La Parapsicología

La Parapsicología

El camino espiritual está siempre plagado de trampas por todas partes. No existe hoy en día trampa más peligrosa para la doctrina y el ejercicio de la espiritualidad, en particular en sus formas mística y estética. que cierto neo-cientismo multiforme, donde se habla equivocadamente de gnosis y de metafísica sin conocimiento de causa.

La parapsicología, cuyo objeto se aparta de la ciencia (por la sencilla razón de que no es un objeto) y cuyo método es reductible (por la sencilla razón de que se considera científica) proporciona al neo-cientismo un campo propicio excelente,

Hay un solo medio para detenerlo, una sola manera en particular para determinar el buen uso de la parapsicología : filosofar. Reivindicar los derechos de la reflexión, rehabilitando las ideas y practicando en consecuencia. Atreverse, por ejemplo, a definir sobre la base de una experiencia mejor fundamentada que aquella de los fenómenos, y, por consiguiente, a priori respecto de la ciencia, los límites de la competencia científica. Límites que no se extienden más allá de lo fenoménico ni pueden dar lugar a opiniones que vayan más allá de aquél y de sus disciplinas análogas.

La parapsicología es llamada a exponer sus fenómenos y a revelarse en una perspectiva auténticamente filosófica, lo que implicaría una revolución. Por otra parte, lo que el cientismo, aunque sea un neo-cientismo, jamás podría admitir es que las consciencias son permeables las unas a las otras y que el mundo es permeable a la consciencia, siendo esta comunicación universal una fuente generadora de valores.

La hipótesis fundamental a propósito de la telepatía sería la naturaleza compartida de nuestro psiquismo y del cosmos, como si dijéramos una con-naturaleza. Una participación mística, en el sentido de Levy- Bruhl para comenzar y – puede ser – en el sentido que habla San Juan de la Cruz, para terminar. Lo que significa una relación estructural entre el hombre y el universo. El microcosmos copia un macrocosmos.
La tradición es unánime, desde los pitagóricos hasta Leibnitz, y declara que: cada hombre rehace a su manera el universo. En Blondel se encuentra la misma idea. En particular en los primeros capítulos de El Pensamiento, donde él evoca el pensamiento cósmico.

Hay una relación, una identidad fundamental entre la intercomunicación aparente de los psiquismos que causa la telepatía, y la con-naturaleza del psiquismo y del cosmos, que causa la clarividencia. Pero son la telepatía y la clarividencia dos categorías verdaderamente distintas? 0 bien se puede reducir una a la otra? Y si es así, En qué sentido?

Ciertos autores defienden la distinción. Otros reducen la telepatía a una forma de clarividencia : toda aparente comunicación entre los psiquismos sería, de hecho, la toma de conocimiento por el sujeto de una realidad material, como la del cerebro, por ejemplo. Algunos han sostenido, a la inversa, que toda aparente clarividencia se resuelve en telepatía. Esta última posición me seduce. Yo estoy muy tentado a creer que nunca se puede tener más que la experiencia de un estado de consciencia, de imágenes, de sentimientos existentes en un individuo y que aquel que conoce, percibe o experimenta por aparente clarividencia, lo hace de hecho gracias a la experiencia que tiene del mundo material. La telepatía sería una toma de consciencia del psiquismo del otro, o sea, una comunicación entre dos psiquismos.

A fin de poder traer la clarividencia a la telepatía es necesario considerar una comunicación – o una con-naturaleza? – entre un psiquismo y la base material de otro psiquismo. Y por qué nó entre la base material de dos psiquismos? Pero tengo que clarificar el asunto. Ello implica la naturaleza profunda de los fenómenos parapsicológicos, al menos de esos fenómenos que Richet calificaba como intelectuales, y probablemente, en consecuencia, la naturaleza profunda del hombre y del mundo. Si la telepatía es la relación entre dos psiquismos, la clarividencia sería la relación inmediata de un psiquismo con un medio material. Un grado de psiquismo más acentuado en el caso de la telepatía, menos acentuado en el de la clarividencia.

En este último caso, no habría otra persona. Trato de ser preciso: en la telepatía, dos sujetos se comunican por sus psiquismos. En la clarividencia el sujeto se comunica con todos los aspectos del mundo porque la materia, lo biológico, lo humano tienen un reverso psíquico. En la telepatía, el acento está puesto sobre los dos psiquismos; en la clarividencia, está puesto sobre el infrapsiquismo de una realidad diferente. La materia, la vida, son funciones del psiquismo. Yo adopto el sistema fisiológico de la monadología, incluyendo allí la idea de diferentes grados de psiquismo, La monadología considera que existen centros de perspectiva de los cuales cada uno representa todo lo real. Estos centros son de orden psíquico, y su desarrollo, para hablar en términos simples, no se completa de golpe, se hace poco a poco. Lelbnitz afirmaba que, salvo Dios, nada es enteramente psíquico. Así pues, en cada mónada, una fuerza está trabajando. Existe para cada una un estado de actuación y un estado de potencialidad.

Las mónadas de Leibniz no tienen ni puertas ni ventanas por las que algo pudiera entrar o salir. La información que una mónada entrega a la otra, la acción que la una parece tener sobre la otra, derivan de una armonía preestablecida. 0 bien, por lo contrario, se comunican entre ellas? La sincronicidad de Jung reúne en parapsicología la intuición monadológica de Leibniz de igual modo que la empatía de Plotino. En verdad, la sincronicidad es una forma de armonía preestablecida, de empatía. Yo creo en la comunicación. Pero es una comunicación de un orden del todo diferente al orden material.

Los trabajos de Vassiliev han tratado por todos los medios de aislar al sujeto, sin éxito. La primera idea ha sido explicar la comunicación en parapsicología por las ondas eléctricas. Un italiano llamado Cazzamali encerró sujetos en jaulas de Faraday para ver si emitían a través de las rejas. Trató de registrar sus emisiones. Y creyó haber encontrado que éstas eran del orden de los 200 metros. Al fin de su vida, en su libro El Cerebro Radiante, publicado en 1960, él está en los 10 centímetros. En la U.R.S.S., Vassiliev parte de la idea de que el cerebro emite una onda, El es más severo que nuestro italiano, puesto que encierra los sujetos en cabinas de plomo. Concluyó que la emisión física es una hipótesis para desechar en el caso de la telepatía. Las publicaciones de Vassiliev son de 1950-1960. Después otros trabajos han mostrado que ciertos campos eléctricos pueden franquear todas las barreras. El problema, a mi parecer, permanece abierto.

Este es un problema muy general que no ha cesado de preocuparme: las relaciones de lo físico y lo psíquico. Aquí, lo que se pregunta es en qué proporción lo psíquico y lo físico intervienen en los fenómenos parapsicológicos. Yo veo una mezcla, una especie de simbiosis. Un viejo politécnico, que estaba retirado en Toulon y que había conocido a Enel, me ha narrado experiencias realizadas por él que me han confirmado en esta línea de pensamiento. Antes de la guerra del 14, Enel había construido en su propiedad de las cercanías de San Petersburgo un laboratorio subterráneo donde hacía experiencias de parapsicología. Empleaba en particular una máquina de electricidad estática de alta tensión. Ahora bien, un día percibió a través o al medio de los centelleos, formas que parecían fragmentos de cuerpos humanos. El no supo jamás cómo esto se habla producido, y se lo contó a uno de sus amigos. Este era el coronel Chardon que a su vez me lo trasmitió a mí. Yo no escuché hablar más de esto hasta el año 1976, donde leí en un libro de un inglés radicado en Brasil, titulado El poder de lo Invisible : El ingeniero jefe Castman, estaba ocupado en instalar los conductores de alta tensión, ayudado por el ingeniero Woodrow. Con miras a proceder a hacer verificaciones, ellos oscurecieron la habitación. Y de pronto, encima del dínamo que giraba, se formó una esfera luminosa, en cuyo centro apareció una mano de mujer, muy fina y perfectamente clara. Al día siguiente los dos hombres trataron de reproducir el fenómeno. La visión no fue repetida sino cuatro días más tarde, pero esta vez la bola azul había formado una cabeza, la cual fue fotografiable.

En 1973, el Instituto Brasileño de Investigación Biofísica recibió información de primera mano en la cual resalta que un investigador americano había percibido accidentalmente apariciones inexplicables de partes de cuerpos humanos mientras experimentaba sobre las altas frecuencias eléctricas. Pero esto se trataría de algo más que imágenes. Estas serían verdaderas materializaciones, como las que aparecen en las sesiones de espiritismo. Considero que los hechos en cuestión manifiestan, por una parte, la relación misteriosa entre los fenómenos eléctricos y los fenómenos de materialización y, por otra parte, que las visiones podrían tener un contenido objetivo en los casos más improbables.

Algunos opinan que los fenómenos de telepatía y clarividencia son independientes del tiempo y del espacio. Aunque no sé qué es el tiempo y qué es el espacio, responderé que sí, porque en una cierta medida la telepatía y la clarividencia los niegan. El problema consistiría en descubrir lo que es irreductible en el tiempo y en el espacio. Qué es irreductible a nuestra subjetividad? El tiempo y el espacio son convencionales. Pero es esto en parte solamente? En las diversas civilizaciones, el tiempo y el espacio presentan un aspecto convencional siendo que ellos se resisten a la convención, a la interpretación por la convención. Nosotros envejecemos, la segunda ley de la termodinámica se aplica… Se puede hacer un esfuerzo en revertir el problema, pero parecería que hay un sentido de los fenómenos que es irreductible.

La mayor parte de los físicos de hoy día rechazan aceptar que la experimentación pueda verificar la paradoja de Einstein, Podolky, Rosen: a nivel de los fenómenos elementales, la causalidad se ejerce simétricamente hacia el futuro y hacia el pasado. Por otra parte, para volver a nuestro lenguaje filosófico, yo no veo personalmente porqué el concepto de causa implicaría el de una anterioridad de la causa en relación al efecto.

Cuando hablamos de insertar las bases parapsicológicas en la psicología, la que sería entonces ampliada y completada, creo que esto desbordaría los límites de la psicología. Y creo también que es una de las razones por las que hay tal oposición a la parapsicología. Al fin y al cabo, sus adversarios, desde su punto de vista estrictamente racionalista no están equivocados. Pero en un plan estrictamente racional no se explica esta resistencia a la parapsicología. La parapsicología hace tales esfuerzos por ser científica…

A partir del momento en que se admita la telepatía, aunque sea bajo la forma de los resultados de los tests de Rhine, o que se acepte el menor hecho de clarividencia, toda la imaginación, todo el deseo, todos los valores y todos los poderes que han sido repudiados, anatematizados por la sociedad burguesa y por la corriente mayoritaria, primero del judaísmo, luego del cristianismo, y después del racionalismo, van a hacer su reentrada. Es a Hermes y a Afrodita a quienes los fenómenos parapsicológicos abren la puerta. Los adversarios de la parapsicología tienen, consciente o inconscientemente, un presentimiento de que la parapsicología arriesga hacer saltar el edificio, por mucho que pretenda prestarse a las reglas de la construcción y de la copropiedad para ampliarlo. Dentro de esta ambigüedad, el riesgo para la parapsicología es ganar con su juego la incorporación o, si no juega este juego lo suficientemente bien, guardar su fuerza subversiva para sí sin poderla ejercer.

Si la parapsicología se anuncia muy francamente y declara: Yo soy en el fondo el viejo ocultismo más o menos disfrazado, en la medida en que el ocultismo es asunto de mentalidad y no designa un sistema particular, en la medida en que microcosmos-macrocosmos puede significar ocultismo, se corre el riesgo entonces de chocar con una barrera, o de crearla. Pero si se juega demasiado bien el juego, no favorecerá esto el despojo, la naturalización, como se dice por eufemismo involuntario por los animales disecados? Al fin y al cabo pues, la parapsicología da muerte a todos los fenómenos que considera. Está obligada a hacer esto. El astrónomo está obligado a trabajar con estrellas en el papel (el astrólogo del Astroflash también). La parapsicología debe trabajar con los esqueletos de los fenómenos, a lo más con momias.

El Retorno de los Antepasados

El Retorno de los Antepasados

Si me he interesado en la acupuntura, en el taoísmo y en el chamanismo – siendo un psicoterapeuta freudiano – es en gran parte porque estas disciplinas se preocupan de fantasmas, es decir, de nuestros parientes, amigos, abuelos que han muerto mal y que, de una manera u otra, nos penan. Preocuparse de aquellos de nuestros muertos que no pueden tranquilamente seguir su camino es un trabajo de higiene mental indispensable que debe hacerse por el interés tanto del difunto como de aquellos que le sobreviven. En toda época y en todas las culturas – salvo en la nuestra – este trabajo ha sido considerado como esencial. Las consecuencias patógenas que esto implica para nosotros actualmente, sin que lo sepamos, son enormes. Estamos literalmente invadidos por agonías y duelos no llevados a término o mal asumidos, rodeados de almas en pena. Felizmente, hará treinta años que el Occidente redescubre el acompañamiento a los moribundos, y veinte que ha comenzado con un trabajo a fondo sobre las relaciones
transgeneracionales con los antepasados. Esto ha ocurrido a partir de lo que el psicoanalista Nicolás Abraham ha llamado “fantasmas”, tanto como de mis propios estudios sobre el tema, siguiendo a los de Piera Aulagnier.

Diferentes clases de problemas pueden haber causado el hecho de que los muertos de nuestra familia no hayan podido liberarse antes de morir de sus traumas, sus sufrimientos y sus ilusiones. En el lenguaje de Nicolás Abraham, el fantasma es un objeto del inconsciente transmisible de inconsciente a inconsciente en las relaciones de filiación. Este concepto modifica considerablemente la visión psicoanalítica ya que, para Freud, el inconsciente sólo está constituido con vivencias olvidadas de nuestra infancia. Según Abraham, se trata de vivencias olvidadas, pero ellas también pueden corresponder a nuestros padres o antepasados más lejanos, aun varias generaciones distantes de nosotros.

En la visión chamánica, que constituye una subbase antropológica universal – de donde se derivan todas las otras religiones – los muertos que no han podido alcanzar las puertas de la Gran Luz, por diferentes razones, se encuentran prisioneros de su angustia o de sus ilusiones. A veces ni siquiera saben que están muertos! Ellos giran en torno a sus descendentes como almas en pena. Es necesario ayudarlos a desapegarse y liberarlos, tanto por su interés como por el nuestro. Se trata de una tarea de salubridad pública, la que – en nuestros días – nos hace mucha falta.

No soy alguien que funcione según una creencia en vidas futuras después de la muerte. No estoy
investigando, por ejemplo, si la reencarnación existe o no. Ese no es mi problema. Yo me baso en la experiencia clínica. Mis investigaciones se refieren a la realidad de nuestras experiencias mentales. Y la forma en la que la muerte se presenta a nosotros es una de ellas. Lo que yo constato es que toda la investigación sobre la agonía y la muerte, sobre el duelo y los estados de consciencia observados en este amplio campo, demuestra en primer lugar hasta qué punto nos falta información sobre la muerte, y hasta qué extremos llega lo poco que sabemos sobre el psiquismo humano.

Mi experiencia personal es la de un terapeuta que ha trabajado durante diez años con niños psicóticos. Estos niños me han enseñado todo lo que sé hasta ahora. Se me había presentado a los niños psicóticos como desequilibrados, pero nadie me había dicho que tenían también dotes extraordinarias. Sólo una psicoanalista – Françoise Dolto – había afirmado que todo niño es naturalmente telepático. Ella, junto con Winnicott, ha establecido las bases del psicoanálisis infantil. Todos los otros, el mismo Freud, su hija Ana, Melania Klein, etc., no hicieron más que aplicar teorías de adultos sobre niños. Durante los diez años en los que me he ocupado de niños psicóticos, he encontrado casos inexplicables. Como aquel pequeño que venía siempre a la consulta con frascos llenos de avispas, ellas le trepaban por las manos sin picarlo jamás. Cómo explicar eso?

ElRetornoDeLosAntepasadosMe he demorado bastante en comprender que los niños psicóticos, y especialmente los autistas, tienen la capacidad de autoanestesiarse. La pequeña Alicia podía arrancarse jirones de piel sin manifestar dolor. Y el día en que una peritonis estuvo a punto de llevársela, ella entró en el hospital sonriendo hasta las orejas, siendo que la peritonitis es una infección atrozmente dolorosa para la mayor parte de la gente.

Alicia también se golpeaba la cabeza contra las paredes… Un día descubrí que su madre sufría de terribles jaquecas. Otra vez, cuando ya nadie sabía qué hacer con ella – estaba entrando en la adolescencia – Alicia se lanzó bajo un automóvil. Traté de comprender por qué había querido suicidarse y las cosas empezaron a aclararse.

Ella había hecho esto para resolver el problema que le causaba a sus padres y a las normas sociales, pero lo había hecho sin afectividad. Vivir o morir le era igual. Comencé a comprender que los niños psicóticos viven según un funcionamiento fetal en el que el dolor y la muerte no son como nosotros los conocemos. Ellos no tienen la misma relación con la muerte que nosotros: no experimentan afectividad sobre la
cuestión de morir.

Cuando se llega a entrar en su lenguaje, uno percibe que los niños psicóticos actúan según una sola cosa: el pasado genealógico de su familia, del cual exploran incansablemente el inconsciente. Para mí, ese mal universal que las culturas tradicionales llaman la enfermedad de los antepasados ha llegado a ser palpable gracias a Alicia que me ha mostrado, a través de su cuerpo sufriente, lo que llega a ser un niño cuando es producto de una exclusión de la femeneidad que se remonta a tres generaciones. A los catorce años Alicia, que vivía sus menstruaciones como una herida, representaba ante mí stripteases
desenfrenados donde se mezclaban lo mórbido, la sangre y el dolor de un sexo proscrito como el de diablo…

Para aclarar lo que es un fantasma habría que hablar de Juan Miguel, respecto al cual demoré meses en comprender que su rechazo a encarnar – qué otra cosa es el autismo? – se explicaba por el suicidio de sus dos abuelos al regreso de la Primera Guerra Mundial. Desmovilizados al mismo tiempo, constataron – cada uno en su hogar respectivo – que ya no había lugar para otro hombre en la casa. Sería necesario hablar también de Claudia, una niñita que salía a voluntad de su cuerpo y que me confrontó, en una sesión, con el momento de la muerte de su padre. Hablar del pequeño Pedro que sufría de una gran fobia a las flores. Aunque logré sanarlo de ella, su causa habría permanecido como un enigma si, años después, no hubiera sabido que sus padres no relacionaban el hacer el amor con una fecundación consciente.

En general, un niño muestra ansiedad cuando escucha a sus padres narrar un hecho anterior a su nacimiento. Y yo, dónde estaba entonces? pregunta con insistencia. Tradicionalmente, sus padres responden: Tú estabas todavía en el cielo. O bien, Tú estabas en nuestro corazón. El niño existía ya, antes de ser concebido, en el deseo y el pensamiento de sus padres? Descubrir esto es importante. Tenemos tendencia a considerar que el útero de la madre constituye la matriz de nuestro cuerpo y de nuestra estructura mental. Desde un punto de vista psicoanálitico, esto es falso. Lo que determina los síntomas, y también el destino y toda la vida de un sujeto, es el conjunto de actividades mentales concernientes a él, que hayan existido antes de que naciera. La matriz de nuestro cuerpo es,
efectivamente, el útero de nuestra madre, pero la matriz de nuestras estructuras psíquicas es el conjunto de las actividades mentales, conscientes e inconscientes, expresadas o no en palabras, y también las
fantasías, que han hecho que dos células pudieran encontrarse y producir un embrión. Esto vale para la tendencia edipiana del niño como para todo lo que concierne a su relación con la vida y la muerte. Hace que él se pueda representar un tiempo en el que ya existía potencialmente, antes de su nacimiento, en el deseo y en el lenguaje de sus padres. Así el niño podría pensar en que también él y otros pueden continuar existiendo después de la muerte, en el recuerdo y en el lenguaje. A un padre muerto, siempre se le podrá hablar… Es necesario comprender todo esto para captar en qué género de vacío erraba el pequeño Pedro cuyos padres pasaban por alto el hecho de cualquier relación entre hacer el amor y procrear un hijo. Su padres le habían permitido encarnar en su cuerpo físico, pero no en su cuerpo mental. Una atrofia mortal, frecuente en la concepción de niños autistas.

Quisiera comentar un caso descrito por Françoise Dolto: una mañana llegó a su consulta uno de sus antiguos pacientes, un hombre totalmente angustiado y extenuado. Después de dar a luz una niña, su mujer había caído en un coma profundo y – en el mejor de los casos – podría sobrevivir en estado vegetal. El hombre no soportaba esa idea y declaró que preferiría matarla que verla en esa invalidez. Llegaron sus suegros a la clínica, y el padre, desesperado, le confesó a su yerno que al nacimiento de cada una de sus dos hijas – pero no de sus dos hijos – tuvo que internar por un tiempo a su mujer, porque ella había enloquecido a la vista de un recién nacido de sexo femenino.

Cuando este hombre le contó a la psicoanalista lo que su suegro le había confiado – y que había sido cuidadosamente mantenido en secreto hasta entonces – ella le aconsejó relajarse un poco e ir luego a contárselo a su mujer sin importar su estado de coma.

El lo hizo así y apenas terminó su relato junto a la cabecera de su mujer inconsciente, ella despertó tan fresca y normal como la Bella Durmiente del Bosque.

Un par de semanas después, la esposa fue a visitar a Françoise para agradecerle. Le dijo que había comprendido por qué repentinamente le había parecido imposible aceptar aquella niñita que acababa de dar a luz, prefiriendo más bien desaparecer. El relato de su marido se lo había aclarado todo, sacándola de la prisión mental en que la había precipitado el coma. Pero cómo lo había escuchado si se encontraba en un coma tan grave que, según el diagnóstico de los médicos, era mortal? Pues bien, ella explicó que había vivido toda esa historia conscientemente, pero desde un lugar de observación bien extraño: se encontraba fuera de su cuerpo, pegada a un rincón del techo. Desde allí veía su cuerpo inanimado, alrededor del cual todos se afanaban, y esa pobre forma humana le parecía tan plana como una hoja de papel. Más tarde, cuando su marido la liberó de lo que la retenía prisionera – el secreto de su propio nacimiento – ella se reintegró a su cuerpo entrando por la cima del cráneo, reinflando esa forma plana y encontrándose en una oscuridad muy dolorosa de la que salió al despertar,

Françoise Dolto interpretaba esa historia haciendo referencia a lo que ella llamaba la imagen inconsciente del cuerpo: una especie de armadura inmaterial, en permanente movimiento, que coordina todas nuestras funciones psíquicas y nos permite entrar en contacto con los otros. La imagen inconsciente del cuerpo de esta mujer era parasitada por la presencia de un fantasma transgeneracional , que ya había sufrido su madre y probablemente su abuela. La psicoanalista se interrogaba sobre la percepción que esta mujer había tenido de sí misma al estar fuera de su cuerpo, Se preguntaba si el percibir su cuerpo plano al observarse desde el techo no podría explicarse por la posibilidad de que la enferma hubiera podido escuchar – a pesar de su coma – las palabras del médico sobre un electroencefalograma plano.

Se ha hablado mucho de este caso presentado por Françoise Dolto. En esa época nadie conocía las experiencias fuera del cuerpo o cercanas a la muerte. Los analistas freudianos no disponían de literatura
ni estadísticas que hablaran de tales investigaciones. Se sabía que, empujados a estados de consciencia cercanos a la muerte – en especial durante la estadía en campos de concentración nazis -, ciertas personas habían visto desfilar toda su vida en un relámpago, como en una proyección cinematográfica. Pero todo el resto: experiencias frente a una muerte inminente, viajes fuera del cuerpo, aún no existía. Se trataba de temas escabrosos, reservados a los parapsicólogos, temas que los psicoanalistas consideraban – injustamente – con el más grande menosprecio.

Edgar Cayce

Edgar Cayce

EdgarCayceDesde la infancia, Edgar Cayce (1877-1945) sabía que él era alguien diferente, y eso no le gustaba. Todo había empezado cuando estaba en su Kentucky natal, el día en que el maestro de la escuela le había dicho
a su padre:

Lo siento, Leslie. pero he llegado a pensar que tu hijo es un débil mental. No quiere aprender o, tal vez, no puede. Ayer ha estado tranquilo durante toda la clase sin apartar los ojos del pizarrón. Y bien, cuando le he pedido algo tan simple como deletrear una palabra, se ha quedado con la boca estúpidamente abierta, incapaz de pronunciar una sola letra.

El maestro no se había equivocado. A los diez años, Edgar Cayce era un mal alumno, muy tranquilo, pero distraído y soñador, siempre absorto en no se sabía qué secretos pensamientos. En realidad, Edgar a esa edad sólo se interesaba en la lectura de la Biblia y en las conversaciones que sostenía con amiguitos imaginarios o con su abuelo difunto. Su madre, que estaba al tanto de tales hechos, los consideraba con indulgencia; pero el padre, Leslie Cayce, no entendía las cosas de esa manera. Era un granjero bastante orgulloso como para no tolerar el tener por hijo a un desastroso estudiante. Después de su conversación con el maestro, volvió a la granja, muy decidido a enseñar ortografía a su hijo, aunque fuera por la fuerza.

Durante una larga tarde, Edgar se encontró así frente a frente con su padre. Este, después de haber deletreado todas las palabras de la lección, lo interrogaba a intervalos regulares, siempre con el mismo resultado negativo, a tal punto que el niño, agotado, terminó por dormirse sobre el libro. Cuando el padre se percató de ello. temiendo haber sido demasiado severo, lo despertó de una palmada y le ordenó irse a la cama.

– Eres un asno – gruñó decididamente me desesperas.

– Creo que sé mi lección ahora – contestó entonces el niño, pudiendo deletrear claramente y sin ningún error todas las palabras contenidas en el libro, aun aquellas que el padre no le había preguntado.

Edgar Cayce había aprendido su lección durmiendo. Al día siguiente, el padre esparció esta noticia, a pesar de no comprender nada de lo ocurrido, pero derivando de ello, de todas maneras, un ingenuo orgullo. El maestro, escéptico, pidió a Edgar repetir la hazaña. Ante la estupefacción general, el niño aprendió con una facilidad desconcertante, después de haber dormido algunos minutos, el contenido de sus libros de historia y de geografía.

Algunos días más tarde realizó un nuevo prodigio que aumentó su flamante popularidad. Una tarde, después de la escuela, Edgar llegó a su casa en un estado de excitación inhabitual. Visiblemente, tenía fiebre. Lo metieron a la cama y no tardó en caer en una especie de coma. Toda la familia, inquieta rodeaba el lecho
del niño enfermo sin saber qué hacer, hasta que en su delirio, él empezó a hablar con voz clara y autoritaria:

– Recibí una pelota de béisbol en la espalda – dijo – La única manera de sanarme es de hacer una cataplasma especial y aplicármela en la nuca. Pronto, si no, mi cerebro arriesga quedar irremediablemente dañado.

Siempre dormido, dio los nombres de algunas hierbas que debían servir para preparar la cataplasma. Sus padres, vivamente impresionados, prepararon la receta rápidamente. A la mañana siguiente , Edgar se despertó como de costumbre, sin dar ningún signo de la enfermedad que en la víspera había inquietado tan fuertemente a sus padres.

– Mi hijo es capaz de todo cuando duerme pregonaba por todas partes su padre.

– Tú tienes un don, Edgar – le dijo su abuela maravillada.

Verdaderamente – pensó entonces el niño, que ignoraba el sentido de la palabra clarividencia – no soy como todo el mundo . Sin que se lo dijera a nadie, esa idea no dejaba de atormentarlo.

Ser como todo el mundo… era la principal ambición de Edgar cuando, a la edad de veintidós años se instaló con sus padres en Hopkinsville y comenzó a trabajar como vendedor en una librería. A pesar de su don, los recursos de su familia no le habían permitido hacer estudios secundarios y había renunciado a la esperanza de ser médico o pastor, de cuidar los cuerpos o las almas. En esa época se había encontrado
con la que debía ser su compañera en los buenos y malos momentos, y no aspiraba más que a juntar el dinero suficiente para fundar un hogar. En la vida cotidiana, su extraño don de clarividencia le servía a veces para adivinar los deseos de sus clientes, para encontrar objetos perdidos , para sorprender a sus superiores con una memoria impactante y rápida; pero él prefería no pensar sobre ello. Las cosas habrían continuado de esta manera, si su prometida, Gertrudis, no le hubiera planteado un caso de conciencia que debía tener resultados imprevisibles:

– Edgar – le dijo ella un día – yo soy la más dichosa de las mujeres; pero, hay algo que me inquieta. Tú no hablas jamás de esos dones extraños, de esos poderes que posees. No querrías saber cuáles eran los designios de Dios al dártelos? Por qué no entras en lo profundo de ti y rezas para que Él te ayude a encontrar el empleo de esos dones?

– Estoy demasiado ocupado en ganarme la vida, Gertrudis – respondió Edgar en un tono sin réplica.

Pero en esa noche misma, fue presa de violentos dolores de cabeza que persistieron durante varios días,
en tanto que su voz se debilitaba hasta llegar a ser un cuchicheo imperceptible.

– Es un signo – gritó Gertrudis aterrorizada – No tienes el derecho de dilapidar un don que tú sólo en el mundo posees.

– Es una inhibición de los centros nerviosos – declararon los médicos una afonía, un curioso síntoma histérico.

Lo que fuera, durante varios meses ningún tratamiento pudo devolver a Edgar su voz normal, ni siquiera los intentos de un hipnotizador renombrado que se sentía seguro de tener éxito en curarlo. Fue entonces cuando Alan Layne entró en escena.

Desde siempre Alan Layne soñó con ser médico. Su falta de dinero y su mala salud le habían impedido seguir esos estudios. Se consoló tomando cursos de osteopatía por correspondencia. Habiendo oído hablar del caso de Edgar, le propuso hipnotizarlo él mismo. La experiencia fue intentada. En presencia de Layne, Cayce se abismó en un trance profundo, se auto diagnosticó una parálisis de las cuerdas vocales debida a una tensión nerviosa excesiva e indicó qué sugestiones debían serle hechas para restablecer un circuito nervioso normal. Al despertar, su voz volvió a ser fuerte y clara. Layne, maravillado, le pidió repetir esa experiencia con él mismo, Edgar describió todos los síntomas de Layne, le explicó exactamente todo lo que no funcionaba bien en él y le dio una lista detallada de los tratamientos que necesitaba para sanarse, incluidos los medicamentos que debía tomar. Layne cumplió estas indicaciones al pie de la letra y en un
par de semanas había recuperado la salud. Así Edgar Cayce había devenido un sanador, a pesar suyo. Debía empezar una nueva vida para él, una vida que no tenía nada de común con la existencia de un hombre normal.

La noticia de estas dos curaciones rnilagrosas se extendió rápidamente por la ciudad y numerosos enfermos incurables solicitaron de Edgar Cayce un diagnóstico , una sanación si fuera posible. Agitado por una grave crisis de conciencia, presionado por Layne y por su prometida, Gertrudis, Edgar dudaba todavía. Su más querido deseo había sido siempre ser útil, servir a sus semejantes , sanar; pero en tales condiciones, tenía derecho a hacerlo? Su primera reacción fue negativa. Quiso expresar a Layne su rechazo, pero, por segunda vez la ansiedad le hizo perder la voz. Nueva afonía, nuevo síntoma histérico, nuevo signo de lo Desconocido tal vez. Después de esta segunda prueba, Edgar se resignó a aceptar su destino. Se le pedía sanar, él sanaría. Bajo ciertas condiciones, sin embargo.

A contar de ese día, empezó a trabajar en equipo con Layne, quien transcribía las lecturas o diagnósticos obtenidos por el examen interno del paciente practicados por Cayce en estado de trance, durante el cual se paseaba literalmente al interior del cuerpo del enfermo. Para no dejarse influir por la presión de la multitud que quería consultarlo, rehusó tener contactos personales previos y aceptar pagos por sus servicios. Su anhelo era el de ser reconocido por los médicos aunque estos, la mayor parte del tiempo, alzaban los hombros ante el anuncio de sus diagnósticos, considerándolos imprevisibles, desconcertantes, descabellados y, sin embargo, justos. Qué importaba! Cayce tenía su conciencia tranquila. El no era un charlatán. Para mantener muy modestamente a su familia, ejercía otra profesión, repartiendo su tiempo entre un laboratorio fotográfico ( su verdadero oficio) y sus consultas psíquicas. Por lo demás, acaso no veía lo que los médicos no podían ver?

Edgar materializaba los cuerpos de sus pacientes a distancia. Era capaz de distinguir claramente un botón de plástico, indiscernible en una radiografía, que, atascado en la garganta de una niñita, amenazaba asfixiarla. Algo más extraño todavía, daba consultas anticipadas para enfermos desconocidos que iban a presentarse en los días siguientes, y prescribía medicamentos todavía en estudio o pociones caídas en el olvido después de cincuenta años. Al salir de sus trances, no se acordaba de nada.

Qué he dicho?, balbuceaba ansioso. Se le citaban nombres de remedios desconocidos, plantas, incluso substancias venenosas. Sólo podía sacudir la cabeza: Tengo tanto temor de cometer un error .. .

Pero él no se equivocaba. Las drogas o las manipulaciones de la columna vertebral que ordenaba, se revelaban siempre eficaces. Por otra parte, sabía que si dudaba, lo amenazaba la ansiedad, y la crisis de afonía estaba en acecho. El aceptaba entonces lo que consideraba como su misión, con una sola reserva: no quería aceptar honorarios, tampoco quería que su don fuera utilizado para otros fines que los medicinales.

Después de haber fijado tan categóricamente sus condiciones, fue con una gran amargura que Cayce se enteró un día que Layne, su amigo, su hombre de confianza, único testigo de sus trances hipnóticos, abusaba de su don. La visita de un propietario de minas en Nortonsville (Kentucky) vino a poner en evidencia la superchería:

– Mi mina es próspera gracias a usted – había declarado – He venido a agradecérselo. Es usted quien ha descubierto mi filón.

– Yo he hecho eso! – exclamó Cayce desconcertado. Así, que no contento con presionarlo continuamente para que aceptara honorarios contra su voluntad, Layne no había respetado el convenio. Dolorosamente herido por sentirse un instrumento en las manos de su asistente, Edgar Cayce siguiendo los consejos de un amigo médico, Dr. Blackburn – decidió romper esa asociación y someterse a diferentes tests delante de una asamblea de médicos. Estos, después de haberle clavado agujas en el cuerpo y un alfiler de sombrero debajo de las uñas, llegaron a la conclusión de que había una perfecta anestesia en un estado alterado de consciencia; pero se retiraron sin pronunciarse sobre sus talentos médicos.

Aquello ocurría en 1906 y el renombre de Cayce no hacía más que aumentar. Se le pedía entonces hacer predicciones sobre los valores bursátiles, identificar criminales. Cuando aceptaba prestarse a estas demandas se le producían jaquecas intolerables. El no deseaba más que sanar y curar, como se lo aconsejaba una voz interior. En forma semi legal, retomó sus consultas haciéndose asistir, primero, por el Dr. Blackburn, quien le daba confianza, y luego por un homeópata llamado Wesley Ketchum. Este, durante una sesión de hipnosis, le había pedido – sin que Edgar lo supiera – que explicara sus extraños poderes.
Mi cerebro – respondió Cayce dormido – es sensible a la sugestión, igual que los subconscientes de todas las otras personas, pero el mío tiene el poder de interpretar lo que él obtiene del subconsciente de los demás. El subconsciente no olvida nada. El consciente recibe las impresiones del exterior y las transfiere
al subconsciente donde ellas permanecen aun si el consciente es destruido . Aparentemente, cuando estaba en trance, se despertaba una inteligencia diferente en Cayce, una inteligencia capaz de seleccionar y de utilizar instantáneamente todo el conocimiento circulante en la humanidad.

Mi despertar a la videncia

Mi despertar a la videncia

Se me ha preguntado a menudo cómo he podido, del hombre de negocios que era, transformarme en escritor de la noche a la mañana. El primer impulso se produjo en la siguiente circunstancia: había conocido en el Sanatorio Lehmann al escritor Oscar Schmitz. Luego que le hube contado dos o tres experiencias notables que me habían sucedido, él me preguntó por qué no las escribía, Le pregunté cómo podría hacerlo y me respondió: Escriba simplemente tal como habla. Me puse a trabajar y produje la novela El Soldado Ardiente y la envié a un editor que la aceptó en seguida. Desde entonces, todo lo que he escrito ha sido publicado inmediatamente, ya sea por revistas o por editores.

El impulso interno que despertó en mí este talento de narrador es infinitamente más curioso. Quiero describirlo en detalle, pues él me ha conducido a la convicción de que todo talento duerme en todo hombre, pero que es preciso aprender el método que permita despertarlo. Cuando se aplica el método inconscientemente, sólo se puede desarrollar un don cuyas manifestaciones existían ya, de alguna manera, desde la primera juventud. Por mi parte, yo no había tenido jamás en mi infancia la menor inclinación por la literatura o la poesía. Leía sin discriminación todo lo que caía en mis manos. Más adelante, mi amor por la lectura desapareció completamente; yo entonces consideraba que el sentido de la vida residía en las intrigas amorosas, el juego de ajedrez y el deporte del remo.

El maestro de mi destino, aparentemente muy preocupado frente a tales comienzos, me asestó un día un latigazo tan enérgico que, a continuación de un desengaño amoroso y de otras causas de origen sentimental, decidí poner fin a mi breve existencia – tenía entonces veintitrés años – haciéndome saltar los sesos con un revólver. Un roce en la puerta de mi departamento de soltero interrumpió mi gesto: el destino personificado en un dependiente de una librería me deslizaba un folleto por debajo de la puerta. Si hubiera habido un buzón al exterior del edificio, hoy no estaría vivo, Recogí el folleto y dí vuelta sus hojas: espiritismo, historias de aparecidos, hechicería… Eran temas que jamás había conocido hasta ese día, a no ser de oídas, y que despertaron inmediatamente mi interés. A tal punto que guardé el revólver en un cajón del escritorio para una mejor ocasión y decidí desterrar definitivamente de mi vista – tal como el arma – mis tres intrigas amorosas pasadas, y lanzar la embarcación de mi vida al descubrimiento de estas regiones desconocidas que el folleto evocaba en gran medida. Me hice a la mar, una mar sin límites de obras sobre
el ocultismo.

Al comienzo las olas se elevaban hasta alturas terroríficas: el destino me sumergía literalmente en obras especializadas. Lo que al principio hubiera podido ser considerado como una curiosidad o como un interés superficial, llegó a ser con los años un deseo ardiente de saber, una sed inextinguible que me devoraba. Fuí durante largo tiempo presa de esa necesidad fatal común a todos los hombres, la de pedir consejo a otros con la ilusión de enriquecerme con sus conocimientos. Esto podía ser posible en una cierta medida en relación a cosas exteriores, pero es un fracaso reiterado cuando se trata de la evolución interior del ser humano. Habiendo aprendido que la experiencia viviente no se encuentra en libros muertos, me puse a la búsqueda de hombres capaces de darme algún consejo. El maestro camuflado de mi destino tomó la iniciativa de darme esa ocasión: tuvo éxito en hacerme entrar en contacto de la manera más curiosa con gente interesante, la mayor parte extranjeros, asiáticos, – en Alemania quién hubiera podido poseer alguna experiencia en materia de ocultismo? – videntes, verdaderos y falsos profetas, místicos, médiums. Logias ocultas, más o menos secretas, antiguas y nuevas, se me fueron abriendo. Y cada vez al cabo de algunos años, las dejaba con la misma experiencia: aquí tampoco hay nada, tiempo perdido, repeticiones imprecisas, propósitos superficiales, teísmo fanático. Y en los casos más graves: el agua de rosas de una devoción quietista.

En fin, creí haber encontrado lo que había buscado durante tan largo tiempo: una comunidad de hombres europeos y orientales, en la India central, que pretendían poseer el verdadero secreto del Yoga – ese método asiático remontante a la más alta antiguedad – que ha descubierto el único camino que permite acceder a los grados que se sitúan más allá del nivel de la débil, imperfecta e impotente humanidad. Fuí admitido, después de haber respondido de manera aparentemente satisfactoria a preguntas de orden metafísico que apelaban más a la intuición que a la razón. Estaba escrito – entre otras cosas – en mi certificado de admisión: Hay en usted el verdadero espíritu de un místico. En seguida recibí toda una serie de consejos a propósito del rostro verde. A partir de entonces llevé durante tres meses una vida de loco, no comiendo más que verduras, no durmiendo más de tres horas por noche, saboreando dos veces por día dos cucharadas de goma arábiga disueltas en una sopa clara – medio particularmente eficaz para despertar la videncia – ejercitándome a medianoche en dolorosas posturas de Asanas, las piernas cruzadas, reteniendo la respiración al punto que mi cuerpo se cubría de sudor mientras me debatía contra una asfixia mortal.

En una noche de invierno, en que la nieve parecía demasiado espesa para permitirme subir hacia mi colina, me encontraba sentado al borde de un río. Tenía detrás de mí una vieja torre con un gran reloj, Estaba allí hacía algunas horas, tiritando a pesar de mi abrigo de piel, mirando fijamente el cielo oscuro y esforzándome por todos los medios en llegar a lo que mis hermanos de la India llamaban la visión interior. De nuevo, todos mis esfuerzos eran vanos. Hasta ese día y desde mi más tierna infancia. me faltaba en un grado sorprendente esta facultad otorgada a muchas personas de representarme, cerrando los ojos, una imagen o un rostro. Dicho de otra manera, acostumbraba pensar con palabras y no con imágenes. Había decidido tener bien presente en mi memoria – hasta donde mis facultades me lo permitieran – la imagen del Buda Gautama, y no dejar el lugar donde estaba sentado antes de haber alcanzado algún progreso, por pequeño que fuera.

Debí haber estado allí al menos unas cinco horas cuando súbitamente se me impuso esta pregunta muy humana: Qué hora es? Y he aquí que de la manera más curiosa, en el momento preciso en que salía de mi sopor, vi aparecer en el cielo un reloj gigante proyectando una luz viva, y esto con una nitidez que no habia jamás experimentado cuando observaba objetos reales. Las agujas indicaban las dos menos doce. Sentí claramente cómo los latidos de mi corazón se hacían más lentos y pensé que era debido a la emoción que experimentaba. Era un error, como no tardé en percibirlo: la lentificación del pulso no era la consecuencia sino la causa de la visión. Tenía la extraordinaria impresión de que una mano estaba reteniendo mi corazón. Me dí vuelta para contemplar detrás de mí el reloj real de la torre. El también marcaba las dos menos doce. Estaba excluído el qué hubiera podido volver la cabeza para tener un cierto punto de referencia respecto a la hora, porque había estado perfectamente inmóvil al borde del río durante todo ese tiempo, tal como está estrictamente prescrito por los ejercicios de concentración. Estaba dichoso, pero a la vez un ligero temor se insinuaba en mí: se mantendría abierto el ojo interior?

Retomé mi ejercicio, Por un momento el cielo permaneció oscuro y cerrado como antes. Súbitamente, surgió en mí la idea de ensayar el reprimir los latidos de mi corazón al punto de lentitud en que ellos estaban durante la visión y, seguramente, antes de ella. No era precisamente una idea sino una deducción a medias formulada del sentido de una frase del Buda Gautama que se imponía a mí como una sugestión emitida por una voz interior: Es del corazón que vienen todas las cosas, nacidas del corazón, y a él sometidas … Gracias a los ejercicios de yoga practicados, yo tenía alguna idea de la manera en que se podía influir sobre los latidos del corazón. Mi tentativa tuvo éxito. Por la primera vez en mi vida, me encontraba en un estado que me había sido totalmente extraño hasta entonces: la impresión intensa de un estado de lucidez anormal. Al mismo tiempo vi alejarse de mi vista una porción circular del cielo nocturno, como si empezara a girar una linterna mágica. Fue como si una parte de él se separara de la atmósfera, retrocediendo hasta profundidades más y más lejanas, a regiones inconmensurables del espacio. De pronto ya no hubo un segundo plano en ninguna parte, y, para mi gran sorpresa, me di cuenta de que en todo momento y constantemente en la vida estamos rodeados de segundos planos: el cielo azul, la bruma, muros de cualquier forma que sean, y sin que nosotros los percibamos jamás.

En esta brecha circular que acababa de formarse en el cielo, se encontraba una figura geométrica, Yo no la veía como se ven los objetos en la vida corriente, de cara o de perfil: la veía por todos lados al mismo tiempo, por extraordinario que esto pudiera parecer. Como si mi ojo interior en lugar de ser una lente, fuera – por así decirlo – un círculo en torno a la visión. De allí también la impresión nueva de la ausencia de un segundo plano. Esta figura geométrica era el símbolo in hoc signo vince, una cruz en una H, como la visión del emperador Constantino.

La contemplaba con el corazón frío y sin emoción, no había traza en mí de exaltación ni nada por el estilo. Todo parecía natural, pues no sentía ninguna sensación de éxtasis. Al cabo de un momento, vi aparecer otras figuras geométricas. Yo las consideraba cono un A, B, C del aprendizaje a la videncia. La adquisición permanente que obtenía – y que sentía entrar en mí – era de saber de manera cierta cómo actuar para lograr la visión interior: lentificar los latidos del corazón, ponerme en un estado lúcido intenso, mirar derecho delante de mí lo más lejos posible para realizar el paralelismo de los ejes oculares, etc. Pero todos estos medios no eran necesarios, puesto que realmente no tenía sino que evocar mi experiencia al borde del río para ver las imágenes formarse de nuevo en el espacio ante mis ojos.

Poco tiempo después tuve visiones en colores de tal esplendor y luminosidad y animadas de una vida tal que me ayudaron a atravesar horas difíciles de mi existencia. Nunca, luego de las visiones, me ocurrió caer en ensoñación u otros estados de consciencia inferiores al estado normal de vigilia. Estas visiones no dependen de nuestro libre albedrío; ellas aparecen según le place a una voluntad que no está en nuestro poder manifestar, aunque se trata, seguramente, de nuestra voluntad y no de la manifestación de una potencia exterior, cualquiera que sea el nombre que se le dé.

Esta facultad de videncia fue la causa primera de mi actividad de escritor; la impulsión exterior mencionada al comienzo de este artículo no hizo sino poner en marcha un movimiento ya existente. Las ideas que me empujaron a escribir historias fantásticas fueron siempre, desde el comienzo, imágenes, situaciones y personajes percibidos en visión, que constituyeron el núcleo en torno al cual construía mis novelas. Había aprendido a pensar en imágenes. Puedo mencionar al pasar que muy a menudo he tenido visiones que me dieron simbólica o abiertamente advertencias, consejos o enseñanzas.

Gustav Meyrink

Traducido y extractado por Ester Silva de
Question de, N 13
Editions Retz,
París.

El Desdoblamiento como Fenómeno Holográfico

El Desdoblamiento como Fenómeno Holográfico

Aunque nos han enseñado que pensamos con nuestro cerebro, esto no siempre es verdad. Bajo ciertas circunstancias, nuestra consciencia – la parte que percibe y piensa en nosotros – puede desprenderse del cuerpo físico y existir en cualquier lugar que ella quiera. Nuestra comprensión científica corriente no puede considerar este fenómeno; pero llega a ser mucho más posible en términos de la idea holográfica.

Hay que recordar que en un universo holográfico la ubicación es en sí misma una ilusión. Tal como la imagen de una manzana no tiene una ubicación especifica dentro de un holograma, en un universo organizado holográficamente los seres y los objetos no tienen una localización definida. Todo es, en último término, no localizable, incluso la consciencia. Así, aunque nuestra consciencia parezca estar localizada en nuestra cabeza, bajo ciertas condiciones puede fácilmente parecer ubicada en una esquina superior de la habitación, revoloteando sobre un prado, o flotando sobre un objeto cualquiera en un edificio distante.

Si la idea de una consciencia sin localización determinada parece difícil de captar, puede encontrarse una analogía útil en los sueños. Imagínese que está soñando que asiste a una concurrida exposición de pinturas. Mientras vagabundea entre la gente contemplando los cuadros, su consciencia parece estar localizada en la cabeza de la persona que usted es en el sueño. Pero dónde está su consciencia realmente? Un rápido análisis revelará que está en cada cosa que aparezca en el sueño: en la otra gente que asiste a la exposición, en los cuadros, y aun en el mismo escenario en que se desarrolla el sueño. En
un sueño, la localización es también una ilusión porque todo – gente, objetos, espacio, consciencia, etc. –
se está desplegando desde la más profunda y más fundamental realidad del soñador.

Otra característica holográfica sorprendente de los desdoblamientos – o salidas fuera del cuerpo – es la plasticidad de la forma que una persona asume una vez que está fuera del cuerpo. Después de desprenderse de él, a veces la persona se encuentra en un cuerpo fantasma que es una copia exacta de su cuerpo biológico. Esto hacía que algunos investigadores de épocas pasadas postularan que los seres humanos poseían un doble, como en la literatura de ciencia ficción.

Recientes descubrimientos en parapsicología han pesquisado casos en lo que posiblemente sucede. Aunque algunos sujetos describen este fantasma doble como desnudo, otros se encuentran en cuerpos completamente vestidos. Esto sugiere que el doble no es una réplica energética permanente del cuerpo biológico, sino que una especie de holograma que puede asumir diferentes formas. Tanto es así que no siempre es un doble del cuerpo físico la forma en la que los sujetos se encuentran a sí mismos durante su desdoblamiento. Hay numerosos casos en que la gente también se percibe como bolas de luz, nubes de energía informes, y aun no discernibles de ninguna manera.

Podríamos considerar como algo evidente que la forma que una persona asume durante su salida del cuerpo es una directa consecuencia de sus creencias y expectaciones. Por ejemplo, el matemático Whiteman, en su libro Mistical Life, publicado en 1961, reveló que él experimentaba a lo menos unos dos desdoblamientos al mes durante gran parte de su vida adulta. Incluso agregó que siempre se había sentido como una mujer atrapada en un cuerpo de hombre, y que cuando se desdoblaba, a menudo se encontraba en una forma femenina. A veces aparecía en otras formas durante sus aventuras fuera del cuerpo, incluyendo cuerpos de niños. Su conclusión era que los factores determinantes de la forma que asumía el segundo cuerpo eran las creencias, tanto conscientes como inconscientes.

Monroe está de acuerdo en que son nuestros hábitos de pensamiento los que crean nuestro doble. Porque estamos tan acostumbrados a habitar en un cuerpo, tenemos una tendencia a reproducir la misma forma en el desdoblamiento. Similarmente, él cree que es la incomodidad que la mayoría de la gente siente cuando están desnudos lo que causa que, inconscientemente, se fabriquen ropas cuando están asumiendo una forma humana. Sospecho que uno puede modificar el segundo cuerpo en cualquier forma que desee, dice Monroe.

Cuál es nuestra verdadera forma – si la hay – cuando estamos desdoblados? Monroe ha encontrado que una vez que dejamos caer toda apariencia, somos en lo profundo un modelo vibratorio formado de muchas frecuencias interactuando y resonando. Esta conclusión es extremadamente sugestiva porque apunta a que algo holográfico está en curso, y ofrece una consecuente evidencia de que nosotros – igual que todos los seres en un universo holográfico – somos, en último término, un fenómeno de frecuencia vibratoria, el cual nuestra mente convierte en variadas formas holográficas. Esto añade crédito a la conclusión de Hunt que nuestra consciencia está contenida, no en el cerebro, sino en un campo plásmico de energía holográfica que a la vez compenetra y envuelve el cuerpo físico.

La forma que asumimos en los estados de desdoblamiento no es lo único que presenta esta plasticidad holográfica. A pesar de la exactitud de las observaciones hechas por experimentados viajeros durante sus correrías fuera del cuerpo, los investigadores han quedado a veces perplejos por algunas inconsecuencias encontradas. Por ejemplo, el título de un libro perdido que encontré en uno de mis viajes se veía en un brillante color verde mientras estuve desdoblado. Pero cuando volví a mi cuerpo físico y pude reencontrar
el libro, vi que las letras del título eran negras. La literatura sobre estos temas abunda en tales discrepancias, como cuando los sujetos describen una habitación distante llena de gente – existente en la realidad física – salvo que ellos añaden una persona extra o perciben una cama donde realmente había una mesa.

En términos del planteamiento holográfico, una explicación sería que tales viajeros no han desarrollado plenamente la habilidad de convertir las frecuencias que perciben al estar desdoblados en una exacta representación holográfica de la realidad consensual. En otras palabras, desde el momento que estos sujetos parecen apoyarse en un conjunto de sentidos totalmente nuevos, estos sentidos pueden ser todavía vacilantes y no poder convertir de manera eficiente las frecuencias vibratorias encontradas, de modo que parezcan una objetiva construcción de la realidad.

Estos sentidos no-físicos pueden ser perjudicados por las restricciones que nuestras propias creencias limitantes arrojan sobre ellos. Algunos viajeros dotados se han dado cuenta que, a medida que se van sintiendo más a gusto en su segundo cuerpo, descubren que pueden ver en todas direcciones a la vez sin volver la cabeza. En otras palabras, aunque ver en todas direcciones parece ser normal durante ese estado, ellos están tan acostumbrados a creer que sólo pueden ver a través de sus ojos – aun cuando estén fuera de su cuerpo – que esta creencia al comienzo les impide darse cuenta que poseen una visión en 360.

Hay evidencia de que aun nuestros sentidos físicos pueden ser víctimas de esta censura. A pesar de nuestra inconmovible convicción de que sólo vemos con nuestros ojos, existe información sobre individuos que poseen visión sin ojos, o sea, la habilidad de ver con otras áreas de su cuerpo. David Eisenberg, M. D., un investigador de la Escuela de Medicina en Harvard, publicó un artículo sobre dos hermanas chinas en edad escolar, en Beijing, las que podían ver con la piel de sus axilas lo suficiente como para leer notas e identificar colores. En Italia, el neurólogo César Lombroso estudió a una niña ciega que podía ver con la punta de la nariz y con el lóbulo de su oreja izquierda. En los años sesenta, la prestigiosa Academia Soviética de Ciencias investigó a una campesina rusa llamada Rosa Kuleshova, la que podía ver fotografías y leer periódicos con las yemas de sus dedos, y decidió que su habilidad era genuina. Resulta significativo que la Academia excluyera la posibilidad de que KuIeshova estuviera simplemente detectando las variadas cantidades de calor acumulado que los diferentes colores emanan naturalmente. Kuleshova pudo leer un periódico impreso en blanco y negro aun cuando fue cubierto con una lámina de vidrio calentada. Llegó a
ser tan renombrada por sus habilidades que el magazine Life publicó un artículo sobre ella.

En resumen, hay evidencias de que no somos tan limitados como para ver sólo a través de nuestros ojos físicos. Uno no puede sino preguntarse si la vista sin ojos es realmente a futuro una evidencia de que la realidad es sólo maya , una ilusión, y que nuestro cuerpo físico, junto con la aparente incondicionalidad de su fisiología, es tanto una construcción holográfica como lo es nuestro segundo cuerpo. Tal vez estamos tan profundamente habituados a creer que podemos ver solamente a través de nuestros ojos que aun en el plano físico nos hemos aislado del amplio rango de nuestras capacidades de percepción.

Otro aspecto holográfico del desdoblamiento es que desaparece la división entre pasado y futuro, hecho que a veces ocurre durante esa experiencia. Por ejemplo, Osis y Mitchell descubrieron que cuando el Dr. Alex Tanous, un bien conocido psíquico, experimentado en viajes fuera del cuerpo, viajaba desde Maine, e intentaba describir objetos ubicados sobre una mesa, tenía la tendencia a incluir algunos que se iban a colocar allí días después. Esto sugiere que el ámbito en el que la gente entra al desdoblarse es uno de los más sutiles niveles de realidad, de los que Bohm hablaba. Una región más cerca de lo replegado y, por lo tanto, más cerca del nivel de realidad en el cual la división entre pasado, presente y futuro deja de existir. Dicho de otra manera, parecía que, en lugar de sintonizar con las frecuencias que codifican el presente, la mente de Tanous inadvertidamente sintonizaba con frecuencias que contenían información acerca del futuro y las convertían en un holograma de la realidad.

Esa percepción de la habitación que tuvo Tanous fue un fenómeno holográfico y no una visión precognitiva que tuviera lugar sólo en su cabeza sin relacionarse con algún otro hecho. El día del experimento se le pidió a la síquica Christine Whitting vigilar la habitación y tratar de describir cualquier proyección que ella pudiera ver visitándola. A pesar de la ignorancia de Christine sobre quién podría aparecer flotando, y a qué hora, cuando Tanous hizo su visita desdoblado ella vió su aparición claramente y lo describió usando
un pantalón de cotelé color café y una camisa de algodón blanca, la ropa que el Dr. Tanous tenía puesta en Maine al momento de ese ensayo.

Harary también ha hecho ocasionales viajes al futuro y concuerda en que las experiencias son cualitativamente diferentes de otras experiencias cognitivas. Los viajes fuera del cuerpo hacia el tiempo y espacio futuros difieren de los sueños precognitivos en que yo estoy, en forma bien definida, afuera y que me estoy moviendo a través de un área negra, después oscura, que termina en alguna escena futura iluminada. Cuando él hace una visita al futuro a veces ve una silueta de su futuro ser en la escena, y esto no es todo. Cuando los eventos de los que él ha sido testigo eventualmente ocurren, puede sentir a su doble dentro de la escena junto con él. Describe estas sensaciones fantasmagóricas como encontrarme conmigo detrás de mí como si tuviera dos seres, una experiencia que seguramente deja muy atrás los normales déjà vu.

También se han estudiados casos de viajes al pasado. El dramaturgo sueco August Strindberg, un frecuente viajero fuera del cuerpo, describe uno en su libro Legends. El suceso tuvo lugar cuando Strindberg estaba sentado en una cantina tratando de persuadir a un joven amigo de no abandonar su carrera militar. Para reforzar sus argumentos, Strindberg trajo a colación un pasado incidente que los incluía a ambos durante un atardecer en una taberna. Mientras el dramaturgo describía el evento, súbitamente perdió la consciencia y se encontró en la taberna en cuestión reviviendo la experiencia. Esto duró sólo unos pocos minutos y, abruptamente, se encontró de vuelta a su cuerpo y al presente. Estas visiones retrocognitivas que han sido estudiadas dan fundamento a las experiencias de los clarividentes que – estando en realidad presentes – a la vez flotan sobre las escenas históricas que van describiendo. Se trataría de una forma de proyección desdoblada dentro del pasado.