Equilibrio

Equilibrio

 

Con una consciencia meditativa sabemos cómo abordar cada experiencia y, por consiguiente, no caemos atrapados por expectativas, frustraciones ni decepciones.

ZenGarden

Desde una perspectiva concluyente, sólo existe la consciencia o atención pura. La consciencia admite todas las pautas, toda la experiencia. En cuanto las “experiencias” se filtran por los sentidos y empiezan a acumularse pautas de percepción,  todas las imágenes, recuerdos y representaciones forman lo que llamamos “consciencia”. Esto no significa que aparece una consciencia substancial, original o específica. Creemos que hay una consciencia, pero ésta es tan sólo una colección de pautas que se han acumulado como el polvo: esta acumulación es lo que llamamos “yo”. Si pudiéramos barrer todas estas pautas como si de vaciar la mente se tratara, no encontraríamos absolutamente consciencia alguna. Sólo queda la consciencia, la consciencia presente, que siempre se halla disponible en el interior de nuestro cuerpo, el interior de nuestra energía.

Alumno: ¿Cómo sé que me encuentro en un estado de atención consciente? ¿Me lo dirán mis sensaciones?

Rimpoche: No. Las sensaciones están en la consciencia. Cuando somos conscientes de algo, esto tiene lugar dentro de la consciencia –percibimos conscientemente la existencia de árboles y montañas, y así sucesivamente-. Organizamos en abstracto nuestra experiencia según determinadas pautas por medio de palabras y conceptos, imágenes e ideas, pero el elevado estado meditativo de consciencia no existe dentro de la consciencia misma. Va más allá del conocimiento sensorial, más allá de los símbolos, conceptos, ideas. Sin esta más profunda consciencia, y aunque puede que en la meditación experimentemos sensaciones positivas, de mucho júbilo, seguimos estando bajo el dominio de nuestras acciones habituales.

Alumno: Estoy algo desconcertado, entonces, con respecto a la meditación que se concentra en algo en particular, como en el caso de la visualización o las instrucciones de un maestro de meditar de cierta manera.

Rimpoche: La visualización es una manera de meditar, y muy útil al principio. Sin embargo,  los meditadores avanzados se dan cuenta de que nadie hace nada. Esto es lo que señalan las instrucciones, y cuando nos damos cuenta de ello, ya no hay necesidad de instrucciones porque ya estamos “ahí”.

Alumno: ¿Cuál es la relación entre “concentración”, “consciencia” y “atención consciente”?

Rimpoche: Puede que cuando nos concentramos estamos en una cierta consciencia pero no estemos en el estado de atención consciente. La consciencia sin este estado es como la leche sin nata o una naranja sin jugo.

Alumno: ¿Puede uno estar en el estado de atención consciente sin concentración?

Rimpoche: Sí. Es lo que estamos tratando de poner en práctica. Primero nos concentramos; después, percibimos conscientemente, y después de eso, nuestra atención consciente aumenta y se prolonga hasta que, por último, es ilimitada. Es muy importante derribar nuestros bloques conceptuales porque, en cierto modo, la concentración forma un caparazón alrededor de la meditación… algo tangible o substancial con lo cual podemos tratar. La consciencia directa trata de penetrar el caparazón.

Alumno: ¿Cómo podemos renunciar a la consciencia y, no obstante, seguir siendo conscientes?

Rimpoche: Debemos desprendernos de cualquier idea, cualquier posición, cualquier logro al que estemos aferrándonos. Escondiéndonos en los pensamientos limitamos la atención consciente. Existe el peligro de que todas las imágenes y los pensamientos que aparecen en la meditación se vuelvan tan fascinantes que no queramos renunciar a ellos, permaneciendo en su ámbito, creemos ser muy poderosos y tenerlo todo bajo control –la mente, los pensamientos, la meditación-. Ciertas visualizaciones y algunos mantras tienden un puente entre la consciencia y la atención consciente: ayudan a dejar ese tipo de meditación consciente. También podemos purificar el cuerpo, el habla y el corazón actuando de manera positiva.

Alumno: ¿Puede ser la concentración una manera de aumentar la atención consciente?

Rimpoche: Gradualmente sí, pero lleva mucho tiempo establecer firmemente la concentración, y dar lugar a una intensa concentración no significa necesariamente que también estemos dando lugar a una atención consciente.

Alumno: ¿Cómo podemos saber cuando estamos meditando correctamente?

Rimpoche: El nivel inferior de meditación tiene una base dualista, con un “yo” que es consciente de algo; el nivel superior de meditación va más allá de la consciencia. Aún estando meditando percibimos pensamientos, imágenes y objetos, todavía estamos aferrándonos a las percepciones sensoriales. Y mientras estemos en el ámbito de la consciencia, experimentaremos distintas sensaciones físicas, emociones e interpretaciones: arriba, abajo; alegre, triste; equilibrado, desequilibrado.

Es posible que cuando meditemos, a menudo nos parezca tener menos trastornos emocionales, perturbaciones o distracciones. Pero esto no significa que estemos trascendiendo el nivel ordinario, pues aún quedan pautas negativas. Observar nuestros pensamientos, y concentrarnos en refinar nuestras percepciones son herramientas transitorias que pueden ponernos alegres y contentos. Pero si queremos llegar al estado de consciencia meditativa debemos trascender la percepción sensorial o intelectual, que se centra en los objetos. En otras palabras, debemos ir más allá de la consciencia.

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Alumno: ¿Cómo se va más allá de la consciencia?

Rimpoche: ¡Con la consciencia directa! Sin embargo, parece que al meditar siempre queremos estar haciendo algo –entrar en contacto con algo sustancial-. Siempre queremos resultados…. De otra manera nos parece que nuestra experiencia no vale la pena. Podemos meditar durante cuatro o cinco años sin encontrar nada tangible, y la meditación puede parecernos obscura, soñolienta y aburrida. Es posible que nos desilusionemos y dejemos de meditar. De modo que nos encontramos en una difícil situación: ¡lo que estamos buscando es lo que estamos dejando!

Alumno: ¿Quiere decir que lo que aprendemos con la meditación podría inducirnos a dejar la práctica?

Rimpoche: Lo que dejamos son las expectativas. Esto puede desconcertarnos, ya que habitualmente creemos que si no poseemos algo, ese algo no tiene nada que ver con nosotros.

Alumno: ¿Cuáles son entonces los beneficios de la meditación, si esta no tiene nada que ver conmigo?

Rimpoche: Los beneficios no son tangibles. Se encuentran al no adoptar posturas y al trascender el ego al máximo posible. La atención consciente no es nada tangible, y este “nada” no puede sostenerse ni señalarse. La atención consciente no es un ente. Si hablamos de él, no es más que ruido. Si nos damos cuenta de esto, puede que pensemos: “¿qué estoy haciendo? Estar aquí no tiene ningún valor claro”. Pero tal actitud sería negativa.

Alumno: ¿Le parece así a usted?

Rimpoche: Menciono esto porque a menudo la gente pregunta “¿ha tenido alguna ‘experiencia’?”. Creemos que es muy importante tener una ‘experiencia’, y continuamente juzgamos nuestra meditación, insistiendo en tener una ‘experiencia’. Puede convertirse en un deseo que nos agobie. Queremos estar alegres y tranquilos. Algunas personas creen que es importante ver visiones, llegar a otros dominios o comunicarnos con espíritus invisibles.

Alumno: Es mucho más agradable, digamos, que estar deprimidos.

Rimpoche: Es cierto. Pero cuando profundizamos en la meditación y más experimentamos los niveles superiores, estas sensaciones ya no están presentes y nos convertimos en atención consciente –la experiencia no nos distrae-. No la atraemos hacia nosotros, ni la apartamos.

Alumno: Pareciera que usted está diciendo que si una persona se iluminara, se desilusionaría.

Rimpoche: Exactamente. Eso creo. Nos desilusionamos porque no se cumplen nuestras expectativas. Hemos creado increíbles fantasías –todo lo que pudiéramos imaginar o esperar-, pero cuanto más desarrollamos una atención consciente, más nos damos cuenta de que estas suposiciones, sueños y fantasías, no existen.

¿No es peligroso descartar nuestras más apreciadas ilusiones? Puede que hayamos estado meditando una o dos horas diarias durante seis o siete años, y hayamos creído que estábamos consiguiendo algo, pero ahora nos damos cuenta de que no hay nada que conseguir.

Podrías preguntar “¿por qué debo molestarme en meditar? Si la meditación no es provechosa para mis sentimientos, mis percepciones, mi estado físico o mental, ¿de qué sirve?”.

Alumno: ¿No sirve para algo?

Rimpoche: Nos puede ayudar a estar contentos y relajados. Pero al ir experimentándola más a fondo, comprendemos que este tipo superior de meditación simplemente “es”; no tiene ninguna finalidad en sí misma.

Alumno: ¿Por qué enseña usted meditación, entonces?

Rimpoche: La finalidad de enseñar es decepcionar a la gente. ¡La gente necesita decepción! Siempre hay decepción si esperamos algo.

Alumno: Yo espero una decepción -¡pero no la deseo!-.

Rimpoche: Es la única manera de que despiertes. En cuanto hay más decepción, puedes despertar.

Alumno: Yo debiera estar muy despierto. Me parece que una vida llena de aventuras amorosas sería más fácil que la meditación. La vida nos proporciona ya bastante decepción.

Rimpoche: Es cierto. Un buen meditador siempre aprende y trabaja con la decepción. Sabe cómo enfrentarse con el mundo y con todas las experiencias con que se topa en la vida; ése es el verdadero proceso de aprendizaje. La manera inteligente de meditar es realmente dirigir nuestra atención a nuestra vida, pues de otra manera simplemente vivimos sin aprovechar nuestro conocimiento espiritual.

Estoy diciendo, entonces, que la meditación nos devuelve a la vida. Puede que tengamos que luchar, pero si estamos resueltos a atravesar obstáculos en lugar de tratar de escapar de ellos o eludirlos, podremos experimentar todo –ver, oír, oler- y participar ágilmente en cada situación en lugar de tener que escondernos o protegernos. Cuando gozamos de una consciencia meditativa sabemos abordar cada experiencia directamente y, por consiguiente, no somos atraídos y atrapados por expectativas, decepciones o desilusiones. Cuando vivimos de esta manera, comprobamos que la vida tiene mucho sentido y valor.

Sin embargo, generalmente nos parece que la tristeza y la intranquilidad son negativas, mientras que la dicha y la jovialidad son positivas. Siempre asumimos posturas. No obstante, la atención consciente no es alegre ni triste, no es positiva ni negativa. La atención consciente no adopta ninguna postura más que el equilibrio. Por ejemplo, podemos aprender a pasar muy rápido de un estado emocional a otro. Podemos estar enojados durante dos minutos y jubilosos durante otros dos, cambiando muchas veces de negativo a positivo, de positivo a negativo. Gradualmente llegamos a tener tal adaptabilidad que podemos estar en cualquiera de los dos estados sin dificultad. Podemos cambiar. Antes no teníamos la libertad de elegir cómo ser. Ahora tenemos una opción.

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Alumno: ¿Quién tiene una opción?

Rimpoche: La mente tiene una opción. Si estamos enojados, deprimidos, o en algún otro estado emocional, y podemos cambiarlo de inmediato, de pronto empezamos a tener adaptabilidad y equilibrio. Por lo general simplemente expresamos las emociones y nos encerramos en una determinada o en una serie específica de acontecimientos. Luego nos lleva mucho tiempo calmarnos, analizar o digerir la situación, y transformar la experiencia en algo más aceptable. Pero la atención consciente es rápida. Es como una carga eléctrica. Podemos cambiar al instante cualquier situación.

Alumno: ¿Está usted diciendo, entonces, que cuando se presenta una situación, en lugar de sólo reaccionar ante ella debiéramos hacer experimentos con ella? ¿Qué cuando alguien dice algo podemos enojarnos o estar contentos? ¿Qué podemos hacer experimentos?

Rimpoche: Exactamente. Haz experimentos con tus pensamientos y reacciones. A veces esto te alegrará y otras veces te desconcertará. Es posible que estés aferrándote a cierta imagen que tienes de ti mismo, o que no quieras reconocer honestamente una verdad acerca de ti. Puedes descubrir que cuando pasas rápidamente de un estado a otro te intranquilizas. Tal vez te cuesta tranquilizarte y luego cuando lo haces puede resultarte muy difícil enojarte y muy difícil volver a tranquilizarte. De modo que a veces debes ser firme para horadar tu resistencia. Observa atentamente quién es el que se refrena y cuál es el origen del bloqueo. Practica cambiar muy rápidamente de un estado a otro, y explora el lado opuesto.

Alumno: ¿Pero qué sucede con el proceso de toma de decisiones? ¿Qué haré de mi vida? ¿Cuál es la mejor acción en una situación?

Rimpoche: Confía en tu estado de atención consciente, y tu cuerpo y tu mente se ocuparán de sí mismos.

Alumno: ¿Quiere decir que no importa qué hace uno, ni en qué tipo de trabajo participa?

Rimpoche: No puedes extraviarte ni ser perjudicado, porque la atención consciente es como el sol, que siempre da la luz… nunca oscuridad. ¿Por qué es tan importante poner el énfasis en la atención consciente? Porque no recoge emociones ni ofuscaciones, no acumula pautas de carácter, no crea sufrimiento. La atención consciente es como el loto: tiene sus raíces en el cieno, pero la flor es siempre pura. Por lo tanto, prolonga todos los días el estado de atención consciente tanto como puedas.

El cuerpo en la Meditación

El cuerpo en la Meditación

Cualquiera que esté interesado en la meditación debe pensar en el cuerpo, porque el Hermano Asno no permitirá que lo ignoren. Pocas son las áreas de la experiencia humana donde la interacción de mente y cuerpo sea tan importante y tan delicada como aquí.

Al acercarnos a las religiones orientales, la atención que se pone en el cuerpo llama mucho la atención. Es con el cuerpo que todas las cosas comienzan, y la meditación es un arte que enseña el uso de los ojos, pulmones, abdomen, espina dorsal, etc. Además es importante el lugar de la meditación, que esté impecable, que sea una habitación tenuemente iluminada o un espacio ampliamente abierto. Y por supuesto, la meditación es buena para la salud física y mental. Puede ser que en un templo Zen les digan que el sazen los hará más resistentes al resfrío y la gripe, y que, mediante una práctica constante, tendrán una mayor oportunidad de supervivencia frente a la amenaza de la contaminación ambiental.

Una vez asistí a una convención sobre meditación en un templo Zen cerca de Kyoto. Unos expertos hablaron de Yoga, de Budismo Esotérico y de Zen. Nos sentamos silenciosamente en el gran salón de meditación y también hicimos ejercicios de yoga, esmerándonos según nuestras habilidades. Estos fueron una preparación para una posterior entrada en samadhi, y realmente creo que pueden ser sólo eso. Oímos charlas acerca de la técnica de la meditación, como tensar y relajar, como sentarse y todo eso. Uno de los expositores hizo un gran diagrama del cuerpo humano en el que explicaba los chakras, – esos centros de energía psíquica de que habla el yoga – la circulación de la respiración a través del cuerpo, y todo lo demás. Al final de cada meditación cantábamos al unísono: Om, shantih, shantih !

Lo más sorprendente del encuentro fue la carencia de una fe común. Nadie parecía siquiera levemente interesado en lo que cualquier otro creyera o no creyera, y nadie, hasta donde yo recuerdo, mencionó tampoco el nombre de Dios. Era sólo meditación, y sólo fueron tratados los aspectos físicos. Sin embargo, éstos se discutieron con gran detalle, incluyendo hasta el impacto de la meditación en la vida sexual.

Yo era el único conferencista cristiano, y, francamente, estaba un poco perplejo. Sentía que cualquier cosa que pudiera decir sería irrelevante. No podía decirle a nadie cómo pararse sobre la cabeza o cómo tensar sus bíceps, y era difícil hablar de Dios en esa reunión. Porque puede uno hablar de meditación cristiana sin referirse a Dios ? Finalmente me conecté con uno de los conferencistas que insistía en que la meditación, lejos de detenerse en el cuerpo, debía irradiarse hacia el mundo del espíritu y hacia las dimensiones cósmicas de la realidad. Este fue el mayor acercamiento a Dios en toda la reunión.

En conjunto aprendí un montón de cosas en este encuentro. Fue un agradable y provechoso fin de semana, estropeado sólo por el hecho de que un compañero roncó toda la noche en nuestro dormitorio comunitario, no dejándome pegar un ojo. A los otros no parecía importarle mucho. No hay duda que eran mejores yoguis que yo. O quizás tenían mejores nervios.

Los cristianos deberían pensar más acerca del rol del cuerpo en la oración. Después de todo, hay mucho que decir en los comienzos de la meditación, que es donde ustedes están. Esta es una verdad dirigida a la gente moderna. Muchos pondrán en duda la existencia de Dios y la existencia de la vida después de la muerte, pero sólo los extremistas cuestionarían la existencia de sus propios cuerpos. Entonces por qué no empezamos con algo en lo que ellos crean, y a través del cuerpo salimos hacia el Cosmos y hacia Dios ? De esta manera la meditación puede ser enseñada a gente que tenga poca fe, a aquellos que están perturbados por su conciencia o por el temor de que Dios esté muerto. Este tipo de gente siempre puede sentarse y respirar. Para ellos la meditación se convierte en una búsqueda, y yo he encontrado, en mi escasa experiencia en nuestra sede en Tokio, que la gente que comienza a explorar de esta manera eventualmente encuentra a Dios. No el Dios antropomórfico que ellos han rechazado, sino el gran Ser en quien vivimos, nos movemos y somos. Pero el cuerpo es lo primero, Dios viene al final.

Es un hecho que la oración occidental no es suficientemente visceral, que está más preocupada con el cerebro que con las capas más profundas del cuerpo, que es donde se general el poder para acercarse a lo espiritual. Pero ahora podemos estudiar los aspectos físicos de la meditación incluso científicamente, gracias a los experimentos realizados en lugares como la Universidad Budista Komazawa. Ahí tienen instrumentos para detectar las condiciones físicas de las personas dedicadas al Zen. Los estudiantes miden la respiración, el ritmo cardíaco, los movimientos oculares, el metabolismo, el equilibrio, las ondas cerebrales, y todos los demás aspectos. En los Estados Unidos están siendo llevados a cabo experimentos similares, y eventualmente estos estudios pueden generar algunas sugerencias acerca de las condiciones ideales para la meditación en relación con la dieta, postura corporal, entorno físico, etc. Sobra decir que estos estudios se vuelven un poco ridículos cuando uno se encuentra con personas con pequeños artefactos para medir la onda alfa. Pero los absurdos se encuentran en todas partes y no pueden ser impedidos. Además, estos estudios científicos no deben conducir al burdo materialismo. Una vez, mientras visitaba la Universidad Komazawa, pregunté al profesor encargado si él podía apreciar la profundidad del Zen de la gente. No, no podemos medir el Zen -respondió porque la mente es un misterio. Todo lo que podemos medir son sus repercusiones físicas. Me interesó oírle hacer esa distinción.

Aquí yo podría agregar entre paréntesis que el Zen no pretende ese minucioso control del cuerpo que ha hecho tan famoso al Yoga. En general, el Zen rechaza de plano cualquier cosa que huela a mágico o extraordinario. Desprecian estos fenómenos y los miran como distracciones peligrosas en la senda de la experiencia sin imágenes que es el satori. Los fenómenos extraños se engloban en el nombre genérico de makyo, que literalmente significa el mundo del demonio, pero que se aplica a todas las formas de ilusión en el Zen. A este respecto, es bastante saludable y está liberado de los abusos encontrados en otras formas de misticismo. La doctrina de rechazo a los fenómenos extraños es muy similar a la de San Juan de la Cruz. Nuevamente es la nada, nada, nada. Uno no debe ser distraído de la meta por fenómenos físicos o espirituales de cualquier tipo.

Volviendo al cristianismo, encontramos que la tradición en occidente dice más acerca del cuerpo de lo que es generalmente reconocido hoy en día. Solía ser axiomático – y en mi opinión aún lo es – que si ustedes querían llevar una vida de meditación debían controlar sus ojos, oídos, lengua, manos y manera de caminar. A todo esto se le solía dar el nombre general de modestia, una virtud de la cual no se oye hablar mucho hoy. Se le da mucha importancia en el Zen, aunque se describe en forma diferente. Se puede agregar, sin embargo, que la tradición cristiana dice que la meditación transforma el cuerpo haciéndolo hermoso. Esto se debe a que la gloria interna proveniente de la oración contemplativa no puede sino traspasar y penetrar el cuerpo.

Uno se acuerda de Moisés descendiendo de la montaña. Tan luminoso y glorioso era el regocijo que inundaba su semblante, que quienes lo esperaban no pudieron mirarlo y le rogaron que usara un velo, porque la real gloria de Dios irradiaba de la faz del gran israelita.

Probablemente la mayoría de nosotros, una que otra vez, hemos encontrado personas que participaban de esa belleza corporal transfigurada. Para las exigencias televisivas pueden ser más bien feos – ningún auspiciador soñaría con usar sus caras para vender pasta de dientes o jabón – pero la gloria de la oración penetra sus cuerpos como penetró el cuerpo de Moisés. También supongo que este es el tipo de belleza a la que curas y monjas deberían aspirar, ahora que la cambiante cultura los hace modificar su forma exterior de vida y vestuario. Podría ser una buena idea el que, en vez de mirar hacia París y Londres, miráramos hacia Moisés y el Exodo en busca de un ideal de belleza que podría ayudar al hombre moderno en su búsqueda de la verdad.

Como sea, mientras la tradición cristiana ha confirmado la belleza conferida al cuerpo a través de la meditación, ha sido más bien lenta en el uso del cuerpo como forma de lograr el samadhi. De nuevo podemos aquí aprender del oriente; y para ilustrar el rol del cuerpo me gustaría referirme a un pasaje del Bhagavad Gita. Este clásico texto no es, por supuesto, ni Zen ni Budista, aunque parece tener una considerable influencia Budista. Pero me atrae mucho. Estoy muy estimulado a usarlo luego de la lectura de un libro del Profesor R.C. Zaehner, quien insiste en que cualquiera que intente establecer un puente sobre la brecha entre Zen y Cristianismo no puede permitirse ignorar el Gita, que es uno de los grandes eslabones entre el oriente y el occidente.

En la sexta parte del Gita, se dice al yogui que debe integrarse, permaneciendo aparte, solo y en completa renunciación, exento de esperanza terrenal, de posesión alguna. Después viene una descripción de la meditación.

Me gustaría referirme brevemente a tres puntos. Primero, el énfasis en el lugar. Este debería ser limpio y ordenado, ni muy alto ni muy bajo. También en el Zen el lugar es de la mayor importancia. Cuán maravillosamente eligió Dogen el lugar de su monasterio, alejado en una región campestre y sumergido en un profundo silencio. El templo Zen otorga gran importancia a la proximidad de la naturaleza, al sonido del río o la cascada, a los jardines japoneses y todo eso. La meditación, después de todo, no es realizada por un espíritu inmaterial sino por un hombre con un cuerpo humano.

Hoy en día, no obstante las interminables conversaciones acerca de ecología y medio ambiente, el cristianismo occidental ha dado una escasa muestra de ecología en recintos religiosos. Quiero decir que nuestras iglesias cristianas, y especialmente aquellas recientemente construidas, son verdaderamente malos lugares para la meditación. Las antiguas iglesias católicas tenían más que decir al respecto porque al menos tenían un centro – un tabernáculo ante el cual pendía una lámpara roja – y éste proveía un foco de atención para los ojos, y había atmósfera y calidez. Cualquiera que sepa algo de meditación reconoce que se necesita un lugar para enfocar los ojos; si sus ojos empiezan a vagar están perdidos. El viejo tabernáculo era útil a este propósito y nada ha tomado su lugar. Creo que mucha de esa gente analfabeta que se arrodillaba por horas ante el tabernáculo, caía rápidamente en samadhi. Aquellos eran místicos, tan iluminados como cualquier roshi, y ha habido miles de ellos en el mundo. Pero me pregunto si serán capaces de meditar así de bien en las iglesias actualmente disponibles para ellos. Me pregunto si la gente que construyó estas nuevas iglesias pensó alguna vez en la meditación o si tuvo alguna experiencia de ella. Y lo mismo es verdad para los monasterios y conventos. Me gustaría saber cuánta preocupación es dedicada actualmente a la ecología de este asunto: la relación entre edificios y oración, entre galerías, capillas y oración.

El segundo asunto que me gustaría destacar de esta cita del Gita es la magnífica postura. La espalda está derecha, los ojos están fijos en la punta de la nariz o entre las cejas; no hay miradas en torno. Más adelante en el Gita, el sosiego de la mente es comparado con una llama en un sitio sin viento. Este es un delicado símil, porque esta meditación tiene todo el poder y toda la quietud de la llama que se yergue en un lugar donde no hay brisa. Y todo esto conduce al regocijo y a la total ausencia de temor. Es sostenido por el voto de castidad, el voto del brahmachari que es celibato y castidad.

El Sueño Lúcido (parte 1)

El Sueño Lúcido (parte 1)

Estamos hechos de la misma sustancia que los
sueños, y también con un sueño concluye nuestra
vida.

shakeasperWilliam Shakespeare

Desde la más remota antigüedad, los sueños han sido considerados como una fuente de inspiración que nos transmite mensajes misteriosos. Los chamanes, por ejemplo, veían confirmada su vocación sagrada en el transcurso de un sueño mientras que para los profetas de Israel, por su parte, los sueños eran portadores de mensajes divinos. Recordemos, por ejemplo, aquel pasaje de la Biblia que dice: Escucha mis palabras: si hubiera un profeta entre vosotros, Yo, el Señor, me presentaría ante él en una visión y le hablaría a través de un sueño. Las antiguas culturas mediterráneas afirmaban que los sueños eran una fuente de curación y esta creencia congregaba en el templo del dios Esculapio a numerosas personas que trataban de incubar sueños terapéuticos. Más recientemente, la psicología ha declarado que los sueños constituyen el camino real al inconsciente (Freud) y que son mensajes de curación y conocimiento intuitivo procedentes del inconsciente (Jung). De la misma manera, la psicología transpersonal también presta una gran importancia a los sueños.

Pero sea cual fuere nuestra interpretación, los sueños constituyen un milagro nocturno que abre nuestra visión a un universo poblado de personajes, lugares y criaturas que parecen sólidos, independientes y reales. Además, durante el sueño nuestra propia persona parece dotada de un cuerpo sólido y real que parece ser el origen y el sostén de nuestra existencia, de nuestros placeres y de nuestros dolores, un cuerpo dotado de ojos y oídos que nos proporcionan mensajes sensoriales y cuya muerte supone también nuestra propia muerte. En suma, este mundo y este cuerpo onírico parecen crearnos y controlarnos, aunque el universo aparentemente objetivo es una creación de nuestra propia mente, un producto transitorio y subjetivo que se halla, en última instancia, sometido a nuestro control.

A veces, cuando despertamos pensamos que lo que acaba de ocurrir es irreal y decimos: No era más que un sueño. Pero de este modo incurrimos en el error – que la filosofía hindú denomina subrogar – de menospreciar el estado de sueño; es decir, concederle, desde el estado de vigilia, menor validez ontológica. No obstante, sea cual fuere la conclusión a la que arribemos cuando estamos despiertos, noche tras noche, una y otra vez, seguimos soñando y creyendo sin lugar a dudas en la realidad de nuestros sueños, y es por ello que luchamos y huimos, reímos y lloramos, maldecimos y disfrutamos.

Es posible que la mayoría de nosotros hayamos tenido, en alguna ocasión, la experiencia de darnos cuenta repentinamente de que no es más que un sueño mientras estábamos inmersos en una dramática aventura o bajo una pesadilla onírica. En ese momento nos tornamos lúcidos; estamos soñando y, al mismo tiempo, nos damos cuenta de que estamos soñando, y ese reconocimiento puede proporcionarnos una sensación de alivio, placer, asombro y libertad. Entonces somos libres para enfrentarnos a nuestros monstruos, para satisfacer nuestros deseos o para tratar de descubrir nuestras aspiraciones más elevadas sabiendo que no somos las víctimas sino los creadores de nuestra propia experiencia. Como dijera el filósofo Nietzsche: Quizás exista alguien que, al igual que yo, recuerde haber proclamado victoriosamente en medio de los terrores y los peligros de un sueño: “Esto es solamente un sueño y quiero seguir soñándolo!”.

Pero este tipo de sueños son excepcionales y solemos carecer de la capacidad para inducirlos. Cabría preguntarnos, pues, si existe algún método que nos permita desarrollar la capacidad para despertar a voluntad en medio del sueño, una pregunta que ha sido contestada afirmativamente por muchas tradiciones contemplativas y por todos los investigadores del sueño. Ya en el siglo IV, Patanjali recomendaba en su clásico texto sobre el yoga: Ser testigos de los procesos del sueño y del sueño profundo. Cuatro siglos después, el budismo tibetano desarrolló un sofisticado sistema de yoga onírico. En el siglo XII, el místico sufi Ibn El-Arabi, un genio filosófico y religioso conocido en el mundo árabe como el más grande de los maestros, afirmaba que una persona también debe controlar sus pensamientos durante el sueño. El adiestramiento en este tipo de atención puede proporcionar grandes beneficios. Todos deberíamos esmerarnos en tratar de desarrollar esta valiosa capacidad. Más recientemente, diversos investigadores
y maestros espirituales – desde Sri Aurobindo hasta Rudolf Steiner – han confirmado también la posibilidad de desarrollar el sueño lúcido.

Durante muchas décadas, los investigadores occidentales habían desdeñado estos informes como simples quimeras pero, a lo largo de la década de los setenta, tuvo lugar uno de los hitos más relevantes de la historia de la investigación sobre los sueños. Estamos refiriéndonos al trabajo de Alan Worsey en Gran Bretaña y de Stephen LaBerge en California, dos investigadores que trabajando aisladamente y sin saber nada el uno del otro aportaron evidencia experimental sobre la existencia del sueño lúcido y aprendieron a provocar deliberadamente este fenómeno. Estos investigadores permanecían monitorizados electrofisiológicamente en un laboratorio del sueño y no sólo podían comunicar – mediante ciertos movimientos oculares – a los observadores externos que estaban soñando sino también que sabían que estaban soñando. Mientras tanto, su EEG (electroencefalograma) mostraba el típico patrón de ondas MOR (movimientos oculares rápidos) característico del sueño, ratificando, de ese modo, la veracidad de sus afirmaciones. Por vez primera en la historia, alguien había podido mandar un mensaje desde el mundo de los sueños mientras estaba durmiendo. A partir de ese momento, la investigación y la comprensión del estado onírico ha sufrido un cambio radical. Resulta interesante constatar que, durante cierto tiempo, LaBerge no pudo publicar los datos recogidos en su trabajo porque no existía ningún editor que creyera siquiera en la posibilidad del sueño lúcido.

A partir de ese momento, las señales proporcionadas por los movimientos de los ojos y los registros electrofisiológicos han permitido que los investigadores pudieran estudiar variables tales como la frecuencia y la duración de los sueños lúcidos, sus efectos fisiológicos sobre el cerebro y sobre el cuerpo, las características psicológicas de quienes los experimentan, los medios más confiables para inducirlos y su potencial para la curación y la investigación transpersonal. El sueño lúcido ha inspirado también numerosas reflexiones sobre las implicaciones filosóficas, transpersonales y prácticas del sueño y de la lucidez.

Una de las principales consecuencias filosóficas tiene que ver con la naturaleza del estado de vigilia. Después de todo, si noche tras noche cometemos el error de creer en la objetividad del mundo y del cuerpo onírico, es decir, de considerar que se trata de acontecimientos reales que existen más allá de nuestra mente, no podría ocurrir lo mismo con el mundo y con el cuerpo vigílicos? Cómo podemos, pues, estar seguros de que el estado de vigilia no es también una especie de sueño? Como advierte el budismo tibetano: El estado de vigilia no presenta ninguna característica que nos permita diferenciarlo claramente de la experiencia onírica.

Hay muchos filósofos y tradiciones místicas que coinciden en esta apreciación. Según Schopenhauer, por ejemplo, el universo es un gran sueño soñado por un único ser en el que todos los personajes también están soñando, y el gran erudito del zen, D.T. Suzuki, decía: Mientras sigamos soñando jamás podremos comprender que estamos soñando. En la misma línea, una enseñanza contemporánea cristiana afirma que:

Los sueños nos enseñan que tenemos la posibilidad de construir el mundo tal y como lo deseamos y que
es este deseo, en definitiva, el que nos lleva a creer sin ningún género de dudas en la realidad de lo que vemos. Sin embargo, en el interior de nuestra mente existe un mundo que también parece ser externo… Creemos despertar y que, con este despertar, el sueño se desvanece, pero somos incapaces de reconocer que lo que dio origen al sueño permanece presente, que nuestro deseo de construir un mundo diferente al mundo real persiste. Por consiguiente, lo que vemos al despertar no es sino otra forma del mismo mundo que contemplamos en los sueños. Así pues, estamos soñando de continuo. Lo único que ocurre es que los sueños vigílicos y los sueños oniricos nos parecen diferentes. Eso es todo.

Obviamente, esta perspectiva es una forma del idealismo filosófico metafísico según el cual lo que consideramos como realidad externa no es más que una creación de nuestra propia mente, un punto de vista que, a pesar de no gozar de demasiada popularidad en estos tiempos materialistas, ha sido sustentado por algunos de los principales filósofos orientales y occidentales. Hegel, por ejemplo, afirmaba que el espíritu es la única Realidad, la substancia interna del mundo. Así pues, el hecho de que ningún filósofo haya podido demostrar la existencia del mundo exterior no constituye ninguna sorpresa para los idealistas.

Quienes han aprendido a desarrollar la lucidez en sus sueños comprenden en profundidad cuán convincente y objetivo puede resultar el mundo onírico y cuán dramático puede resultar el despertar personal. El soñador lúcido experimenta con inquietante claridad que lo que parecía un mundo incuestionablemente externo, objetivo, material e independiente es, en realidad, una creación interna, subjetiva, inmaterial y dependiente de su propia mente. Hay quienes ponen entonces en tela de juicio sus antiguos puntos de vista, empiezan a preguntarse si el estado de vigilia no debería también ser considerado como una especie de sueño y comienzan a vislumbrar el sentido de la afirmación de Nietzsche de que inventamos la mayor parte de lo que experimentamos y somos mucho más artistas de lo que suponemos.

Este hecho tiene importantes implicaciones teóricas y prácticas que afectan muy directamente a nuestro estado de vigilia. Cuando estamos soñando solemos creer que nuestro estado de consciencia es claro y distinto y que estamos viendo las cosas como realmente son; sin embargo, cuando despertamos o alcanzamos cierto grado de lucidez subrogamos la conciencia onírica y reconocemos sus distorsiones. No podría, acaso, ocurrir lo mismo con nuestro estado de consciencia vigílico? Y, si eso fuera así, existe algún modo de despertar y ser más conscientes de nuestra vida cotidiana?

A lo largo de los siglos, las grandes tradiciones religiosas han afirmado que nuestro estado habitual de consciencia se halla distorsionado y también han insistido, sin ningún género de dudas, en la posibilidad de despertar. En realidad, las disciplinas contemplativas nos instan a reconocer las limitaciones del estado de consciencia ordinario y nos proporcionan métodos prácticos para despertar a ese estado no distorsionado conocido con el nombre de iluminación.

Pero nuevamente se nos plantean aquí un par de cuestiones adicionales acerca del estado de lucidez. Es posible clarificar, aún más si cabe, el estado de lucidez y aplicarlo tanto al sueño sin ensueños como al estado de vigilia? Podemos cultivar ciertos estados superiores de consciencia mientras estamos soñando y, de ese modo, desarrollar lo que Charles Tart denomina sueños superiores?

Tanto los informes personales como la reciente investigación sobre el sueño parecen responder afirmativamente a ambas preguntas. Por una parte, sabios de la talla de Aurobindo y Rudolf Steiner y ciertos practicantes avanzados de meditación han señalado la posibilidad de mantener una lucidez continua a lo largo de la mayor parte de la noche no sólo durante el sueño con ensueños sino también durante el sueño profundo. Algunos practicantes avanzados de MT (meditación transcendental) han constatado también esta experiencia y han sido capaces de mantener una especie de consciencia-testigo durante todas las fases del sueño. Ello significa que mientras sueñan – e incluso mientras se hallan en el sueño profundo – permanecen identificados con la consciencia pura y pueden, de ese modo, dedicarse simplemente a contemplar los personajes y las situaciones oníricas sin verse afectados por ellas. Por otra parte, esta observación ecuánime puede extenderse a la vida vigílica cotidiana. Según la tradición védica de la MT, el primer estadio de la iluminación se alcanza cuando la consciencia-testigo persiste de manera continua e ininterrumpida.

Evidentemente, el yoga y la meditación pueden provocar el sueño lúcido y éste, a su vez, puede ser utilizado como un tipo de meditación. En realidad, la lucidez parece conducir espontáneamente a los meditadores a este punto. Los practicantes avezados señalan que finalmente desaparece incluso hasta la misma emoción de satisfacer repetidamente un deseo y el soñador comienza a buscar algo más significativo y profundo que sumirse en una nueva fantasía sensual. Estas personas parecen redescubrir, por tanto, la vieja idea de que los placeres sensoriales no pueden proporcionar, por sí mismos, una satisfacción definitiva.

El Silencio

El Silencio

El silencio es un objetivo, un método, un estado de consciencia, una metáfora y un camino. Mientras el silencio es muchas cosas en muchos tiempos, es por lo menos una metáfora y como todas las metáforas puede eventualmente ser subestimada. El término silencio, como muchas otras palabras o conceptos, permite conocer la geografía de la atención siendo un indicador para este tema en particular. Pero como la balsa de la que Buda habla, que es útil para atravesar el río, pero la que debe más tarde ser abandonada al llegar a la otra orilla; es así como el silencio puede ser utilizado mientras sea necesario, pero inevitablemente debe ser abandonado.

Al alcanzar niveles superiores de consciencia, uno va encontrando distintos tipos de silencio. Hay un silencio interior y uno exterior, y uno que trasciende el interior y el exterior, un silencio de la respiración, un silencio del cuerpo, un silencio sin palabras y un silencio cuando el mundo está quieto, un silencio donde no hay sonido y un silencio que puede ser escuchado, un silencio que es un pasaje al vacío y un silencio de la mente en que no hay pensamiento. Hay un silencio que es una respuesta, un silencio que es más verdadero que las palabras. Esto hace recordar el pasaje de Lao Tsé: El que sabe no habla: el que habla no sabe. Hay que tener precaución de no darle a las palabras un significado que no tienen. Es difícil no ver la doble ironía al hablar del silencio. Parte de la enseñanza del Vajrayana Tibetano es que la verdad es lo que se experimenta y se adquiere por el que ha logrado el estado de iluminación. El resto de nosotros sólo puede destacar, hacer algunos gestos y tratar de compartir algunas reflexiones acerca del silencio.

Qué es lo que hacemos cuando buscamos el silencio durante la meditación? Desde un punto de vista práctico, la primera impresión es que se requiere de la calma para lograr el silencio. Suponemos que el silencio no se encuentra en medio de los sonidos distractores. Es al mismo tiempo muy claro de que el silencio no se encuentra sólo por la virtud de encontrarse en un lugar calmo.

Sin embargo, a pesar de que no existe un lugar sin sonido alguno, los sonidos pueden estar presentes y al mismo tiempo no ser escuchados. El sonido que produce nuestro organismo, por ejemplo, puede ser eliminado una vez que se ha incorporado como un sonido basal. Estímulos perceptivos, ordenados y organizados de cualquier tipo pueden fácilmente convertirse en este trasfondo. El factor interés o la necesidad de obtener información de estímulos perceptivos están relacionados con su irregularidad, y de cuanto se alejen del medio ambiente. Uno puede, por ejemplo dormir con el ruido de la calle, del viento, de su propia respiración, etc., y a ninguno de los cuales le presta atención ni los escucha. Pero unos pasos al otro lado de la puerta, o el llanto de un lactante – fuera de lo común – capta inmediatamente nuestra atención.

En una etapa muy temprana de la meditación, logramos que el silencio del medio ambiente tenga mucho menos importancia, pues el que nos interesa lograr es el silencio de nuestra mente. El silencio externo no nos brinda automáticamente un silencio interno. Sin embargo, es muy común que, hasta que dejemos de identificarnos con las distracciones que vienen del medio externo, no estaremos dispuestos a luchar con las distracciones que se producen en nuestro interior. Es así como iremos descubriendo las incesantes escenas internas que cambian, los diálogos, el chicharreo mental, el ruido, etc. Es difícil describir esta actividad con un término en particular, pero términos tales como imaginación mental y diálogo interno nos pueden servir siempre que se usen con la precaución de su real significado. Como imaginación mental primero la entenderemos como una actividad que carece de contenidos verbales y que aparecen en forma de sentidos, por ej. visuales, auditivos, olfatorios, gustatorios, táctiles, imágenes kinestésicas, sensaciones, impresiones, recuerdos, etc. Como diálogo interno se sugiere la constante actividad verbal de nuestra consciencia, ej. el hablarnos internamente a nosotros mismos, el repetir una y otra vez las conversaciones que ya se produjeron o anticipar las que tendremos en el futuro, el darnos instrucciones, consejos, sugerencias, etc.

La noción platónica de que el pensamiento es un diálogo silencioso con uno mismo y que, a pesar que esto, puede conducir a más equivocaciones que ayudas, tiene algo de verdad. Mucha de nuestra actividad mental es a primera vista de naturaleza verbal. Esto se vuelve especialmente claro cuando uno comienza con la práctica de la meditación. Cuando nuestra concentración se vuelve difusa, o la atención divaga durante la meditación, significa que nuestra mente está ocupada con el diálogo. Cuando la atención vuelve, uno toma consciencia que ha estado teniendo conversaciones con uno mismo. Hay un flujo continuo de palabras, conversaciones, reales o imaginarias acerca de eventos o cosas que nos han ocurrido, también reales o imaginarias. Estos aspectos se repiten, revisan, investigan, una y otra vez hasta que nos cansemos o finalmente las pongamos de lado al darles una forma que preserve nuestra integridad o nos proporcione una situación personal aceptable. Nuestro diálogo interno reafirma o destruye nuestra confianza, nos señala qué hacer, o lo que no queremos escuchar, convierte cosas desagradables en placenteras y viceversa; en general arregla nuestro mundo en nuestra mente para transformarlo en nuestra imagen de él, aunque esta imagen sea bonita o fea, positiva o negativa. Al parecer, la mente no puede estar en silencio. Continuamente combina una y otra vez pedazos o trozos de diálogo, y salta de objeto en objeto con una curiosidad continua. Incluso si esta actividad está acompañada de abundante imaginación, no hay un descenso del diálogo interno, el que continúa trabajando proporcionando comentarios verbales y evaluaciones adicionales.

La continua actividad de la mente, a veces sorprende en cuanto a su intensidad, y no es particularmente problemática, a no ser de que uno trate de suspender este diálogo. En ese momento, nos damos cuenta que él es de naturaleza involuntaria. A medida que tratamos de relajarnos y dejar descansar a nuestra mente de este diálogo, vuelven a aparecer las palabras desordenadamente, como si estuviéramos involuntariamente deslizándonos hacia atrás, hacia una consciencia somnolienta. Detrás o debajo de cada diálogo pareciera que nos espera otro nivel de diálogo. Si nuestra intención es suspender la verbalización interna, la sola intención de no verbalizar, ya está siendo verbalizada. Relájese. Deje que el diálogo interno se detenga. No se necesita verbalizar, omita las palabras. Más diálogo, esto no es el final, si uno simplemente resuelve no verbalizar las instrucciones, o compulsivamente verbaliza que esto ha sido resuelto. El proceso de verbalización y metaverbalización puede, en principio, suceder indefinidamente nivel por nivel, cada nivel permaneciendo lógicamente diferente del nivel precedente. Subjetivamente estos saltos pronto se mezclarán unos con otros. En este punto, el silencio parecerá más lejano que nunca.

La noción de que existen niveles de verbalización son, en principio, concordantes con nuestra experiencia. El procedimiento es de aquí en adelante obvio, se irán deshaciendo en capas hasta que el silencio aparezca. Nos vendrán a la mente variados métodos para ayudarnos a ello. Por ejemplo, yo recuerdo que una vez tratando de hacer esto mediante el desvío de mis energías, lo que sucedía era que éstas mantenían el diálogo interior pero de otra situación. En mi situación personal, los mantras han producido el efecto de brindarme calma. Si yo me concentro en un mantra, entonces la capacidad de entrar en un diálogo interior va a estar limitada en energía o, por lo menos, las energías se van a focalizar alrededor del mantra. Sin embargo, mientras yo me concentraba en el mantra, me lo decía en voz alta o me daba cuenta que el diálogo interno se estaba produciendo en forma muy vívida, a pesar de que estaba siendo modificado para acomodarse al mantra. Más aún, en este momento se producía un flujo continuo de instrucciones que decían hazte uno con el mantra para evitar la verbalización y relajarte. En otros momentos, el dialogo interno estaba relacionado con las conversaciones y observaciones sin tener nada que ver con el mantra o el intento de eliminar la verbalización. Fue bastante desconcertante descubrir que la voz interna, con sus comentarios e instrucciones, no suelen verse afectadas por el mantra. En este punto se me ocurrió la idea de verbalizar la voz interior y el mantra. Con un poco de práctica, fui exitoso en escuchar el mantra cantado en forma armónica por dos voces distintas, la interior y la exterior. Para mi sorpresa, encontré que, en adición al canto interior, había otro nivel de diálogo que muchas veces se unía en proporcionar instrucciones, regaños, avisos, etc., y que en otras ocasiones estaba totalmente ocupado de otros temas no relacionados. Mientras con dificultad trataba de escuchar esta nueva voz, con reticencia me daba cuenta de que esta aproximación era inútil. No solamente estas varias capas se empañaban y se confundían sino que, además, tendían a aparecer, sin que yo me diera cuenta. con una voz nítida y clara que comentaba sobre las dificultades y las confusiones de las otras voces.

Fuera de ser inútil esta aproximación, se basa en un débil modelo. La idea de que se pueden ir arrancando las capas de verbalización de la misma forma como se pelan las capas de una cebolla, resulta ser equivocada. A diferencia de las capas de la cebolla, las cuales se pueden contar, las capas que existen en el dialogo interno son infinitas. Como lo mencionamos anteriormente, a pesar de que las diferentes capas se homogenizan, psicológicamente hablando, desde un punto de vista lógico cada una mantiene su propia identidad. Entonces, mi falla para penetrar en la capa final del diálogo, más atrás del cual está el silencio, es más fácilmente examinable desde una perspectiva lógica más que desde una psicológica. La razón de nuestra falta de capacidad para penetrar exitosamente los niveles de diálogo no está en que uno no tenga las habilidades, o no haya desarrollado suficientemente determinadas facultades, sino que el proyecto en sí tiene fallas. Si, por ejemplo, uno no puede visualizar a través de la vista interna, en forma precisa, una pintura compleja y detallada es porque nuestras capacidades de visualización no se han desarrollado suficientemente. Pero si uno no puede visualizar un circulo cuadrado, el problema no es de habilidades, sino que de la imposibilidad de llevar a cabo una tarea cuya descripción es inconsistente o incluye una contradicción. Para embarcarse en un proyecto de ese tipo hay que ser ciego al hecho que el objetivo es inconsistente de acuerdo con el método descrito para obtenerlo, o es completamente contradictorio.

Yo he procedido como si el silencio, o la mente en su estado natural manifestada a través del silencio, fueran algo separados de mi mismo. Yo como sujeto he encontrado el objeto de mis esfuerzos, mediante haber completado la remoción de las diferentes capas de diálogo. He estado buscando, tratando de ubicar, alcanzar, o descubrir algo. No me di cuenta que mientras haya alguien que esté desojando las capas y algo que sea deshojado, y mientras haya alguien que está trabajando y algo sobre lo que se esté trabajando, siempre habrá un otro más allá del último algo que alcanzamos. Esto es simplemente otra forma de decir que las categorías del sujeto y sus objetos son ilimitadas. El problema puede ser presentado de tal forma que sus contradicciones inherentes sean obvias. Obtener el silencio pasando más allá del último miembro del conjunto que llamamos el sujeto y sus objetos, es imposible porque se trata de un conjunto que no tiene un último miembro. Una vez que se ha tomado consciencia que el silencio no se descubrirá más atrás del último componente de una serie infinita, se puede ver que no se puede proceder a través de la relación sujeto-objeto. Sujeto y objeto per se deben ser trascendidos. Uno no puede alcanzar, encontrar, lograr, ubicar, o aproximarse al silencio excepto transformándose en él. Uno debe ser el silencio.

La Meditación en el Jainismo

La Meditación en el Jainismo

Este es un hermoso tiempo y una ocasión única para encontrar almas que estén en la senda de descubrir
su propia luz y su propio ser. Cuando encontramos gente que está buscando sinceramente, desde afuera hacia adentro, se produce un momento de comunicación y de gozo, un momento de unidad y comunión.

Ustedes verán que en todas las religiones los buscadores se han esforzado por ver la luz interior. Así en el Hinduísmo, Budismo, Jainismo, Cristianismo, Judaísmo, Taoísmo, o cualquier otra religión. Cada una empezó con la indagación de conocer al Yo Superior y trascender el yo inferior. De acuerdo a las condiciones geográficas, el ambiente y las necesidades de los buscadores, cada religión ha aportado ciertas perspectivas.

Me gustaría tratar las formas de meditación desde el punto de vista Jaín, dar una pequeña reseña del Jainismo y explicar como iniciarse en la meditación. También consideraremos qué es lo que queremos recibir de la meditación.

El jainismo proviene de la palabra jina que significa “aquel que ha conquistado a sus enemigos internos”.
No enemigos exteriores, sino interiores. Todos los enemigos externos son el resultado de enemigos internos. En vez de perder el tiempo conquistando enemigos externos, la gente sabia usa su tiempo conquistando los internos. Cuando ustedes conquisten sus enemigos internos, gobernarán el mundo sin ejércitos, sin ningún armamento. Todo el mundo estará con ustedes porque sus armas serán la compasión
y el amor.

Mahavira fue el último profeta, instructor y maestro de la línea de los veinticuatro grandes sabios Fue un gran vidente, uno de los que construyen puentes entre los hombres. Mahavira y Buda fueron contemporáneos, siendo el primero doce años mayor. Ambos eran príncipes y ambos trabajaron en la misma zona, conocida como Magadha, en el norte de la India. Mahavira fue un jina, es decir, se conquistó a sí mismo. Durante doce años y medio él guardó silencio. No enseñó durante ese tiempo, porque en tanto no hubo experimentado la realización suprema, no tuvo el anhelo de hacerlo. No es fácil tener control sobre el deseo de expresar las propias opiniones, por eso necesitamos la práctica del silencio.

Así Mahavira se convirtió en jina. Y aquellos que anhelan seguir la senda de la conquista de sus enemigos internos son conocidos como Jaín. Jaina no es cualquier religión o cualquier secta o congregación, Es una forma de vida, de pensamiento y de práctica. Cualquier seguidor de la no violencia, que toma en consideración la relatividad del pensamiento, que conoce la invisible vibración de los karmas, es un Jaín. Mahatma Gandhi, el Padre de la India, un hindú de nacimiento, siguió el mensaje de la no violencia y llevó esta comprensión al movimiento político. Gandhi escribió una vez: “Aunque no nací como un Jaín, soy más que un Jaín”. No hay bautismo, ni ceremonia, ni ritual, Se es un Jaín por la práctica y el tipo de vida.

Todo el énfasis de esta filosofía no está en ningún ritual externo, sino en la investigación, percepción y transformación interior. Y para efectuar la transformación se requiere una transmutación. Todo adentro cambia. Esta es la razón por la que hoy vamos a examinar algunas ideas acerca de la meditación, Es un vasto tema que implica una toma de consciencia seria, sincera, consistente y constante para poder entrar en meditación. No puede suceder en forma inmediata. La verdadera meditación no puede ser “meditación instantánea”. Lo que sí es que, luego de una larga práctica, ustedes pueden entrar en meditación en un instante. Esto puede suceder si la persona tiene algún trasfondo previo, alguna experiencia anterior.

En mi caso, cuando comencé en este camino, practiqué silencio por cinco años. Yo quería conocer el secreto de las palabras, el misterio de la vida y lo que hay más allá de la muerte. Existe la muerte real? Cuando ustedes guardan silencio, al principio se sienten incómodos porque tienen el hábito de expresar
sus opiniones hablando y haciendo ruido; pero, cuando están en silencio por largo tiempo, este es difícil
de romper cuando llega el momento. La paz es tan profunda en ustedes que disfrutan estar en silencio. Sus ojos y sus oídos están abiertos, ustedes están abiertos al universo. Y están oyendo todo, hasta el sonido del silencio.

El silencio juega un importante papel en el camino de la meditación. Al mismo tiempo necesitamos percepción interna. El Jainismo es un sendero, no un círculo; se mueve en una dirección específica. Esa dirección no está afuera sino dentro. No va a parte alguna. Es encontrarse a sí mismo en el Ser.

Esta es la primera idea del Jainismo. En esta búsqueda no hay barreras entre Oriente y Occidente. Las fronteras están en la mente, no en las almas. Vemos vida humana dondequiera, pulsando con ansias, con intensa búsqueda en su interior. Todas las almas son iguales. Si ustedes sólo ven el aspecto exterior, notarán que algunos tienen piel blanca, otros roja, otros negra. Todas estas son apariencias externas, pero la llama interna es la misma. Esta es la verdadera esencia del Jainismo.

Ahora vamos a la meditación Qué es la meditación en el pensamiento Jaín? La meditación comienza con esta idea: desconecten un momento su actividad exterior con el objeto de entrar a la acogedora y receptiva sensibilidad de su alma. Debido a que están siempre activos, ustedes están ocupados viviendo afuera. Están vacíos y sin conseguir llenarse interiormente. Sin ese toque interno, sus palabras se vuelven huecas, su lenguaje sin significado, y su conversación se convierte en mera cháchara.

En cualquier actividad ustedes no actúan realmente por propia iniciativa, sino que más bien siguen al rebaño. Si mucha gente actúa de cierta manera, ustedes lo hacen también. Llega el momento en el que una persona se mueve sólo mecánicamente; se mueve, pero no sabe porqué está haciendo tal cosa, o porqué está diciendo tales palabras. Para poder recibir, para crear un ánimo receptivo, ustedes deben desconectar toda esta actividad.

Entonces, qué hacer?. Primero, siéntense un momento. Olviden un instante la tensión del cuerpo. Permitan que el cuerpo se relaje a su modo, como un trozo de esponja, para que la tensión acumulada comience lentamente a abandonarlos. Dejen caer el cuerpo. Por qué? Porque mientras haya tensión en él no serán capaces de experimentar el flujo de la vida.

Saben cuánta tensión tienen? Aun cuando se están preparando para conocer a una persona, ustedes están juntando tensión en el cuerpo, en la mente, en sus células cerebrales: Cómo saludar? Cómo encontrarse? Qué decir? Así, en el colegio, en la universidad, en los estudios, en nuestra sociedad, en nuestro pueblo, en todas partes, hay tensión. Esta tensión se acumula ahora. Aun cuando están sentados para meditar, sus cuerpos no están tranquilos, sino sacudiéndose con movimientos musculares involuntarios. Aunque la gente esté sentada quieta, van a comerse las uñas. Hacen muchos gestos porque no tienen quietud. El primer paso es soltar el cuerpo, dejarlo vivir a su propio ritmo. Cuando hayan hecho eso, pueden volver la mente a la respiración.

Cuando su respiración está bajo tensión, se realiza en forma superficial. Pero cuando permiten al cuerpo soltarse, la respiración se hace profunda y ustedes toman la cantidad de oxígeno adecuada. Cuando su cuerpo se llena profundamente con oxígeno fresco, se reanima. Las células no están muertas, no están paralizadas, no tienen inercia. Hay frescor en su cuerpo, ustedes necesitan aire fresco. Esta es la razón por la que la meditación se hace de preferencia en la cima de la montaña, en el bosque, junto al río, en la costa, en un ambiente natural. Al tomar aire fresco, su mente también florece. Ustedes están abriéndose y sienten la frescura de su mente.

Habiendo logrado esta respiración, si su mente llega a molestarlos, usen la palabra vírum. Ella significa sujetar su mente. Por mucho tiempo la mente se ha estado precipitando sobre muchas actividades diversas, y ahora no sabe que hacer. Los cinco sentidos están requiriendo a la mente, la que es forzada en muchas direcciones.

Ahora ustedes ponen su mente en un solo lugar. Y para eso usamos la palabra virum . Es nuestro mantra. Cuando inspiren usen vi, y cuando exhalen usen rum. Virum es una palabra sánscrita que significa “valiente”. Sean valientes, suficientemente valientes para aceptar la verdadera naturaleza de ustedes mismos. Puede parecer un poco contradictorio. Puede ser que pregunten: “Para aceptar la naturaleza de uno mismo hay que ser valiente?”. Sí ! . Para disfrutar su arrobamiento, para conocer sus pensamientos íntimos, para estar relajados, ustedes necesitan valor, porque la mente está recargada con preocupación, ansiedad, temor y otras negatividades.

La mente no está preparada para disfrutar del gozo, del chit, sat, ananda. Estas tres cualidades están en nosotros, pero no lo creemos. Tenemos dudas. Creemos sólo un momento, a nivel verbal. Será un gran día cuando ustedes crean que “esta es mi naturaleza, el ser feliz, gozoso, pleno de conocimiento e inmortal. Soy sat, chit, ananda “. Sat significa inmortal, chit significa consciente, ananda significa gozo. Amigos, esto es lo que está escondido en el cuerpo, esto es lo que hemos olvidado.

Así que dudamos de estas tres cosas, aunque ellas hayan pertenecido a ciertas almas tan benditas y elevadas como la de Cristo. Decimos: ” Oh, Cristo fue el hijo de Dios ! Mahavira fue afortunado porque nació en ese tiempo. Buda fue afortunado porque fue un iluminado. Pero no yo; no piensen en mí cómo puedo yo disfrutar de eso?” No tenemos fe en que esa es nuestra legítima y verdadera naturaleza.

Ahora, cuando usen el mantra, digan vi al inspirar y rum al exhalar. De esta forma están lentamente comprometiendo a su mente. Hace pocos días vino un psicoanalista y me dijo: “Por qué tiene que usar un mantra?”. Respondí: “Si usted tiene un mono y quiere mantenerlo tranquilo, tiene que darle un plátano”. i La mente es un mono ! Y esta mente-mono corre en todas direcciones. Le estamos dando plátanos; un mantra es un plátano para esta mente.

El alma no necesita mantra, porque ella es por sí sola sat, chit, ananda El alma no necesita de ningún mantra porque tiene el atributo de la realidad. Llega el momento en el que alcanzamos el dharma sanyasa .Eso quiere decir que ustedes dejan atrás todos los rituales y todos los mantras y quedan libres. Esto sucede cuando se liberan de las cadenas de la mente, cuando están libres de la esclavitud de los vasanas o deseos. Entonces no necesitarán nada.

Mientras las huellas de los deseos estén allí, estamos amarrados con las cadenas de las ansias, de infinitas clases de anhelos, y así estamos siempre comparándonos con algún otro. Esta es la actividad de
la mente. Por eso es que necesitamos de un plátano para nuestra mente-mono. Decimos: “Come y siéntate, y no me molestes. Déjame sentir lo que yo soy”.

Por eso usamos virum y así logramos adentrarnos la primera vez. Experimentamos y sentimos calma. Es la primera vez que se siente una experiencia nueva. Cuando ese vislumbre viene, ustedes saben que realmente han alcanzado el estado de meditación. Entonces sienten “estoy aquí”.

Hay tres etapas al irnos hacia dentro. En la primera, su mente está repitiendo el mantra, pero al mismo tiempo está distraída por estímulos externos e internos. Entonces usamos la palabra kohum.
Ko significa “quién” y hum significa “yo”. “Quién soy yo?”. Ustedes se lo preguntan a sí mismos. La meditación comienza con este primer paso. Sin conocerse a sí mismos, ustedes no llegarán hasta sí mismos. Es nuestro verdadero yo el que hemos olvidado.

Lenta, lentamente, instalen este mantra en su mente, diciendo: kohum. Entonces surgen las respuestas: “Soy forma. Soy cuerpo. Soy yo.” Su nombre aparece, surgen sus emociones, su pasión. Ustedes dicen: No, este no soy yo. Mi nombre me fue dado después de nacer. Alguien me ha dado este nombre. Entonces, qué era yo antes?” Luego viene lo del cuerpo. Antes de este cuerpo, ustedes estaban allá. Ustedes entraron en el cuerpo. Pero, quién fue ese que entró en el cuerpo? Ahora ustedes están yendo más profundo, Kohum . Constantemente están removiendo capas. Cuando quitan las capas de una cebolla, la frescura se evidencia. Cuando remueven las capas de un repollo, las hojas más tiernas aparecen. Las capas exteriores están más duras y ajadas. Nosotros también tenemos muchas capas, y estos estratos psicológicos los hemos tomado equivocadamente por nosotros mismos. Es debido a estos estratos que pasamos día y noche depresivos, prejuiciados, reprimidos, enojados, irritados e infelices. Piensen en ustedes mismos, cómo están empleando su día?. La mayor parte del tiempo estamos perdidos entre todas estas capas. Escasamente tenemos tiempo para sentir nuestra verdadera naturaleza y experimentar la divinidad interior. Usamos la palabra kohum para investigar nuestro yo real, avanzando más y más profundamente.

Transcendiendo las Emociones Negativas a través de la Meditación

Transcendiendo las Emociones Negativas a través de la Meditación

Para transformar nuestras negatividades necesitamos sólo contactar con ellas, en forma astuta y gentil. Verdaderas o falsas, no tienen solidez. Cuando nuestros pensamientos y conceptos cambian, nuestras actitudes también cambian, dejando disponible una energía flotante y libre. Es la energía que había sido bloqueada por la rigidez de nuestras negatividades. Mientras más soltamos sus ataduras, más energía fluye.

Cuando estás haciendo esfuerzos por controlar tus pensamientos es precisamente cuando llegan a ser más perturbadores. La mente se vuelve muy sensible cuando tratamos de trabajar con ella. Nuestra consciencia es entonces tridimensional. Cuando estás en cierta longitud de onda ocurren cosas no usuales frente a las cuales necesitamos estar alertas. La frustración siempre está en acecho, tentándonos y jugando con nosotros. Mientras más
rápido abramos los ojos, más pronto podremos contraatacar las negatividades que aparezcan.

Fascinación y ansiedad:
Constantemente codiciosos, somos atraídos por lo que tienen los otros, quedando atrapados en una continua búsqueda y aferramiento. Nuestra mente, cansada y distraída, deja pasar las oportunidades de realización. Nos apegamos a los mensajes que nos envían las percepciones de nuestros sentidos y nos falta la calidez nutriente del flujo natural de nuestros propios sentimientos y sensaciones. Más que enfocarnos en ellos, lo hacemos en nuestros pensamientos acerca de las sensaciones que experimentamos, lo que no nos da mucha satisfacción. Cuando nos damos cuenta de esta situación, podemos ver que es causada por una sutil progresión psicológica: el querer alcanzar aquello que nos fascina conduce a la ansiedad, esta a la insatisfacción, y la insatisfacción nos lleva a un nuevo intento por alcanzar aquello que codiciamos. Estamos atrapados en esta progresión porque nuestros pensamientos sobre lo que nos fascina no pueden satisfacernos, ellos no tienen una sustancia real. No podemos cogerlos, es como ir hacia el final del arco iris. Mientras más los perseguimos, más ansiosos y frustrados estaremos.

Enfocamos nuestra mente en el gozo y la satisfacción, pero el camino que tomamos al tratar de alcanzar estas metas produce justo el efecto contrario. Nuestra mente salta de pensamiento en pensamiento, de los recuerdos del pasado a las expectativas del futuro, si es que no queda fijada en la imagen de algo que nos atrae obsesivamente. La mente casi nunca se centra en la inmediatez de la experiencia, que es donde yace la satisfacción.

Como el flujo de imágenes persiste, nuestra mente continúa produciendo una serie interminable de pensamientos acerca de esas imágenes. Este es el principal factor para establecer nuestra sensación de un ego que necesita “tener” y que necesita “hacer”. Aun en nuestra meditación, cuando tratamos de “no hacer”, sigue ocurriendo el mismo proceso.

En la meditación, sin embargo, este proceso es tan sutil que a menudo no nos damos cuenta de que ocurra. Podemos tratar de no tener ninguna expectativa ni pensamientos acerca de nuestra meditación, pero ellos pueden esconderse en el trasfondo de nuestra mente, manifestándose como un tipo de impaciencia, una espera por algo que tendría que ocurrir. Estos pensamientos no precisan ser muy fuertes para que el inconsciente estímulo de la expectativa y de la fascinación fluya como una ola dentro de nuestra consciencia. Mientras más fuerte sea este sentimiento, más poderosa, tensa y precipitada será la ola. Esto conduce rápidamente a la sensación de frustración y de ansiedad.

Al principio, nuestra meditación empieza disolviendo la sensación del ego que necesita “hacer”. Pero luego la mente persigue imágenes para compensarlo. La ansiedad aumenta, agravando el flujo de pensamientos e imágenes. Y tan pronto como nos quedamos envueltos en esta trampa del hacer”, sentimos una necesidad de contactar con imágenes, palabras, conceptos, objetos. Esta necesidad se hace más fuerte y ayuda a engranar de nuevo los condicionamientos. Todo esto ocurre tan rápido que no tenemos tiempo de pensar acerca de ello, debido al poder de la energía subyacente en nuestras expectativas y ansiedad.

La relajación puede lentificar esta tensa precipitación, Podemos relajar la mente disminuyendo la cantidad de pensamientos, creando un “tono” diferente que rebaje el grado de nuestra expectativa. Al conseguirlo y volvernos calmos y relajados, las ansiosas olas se transforman en pequeñas ondas.

Así, en tu meditación, vigila estrechamente tus pensamientos. La fascinación es una ola que se levanta. Observa cómo aparece. Tiene muchos rutilantes colores y es atractiva por naturaleza. Los buenos meditadores vigilan la ola como crece cada vez más alta hasta que comprenden cómo la fascinación nos estropea el momento. Ellos aprenden por qué las luminosas imágenes y las interesantes ideas nos distraen tan fácilmente. Podemos aprender a alterar el ciclo de fascinación y ansiedad dándonos cuenta del ir y venir de los pensamientos e imágenes. Expandiendo cada pensamiento y llevando su sensación a un nivel más profundo, podemos evitar sucumbir a la ansiedad, a aquella parte de nuestra consciencia que quiere moverse y hacer algo.

Podemos cuidarnos de ser absorbidos en el “hacer” que nos aparta de nuestra meditación, relajándonos y manteniendo nuestra actitud alerta. Cuando conseguimos mantener nuestro equilibrio y estar verdaderamente tranquilos en nuestra meditación, no importa qué pensamientos individuales aparezcan: la ansiedad y la fascinación pierden su poder sobre nosotros dejando que nuestra energía fluya suavemente.

El miedo y el dolor:
Mucho de nuestro sufrimiento es psicológico, nutrido por el miedo y por nuestra identificación con el dolor. Es importante romper la idea de que este es nuestro sufrimiento, nuestro miedo. Concéntrate en la sensación, no en el pensamiento acerca de ella. Concéntrate en el centro de la sensación, penetra en ese espacio. Hay una gran densidad de energía en él, la que resulta claramente distinguible. Esa energía tiene gran poder y puede trasmitir una valiosa claridad. Tu consciencia puede ir dentro de la emoción contactando esa pura energía, y así tu tensión se quiebra. Con gentileza y autocomprensión, controla esa energía; la fuerza no sirve. Prepárate lentamente, teniendo cuidado en no saltar de súbito en medio de la negatividad. Sé calmo y sensitivo, y observa cautelosamente la situación. De esta manera, toda emoción negativa puede ser transformada, porque la emoción es esa energía, y puedes emplearla de diferentes maneras.

Otras emociones negativas:
Por ejemplo, la ira. El antídoto es amor, compasión y paciencia; pero, hasta que seamos capaces de aplicarlo, debemos sentarnos a meditar nuestra ira, enfocando nuestra concentración en ella – no en su objeto – de modo de no hacer discriminaciones y no suscitar reacciones.

Procederemos igual cuando se trate de cualquier otra emoción perturbadora: concentrarse en ella, no soltarla; pero sin pensar acerca de ella o tratar de actuar en relación a ella. Sólo sentir la energía y nada más. Nosotros somos capaces de sobrepasar nuestros problemas cuando no reaccionamos a ellos, entonces pierden su sustancia y se transforman en obstáculos posibles de superar. En cambio, cuando somos atrapados por ellos, ya no tenemos libertad de escoger cómo enfrentarlos. Si estamos desvinculados y alertas, podemos manejar cada acontecimiento.

Mientras mejor comprendamos nuestras emociones, más aguda, profunda y clara llegará a ser nuestra lucidez mental. Finalmente, ya no necesitaremos usar nuestra mente consciente para liberarnos de nuestras dificultades. En un nivel de ser más alto, no necesitaremos razonar, sino utilizar nuestra intuición evolucionada. Para ello necesitamos un camino, un mapa, una instrucción. Todo eso lo encontramos a través del silencio y de la profunda relajación de nuestra meditación.

Las emociones tienen un valor, pero sólo cuando sabemos cómo usarlas para un crecimiento espiritual. Al conocer cómo tratar aun una sola emoción, es posible trascender todas las emociones. Esto es parte de la técnica por la cual podemos ayudarnos a nosotros mismos y a otros. Cuando hayamos comprendido que la energía aparece de diferentes maneras, podremos extraerla de las emociones por negativas que sean. Aprenderemos a relajar esas energías cuando ya no dividamos nuestras experiencias en positivas y negativas; todas ellas serán útiles si las consideramos como energía por capitalizar. Todas nuestras experiencias contienen dinamismo y poder, pero debemos desarrollar nuestra atención lúcida antes que podamos usarlas bien.

Tarthang Tulku

Traducido y extractado por Carmen Bustos de
Tarthang Tulku.- Openness Mind.- Dharma Publishing