La vision penetrante de Krishnamurti

La vision penetrante de Krishnamurti

Observación pura, lucidez alerta, escucha vigilante, llamada de atención, son términos usados por Krishnamurti para designar este instrumento por excelencia del despertar. La atención se despliega como un estar-en-el-mundo-en-el-instante, la presencia a lo que es, sin pantallas y sin máscaras. Lugar de un escuchar infinito donde el mundo no se repite jamás, donde “el pensamiento más profundo ama la vida más viviente”.

Acogida plenamente sensible de lo que nos rodea, contemplación y compasión, la atención es al mismo tiempo – en el mismo flujo – investigación apasionada de sí mismo. Y por esto, el espacio de una libertad posible. En efecto, es por el contraste con la atención que se descubre nuestro apego a las interferencias del ego. Ver, en el mejor sentido de la palabra, es liberarse de ello. Este ver pone en juego una acción que ya no se fundamenta en la sola punzante repetición del pensamiento. Esta manera soberana de ir en cada instante a lo más verdadero, no exige – paradójicamente – ni esfuerzo ni voluntad. Ello se cumple de hecho en el olvido del yo, “en el olvido de las palabras”. Es a la concentración – percibida aquí como el estrechamiento del campo de la consciencia con fines egocéntricos – lo que el diseño libre es al diseño impuesto:

“Cuando pones realmente atención, no hay una acción fundamentada en la memoria. En cambio, si te concentras, tú haces un esfuerzo, actuando siempre a partir de la memoria, como un tocadiscos repetitivo”

Donde la concentración cierra, la atención abre. La una empobrece, la otra acrecienta. La una quiere circunscribir, la otra busca comprender. La una filtra el mundo a imagen de la persona, la otra no tiene más objeto que su despliegue impersonal. Para Krishnamurti, ver es percibir en el espacio de un instante la verdad de un evento:

“El acto de ver es instantáneo, no es “yo aprenderé a ver”. Si tú dices “yo aprenderé”, tú ya has introducido el tiempo”.

Para que esto pueda surgir, uno no se ejercita. La lucidez no podría ser el fruto de un procedimiento habitual:

“Estar lúcido, observar simplemente tus pensamientos, saber simplemente lo que piensas y sientes, sin condenación, sin defensa, sin justificación. En la lucidez no hay un llegar a ser, sino simplemente observación, una observación silenciosa.”

Quién podría no hacer oídos sordos a lo más viviente, a lo más verdadero de sí mismo? Quién podría conocerse en la forma más simple y completa?

“Debes tener la capacidad de explorar, no aquella capacidad que se adquiere con el tiempo como el aprendizaje de una técnica, sino esa capacidad que brota cuando estás verdadera y profundamente comprometido, porque descubrir es una cuestión de vida o muerte…”

Quien está atento es como un aprendiz, más allá de toda medida. Es el alumno de la realidad en estado de escucha extrema. Presto a esa “no-saciedad de lo esencial” que evoca Simone Weil. Plenitud fundamentalmente desinteresada – se piensa en el “sin finalidad y sin provecho” del budismo zen o en “la acción sin fruto” predicada por el Bhagavad Guita – tan presente a su objeto que no hay lugar en ella para
un sujeto.

“Ve lo que se produce cuando se observa con todo el ser, con la totalidad de la energía. Verás que en esa intensidad no existe el observador; no hay más que atención. Es la inatención la que separa al observador de la cosa observada.”

En Krishnamurti, todo cuestionamiento brota de una lucidez constante de un hecho (estamos atados a las cosas, somos violentos, envidiosos, temerosos, etc.) y no de una idea. Y para comprender este hecho, es necesario observarlo de frente, sin demora ni rodeos, concederle una atención total e instantánea, fuera de toda esa red de fugas y evasiones que hemos tejido:

“Sólo se puede enfrentar un hecho en el presente. Si no se le permite estar presente, porque se huye de él, no se podrá reencontrarlo jamás.”

Así – y esto cada uno puede verificarlo – huir del temor no hace más que acrecentarlo. Al contrario, quien está plenamente presente, cara a cara con lo inmediato, no conoce el temor, “Si te entregas a tu propia presencia, no hay lugar para el temor”. Este sólo puede surgir cuando interviene el pensamiento. La verdadera inteligencia, según Krishnamurti, no es más que la total liberación del temor.

“Mientras no se esté liberado del temor, se pueden escalar las más altas montañas, inventar toda clase de dioses, igual se vive en las tinieblas.”

Uno recuerda la frase apaciguadora que lanza Jesús a los apóstoles sobre el Monte Tabor: ” No tengáis miedo !” (Mateo 17, 7). A quien le interroga: ” Podré ser liberado del temor ?, Krishnamurti responde:

“Tú eres el temor; tú y el temor no sois dos cosas separadas. La separación no es más que el temor mismo. Cuando veas que tú eres el temor, que tú y él no son dos cosas distintas, el temor desaparece. Entonces, ya no son necesarias las fórmulas y las creencias, porque no se vive sino con lo que es, y con la verdad de lo que es.”

Cambio total, reversión, reflexión. Por qué tengo miedo? Porque el miedo es parte integrante de mí. Si yo soy el miedo, ningún otro yo podría actuar sobre él, negarlo, rehusarlo, reprimirlo, combatirlo… Yo no puedo más que observar, sin proyectos ni prejuicios. “La atención misma que se concede a un problema – insiste Krishnamurti – es la energía que lo resuelve”, La intensidad de la observación, anulando la distancia entre
el miedo y el yo, pone fin en el acto a la dualidad. Dicho de otra manera, la energía, concentrada por entero en la observación, deja de nutrir la influencia del miedo. Nace otro movimiento, un no -movimiento por el cual el observador no se experimenta ya como separado de lo observado. A los ojos de aquel que ve, la impresión que nos hace el mundo no es diferente del peregrinaje al interior de sí.

Para Krishnamurti, mientras no tratemos de ver más allá del yo, no podremos encontrar aquello que no tiene principio ni fin. La sola enseñanza verdadera es: “Examínate, obsérvate y supérate”.

Extirpar las raíces del miedo, es justamente penetrar de un extremo a otro nuestro teatro de sombras para confrontarse con lo que es. En este sentido, la atención es percepción de la verdadera naturaleza de las cosas, a la vez una apreciación y una visión penetrante, pero quién ve si no la visión? Tal como no hay pensador observando el pensamiento, porque el pensador es el pensamiento, la visión aparece cuando desaparece el observador, “este constructor de imágenes, esta colección de memorias y de ideas, este paquete de abstracciones”. Quién medita si no la meditación?

“La meditación pone fin al pensamiento, pero no por la acción de aquel que medita, porque el que medita no es otro que la meditación… Deja que esta cualidad meditativa venga a ti. Si ella no viene, no la persigas”.

Es un llamado fluyente que se opone a la crispación de una vía puramente intelectual, en la que el espíritu está literalmente separado del corazón. Visión de conjunto, toma de consciencia “sin elección”, es decir, sin ajustarse a un modelo particular, más allá del gusto o disgusto. “La visión penetrante no deja cicatrices en la memoria.” Reversión de nuevo, No sabríamos ir de lo conocido a lo desconocido, pero, desde que tenemos consciencia, estamos preparados para lo desconocido. Posibilidad inaudita de un descondicionamiento tan absoluto como instantáneo. En la apertura de la atención florece simplemente la libertad, la cual es siempre inicial e iniciadora,

“Reflexionar sobre la posibilidad de ser libre no nos lleva a ninguna parte, Se debe comenzar por ser libre.”

Zeno Bianu

Traducido y extractado por Sonia Ramírez de
Nouvelles Clés.- N 11.- año 1996
París

Más Información:
Krishnamurti.- El Vuelo del Aguila.- Paidós
Krishnamurti.- La Totalidad de la Vida.- Sudamericana
Krishnamurti.- Sólo la Verdad trae Libertad.- Kier
Krishnamurti.- La Libertad Interior.- Kairós

Devoción y Oración

Devoción y Oración

La sala daba al río y el sol se alzaba sobre las aguas. Conversaba con un visitante. El estaba lleno de emoción, un exuberante sentimiento que parecía darle gran placer. Estaba ansioso por hablar. Habló de la belleza del río y de dos aves color verde-oro que estaban posadas muy cerca la una de la otra, arreglándose las plumas.

Visitante: No es la devoción un camino hacia Dios? No es el sacrificio de la devoción la purificación del corazón? No es la devoción una parte esencial de nuestra vida?

Krishnamurti: Qué queréis decir con la palabra devoción?

V: El amor de lo más elevado; la ofrenda de una flor ante la imagen, el símbolo de Dios. La devoción es absorción completa, es un amor que supera al amor carnal. He estado sentado durante muchas horas seguidas, entregado por completo al amor de Dios. En ese estado no soy nada y no conozco nada; en ese estado toda vida es una unidad. El barrendero y el rey son uno. Es un estado prodigioso. Seguramente que tenéis que conocerlo.

K: Es amor la devoción? Es algo aparte de nuestra existencia cotidiana? Es un acto de sacrificio consagrarse a un objeto, al conocimiento, al servicio o a la acción? Es auto sacrificio el que vos os perdáis en vuestra devoción? Cuando os habéis identificado por completo con el objeto de vuestra devoción, es eso abnegación de sí mismo? Es ausencia de egoísmo el absorberos en un libro, en un cántico, en una idea? es devoción el adorar una imagen, una persona, un símbolo? Tiene algún símbolo la realidad? Puede representar jamás un símbolo a la verdad? No es estático el símbolo? Y puede representar jamás una cosa estática a aquello que es viviente? Sois vos vuestro retrato?

Veamos lo que queremos decir con la palabra devoción. Pasáis varias horas al día en lo que llamáis el amor, la contemplación de Dios. Es eso devoción? El hombre que entrega su vida a la mejora social es un devoto de su trabajo; y el general cuya tarea es proyectar la destrucción, también siente devoción por ello. Es eso devoción? Si se me permite decirlo, pasáis el tiempo intoxicándoos con la imagen o idea de Dios, y otros hacen lo mismo en forma diferente. Hay distinción fundamental entre los dos? Es devoción lo que tiene un objeto?

V: Pero esta adoración de Dios consume toda mi vida. No me doy cuenta de nada que no sea Dios. El llena mi corazón.

K: Y el hombre que rinde culto a su trabajo, a su jefe, a su ideología, se consume también en lo que le ocupa. Vos llenáis vuestro corazón con la palabra Dios, y otro con actividad; es eso devoción? Vos sois feliz con vuestra imagen, vuestro símbolo, y otro con sus libros o con música; es eso devoción? Es devoción el perderse en algo? Un hombre se consagra a su esposa por varias razones satisfactorias, es devoción la satisfacción? Identificarse con el país de uno es muy embriagador; es devoción la identificación?

V: Pero al entregarme a Dios no hago daño a nadie. Al contrario, me aparto a la vez del daño propio y no hago daño a otros.

K: Eso es algo, por lo menos; pero aunque podáis no hacer ningún daño exteriormente, no es dañosa la ilusión en un nivel más profundo, tanto para vos como para la sociedad?

V: No me interesa la sociedad. Tengo muy pocas necesidades; he dominado mis pasiones y me paso los días a la sombra de Dios.

K: No es importante averiguar si esa sombra tiene tras de sí alguna sustancia? Rendir culto a la ilusión es aferrarse a la satisfacción propia; ceder al apetito, en cualquier nivel, es ser sensual.

V: Sois muy perturbador y no estoy nada seguro de querer continuar esta conversación. Como veis, yo vine a adorar en el mismo altar que vos; pero veo que vuestro culto es totalmente diferente y que lo que decís me es incomprensible. Me gustaría, sin embargo, saber cuál es la belleza de vuestro culto.

Vos no tenéis cuadros, imágenes ni ritos, pero tenéis que adorar. De qué naturaleza es vuestra adoración?

K:
El que adora es el adorado. Rendir culto a otro es rendir culto a sí propio; la imagen, el símbolo, es una proyección de nosotros mismos. Al fin y al cabo vuestro ídolo, vuestro libro, vuestra plegaria, es el reflejo de vuestro trasfondo; es vuestra creación, aunque esté hecha por otro. Escogéis con arreglo a vuestra satisfacción; vuestra elección es vuestro prejuicio. Vuestra imagen es lo que os intoxica, y está esculpida por vuestra propia memoria; vos os estáis adorando por medio de la imagen creada por vuestro propio pensamiento. Vuestra devoción es el amor de sí mismo recubierto por el cántico de vuestra mente. El cuadro sois vos mismo, es el reflejo de vuestra mente. Semejante devoción es una forma de auto engaño, que no conduce más que al dolor y al aislamiento, que es la muerte.

Es devoción la búsqueda? Buscar algo no es buscar: buscar la verdad es no encontrarla. Escapamos de nosotros mismos por medio de la búsqueda, lo cual es ilusión; en todas las formas tratamos de huir de lo que somos.

En nosotros mismos somos tan mezquinos, tan esencialmente nada! Y la adoración de algo mayor que nosotros mismos es tan mezquina y estúpida como nosotros. La identificación con lo grande sigue siendo una proyección de lo pequeño. El más es una extensión del menos. Lo pequeño en busca de lo grande sólo encontrará aquello que es capaz de encontrar. Las evasiones son muchas y variadas, pero la mente en su huida sigue siendo temerosa, estrecha e ignorante.

Comprender la evasión es librarse de lo que no es. Lo que es sólo puede comprenderse cuando la mente ya no busca una respuesta. Buscar una respuesta es escapar de lo que es. Esta búsqueda recibe diversos nombres, uno de los cuales es la devoción; pero, para comprender lo que es, la mente tiene que estar en silencio.

V: Qué queréis decir con lo que es?

K: Lo que es es aquello que existe de momento a momento. Comprender todo el proceso de vuestro culto, de vuestra devoción a lo que llamáis Dios, es daros cuenta de lo que es. Pero vos no deseáis comprender aquello que es; porque vuestro escape de lo que es – escape que llamáis devoción – es una fuente de mayor placer, y por eso la ilusión llega a ser de más importancia que la realidad. La comprensión de lo que es no depende del pensamiento, porque el pensamiento mismo es una evasión. Pensar sobre el problema es no comprenderlo. Sólo cuando la mente está en silencio es cuando la verdad de lo que es se revela.

V: Yo estoy contento con lo que tengo. Soy dichoso con mi Dios, con mi cántico y mi
devoción. La devoción a Dios es el cántico de mi corazón, y mi felicidad está en ese cántico. El vuestro puede ser un cántico más claro y abierto, pero, cuando yo canto, mi corazón está lleno. Nosotros somos hermanos en mi cántico y a mí no me perturba el vuestro.

K: Cuando la canción es real, no hay vos ni yo, sino solamente el silencio de lo eterno. El canto no es el sonido sino el silencio. No dejéis que el sonido de vuestro canto os llene el corazón.

Krishnamurti

Extractado por Farid Azael de
Krishnamurti.- Comentarios sobre el Vivir.- Kier

La Percepción Unificada

La Percepción Unificada

En el transcurso de sus conferencias en Amsterdam, a fines de mayo de 1971, Krishnamurti evocó la necesidad de una percepción unificada. Este estado de percepción global es la esencia y la finalidad profunda del yoga integral.

Los desequilibrios del hombre actual son el resultado de una falta de armonía y de coordinación entre los elementos que participan en su constitución. Estos elementos son múltiples y son, a veces, el objeto de procesos opuestos.

Es evidente, por ejemplo que las exigencias de la materia se contraponen, por lo general, a aquéllas del espíritu. La psiquis en lugar de estar en paz a fin de cumplir su rol de intermediaria entre el campo espiritual y el campo físico, está, por el contrario, agitada en extremo. El ser humano está dividido por continuos conflictos provenientes de la disparidad entre lo que él querría ser y lo que él es realmente.

Intelectual o intuitivamente, muchos seres han comprendido la necesidad de adoptar un determinado comportamiento. Pero en la práctica se comportan a menudo de una manera totalmente opuesta a lo que
les dicta su conciencia profunda. Tales actitudes crean tensiones psíquicas que conducen a neurosis cada vez más numerosas.

El hombre actual está en las antípodas de una percepción unificada. El ignora la complejidad de los elementos que participan en su constitución. Recordemos que el hombre y el Universo están constituidos por elementos de naturaleza física, psíquica y espiritual.

Para los Despiertos (iluminados) estas divisiones son arbitrarias, ya que todo, desde la densa materia física hasta las últimas profundidades espirituales de la esencia pura, se sustenta pasando a través de los niveles psíquicos. Pero tales divisiones responden tanto a las necesidades de nuestra lengua dualista
como a aquéllas de las tendencias analíticas de nuestro espíritu occidental. No perdamos de vista que si
el Universo y el hombre son una perfecta unidad físico-psíquico.-espiritual, existe un sentido en esta unidad.

Es por esto que queremos insistir en el hecho de que lo espiritual ocupa un lugar prioritario en relación a lo psíquico y a lo físico. Esto no es una afirmación de principio sino el resultado de la naturaleza misma de las cosas y del orden en el cual se ha conformado la materia.

En efecto, el mundo material de lo infinitamente grande está constituido a partir de lo infinitamente pequeño. Una simple piedra reposa sobre su edificio atómico y este último reposa a su vez sobre neutrones, protones, electrones y centenares de partículas. Estas son principalmente una forma de ser o activaciones o polarizaciones de una sola y misma energía. Y la naturaleza de esta energía sobre la cual reposa todo el Universo, y por lo tanto el hombre, está infinitamente más cerca del espíritu que de la materia.

El Hombre y el Universo obtienen su substancia física y sus energías psíquicas de esta fundamental e indefinible esencia espiritual que los Despiertos (iluminados) del budismo califican como la base del mundo Hay que comprender bien que es de esta base que emana el primer impulso que alimenta al Universo entero, desde los constituyentes nucleares hasta los átomos, las moléculas, las células, todo lo que existe en el Universo infinitamente grande. Ni un solo átomo, ni una célula ni un ser vivo podrían existir, ni moverse, ni pensar, ni amar sin la presencia de esta vida universal y creadora.

La misión suprema y natural del hombre integral consiste en expresar directamente, aquí en superficie , las posibilidades infinitas de esta esencia de las profundidades. Esta disponibilidad perfecta del ser humano a los impulsos y a las directrices de su esencia profunda es lo que Krishnamurti llama la percepción unificada.

Esto requiere de parte de cada uno de nosotros una armonización de los elementos que nos constituyen . Esta armonización no debe estar construida en la perspectivas de las tradiciones espirituales que fomentan una estructuración de un yo poderoso deseando adquirir virtudes o conquistar grados de iniciación. Por el contrario, es el resultado de un perfecto conocimiento de sí mismo, desembocando en la disolución de la entidad que escoge, acumula, crece.

Sólo el cese de las tensiones engendradas por la conjugación del verbo tener confiere a la psiquis la paz interior y la transparencia necesaria para la realización de una perfecta disponibilidad al movimiento creador de la vida. Por esta razón, Krishnamurti definía a veces la sabiduría como una perfecta receptividad al movimiento de la vida. En inglés: Complete Vulnerability is Wisdom.

De hecho, toda la historia de la evolución puede estar considerada bajo la perspectiva de un crecimiento progresivo hacia la movilidad. En un principio movilidad física, luego movilidad psíquica y finalmente, gracias a la flexibilidad de estas últimas, la movilidad espiritual tiene la posibilidad de expresarse en perfecta libertad.

En una piedra de apariencia inerte, inmóvil, el movimiento existe igualmente en las últimas profundidades del átomo y de los constituyentes intranucleares. Pero debido a su organización rudimentaria, la piedra es incapaz de expresar en la superficie la extrema movilidad existente en la profunda intimidad de su substancia. Nada de esta inquietud interior y secreta aparece al exterior, por el contrario.

En el vegetal, sin embargo, una mayor sensibilidad y un grado infinitamente mayor de organización permiten una expresión más amplia del movimiento. Pero el vegetal queda aferrado al suelo por sus raíces.

En el reino animal se alcanza un grado más elevado del movimiento. Contrariamente al vegetal, aferrado al suelo, el animal adquiere una mayor autonomía de movimiento. El se traslada a voluntad. Con el animal y el hombre pareciera que la naturaleza ha alcanzado un máximo de movilidad física. Con la prolongación en las herramientas y en las máquinas el hombre ha dado una extensión repentina e inesperada a la expresión de la movilidad.

Pero no es en el ámbito físico donde hay que buscar el significado profundo de la movilidad ni el origen primero de todo movimiento, cualquiera que éste sea. Todos los movimientos físicos son sólo movimientos de traslación, condicionados por factores de tiempo y espacio.

Si queremos buscar el origen primero de un movimiento que ya no es un movimiento relativo de traslación sino que un movimiento de creación, debemos orientarnos hacia otros horizontes.

La evolución ya no se manifiesta, hace largo tiempo, en el plano material, a excepción del progreso alcanzado por la técnica. Ella se persigue, principalmente, en el plano psíquico. El criterio de la diferencia evolutiva entre los individuos ya no se sitúa en el plano físico. Se sitúa en el plano psicológico y se define por la madurez psicológica y espiritual. Será entonces en las profundidades del mundo psíquico y espiritual que deberemos buscar las prolongaciones de una marcha progresiva hacia la expresión de la movilidad.

El primitivo y el retrasado mental son pesados, lentos, obstinados. La inercia de su espíritu se caracteriza por una tendencia a la imitación. Ellos sufren la influencia de las corrientes de opinión dominantes y se aferran a creencias y valores caducos. La expresión popular que califica a estos seres de inertes, retrógrados y retrasados , expresa bien la ausencia de flexibilidad y de movilidad propia de los caracteres estrechos, dogmáticos.

El hombre evolucionado, sin embargo, es más flexible, menos dogmático, no sufre la influencia de las corrientes de opinión predominantes. Al contrario. En él se instala la iniciativa, la duda. La inteligencia está más viva, más alerta. La liberación de las influencias exteriores tiende a hacerlo más receptivo a las sugestiones de su interioridad. Es así como se va perfilando lentamente el camino que lo llevará hacia una disponibilidad frente a las capas más profundas del inconsciente para tender finalmente hacia una receptividad a la esencia espiritual.

Es en este nivel que se sitúa la fase más importante de la evolución espiritual del ser humano. Es necesario que se sobrepase a sí mismo, que triunfe ante las inercias resultantes de su egoísmo para así estar disponible al movimiento de la vida, que es un Presente siempre renovado. Esto se encuentra, por lo demás, simbolizado en las Escrituras por el Hombre Viejo. El Hombre Viejo es el conjunto de todas las memorias del pasado, la suma de los residuos memoriales de millares de nacimientos y de muertes que llevamos inscritos en nuestro inconsciente profundo.

Hay que despojarse del Hombre Viejo para estar disponible al Presente. Dicho de otro modo, es necesario liberarnos de nuestra inercia, y de todo aquello que permanece estático, para así estar disponibles al movimiento creador de la Vida. Por lo tanto se trata, efectivamente, de una expresión progresiva de la movilidad, no en el plano físico sino en el plano espiritual. Por lo demás, aquí comprendemos el significado esotérico del término Satán . Este término provendría del antiguo término árabe Sheit-An, que significaba Yo resisto, A qué? . Yo resisto a la ley de la vida, a la ley divina que es emanación, creación, movimiento puro de creación.

Lo esencial de la Sabiduría y de las verdaderas ciencias espirituales – tales como el Ch’an (budismo chino) o las enseñanzas de Krishnamurti – puede estar definido como un enunciado de los obstáculos psicológicos que se oponen a la expresión de esta creación, de esta movilidad espiritual. El Ch’an, el Zen y las enseñanzas de Krishnamurti denuncian todos los condicionamientos psicológicos, emocionales y mentales que paralizan nuestra vida interior. Ellos nos muestran hasta qué punto nuestras operaciones mentales son mecánicas, repetitivas, habituales. Krishnamurti nos sugiere constantemente liberarnos de esta marcha estéril que va de lo conocido a lo conocido. Jamás, dice é1, estamos disponibles a lo Desconocido que está presente a cada instante . Jamás somos nuevos en el instante nuevo.

De más está decir que la liberación del carácter mecánico de nuestras operaciones mentales equivale al fin del reino estático y aletargado de nuestra vida interior. Y ese fin nos conduce inevitablemente a una vida dinámica, creadora. En una palabra, hacia una movilidad de creación liberada de las contingencias de tiempo , de espacio, de continuidad que nos eran familiares.

Todo esto está implícito en la expresión de percepción unificada. La experiencia vivida de esta percepción unificada sobrepasa todas las posibilidades del lenguaje y del pensamiento.

Podemos precisar que ella implica una salud perfectamente equilibrada del cuerpo y del sistema nervioso armonizados por la práctica de un yoga físico constante, y un régimen alimenticio conforme a las leyes profundas de la naturaleza . Esto contribuye a la formación de un cerebro perfectamente sano, sensibilizado hasta los niveles espirituales profundos del ser humano. El cerebro y el sistema nervioso son los intermediarios entre los niveles espirituales y psíquicos por una parte, y el cuerpo físico por la otra.

En el plano psíquico, las emociones y los pensamientos deben ser apaciguados, transparentes, no por un acto de disciplina sino que por la comprensión de las energías responsables de la agitación mental. El movimiento de creación de la esencia espiritual profunda no puede ser comprendido por una mente obstruida y menos aún por una mente en la cual se enfrentan tendencias contradictorias y tensiones continuas. Es indispensable, por lo tanto, que la mente sea apaciguada y armonizada.

Esto sólo se realiza, de manera definitiva, a partir del instante en que comprendemos y sentimos cuál es la naturaleza de las energías responsables de la agitación mental. Cuál es esta naturaleza? La agitación mental es, en gran parte, sólo un reflejo de autodefensa del instinto de conservación del yo. Por qué? Porque la agitación mental asegura la continuidad psicológica del yo, ella es cómplice de su sentimiento de duración y de realidad absoluta. El instinto de conservación psicológico del yo fomenta todo lo que confiere a este yo una impresión de solidez, de autenticidad. Por lo tanto el verdadero silencio mental demostraría con evidencia el carácter artificial e ilusorio de este yo, al cual nos aferramos. Este yo, tal como lo sentimos y lo vivimos la mayoría de nosotros es, en realidad, sólo un impostor que se atribuye ilegítimamente su exclusivo derecho a la existencia.
.
No es más que un instrumento y, en su estado actual, una caricatura de nuestro verdadero ser. Si así lo comprendemos y lo sentimos, nos es posible descubrir los primeros impulsos presentes en el origen de nuestros pensamientos. Los sorprendemos en el momento en que emergen de las profundidades de la psiquis y los desenmascaramos como los cómplices de nuestra continuidad egoísta. Al ser conscientes de la inutilidad de tal proceso, estos impulsos caen por sí mismos. Es así como se realiza un silencio mental, que no es el resultado de un acto de disciplina del yo quebrado en dos fragmentos, sino que de un acto de comprensión. Esta evidentemente se lleva a cabo por la intervención de los elementos físicos y psíquicos, pero su origen profundo se sitúa en el nivel de la esencia espiritual que sobrepasa al yo. Es evidente que el yo no puede quebrar al yo
.
Esto nos conduce a la percepción unificada. Es imposible afirmar que en esta percepción se realiza solamente la plenitud del Amor. Por cierto que en esta percepción, aunque este sea un análisis somero, se encuentra la cúspide del Amor, pero no es sólo eso. Desde el punto de vista de la Sabiduría es absurdo separar este aspecto Amor de aquel de Inteligencia pura, no mental o de cualquier otra cualidad que nos sea familiar. La percepción unificada es integral, homogénea. Ella sobrepasa todas las experiencias relativas y dualistas que nos son familiares. Ella no puede ser pensada, imaginada, prefigurada. Ella es lo Desconocido en el esplendor de su emanación, de su renovación eterna.

Técnica de la mutación espiritual

Técnica de la mutación espiritual

Hablar de una “técnica de la mutación espiritual” aparece como algo paradójico, si no absurdo y contradictorio. Sin embargo, no encontramos otros términos para definir la actitud práctica de aproximación a todas las circunstancias de la vida, capaz de operar un despertar integral de la conciencia.

Sabemos que Krishnamurti y los grandes maestros del Ch’an, tales como Shen Hui, enseñan que a contar desde el instante en el que concedemos importancia a los métodos y a los medios que nos permitirían alcanzar una realización espiritual, esos métodos y esos medios contienen sus propias limitaciones y llevan la huella indeleble de los condicionamientos específicos de los medios empleados.

Sabemos que todo método tiende a condicionar el espíritu de aquellos que se inspiran en ese método debido a que se hunden inconscientemente en el proceso de imitación de un modelo. Y toda obediencia a un modelo, toda imitación paraliza las posibilidades creadoras del espíritu.

Pero la técnica de la cual nos proponemos hablar no se inspira en modelo alguno. No se trata de fijar nuestro espíritu en imágenes o símbolos particulares. Tampoco se trata de imitar, de copiar, de obedecer contraseñas, conceptos, ni de seguir las sugerencias de otros.

Aquello de lo que se trata fundamentalmente es de un proceso de desarrollo natural de la atención que no tiene por móvil la adquisición de nuevos bienes, de nuevos poderes. Lo hemos repetido deliberamente: todo está aquí, no hay nada que “hacer” en el sentido acumulativo del término. Hay más bien que “deshacer” los innumerables nudos de nuestras complejidades mentales, de los residuos de nuestros actos incompletos, de nuestros “engramas cerebrales”, de nuestras contradicciones internas, de nuestras nostalgias.

Nuestros hábitos mentales, las incesantes agitaciones de los pensamientos y de las imágenes psíquicas que se presentan en el campo de nuestro espíritu son los principales obstáculos para nuestro despertar interior.

La solución no está en evadir esos obstáculos. No hay que expulsarlos simplemente en virtud de un acto de disciplina o de voluntad del “yo”. Ciertamente eso es posible. Pero al término de esa vacuidad artificialmente operada por el “yo”, el problema permanece idéntico. Ya que subyacente a este proceso, el “yo” que es la fuente primera de todas las agitaciones mentales permanece intacto. Un “yo” agitado se ha transformado simplemente en un “yo” calmado. Pero sigue siendo fundamentalmente un “yo”.

Cuando el “yo” intenta ejecutar el vacío mental, se opera inconscientemente una escisión en él. Nada es más sencillo de entender. El “yo” se divide en dos elementos: uno en el que se concentra toda la voluntad. Es el supuesto “sujeto”. La otra parte está formada por el conjunto de las agitaciones emocionales o mentales. Son los “objetos”. Así, una de las partes, el sujeto, opera sobre la otra parte, los objetos (pensamientos, emociones), por medio de una tensión considerable. Cada cual puede intentar esta experiencia. Es posible, pero requiere de gran esfuerzo y perseverancia. Tal vez ésta no sea inútil a título provisorio, con la condición de estar bien consciente de sus limitaciones.

La verdadera mutación espiritual implica una volatilización completa de todas las tensiones psíquicas que alimentan y refuerzan el “yo”, la supresión de las divisiones internas del “yo” y sus relaciones de tensiones recíprocas.

Para este efecto no basta con llevar a cabo un vacío mental dictado por el “yo” a sus pensamientos, sus imágenes, sus agitaciones emocionales. Literalmente hay que “pasar de largo”. Es indispensable ir hasta la raíz primera de la cual manan todas las pulsiones psíquicas que están al origen de todo ello.

Esto requiere de nuestra parte el ejercicio constante de una vigilancia, de una atención de un carácter muy particular, de la cual pareciera que sólo Krishnamurti y los maestros del Budismo Ch’an nos hubieran entregado las claves fundamentales. Tal como lo suele decir Krishnamurti: el “yo”, que no es más que condicionamiento e ignorancia, no es capaz de romper el yo.

Quién, o qué, o cómo se rompe el “yo”? Mediante qué proceso se realiza la mutación espiritual de la cual nos hablan los iluminados de todos los tiempos?

Siempre, fundamentalmente, por la atención. Aquí pensamos en el hermoso pensamiento de Buda en el “Dhammapada”: “La vigilia y la lucidez son las vías de la inmortalidad. La negligencia es la vía de la muerte. Los negligentes son como si ya estuvieran muertos… Los vigilantes no mueren…”

Pero esta vigilancia suprema, auxiliar indispensable del Despertar interior, es un estado del ser espiritual completo que comporta tanta atención pura como amor en su forma más elevada.

He aquí que nos encontramos siempre ante el problema de una forma superior de atención de la que pareciera que la inmensa mayoría de los hombres se encuentra muy alejada. Se trata de una facultad natural que resulta simplemente de un perfecto conocimiento de uno mismo. Eso significa que nos hemos revelado plenamente a nosotros mismos, en la plenitud de lo que somos, es decir, toma de consciencia no sólo física, sino también psíquica y sobre todo espiritual.

i Sin embargo, estamos muy lejos de ello !

La distancia existente entre el Despertar integral que resulta de la mutación espiritual y la consciencia que para nosotros es familiar, es considerable. Una idea de esta distancia nos la puede proporcionar una comparación.

Existe tanta diferencia entre el estado de consciencia no individualizada ni objetivada de un animal superior (perro, gato, caballo) y la consciencia individualizada del ser humano común, como la que existe entre ese ser humano común y el Iluminado.

Otra comparación puede orientarnos hacia la comprensión del proceso operativo de la mutación espiritual. Cuando estamos durmiendo, a menudo sucede que soñamos. Si nos encontramos bajo la influencia de una visión de pesadilla que nos provoca un intenso temor, salimos de nuestra condición de sueño y nos despertamos. Así mismo, si tenemos un sueño agradable que nos produce emociones o placeres demasiado intensos, también nos despertamos. La causa principal de nuestro despertar no es especialmente el dolor
ni el placer, sino cierta intensidad vibratoria en nuestro psiquismo.

Mediante un proceso semejante podemos pasar de la consciencia de vigilia común (que equivocadamente llamamos “estar despierto”) a la consciencia del Despertar integral. Esto significa que el ser humano tiene la posibilidad de hacer la experiencia de un estado de consciencia natural de una intensidad y de una profundidad infinitamente mayor que la que es familiar para nosotros. La profundidad y la intensidad de esta consciencia provocan la liberación de la condición de somnolencia y de letargo de nuestra consciencia familiar.

Ahora estamos en estado de comprender claramente las razones por las cuales es de importancia suprema que se manifieste en nosotros una cualidad nueva de atención y de consciencia. Esto se lleva a cabo mediante el ejercicio constante de una atención cada vez más perfecta. Es sencillo en la teoría, pero arduo en la práctica.

Sencillo en la teoría, porque cualquiera puede comprender que para estar atento no hay que estar distraído. Complicado en la práctica, ya que si todo el mundo comprende lo dicho anteriormente, nadie se da cuenta hasta que punto estamos distraídos en todo momento.

Qué significa estar distraídos? El término lo indica ya en su etimología: es estar dis-traído, es decir, dividido, desgarrado por una parte entre los elementos precisos de una circunstancia determinada y por otra parte ido en pensamientos, ideas, imaginaciones, que no tienen ninguna relación con la circunstancia que estamos viviendo. No importa lo que estemos haciendo, muy rara vez estamos atentos porque nuestra actitud mental de acercamiento a las circunstancias, nunca es la adecuada. Esto porque las circunstancias del momento presente son siempre nuevas y nuestro pensamiento está atestado de miles de hábitos pasados que le impiden estar disponible en el presente. Es corriente que anticipemos el futuro mediante creaciones imaginativas hipótéticas integramente condicionadas por los recuerdos del pasado.

Nunca, para la mayoría de nosotros, el presente es verdadera y plenamente un presente vivido. No lo es sino en el nivel físico, externo y más aparente. En nuestra vida interior, jamás estamos “presente en el Presente”. Cada segundo que vivimos está oscurecido por la sombra proyectada del pasado. La suma de recuerdos pasados que nos agobia es inmensa. Dicha suma determina en nuestra vida interior automatismos cuya amplitud y poder se nos escapan.

Rara vez somos “nuevos en el instante nuevo”. Rara vez estamos disponibles para el lenguaje de los hechos. Los hechos son siempre nuevos. Las ideas nunca son nuevas. La brecha entre las ideas y los hechos se agranda día a día, tanto en la escala individual como en la escala colectiva. Si las ideas no son adecuadas al lenguaje de los hechos, la estructuras que son la expresión concreta de esas ideas serán menos adecuadas aún. Así asistimos impotentes a los efectos desastrosos de esta distancia que hay entre el estado de las estructuras obsoletas, totalmente incapaces de responder a las exigencias de hechos siempre nuevos.

Esta brecha ha crecido considerablemente con el auge increible de la ciencia y de la técnica. La rapidez fulgurante de este desarrollo ha precipitado la revolución de los hechos. Las ideas y las estructuras ya no son capaces de seguirles el paso. Esta inadaptación es evidente a todos los niveles: políticos, económicos, morales, sociales. Tal como lo dice Carlo Suares:

“En todos los fenómenos del mundo, colectivos o individuales, cada uno de nosotros ve triunfar al espíritu de indeterminación. Cada instante que pasa introduce en el mundo algo nuevo, imprevisible, y que sólo se puede determinar después del acontecimiento”.

El pensamiento hoy en día está en ese punto. El viraje histórico al cual asistimos pone constantemente en jaque esa “herramienta de trabajo” que era la hipótesis. La idea de que uno puede lanzarse hacia lo desconocido por medio de lo conocido es una contradicción condenada desde hace mucho tiempo por los hechos.

La distancia que separa las ideas de los hechos no desaparecerá en la escala individual, sino luego de una actitud de aproximación totalmente diferente a los problemas de cada circunstancia. Se trata de una transformación psicológica fundamental que libere al ser humano de toda esclerosis intelectual, de toda fijación del espíritu en formulas caducas, en “a priori” mentales. Esta agilidad y esta vigilancia del espíritu se pueden ejecutar gracias a la técnica de una atención perfecta durante la cual la mente, plenamente atenta en toda circunstancia, adquiere la capacidad de desprenderse de la identificación con toda circunstancia anterior para adherirse mejor a la nueva. Una actitud como ésta es la que ciertos psicólogos anglosajones de vanguardia definen como “shifting”.

En síntesis, podríamos esquematizar el proceso normal de la consciencia y de las actividades mentales bajo la forma de un proceso horizontal, de apariencia rígidamente continua en el tiempo. Tenemos de nuestra consciencia y del conjunto de nuestros pensamientos una impresión de deslizamiento uniforme en el tiempo. Desde ayer, donde nuestra vida psíquica permanece poderosamente anclada, a través del hoy y hacia el mañana, nos experimentamos a nosotros mismos en una impresión de continuidad uniforme.

Si reflexionamos un poco sobre las implicaciones de esta extensión de la consciencia en el tiempo, observamos que hay dos factores solidarios y complementarios: este proceso horizontal de la consciencia es fundamentalmente una dis-tracción, una extensión en el tiempo, un desgarramiento entre el pasado al que permanece amarrada y el presente, una escisión entre el pasado y el porvenir hacia el cual se dirigen en todo momento las proyecciones imaginativas. El estiramiento de esta horizontalidad trae consigo una dispersión considerable de energía psíquica, una disminución proporcional de agudeza de consciencia que se ve diluída en extremo, hasta el punto de alcanzar un estado larval de somnolencia y de letargo. En todo lo anterior detectamos pérdidas importantes de energías a causa de las tensiones interiores de tendencias contradictorias existentes entre fragmentaciones operadas en forma arbitraria dentro de nosotros.

Estas son las razones fundamentales del adormecimiento de la consciencia humana llamada “normal, de
su naturaleza conflictual, de sus condicionamientos, de su ineficiencia. Esta dispersión de energías psíquicas en el tiempo deriva de una estratagema sutil elaborada por el instinto de conservación del “yo”. Las capas profundas del inconsciente saben muy bien que esta debilidad de la energía psíquica y de la consciencia aseguran la protección del proceso del “yo” y de su aparente continuidad.

Krishnamurti, su vida, su ensenanza

Krishnamurti, su vida, su ensenanza

En este artículo nos proponemos ofrecer un breve resumen de la vida y la obra de este maestro espiritual excepcional, amado y venerado por muchos durante el pasado siglo.

Nuestro deseo es incitar al lector a conocer las detalladas biografías escritas por quienes lo conocieron íntimamente y colaboraron con él en la difusión de sus enseñanzas, además de las obras originadas en sus pláticas a lo largo del mundo.

Krishnamurti nació en Madanapalle, un pueblo entre Madrás y Bangalore, el 11 de Mayo de 1895 según el cálculo hindú. ( A las 0.30 hrs. de la madrugada del 12 de Mayo según el cómputo occidental). Era el octavo hijo de una familia brahmán.

Durante su infancia casi murió de malaria, enfermedad que con sus ataques y convulsiones lo mantuvo lejos de la escuela y más cerca de su madre, quien representó un papel muy importante en su vida. Era una mujer devota, caritativa y con características de psíquica. Se sentía muy apegado a ella y comprendido en su naturaleza tan singular, por lo que a su muerte, ocurrida cuando tenía 10 años, quedó muy confundido y desolado.

En 1909, su padre pidió ayuda a la señora Annie Besant, presidenta de la sociedad Teosófica, solicitándole un puesto en Adyar. Se le aceptó como secretario de la Sección Esotérica y además se le otorgó una pequeña casa fuera del complejo residencial. Así, junto a su hermano Nytia, pudo asistir a la escuela en Nylapora, donde Krishnamurti se caracterizaba por su indiferencia hacia los estudios.

En esta época fue descubierto por Leadbeater, otro miembro de la Sociedad Teosófica, quien quedó admirado de la pureza de su aura y lo presentó a la señora Besant. Ella se preocupó de su adiestramiento esotérico con el objetivo de proclamarlo como un nuevo Mesías o redentor del mundo. Es en este período que se sembraron las semillas de una relación basada en el amor y la confianza mutua.

Krishnamurti tuvo contactos con la Jerarquía Espiritual que inspiró a la fundadora de la Sociedad Teosófica, madame Blavatsky. Fue llevado por Leadbeater ante los Maestros para recibir su primera iniciación. El Señor Maitreya lo recibió en la Hermandad Blanca.

En esta época se publicó su primer libro A los pies del Maestro, con el seudónimo de Alcyone, bajo la guía del Maestro K.H. Al ser consultado posteriormente sobre quién escribió el libro, Krishnamurti respondió: ese hombre ha desaparecido, y se negó a dar más información.

En 1911, Krishnamurti y su hermano Nytia viajaron a Europa junto a la señora Besant. Llegaron a Inglaterra donde fueron recibidos por un grupo de teósofos. A principios de este año se fundó la Orden de la Estrella de Oriente. Su objetivo era reunir a los que creían en el próximo advenimiento del Instructor del Mundo, el Señor Maitreya. Krishnamurti fue nombrado como su jefe y la señora Besant y Leadbeater como sus protectores. Durante la Convención Teosófica en Benarés, donde repartió los certificados a los nuevos miembros de la Orden, un poder extraordinario fluía a través de él, siendo percibido por los presentes.

En 1912 fueron firmados los documentos para que A. Besant llevara a los muchachos a Inglaterra para ser educados. Llegaron a Italia donde los esperaba Leadbeater para su segunda iniciación. Al enterarse su padre de que la custodia había sido delegada en la persona de Leadbeater -de quien desconfiaba por ciertos comentarios sobre una posible homosexualidad – decidió recuperarlos. La señora Besant apeló del juicio ante el Tribunal Superior de Madrás en la India donde perdió el caso; pero más adelante lo ganó ante el Consejo del Rey de Inglaterra. Durante este período, los muchachos recibieron poca educación y la vida espiritual fue escasa.

Una teósofa, miss Dodge, le otorgó una pensión anual vitalicia de 500. Recién entonces Krishnamurti sintió por primera vez lo que era tener independencia y poder tomar sus propias responsabilidades.

En Mayo de 1915 se conoció el dictamen del juicio que falló a favor de la señora Besant; pero para esa fecha él ya tenía la mayoría de edad. Así los muchachos pudieron establecerse en Londres. Deseoso de trabajar, Krishnamurti pidió autorización para hacerlo. Esto le fue negado por considerarse más importante que continuaran sus estudios para ingresar a Oxford. Pero hubo que dejar de lado esa esperanza, porque influyó en forma negativa la reputación de Krishnamurti como el Mesías. Decidieron probar en Cambridge sin éxito. Trataron luego en la Universidad de Londres, donde Nytia aprobó con honores en Leyes y Krishnamurti fracasó en los exámenes de admisión. Entonces solicitó a la señora Besant que lo enviara a Francia para aprender francés. Allí conoció a escritores, músicos, pintores y, por un tiempo, descansó de su papel de Mesías.

Krishnamurti comenzó a percibir que la Sociedad Teosófica lo había estado preparando con el fin de formar un cuerpo para el advenimiento del Instructor del Mundo, el Señor Maitreya, con lo que lo privaban de todo lo que él era. Declaró entonces que creía en los Maestros; pero que quería que se le reconociera por lo que era y no por lo que intentaban hacer de él. Decidió que debía tener una filosofía de vida, y que sólo trabajando sobre sí mismo podría ayudar a otros. Estaba consciente que debía preparar su cuerpo y su mente para que su Yo Superior pudiera comunicarse con él.

En el primer Congreso Mundial de la Orden de la Estrella, en 1921, asombró al auditorio por la comprensión de los asuntos que se trataron, por su firmeza en el control de las discusiones; pero más que nada por su intensa convicción de la realidad y de la Omnipotencia del Dios oculto en todos los seres humanos.

En esa fecha su hermano Nytia enfermó de tuberculosis y tuvo que interrumpir sus estudios. Entonces decidieron trasladarse al Valle de Ojai, en California, por su excelente clima para los enfermos del pulmón. Disfrutaron de una libertad que nunca antes habían experimentado.

El 17 de Agosto de 1922 en Ojai, comenzó el extraño proceso de Krishnamurti, fenómeno que cambiaría completamente su vida y que lo acompañaría para siempre. Comenzó con un agudo dolor en la base de la nuca el que empeoró el día 19. Este dolor lo obligó a permanecer en cama casi inconsciente, pudiendo apenas alimentarse. La señora Besant y Leadbeater atribuyeron la experiencia de esos días como el paso por una iniciación. El día 20 fue un día muy especial en su vida. Bajo un pimentero, sintió las vibraciones
del Señor Buda, contempló al Señor Maitreya y al Maestro K. H. y para él ya nada podría ser igual.

Según Leadbeater, que oficiaba de intermediario, los Maestros le trasmitieron un mensaje donde decían que lamentaban el dolor tan prolongado que había tenido que soportar; pero que esa labor que se estaba desarrollando era de la mayor importancia y sumamente delicada. En realidad, el entrenamiento intensivo aplicado por Leadbeater, sobre-estimulando los chakras de alguien con una sensibilidad tan exquisita como la de Krishnamurti y a la temprana edad de 16 años, produjo el despertar prematuro de la Kundalini. Esta, al ir destruyendo la trama etérica protectora que existe entre los chakras, fue la causa de los intensos dolores. Por el alto nivel de evolución que traía de vidas anteriores, pudo haber madurado naturalmente y obtener la iniciación que le correspondía al final de su vida.

Después de 7 meses, el proceso alcanzó su clímax, subiendo por la espina dorsal hasta la nuca y luego separándose en dos, una parte por el lado derecho y otra por el lado izquierdo de la cabeza, hasta juntarse entre ambos ojos encima de la nariz. Continuaría con episodios muy dolorosos para detenerse en algunos momentos, por ejemplo, cuando Krishnamurti recibió un mensaje que, según creía, era del Señor Maitreya, diferente a los anteriores. Era más al estilo de los poemas que Krishnamurti pronto escribiría.

Ante un anuncio público de parte de la señora Besant del nombre de los apóstoles que – según ella – el Señor Maitreya había elegido, Krishnamurti se sintió lleno de escepticismo y muy desdichado ante estas situaciones. Por esto, rehusó aceptar estas rápidas iniciaciones y a los apóstoles anunciados por la señora Besant. También manifestó sus dudas ante la próxima Religión Mundial.

En Noviembre de 1925, murió su hermano Nytia al agravarse por una influenza. Se sintió desolado, pareció haber perdido la fe en los Maestros, y más tarde manifestó en torno a ello que todas las imágenes y manifestaciones, por profundas que fueran, sólo eran proyecciones de la mente. Un cambio comenzó a operarse en él. Sus amigos lo comenzaron a llamar Krishnaji (término afectuoso).

Sus pláticas y discursos los expresaba con una desbordante alegría y con un sentimiento de unidad con el universo. Sus amigos creían que el Señor Maitreya hablaba a través de él. Pero la verdad es que comenzó a usar un lenguaje diametralmente opuesto a la enseñanza teosófica. A pesar que en enero de ese año la señora Besant declaró ante la Associated Press: el Instructor del Mundo está aquí, Krishnamurti, en una reunión de la Sociedad Teosófica en París, afirmó que los Maestros eran sólo incidentes. Esto causó un gran impacto y perturbó a mucha gente de su alrededor.

Empezó a luchar intensamente por liberarse de todos sus vínculos y tentaciones, aún la de convertirse en sanyasin. Rechazó toda autoridad, y aseguró que los Maestros y gurúes no eran necesarios. Todo esto despertó antagonismos entre los miembros de la Estrella. Habló también de su unión con el Bienamado, que habitaba en él. Buscaba despertar en sus corazones y en sus mentes el deseo de encontrar la verdad.

En una asamblea de más de 3.000 personas, en 1929, en el Campamento de Ommen, y ante la presencia de la señora Besant, respondió a la pregunta vital acerca de su creencia en los maestros, hablando claramente sobre la necesidad de abandonar toda autoridad y especialmente la del Instructor del Mundo. Dijo que cada cual debía vivir su propia luz interior y que disolvía la Orden de la Estrella, de la cual era presidente. Sostuvo que la verdad era una tierra sin caminos, que su enseñanza no era ni oculta ni mística y que consideraba ambas cosas como limitaciones que se oponían a la búsqueda de la verdad. Renunció a la Sociedad Teosófica, aunque siguió manteniendo una relación amistosa con ella.

Descansó un tiempo solo en la cabaña de los Pinos en Ojai, disfrutando de esta soledad. Por primera vez en su vida su mente estaba serena pero concentrada. Estaba lleno de un algo tremendo, de un gozo desbordante, de un silencio vívido. Trataba de encontrar las frases necesarias a fin de que transmitieran el verdadero significado de sus ideas.

En septiembre de l933 falleció la señora Besant. Su abnegado y cálido amor fue tal vez el único factor constante en la juventud de Krishnamurti. Al año siguiente murió Leadbeater.

Realizó una extensa gira por Sudamérica. Durante 8 meses ofreció pláticas en Brasil, Uruguay Argentina, Chile y México. Finalizó con un gran agotamiento por lo que debió tomarse un descanso en Ojal y después en Suiza. Al año siguiente continuó ofreciendo pláticas en la India, donde se sintió consternado ante las condiciones de pobreza, miseria y odio en que se encontraba en esa época. Escribió que los problemas no se resolverían mediante el nacionalismo, desde afuera, sino que sólo lo harían gracias a la completa transformación interna del ser humano. La percepción debía ser directa y sin opciones, (palabras que habría de usar frecuentemente).
En el año 1938 conoció a Aldous Huxley, que se había establecido en California y estaba perdiendo la vista. Se produjo una gran afinidad entre ambos. Hablaban de los sentidos y de la ceguera espiritual, de la percepción de sí, del tiempo y del estado de alerta. Lo ayudó en su dolencia con el poder de curar que estaba activo en él, aunque siempre lo usó muy parcamente. Huxley escribiría más tarde el prólogo de su libro La libertad primera y última.

Ante la amenaza de guerra que restringió sus movimientos, Krishnamurti permaneció en EEUU, estableciéndose por 9 años en California en un relativo aislamiento. Las noticias sobre las devastaciones provocadas por las bombas de Hiroshima y Nagasaki lo llenaron de horror y despertaron en él intensas percepciones sobre la naturaleza del mal y de la violencia. Predicó sobre el pacifismo diciendo que debían interesarse más por la guerra de adentro que por la de fuera. Sacado de sus pláticas de los años 1945 y 1946, se publicó su libro La paz individual es la paz del mundo

El Arte de Vivir

El Arte de Vivir

Krishnamurti.- Editorial Kairós

Este libro está dedicado especialmente a los jóvenes. En él se expone una filosofía práctica de la educación, con una pedagogía que tiene muy poco que ver con las propuestas corrientes de nuestras escuelas y colegios.

El autor se refiere especialmente a las raíces del miedo. La repetición del pasado, los hábitos arraigados en la imitación y el prejuicio, obstruyen nuestra consciencia y paralizan nuestra creatividad. Krishnamurti predica la libertad y el cambio, una revolución que no es de índole política o social. La revolución genuina comienza, no con teorías e ideaciones, sino con una transformación de la propia mente. Semejante transformación es el resultado de una educción en el descondicionamiento, apuntando a un desarrolllo total del ser humano.

Nacido en el sur de la India y educado en Inglaterra, Jiddu Krishnamurti es, sin duda, uno de los personajes más fascinantes del siglo XX. Ha dedicado su vida a hablar a los seres humanos de todas las razas y naciones. Su mensaje, mil veces matizado, resulta paradójicamente iluminador: cada cual ha de encontrar por sí mismo la raíz de su propia libertad.