilla dentro de ella, invisible. Cómo entonces puede uno conocer a Dios a través de la mente? Sólo volver la mente hacia adentro y fijarla en Él, es tener Su visión.

23. El cuerpo no dice yo. No hay nadie que diga yo en el sueño profundo. Cuando el
yo surge, todo surge. Encuentra con agudo intelecto, de dónde viene este yo?

24. El cuerpo es insenciente, el Sí mismo no surge. Dentro del límite del cuerpo un yo surge, entre el cuerpo y el Sí mismo. Es llamado ego, nudo de materia y espíritu,
esclavitud, cuerpo sutil, y mente.

25. Nacido de formas, enraizado en formas, alimentándose de formas, siempre cambiando sus formas, él mismo carente de forma, este fantasma del ego llega hasta sus raíces con la indagación.

26. Con la emergencia del ego, todo emerge; con su submersión, todo se sumerge. Por consiguiente, el ego es todo. Rastrear es la vía a la victoria sobre todas las cosas.

27. El yo no surge en el estado real. La búsqueda de la fuente del yo lo disuelve. De qué otro modo puede uno alcanzar el supremo estado del propio Sí mismo de uno?

28. Descubrid la fuente real del ego, explorando dentro, con intelecto agudo, regulando el soplo, el habla y la mente. Lo mismo que uno haría para recuperar una cosa que ha caído en un pozo profundo.

29. Sólo indagar, silente y profundamente, sobre la fuente de la mente, el yo, es auto-indagación. Ideas como yo soy eso o yo no soy esto, son sólo ayudas.

30. El ego cae, abatido, cuando uno indaga Quién soy yo? y entra en el Corazón. Entonces otro, yoyo, late incesantemente, por sí mismo. No es el ego sino el Sí mismo mismo, el todo.

31. Quién puede comprender el estado del que ha disuelto su ego y está morando siempre en el Sí mismo? Para él, sólo el Sí mismo es. Para él, qué queda por hacer?

32. Las escrituras afirman Eso eres tú, sin indagar y obtener el Sí mismo que brilla siempre, y permanecer como Eso. Discutir una y otra vez, interminablemente, se debe sólo a la debilidad de la mente.

33. Afirmaciones como yo no me conozco a mí mismo o yo me conozco a mí mismo, son motivos de risa. Acaso hay dos sí mismos, el veedor y lo visto? La experiencia de todos es que el Sí mismo es Uno.

34. En lugar de morar firmemente en el propio Corazón de uno, nuestro verdadero estado, disputar sobre real o irreal, con forma o sin forma, muchos o uno, es estar cegados por la ilusión.

35. Sólo la permanencia en Sí mismo es un milagro. Los otros milagros son como sueños que duran hasta el despertar. Pueden aquellos que están firmemente arraigados en lo Real, recaer en la ilusión?

36. Mientras nosotros tenemos la idea de que el cuerpo es el Sí mismo, el pensamiento de que uno es el Sí mismo es útil para ser Eso. Pero cuando uno es Eso, es tan fútil como un hombre que repite Yo soy un hombre, Yo soy un hombre.

37. Las teorías tales como la dualidad en la sadhana y el advaita sobre la realización, no son verdaderas. El décimo hombre estuvo presente no sólo cuando se le encontró, sino también durante la búsqueda con amorosa preocupación.

38. Si uno siente que uno es el hacedor, uno debe cosechar los frutos de su acción. Si uno indaga quién es el hacedor?, y entra en el Corazón, la idea del hacedor terminará y el triple karma es destruido. En verdad, esto es liberación.

39. Los pensamientos de liberación sólo están mientras uno piensa que está en esclavitud. El Uno obtiene el yo eternamente liberado por la indagación para quién es la esclavitud? En adelante, cómo pueden surgir pensamientos de esclavitud y liberación?

40. Algunos eruditos dicen que después de la liberación la forma permanece. Otros dicen que las formas no perduran. Sin embargo, otros dicen que a veces las formas permanecen y otras veces se pierden. Sólo la pérdida del ego, que examina estos tres conceptos, es la verdadera Liberación.

Ramana Maharshi


La traducción al sánscrito de Ganapati Muni del Ulladu Narpadu de Bhagavan (en lengua tamil), no es una mera traducción. No sólo expresa el verdadero sentido de las palabras de Ramana, sino que tiene un lustre propio. Lo mismo que en las Upanishads, en estos Cuarenta Versos sobre la Realidad, encontramos la expresión de una experiencia espiritual directa, siendo esa experiencia la de Bhagavan Ramana.
A base de subrayar repetidamente la necesidad de entrar en el movimiento interior de la gracia, lejos del movimiento exterior de la mente, y por su infalible técnica de auto indagación, Bhagavan ha proporcionado una vía fácil y directa a la permanencia en el Sí mismo. Es entonces decir demasiado que Visión de la Realidad es verdaderamente un deleite para los buscadores sinceros de la verdad?

Rodrigo Beltrán

Traducido y extractado de
The Collected Works of Sri Ramana Maharshi.-
Sri Ramanasramam.- Tiruvannamalai.

El Yo Testigo

El Yo Testigo

La maravilla del estado consciente

Tenemos un núcleo muy arraigado, que es algo constante y estable, pese a todos los cambios. Hay una continuidad en lo que fuimos y lo que ahora somos. Es un principio mental, intangible, de consciencia despierta, cuya existencia misma hace posible la de todos los momentos de consciencia, porque reacciona por atención o desatención a la experiencia sensorial.

La doctrina ocultista afirma que la consciencia despierta, es en sí misma un principio separado. Parte de este principio actúa sobre el cuerpo, especialmente en el corazón y cerebro. Tiene relación y
correspondencia con los centros cerebrales. La parte que así actúa, es la que se proyecta en una forma particular de espacio y tiempo y que a partir de ellos se “imagina” como ser absolutamente completo y autosuficiente. Esto es lo que conocemos por persona. Es la suma de todos nuestros pensamientos, sensaciones y sentimientos personales. Esta es la consciencia fraccionada y no la mente que la origina, la que tiene su sede en el cuerpo, en el cerebro principalmente. Este limitado campo de la consciencia se expande al espacio y varía según los individuos. Una persona sensible puede sentir esta emanación u aura, cargada de pensamientos y sentimientos de otra, que se encuentre cerca, si entremezclan sus auras.

La mente está en todas partes. El espacio es la forma que la mente asume. El espacio mismo es creado por la mente. Los pensamientos son aspectos de la consciencia. La consciencia es un aspecto de la mente.
La mente trasciende los límites de cualquier espacio particular; no tiene ataduras físicas y sólo ocurre que los pensamientos manifestados, nos parecen acontecimientos temporales.

Para la doctrina del mentalismo, todas las cosas son conocidas por la mente, sólo como percepciones mentales y sólo pueden existir, dentro de ese principio consciente, inmaterial, intangible de consciencia despierta que es la mente humana. La consciencia es la que sintetiza a través de la observación e interpretación la reacción conjunta de los órganos sensoriales y del cerebro. Las sensaciones mismas sólo son “objetos” de la atención consciente del hombre.

Durante un sueño determinado, está la personalidad activa y proyectada en el sueño, de la cual se tenía consciencia, y su espectador de quien esa personalidad misma no tenía en ese momento consciencia alguna.

En el sueño hay una naturaleza doble, esa misma doble naturaleza puede existir también durante la vigilia en que hay un espectador detrás del cual- a causa de nuestra temporal identificación con ese hombre despierto- no hay consciencia alguna de esta relación.

En el soñar y dormir no se agota la existencia de la mente. El dormir profundo, debajo de la personalidad, apunta a un estado mental más profundo, dentro del “yo” a pesar de su inconsciencia. El misterio de ser, revela su secreto únicamente cuando el hombre se vuelve consciente de lo que él es, en esta parte más profunda de su ser.

Si la personalidad individual tal como se la conoce en vigilia, no fue el origen del soñar y del dormir, entonces, “otra mente” debe haberlo hecho. Esta segunda mente, debe estar relacionada con aquélla de alguna manera. Esta es la mente más profunda que nosotros buscamos, y que no siendo lo que sueña, duerme o está despierto, observe la creación de éstos fenómenos en la persona.

El principio de consciencia despierta, es un principio universal. Como está detrás de la consciencia, no puede volverse para verse a sí misma. Se encuentra por encima de nuestra consciencia introspectiva. Normalmente no la percibimos, porque trasciende al yo “familiar” mismo. Podemos percibir su presencia cuando comprendemos que hay algo que nos permite tomar consciencia de los estados fluctuantes del “yo” superficial. Es algo inconmensurablemente superior y permanente dentro de nosotros. Es una consciencia unitaria e infalible. Es un principio mental, la esencia misma de la mente que permanece fuera de todo cambio en nosotros, que no está en espacio ni tiempo, es, por lo tanto, inmutable.

La mente puede dividirse en dos partes; aquella de la que continuamente tenemos consciencia, como persona observada y la parte que nos permite captar, que hay una persona, que es la mente observadora.

El “Yo Testigo” está presente en forma de asociación o inmanencia mística en el “yo personal” y refleja en ese yo la sensación de su propia existencia real. El yo total tiene una índole triple: el cuerpo físico, consciencia personal constituida por sensaciones , pensamientos, deseos, imágenes y tendencias kármicas y el Yo Observador, Impersonal. Este Yo es el sujeto del cual los otros son el objeto. El yo consciente es un pensamiento, el Yo Superior es puro Pensamiento.

Esta consciencia es idéntica al cuarto estado de conciencia, que trasciende el dormir profundo. Puede permanecer fuera del dormir, soñar y estar en vigilia. La persona sólo es una proyección del Yo Superior a
la que trasciende y a la que hace establecer una relación entre esa persona y todas las demás. Tiene que incluírselo en un Ser superior en el que todos son uno y uno son todos. Es un Yo universal, una individualidad superior.

La experiencia humana es el residuo final de un proceso de interacción, un tejido elaborado por una mente común en la que todos los seres humanos viven y piensan y que a su vez vive y piensa a través de ellos.

El mundo es el resultado de una imaginación cósmica e individual continuada. Hay una última instancia, sólo un simple observador, la Mente Universal y sólo una única imagen del mundo y nosotros como personas, estamos contenidos en una realidad mayor. La Verdad detrás del mundo, es su realidad esencial y permanente. La Verdad detrás del yo es nuestra propia divinidad perdurable.

El proceso de desencarnar

Este proceso es variable, depende de la “ignorancia ” de la persona que viva la experiencia. Si es ignorante, el pensamiento se adhiere al cuerpo y los sentimientos a los deseos. Aumenta el dolor físico debido al temor y al rechazo. Si la persona tiene más claridad mental como para saber que su cuerpo es la idea que
él tiene de éste y como para controlar sus deseos personales, este cambio se produce con una mayor preparación.

El ser que vive esta experiencia, siente una intensa presión en los pies que va invadiendo todo su cuerpo produciéndole entumecimiento, eso influye en la respiración, la circulación de la sangre y en los sentidos
de la vista y del oído. La sensación de estar identificado con el cuerpo desaparece y se concentra en el corazón. Se produce una comunicación telepática automática, si la persona que está viviendo este proceso, está lejos de la persona que ama, la cual sentirá desasosiego y el presentimiento de que algo malo ocurre. Si su imaginación es impresionable, verá al agonizante frente a ella. Al mismo tiempo el que agoniza ve a la persona viva, cuando ambos tienen la suficiente fuerza telepática emisora y receptora.

Posteriormente el agonizante tiene la sensación de un total desamparo, se siente arrastrado por fuerzas naturales lejos de lo familiar y querido. Desea expresar sus sentimientos, pero descubre que no puede hablar. Siente una inconmensurable soledad. La naturaleza, llena de deseos, ambiciosa de posesiones, ha caído sobre él como una fría ducha.

El ser más evolucionado, en este mismo trance, sentirá la presencia consoladora de su Maestro, o su Hermano Mayor, cuya imagen siempre aparece en este instante, para facilitarle el tránsito.

Los últimos pensamientos del que agoniza, contribuyen al complejo grupo de factores que determinan qué forma adquirirá en la próxima reencarnación. La desaparición de la consciencia, que culmina en el paroxismo de la muerte, determina que pueda percibir lo que hasta ese momento no había podido captar.

Después del último latido del corazón, el “muerto” entra en un estado de visión clarividente, que a él le pueden parecer días, pero que es mucho más corto debido a los diferentes nódulos de nuestro tiempo terrenal. Entonces, empieza a descubrir la capa más misteriosa y profunda de su mente que le ha permitido conservar un registro de todas las experiencias vividas desde la infancia a la vejez. Todo existe en forma
de cuadro. Revisa algunos episodios, muy particularmente los más intensos, de su vida pasada. Estos cuadros, impresionantemente brillantes, se presentan como externos a él. Desde el momento de la muerte el tiempo de acontecimientos y experiencias, corre hacia atrás con una velocidad desconocida e increíble. Esto sucede porque él sale del cuerpo, todavía apegado a la vida y con el deseo de volver a ella.

Hay un Yo vivo, que ha observado imperturbablemente la muerte de su ser corporal, es el mismo Yo que ha observado siempre a su yo superficial, “algo” que no ha sido reconocido como propio. Ese ser, es su propio Yo Superior. A través de sus ojos, el hombre que ha muerto, no sólo contemplará su vida, sino que se convertirá en su propio juez incorruptible. Súbitamente, el enfoque personal y egoísta lo abandona, se contempla a sí mismo no sólo como los otros lo ven, sino como es frente al poder impersonal del karma.

Todos sus actos terrenales son enfrentados cara a cara con las consecuencias que tuvieron para otras personas. En ese momento comprende que sus sufrimientos fueron provocados por su conducta, ignorada, egoísta o inadvertida. Siente que todo fue justo, pero a la vez, siente remordimientos. Contempla a los demás seres que tuvieron relación con él, como realmente son y no como pretendían ser ante sus ojos o como él creía que eran. Así, descubre que el mundo creado por él mismo era ficticio. Ahora contempla a este superficial yo, como el observador anteriormente oculto lo contemplaba, sin pasión, fatuidad o auto compasión.

Al descender en consciencia, empieza a sentir que toda su existencia ha tenido la textura de un sueño. Los hechos y personas pasados de su vida terrenal, le parecen remotos e irreales. Puede percibir sin lugar a dudas, la calidad ilusoria de la materialidad del mundo. Si puede comprenderlo y contemplar esta revelación, podrá ganar en beneficio espiritual, que se pondrá de manifiesto en la encarnación siguiente.

El hombre que pasa por esta experiencia, sin un conocimiento cabal de su enorme poder potencial, es decir, que aunque su existencia real le parezca “ahora” un sueño, no la contempla como si siempre ” fuera semejante a un sueño.

Después de estas revelaciones, el hombre se sume en un sueño sin imágenes oníricas, en un completo descanso de todo su ser, dentro de la inconsciencia simple. Ahora sí se ha completado la transición de la muerte. Ha concluido una época de la vida individual.

Ramana Maharshi, expresa a sus devotos en sus Pláticas: “si un hombre considera que nació, no puede evitar el temor a la muerte. Uno experimenta un sueño y al despertar sabe que es irreal. La experiencia de la vigilia es irreal en los otros estados. Cada estado contradice a los otros. Por lo tanto son meros cambios que tienen lugar en quien los ve, o son meros fenómenos que aparecen en el Yo, el cual es ininterrumpido y permanece no afectado por ellos. Son fenómenos igual que el nacimiento, el crecimiento y la muerte. El nacimiento y la muerte son solamente ideas. Pertenecen al cuerpo o a la mente. El Yo existe antes del nacimiento de este cuerpo y permanecerá después de la muerte de este cuerpo. Así ocurre con la serie de cuerpos considerados en sucesión. El temor a la muerte es del cuerpo. Ese temor se debe a la ignorancia. Realización significa Verdadero Conocimiento de la Perfección y de la Inmortalidad del Yo. La mortalidad es sólo una idea, y es causa de aflicción. Ud. se libera de ella realizando la naturaleza Inmortal del Yo. La armonía consiste en la realización de su no separatividad del Yo. Este Yo único que ha permanecido en tantas fases”.

“Existe un Poder Superior que puede guiar. Es la Gracia y está dentro de cada uno. El Yo está siempre allí, en la actividad y en la paz”.

“Las ideas sobre conocimiento y no conocimiento son sólo relativas y falsas. Al no ser reales, no son perdurables. El estado verdadero es el Yo. Sin dualidad. Es eterno y persiste ya sea que uno esté consciente o no. El Yo está más allá de quien conoce y del conocimiento. El yo es la fuente del sujeto y
del objeto, como ahora prevalece la mente al sujeto se lo considera la fuente. La Realidad está más allá de sujeto y objeto. Cuando a la Realidad se la realiza se sueltan los nudos del corazón y se apaciguan las dudas. La búsqueda hacia dentro, es el sendero que el intelecto del hombre ha de conquistar. El intelecto mismo, mediante práctica continua, comprende que algún Poder Superior le permite funcionar. El mismo, no puede llegar a ese Poder, por eso después de cierta etapa, deja de funcionar y cuando lo hace todo lo que queda es el Poder Supremo. Eso es la Realización, esa es la finalidad, esa es la meta.”

Nuestra idea del mundo.

Nuestra idea del mundo.

Nuestra mente crea la cosa por sí misma. Cada hombre tiene su propia sensación, no idéntica
a la de otro, sino que semejante. Cada centro de la vida consciente tiene su propia visión del contorno, a la cual registra e interpreta, según sus modificaciones y con una modalidad única.
La adapta a la forma de su propio intelecto. Esa situación hace que cada uno tenga sus propias
características de espacio y tiempo. Así se concibe el propio mundo experimentado.

Detrás de nuestra mente está la Mente Universal. Su estímulo es la base que está detrás de nuestra forma de pensamiento de una cosa, y es lo que la incita a vivir. Ella piensa sus ideas “dentro” de nuestra mente, es por eso que nuestra facultad creativa, es independiente sólo a medias. El pensamiento de la Mente es el primer responsable del mundo. El mundo es originariamente un producto de Ella, y sólo secundariamente un producto de nuestra mente por un proceso de reflejo. Nosotros no proyectamos el estímulo original. Ese reflejo es posible, porque cada pequeño círculo de una mente singular, está contenido en el círculo de mayor tamaño de la Mente que lo contiene todo. Cada individuo recrea en su propia consciencia la idea reflejada en ella por esa Mente.

La mente humana no es totalmente pasiva a la recepción de las ideas de la Mente Universal. La causa de las ideas de la mente humana está en parte en sí misma y en parte en la Mente. Quien provoca la existencia de nuestra imagen del mundo es Ella, la actualización es nuestra. Cada uno de nosotros, según sus propios límites, contempla el escenario universal. La Mente a través de nosotros, capta su idea del universo de una manera ilimitada.

Nuestra concientización del mundo externo se debe a ese elemento que está presente en las mentes individuales. De otra forma no podríamos responder a su estímulo, ni percibiríamos que las cosas están en el espacio y que se mueven en el tiempo. Si esto cambiara por un solo instante y si la Mente Suprema interrumpiera su actividad ideativa e imaginativa, el universo y todos sus seres conscientes desaparecerían. Ella está presente en todo momento y en todo lugar, y puede perpetuamente sustentar la existencia del universo, en las percepciones de todas las criaturas que lo habitan.

El universo es creado desde el interior de la mente de un hombre y no desde afuera. La facultad que lo produce es inconsciente al hombre, pero está allí. Sólo somos conscientes de nuestras propias ideas, nuestra percepción de las cosas está representada siempre por figuras mentales. La Naturaleza es una idea nuestra. Estas ideas no son las únicas que realmente experimentamos, no son sólo nuestras nociones de objetos materiales independientes, totalmente ilusorias, sino que, principalmente, esos objetos no poseen existencia actualizada, independiente de nuestras mentes. Esta existencia es en parte la Mente Universal y en parte su pasado oculto. La fuerza de su irrupción corresponde a la energía del hechizo soportado por el hombre. Los antiguos videntes asiáticos, denominaron “maya” al universo, lo que traducido equivale a ilusión.

Las ideas son fuerzas latentes de la Mente y constituyen un sistema auto activo. Toda impresión de este tipo se actualiza simultáneamente por el mero hecho de ser pensado en términos espacio-temporales: es, entonces, el objeto llamado material. La idea se presenta como una cosa debido a que ha sido re-pensada y re-sustentada en la Mente Universal. El mentalista acepta la existencia del objeto, pero niega su materialidad, separación o independencia de la idea. Afirma que ese objeto es sólo la idea de él. Cosa y pensamiento son indivisibles, porque nunca conocemos la cosa en sí sino sólo la idea. La mente es su propio espectador y espectáculo, experimentador y cosa experimentada.

La visión interior consiste en comprender que nada hay en el mundo que no sea Mente. La materia es una característica de nuestro modo de pensar la naturaleza. Las leyes de la Naturaleza material son sólo las leyes que gobiernan las apariencias y cambios de la forma de la Mente Universal. Este hecho existe en el interior de la mente y sólo allí.

De lo consciente a lo inconsciente
El cerebro es la porción tangible del cuerpo, surcada por circunvoluciones de materia gris y blanca, ubicada dentro de la caja craneana. La consciencia es la suma total de la variada serie de impresiones sensoriales, percepciones, pensamientos, sentimientos, imágenes, ideas, intuiciones y recuerdos que conocemos como propias y que no se pueden evidenciar por medio de la disección con bisturí. La consciencia es un “conocimiento” de un principio inmaterial: la mente es la luz del cerebro. La luz hace visible las cosas, pero ella es invisible. La percibimos detrás de nuestras diversas experiencias, porque ella es en sí invariable.

La experiencia del mundo, cuando se la rastrea hasta sus orígenes, se arraiga como una idea
en la consciencia. Sólo la existencia previa de la mente, hace posible la consciencia de la idea corporal. La consciencia está fuera del alcance de la percepción sensorial. Siempre piensa en algo, porque nunca está vacía. La vida mental no se agota en una forma particular de vida consciente. Este tipo de consciencia es un “estado” de la mente que incluye la posibilidad de disiparse.

La mente es la materia prima de todos nuestros pensamientos particulares e ideas corrientes. Todos los pensamientos son virtuales en la mente y actuales en la consciencia. Todo pensamiento hace una tácita referencia a lo que está más allá de la consciencia. Conocemos a la mente a través de los pensamientos que son su producto y a través de la consciencia que la mente lanza atravesando su vacío aparente. Sabemos que está presente por el efecto que produce. El primer efecto es la auto consciencia, el primer resultado es la consciencia del mundo y la primera actividad es el pensar.

La memoria
La memoria es una facultad de un gran valor inmaterial, que no ponderamos debidamente. Se debe a que la existencia de la mente es ininterrumpida. Los recuerdos son imágenes mentales de formas de pensamientos recuperados desde el pasado que vuelven a surgir y que proceden de nosotros mismos.

Tiene que haber un eslabón que comunique los estados conscientes actuales y los pasados, ese eslabón es la propia mente. Debe haber un estrato de esta mente, muy profundamente debajo de la consciencia común en el cual los recuerdos se conserven. La existencia de la mente es el contacto con el pasado, que nos vuelve nuestro recuerdo personal al despertar de un dormir profundo y con él el reconocimiento del mundo. Esto es así, porque las raíces de la mente están ocultas más allá de nuestra consciencia, en cambio sus frutos son visibles en la consciencia.

A esta consciencia subterránea se le llama inconsciente. Es paradójico que llamemos inconsciente a lo que contiene en sí todas las potencialidades de la consciencia. Existe una única mente, pero desde nuestra perspectiva, es consciente solamente en un sentido humano finito . Nuestro tipo de
consciencia es un estado, no una clase separada y diferente de mente. La mente está presente antes del comienzo de la actividad del pensar consciente. Es la desconocida consciencia interior.

El actual grado de evolución del hombre tiene como consecuencia que toda su experiencia del mundo debe someterse a ciertas formas limitadas de espacio y tiempo, antes de ser captada por su consciencia individual. La parte oculta de la mente es tan real como la manifiesta, es la parte secreta de nuestra vida superficial.

La fuente de la intuición y la inspiración
El yo del estado de vigilia recibe del estrato más profundo de la mente, en especiales circunstancias, repentinas intuiciones y espontáneas inspiraciones. La intuición es un destello espontáneo, pasivo, receptivo e involuntario, que no guarda relación con algún pensamiento anterior. Es por eso que revela un horizonte nuevo sobre un tema particular. La mente tiene el poder de actuar según su propia manera misteriosa que le permite prescindir del pensamiento y enviar sus resultados a la consciencia superficial.

La intuición tiene mucha fuerza cuando toma una dirección negativa, por ejemplo, para prohibirnos un determinado acto. Se anula cuando predominan en nosotros los prejuicios y deseos relacionados con el asunto. Pasado un tiempo puede reaparecer y allí nos recuerda el error de haber seguido el impulso de nuestros sentimientos personales en lugar de haberla captado en su fugaz manifestación.

Hay un tipo de intuición que tiene toda la humanidad y que no se manifiesta de un modo extraordinario. Es una facultad que a veces se presenta teñida de emociones, deseos y egoísmos, que confunden sus contornos. Es lo que comúnmente se llama voz de la conciencia o voz interior. Es la destilación de muchas experiencias vitales acumuladas, que asume la forma de conciencia moral, juicio crítico y/o sentido artístico. Es el resultado de esta encarnación y de las anteriores. Estas experiencias están acumuladas en los niveles más profundos de la memoria y dejan como herencia esas intuiciones.

El cuarto estado de consciencia
El centro cerebral sub-cortical, mide la continuación del estado de vigilia, pero no lo crea. El dormir surge cuando el Yo Superior reune todas las fuerzas de su personalidad proyectada y las pone a descansar en el centro del corazón y con esto interrumpe la facultad individual de producir imágenes y sensaciones.

Nuestros pensamientos nacen con la vigilia y mueren con el dormir. Si no logramos contemplar el mundo durante el sopor profundo, es debido a que nuestros pensamientos han dejado de trabajar.

El dormir produce, como su principal valor, el restablecimiento espiritual. Al suprimir el movimiento discursivo de la mente, nos libera de la idea del cuerpo, del mundo y de sus preocupaciones. Cuando nos dormimos penetramos en esa mente que es el verdadero origen de nuestra consciencia porque, al desaparecer las creaciones mentales, hace que ésta se acerque a su propia y prístina índole, a su realidad interna. Así, este estado de la mente es, desde el punto de vista metafísico, el más valioso aun cuando desde el punto de vista práctico, no sea tan valorado.

El hombre no ha hecho el esfuerzo de librarse de sus ataduras, impresiones básicas mentales, de los deseos terrenales, tendencias emocionales, etc. y la Naturaleza no le ha concedido gozar de la consciencia de la liberación de todo pensamiento durante el dormir y sólo puede percibir un fugaz instante de resplandor que sigue al despertar. Para que la experiencia se haga presente, debe esforzarse por merecerla. Si deliberadamente pudiera disminuir al máximo su pensamiento, asemejando así todo lo posible el estado mental de su vigilia al del dormir, y pudiera lograr esto
en su pleno dominio de la comprensión intelectual necesaria para captar todo lo que implica, ese individuo podría experimentar conscientemente un estado de calma, salud, paz y libertad.

Este cuarto estado se relaciona con la beatitud mental alcanzada en la meditación y trasciende los estados de vigilia, soñar y dormir. Se puede obtener en cualquier momento y lugar y por el hecho de que supera la inconsciencia del dormir se puede llamar estado trascendente. Es una mezcla paradójica de un profundo dormir y de una plena consciencia. Es por eso que está fuera del alcance de la comprensión ordinaria.

Perdemos la consciencia al dormir, porque el estado mental al que regresamos, posee un radio de vibración mucho más amplio que el del intelecto despierto. Este es periódicamente arrastrado por una poderosa fuerza magnética hacia la parte más profunda de su ser, pero no puede ensanchar su radio de proyección para captar la consciencia más vasta del cuarto estado. Así, desfallece y se duerme.

El cuarto estado es la imperturbable e indestructible consciencia de la esencia mental. Este cuarto estado o trascendente, incluye los otros tres estados y abarca la totalidad de la vida, pero no en una visión intelectual, sino en una visión profundamente mística. Su nombre en sánscrito es Turiya, que es otro nombre del Yo, y es la Realidad Unica.

Sri Ramana Maharshi, expresa en sus Pláticas: “la única Realidad es el Yo, la persistencia de la Realidad se potencia si desaparece la identidad falsa. Esto no significa que la Realidad no esté aquí y ahora. Está eternamente aquí y es eternamente la misma . Está en todas nuestras experiencias. El ego falso se asocia con los objetos; este mismo ego es su propio objeto. La objetividad es la falsedad. Sólo el sujeto es la Realidad. No se confunda con el objeto, con el cuerpo. Esto hace surgir el ego falso y, como consecuencia, el mundo y la actividad en él, cuyo resultado es la aflicción.

Origen de los sueños

Origen de los sueños

Para la Doctrina de que Todo es Mente, los sueños son la entrada a la primera región de la mente. El análisis de las regiones inconscientes, llevó a Freud a suponer que siempre tenían una connotación sexual. Según esta Doctrina, los hábitos y tendencias, no son sólo heredados de actitudes paternales, circunstancias de la infancia, etc., sino que también vienen de fuentes que provienen de existencias anteriores.

El sueño tiene un profundo significado, es mucho más que un hecho psicológico y fisiológico. Su significado profundo nos ayuda a una comprensión superior de la verdad. Una tercera parte de nuestra vida la ocupamos en el sueño. La privación de él nos conduce a la locura e incluso a la muerte. Los problemas más profundos de la mente del hombre se pueden dilucidar con un estudio profundo del dormir soñando y del estar en vigilia.

Durante el sueño todas las funciones se aquietan. Pero no mueren las energías ni movimientos del estado de vigilia. Se reparan los tejidos y el hombre empieza a relajar el control voluntario y la inteligencia crítica. A medida que se acerca el sueño los pensamientos disminuyen, la consciencia se aísla del mundo físico, todo desaparece, el hombre no ve, ni huele, ni gusta, ni oye: allí, un sueño penetra en él.

Son varios los mecanismos responsables que ponen en marcha las imágenes oníricas. Sin embargo, la facultad representativa de la consciencia soñadora es tan sensible y expansiva, que es inútil interpretar los sueños según métodos empíricos, teorías psicoanalíticas o libros estereotipados, exclusivamente.

Los sueños que pertenecen al ser instintivo del hombre, son aquellos que se vuelven burda y groseramente exagerados. Suceden cuando una experiencia física externa, es su verdadero punto de partida. Este tipo de sueño, el hombre lo comparte con animales superiores y con personas bajo el efecto de drogas.

Se deben a que en el centro sensible dentro de la capa exterior del cerebro, se produce una magnificación, que irrumpe a través de los otros centros especializados en la consciencia individual, en la forma de impresiones sensoriales de esa consciencia, es decir, de la experiencia exterior del mundo. La impresión física originaria o una perturbación física, en la mente del soñador o una persona drogada, se dramatiza y
se convierte en algo fantásticamente remoto y sin relación con su origen. Flota en la consciencia soñadora por un tiempo prolongado. Esto sucede así, porque las tendencias dramatizadoras y simbolizadoras constituyen una parte natural de la facultad imaginativa, en los estados libres del arrobamiento onírico y
de la visión mística.

En los sueños del ser instintivo, el soñador no recibe la imagen completa, sino sólo un pequeño fragmento representado por la perturbación física determinada que provocó el sueño. Como consecuencia, la facultad de producir imágenes, es libre de seguir su propio curso. Pero no es tanta la libertad, debido a que la imagen se crea sobre la base de la perturbación física que dio origen al sueño, a la que permanece relacionada confusa y remotamente.

La memoria también, en este caso, puede reproducir fragmentos de experiencias anteriores que son incorporadas. El proceso amplificador que se desarrolla en la capa más externa del cerebro, por medio de una acción puramente mecánica, se libera y despliega. Su función está parcialmente dislocada, debido a esto se pueden producir experiencias fragmentadas, sin una lógica secuencia. Así se constituye el tejido
de los sueños. Este desorden y confusión se debe a que la recepción cerebral se ha liberado parcial y temporalmente, por ésta causa, la facultad elaboradora de imágenes trabaja mecánicamente, en gran medida, por sí misma.

El sueño es desordenado, pero no exagerado, cuando el centro amplificador permanece en orden, en este caso sólo la facultad creadora de imágenes se libera. El material del sueño puede provenir de contribuciones mnemónicas y en parte de la exuberancia de la fantasía. En el primer caso, el sueño aparece con una racionalidad intermitente, y en el segundo caso, de la fantasía se obtienen otros elementos desconectados y arbitrarios.

El origen de muchos de estos sueños es la fuerza de la sugestión extraída de la memoria de experiencias
de vigilia. Los acontecimientos, emociones, pensamientos, etc. pueden rastrearse – durante las 24 horas previas a las fantasías creadoras – de impresiones pasadas que ya habían sido olvidadas, pero que se conservaban muy bien. Pueden aparecer estas fantasías muy distorsionadas, porque la influencia moderadora de las facultades superiores del intelecto, la razón, la reflexión critica y el juicio valorativo, resultan superados por la facultad libre de la elaboración de imágenes. Esto trae como consecuencia, una parcial falla en la discriminación y clasificación de las imágenes. Las facultades superiores no están anuladas del todo y ejercen un cierto control que no es uniforme.

Durante el sueño, el freno de la razón y de la voluntad se afloja, las tendencias representativas y simbolizantes se entregan a una actividad libre, se asocian mecánicamente ideas similares o imágenes opuestas que generalmente están muy débilmente ligadas. Sin embargo, por grotescos que resulten los sueños, responden en general a la experiencia de vigilia, porque responden a la necesidad de presentar sus imágenes en el espacio, sus acontecimientos en la secuencia temporal y sus personajes humanos, de acuerdo con actitudes comprensibles.

La mayoría de los sueños no reportan ningún beneficio. Un sueño se vuelve significativo, cuando la consciencia se ha replegado completamente en el centro del corazón (Chakra Anahata), se ha liberado de
la contribución cerebral y está funcionando nuevamente en completa armonía con la imagen rectora del mundo que se halla dentro de él. Su significado y valor, debe captarse intuitivamente al despertar. Un sueño puede ser alguna percepción exacta de algún acontecimiento que sucede a gran distancia en el espacio o en el tiempo. Puede ser una auténtica visión clarividente.

La intensidad de la atención nos capacita para percibir el presente como real y otros instantes como ilusorios. El tiempo es o todo real o todo ilusorio, pero no puede ser ambas cosas fragmentadas. Pero el tiempo no se puede clasificar porque es un producto mental. Para resolver un hecho predictivo, tenemos que resolver primero los misterios superiores de la mente. La sensación del tiempo es de la misma índole que el de una idea, porque la misma serie temporal que rige la vida de la vigilia no rige la vida del sueño; y puesto que la experiencia sensorial física es en esencia mental, resulta más fácil para la mayoría de las personas, por medio del sueño, que a través de estar despiertos, que la mente capte el futuro con bastante exactitud y se proyecte adelantándose a los acontecimientos físicos en los que está envuelto el cuerpo. Esto sería la explicación racional de la mayoría de los sueños proféticos.

Cuando soñamos cosas, pensamientos, personas, etc. que no podemos adscribir a percepciones previas de la experiencia, se producen imágenes de recuerdos muy vívidos y quedan en la memoria por muchos años. Estos sueños pueden ejercer una profunda influencia en alguna actitud de nuestra vida consciente.

La sensación de familiaridad frente a lugares desconocidos o personas cuyo trato no nos es habitual, puede ser el origen de un sueño de este tipo. Estos sueños, surgen de nuestro karma o son transcripciones vagas de sueños anteriores. Sus raíces se hunden profundamente en encarnaciones previas y reviven acontecimientos sucedidos entonces.

Hay sueños que son más importantes porque se originan en un plano superior de la mente, muy superior al de la parte animal de nuestro ser. La persona que durante la vigilia, no responde al llamado de su Yo Superior, podría responden más fácilmente, durante las horas de sueño. Es así, porque su voluntad egoísta está más relajada y porque se encuentra más cerca de la fuente de la consciencia. Son sueños de orden superior y espiritual los que aportan buenos frutos cuando la persona despierta.

También hay sueños en los que una persona acostumbrada a vivir en el Yo Superior se presenta a un amigo, estudiante o partidario para darle ánimo, hacerle una advertencia o guiarlo durante una época crítica, que invariablemente se presenta en forma de visión, muy clara, en los momentos previos a la muerte.

La persona que haya logrado un completo control sobre sus impresiones sensoriales en su estado de vigilia habrá conseguido igual control de sus impresiones de su estado como durmiente. Su vida onírica será ordenada, coherente y racional.

Diferencias entre sueño y vigilia.
Una de las diferencias entre el sueño y la vigilia, es que éste no es tan vívido como aquella. Esta diferencia desaparece en sueños inferiores, pesadillas o en sueños superiores de experiencia estética o espiritual. Se debe a que en la vigilia, la mente se concentra en un foco menos difuso, se vive con más intensidad la experiencia.

Hubo un personaje en la historia, en el que carecía de diferencia el estar en vigilia o soñar, : Chuang-Tzu, que no tenía claro si había soñado que era una mariposa o si era una mariposa que soñaba ser un hombre.

Un sueño se termina, en cambio la vida en vigilia se continúa día a día, las cosas físicas siguen apareciendo; cada vez que dormimos no regresamos al mismo mundo soñado. Tomamos consciencia del estado de dormir estando en vigilia, en cambio durante el sueño, ignoramos el otro estado. Se produce este olvido, porque la consciencia se ha replegado hacia dentro casi totalmente durante el sueño, desconociendo lo que queda fuera de su propia esfera, en cambio durante la vigilia, alcanza la cumbre de su propia evolución. La autoconsciencia está menos marcada en el estado de sueño.

En la consciencia podemos reconocer tres modalidades: En el estado de vigilia se expande completamente; cuando sueña, está a medio camino, dilatada a medias; cuando duerme, se contrae por completo.

La “mente” es algo más que la consciencia y tiene primacía sobre ella. La consciencia es un aspecto de la mente. Se encuentra en un estado nocturno durante el dormir profundo, en un estado crepuscular durante el dormir con sueños, en un estado de pleno resplandor durante el estado de vigilia.

Imaginar es la facultad básica del universo y mirado esto con un enfoque evolutivo, en la condición de soñar el hombre recorre la mitad del camino de regreso a su ser original, porque la facultad elaboradora de imágenes, trabaja en una condición menos restringida y plena. Por eso es natural en el sueño que fluyan fantasías

Si estamos inmersos en un sueño, consideramos estas fantasías genuinamente reales. El mundo real posee un valor superior del que tiene el mundo onírico, porque la mente tiene una función más clara y plena. Esta es la diferencia fundamental entre ambos estados de consciencia, sin embargo, los dos son construcciones mentales. El sueño señala la primera etapa de un retorno a la mente de la consciencia individual proyectada desde ella; el dormir constituye la segunda etapa.

La naturaleza capacita al hombre para desprenderse periódicamente de sus ataduras, por medio de una frecuente ruptura de su estado de vigilia y de su vida terrenal. La primera en el dormir y la segunda en la muerte.

Estas experiencias determinan en el hombre distintas intuiciones que dependen del contexto en el que viva: raza, país, época, cultura personal. Esas intuiciones son: primero reconoce vagamente un Poder Superior, después en la segunda etapa – se aclaran más sus intuiciones y se ve obligado a contemplarse en su interior y reconocer la Paz que está ligada a ese Poder; la tercera etapa es aquella en que empieza a formular ciertas preguntas que conmueven su razón, a las que finalmente les encuentra una respuesta racional. La primera etapa es la del devoto, la segunda es la del místico, la tercera es la del metafísico.

La Naturaleza, más tarde, se esfuerza por equilibrar la evolución interna del individuo, con resultados exteriores y por desplegar la segura y reiterada visión que trasciende toda visión e intuición.

El ser humano tiene que cumplir su destino espiritual y su realización individual superior sólo a través de la maduración de la consciencia, y es por medio de su contribución que puede gradualmente tomar consciencia de su Yo Superior.

Ramana Maharshi

Ramana Maharshi

maha2Su vida, su obra

En una calurosa noche del 29 de diciembre de 1879, a la una de la madrugada, en la ciudad de Tiruchuzhi, al sur de la India, en la región de Tamil, los devotos traían de vuelta al templo la imagen de Shiva engalanada de flores. Al son de sus tambores llegó al mundo Venkataraman. En él Shiva habría de manifestarse como Sri Ramana.

Creció junto a sus dos hermanos y una hermana, desarrollando una infancia normal y saludable. Gustaba de los deportes y gracias a sus prácticas de lucha, box y natación logró un cuerpo atlético y sano. A los doce años quedó huérfano de padre y se fue a vivir con su tío paterno en la ciudad de Madura. Allí continuó sus estudios en las escuelas locales, aprendiendo los primeros rudimentos del inglés.

Hasta esa fecha no demostró ningún indicio que hiciera sospechar su futura transformación en el sabio que fue, ese hombre iluminado cuya sola mirada transformaría a otros. Sólo puede hacerse notar su notable memoria que le permitía retener íntegramente lo leído o estudiado.

Otro aspecto muy llamativo en su adolescencia era su capacidad de caer en un profundo sueño nocturno,
de tal forma que nada ni nadie lograba despertarlo. Hecho que aprovechaban algunos de sus compañeros
de colegio para gastarle bromas, a veces sacándolo de su lecho y dejándolo en otros lugares. Incluso hasta lo zurraban, siendo que cuando estaba despierto, ninguno se atrevía con él por temor a su fuerza y entereza. Al día siguiente, Ramana no recordaba nada, y sólo se enteraba de lo sucedido preguntando a los demás.

En otras ocasiones pasaba la noche en una especie de duermevela. Podría decirse que estos dos estados fueron síntomas prematuros de su despertar espiritual. el dormir profundo como la habilidad aún poco precisa de ir más allá del pensamiento, y el duermevela como la capacidad de observarse a sí mismo.

Pero, en realidad, la primera señal clara de su despertar fue una premonición de Arunachala, la colina sagrada. Esto le sucedió al escuchar a un pariente decir que venía de allí. Al darse cuenta de la existencia de esta colina como un lugar real, factible de ser visitado, quedó intensamente conmovido y tuvo una visión luminosa que hizo surgir en él un gran sentimiento de esperanza. Esto lo dejó tan impresionado que podría pensarse que fue la proyección de su destino lo que le llegó en ese instante. Ocurrió en noviembre de 1895 casi a los dieciseis años.

Muy pronto apareció una segunda señal. Fue provocada por la lectura de un texto con la biografía de los sesenta y tres santos tamiles. Le causó tal impresión la existencia de tanta fe, amor y fervor divino en la vida de estos santos, que sintió un fuerte impulso de emularlos en esa vía de renunciamiento y de búsqueda de la unión divina.

El despertar propiamente tal ocurrió ocho semanas antes de abandonar su casa. Estaba solo en su habitación y le sobrevino un tremendo temor a morir. No sufría de ninguna enfermedad ni dolencia que justificara ese miedo. Sin encontrarle explicación, se tendió en el suelo y dijo: Bien, voy a morir. Contuvo la respiración y se quedó inmóvil, mientras se preguntaba en su interior: Este cuerpo muere, pero al morir el cuerpo muero yo? Soy yo el cuerpo? A continuación cayó en un trance profundo y se unió a la verdadera esencia de su Ser, conservando intacta la consciencia. Este estado de Samadhi rara vez se alcanza en la vida terrena, y, en el caso de Sri Ramana, se presentó tempranamente y sin preparación previa.

Salió muy cambiado de esta experiencia, perdió el interés por los deportes, el estudio y los amigos. Tenía un único pensamiento centrado en la sublime consciencia del verdadero Yo. Empezó a gozar de una serenidad interior y de un vigor espiritual que ya nunca lo abandonaría a lo largo de su vida. Hiciera lo que hiciere, se centraba en su Yo. Se dirigía todas las noches al templo de Madura permaneciendo inmóvil ante la imagen de Shiva y de los sesenta y tres santos tamiles, sintiendo que grandes olas de emoción se apoderaban de él. Por fin su alma había escapado a la esclavitud del cuerpo. Esta libertad le sobrevino el mismo día que renunció a la idea de yo soy el cuerpo.

Sus conocimientos religiosos eran escasos de modo que sólo contaba con lo que intuitivamente sentía. Sólo más tarde podría dar nombre a sus primeras experiencias a través del estudio de los libros sagrados. Entonces supo que el estado en que se encontró entonces se llamaba Vijnana, o la intuición de los iluminados. A partir de su primera experiencia, se produjo en él un estado ininterrumpido de presencia del Yo. A diferencia de otros místicos que se ven transportados temporalmente a un éxtasis, para él esto fue permanente. No hubo ningún esfuerzo ni disciplina espiritual, ni lucha por sumergirse en el Yo, ya que su ego – cuya oposición provoca la lucha – había sido disuelto.

Dos meses después de ese despertar abandonó la ciudad de Madura. Se dio cuenta que su destino era otro. Dejó una carta para no preocupar a su familia en la que escribió: Voy en busca de mi Padre tal como El lo ha ordenado. Me he embarcado en una empresa virtuosa, por consiguiente, nadie debe llorar este acto ni gastar dinero en mi búsqueda. Y partió a Tiruvannamalai en busca de la colina de Arunachala. Su alma liberada del cuerpo buscaba todavía un fundamento permanente en el Yo con el cual había realizado su unidad.

Después de un largo viaje no exento de peripecias llegó a Tiruvannamalai, dirigiéndose inundado de gozo hasta el Templo de Arunachala, su lugar elegido. El santuario interior estaba abierto y vacío. Entró sintiéndose fuertemente impresionado y profundamente conmovido ante su Padre, Shiva, sumergido en la felicidad de su unión con él. Era el l0 de septiembre de 1896.

Desde ese instante se puede decir que empezó la segunda etapa de su vida posterior a la realización del Yo. Aquí volvió la mirada a su mundo interior, olvidándose por completo del mundo exterior. Permaneció durante seis meses en distintos lugares del Templo, completamente absorto en su meditación, recibiendo los escasos alimentos que le proporcionaban algunos devotos que llegaban al lugar. Estaba en constante estado de samadhi, sentado completamente inmóvil durante días y noches, absorto en la felicidad del Ser. En ese período de completo olvido de su cuerpo, fue atacado por hormigas y sabandijas, hasta tal punto que su cuerpo quedó plagado de heridas infectadas. Dadas sus condiciones físicas y, con el afán de protegerlo, lo trasladaron al Santuario de Subramanian sin que él revelara tener consciencia de lo que hacían con su cuerpo. Continuaba sentado en samadhi, siendo necesario que los devotos le introdujeran la comida en la boca, porque él no ponía la menor atención en alimentarse.

En total pasó dos años y cuatro meses en los Templos y jardines de Tiruvannamalai en completa inmovilidad. Su ascetismo no era para lograr la realización, sino el resultado de ella. A fines de 1898 se trasladó a vivir a la colina de Arunachala, lugar que no abandonaría hasta su muerte en 1950. La primera parte de ese tiempo vivió en diferentes cuevas ubicadas en las laderas, hasta que en 1922 se trasladó al pie de la colina donde más tarde se construiría el Ashram a su alrededor.

Durante los primeros años que permaneció en la colina de Arunachala, Sri Ramana continuó en su mutismo, dedicado al estudio de los libros sagrados, empezando a acumular la vasta erudición que lo caracterizaría más adelante. Su iluminación había atraído grupos de devotos quienes, después de permanecer frente a él, regresaban a sus casas con el corazón lleno de alegría no importando cuales hubieran sido sus tribulaciones. Su presencia era suficiente para colmarlos de seguridad espiritual y emotiva felicidad.

A veces escribía explicaciones para sus discípulos, pero la ausencia de palabras, que era lo que lo caracterizaba, no fue obstáculo para este Maestro Iluminado. Su enseñanza la hizo en completo silencio, en la tradición de Dakshinamurthi; una tradición también existente en China implantada por los sabios taoístas que dicen : El Tao que puede ser nombrado, no es el verdadero Tao… Así el conocimiento que puede ser formulado no es el verdadero conocimiento. Esta enseñanza silenciosa del Bhagavan (el divino) era una influencia espiritual directa que la mente absorbía y que más tarde era interpretada de acuerdo a la habilidad o nivel de ser de cada uno.

El escritor Paul Brunton, quien llegó a Arunachala en busca de sabiduría y que a futuro se convertiría en biógrafo y divulgador de las enseñanzas de Sri Ramana, nos relata su primer encuentro: No podía apartar mi mirada de él. Mi confusión inicial, mi perplejidad al ver como me ignoraba, fueron cediendo lentamente ante aquella extraña fascinación. Pero fue pasada una hora de estar frente a él, que tuve consciencia de un silencio, de un cambio que se realizaba en mi mente. Una tras otra, las preguntas que había preparado fueron esfumándose, sólo notaba que un firme río de paz fluía muy cerca de mí, que una gran paz penetraba en lo más hondo de mi ser, y que mi cerebro atormentado se serenaba.

La acción del Bhagavan no sólo llevó la paz a la inquieta mente del intelectual, sino que también a miles de corazones doloridos, a muchos seres humanos que se sintieron tocados por su compasión frente a las tribulaciones o enfermedades que traían ante él. Algunos, al experimentar el alivio a sus pesadumbres, descubrían a su vez un campo de servicio y entrega en el mismo Ashram y eso hacía que encontraran un verdadero sentido a su vida. Un ejemplo fue su madre, quien en un principio trató vanamente de convencer
a su hijo que retornara a su hogar y a sus estudios, y que más tarde, al ser tocada por esa luz que él irradiaba, se dedicó a servir en el Ashram como una devota más.

Junto a estos aspectos que lo destacaban, como su iluminación, su austeridad para vivir, su gran compasión frente al dolor humano, se podía encontrar en él a un hombre absolutamente natural y espontáneo, que había dejado atrás el sendero del aislamiento. Tenía un gran sentido del humor, sus risas semejaban las de un niño. En el Ashram todo marchaba ordenado y puntual, siendo él el primero en dar el ejemplo, acatando todas las órdenes que le parecían justas y analizando las que no encontraba adecuadas. Hubo una época en que se levantaba a las cuatro de la mañana para colaborar en la cocina, pelando o cortando vegetales. Recomendaba el aprovechamiento máximo de todos los recursos materiales. Era fácil para los devotos que vivían en el Ashram compartir con él durante el día.

En el curso de los años su rutina cambió muy poco. Recibía a los visitantes día y noche, dándole a cada uno esa luz que había venido a buscar. Su rostro cambiaba con facilidad, era sorprendente cuán rápido pasaba de la amabilidad a un aspecto de grandeza, de la risa a la compasión. No era hermoso desde un punto de vista estrictamente estético y, sin embargo, el rostro más perfecto resultaba trivial a su lado. Había algo muy especial en él que penetraba de un modo profundo en la memoria y resurgía cuando otras imágenes se esfumaban. Incluso quienes sólo lo han conocido por fotografías, lo recuerdan especialmente. Hay algo en su imagen que nos traspasa y nos toca el corazón. Podríamos decir que nos mira directo a los ojos, con un amor y una compasión inmensa, como si viera a través nuestro y supiera todo lo que nos aflige.

A partir de 1947, la salud de Sri Bhagavan empezó a empeorar. El reumatismo ya había anquilosado sus piernas y se extendía hacia la espalda y los hombros. Presentaba una gran debilidad física, como si el peso del Karma del que había alivianado a tantos devotos cayera sobre sus hombros. Para él, la vida terrenal no era un tesoro que conservar, así que mantenía la serenidad frente a sus dolores, e incluso procuraba consolar a quienes sufrían por su estado y temían su muerte.