Equilibrio

Equilibrio

 

Con una consciencia meditativa sabemos cómo abordar cada experiencia y, por consiguiente, no caemos atrapados por expectativas, frustraciones ni decepciones.

ZenGarden

Desde una perspectiva concluyente, sólo existe la consciencia o atención pura. La consciencia admite todas las pautas, toda la experiencia. En cuanto las “experiencias” se filtran por los sentidos y empiezan a acumularse pautas de percepción,  todas las imágenes, recuerdos y representaciones forman lo que llamamos “consciencia”. Esto no significa que aparece una consciencia substancial, original o específica. Creemos que hay una consciencia, pero ésta es tan sólo una colección de pautas que se han acumulado como el polvo: esta acumulación es lo que llamamos “yo”. Si pudiéramos barrer todas estas pautas como si de vaciar la mente se tratara, no encontraríamos absolutamente consciencia alguna. Sólo queda la consciencia, la consciencia presente, que siempre se halla disponible en el interior de nuestro cuerpo, el interior de nuestra energía.

Alumno: ¿Cómo sé que me encuentro en un estado de atención consciente? ¿Me lo dirán mis sensaciones?

Rimpoche: No. Las sensaciones están en la consciencia. Cuando somos conscientes de algo, esto tiene lugar dentro de la consciencia –percibimos conscientemente la existencia de árboles y montañas, y así sucesivamente-. Organizamos en abstracto nuestra experiencia según determinadas pautas por medio de palabras y conceptos, imágenes e ideas, pero el elevado estado meditativo de consciencia no existe dentro de la consciencia misma. Va más allá del conocimiento sensorial, más allá de los símbolos, conceptos, ideas. Sin esta más profunda consciencia, y aunque puede que en la meditación experimentemos sensaciones positivas, de mucho júbilo, seguimos estando bajo el dominio de nuestras acciones habituales.

Alumno: Estoy algo desconcertado, entonces, con respecto a la meditación que se concentra en algo en particular, como en el caso de la visualización o las instrucciones de un maestro de meditar de cierta manera.

Rimpoche: La visualización es una manera de meditar, y muy útil al principio. Sin embargo,  los meditadores avanzados se dan cuenta de que nadie hace nada. Esto es lo que señalan las instrucciones, y cuando nos damos cuenta de ello, ya no hay necesidad de instrucciones porque ya estamos “ahí”.

Alumno: ¿Cuál es la relación entre “concentración”, “consciencia” y “atención consciente”?

Rimpoche: Puede que cuando nos concentramos estamos en una cierta consciencia pero no estemos en el estado de atención consciente. La consciencia sin este estado es como la leche sin nata o una naranja sin jugo.

Alumno: ¿Puede uno estar en el estado de atención consciente sin concentración?

Rimpoche: Sí. Es lo que estamos tratando de poner en práctica. Primero nos concentramos; después, percibimos conscientemente, y después de eso, nuestra atención consciente aumenta y se prolonga hasta que, por último, es ilimitada. Es muy importante derribar nuestros bloques conceptuales porque, en cierto modo, la concentración forma un caparazón alrededor de la meditación… algo tangible o substancial con lo cual podemos tratar. La consciencia directa trata de penetrar el caparazón.

Alumno: ¿Cómo podemos renunciar a la consciencia y, no obstante, seguir siendo conscientes?

Rimpoche: Debemos desprendernos de cualquier idea, cualquier posición, cualquier logro al que estemos aferrándonos. Escondiéndonos en los pensamientos limitamos la atención consciente. Existe el peligro de que todas las imágenes y los pensamientos que aparecen en la meditación se vuelvan tan fascinantes que no queramos renunciar a ellos, permaneciendo en su ámbito, creemos ser muy poderosos y tenerlo todo bajo control –la mente, los pensamientos, la meditación-. Ciertas visualizaciones y algunos mantras tienden un puente entre la consciencia y la atención consciente: ayudan a dejar ese tipo de meditación consciente. También podemos purificar el cuerpo, el habla y el corazón actuando de manera positiva.

Alumno: ¿Puede ser la concentración una manera de aumentar la atención consciente?

Rimpoche: Gradualmente sí, pero lleva mucho tiempo establecer firmemente la concentración, y dar lugar a una intensa concentración no significa necesariamente que también estemos dando lugar a una atención consciente.

Alumno: ¿Cómo podemos saber cuando estamos meditando correctamente?

Rimpoche: El nivel inferior de meditación tiene una base dualista, con un “yo” que es consciente de algo; el nivel superior de meditación va más allá de la consciencia. Aún estando meditando percibimos pensamientos, imágenes y objetos, todavía estamos aferrándonos a las percepciones sensoriales. Y mientras estemos en el ámbito de la consciencia, experimentaremos distintas sensaciones físicas, emociones e interpretaciones: arriba, abajo; alegre, triste; equilibrado, desequilibrado.

Es posible que cuando meditemos, a menudo nos parezca tener menos trastornos emocionales, perturbaciones o distracciones. Pero esto no significa que estemos trascendiendo el nivel ordinario, pues aún quedan pautas negativas. Observar nuestros pensamientos, y concentrarnos en refinar nuestras percepciones son herramientas transitorias que pueden ponernos alegres y contentos. Pero si queremos llegar al estado de consciencia meditativa debemos trascender la percepción sensorial o intelectual, que se centra en los objetos. En otras palabras, debemos ir más allá de la consciencia.

zen (1)

Alumno: ¿Cómo se va más allá de la consciencia?

Rimpoche: ¡Con la consciencia directa! Sin embargo, parece que al meditar siempre queremos estar haciendo algo –entrar en contacto con algo sustancial-. Siempre queremos resultados…. De otra manera nos parece que nuestra experiencia no vale la pena. Podemos meditar durante cuatro o cinco años sin encontrar nada tangible, y la meditación puede parecernos obscura, soñolienta y aburrida. Es posible que nos desilusionemos y dejemos de meditar. De modo que nos encontramos en una difícil situación: ¡lo que estamos buscando es lo que estamos dejando!

Alumno: ¿Quiere decir que lo que aprendemos con la meditación podría inducirnos a dejar la práctica?

Rimpoche: Lo que dejamos son las expectativas. Esto puede desconcertarnos, ya que habitualmente creemos que si no poseemos algo, ese algo no tiene nada que ver con nosotros.

Alumno: ¿Cuáles son entonces los beneficios de la meditación, si esta no tiene nada que ver conmigo?

Rimpoche: Los beneficios no son tangibles. Se encuentran al no adoptar posturas y al trascender el ego al máximo posible. La atención consciente no es nada tangible, y este “nada” no puede sostenerse ni señalarse. La atención consciente no es un ente. Si hablamos de él, no es más que ruido. Si nos damos cuenta de esto, puede que pensemos: “¿qué estoy haciendo? Estar aquí no tiene ningún valor claro”. Pero tal actitud sería negativa.

Alumno: ¿Le parece así a usted?

Rimpoche: Menciono esto porque a menudo la gente pregunta “¿ha tenido alguna ‘experiencia’?”. Creemos que es muy importante tener una ‘experiencia’, y continuamente juzgamos nuestra meditación, insistiendo en tener una ‘experiencia’. Puede convertirse en un deseo que nos agobie. Queremos estar alegres y tranquilos. Algunas personas creen que es importante ver visiones, llegar a otros dominios o comunicarnos con espíritus invisibles.

Alumno: Es mucho más agradable, digamos, que estar deprimidos.

Rimpoche: Es cierto. Pero cuando profundizamos en la meditación y más experimentamos los niveles superiores, estas sensaciones ya no están presentes y nos convertimos en atención consciente –la experiencia no nos distrae-. No la atraemos hacia nosotros, ni la apartamos.

Alumno: Pareciera que usted está diciendo que si una persona se iluminara, se desilusionaría.

Rimpoche: Exactamente. Eso creo. Nos desilusionamos porque no se cumplen nuestras expectativas. Hemos creado increíbles fantasías –todo lo que pudiéramos imaginar o esperar-, pero cuanto más desarrollamos una atención consciente, más nos damos cuenta de que estas suposiciones, sueños y fantasías, no existen.

¿No es peligroso descartar nuestras más apreciadas ilusiones? Puede que hayamos estado meditando una o dos horas diarias durante seis o siete años, y hayamos creído que estábamos consiguiendo algo, pero ahora nos damos cuenta de que no hay nada que conseguir.

Podrías preguntar “¿por qué debo molestarme en meditar? Si la meditación no es provechosa para mis sentimientos, mis percepciones, mi estado físico o mental, ¿de qué sirve?”.

Alumno: ¿No sirve para algo?

Rimpoche: Nos puede ayudar a estar contentos y relajados. Pero al ir experimentándola más a fondo, comprendemos que este tipo superior de meditación simplemente “es”; no tiene ninguna finalidad en sí misma.

Alumno: ¿Por qué enseña usted meditación, entonces?

Rimpoche: La finalidad de enseñar es decepcionar a la gente. ¡La gente necesita decepción! Siempre hay decepción si esperamos algo.

Alumno: Yo espero una decepción -¡pero no la deseo!-.

Rimpoche: Es la única manera de que despiertes. En cuanto hay más decepción, puedes despertar.

Alumno: Yo debiera estar muy despierto. Me parece que una vida llena de aventuras amorosas sería más fácil que la meditación. La vida nos proporciona ya bastante decepción.

Rimpoche: Es cierto. Un buen meditador siempre aprende y trabaja con la decepción. Sabe cómo enfrentarse con el mundo y con todas las experiencias con que se topa en la vida; ése es el verdadero proceso de aprendizaje. La manera inteligente de meditar es realmente dirigir nuestra atención a nuestra vida, pues de otra manera simplemente vivimos sin aprovechar nuestro conocimiento espiritual.

Estoy diciendo, entonces, que la meditación nos devuelve a la vida. Puede que tengamos que luchar, pero si estamos resueltos a atravesar obstáculos en lugar de tratar de escapar de ellos o eludirlos, podremos experimentar todo –ver, oír, oler- y participar ágilmente en cada situación en lugar de tener que escondernos o protegernos. Cuando gozamos de una consciencia meditativa sabemos abordar cada experiencia directamente y, por consiguiente, no somos atraídos y atrapados por expectativas, decepciones o desilusiones. Cuando vivimos de esta manera, comprobamos que la vida tiene mucho sentido y valor.

Sin embargo, generalmente nos parece que la tristeza y la intranquilidad son negativas, mientras que la dicha y la jovialidad son positivas. Siempre asumimos posturas. No obstante, la atención consciente no es alegre ni triste, no es positiva ni negativa. La atención consciente no adopta ninguna postura más que el equilibrio. Por ejemplo, podemos aprender a pasar muy rápido de un estado emocional a otro. Podemos estar enojados durante dos minutos y jubilosos durante otros dos, cambiando muchas veces de negativo a positivo, de positivo a negativo. Gradualmente llegamos a tener tal adaptabilidad que podemos estar en cualquiera de los dos estados sin dificultad. Podemos cambiar. Antes no teníamos la libertad de elegir cómo ser. Ahora tenemos una opción.

Monje-meditando

Alumno: ¿Quién tiene una opción?

Rimpoche: La mente tiene una opción. Si estamos enojados, deprimidos, o en algún otro estado emocional, y podemos cambiarlo de inmediato, de pronto empezamos a tener adaptabilidad y equilibrio. Por lo general simplemente expresamos las emociones y nos encerramos en una determinada o en una serie específica de acontecimientos. Luego nos lleva mucho tiempo calmarnos, analizar o digerir la situación, y transformar la experiencia en algo más aceptable. Pero la atención consciente es rápida. Es como una carga eléctrica. Podemos cambiar al instante cualquier situación.

Alumno: ¿Está usted diciendo, entonces, que cuando se presenta una situación, en lugar de sólo reaccionar ante ella debiéramos hacer experimentos con ella? ¿Qué cuando alguien dice algo podemos enojarnos o estar contentos? ¿Qué podemos hacer experimentos?

Rimpoche: Exactamente. Haz experimentos con tus pensamientos y reacciones. A veces esto te alegrará y otras veces te desconcertará. Es posible que estés aferrándote a cierta imagen que tienes de ti mismo, o que no quieras reconocer honestamente una verdad acerca de ti. Puedes descubrir que cuando pasas rápidamente de un estado a otro te intranquilizas. Tal vez te cuesta tranquilizarte y luego cuando lo haces puede resultarte muy difícil enojarte y muy difícil volver a tranquilizarte. De modo que a veces debes ser firme para horadar tu resistencia. Observa atentamente quién es el que se refrena y cuál es el origen del bloqueo. Practica cambiar muy rápidamente de un estado a otro, y explora el lado opuesto.

Alumno: ¿Pero qué sucede con el proceso de toma de decisiones? ¿Qué haré de mi vida? ¿Cuál es la mejor acción en una situación?

Rimpoche: Confía en tu estado de atención consciente, y tu cuerpo y tu mente se ocuparán de sí mismos.

Alumno: ¿Quiere decir que no importa qué hace uno, ni en qué tipo de trabajo participa?

Rimpoche: No puedes extraviarte ni ser perjudicado, porque la atención consciente es como el sol, que siempre da la luz… nunca oscuridad. ¿Por qué es tan importante poner el énfasis en la atención consciente? Porque no recoge emociones ni ofuscaciones, no acumula pautas de carácter, no crea sufrimiento. La atención consciente es como el loto: tiene sus raíces en el cieno, pero la flor es siempre pura. Por lo tanto, prolonga todos los días el estado de atención consciente tanto como puedas.

Búsqueda de la Visión Interior

Búsqueda de la Visión Interior

La persona estudia la naturaleza de la materia y descubre que es una manifestación de la Mente. No tiene dicotomías. A través de la reflexión sobre la mente sabe que las explicaciones de la evolución universal son ciertas sólo desde el punto de vista relativo. Que todo son manifestaciones mentales, procesos, energías, principios, substancias. Así alcanza la comprensión de la unidad suprema de todas las cosas, impidiendo que cualquiera apariencia contraria lo aparte de esa concepción. Está convencido del hecho de que en cada aliento y cada pensamiento él está participando en la construcción de este universo en una tarea común con la Mente Universal.

Después que el vacío se llena con la presencia del Puro Pensamiento, el hombre vuelve a los contenidos de la consciencia normal sin sentir que cruza un abismo de diferencias, con el resultado de que tiene menos dificultades para establecer un vínculo de continuidad y armonía con relación a sus experiencias previas. Su atención reflexiva se dirige a su vida activa cotidiana, tanto en relación con su pensamiento cuanto a cualquier acto que realice su cuerpo. Disciplina su consciencia, para mantener la idea corporal sin identificarse con ella, para funcionar por medio de los cinco sentidos sin dejar de funcionar en la Mente Infinita.

A medida que continúa uniendo la reflexión metafísica con la contemplación mística, surge dentro de él una nueva facultad que no tiene las limitaciones del intelecto razonador ni la parcialidad emotiva del rapto místico. Es superior a ambos. En sánscrito se llama a este estado de consciencia “aquello que está lleno de todo”.

Esto provoca una iluminación que va más allá del yoga común. Se produce una elevación de toda la naturaleza del aspirante. Pero a pesar de la repentina aparición de esta visión interior hace falta tiempo para que alcance su madurez. Hasta no llegar a una etapa continua, natural, alcanzada sin esfuerzo, no ha llegado al grado final.

Este estado carente de esfuerzo sólo se produce después de un largo noviciado. La consciencia Trascendental sólo se manifiesta manteniendo constantemente enfocada la Realidad a lo largo de todo el día. Se debe mantener el estado de alerta como proceso ininterrumpido de armonización de la Mente no manifestada, con sus ideas siempre presentes.

Al estabilizarse en forma permanente de día y de noche, el hombre habita en su unidad inquebrantable. Acerca su conocimiento de la Realidad a su vida terrenal cotidiana. Con este logro se completa su entrenamiento ultra místico. El pensar ahora es una actividad iluminada, no podrá dejar de ser un sabio. Ya sea despierto o dormido, ese hombre está sostenido por su enigmática trascendencia.

El concepto de esta visión interior, trascendental, hace comprender que la existencia cotidiana del hombre es en sí misma importante y milagrosa, como en cualquier partícula en donde no está ausente la existencia Unica. Esta visión del carácter fundamental de toda existencia no es nada más que la natural inteligencia del ser humano desarrollada hasta sus máximos límites.

Conocimiento, meditación y trabajo altruísta, constituyen la sagrada trinidad que proporciona al hombre su iluminación. La forma correcta de realizarlas es con armonía consciente, al mismo tiempo y con el mismo fin. Así, la sabiduría surge de la totalidad de la experiencia vital. Estas cualidades al fusionarse producen la visión interior. No se debe ni puede eludir la integración armoniosa de estas tres etapas. Deben concretarse con amor e inteligencia, con fe y voluntad, a través de la práctica sistemática de la meditación.

La Gracia se puede manifestar de innumerables maneras las que son afectadas por la concepción espiritual de quien la ha experimentado. La visión interior que se busca puede sobrevenir como un rayo de súbita iluminación. La meditación no provoca la visión interior, sólo plasma las condiciones necesarias para atraerla. No se deben tomar los medios por el fin, si fuera así nunca se encontrarían los objetivos.

Todas las técnicas se crearon con el propósito de abrir la puerta a la visión interior. El estudiante debe conservar un criterio flexible, puro, no dogmático. No se debe practicar una técnica o rendir culto a una doctrina por sí misma. Debe comprender que la nueva consciencia que surge gracias a esa técnica sirve para darle mayor vida y libertad, y esto sucede cuando nos desapegamos de nuestras posesiones y concepciones y no cuando nos atamos.

Cualquier método yoga inicialmente requiere aquietar la mente y éste no escapa a ese requerimiento. Por lo tanto, habiendo aprendido a aquietar la mente, la persona puede continuar con los ejercicios que detallamos a continuación. No debe practicarlos todos, sino alternadamente, durante semanas o meses, media hora o una hora en la mañana y en la tarde. Deben realizarse regularmente. Esta meditación puede “aparecer” en momentos insospechados de la vida activa de la persona. En tal caso, debe abandonarse lo que se está haciendo, concentrando la atención hacia dentro, para aprovechar la dulce serenidad y reflexionar inteligentemente sobre ella. No se debe adoptar una actitud mecánica ni pedante. Es algo muy misterioso que se refiere a la existencia interior, sin embargo, no está apartado de la existencia exterior. Cualquiera puede lograr este fin si realiza la tarea con inteligencia y comprensión, de manera correcta, y si aparece el influjo de la Gracia.

Meditación sobre el sol

Ayuda a purificar las actitudes centradas en sí mismo y a provocar un descenso de la Gracia desde el Yo Superior. Es una práctica simple, pero su valor es incalculable. Es una invocación humilde y un saludo a aquel poder supremo que se ha manifestado en la forma de este universo, es un reconocimiento de la unidad del hombre con la Naturaleza. La luz es el primer estado de la materia, es la primera energía emanada de Dios.

busqueda
Este ejercicio se relaciona con la aparición y desaparición del sol en el cielo. En el atardecer y en el amanecer, se producen determinadas fuerzas místicas que ayudan al hombre a la comunión con la Naturaleza. Debe realizarse todos los días del año, la primera práctica es dentro o fuera de la casa, en un sitio aislado, con el rostro vuelto hacia el este en la mañana y al oeste en la tarde. Si lo practica dentro de la casa, debe estar frente a una ventana que le permita ver el sol o sus rayos. La persona debe sentarse con los pies bien apoyados en el suelo y las piernas ligeramente separadas, no cruzadas.

El estudiante debe contemplar la salida o desaparición del sol en el cielo, alejar sus pensamientos y concentrar su atención en lo que está contemplando. Los rayos de luz deben penetrar en el cuerpo a través de los ojos. Absorbidos de esta forma ayudan a la salud física, al restablecimiento de la energía perdida, a la purificación de un nocivo carácter emocional, al apaciguamiento de un corazón preocupado y, además, posee la virtud de desinfectar los sitios insanos.

En la segunda etapa, debe sumergirse en una profunda pausa interior, igual que el sistema solar lo hace por unos instantes, para sentir lo que realmente está ocurriendo dentro de la gran existencia de la cual él es un fragmento. Así como el sol del amanecer ilumina el mundo físico, así también el Sol que está detrás del sol, la luz mística de la Mente Universal, ilumina el mundo mental del hombre, siempre que esté presente y en estado de consciencia pasiva para recibir ese poder.

En la tercera etapa, el estudiante procurará moverse al compás de la luz del amanecer o del atardecer, hasta abarcar todo el planeta, igual como lo hace ella. Para realizarlo debe imaginarse como un ser desencarnado y sólo mental, e identificarse empáticamente con la vida de todos los seres de todos los reinos de la Naturaleza. Debe sentirlo vívidamente con fe y convicción. Así ejercita su creencia de que es mente y no materia, refuerza su relación con el resto de la vida cósmica y comprende que su propia vida tiene una sublime significación.

Reconoce la meta de esta etapa, cuando el entorno se desvanece, cuando su atención se vuelve totalmente hacia dentro absorbido por el maravilloso estado de espíritu así invocado y cuando se siente integrante de ese ser universal. Cuando “sienta” amor como respuesta a esa relación, debe dejar de absorber ayuda del Todo para trasladarla compasivamente a los demás. En su imaginación deberá ver a sus semejantes bañados por la luz y sublime paz que lo embarga a él.

Primero, sus esfuerzos se deben dirigir a sus seres más queridos y a todos los seres a quienes desea ayudar y hacia toda la humanidad. Además, deberá pensar en quienes sean hostiles a él, los que se presentan a él como maestros, porque el papel que cumplen es el de poner de manifiesto sus propias faltas. Si los que lo atacan exageran injustamente los hechos o los falsifican deshonestamente, el Karma entrará en juego, produciendo el sufrimiento y purificación necesarios. El estudiante puede desearles su desarrollo moral interno, no es necesario que les dedique su amor.

El ejercicio se concluye con una plegaria personal, en silencio, dirigida al Yo Superior. El ejercicio del amanecer es mejor que se utilice para pedir fuerza, luz, verdad, comprensión, inspiración y ayuda material. El del atardecer, para pedir paz, calma, libertad, altruismo y oportunidad para realizar servicio. Esta meditación se relaciona con el acto de la plegaria y con la difusión de la gracia.

Meditación sobre el pasado

Debe practicarse por la noche antes de dormir, permaneciendo en la cama con las piernas estiradas, sin cruzarlas. Debe rememorar los principales acontecimientos del día, comenzando desde ese mismo momento, e ir retrocediendo en el tiempo con todas o las principales experiencias, sentimientos e ideas. Debe tratar de revivir también los sueños que tuvo la noche anterior. Termina este ejercicio, cuando logra verse acostado, a punto de dormirse la noche anterior.

Es recomendable pensar en imágenes intensamente vívidas para favorecer la concentración. Lo esencial es ver el propio cuerpo en actividad como si se tratase de otra persona. Todos sus actos, pensamientos, actividades, debe verlos con imparcialidad, debe adoptar una actitud de desapego que le permita poner en evidencia sus complejos inconscientes y sus motivos ocultos, ver críticamente sus propios sueños, actos, etc., de acuerdo con las exigencias éticas e intelectuales más elevadas. Es una práctica muy importante en la enseñanza ocultista.

Este ejercicio requiere imaginación creativa, tanto para permitirle recordar su pasado, cuanto para permitirle esta bifurcación de la consciencia, así se crea un medio efectivo para el auto mejoramiento. Al purificar sus motivaciones, educará sus emociones, fortalecerá el poder de la voluntad y mejorará su capacidad mental.

El estudiante va comprendiendo entre meditación y meditación que el día pasado ahora sólo es un recuerdo y, por lo tanto, una forma mental. Cada cosa que ve, incluso él mismo, todo es una serie de formas mentales. Comprende que la mente constituye todas las cosas, porque ahora contempla en esa mente todo lo que antes consideraba que estaba afuera. No se trata de que las formas particulares objetivas del ser se desvanezcan, sino que el ser mismo de esas cosas entra en una extraña relación íntima con el ser del estudiante, en un misterioso punto central en su interior.

El propósito final de este ejercicio, es el de despertar en el estudiante la consciencia del observador oculto. Sentirá intermitentemente que hay dentro de él algo que es diferente de los sucesos pasajeros mismos, que es el Testigo imperturbable de dichos acontecimientos y sentirá una y otra vez el indescriptible desapego que le advierte que algo supra terrenal habita en su interior.

Una meditación sobre el futuro

Los momentos previos al dormir son importantes, porque tienen el poder latente de transformar la existencia mental, moral y física del hombre. Para quien esté empeñado en la búsqueda del Yo Superior, son aún más importantes, porque además tienen el poder latente de transformar su consciencia.

Acostado, debe reflejar lo que su mejor yo desea que él piense y haga; debe visualizarse con cualidades específicas morales y mentales, poniéndolas en práctica. Imaginar cómo reaccionará correctamente en sus contactos con las personas. Debe hacerlo como si fuera un espectador indiferente que observa impertérrito su personalidad. Los resultados obtenidos se medirán por la intensidad con que se presenten en su consciencia estas imágenes, junto con la calma absoluta de los sentidos.

Vipassana

Vipassana

Vipassana-Meditation-Goutama-Buddha-1Nuestra naturaleza o condición humana nos hace enfrentarnos a diario con situaciones donde se manifiesta la tensión o el estrés psicológico tanto como el dolor físico, el sufrimiento y la enfermedad. Entonces buscamos desesperadamente todo tipo de remedios o métodos que nos permitan resolver nuestros problemas y dificultades, queriendo liberarnos de esa condición. En la actualidad, debido a la gran demanda, ha crecido el repertorio de técnicas terapéuticas, tanto en el ámbito de la medicina tradicional como en el de la medicina alternativa.

Además, habitualmente caminamos dormidos por la vida y nos dejamos atrapar con frecuencia por diferentes emociones negativas tales como envidia, orgullo, auto compasión o cualquier otra. Esta conducta nos conduce constantemente a la creación y acumulación de conflictos a través de una conducta reactiva. Este depósito va aumentando día a día debido a la interacción con los otros y a las acciones que realizamos con nosotros mismos.

Agregado a eso, constantemente nos encontramos con una sensación de atascamiento, sintiendo que, a pesar del posible éxito en las cosas externas, está el abrumador peso de una cantidad de bloqueos internos imposibles de identificar. Si empezamos a observarnos con más atención, pronto descubriremos que se deben al hecho de que aceptamos ser un producto de ciertas condiciones familiares, sociales, nacionales, etc. Nos vemos obligados a actuar de acuerdo a determinadas exigencias, de modo que no podemos ser realmente nosotros mismos. Al estar condicionados a esos requerimientos de otros, no hay ninguna fuerza interna ni poder personal que actúe genuina y espontáneamente,

Como resultado de este cúmulo de condicionamientos vamos por el mundo sintiéndonos perturbados y nerviosos. Sin conocer exactamente lo que está sucediendo, no sabemos hacer otra cosa que evadirnos
del problema real, apartándonos de la situación. actual y obvia para complicarnos en actividades que nos disocian de ella. Así es como se expanden, renuevan y prolongan las neurosis humanas. Nos mantenemos drogados con tranquilizantes a fin de no experimentar el dolor y lo que conseguimos es permanecer entumecidos y soñolientos, insensibles y sordos a nuestra existencia misma. Este asunto es extremadamente peligroso, ya que de esta forma algunas terapias sólo logran prolongar un estado de letargo, impidiéndole a la persona la posibilidad de aprender a usar sus potencialidades y de crecer a través de las crisis.

Esta evasión es explicable porque hay un gran porcentaje de personas que son incapaces de escuchar cualquier cosa que amenace sus creencias, tradiciones o modo de pensar. Aceptar algo nuevo les resulta tan doloroso que reaccionan convirtiéndolo en algo ridículo. Otros simplemente son sordos al mensaje que los asusta o perturba, o que destapa su dolor reprimido.

Lo fundamental es darnos cuenta de que la enfermedad, el conflicto y el dolor envuelven a la totalidad del crecimiento y desarrollo humanos. Si sostenemos una visión realista de la vida y de todas las situaciones, podemos tomar el drama y los problemas que enfrentamos como un desafío para sacar a la luz y hacer uso de nuestros recursos interiores, nuestras capacidades y potencialidades humanas.

Por lo tanto, es necesario aprender cómo manejarnos con éxito a nosotros mismos, en lugar de ser víctimas de las experiencias negativas o destructivas. Así, frente a enfermedades inesperadas e inevitables, debemos aceptar completamente los hechos y la realidad con comprensión y paciencia. Al suprimir las barreras que obstaculizan el flujo natural de la vida, seremos capaces de hacer emerger las energías bloqueadas en nuestro cuerpo.

Si el evadirnos o hacer oídos sordos no nos ayuda en nada sino sólo nos acrecienta el cúmulo de tensión o dolor, no nos queda otra cosa que volver nuestra atención hacia nosotros mismos, de modo que en cualquier momento logremos estar en contacto con lo que está dentro y fuera de nosotros. De esta manera podremos conocer con precisión todos los hechos y situaciones internas y externas que nos conciernen, lo que significa que nuestras acciones y reacciones sean clara y constantemente observadas sin que les impongamos una norma o ideal. La llama de la observación se encargará de quemar los factores indeseables y destructivos en forma espontánea. Esto es el método de meditación Vipassana.

En síntesis, lo que se necesita para ello es la disposición confiada al acto de atender simple, pero intensamente a todo lo que surge en cualquier momento, sin ninguna idea de hacer algo particular o convertirse en algo especial. Se trata sólo de ver lo que ocurre. Recordemos que Vipassana significa visión cabal. Constituye la esencia de la enseñanza de Buda, es decir, la experimentación real de las verdades.
El mismo Buda alcanzó este conocimiento a través de la práctica de la meditación, por lo tanto, lo que enseñó en primer lugar fue meditación, y no alguna religión, filosofía o sistema de creencias. Fue muy claro al precisar. mi enseñanza versa sobre el sufrimiento y la erradicación del sufrimiento. Buda enseñó un camino para penetrar en la naturaleza de la realidad, donde es primordial eliminar nuestra ignorancia. Para encontrar esta verdad es necesario disipar esa oscuridad, siguiendo el camino de la introspección y auto observación. Esta observación de sí nos hace conscientes por primera vez de nuestras reacciones condicionadas y de los prejuicios que nublan la mente, que nos ocultan la realidad y nos producen sufrimiento. Cuando la mente se ve libre de condicionamientos, se va volviendo pura, calmada y feliz. Las fuentes donde se origina nuestro dolor se hallan en nuestro interior y sólo resolvemos el problema cuando comprendemos la verdad del milenario adagio: Conócete a ti mismo. Nunca podremos resolver nuestros problemas y los problemas del mundo a menos que empecemos por conocer nuestra propia naturaleza. Es cierto que cada uno de nosotros está convencido de su propia importancia y de su singularidad, pero lo que cada uno sabe de sí mismo es puramente superficial.

En este viaje introspectivo cuyo destino es conocernos, debemos convertirnos realmente en un observador imparcial, Pronto nos daremos cuenta que, mediante la aceptación de nosotros mismos tal como somos y mediante el reconocimiento de la realidad, reducimos nuestras resistencias y abrimos las puertas a la comunicación honesta y a la comprensión, sin que sea alentado ningún conflicto adicional. Ya en este punto, el acto de liberación empieza a operar. El Buda examinó el fenómeno del ser humano a partir de su propia experiencia y descubrió que cada individuo es un compuesto de cinco procesos: uno físico y cuatro mentales.

A.- Proceso físico o material: Conocemos ciertos aspectos de nuestro cuerpo y somos capaces de controlar algunos, y de moverlo a nivel consciente, pero todos nuestros órganos internos escapan de este control consciente. Pero aun así estamos lejos de darnos cuenta que este cuerpo que nos parece sólido está compuesto de partículas subatómicas y espacios vacíos, y lo que es más, ni siquiera estas partículas tienen una solidez real y la duración de su existencia es menor de una trillonésima de segundo. Las partículas surgen y se desvanecen constantemente entrando y saliendo de la existencia como un flujo de vibraciones. Así, hace 2.500 años, Buda descubrió que el universo material estaba formado de partículas llamadas kalapas o unidades indivisibles que surgen y desaparecen constantemente combinándose para formar estructuras que aparentemente tienen alguna permanencia. Esta es la realidad última de la materia: una corriente constante de ondas o partículas. Eso es el cuerpo que acostumbramos llamar yo.

B.- Procesos mentales: Al examinar la mente, Buda descubrió que constaba de cuatro procesos:

1.- La consciencia, que es la parte receptora de la mente. Se limita a registrar la existencia de cualquier fenómeno.

2.- La percepción, que es el acto de conocimiento. Distingue, etiqueta y evalúa los datos como positivos o negativos.

3.- La sensación. Es la señal de que algo está sucediendo. Primero puede ser neutra, pero, en cuanto se le asigna un valor, esta sensación se convierte en agradable o desagradable.

4.- La reacción. Si la sensación es agradable, se forma el deseo de prolongar e intensificar la experiencia. Por el contrario, si es desagradable se la querrá detener o expulsar.

Entendiendo cómo funciona la mente, nos daremos cuenta que cada vez que nuestros sentidos entran en contacto con algún objeto, estos cuatro procesos se suceden a una velocidad tan grande que no alcanzamos a tener consciencia de lo que sucede. Lo más impresionante de esto es que cada uno de nosotros tiene la seguridad innata de que hay un yo en alguna parte de nosotros como una identidad continua. Actuamos con la convicción irreflexiva de que somos los mismos de diez años atrás. El Buda cuestionó esta información instintiva y a través de su experiencia vio que un ser humano, a pesar de su apariencia, no es más que una serie de acontecimientos separados pero interrelacionados. Cada suceso es el resultado del precedente y le sigue sin ningún intervalo. La progresión ininterrumpida de acontecimientos conectados íntimamente produce una sensación de continuidad, de identidad, pero es únicamente una realidad aparente.

Si bien es claro que en la vida cotidiana debemos aceptar esta aparente realidad externa, porque de otra forma no podríamos actuar, no debemos quedarnos en la superficie sino ir a un nivel más profundo donde no somos otra cosa que un flujo en marcha. Si sólo trabajamos con estas ideas en el plano intelectual, nunca podremos llegar al conocimiento directo, y es por eso que la meditación Vipassana nos propone una tarea
a tiempo completo. Al llegar a comprender esto a través de la experiencia directa, encontraremos la pista que nos llevará a la extinción del sufrimiento. Este es un método para explorar el mundo interno. Es una forma práctica de examinar la realidad del cuerpo y de la mente, lo que posibilita descubrir y resolver cualquier problema allí encerrado. Es también un camino de purificación.

Al investigar nuestra propia verdad, no lo hacemos llevados sólo por la curiosidad, sino con un propósito definido de observar y conocer los estados condicionados. Trabajar contra el condicionamiento es muy difícil, sólo la atención desnuda abre las puertas a la fuerza, el poder y la claridad interiores. El permitir el crecimiento y la acción creciente de esta energía creativa y de conductas liberadas hace que los estados condicionados desaparezcan gradualmente.

Es una maravilla el disponer de una herramienta que está en nosotros mismos, ya que con el solo hecho de observar nuestros antiguos estados permitimos que nuevos estados no condicionados salgan a la luz.

A veces, por la acción del ego o por falta de confianza, no permitimos que fluya lo nuevo y nos quedamos en las acciones condicionadas que nos atan y nos empujan hacia ellas, lo que nos hace repetir acciones que nos aumentan el sufrimiento. En este caso debemos aprender a fluir con la nueva comprensión, la nueva libertad, las nuevas intuiciones sobre la vida. Toda la clave está en permitir que las cosas ocurran. Permitir es una palabra muy poderosa. El mensaje sería: Ahora permítase ser lo que es. Permítase sentarse, permítase observar, caminar, estar consciente.

El estar consciente puede ponernos en contacto con las cosas, ayudarnos a crecer y avanzar. Esa disposición puede ser inducida durante cualquier acción: mientras se respira, se canta, se baila, se cocina o cualquier otra cosa, de modo que tenemos todas las oportunidades que necesitamos para cultivarla. Cuando nos permitimos dejar de ser recipientes para convertimos en canales a través de los cuales todo puede fluir sin obstrucciones, ni resistencias, uno tiene la oportunidad de convertirse en nada, es decir sólo ser uno mismo. Así se puede producir tal flujo de energía que se le reconoce como explosión.

La explosión en este caso se refiere a un encenderse espontáneamente e irrumpir a través de todo aquello que obstruye el flujo natural de energías dentro de nuestro cuerpo y de nuestra mente. Para que esto suceda no hay motivaciones ni determinaciones propias que valgan, sólo se logra si se aprende a permanecer en un estar consciente progresivo a lo largo del mismo movimiento de nuestra vida.

Cuando esta explosión se produce, la totalidad de la verdad se revela y la luz brilla dentro de nosotros, de forma que no queda ningún lugar donde algo pueda ser ocultado. Prevalece el espacio abierto y vacío donde podrá penetrar la totalidad del Ser.

Patricia Zárraga

Más Información:
Dhiravamsa.- El Método Dinámico de la Meditación.- Lidiun
Goldstein y Kornfiel.- Vipassana.- Kairós
Hart, William.- La Vipassana.- Edaf

Las Etapas de la Meditación

Las Etapas de la Meditación

En la meditación distinguimos nueve etapas:
1.- Correcta conducta (Yama y Niyama)
2.- Postura (Asana)
3.- Respiración (Pranayama)
4.- Alineamiento
5.- Fijación en un punto (Pratyahara)
6.- Concentración (Dharana)
7.- Meditación (Dhyana)
8.- Contemplación (Samadhi)
9.- Iluminación

1.- Correcta Conducta.- Es la disciplina del triple hombre inferior, la lucha con los elementales físico, astral y mental. Es abstenerse de los siguientes actos erróneos:
a) Ofensividad
b) Falsedad
c) Robo
d) Descontrol a nivel instintivo (gula, sexo, pereza)
e) Avaricia y codicia

Cultivar, en cambio, las virtudes opuestas:
a) Inofensividad
b) Veracidad
c) No codiciar bienes ajenos
d) Autocontrol de los instintos
e) Contentarse con lo que se tiene

Esto se entiende que abarca los tres planos: físico, astral y mental. Además, debe cultivarse:
1.- Ardiente inspiración
2.- Lecturas espirituales
3.- Devoción al Ser

2.- Postura.- La postura adoptada debe ser estable y cómoda. Para el occidental, no tiene sentido atormentar el cuerpo tratando de dominar alguna de las posturas del Hatha Yoga, que son tan cómodas para los orientales. Basta con sentarse en una silla confortable, de preferencia baja, con la columna recta, los pies naturalmente cruzados, izquierdo sobre derecho, la mano izquierda sobre la derecha, palmas hacia arriba, apoyadas en el regazo, los ojos cerrados y la barbilla retraída.

3.- Respiración.- Es la regulación de las fuerzas sutiles del cuerpo. Prana no es el aliento, sino la energía vital (E 7) que circula por el cuerpo etérico. Lo que importa es establecer un ritmo entre la inhalación y la exhalación. Puede hacerse al estilo yoga o al estilo budista (concentrándose en el Hara).

La respiración tiene que ser inaudible y, cuando el ritmo está bien establecido, el meditante tiene la sensación de no estar respirando. Es que el acto de respirar se ha profundizado y está funcionando a nivel etérico. Esto significa que hay una sincronización perfectamente balanceada.

La punta de la lengua va apoyada detrás de los incisivos superiores para conectar los dos canales principales del cuerpo (nadis) y permitir que la saliva fluya naturalmente hacia la faringe, de modo que su abundancia no sea motivo de distracción.

4.- Alineamiento.- En el alineamiento de los tres vehículos o cuerpos: físico, astral, mental, y su estabilización mediante un esfuerzo de voluntad, empieza el verdadero trabajo del yo inferior por acercarse a su Yo Superior.

Es el cuerpo mental quien mantiene a los otros dos alineados. Recordemos que el yo permanente (hombre cuatro), quien representa a la voluntad, habita en las partes intelectuales de los centros. Cuando ambos cuerpos inferiores (físico y astral) están alineados, el cuerpo mental (o mente) puede establecer una comunicación directa con el cerebro físico, libre de obstrucciones e interferencias.

Cuando el alineamiento logra que los tres cuerpos inferiores se encuentren alineados con el cuerpo causal, y mantenidos firmemente en el radio de su influencia, puede verse actuando a los grandes dirigentes de la raza, aquellos que arrastran tras de sí a la Humanidad, los que reciben el nombre de “Discípulos Mundiales”.

Al comienzo se procura lograr la coordinación física, luego la estabilidad emocional, hasta que estos dos cuerpos funcionen como uno. Al extender la coordinación al cuerpo mental, el triple hombre inferior consigue desconectarse de la mayor parte de los estímulos de los tres mundos.

En el discípulo a prueba, este alineamiento se puede producir a grandes intervalos, en momentos de intensa aspiración. Antes de que el Ego se aperciba de su sombra (el yo inferior), éste debe de haber alcanzado la capacidad de trascender los tres mundos en mayor o menor medida. Cuando esta condición involucra las emociones, está basada en la mente y hace contacto con el cerebro físico, entonces empieza el alineamiento.

El logro de esta etapa depende de la purificación y disciplina del cuerpo físico y de la subyugación del cuerpo emocional. Esto hace que la materia elemental que los constituye se vaya sutilizando y haciendo más apta para recibir las vibraciones de los niveles abstractos, las que llegan por conducto del cuerpo causal situado en el tercer sub-plano del plano mental.

En cada vida vamos adquiriendo mayor estabilidad, eso es lo que se llama personalidad integrada (hombre cuatro), pero muy rara vez conseguimos alinear la triple naturaleza inferior con el cuerpo causal. Por lo general, es el cuerpo emocional sacudido por fuertes emociones, inquietudes y desasosiegos, quien se sale de la línea. Cuando llega a estar momentáneamente apaciguado, es el cuerpo mental con su rigidez producida por actitudes, prejuicios, etc., que no deja pasar la comunicación desde el plano superior hasta el cerebro físico. Son necesarias varias vidas de paciente esfuerzo en la práctica de la meditación para llegar a aquietar el cuerpo emocional y conseguir que el cuerpo mental sea permeable. Aún conseguido esto, se necesita gran disciplina para que ambos logros ocurran al mismo tiempo. Luego se debe trabajar en controlar el cerebro físico para que actúe como receptor fidedigno de la comunicación recibida.

Cada encarnación es representada a su término por una figura geométrica parecida a la de un cubo en perspectiva. Las formas de vidas primitivas son intrincadas, burdas y de contornos torpemente definidos, como un dibujo trazado por un niño pequeño. Las formas construidas por el hombre medianamente evolucionado son de contornos bien definidos y precisos, porque los cuerpos han estado mejor coordinados. Pero en el camino hacia el discipulado aceptado, la meta consiste en fusionar todas las líneas en una sola, lo que se realiza gradualmente. Esta única línea es el antahkarana.

Al final del alineamiento, antes de pasar a la etapa siguiente, se pronuncia el OM, haciéndolo resonar en voz alta en el triángulo del pecho y, por último, mentalmente, en el triángulo de la cabeza. La O se pronuncia larga y redonda y la M se hace vibrar. Se repite tres veces en cada triángulo, imaginando el sonido como una fuerza purificadora que limpia el aura de cada uno de los cuerpos, dejándolos libres de acumulaciones obstructivas.

5.- Fijación en un punto.- Es el recogimiento de la consciencia en un punto ubicado en el centro de la cabeza (hipotálamo). La atención debe ser tan intensa que se dejen de percibir los estímulos que afecten a los sentidos. Una vez conseguido esto:

a) enfocar la consciencia en el átomo etérico permanente, una pulgada por encima del cráneo, en el lugar que ocupa el chakra coronario.

b) llevar la consciencia al átomo astral permanente, liberándola del plano físico.

c) subir aún más la consciencia hasta la unidad mental, fuera de las auras etérica y astral. Así la mente podrá actuar con toda libertad. El resultado es una lucidez mental nunca lograda antes, porque la actividad habitual de la mente siempre está asociada a un deseo o impulso y es afectada por él. Entonces recién podrá actuar como el sexto sentido que es, llegando a constituir un receptor sensible a los pensamientos y directivas del Yo Superior al llegar a la séptima etapa, la meditación.

6.- Concentración.- Es la fijación de la mente en un pensamiento determinado (soporte). Puede ser un mantra, un koan, un símbolo, una cualidad (virtud que se desea adquirir) o una imagen sagrada. Depende del Rayo de la personalidad y lo determina el instructor.

La concentración supone mantener la mente firmemente enfocada en el soporte asignado sin desviación ni distracción. Esto, que para el principiante es sumamente difícil, se hace más fácil cuando se ejercita durante el día poniendo cuidadosa atención en todo lo que se haga (samú) y aplicando el discernimiento y la reflexión cada vez que corresponda. La atención dirigida es una actitud mental y debe ser cultivada. Es obvio que a una mente a la que se le ha consentido vagabundear durante las 16 horas de vigilia, no se le puede pedir que esté obedientemente quieta media hora diaria. La práctica constante de la concentración en las actividades cotidianas supera las dificultades de ejercer control sobre la mente y produce los siguientes resultados:

a) Reorganización de la mente
b) Polarización en el vehículo mental en vez del emocional
c) Apartar la atención del plexo solar al recibir las sensaciones aprendiendo a centrarse
en el cerebro. La mayoría de las personas, al igual que los animales, perciben a través
del plexo solar.

La mente debe ser nuestro servidor y no nuestro amo, y pasa a serlo cuando la podemos enfocar sin desviación alguna sobre cualquier pensamiento simiente (soporte) elegido.

7.- Meditación.- La concentración sostenida es meditación. La mente sólo es consciente de sí misma y del soporte que sustenta su concentración. Esto es meditación con simiente. La actitud del meditante llega a ser pura atención dirigida. Desaparecen para él su cuerpo físico, sus emociones, lo que lo rodea, todos los sonidos y percepciones sensoriales que pudieran llegarle de sus cuerpos o de su entorno. Valiéndose de la mente como de un dócil instrumento, el Ser puede influir en el campo de consciencia del meditante, quien puede dejarse dirigir conscientemente por él y esforzarse en alcanzar los resultados que su Ser espera. La mente ha pasado a ser el sexto sentido que realmente es y el cerebro actúa como una placa fotográfica receptora a la impresión interna. En ningún caso esto es un proceso fácil. Se tiene que haber alcanzado cierta etapa en el desarrollo evolutivo y haber cultivado la voluntad en cierta medida para perseverar en el intento a pesar de las dificultades.

8.- Contemplación.- El meditante ya no es consciente ni siquiera de su mente. El soporte se ha esfumado. No obstante, él está intensamente despierto y alerta, centrado en el plano mental abstracto donde no existe nada perceptible a los sentidos. Esto sólo es posible cuando el yo inferior, vibrando al unísono con la consciencia de su Ser (cuerpo causal), consigue formar un canal libre de interferencias aunque sea por un momento. A intervalos muy distantes al comienzo, pero después más frecuentes, empezarán a filtrarse ideas abstractas que irán seguidas, a su debido tiempo, de destellos de verdadera intuición, provenientes de la Tríada Espiritual (Ego o Ser)). No existe en esos momentos ni el tiempo ni el espacio. El meditante realiza su unidad con todo lo que es; la expresión “consciencia de grupo” encierra algo de esa vivencia. Esta etapa se llama también: meditación sin simiente.

9.- Iluminación.- La naturaleza del Ser es luz, y gracias al proceso de la meditación su luz empieza a fluir hacia el meditante a través del sutratma. Su cerebro físico toma consciencia del hecho. A medida que esto se vaya haciendo más frecuente y constante, se va produciendo un cambio en el sujeto. Llega a estar más y más sincronizado con su Ser, la luz en la cabeza, entre la hipófisis y la pineal, se intensifica y el chakra ajna se desarrolla y funciona.

El hombre se percibe lúcido y con un intelecto claro. Es consciente de un poder en sí mismo que le permite comprender lo que existe en el plano del Ser, imprimiendo en su cerebro físico aquellos conocimientos sólo accesibles a ese nivel. Su percepción interior le da la capacidad de penetrar los misterios de la materia (física quántica) trascendiendo las formas y llegando a lo que éstas encubren, porque esa Realidad es idéntica a la que representa su Ser.

Este proceso gradual culmina en una luz enceguecedora: aquel fenómeno que todas las religiones dan en llamar “Iluminación”, o Satori en el Budismo Zen, y que sucede en la tercera iniciación, El antahkarana está terminado y allí, con palabras de Ramana Maharshi: “Sólo existe el Ser y nada más que el Ser.”

Alice A. Bailey

Extractado por Farid Ázael de
Apuntes de Clases por Correspondencia
de la Escuela Arcana de Buenos Aires.

Importancia de la Meditación frente a la Ciencia Moderna

Importancia de la Meditación frente a la Ciencia Moderna

Condúceme de lo irreal a lo Real,
de la oscuridad a la Luz,
de la muerte a la inmortalidad.

Es frecuente en estos días que los maestros espirituales y los religiosos miren en menos a la ciencia, pero yo no estoy de acuerdo con ellos. Si no tenemos electricidad para iluminar esta sala, no creo que alguien viniera a escucharnos. No podemos viajar de un lugar a otro sin automóvil, tren o avión. La ciencia tiene un lugar en nuestras vidas y, condenándola, no enseñamos religión. Las ciencias físicas son necesarias para
el hombre moderno y este no puede llevar a cabo sus tareas sin la ayuda de ellas. Así como las verdades religiosas, filosóficas y místicas son importantes para el desenvolvimiento de la vida humana, también los logros científicos son medios necesarios para nuestra vida externa.

Existen dos ciencias diversas. Una es llamada ciencia física y la otra es llamada la ciencia de la consciencia. La ciencia física descubre las grandes leyes de los aspectos del universo, mientras que la ciencia de la meditación descubre los estados internos de la vida humana.

El hombre es ciudadano de dos mundos: el mundo interno y el externo. Debe conocer las leyes generales
de la ciencia para manejar sus quehaceres en el mundo externo y al mismo tiempo es importante para él conocer los medios para desarrollar su ser interno. El mundo interno y el externo están mezclados. De hecho son inseparables. Aquel que ha conocido los caminos y métodos para entender sus estados interiores refleja su sabiduría interior a través de su pensamiento, acción y lenguaje, y maneja sus actividades eficientemente en el mundo externo.

Cuando yo vivía en las cuevas de los Himalayas había confusión en mi mente al observar el modo científico moderno de vivir. Acostumbraba a separarlo de la forma religiosa de pensar. Llegó el día en que descubrí que las verdades religiosas necesitaban una sistematización científica, y la ciencia, una filosofía religiosa. Todas las grandes Escrituras hablan acerca de la misma verdad, sin embargo sus seguidores permanecen insatisfechos e ignorantes, Creer en las grandes Escrituras y tener fe en ellas no da experiencia directa ni satisfacción. Sin experiencia directa, el estudio de las Escrituras no es satisfactorio.

Siempre digo a mis alumnos: Ustedes se preocupan demasiado acerca de la iluminación. Comiencen a andar por el camino de la luz interior. Cuando ustedes transiten por el camino interior no necesitarán un instrumento de tipo científico, como un telescopio. No les serviría para ver interiormente. Este ver es un arte completamente diferente y no necesita instrumentos externos. Por supuesto, nos demoraremos en llegar a estar adentro, porque nuestra vida diaria nos enseña a estar afuera todo el tiempo.

En nuestra sociedad actual se considera próspero a un hombre que tiene éxito material y que acumula posesiones. Pero si no tiene paz mental y satisfacción, todas sus posesiones son inútiles. Necesitamos tener tranquilidad interior y equilibrio para vivir pacíficamente en el mundo. He conocido muchos gobernantes y hombres ricos, pero no he encontrado paz en ellos ni felicidad en sus vidas. La felicidad es
un síntoma de paz interior, y la paz llega a través de la tranquilidad mental.

Todas las técnicas de meditación descritas por diferentes Escrituras y enseñadas por diferentes maestros son técnicas muy resumidas. Solamente conociendo las técnicas no se puede comprender la filosofía completa que yace detrás. La meditación consiste en una correcta técnica, una profunda filosofía, un fuerte deseo de experimentar la realidad y una práctica constante. Los Padres del desierto y los sabios de los Himalayas creyeron en la meditación. Ella es necesaria para todos los seres humanos.

Los niños hindúes aprenden meditación siguiendo a sus padres. Una mujer hindú medita en sus acciones todo el día. En las afueras de cada pueblo, en la India hay un pozo donde la mujer va a sacar agua. Cada mujer coloca un cántaro con agua sobre su cabeza, se mueve, conversa, baila, pero el cántaro no cae porque ella permanece consciente de él sin importar lo que haga. Si nosotros aprendemos a hacer las cosas permaneciendo atentos al centro de realidad dentro de nosotros, a eso se le llama meditación en acción.

La gran tradición meditativa Budista enseña a meditar sistemáticamente. La Biblia judía dice: Manténte quieto y sabe que soy Dios. La técnica que nos ayuda a estar quietos se llama meditación, y la revelación allí contenida es llamada comunión con Dios. No hay conflicto en la práctica de la meditación. La escuela
de la meditación es libre de fanatismos religiosos, símbolos, ideas, caprichos y fantasías. Cualquiera y todos pueden meditar.

La meditación debería ser aceptada como una ciencia esencial para terapias individuales y de grupo. Ayuda para llegar a ser un genio creativo en el mundo y para tener tranquilidad mental todo el tiempo. Los terapeutas empiezan y terminan con la relajación, mientras que la ciencia de la meditación profundiza mucho más que eso. Cuando se experimentan los métodos profundos de relajación, se llega a saber que todos ellos nos guiarán gradualmente al auto control, aun cuando el practicante no sea consciente de este hecho. Demasiada relajación sin auto control puede llegar a ser dañina. Si se permite a los músculos permanecer relajados por un largo tiempo, estos pueden perder su tonicidad natural. Además, la relajación basada en sugestiones no es parte de la meditación. Durante la meditación, la fisiología del músculo, el sistema nervioso y varias funciones de la mente son llevados a un estado de equilibrio y tranquilidad. Esa relajación que proporciona control consciente sobre tensión y relajación es el método correcto. La relajación es necesaria para la meditación, pero no aquella basada en la sugestión.

La meditación es un viaje interior en el cual se exploran los estados internos, alcanzando finalmente ese centro de consciencia desde donde la consciencia fluye en varios grados y niveles. Si el método es practicado regular y sistemáticamente, no es difícil. Cuando una dueña de casa practica meditación, llega
a ser una dueña de casa perfecta. Todos los logros científicos en el mundo externo, todas las comodidades, pueden llegar a ser medios si sabemos que son medios solamente. El hombre moderno sufre de varias enfermedades auto creadas, tales como hipertensión, úlceras, migrañas, jaquecas y depresión. La causa yace dentro de la mente. Y cuando la mente es entrenada mediante las prácticas meditativas, la meditación llega a ser una terapia esencial a la vida diaria. Previene muchas enfermedades. Cuando la mente y sus modificaciones son controladas mediante la meditación, se puede disfrutar de serenidad interior y cumplir los propios deberes en forma adecuada. Solamente a través de la meditación se puede tomar conscientemente contacto con nuestras potencialidades ocultas. Para llegar a ser creativo y dinámico, la meditación es muy importante.

Un hombre que medita nunca se horroriza de los problemas de la vida. Nunca es tironeado por los encantos, tentaciones y atracciones. Permanece sin ser afectado en todas las circunstancias de la vida, buenas o malas. A través de la meditación, cada ser humano puede hacer un tremendo bien a la humanidad. Los más grandes obstáculos en el camino de la meditación son creados por el ego, y alguien que sabe cómo someter al ego recibe el mayor conocimiento.

Les contaré una historia que ilustra el problema del ego. En un tren había un joven compañero de viaje sentado a mi lado. Había también un swami muy anciano viajando en el mismo coche.

El joven le preguntó: Señor, ha controlado usted su ira?

El anciano dijo: Sí, es fácil. Nunca pierdo mi ecuanimidad. No tengo ego. Tengo perfecto control sobre mi ira.

Pero el joven persistió en su pregunta una y otra vez. Continuó preguntando: Realmente no tiene ira ni ego? Realmente ha controlado su mente, acción y palabra?.

El viejo swami perdió la paciencia y se puso muy enojado, diciendo:
Cállate de una vez ! Si no lo haces te romperé la cabeza !

La personalidad oculta de cada uno emerge en situaciones imprevistas. Realmente, esto es una oportunidad de auto examen. Se pueden sobrellevar todas las situaciones inesperadas estando alerta al centro de consciencia. Mantener este centro conscientemente, es meditación. La fuerza interior es superior a la fuerza exterior. Aquellos que tienen fuerza interior permanecen imperturbables todo el tiempo.

Conocí a un swami que era un ser realizado. El estaba hablando de meditación y uno de los alumnos de la audiencia se levantó y dijo:

Señor, si yo digo que usted es un tonto usted se perturbaría?.

El swami dijo que no.

El alumno entonces preguntó: Por qué?.

El swami respondió: Yo no acepto fácilmente sugestiones de los demás, he aprendido a permanecer calmado y cómodo.

Un hombre que medita comprende los gestos, emociones, pensamientos y deseos de los demás. Está alerta a toda hora en todos los niveles. Hay una vasta diferencia entre hipnosis y meditación. Hay diferencia entre oración y meditación también. La hipnosis ayuda en un nivel superficial, la meditación es diferente, ayuda a enfrentar la realidad. Nos conduce de la dualidad a la unidad. Adler, James, Freud, e incluso Jung, sabían que aunque la hipnosis es útil en un cierto nivel, no puede conducirnos a un estado de consciencia más profundo. La meditación es unidad en diversidad. Desde el momento en que vemos formas y nombres, estamos bajo la influencia de la hipnosis. Toda la humanidad está hipnotizada por las condiciones externas. No necesitamos más hipnosis. Hipnosis y meditación son dos conceptos diferentes.

En uno se necesita la sugestión y en la otra se experimenta directamente la realidad. Ningún método de hipnosis puede iluminarnos. Sí puede ponernos en un profundo sueño. Pero el sueño no puede iluminar a nadie. Cuando un tonto va a dormir, despierta como el tonto que era. Pero cuando un tonto se sumerge en una profunda meditación, regresa como un Iluminado.

A menudo los estudiantes preguntan: Cuánto me demoraré en aprender a meditar?. Mi respuesta es: Cuánto tiempo te tomaría iluminar una habitación a oscuras?. Si tenemos luz podemos disipar la oscuridad. Y cuánto nos demoraremos en alumbrarla? Un segundo. Si estamos totalmente preparados, si aprendemos a no desperdiciar nuestro tiempo sino a utilizarlo para prepararnos, podemos conocer los niveles más profundos de nuestro ser. Todos los problemas se terminarían si voluntaria y conscientemente gastamos algún tiempo en la meditación. Unos pocos minutos cada día nos ayudarán a formar el hábito. Cuando el hábito está fortalecido, la mente empieza a fluir hacia los surcos creados por los hábitos. Para aquellos que han estado haciendo meditación, esa hora es la mejor hora del día. Todos los seres humanos, en su ignorancia, cometen errores. La meditación los vuelve alertas a sus errores y los libera de los complejos de culpa. Los métodos de la meditación nos ayudan a estar atentos a las buenas y malas cualidades en nosotros.

Otra pregunta frecuente de los alumnos es acerca de un guía o un gurú. Los alumnos modernos tienen una idea del gurú como de un ser humano sobrenatural: imagen que refleja sus propias ideas. Un gurú es aquel que piensa, habla y actúa de acuerdo a los dictados de su propia consciencia. El más grande de todos los gurúes en forma humana es aquel que practica, que se ha experimentado a sí mismo, y que nos guía desinteresadamente en el camino de la lluminación.

Las Escrituras dicen: Despertad del profundo sueño de la ignorancia, preparáos, aprended a escuchar vuestra propia consciencia, y no sigáis los trucos que os juega vuestra mente. No desperdiciemos tiempo en conocer los diferentes caminos, sino que sigamos uno con toda sinceridad y fidelidad.

Swami Rama

Traducido y extractado por Eduardo Cucurella de
Swami Rama y otros.- Faces of Meditation.- Himalayan International Institute.

El Sueño Lúcido

El Sueño Lúcido

Estamos hechos de la misma sustancia que los
sueños, y también con un sueño concluye nuestra
vida.

shakeasperWilliam Shakespeare

Desde la más remota antigüedad, los sueños han sido considerados como una fuente de inspiración que nos transmite mensajes misteriosos. Los chamanes, por ejemplo, veían confirmada su vocación sagrada en el transcurso de un sueño mientras que para los profetas de Israel, por su parte, los sueños eran portadores de mensajes divinos. Recordemos, por ejemplo, aquel pasaje de la Biblia que dice: Escucha mis palabras: si hubiera un profeta entre vosotros, Yo, el Señor, me presentaría ante él en una visión y le hablaría a través de un sueño. Las antiguas culturas mediterráneas afirmaban que los sueños eran una fuente de curación y esta creencia congregaba en el templo del dios Esculapio a numerosas personas que trataban de incubar sueños terapéuticos. Más recientemente, la psicología ha declarado que los sueños constituyen el camino real al inconsciente (Freud) y que son mensajes de curación y conocimiento intuitivo procedentes del inconsciente (Jung). De la misma manera, la psicología transpersonal también presta una gran importancia a los sueños.

Pero sea cual fuere nuestra interpretación, los sueños constituyen un milagro nocturno que abre nuestra visión a un universo poblado de personajes, lugares y criaturas que parecen sólidos, independientes y reales. Además, durante el sueño nuestra propia persona parece dotada de un cuerpo sólido y real que parece ser el origen y el sostén de nuestra existencia, de nuestros placeres y de nuestros dolores, un cuerpo dotado de ojos y oídos que nos proporcionan mensajes sensoriales y cuya muerte supone también nuestra propia muerte. En suma, este mundo y este cuerpo onírico parecen crearnos y controlarnos, aunque el universo aparentemente objetivo es una creación de nuestra propia mente, un producto transitorio y subjetivo que se halla, en última instancia, sometido a nuestro control.

A veces, cuando despertamos pensamos que lo que acaba de ocurrir es irreal y decimos: No era más que un sueño. Pero de este modo incurrimos en el error – que la filosofía hindú denomina subrogar – de menospreciar el estado de sueño; es decir, concederle, desde el estado de vigilia, menor validez ontológica. No obstante, sea cual fuere la conclusión a la que arribemos cuando estamos despiertos, noche tras noche, una y otra vez, seguimos soñando y creyendo sin lugar a dudas en la realidad de nuestros sueños, y es por ello que luchamos y huimos, reímos y lloramos, maldecimos y disfrutamos.

Es posible que la mayoría de nosotros hayamos tenido, en alguna ocasión, la experiencia de darnos cuenta repentinamente de que no es más que un sueño mientras estábamos inmersos en una dramática aventura o bajo una pesadilla onírica. En ese momento nos tornamos lúcidos; estamos soñando y, al mismo tiempo, nos damos cuenta de que estamos soñando, y ese reconocimiento puede proporcionarnos una sensación de alivio, placer, asombro y libertad. Entonces somos libres para enfrentarnos a nuestros monstruos, para satisfacer nuestros deseos o para tratar de descubrir nuestras aspiraciones más elevadas sabiendo que no somos las víctimas sino los creadores de nuestra propia experiencia. Como dijera el filósofo Nietzsche: Quizás exista alguien que, al igual que yo, recuerde haber proclamado victoriosamente en medio de los terrores y los peligros de un sueño: “Esto es solamente un sueño y quiero seguir soñándolo!”.

Pero este tipo de sueños son excepcionales y solemos carecer de la capacidad para inducirlos. Cabría preguntarnos, pues, si existe algún método que nos permita desarrollar la capacidad para despertar a voluntad en medio del sueño, una pregunta que ha sido contestada afirmativamente por muchas tradiciones contemplativas y por todos los investigadores del sueño. Ya en el siglo IV, Patanjali recomendaba en su clásico texto sobre el yoga: Ser testigos de los procesos del sueño y del sueño profundo. Cuatro siglos después, el budismo tibetano desarrolló un sofisticado sistema de yoga onírico. En el siglo XII, el místico sufi Ibn El-Arabi, un genio filosófico y religioso conocido en el mundo árabe como el más grande de los maestros, afirmaba que una persona también debe controlar sus pensamientos durante el sueño. El adiestramiento en este tipo de atención puede proporcionar grandes beneficios. Todos deberíamos esmerarnos en tratar de desarrollar esta valiosa capacidad. Más recientemente, diversos investigadores
y maestros espirituales – desde Sri Aurobindo hasta Rudolf Steiner – han confirmado también la posibilidad de desarrollar el sueño lúcido.

Durante muchas décadas, los investigadores occidentales habían desdeñado estos informes como simples quimeras pero, a lo largo de la década de los setenta, tuvo lugar uno de los hitos más relevantes de la historia de la investigación sobre los sueños. Estamos refiriéndonos al trabajo de Alan Worsey en Gran Bretaña y de Stephen LaBerge en California, dos investigadores que trabajando aisladamente y sin saber nada el uno del otro aportaron evidencia experimental sobre la existencia del sueño lúcido y aprendieron a provocar deliberadamente este fenómeno. Estos investigadores permanecían monitorizados electrofisiológicamente en un laboratorio del sueño y no sólo podían comunicar – mediante ciertos movimientos oculares – a los observadores externos que estaban soñando sino también que sabían que estaban soñando. Mientras tanto, su EEG (electroencefalograma) mostraba el típico patrón de ondas MOR (movimientos oculares rápidos) característico del sueño, ratificando, de ese modo, la veracidad de sus afirmaciones. Por vez primera en la historia, alguien había podido mandar un mensaje desde el mundo de los sueños mientras estaba durmiendo. A partir de ese momento, la investigación y la comprensión del estado onírico ha sufrido un cambio radical. Resulta interesante constatar que, durante cierto tiempo, LaBerge no pudo publicar los datos recogidos en su trabajo porque no existía ningún editor que creyera siquiera en la posibilidad del sueño lúcido.

A partir de ese momento, las señales proporcionadas por los movimientos de los ojos y los registros electrofisiológicos han permitido que los investigadores pudieran estudiar variables tales como la frecuencia y la duración de los sueños lúcidos, sus efectos fisiológicos sobre el cerebro y sobre el cuerpo, las características psicológicas de quienes los experimentan, los medios más confiables para inducirlos y su potencial para la curación y la investigación transpersonal. El sueño lúcido ha inspirado también numerosas reflexiones sobre las implicaciones filosóficas, transpersonales y prácticas del sueño y de la lucidez.

Una de las principales consecuencias filosóficas tiene que ver con la naturaleza del estado de vigilia. Después de todo, si noche tras noche cometemos el error de creer en la objetividad del mundo y del cuerpo onírico, es decir, de considerar que se trata de acontecimientos reales que existen más allá de nuestra mente, no podría ocurrir lo mismo con el mundo y con el cuerpo vigílicos? Cómo podemos, pues, estar seguros de que el estado de vigilia no es también una especie de sueño? Como advierte el budismo tibetano: El estado de vigilia no presenta ninguna característica que nos permita diferenciarlo claramente de la experiencia onírica.

Hay muchos filósofos y tradiciones místicas que coinciden en esta apreciación. Según Schopenhauer, por ejemplo, el universo es un gran sueño soñado por un único ser en el que todos los personajes también están soñando, y el gran erudito del zen, D.T. Suzuki, decía: Mientras sigamos soñando jamás podremos comprender que estamos soñando. En la misma línea, una enseñanza contemporánea cristiana afirma que:

Los sueños nos enseñan que tenemos la posibilidad de construir el mundo tal y como lo deseamos y que
es este deseo, en definitiva, el que nos lleva a creer sin ningún género de dudas en la realidad de lo que vemos. Sin embargo, en el interior de nuestra mente existe un mundo que también parece ser externo… Creemos despertar y que, con este despertar, el sueño se desvanece, pero somos incapaces de reconocer que lo que dio origen al sueño permanece presente, que nuestro deseo de construir un mundo diferente al mundo real persiste. Por consiguiente, lo que vemos al despertar no es sino otra forma del mismo mundo que contemplamos en los sueños. Así pues, estamos soñando de continuo. Lo único que ocurre es que los sueños vigílicos y los sueños oniricos nos parecen diferentes. Eso es todo.

Obviamente, esta perspectiva es una forma del idealismo filosófico metafísico según el cual lo que consideramos como realidad externa no es más que una creación de nuestra propia mente, un punto de vista que, a pesar de no gozar de demasiada popularidad en estos tiempos materialistas, ha sido sustentado por algunos de los principales filósofos orientales y occidentales. Hegel, por ejemplo, afirmaba que el espíritu es la única Realidad, la substancia interna del mundo. Así pues, el hecho de que ningún filósofo haya podido demostrar la existencia del mundo exterior no constituye ninguna sorpresa para los idealistas.

Quienes han aprendido a desarrollar la lucidez en sus sueños comprenden en profundidad cuán convincente y objetivo puede resultar el mundo onírico y cuán dramático puede resultar el despertar personal. El soñador lúcido experimenta con inquietante claridad que lo que parecía un mundo incuestionablemente externo, objetivo, material e independiente es, en realidad, una creación interna, subjetiva, inmaterial y dependiente de su propia mente. Hay quienes ponen entonces en tela de juicio sus antiguos puntos de vista, empiezan a preguntarse si el estado de vigilia no debería también ser considerado como una especie de sueño y comienzan a vislumbrar el sentido de la afirmación de Nietzsche de que inventamos la mayor parte de lo que experimentamos y somos mucho más artistas de lo que suponemos.

Este hecho tiene importantes implicaciones teóricas y prácticas que afectan muy directamente a nuestro estado de vigilia. Cuando estamos soñando solemos creer que nuestro estado de consciencia es claro y distinto y que estamos viendo las cosas como realmente son; sin embargo, cuando despertamos o alcanzamos cierto grado de lucidez subrogamos la conciencia onírica y reconocemos sus distorsiones. No podría, acaso, ocurrir lo mismo con nuestro estado de consciencia vigílico? Y, si eso fuera así, existe algún modo de despertar y ser más conscientes de nuestra vida cotidiana?

A lo largo de los siglos, las grandes tradiciones religiosas han afirmado que nuestro estado habitual de consciencia se halla distorsionado y también han insistido, sin ningún género de dudas, en la posibilidad de despertar. En realidad, las disciplinas contemplativas nos instan a reconocer las limitaciones del estado de consciencia ordinario y nos proporcionan métodos prácticos para despertar a ese estado no distorsionado conocido con el nombre de iluminación.

Pero nuevamente se nos plantean aquí un par de cuestiones adicionales acerca del estado de lucidez. Es posible clarificar, aún más si cabe, el estado de lucidez y aplicarlo tanto al sueño sin ensueños como al estado de vigilia? Podemos cultivar ciertos estados superiores de consciencia mientras estamos soñando y, de ese modo, desarrollar lo que Charles Tart denomina sueños superiores?

Tanto los informes personales como la reciente investigación sobre el sueño parecen responder afirmativamente a ambas preguntas. Por una parte, sabios de la talla de Aurobindo y Rudolf Steiner y ciertos practicantes avanzados de meditación han señalado la posibilidad de mantener una lucidez continua a lo largo de la mayor parte de la noche no sólo durante el sueño con ensueños sino también durante el sueño profundo. Algunos practicantes avanzados de MT (meditación transcendental) han constatado también esta experiencia y han sido capaces de mantener una especie de consciencia-testigo durante todas las fases del sueño. Ello significa que mientras sueñan – e incluso mientras se hallan en el sueño profundo – permanecen identificados con la consciencia pura y pueden, de ese modo, dedicarse simplemente a contemplar los personajes y las situaciones oníricas sin verse afectados por ellas. Por otra parte, esta observación ecuánime puede extenderse a la vida vigílica cotidiana. Según la tradición védica de la MT, el primer estadio de la iluminación se alcanza cuando la consciencia-testigo persiste de manera continua e ininterrumpida.

Evidentemente, el yoga y la meditación pueden provocar el sueño lúcido y éste, a su vez, puede ser utilizado como un tipo de meditación. En realidad, la lucidez parece conducir espontáneamente a los meditadores a este punto. Los practicantes avezados señalan que finalmente desaparece incluso hasta la misma emoción de satisfacer repetidamente un deseo y el soñador comienza a buscar algo más significativo y profundo que sumirse en una nueva fantasía sensual. Estas personas parecen redescubrir, por tanto, la vieja idea de que los placeres sensoriales no pueden proporcionar, por sí mismos, una satisfacción definitiva.

Página 1 de 512345