La Persona como Centro

C. R. Rogers y R. L. Rosenberg
Editorial Herder.

Esta obra ofrece una excelente introducción al método psicológico del conocido pensador y terapeuta norteamericano. El famoso psicólogo y su discípula Rachel L. Rosenberg explican su punto de vista, basados en su propia experiencia como terapeutas, pero también en su evolucion individual como personas. Trata de la relación entre personas en general, y no sólo entre terapeuta y cliente o entre educador y educando, como centrada, sobre todo, en el intercambio afectivo (sentimientos) y no únicamente en la objetiva y distanciada transmisión de contenidos ideológicos. En consecuencia, la “empatía” se destaca como principal condicionante de la eficacia de la relación en el desarrollo o integración de la persona. Por tratarse de una relación total, se entiende que en ella se transforma no sólo el cliente sino también el mismo psicólogo.

Este modo de ver discrepa del psicoanálisis en su modestia doctrinal o teórica ya que no aspira a construir un sistema. También discrepa del conductismo por la concepción humanística del comportamiento. Por otra parte, se señalan coincidencias con otras corrientes psicológicas (Lilly), antropológicas (Cortaveda) y religiosas (Buber, Zen, etc.)

Breve Historia de Nuestros Yoes

Breve Historia de Nuestros Yoes


Aunque la idea de que un cuerpo pueda albergar dos o más yoes resulte bastante extraña, son muchas, si lo consideramos con más detenimiento, las evidencias que apuntan en esa dirección. De qué otro modo podríamos explicar las posesiones, los diálogos que las personas mantienen con sus ancestros, la sabiduría supuestamente divina de los guías espirituales, los mensajes recibidos de dioses personales, la consulta a los oráculos o el contacto con guías interiores? No es precisamente por esto por lo que actuamos, asumimos roles, vivimos a la altura de nuestras expectativas y, de ese modo, nos reinventamos de continuo? Y esto es algo que, de manera habitual, aunque quizá menos evidente, podemos advertir también en nuestros cambios cotidianos de conducta y de estado de ánimo. No les parece acaso que las expresiones no sé lo que me pasó o no era yo expresan claramente el reconocimiento implícito de un yo ajeno al que está hablando?

Son muchos los grandes filósofos, psicólogos o psicoterapeutas que han reconocido la multiplicidad esencial de la mente humana. En la antigua Grecia, por ejemplo, Platón consideraba que nuestra psique está compuesta de tres aspectos diferentes, el auriga, es decir, el yo racional, y un par de caballos, a los que se consideraba como el espíritu y los apetitos. En el s. IV, san Agustín dejó escrito que su viejo yo pagano se le aparecía durante la noche para atormentarle. Y no cambian continuamente de identidad los personajes de Shakespeare, como evidencian, entre muchos otros, los casos de Hamlet, Otelo y Macbeth, hasta el punto de que bien podría decirse que padecen un trastorno de personalidad múltiple?

El modelo freudiano de yo, ego y superego introdujo, en el s. XX, la noción de una división horizontal entre la mente consciente y la mente inconsciente y la teoría de los arquetipos de Jung conocía la existencia, en el inconsciente, de entidades separadas muy poderosas. La influyente escuela de la psiquiatría de las relaciones objetales afirma, por su parte, que los objetos externos pueden interiorizarse hasta convertirse en una especie de personalidades, y el análisis transaccional, desarrollado en los años cincuenta del pasado siglo por Eric Berne, se basa en la noción de tres instancias internas diferentes, el niño, el adulto y el padre.

Pero el psiquiatra italiano Roberto Assagioli, que desarrolló una modalidad de terapia llamada psicosíntesis, quizás haya sido quien más claramente expresó la idea de que el ser humano está compuesto de varias personalidades, a menudo conflictivas. No estamos unificados escribió-. A menudo sentimos que lo estamos porque no tenemos muchos cuerpos ni muchos brazos y porque una mano no suele golpear a la otra. Pero lo cierto es que, metafóricamente hablando, esto es precisamente lo que ocurre, porque nuestras diferentes subpersonalidades compuestas de impulsos, deseos, principios y aspiraciones- están enfrentadas y sumidas en una lucha incesante.

Veinte años después, el psicólogo estadounidense John Jack Watkins y su esposa Helen desarrollaron una terapia de estado del ego, que considera nuestra personalidad como una familia de yoes y emplea técnicas hipnóticas para ponerlas de relieve. Aproximadamente al mismo tiempo, los doctores Hal y Sidra Stone, psicólogos de California, empezaron a desarrollar un sistema terapéutico destinado a promover el diálogo de voces entre nuestros diferentes personajes internos.

Los hallazgos realizados paralelamente por la moderna investigación neurocientífica parecen sugerir la inexistencia en el cerebro humano de un yo esencial. Cuanto más sabemos sobre el funcionamiento de ese extraordinario órgano, más evidente resulta que cada uno de nosotros no es más que un puñado de respuestas biológicamente programadas o aprendidas que se ven activadas cuándo y cómo la situación lo requiere. Como dijo Robert Ornstein: Nuestra mente encierra un conglomerado cambiante de pequeñas mentes diferentes, reacciones y habilidades fijas y pensamientos flexibles, entidades que, después de ser activadas y cumplir con su función, se ven descartadas y vuelven a ocupar su lugar. Desde la época en que Ornstein escribió esto, la tecnología de imagen cerebral ha permitido la observación de esta caleidoscópica actividad cerebral en la pantalla de un ordenador. El escáner cerebral de las personas aquejadas de personalidad múltiple extremo ha puesto de relieve las neuronas asociadas con la activación de un determinado personaje y con la desactivación de otro, como una especie de interruptor, cuando la persona cambia de conducta, de estado de ánimo e incluso hasta cambia los recuerdos a los que puede acceder. Así pues, aún en la árida prosa habitual en los informes científicos, los investigadores parecen señalar, dentro del mismo cerebro, la existencia de diferentes yoes.

Resulta curioso, pues, que a pesar de todo ello, el cambio de personalidad aún es considerado como algo extraño y misterioso que se asemeja más a la posesión espiritual que a un fenómeno fisiológico natural. El lenguaje coloquial, por otra parte, sigue apelando todavía al lenguaje de la posesión. Describiendo el proceso de la creación musical, por ejemplo, el compositor David Gray dice: Empiezas jugueteando con unos cuantos sonidos y divirtiéndote con ellos pero, cuanto más profundizas, más grande y ambiciosa es tu exigencia, hasta que ves asomar un rostro malcarado y acabas poseído. Pero la investigación científica sobre la multiplicidad tiene una larga historia cuyas raíces se entremezclan con la superstición.


Sacerdotes, posesión y la pianista múltiple de Mesmer
A finales del s. XVIII, los casos de posesión se trataban generalmente mediante el exorcismo. Uno de los exorcistas más conocidos de esa época era el sacerdote llamado Johann Gassner, que trabajaba en Suiza y pronunciaba sus encantamientos rituales haciendo oscilar, a modo de péndulo, un crucifijo de metal frente al sujeto.

Mientras el padre Gassner se hacía famoso por su victoria sobre los demonios, otro estrambótico personaje, un médico austriaco llamado Franz Antón Mesmer, se esforzaba en encontrar una explicación natural (en lugar de sobrenatural) a los poderes curativos de la interacción interpersonal. Era mucho (tanto como ahora) el interés que en esa época despertaban las fuerzas, los fluidos y las energías misteriosas y también resultaba muy difícil (tanto como ahora) diferenciar las supersticiones absurdas de los últimos descubrimientos realizados por la ciencia.

Mesmer creía haber descubierto la gravitación animal (a la que posteriormente denominó magnetismo animal), una misteriosa sustancia o energía dadora de vida que fluía a través de una red de canales que discurría por todo el cuerpo y se veía afectada por los imanes. La enfermedad, según la teoría desarrollada por Mesmer, era causada por bloqueos en ese flujo que podían verse liberados por crisis, es decir, por ataques agudos de la enfermedad en cuestión. Así, por ejemplo, el asma o la epilepsia, podían verse curados, en su opinión, durante un ataque grave de asma o de epilepsia, respectivamente.

Mesmer creía que ese flujo magnético nos une a todos en un campo de fuerza invisible y que, utilizando la influencia armonizadora de su propio flujo magnético, el médico puede ayudar a recuperar la salud de sus pacientes. Un modo de hacerlo era empleando pases movimientos del brazo del médico sobre el cuerpo del paciente- para inducir la crisis y restablecer, de ese modo, su adecuado funcionamiento energético.

El magnetismo animal fue considerado como una auténtica revolución científica y al tratamiento de Mesmer se le atribuyeron multitud de efectos positivos. Pero, por más equivocado que estuviera, la teoría en que se asentaba era, dado el conocimiento biológico de la época, racional, y cuadraba felizmente con el espíritu de la Ilustración, que por aquel entonces recorría todo el continente europeo.

Entretanto y por las mismas razones sociales-, el padre Gassner y sus teatrales exorcismos se vieron sometidos a un severo escrutinio. En 1775, la Academia de Ciencias de Munich encomendó a Mesmer la tarea de observar el trabajo de Gassner y dar su experta opinión. Mesmer, por lo visto, advirtió la existencia de algún paralelismo entre la oscilación rítmica del crucifijo de Gassner y sus propios pases y concluyó que los efectos curativos a menudo espectaculares de Gassner sobre los poseídos se debían al poderoso magnetismo animal del sacerdote y a su uso del crucifijo de metal. Pero, por más que su conclusión insistiese en la sinceridad del padre Gassner, su informe puso punto final a la carrera del sacerdote.

Entretanto, la práctica de Mesmer florecía. Su teoría era cada vez más elaborada y, con el paso de los años, acabó desarrollando una sofisticada parafernalia para intensificar el poder curativo de sus sesiones. Una de sus técnicas, por ejemplo, consistía en sentar a los pacientes cogidos de las manos en torno a una cuba llena de una solución de ácido sulfúrico bajo el supuesto de que el ácido incrementaba, de algún modo, la fuerza curativa que pasaba a través de ellos. El escenario se asemejaba a una sesión de espiritismo porque, retrospectivamente considerado, la mayor parte de su éxito se debía al poder del trance, la sugestión y la creencia.

Un par de años después de haber acabado con la carrera de Johann Gassner, Mesmer conoció a alguien que acabaría desencadenando involuntariamente su propia crisis. Maria-Theresa von Paradies era una pianista, cantante y compositora de dieciocho años que se movía en los círculos sociales más encopetados de Europa y acabó convirtiéndose en favorita de la emperatriz austro-húngara. Maria-Theresa era ciega de nacimiento pero, pese a haber sido tratada por los más eminentes oftalmólogos, no pudieron descubrir la causa ni la cura de su enfermedad.

Bajo los atentos cuidados de Mesmer, sin embargo, Maria-Theresa recuperó la visión. Pero con la cura llegó el desastre, porque esa mejora se vio acompañada de la pérdida de su capacidad de componer y tocar el piano. Y la cura no sólo provocó la pérdida de su talento artístico, sino que también llevó a sus padres a la quiebra, porque Maria-Theresa dejó de percibir la generosa beca concedida por la emperatriz. Para consternación de la muchacha, sus padres acabaron alejándola de Mesmer y, al poco, volvió a perder de nuevo la vista.

Después de ese episodio, la reputación de Mesmer se vio gravemente herida y jamás volvió a recuperarse y, por más que hizo varios y espectaculares intentos de reaparecer, murió en 1815 casi olvidado por el mundo. Pero el mesmerismo no murió con su inventor ya que, bajo diferentes disfraces y finalmente despojado de la noción de fluido cósmico, acabó asentando las bases de la moderna hipnosis. Aunque el mismo Mesmer no lo entendiera así, sus pases curativos y su inducción al trance eran un método para acceder y manipular estados cerebrales habitualmente inconscientes. En este sentido, la hipnosis de Maria-Theresa había activado en ella una personalidad, al tiempo que había desconectado a la pianista, como si se tratase de dos estados diferentes ligados a personajes también diferentes.

El término hipnosis, acuñado en torno a 1840 por el médico escocés James Braid, se deriva de la palabra griega hypnos, que significa sueño porque, al comienzo, Braid creía que los sujetos mesmerizados estaban dormidos. Pero cuando se familiarizó con ese estado, Braid se dio cuenta de que no tenía tanto que ver con el sueño como con un estrechamiento extremo de la atención. Y por más que entonces trató de rebautizarlo como monoideísmo un término mucho más ajustado -, ya era tarde para cambiar, debido a los centenares de médicos y al creciente número de animadores de teatro y charlatanes que utilizaban la técnica con el nombre de hipnosis. Por ello hoy en día seguimos atrapados en la idea equivocada de que la hipnosis es una forma de letargo.


 

Anton Mesmer (1734-1815)

 

Pierre Janet (1859-1947)
Pierre Janet y la desaparición de los muebles
Aunque el s. XIX asistió al perfeccionamiento de las técnicas hipnóticas y a los movimientos rítmicos descubiertos por Mesmer, se añadieron varios tipos de inducciones verbales (como Mírame a los ojos!), la mayoría de los practicantes, sin embargo, seguían sin tener una idea clara de lo que sucedía durante el trance hipnótico. Y si bien Braid estaba en lo cierto al suponer que la hipnosis alteraba la atención, fue un médico francés, Pierre Janet, quien se dio cuenta de que, en algunas circunstancias, podía desconectar eficazmente una personalidad y conectar otra, teorizando que el cerebro humano puede generar estados mentales muy distintos, a los que denominó existencias, que determinan formas muy diferentes de ver y responder al mundo. Sólo una de ellas puede, en un determinado momento, ser consciente y la persona puede ignorar por completo las existencias internas de las que no es consciente. Durante el trance hipnótico, por tanto, la persona puede verse fácilmente inducida a cambiar su atención de una existencia a otra y, al hacerlo, sacar a una existencia del escenario de la consciencia y posibilitar la emergencia de otra.

Ante el Vacío Existencial

Viktor E. Frankl.- Herder

Este breve volumen ofrece al lector un contenido de denso y, a la vez, resplandeciente humanismo, copiosamente documentado, con juicios críticos tan considerados que merece una lectura atenta. Los puntos de vista expuestos por el profesor Frankl en esta obra constituyen en el campo de la psicoterapia la aportación científica más importante después de Freud, Adler y Jung y, estilísticamente, son de más fácil lectura. En ciertos ambientes científicos está todavía vigente la idea de que el psicoanálisis freudiano continúa siendo la palabra definitiva en cuestiones de psicología profunda, de tal manera que se ignora la evolución de algunos discipulos de Freud y la existencia de escuelas como la de Frankl, quien, reconociendo el mérito extraordinario de Freud, se opone fundamentalmente a muchas de sus ideas. Conoce a fondo los sistemas de Freud y de Adler y pretende superarlos.

Viktor E. Frankl es catedrático de neurología y psiquiatría en la Universidad de Viena, así como profesor de Logoterapia en la Universidad Internacional de San Diego (California). Es el fundador de la Logoterapia o, como diversos autores la denominan, la tercera escuela vienesa de psicoterapia.

Autonomía y Ética

Autonomía y Ética

Ser autónomo significa gobernarse a sí mismo, determinar el propio destino, aceptar responsabilidad por las acciones y los sentimientos propios, deshacerse de patrones inaplicables e inapropiados para vivir en el aquí y el ahora.

Cada uno tiene la capacidad de obtener autonomía hasta cierto punto. Pero, a pesar que la autonomía es un derecho humano desde el nacimiento, pocos la consiguen realmente. Eric Berne decía: El hombre nace libre, pero una de las primeras cosas que aprende es a hacer lo que se le dice y pasa el resto de su vida haciéndolo. Así, pues, su primera esclavización es a manos de sus padres. Él sigue sus instrucciones por siempre jamás, reteniendo el derecho, sólo en algunos casos, de escoger sus propios métodos, y consolándose a sí mismo con una ilusión de autonomía.

Una persona bajo la ilusión de autonomía piensa que ha cambiado de guión, pero, en realidad, ha cambiado solamente la escena, los personajes, el vestuario, etc., no lo esencial del drama. Por ejemplo, una persona programada por los padres para ser evangelista puede caer en las drogas, y entonces, con religioso celo, tratará de predicar a otros para que le sigan. El escoger su propio ambiente para predicar puede darle la ilusión de que es verdaderamente libre cuando, en realidad, él solamente ha disfrazado su esclavitud a las normas de sus padres.

Una persona verdaderamente autónoma, según Berne, es la que demuestra la liberación o recuperación de tres capacidades: el conocimiento, la espontaneidad y la intimidad.

Conocimiento:

Conocimiento es saber qué está ocurriendo ahora. Una persona autónoma es consciente. Se desprende de las capas de contaminación de su ambiente y empieza a oír, ver, oler, tocar, gustar, estudiar y evaluar por sí misma. Se deshace de viejas opiniones que falsean su percepción actual, y percibe el mundo a través de su encuentro personal propio en vez de hacerlo en la forma en la que fue enseñada a hacerlo.

Sabiendo que es un ser temporal, la persona consciente aprecia la naturaleza ahora. Se percibe a sí misma como parte del universo que conoce y como parte del misterio de esos universos todavía por descubrir. Puede detenerse junto a un lago, contemplar una flor, sentir el viento en su rostro y experimentar una sensación de temor reverencial. Puede mirar a una puesta de sol y exclamar, Qué belleza !.

Una persona consciente escucha los mensajes de su propio cuerpo, sabiendo cuándo está preocupándose, relajándose, abriéndose, cerrándose a sí misma. Conoce su mundo interior de sentimientos y fantasías y no se avergüenza de ellos ni los teme.

Una persona consciente escucha también a los demás. Cuando los otros hablan, ella escucha y proporciona retroalimentación activa. No utiliza su energía psíquica para formular una crítica, desviar la conversación o planear mentalmente un contraataque. En vez de eso, intenta establecer un contacto genuino con la otra persona, aprendiendo el arte de hablar y de escuchar.

Una persona consciente está por completo presente. Su mente y su cuerpo responden al unísono al aquí y al ahora, Su cuerpo no está haciendo una cosa mientras su mente se concentra en algo diferente.

No usa palabras de enfado con una sonrisa en el rostro.

No frunce el ceño y regaña cuando la situación pide risas.

No termina apresuradamente una gira campestre para volver a algo que es
verdaderamente importante

No escribe mentalmente una carta de negocios mientras está haciendo el amor.

No repasa lo ocurrido en la noche anterior cuando está escribiendo esa importante carta en la oficina.

No se pone gafas color de rosa para evitar ver las cosas malas de la vida,

No toca el violín mientras arde Roma.

Una persona consciente sabe dónde está, qué está haciendo y qué es lo que siente respecto a ello. Como observó Abraham Lincoln: Si pudiéramos saber primero dónde estamos y hacia dónde nos dirigimos, podríamos juzgar mejor qué hacer y cómo hacerlo.

El primer paso hacia la integración es el conocimiento de sí mismo. Cuando un individuo se hace consciente de que actúa como un tirano, o que está enfurruñado sin causa, puede decidir lo que desea hacer con su comportamiento. Puede conservarlo a sabiendas, o tirarlo al tacho de la basura.

Espontaneidad:

La espontaneidad es la libertad de escoger modelos conductuales. El individuo autónomo es espontáneo, flexible, y no tontamente impulsivo. Ve las muchas posibilidades que se abren ante él y usa el comportamiento que juzga apropiado a su situación y a sus fines.

Un individuo espontáneo está liberado. Escoge y acepta la responsabilidad por sus propias selecciones. Se libra a si mismo de la obligación de vivir un estilo de vida predeterminado. En cambio, aprende a enfrentarse con situaciones nuevas y a explorar nuevas maneras de pensar, sentir y responder. Incrementa y reevalúa constantemente su repertorio de posibles comportamientos,

El individuo espontáneo usa o recaptura su capacidad para decidir por sí mismo. Adopta sus propias decisiones en vez de permanecer a merced de su suerte. A menos que una persona adopte decisiones, aunque éstas no sean siempre correctas, su poder de voluntad permanece sin dirección y su ética es confusa o inestable. La falta de decisión es mala, según Martin Buber. Malo es el remolino sin dirección de las posibilidades humanas sin las cuales nada puede conseguirse y por las cuales, si éstas no toman dirección, sino que permanecen atrapadas en ellas mismas, todo sale mal. En este sentido, la persona autónoma es la que adopta decisiones que proporcionan una dirección determinada a sus propias posibilidades. Dentro de limitaciones reales, la persona es responsable de su propio destino, y ella lo sabe.

Decidir conscientemente por uno mismo es ser libre, a pesar de las características heredadas o de las influencias del ambiente. Viktor Frankl escribe: El hombre, ciertamente, tiene instintos; pero esos instintos no le tienen a él. Nosotros no tenemos nada en contra de los instintos, ni en contra de que el hombre los acepte. Pero mantenemos que tal aceptación debe presuponer también la posibilidad de su rechazo. En otras palabras, debe haber libertad de decisión.

En cuanto a lo heredado, la investigación sobre la herencia ha mostrado lo elevado que es el grado de libertad humana contra la predisposición. Por ejemplo, mellizos idénticos pueden estructurarse vidas diferentes basadas en predisposiciones idénticas.

En cuanto al ambiente, sabemos que no hace al hombre, pero que todo depende de lo que el hombre haga de él, de su actitud hacia él

Un individuo debe hacer más, sin embargo, que adoptar una decisión. Debe actuar según su decisión, o ésta no tendrá sentido. Solamente cuando su ética interior y su conducta exterior estén de acuerdo y él sea congruente con ellas, será una persona completa. Una persona espontánea es libre para hacer lo suyo, pero no a costa de los demás, a través de la explotación y/o de la indiferencia.

Intimidad:

Intimidad es expresar los sentimientos de cariño, ternura y dependencia de los demás, como lo haría un niño. Muchas personas sufren de la imposibilidad de expresar estos sentimientos. Maslow cree que esto es especialmente cierto de los norteamericanos: Los norteamericanos necesitan muchos más terapeutas que el resto del mundo precisamente porque no saben cómo ser íntimos; no tienen amistades profundas, comparados con los europeos y, por lo tanto, no tienen amigos íntimos con quienes aliviarse a sí mismos.

Una persona autónoma arriesga tener amistades e intimidad cuando decide que eso es apropiado. Esto no es fácil para alguien que ha restringido sus sentimientos de afecto y no está acostumbrado a expresarlos, De hecho, puede sentirse incómodo, insincero, incluso cuando intenta por primera vez ir en contra de su antigua manera de ser. Sin embargo, lo intenta.

En el proceso de desarrollar su capacidad para la intimidad, el individuo se hace más abierto: aprende a “dejarse ir , revela más de sí mismo dejando caer algunas de sus máscaras. Se abstiene de realizar transacciones con otros en formas que impidan intimidad. Permite que sus propias actitudes se revelen y anima a los demás para que hagan lo mismo. Proyecta sus propias posibilidades hacia el futuro como metas realistas que prestan dirección y propósito a su vida. Se sacrifica solamente cuando se trata de un valor menor con miras a un valor mayor, de acuerdo con su propia escala de valores. Él no está interesado en tener más, sino en ser más.

Ética:

Un proceso de integración de la persona sirve como un catalizador que la motiva a reevaluar su sistema actual de valores y a formular su propio código de ética. El hombre no tiene que estar esclavizado a su pasado, Puede superar influencias pasadas y responder en libertad. Puede volver a decidir qué está bien o mal, con base en acciones que preservan la salud y la dignidad de la persona y de la raza humana en general. Una postura ética refleja un respeto básico por uno mismo y por los demás. Es una postura que discrimina y reconoce tanto lo positivo como lo negativo. La protección, mejoría y bienestar de la gente, tanto como del mundo natural animado e inanimado, son los fundamentos sobre los que apoya una conducta ética.

Una decisión es ética si mejora el amor propio, desarrolla la integridad personal y la integridad en las relaciones, disuelve las barreras ficticias entre la gente, crea un núcleo de confianza genuina en uno mismo y en los demás, y facilita la realización de las posibilidades humanas sin originar daños a terceros.

Una decisión no es ética si, como resultado de ella, una persona es explotada y utilizada como un objeto; si la vida es amenazada para propósitos ulteriores; si se edifican barreras entre la gente; si las posibilidades humanas son despreciadas, aplastadas o pasadas por alto, y si no existe posibilidad de escoger libremente.

El sistema de valores de una persona puede ser juzgado por la forma en que ésta se relaciona con todas las cosas. La persona con ética establece una relación mejor,
práctica, factible e interesada con su ambiente total.

La supervivencia y el desarrollo continuo del hombre dependen no solamente de cómo efectúa transacciones con sus semejantes, sino también de cómo se relaciona con el resto de su medio ambiente. El mundo inanimado, que incluye rocas, agua y aire, y el mundo animado de las plantas y de los animales están a merced del hombre. Él tiene poder para disfrutados, mejorarlos o destruirlos. Cuando hace mal uso de ellos, contaminando el aire y las corrientes de agua, volviendo yerma la tierra, causando la extinción de especies animales, o alterando el equilibrio ecológico, es la existencia del hombre y su continuación como raza la que está, a la larga, amenazada. La explotación innecesaria por el hombre de su propio medio ambiente puede condenarle a un trágico final.

Una persona ética no descarta los problemas o su significado, Por el contrario, asume que ella junto con los demás puede resolverlos. Se ocupa de sus propios problemas personales, de los de la comunidad y de los problemas mundiales de interés general, como la superpoblación y las guerras que traen muerte y desesperanza a millones de personas. Reconoce que la apatía es consentimiento en asuntos como la mortalidad infantil, el maltratar niños, la decadencia urbana, y las prácticas injustas en asuntos laborales, educativos, y en la necesidad de viviendas. Se indigna ante los perjuicios y las injusticias sufridas por la humanidad e intenta hacer algo al respecto.

Se requiere valor para experimentar la libertad que viene con la autonomía, aceptar la intimidad y el encuentro directo con otras personas, permanecer firme frente a una causa impopular, escoger la autenticidad por sobre la aprobación y hacerlo una y otra vez; aceptar la responsabilidad por las propias decisiones y, desde luego, requiere valor ser la persona única que uno es realmente.

Los caminos nuevos son a menudo inciertos y, como dijo Robert Frost: el valor es la virtud humana que más cuenta: el valor para actuar sin más base que un conocimiento limitado y una insuficiente evidencia. Eso es todo lo que tenemos.

Muriel James.

Extractado por Farid Azael de
M. James & D. Jongeward.- Nacidos para Triunfar.-

La Educación de la Mente

La Educación de la Mente

El individuo promedio halla muy difícil dominar lo que nunca logró comprender: el funcionamiento de su propia mente. Cuando usted se pone a pensar en lo que es el ambiente – sea bueno o malo – obtiene un resultado que no es más que una imagen refleja del pensamiento humano, el cual crea sus particulares Cielo o Infierno a través de la acción de su propia mente.

Usted podría preguntarse, con el objeto de captar las motivaciones que se extienden detrás de la conducta destructora del hombre, si los males de la civilización han sido los causantes de la incapacidad humana para salvarse a sí misma, por qué no hemos hecho algo para remediarlo durante todo este largo pasado de la Humanidad? La respuesta es que sí lo hemos hecho, pero sólo a medias.

La existencia de tantas religiones en todo el mundo y a través de los tiempos demuestra, con suficiencia, el esfuerzo humano que trata de influir sobre la conducta social en la verdadera dirección. La religión constituye una forma de disciplina social.

No obstante, el hombre necesita de algo más que de una vaga promesa de inmortalidad para obedecer los Diez Mandamientos. A pesar de su fe en la Potestad Divina el hombre continúa cometiendo crímenes contra la Humanidad. Todos los días podemos constatar este hecho.

Los psiquiatras creen haber hallado la razón de porqué la religión por sí sola ha sido impotente para contener las guerras y mucho menos curar las enfermedades mentales del individuo.

Hasta hace unos ochenta años, conocíamos muy poco acerca del aspecto negativo de la naturaleza humana. El psicoanálisis descubrió que la solución del enigma de la conducta del hombre no consiste en el estudio de lo que éste hace ni tampoco en el esfuerzo para convencerle de que sea bueno, sino en hacerle comprender el porqué de su comportamiento.

Actualmente, la mayoría de nosotros estamos convencidos de que la conducta anormal es una enfermedad de la mente y, por lo tanto, de la personalidad. Y aún más, la religión se está dirigiendo a la psiquiatría con sentido de cooperación. Pastores y sacerdotes han estudiado psicología a fin de aunar esfuerzos con los profesionales, buscando un entendimiento psicológico más profundo de los conflictos emocionales. Esto unido a la necesidad del alivio espiritual a través de los sacramentos.

Necesitamos valorar con propiedad la naturaleza de nuestros Instintos y apetitos básicos con el fin de procurar dominarlos, De acuerdo con Freud, la mente humana se divide en tres compartimentos:

1.- El inconsciente
2.- El subconsciente
3.- La consciencia.

El inconsciente es la despensa de nuestros impulsos primitivos, Generalmente se vale de excusas – problemas económicos, impedimentos físicos, frustraciones matrimoniales – para justificar sus manifestaciones en nosotros. La mayor parte de las tendencias destructivas están encerradas en estos cimientos de nuestra mente, Cuando dejamos escapar alguno de estos impulsos cautivos, la sociedad sufre la consecuencias, Alguien es asesinado, ocurre un robo con violencia, una niña es violada.

Pero no siempre acontecen hechos tan graves. La mayoría de nosotros no es tan temeraria como para permitir que sus impulsos desbocados alcancen manifestaciones tan
destructivas. En lugar de ello solemos reprimir los deseos que socialmente son objetables.
No obstante, cuando la lucha se hace demasiado grande, hasta el punto que estos impulsos dificultosos amenazan romper el lazo que los sujeta, nos convertimos en enfermos psíquicos. Los síntomas neuróticos – dolores de cabeza, indigestión, insomnio, etc. – vienen a nuestro rescate, actuando como una defensa contra el mal que íbamos a producir. Por ejemplo, he hallado entre mis pacientes que el temor a la locura que mostraban era, realmente, el miedo disfrazado de cometer alguna acción antisocial.

El instinto sexual está representado por el horno, que se halla en los cimientos, Pero la energía sexual, igual que el calor, podemos regularla con un termostato. Algunos sujetos nunca aprenden a regular su termostato sexual (lo que Freud llamaba líbido o hambre sexual) a una temperatura normal. Como resultado de ello, dejan que se apague el fuego y que sobrevenga el frío, o no se sienten cómodos por el excesivo calor, o bien, por descuido o abuso de alguna clase, se arriesgan a una explosión de la caldera. Esto explica a cuánta desdicha puede conducirnos el no saber comprender la naturaleza de nuestros impulsos sexuales.

Las maneras habituales de actuar se adquieren en el transcurso de la vida, con el objeto de aliviar la consciencia del peso de la decisión. Aprendemos a comer, a caminar, a controlar los esfínteres, a bañarnos, vestirnos, etc., todo esto sin someterlo a la dirección de la consciencia. De la misma forma adquirimos los hábitos mentales. Si hemos aprendido a ser amables y corteses, a aceptar los pequeños problemas y trastornos con una sonrisa o un encogimiento de hombros, a mirar el lado brillante de la vida, entonces tenderemos a continuar esta conducta y maneras de pensar a través del curso de nuestra vida.

Si, por otra parte, nos hemos acostumbrado a no soportar ni una brizna de paja sobre nuestros hombros, ofendiéndonos rápidamente, replicando con descortesía, manifestándonos a menudo suspicaces y rudos, dispuestos a engañar y a mentir, entonces nuestras reacciones tenderán a ser las mismas siempre. Para decirlo mejor, tendremos que mantener una lucha constante con el objeto de reaccionar de manera más educada, y así permitir a la consciencia superar al inconsciente. Este conflicto diario no representa, de ningún modo, una pérdida de tiempo. Al contrario, educa la mente de manera que atienda como corresponde los asuntos más importantes de la vida cotidiana.

Frank S. Caprio

Traducido y extractado por Ester Silva de
Frank S. Caprio.- How to Avoid a Nervous Breakdown.-

Este artículo fue publicado en el N 17 de la Revista ALCIONE

Hacia una Psicología de la Salud

Hacia una Psicología de la Salud

Hoy día está emergiendo una nueva concepción de enfermedad y de salud humana, una psicología que encuentro tan emocionante y llena de hermosas posibilidades que cedo a la tentación de presentarla públicamente aún antes de que sea verificada y confirmada, y antes de que pueda ser llamada un conocimiento científico digno de confianza.

Las suposiciones básicas de este enfoque son:

1.- Tenemos, cada uno de nosotros, una naturaleza interior esencialmente basada en la biología, la que es hasta cierto grado natural, intrínseca, conocida en cierto limitado sentido, invariable, o a lo menos, estable.

2.- La naturaleza interior de cada persona es en parte única para sí misma y en parte propia de la especie humana.

3.- Es posible estudiar esta naturaleza interior científicamente y descubrir a que se parece (no inventar – descubrir).

4.- Esta naturaleza interior, hasta donde sabemos de ella, parece no ser intrínseca o primaria o necesariamente perversa. Las necesidades básicas (de supervivencia, de resguardo y seguridad, de pertenencia, de afecto, de respeto y auto-respeto y de realización), las emociones humanas básicas y las capacidades humanas básicas pueden ser todas ellas ya sea neutrales, pre-morales o positivamente buenas. La destructividad, el sadismo, la crueldad, la malicia, etc. parecen lejos no ser intrínsecas, sino más bien reacciones violentas en contra de la frustración de nuestras necesidades, emociones y capacidades intrínsecas. La ira en sí misma no es mala, ni lo es el temor, ni la pereza ni incluso la ignorancia. Por supuesto, eso puede (y lo hace) conducir a un mal comportamiento, pero no necesariamente. La naturaleza humana no es tan mala como se ha pensado que es. De hecho, puede decirse que las posibilidades de la naturaleza humana generalmente han sido subestimados.

5.- Desde el momento que esta naturaleza interior es más bien buena o neutral que mala, es mejor sacarla a la superficie y alentarla que suprimirla. Si se le permite dirigir nuestras vidas creceremos saludables, productivos y felices.

6.- Si este núcleo esencial de la persona es negado o suprimido, él se enferma a veces de maneras obvias, a veces de maneras sutiles, a veces inmediatamente, a veces tardíamente.

7.- Esta naturaleza interna no es fuerte ni super poderosa ni infalible, como los instintos de los animales. Es débil y delicada, fácilmente subyugada por los hábitos, la presión cultural y las actitudes equivocadas hacia ella.

8.- Aunque débil, raramente desaparece en la persona normal, quizás ni siquiera en la persona enferma. Aunque negada, persiste subyacente siempre presionando para realizarse.

9.- De algún modo, estas conclusiones deben coordinarse con la necesidad de disciplina, privación, frustración, dolor y tragedia. Hasta donde estas experiencias revelan, nutren y hacen plena nuestra naturaleza interna, son experiencias deseables. Cada vez es más claro que ellas tienen algo que ver con un sentido de realización y fortaleza del ego, y por lo tanto, con un sentido de saludable auto-estima y auto-confianza. La persona que no ha conquistado, resistido ni vencido, continúa sintiéndose llena de dudas sobre su capacidad de hacerlo. Esto es verdadero no sólo para los peligros externos, sino también para la habilidad de controlar y postergar los propios impulsos y, en consecuencia, no sentir temor de ellos.

Observemos que si estas suposiciones se demuestran como ciertas, prometen una ética científica, un sistema de valores naturales, una Corte de Apelaciones en última instancia para la determinación de lo bueno y lo malo, de lo correcto y lo equivocado. Mientras más aprendemos acerca de las tendencias naturales del hombre, más fácil será decirle cómo ser bueno, cómo ser feliz, cómo ser productivo, cómo respetarse a sí mismo, cómo amar, cómo desarrollar sus potencialidades más elevadas. Esto ayuda a la automática solución de muchos de los problemas de la personalidad a futuro. Parece que lo que hay que hacer es encontrar lo que uno es realmente en su profundidad, como un miembro de la especie humana y como un individuo particular.

El estudio de la gente auto-realizada puede enseñarnos mucho acerca de nuestros propios errores, nuestras deficiencias, y la dirección apropiada para crecer. Toda época, excepto la nuestra, ha tenido su modelo, su ideal. Todos estos han sido abandonados por nuestra cultura: el santo, el héroe, el gentilhombre, el caballero andante, el místico. A todos ellos los hemos reemplazado por el hombre bien adaptado y sin problemas. Un muy pálido y dudoso sustituto. Quizás deberíamos pronto ser capaces de usar a un ser humano emocionalmente maduro y auto-realizado como nuestro guía y modelo, en quien todas sus potencialidades estén dirigidas hacia el completo desarrollo. Aquel cuya naturaleza interna se exprese libremente en vez de ser desviada, suprimida o negada.

El asunto importante para cada persona es reconocer vivida e intensamente, cada una para sí misma, que toda decadencia de las virtudes de la especie humana, todo crimen en contra de nuestra propia naturaleza, todo acto malévolo, cada uno sin excepción, se graba en nuestro inconsciente y nos hace despreciarnos. Karen Horney describía apropiadamente esta percepción inconsciente llamándola registros. Si hacemos algo de lo que nos avergonzamos, queda registrado para nuestro descrédito, y si hacemos algo honesto, o excelente, o bueno, se registra para nuestro crédito. Los resultados netos, ya sean a favor o en contra, hacen que nos respetemos y aceptemos o que nos despreciemos y nos sintamos abominables, inútiles o antipáticos. Los teólogos acostumbraban a usar la palabra accidie para describir el pecado de no ser capaz de hacer con la propia vida todo lo que uno sabía que podía hacer.

Este punto de vista de ninguna manera niega el usual cuadro Freudiano, sino que se añade a él y lo complementa. Para simplificar, es como si Freud nos facilitara la mitad enferma de la psicología y ahora nosotros tendríamos que agregar la parte sana. Quizás esta psicología del sano nos dé más posibilidades para controlar y enriquecer nuestras vidas y hacernos mejores personas. Quizás esto sea más provechoso que preguntarse: cómo estar no enfermo?

Cómo podemos fomentar este libre desarrollo? Cuáles son las mejores condiciones educacionales para esto? Sexuales? Económicas? Políticas? Qué clase de mundo necesitamos para el crecimiento de tales personas? Qué clase de mundo crearán esas personas? La gente enferma ha sido hecha por una cultura enferma; la gente sana será posible gracias a una cultura saludable. Pero también es verdad que los individuos enfermos hacen una cultura más enferma y que los individuos sanos hacen la suya más saludable. Mejorar la salud individual es un enfoque para hacer un mundo mejor. Para expresar esto de otra manera, el estímulo para el crecimiento personal es una posibilidad real; la cura de los síntomas neuróticos es muy poco posible sin ayuda externa. Es relativamente fácil tratar deliberadamente de volverse un hombre más honesto; es muy difícil tratar de curar nuestras propias compulsiones u obsesiones.

El enfoque clásico a los problemas de la personalidad es considerarlos como problemas indeseables. Peleas, conflictos, culpabilidad, cargos de consciencia, ansiedad, depresión, frustración, tensión, vergüenza, auto-castigo, sentimiento de inferioridad o inutilidad, todos ellos causan dolores psíquicos. Alteran la eficiencia del desempeño y son incontrolables. Por esto son mirados automáticamente como enfermedades indeseables y se procura curarlos lo más pronto posible.

Pero todos estos síntomas se encuentran también en la gente saludable, o en gente que está yendo hacia un estado de salud. Supongamos que usted debiera sentirse culpable y no lo hace. Supongamos que ha logrado una buena estabilización y está adaptado. Quizás la adaptación y la estabilización sean buenas, porque suprimen el dolor; pero puede ser que sean también malas porque impiden el avance hacia un ideal más alto.

Erich Fromm, en un libro muy importante, ataca la noción clásica Freudiana de un superego porque este concepto era enteramente autoritario y relativista. Es decir, tu superego o tu conciencia, según Freud, son primariamente la internalización de los deseos, exigencias e ideales del padre y de la madre, cualquiera de ellos que sea. Pero y si suponemos que ellos son criminales? Entonces qué clase de consciencia tienes? O si suponemos que tienes un padre rígido, moralizante, que odia la diversión? O un psicópata? Esta conciencia existe; Freud estaba en lo correcto. Obtenemos nuestros ideales predominantemente de tales modelos en la etapa temprana de nuestra existencia, y no de libros de escuela dominical leídos más tarde en la vida. Pero también hay otro elemento en la conciencia, o, mejor dicho, otra clase de conciencia que todos tenemos, ya sea ésta débil o fuerte. Es la conciencia intrínseca. Ella está basada en la percepción inconsciente y preconsciente de nuestra propia naturaleza, de nuestro propio destino o nuestras propias capacidades, de nuestro propio llamado en la vida. Ella insiste en que seamos fieles a nuestra propia naturaleza interior y que no reneguemos de ella por debilidad, por conveniencia o por cualquiera otra razón. Aquel que contradice su talento, el pintor nato que vende calcetas en lugar de hacer lo suyo, el hombre inteligente que vive una vida estúpida, el hombre que ve la verdad y mantiene su boca cerrada, el cobarde que renuncia a su hombría, toda esta gente percibe de una manera profunda que han actuado dañándose a ellos mismos y se desprecian por eso. De este auto-castigo sólo puede venir neurosis; pero, igualmente, podría venir un renovado valor, una justa indignación, un aumento del auto-respeto, ante la posibilidad de actuar luego correctamente. En una palabra, el crecimiento y el progreso pueden surgir a través del dolor y el conflicto.

En esencia, estoy deliberadamente rechazando nuestra actual y fácil distinción entre enfermedad y salud, al menos en lo que a síntomas superficiales se refiere. La enfermedad significa tener síntomas? Yo mantengo hasta ahora que la enfermedad puede consistir en no tener síntomas cuando se debiera tenerlos. La salud significa estar libre de síntomas? Yo lo niego. Cuáles de los nazis de Auschwitz o de Dachau eran saludables? Aquellos con una conciencia herida o aquellos con una conciencia bella, clara y feliz? Era posible para una persona profundamente humana no sentir allí conflicto, sufrimiento, depresión, ira, etc.?

Un ejemplo es la cambiante actitud de los psicólogos hacia la popularidad, la adaptación, e incluso, la delincuencia. Populares entre quiénes? Probablemente para un jovencito es mejor ser impopular entre sus vecinos snobs o en el club de campo local. Adaptado a qué? A una mala conducta? A un padre dominante? Qué opinaría de un bien adaptado esclavo Un bien adaptado prisionero? Incluso el niño con problemas de conducta está siendo mirado ahora con una nueva tolerancia. Por qué es delincuente? Lo más frecuente es que lo sea por alguna psicopatología; pero, ocasionalmente, es por buenas razones, y el chico está simplemente resistiéndose a la explotación, dominación, negligencia, desprecio, atropello.

Claramente, lo que sería llamado problema de personalidad depende de quién está nominándolo así. El propietario de los esclavos? El dictador? El padre patriarcal? El marido que quiere que la esposa siga siendo una niña? Parece que los problemas de personalidad algunas veces pueden ser fuertes protestas en contra de la trituración del propio esqueleto psicológico, de nuestra verdadera naturaleza interna. Lo que sería enfermedad es no protestar mientras este crimen está siendo cometido. Lamento tener que decir que la mayoría de la gente no protesta bajo tal tratamiento. Lo aceptan y pagan años más tarde en síntomas neuróticos y psicosomáticos de variadas clases. O quizás, en algunos casos, jamás llegan a darse cuenta de que están enfermos, de que han perdido la verdadera felicidad, la verdadera realización de las expectativas, una rica vida emocional y una serena y productiva vejez, reaccionar estéticamente y encontrar la vida emocionante.

La cuestión de la aflicción y el dolor deseables, o la necesidad de ello, también debe ser enfrentada. Son posibles el crecimiento y la auto-realización sin dolor y aflicción, pena e inquietud? Si éstas son, hasta cierto punto, necesarias e inevitables, entonces hasta qué límites? Si el dolor y la aflicción algunas veces son útiles para el crecimiento de la persona, entonces debemos aprender a no proteger a la gente de ellos en forma automática, como si siempre fueran malos. Algunas veces pueden ser buenos y deseables, en vista de las últimas buenas consecuencias. No permitir a la gente pasar a través de su dolor, y protegerla siempre de él, puede convertirse en una clase de sobre-protección que implica una cierta carencia de respeto por la integridad y la naturaleza intrínseca y el desarrollo futuro del individuo.

Abraham H. Maslow

Extractado por Farid Azael de
Abraham Maslow.- El Hombre Autorrealizado.- Kairós

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