A Través de las Crisis, Nuevos Comienzos

A Través de las Crisis, Nuevos Comienzos

Uno de los aspectos de la relación entre un verdadero gurú y su discípulo menos comprendido y explicitado es el hecho de que, a través de esta relación, el discípulo es conducido a enfrentarse a una profunda crisis. Su futuro entero depende de cómo afronta la crisis, de la calidad de la actitud emocional, de la profundidad de la comprensión y del carácter de la voluntad que él aporta.

Una crisis es casi inevitable porque cuando el discípulo encuentra a su guía espiritual, trae a este encuentro no solamente un deseo ardiente de crecimiento interior – o quizá sólo una devoción intensa y fascinada por el gurú – sino también el residuo kármico de su pasado, y no solamente del pasado de su vida actual. En su aspiración a una vida y a una consciencia más espirituales, el discípulo ha olvidado este pasado. De hecho, probablemente jamás se ha dado cuenta del peso de este pasado kármico e, inconscientemente, desea vivamente no enfrentarlo en ese momento en el que todo a lo que él aspira es luz y divinidad. El ego de todo individuo o bien no ha tomado consciencia de este pasado antiguo, o bien encuentra de forma semi-inconsciente los medios para tergiversarlo y evitar la dura confrontación con sus antiguos pecados de comisión y, lo que es más, de omisión. Es como un hombre de ley que trata de darle la vuelta a la ley, pero que se sentiría estupefacto si se le dijera que lo hace deliberadamente.

Con mayor fuerza aún de lo que puede efectivamente hacer, decir o sugerir, la presencia del gurú focaliza sobre el discípulo la cosecha kármica del pasado de este último. De manera impersonal, y quizá con una profunda tristeza y compasión, el gurú provoca situaciones que fuerzan al discípulo, probablemente a la espera ávida de revelación y de iluminación, a encarar decididamente las tinieblas de un pasado de indolencia, de egoísmo o de fracaso espiritual, quizá olvidado desde hace tiempo. El discípulo llega a verse cara a cara con lo que, en los casos más extremos, ha sido descrito bajo la forma del Monstruoso Guardián del Umbral (en la conocida novela de Bulwer Lytton: Zanoni). En todos los casos se enfrenta a una crisis; y la palabra crisis viene de una raíz griega que significa decidir. Uno puede llegar hasta el origen de esta raíz más universal Kri que encontramos en el nombre del Gran Avatar de la tradición india, Krishna, y en el de nuestra manifestación divina occidental, Cristo. En Java se llama kris a una corta espada o daga de forma particular.

El Cristo ha traído a los hombres no la paz, como él mismo ha dicho, sino la espada de la separación. En su origen, Krishna fue conocido en la India como un gran hombre de estado que, por su diplomacia consumada, condujo cara a cara y con fuerzas iguales a los dos grandes clanes de la casta de los Guerreros que habían reducido al país a un constante campo de batalla. En la llanura del Kurukshetra, los dos clanes se enfrentaron y se aniquilaron recíprocamente. Fue el fin del poder de la casta de los Guerreros y el alba de la Gran Era de la Filosofía dominada por el poder de la casta de los Brahmanes.


 

Y haya sido esto un mito o un hecho, debería hacernos caer en la cuenta de que, cualquiera que sea su forma y cualesquiera que sean las circunstancias, el gurú divino aporta en un momento dado al pueblo donde ha nacido una crisis espantosa que fuerza a los hombres a decidir. En el Bhagavad Gita, en las vísperas de la gran batalla de Kurukshetra, Krishna se enfrenta con su discípulo Arjuna quien, viendo a sus amigos y a sus parientes en los dos campos, se prepara a escapar del problema y a rechazar el combate. Krishna lo enfrenta con su dharma de guerrero; Arjuna toma su gran decisión y la batalla es ganada. Pero quién ha ganado? No el ejército victorioso, tampoco el ego victorioso de Arjuna el guerrero. Sólo el espíritu gana, en el alma y en la consciencia de Arjuna y en una India relativamente liberada, por un tiempo al menos, de los conflictos y pasiones de la casta de los Guerreros.

El Espíritu divino Cristos – también ganó por el coraje y el sufrimiento de Jesús, el Hijo del Hombre. Pero esta victoria no existía más que en el dominio de los Arquetipos; la Gran Guerra se desató después, en la consciencia planetaria de la humanidad y en lo más profundo del corazón de todos los hombres que juran en el nombre de Cristo, pero que permanecen dormidos y traicionan al Espíritu de Cristo, del mismo modo que el apóstol Pedro y la Iglesia fundada en su nombre simbólico han traicionado al Maestro que pretendían adorar. La Gran Guerra espera aún su Kurukshetra. La decisión radical aún no ha sido tomada, excepto por algunos individuos por aquí y por allá.

Es verdad que algunas pequeñas decisiones válidas son tomadas por individuos y grupos en un momento o en otro; pero, mientras el problema no sea verdaderamente central, la decisión no será suficientemente radical; no alcanza a la raíz misma del individuo y no exige aún la crucifixión irreversible del individuo como ego y señor de todo lo que cae bajo el imperio de su poder autocrático. El individuo fuerte cuyo espíritu es abierto y sabio puede no tener necesidad de un gurú para forzarlo a enfrentarse con su karma. Al que es fuerte, la vida misma le responde mediante circunstancias constrictivas e ineluctables. El discípulo que se fía de su centro interior y de su divinidad potencial puede precipitar él mismo las confrontaciones engendradas por una crisis tras otra. Pero siempre hay peligro: bajo la presión y la tensión, el discípulo puede tomar una decisión por puro agotamiento interior, puede deslizarse en la enfermedad o en una muerte prematura. Pero quizás no haya malas decisiones si son sinceras y abiertas a lo que pueda suceder y si los resultados son colocados sobre el altar interior de su propia dedicación a lo divino, para que Dios las acepte o las rechace.

El gurú, sin embargo, está siempre presente detrás de la escena, incluso si no se percibe su presencia ni se oye su voz en los abismos terroríficos de la profunda noche del Alma de la que han hablado numerosos místicos. El discípulo no dispone más que de un arma: la espada de su voluntad pura. Sólo él puede manipular esta espada, no para cortar ningún nudo gordiano mítico como lo hizo el joven Alejandro el Conquistador, sino para cortar la cuerda que ha tejido su propio ego para amarrar el bajel de su consciencia a un muelle seguro y confortable. Si el bajel es soltado a las corrientes y tempestades del inmenso mar del dominio astral que no puede ser alcanzado más que a través y más allá de la materialidad sólida de nuestro mundo cotidiano, la vida del individuo auto consagrado experimenta crisis radicales.

Las crisis son umbrales que hay que atravesar; lo que cuenta es la cualidad del movimiento a través, es decir, del movimiento que conduce al otro lado. Que podamos tropezar, caer o ser duramente magullados o cometer trágicos errores y herir a los demás, es inevitable en la mayor parte de los casos. La principal diferencia entre la victoria y la derrota, al menos temporal, reside en nuestra cualidad de ser. Esta cualidad de ser es más profunda que la simple motivación consciente ya que no se ha dicho acaso: El infierno está pavimentado de buenas intenciones? Por cualidad de ser yo entiendo lo que no podemos impedirnos hacer, sentir o pensar porque somos eso. La victoria llega a fin de cuentas porque todo en nosotros y más allá de nosotros el equilibrio total de poder en el campo de actualización del Alma, en el que participa nuestro sí mismo personal – todo se focaliza en el hecho de decir un sí o un no esencial.


Arjuna y Krishna
 

El precio de las victorias espirituales es casi inevitablemente el sufrimiento; pero, ahí también, todo depende de la calidad del sufrimiento o, se podría decir, de aquello a lo que está vinculado el sufrimiento. Puede estar vinculado a una voluntad de victoria sobre la dominación del ego o a una decisión obstinada, tomada por el ego, de guardar el control sobre todo lo que desafía su poder, o a un sentimiento de fracaso o de impotencia que puede, en algunos casos, convertirse en voluntad semi-consciente de auto aniquilamiento.

Hay que establecer una diferencia entre sufrimiento y dolor. Todo organismo vivo tiene la experiencia del dolor cuando algunas de sus funciones vitales o la integridad del cuerpo son puestas en peligro. La Naturaleza inflige el dolor a todos los organismos vivos cuando éstos son sometidos a sus procesos más o menos violentos, sus tormentas, sus sequías o inundaciones. La implacable ley de la biosfera, comer o ser comido, produce el dolor en todas partes. Dolor que, en ciertas condiciones, e incluso en el reino vegetal, puede ser compartido por otros organismos que vibren en simpatía.

Los seres humanos tienen también la experiencia del dolor físico, en circunstancias naturales que afectan al sistema nervioso. Pero, con el sufrimiento, alcanzamos otro nivel de sentimiento, porque el sufrimiento implica una consciencia más o menos individualizada del dolor, no solamente del dolor físico, sino también del vinculado con los deseos, objetivos y expectativas personales de la potencialidad de desarrollo y crecimiento espiritual del individuo. Cuando un individuo rompe su esclavitud respecto a los demás y al ritmo instintivo de su participación en la naturaleza, cuando pone prioridad en el desarrollo de la mente y del poder social, del prestigio, del renombre y de la riqueza en una sociedad competitiva, sin tener en cuenta cómo esto afectará a la armonía natural y al buen funcionamiento de sus funciones biológicas y de sus funciones emocionales, él mismo está invocando de ese modo al sufrimiento.

El que sigue la vía transpersonal y está firmemente decidido a entrar en el sendero de la transformación total, puede esperar tener el sufrimiento como compañero de ruta. Ha entrado deliberadamente en un proceso de transición. Se ha colocado en posición neutra, de forma que pueda ser capaz de cambiar a una velocidad superior; y el cambio raramente se hace con suavidad porque, al contrario de lo que ocurre en un coche que funciona bien, cada posición del engranaje se resiste al cambio; en lugar de un tipo de lubricante que facilitaría el desplazamiento, cada diente del engranaje se rodea de una masa de partículas que se oponen al movimiento. De ello resultan frecuentemente duros y potencialmente destructores chirridos, en particular si no hay un conductor experimentado para enseñar al novicio.

De toda transición entre dos estados resulta el sufrimiento; y el sufrimiento es mayor cuando el miedo, un apego al pasado o una avidez exuberante de desbocarse hacia delante, introducen en el proceso tensiones, conflictos interiores o falsas expectativas, lo cual es corriente en nuestro mundo. En nuestra sociedad occidental, el individuo se ve atrapado en un proceso colectivo de transición, la transición histórica entre el estado tribal arcaico de la vida natural puesta al unísono con los ritmos de la biosfera – estado en el que la tribu entera tiene una psiquis y una voluntad comunes cuando afronta cuestiones fundamentales – y el estado de individualización al menos relativo de cada persona, teóricamente independiente y responsable de su crecimiento hacia una forma ideal trascendente. La individualización conduce a conflictos entre los individuos supuestamente autónomos, orgullosos de su diferencia, ávidos de expansión y de franquear todos los obstáculos; y los conflictos engendran el género de sufrimiento que está basado en el miedo, las privaciones y un sentimiento humillante de fracaso. O la decepción y el vacío que frecuentemente siguen después del éxito y del renombre.

El individuo que avanza por la vía transpersonal puede no tener que experimentar todo el sufrimiento que sus sentimientos no cesan de causar, en un momento o en otro, en los niveles psíquico y psicosomático, pero ha salido, al menos parcialmente, de la rueda éxito-fracaso social, para entrar en otra forma de transición que es igualmente radical. En las profundidades de su consciencia, ha dejado los niveles biológico y social hacia los cuales su voluntad no puede ya funcionar de manera exclusiva y natural; pero opera siempre como organismo biológico e, incluso aunque se defienda, todavía está condicionado por la cultura que le ha provisto de un lenguaje específico, de esquemas de pensamiento, sentimiento y comportamiento. Tres niveles de consciencia, de actividad y de voluntad hablan cada uno su propio lenguaje en el discípulo que se encuentra en el Sendero. Cómo no va a haber discordias interiores y sufrimientos mientras no se haya, como dicen los budistas, alcanzado la otra orilla?

Camino hacia la Yoga

Camino hacia la Yoga

La Gimnasia Psicofísica.

En torno al Centenario de los juegos Olímpicos realizados en Atlanta, la humanidad nuevamente plasma su máxima expresión en el deporte -su práctica y su férrea disciplina por alcanzar las mejores metas- y en la cultura física en general.

Ello no requiere mayores prolegómenos para su presentación. Sin embargo, como señalaba el Sat-Gurú Serge Raynaud de la Ferrière (*), a veces un punto queda por abordar, la razón por la cual el interesado se aplica a tales disciplinas. En todas partes los jóvenes que practican los ejercicios con espíritu deportivo, con el objeto de preparar el organismo a su desarrollo normal, hasta los adultos que están obligados a sujetarse a una disciplina de cultura física para compensar su falta de ejercicio, todo ese tropel de personas que practican la cultura física, jamás la asocian a lo espiritual.

El Dr. Serge Raynaud de la Ferrière concibió la Gimnasia Psicofísica en 1948, y la presentó públicamente en los diversos continentes que recorría, uniendo en la vanguardia las más remotas tradiciones y propiciando así el desarrollo integral del ser humano. Sobre la Yoga se ha escrito una gran cantidad de libros, tanto por orientales como por occidentales, lo mismo que ha sido más o menos traducida una buena cantidad de obras y artículos de los yoghis de renombre. He pensado que podría ser interesante ofrecer un texto sobre la Yoga, vista por un occidental que la ha estudiado y practicado.

Él no ha pretendido crear un método radicalmente nuevo, pues los ejercicios de Gimnasia Psicofísica son, en su mayoría simples y de uso corriente en otros métodos. Es principalmente el enfoque dado a la Gimnasia que lo distingue de los demás, destacándose por el hecho de dirigirse hacia la salud integral del individuo que la practica, a través del desarrollo del equilibrio físico y psíquico.

La Gimnasia Psicofísica está basada, en su mayor parte, en las flexibilizaciones y automasajes de la Hatha Yoga. Todos los movimientos rítmicos que en ella se realizan son expresiones dinámicas de posiciones estáticas del cuerpo, llamadas asanas en la Hatha Yoga. La coordinación entre el movimiento corporal y la respiración exige una concentración de la atención que permite una vivencia del equilibro psicofísico y del autodominio.

Existen actos físicos que repercuten sobre el psiquismo y viceversa, porque el hombre es un ser inseparablemente psicosomático. A través de la Gimnasia Psicofísica, con un énfasis dado a la respiración, con un trabajo usando la elasticidad muscular inherente a la alternancia de tensión y relajación, propia de los ejercicios, el cuerpo entero se purifica y fortalece, reflejándose tal proceso sobre la voluntad y la mente: de ahí la razón de su nombre. Ella prepara para la Hatha Yoga porque es también un precioso auxiliar en la espiritualización del individuo.

La Gimnasia Psicofísica se compone de tres series de ejercicios, 44 en total. Dos series se realizan de pie y una en posición acostada, Debe ser practicada diariamente, de preferencia en la mañana, al salir el sol.
Su práctica produce un bienestar que se extiende durante todo el día, porque genera efectos a nivel físico y psíquico.


A nivel físico:
– Mejora la condición de los músculos, aumenta su elasticidad, resistencia y tonicidad.
– Aumenta la capacidad pulmonar.
– Beneficia las funciones digestivas y de asimilación.
– Intensifica la circulación sanguínea.
– Propicia un equilibrio glandular.
– Da flexibilidad a la columna vertebral.

A nivel psíquico:

– Permite el desarrollo de las facultades mentales, como la atención, la concentración y el equilibrio emocional.

La Gimnasia Psicofísica puede ser practicada por toda persona, sea o no deportista, desde el niño hasta el anciano, por la mujer de toda edad, por el intelectual, el empleado, el obrero de recios oficios, y el hombre de aspiraciones espirituales. Viene a ser así uno de los métodos básicos para la salud y el mejoramiento permanente emocional y mental. Su práctica durante veinte o treinta minutos, al aire libre, sobre todo después de una ducha fría, constituye una inmejorable disciplina, pues su efecto endocrino y respiratorio se extiende también sin peligro a todo el organismo y a la mente, así como a los resortes de la conducta. Sin embargo, en ningún momento se prohibe hacerla por un mayor tiempo, aun cuando al comienzo de las prácticas debe repetirse siempre en menor cantidad cada movimiento, sin forzar músculos ni tendones, actuando siempre prudentemente.

Su práctica debe hacerse con actitud feliz, como lo ejemplifica el Sublime Maestre, para impregnarse de paz y serenidad combinada con la armonía física y espiritual. En los Ashrams (colonias de perfeccionamiento) y en los Centros de Estudio de la Gran Fraternidad Universal, constituye dicha gimnasia una disciplina básica, practicada indistintamente por los yoghis más avanzados o por personas que no habían practicado nunca en su vida la menor cultura física. También los alumnos universitarios la practican para mejorar su coeficiente mental, y numerosas dueñas de casa asisten a los Institutos de Yoga y Cultura Psicofísica de la G. F. U. con el principal propósito de mejorar su salud y su aspecto estético.

Los beneficios obtenidos, tanto en lo físico, emocional y mental, como en lo espiritual, se hacen sentir en muy poco tiempo. Como dice el Sublime Maestre en sus obras Los Grandes mensajes, y Yug, Yoga, Yoghismo: … No se trata solamente de un entrenamiento con miras a suavizar los músculos, aunque este objetivo es muy loable y muy bueno en sí, ya que nuestro cuerpo es el vehículo de nuestro espíritu, nuestro instrumento de trabajo, y la primera condición de una salud interior es mantenerlo sano y vigoroso. Durante los treinta minutos que dura esta cultura física, el espíritu no queda en el letargo y es el momento para cada cual de impregnarse de paz y serenidad para el día que se inicia, al contacto de estas fuerzas cósmicas representadas por el primer rayo del sol naciente. Se da uno cuenta fácilmente del papel cósmico del hombre, de la necesidad que tiene para su propio bien de identificarse, lo más posible, con la Creación, muy personalmente, desde lo más profundo de sí. He aquí el equilibrio de cada cual, encontrada su “densidad” necesaria para el cumplimiento de la tarea diaria.

Después de un mes con esta disciplina, el aprendiz de yoghi puede pasar a la práctica de otros ejercicios que llevan a la perfección. Continuando esta cultura física, el estudiante se sentirá un poco desilusionado de la vida materialista y será capaz de formarse una idea de la práctica Yoga.


La Gimnasia Psicofisica expuesta por el Dr. Serge Raynaud de la Ferrière es un legado de la Gran Fraternidad Universal a toda la humanidad. Llegará el día en que todos tendrán más salud, fuerza y belleza gracias a la disciplina Psicofísica como práctica cotidiana. Será una bendición matutina de energía y vida, pues en un cuerpo purificado deberá florecer una mayor conciencia espiritual.

NOTA

* El Sublime Maestre Dr. Serge Raynaud de la Ferrière, fundador de la Gran Fratemidad Universal, graduado en varias disciplinas científicas, ha sintetizado en sus obras la sabiduría oriental y occidental. En uno de sus tantos libros, Yug, Yoga, Yoghismo, adapta al occidente la sabiduría milenaria del Yoghismo, con plena autoridad de Sat-Gurú.

Carmen Pizarro S. y Federico Kutz S.


El Yoga de la Energía

El Yoga de la Energía

Los antiguos textos que tratan el tema del Yoga de la Energía, o Kundalini, están plagados de pasajes crípticos con detalles fantásticos y alusiones ritualistas a innumerables deidades, ejercicios mentales y físicos extremadamente difíciles y a menudo peligrosos, conjuros y fórmulas conocidas técnicamente como mantras, posturas corporales llamadas asanas, e instrucciones detalladas para el control y regulación de
la respiración, llamada pranayama. Todo esto expresado en un lenguaje difícil de entender, con gran cantidad de expresiones místicas, las que en lugar de atraer es posible que repelan al alumno moderno. Hablando sinceramente, no hay ningún material ilustrativo posible, ni comentarios antiguos ni modernos, que expresen lúcidamente cuál es la realidad objetiva de los métodos recomendados y cuáles son los cambios mentales y orgánicos que uno puede esperar al final.

El resultado es que, en lugar de volverse instructiva y pragmática , esta ciencia estrictamente empírica está cayendo en el abuso y en el desprestigio. Algunas de las prácticas, que forman parte de un conjunto integrado y sirven como medios para conseguir un propósito definido como los asanas y ejercicios de respiración ahora se consideran en sí mismas resultados ulteriores y apetecidos, haciendo abandono del objetivo fundamental para el que fueron concebidas. Este objetivo es desarrollar un tipo de consciencia que cruza los límites que confinan la mente, llevando la consciencia desde su ámbito concreto de la vida cotidiana a regiones suprasensibles. Influenciados por las exigencias condicionantes de la civilización moderna y desalentados por la actitud generalmente incrédula que predomina en nuestra sociedad hacia la posible evolución de la consciencia en el hombre, los aspirantes actuales a menudo se contentan con algunas pocas posturas y ejercicios de respiración, convencidos de que están practicando un Yoga que los lleva a un desarrollo espiritual.

La descripción de los Chakras o Lotos, de los signos y experiencias sobrenaturales que acompañan al éxito en la práctica, de los milagrosos poderes alcanzables con ella, del origen del sistema y de los diversos métodos, son tan exageradas que nos parece que la idea expresada en la literatura antigua sobre el tema resulta increíble e, incluso, absurda. Es muy difícil para el investigador moderno discernir a través de ese material un conocimiento clarificado, separando la tradición sobrenatural y mitológica que lo acompaña. Si se considera desde el punto de vista de los relatos fantásticos encontrados no sólo en los textos antiguos originales sino también en libros modernos, la energía Kundalini no puede ser más que un mito, una quimera nacida del deseo innato del hombre de escapar a los rigores impuestos por un mundo de causa y efecto rígidamente estructurado, una piedra filosofal inventada para satisfacer ese anhelo, proporcionando una forma viable para la adquisición de la riqueza, de la juventud o de la inmortalidad.

En la India, ningún otro tema está tan sumergido en tanta cantidad de literatura como lo está el Yoga dirigido a lo sobrenatural. En ningún libro sobre el tema se proyecta una luz penetrante sobre la energía Kundalini, ni ningún experto ha proporcionado más información que la que se manifiesta en las obras de la antigüedad. El resultado es que, salvo algunos maestros casi inaccesibles , tan escasos como los alquimistas de antaño, no hay nadie en toda la India, la cuna de esta ciencia, a quien uno pueda dirigirse para lograr un conocimiento autorizado del tema.

El sistema de complicados ejercicios mentales y físicos relacionados directamente con la energía Kundalini se conoce técnicamente como Hatha Yoga, apartado de otras formas de Yoga conocidas en la India desde tiempos remotos. Hatha en sánscrito es una palabra compuesta de dos sílabas Ha – tha , las que significan sol y luna respectivamente. Indica, por lo tanto, que este Yoga es el resultado de la confluencia de estos dos cuerpos celestes. Como explicación simple, las denominaciones de sol y luna que se utilizan aquí designan las dos corrientes nerviosas que corren a lo largo de la médula espinal a su izquierda y derecha. Ellas son llamadas Nadis, o nervios. El de la izquierda recibe el nombre de Ida y se dice que es frío y que se parece al brillo pálido de la luna; el segundo se llama Pingala, es caliente y se compara con el resplandor del sol. El sistema está basado en la suposición de que todo organismo viviente recibe su existencia gracias a la mediación de una sustancia inmaterial extremadamente sutil, la que se extiende por todo el universo, y que se denomina prana. Ella es la causa de todo fenómeno orgánico al que controla por medio del sistema nervioso, manifestándose como energía vital.

Esta energía adopta varios aspectos para desempeñar distintas funciones en el cuerpo y circula por el organismo en esas dos corrientes descritas: una que se percibe como caliente y otra como fría, lo que es claramente detectable para los yoguis como sensaciones caloríficas o refrescantes. Ellas existen a un lado y otro del sistema, en cada tejido y en cada célula, fluyendo ambas a través de los nervios superiores. Las pequeñas ramificaciones de las dos corrientes durante su paso por el organismos nunca se sienten en el estado normal de consciencia de vigilia, puesto que los nervios están acostumbrados a su flujo desde el comienzo de la vida.

Debido a su naturaleza sumamente sutil, la energía vital ha sido comparada con el aliento por las antiguas autoridades del Yoga. Ellos sostienen que el aire que respiramos está impregnado de Prana y que las corriente Ida y Pingala fluyen alternativamente a través de ambas fosas nasales, junto con el aire, en el momento de la inhalación. Como bien sabemos, el aire que respiramos está compuesto principalmente por dos gases, oxígeno y nitrógeno. El oxígeno es el agente principal de la combustión, quemando las impurezas de la sangre en su movimiento a través de los pulmones, mientras que el nitrógeno ejerce un efecto moderador sobre su calor. Considerando que los escritores antiguos se referían a veces a Prana con el mismo término que usaban para aire Vayu existe la posibilidad que se haya producido la idea equivocada de que Prana y aire son idénticos. Esto no es así. La vida en la tierra, tal como se presenta, no es posible sin oxígeno y este elemento es un ingrediente tanto del aire como del agua, los dos componentes esenciales de la vida en nuestro planeta; lo que fundamenta el hecho de que en la tierra la energía vital cósmica usa al oxígeno como vehículo principal para su actividad. Es posible que la bioquímica en el futuro se vea obligada a aceptar el papel del oxígeno en todo fenómeno orgánico como el representante de Prana.

Nuestro planeta tiene su propia provisión de Prana, el que impregna a cada átomo y a cada molécula de todo los elementos que constituyen su núcleo ígneo esas ardientes regiones fundidas en llamas debajo de su corteza y el duro estrato superficial con sus océanos y montañas, más la atmósfera con sus diversas divisiones hasta la franja más extrema. El Sol, una vasta fuente de energía vital, irradia constantemente un enorme suministro de esa energía pránica sobre todo su sistema, como parte de su expansión. Esto hace que las creencias sobre el influjo negativo de los eclipses solares puedan tener una explicación lógica, ya que en tales eventos se ven parcialmente detenidas las irradiaciones pránicas durante el tiempo que dura
la interferencia de la Luna. Los cambios en el volumen del vapor y del polvo en la atmósfera que provocan alteraciones en ciertos temperamentos muy sensibles puede ser que también afecten el flujo de las corrientes pránicas.

Nuestro satélite es otro gran centro de suministro de Prana recibido del Sol sobre la Tierra. Los planetas y estrellas, próximos o lejanos, son todos ellos reservas inagotables de Prana, vitalizando la Tierra con corrientes de energía transmitidas por su luz. Estas emanaciones pránicas de los distintos cuerpos celestes no son idénticas, cada cual tiene su característica propia. Esto se puede comprobar con el análisis que se ha hecho de su espectro luminoso, el que muestra variaciones peculiares de cada uno de ellos. Resulta imposible para la mente humana imaginar siquiera en forma vaga las interacciones de innumerables corrientes de luz emitidas por billones y billones de estrellas, influencias que se cruzan y vuelven a cruzarse en incontables puntos, llenando la enormidad del espacio en toda su extensión. De la misma manera, es totalmente imposible describir o imaginar el mundo inmenso de Prana o energía vital tal como lo han descrito los videntes extendiéndose por todo ese espacio cósmico hasta su último límite si es que lo hay dando origen a toda calidad de vida, tal como surge la espuma sobre las olas de las corrientes oceánicas en perenne movimiento.

Para explicar la manifestación de la vida en la Tierra, la única alternativa es aceptar la existencia de un medio vital inteligente que utilizando los elementos del mundo material construye las estructuras orgánicas con tal increíble destreza, en tal profusión y con tantas formas diversas, que refutan cualquier idea de generación espontánea o azar, al mostrar una inteligencia y una seguridad de propósito extraordinaria. El ingenio y la destreza humanos buscan con empeño poder alcanzar logros parecidos, los que aún están muy distantes.

La estructura completa del Yoga se basa en la validez de Prana como materia suprafísica cognoscible, lo que es el campo actual de investigación de la física cuántica. Durante miles de años, generaciones completas de yoguis han ido verificando las afirmaciones de sus antecesores. La realidad de Prana como el agente principal que conduce al estado supraconciente denominado Samadhi nunca ha sido puesto en duda por ninguna escuela de Yoga. Quienes creen en el Yoga, deben primero creer en la existencia de Prana. Considerando que para llegar a ser un Rishi sabio a través del Yoga, no sólo se deben tener dotes mentales y físicas por sobre el promedio, sino además atributos como la honradez y la rectitud, mostraría una mente obstinada quien pusiera en duda los testimonios de numerosos videntes célebres que han atestiguado, por su propia experiencia, los estados supraconscientes conseguidos a través de Prana, tal como ellos lo aprendieron de sus instructores.

Según las creencias religiosas de la India, las que se remontan a tiempos prehistóricos, se ha considerado la existencia de Prana como un medio para la actividad del pensamiento y la transmisión de sensaciones e impulsos en los organismos vivos. Se la reconoce como una substancia cósmica imperceptible a los sentidos ordinarios, que está presente en toda formación de la materia y que puede ser verificable por la práctica del Yoga, cuando lo realiza de la manera correcta el tipo de hombre adecuado. Según estas creencias, Prana no es la materia, ni es la mente, ni la inteligencia, ni la consciencia, sino una parte inseparable de la energía cósmica o Shakti que reside en todas ellas y que es la fuerza conductora que hay detrás de todo fenómeno cósmico, mostrándose como la fuerza de la materia en todo organismo vivo.

En resumen, es el medio a través del cual la inteligencia cósmica conduce la inmensa actividad inimaginable del cosmos. Crea, mantiene y destruye las gigantescas formaciones globulares que arden continuamente en el espacio, tanto como a los ínfimos microbios benignos y malignos que pululan en la tierra. Dicho de otra manera, Shakti, cuando actúa sobre la materia inorgánica, es fuerza, cuando actúa sobre la materia orgánica, es vida. El nombre genérico Shakti se aplica a toda forma de energía cósmica, animada o inanimada, como aspecto creador activo de la Realidad. En cambio, Prana es aplicado a aquel tipo de energía que actúa en el campo orgánico, como impulso nervioso y vitalizador.

La ciencia actual está llegando irremediablemente a la conclusión de que la energía es la substancia fundamental del mundo físico. La duda sobre la existencia de la vida, como una esencia vital inmortal aparte de los vehículos corporales, es tan antigua como la civilización. Es provocada principalmente por la naturaleza inexorable de las leyes físicas que actúan sobre el cuerpo, por la inevitabilidad del debilitamiento de la vejez y la muerte, por la naturaleza evasiva del principio vital, y por la imposibilidad de percibirlo
con los sentidos ordinarios fuera del campo orgánico. Sobre todo, se debe a la completa ausencia de alguna prueba demostrable e incontrovertible de supervivencia después de la muerte corporal. Según los yoguis, sin embargo, la existencia de la energía vital como entidad inmortal se hace subjetivamente manifiesta en el estado supraconsciente de Samadhi. Su fluir a través de los nervios se experimenta incluso antes de llegar al Samadhi, al conseguirse ciertos niveles de estados de consciencia en la meditación. Cuando ello ocurre, el Prana se concentra en el cerebro al punto que los órganos vitales lentifican su funcionamiento, el pulso y la respiración se vuelven casi imperceptibles, y el cuerpo entero parece frío y sin vida. Gracias a este flujo incrementado de energía vital, el cerebro intensifica su vitalidad; la consciencia habitual se eleva por encima de las sensaciones corporales y su facultad de percepción se incrementa en grado sumo, haciendo percibir al sujeto las existencias suprafísicas. En este estado, lo primero que se detecta es Prana, experimentada como una sustancia brillante e inmaterial, sintiéndola como una rápida vibración tanto dentro como fuera del cuerpo, extendiéndose sin límites en todas direcciones.

La Religión Hindú

La Religión Hindú

LaReligionHinduLa religión hindú parece a los occidentales una “selva” de creencias contradictorias en medio de la cual se pierden. Sólo quienes entendieron sus principios fundamentales pueden señalarles el camino.

Se afirmó que la Religión Hindú como tal no existe, porque hay muchas religiones en la India. Esto no es así, porque hay una religión hindú común llamada Bhárata Dharma, y es una religión aria que sostienen todos los arios, sean brahmanes, budistas o jainos. Excluyo a las demás religiones de la India, a saber, las religiones semitas como el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam. No es que todas estas sean puramente semitas. El Cristianismo se arianizó en parte cuando lo adoptaron los arios occidentales, como también sucedió con el Islam al ser adoptado por arios orientales como los persas y los pueblos arianizados de la India. El Sufismo es una forma de Vedanta o está en deuda con ésta.

La Religión Hindú general, o Bhárata Dharma, sostiene que el mundo es un Orden o Cosmos. No es un Caos de cosas o seres mezclados al azar, en el que no hay una relación o norma coherente. El orden del mundo es Dharma, aquello por lo cual es sostenido el universo. Sin Dharma caería en pedazos y se disolvería en la nada. Pero esto no es posible, pues aunque hay Desorden o Caos, éste existe y sólo puede existir localmente, por un tiempo, y en particulares partes del conjunto. Sin embargo, el orden se afirmará, y por la naturaleza de las cosas, en última instancia debe hacerlo. Y esto es lo que significa decir que prevalece la Rectitud o Dharma, la que no es una ley impuesta desde afuera por un Decreto de algún Zar Celestial. Está en la naturaleza de las cosas, la que hace que sean lo que son. Dharma es la expresión de su verdadero ser y sólo puede cesar cuando ellas cesan de ser. Creer en la rectitud es entonces creer en algo no impuesto desde fuera y arbitrariamente por un Legislador, sino creer en un Principio de Razón que todos los hombres pueden reconocer por sí mismos si quieren. Además, Dharma no es sólo la ley de cada ser sino también, y necesariamente, la del conjunto, y expresa las relaciones correctas de cada parte con éste. El conjunto es, además, armónico; de lo contrario, se disolvería. Dharma es el principio que lo amalgama como un organismo poderoso.

El Dharma particular reclama tal reconocimiento y acción de acuerdo con ello. Por lo tanto, la religión, que etimológicamente significa lo que religa o ata, es fundamentalmente el reconocimiento de que el mundo es un Orden, del cual cada hombre, ser y cosa, es una parte. En ese Orden cada hombre se halla en una relación clara y establecida, junto con la acción basada y consistente en ese reconocimiento, y en armonía con la totalidad de la actividad cósmica. En consecuencia, mientras el hombre religioso es el que se siente atado de diversos modos a todo ser, el hombre irreligioso es el que considera todo egoístamente desde el punto de vista de su yo limitado y de sus intereses, sin consideración hacia sus semejantes ni el mundo en general. El carácter esencialmente irreligioso de esa actitud queda demostrado por el hecho de que, si la adoptasen todos, conduciría a la negación del Cosmos, lo cual es el Caos. Por lo tanto, todas las religiones concuerdan sustancialmente en que el egoísmo, en su sentido más lato, es la raíz de todo pecado, y que la moralidad es la verdadera naturaleza del hombre.

El Dharma general es la ley universal que gobierna todo, así como el Dharma particular varía con cada clase de ser y es peculiar de cada ser. De lo que se deduce que la desarmonía es sufrimiento. Este es un hecho evidente, la mala conducta causa el mal, así como la buena conducta produce el bien. Lo que el hombre sembrare, eso cosechará. Hay una Justicia Inmanente. Los resultados puede ser que no aparezcan de inmediato, pero según la ley de causalidad, que es una ley de razón, debe producir efecto. Si su autor no sufre por ello aquí y ahora, en esta vida, habrá de sufrir en el futuro.

Nacimiento y muerte significan creación y destrucción de cuerpos. Los espíritus así corporizados (encarnados) son infinitos y eternos. El universo material llega y se va. En el Brahmanismo se ha dicho que esto es la sístole y la diástole de un Corazón Universal, que está en reposo en el inmóvil juego de la Consciencia. La aparición y desaparición del Universo es la naturaleza de Eso que existe en última instancia. Su causa inmediata es el Deseo o Sed, que es deseo y sed de goce en el universo de la forma. La acción Karma – es acuciada por el deseo y engendra deseo nuevamente. Esta acción puede ser buena o mala, conduciendo al goce o al sufrimiento. Toda alma corporizada seguirá renaciendo en el mundo hasta liberarse de todo deseo. Esto implica la doctrina de la Reencarnación. Estos nacimientos y muertes múltiples se llaman Samsara o Viaje.

El mundo es un compuesto de felicidad y de sufrimiento. Puede tener lugar allí una felicidad de índole transitoria por adherencia al Dharma, siguiendo al deseo y a los medios para realizar los deseos legítimos. Esto constituye lo que el Brahmanismo llama las tres aspiraciones del ser sensible. Pero así como el deseo conduce hacia la manifestación de la forma, de igual manera la ausencia de deseo aparta de ésta. Quienes llegan a este estado buscan el Moksa o Nirvana, que es un estado de Bienaventuranza ubicado más allá de los mundos de formas mutables, pues en él hay un descanso del sufrimiento que el Deseo – junto con una tendencia natural a trasponer los límites correctos – procura a los hombres. Por consiguiente, éstos deben vivir con el deseo en armonía con el orden universal, o si están exentos de deseo, pueden – pues cada cual es dueño de su futuro – trasponer lo manifiesto y convertirse en Eso que es Moksa o Nirvana. La religión y, por lo tanto, la civilización verdadera, consiste en la elevación del Dharma .como bien individual y general, y en el patrocinio del progreso espiritual, de modo que, con justicia para con todos los seres, pueda alcanzarse la verdadera felicidad que es el fin inmediato y último de toda la Humanidad y, en realidad, de todo ser.

Quienquiera sustente estas creencias sigue el Bhárata Dharma o principios comunes de todos los credos arios. Así respecto a Dios podemos negar su existencia ateísmo – o afirmarla – teísmo – o decir que carecemos de prueba suficiente en un sentido u otro – agnosticismo. Es posible aceptar el concepto de una Ley Eterna Dharma – y sus sanciones en un universo autogobernado, sin creer en un Dios personal (Isvara). De ese modo, el Samkhya, que avanza tan sólo sobre pruebas intelectuales, no niega a Dios pero sostiene que la existencia de un Señor “no está probada”.

Sobre este fundamento común se basan entonces tres religiones principales: el Brahmanismo, el Budismo y el Jainismo. Del Budismo, que es una fe grande y universal, se ha dicho que con cada nueva adquisición de conocimiento, parece más difícil separarlo del Hinduismo del que emergiera y en el que reincidiera (Budismo del Norte). Por supuesto, esto no significa que no haya diferencias entre ambos, sino que comparten, como base, ciertos principios generales y comunes. El Brahmanismo, del cual la doctrina y la práctica Sakta es una forma particular, acepta a los Vedas como su autoridad última. Mediante los cuatro Vedas, se revela la doctrina de Brahma, el “Omni-impregnador”, la Sustancia Infinita que es en sí misma Consciencia (Chit) de la cual proviene la creación, el mantenimiento y el retiro (pralaya) del universo, llamado comúnmente destrucción, aunque el que destruye es el hombre y no Dios. Esta Consciencia, en relación con el universo que controla, es conocida como Isvara, el Señor Gobernante o el Dios Personal. Los Vedas, como experiencia espiritual y como la palabra “que es oída” garantizan esto.

Pero en el Brahmanismo, como en el Cristianismo, hallamos diferentes escuelas y sectas que adoptan diversas interpretaciones de la Palabra Revelada. Los Vedas dicen: “Todo esto (el universo) es Brahman”. Todos concuerdan en que Brahman o el Espíritu es para nosotros Ser (Sat) Consciencia (Chit) y Bienaventuranza (Ananda). Pero en qué sentido “Esto” es Brahman? La interpretación monística del gran escolástico Sankaracharya es que hay una identidad completa en la esencia de ambos. Hay un Espíritu (Atma) con dos aspectos: como supremo trascendente (Paramátma) y como inmanente y corporizado (Jivátma). Ambos son, fundamentalmente, uno solo, cuando eliminamos a Avidya (ignorancia), en la forma de mente y cuerpo.

Según el monismo calificado del gran escolástico Ramajuna, “Esto” (el universo) es Brahman en el sentido de que es el cuerpo de Brahman, así como distinguimos nuestro cuerpo de nuestro yo interior. Según los dualistas, esta expresión debe interpretarse en términos de proximidad y semejanza pues, aunque Dios y el hombre son distintos, el primero impregna de tal modo y está tan inextricablemente implicado en el universo como creador y mantenedor, que el hombre, en este sentido, parece ser Brahman a través de la proximidad.

El deseo de vivir en la forma produce el universo. Este deseo existe en las tendencias y aptitudes (vásanas) colectivas. Al expirar la vasta extensión temporal que constituye un Kalpa o día de Brahma (4.320.000.000 años) todo el universo se recoge en el gran Vientre Causal que lo produjera. Los yoes limitados se recogen en él hasta que, al sentirse los creadores dolores del parto, son dados a luz, apareciendo cada cual en la forma y estado que le determine su Karma anterior. Quienes produjeron buen Karma pero con deseo y auto-aprecio van, al morir, al Cielo, y después cosechan su recompensa en un futuro buen nacimiento sobre la tierra, pues el Cielo es un estado transitorio. Los malos son castigados con malos nacimientos en la tierra y con sufrimiento en los infiernos, que también son transitorios. Sin embargo, quienes se liberan de todo deseo y auto-aprecio y trabajaron desinteresadamente, realizan la naturaleza de Brahman que es Sat-Chit-Ananda. Estos son liberados, es decir, jamás aparecen nuevamente en el Mundo de la Forma, que es el mundo del sufrimiento, y entran en el Océano Infinito de la Bienaventuranza. Esto es Moksa, Mukti o Liberación.

Sólo puede alcanzarse la Liberación a través del desapego del mundo y de la ausencia de deseo. Por lo tanto, la vida es un campo en el que el hombre, que gradualmente ascendió a través de las formas inferiores de la vida mineral, vegetal y animal, recibe la oportunidad de la vida celestial y de la Liberación. El universo tiene una finalidad moral, a saber, el suministro a toda existencia de un campo en el que pueda cosechar el fruto de sus acciones. Las formas de vida son los peldaños por los cuales el hombre asciende hacia el estado de Bienaventuranza infinita, eterna y amorfa. Este es entonces el origen y el fin del hombre. El construyó por sí mismo su propia condición pasada y presente, y construirá su condición futura. Su naturaleza esencial es libre. Si es sabio, adoptará los medios (Sádhana) conducentes a la felicidad postrera, pues la del mundo no está al alcance de todos y, aunque se la logre, es perecedera y se halla mezclada con sufrimiento. Estos medios consisten en diversas disciplinas y rituales empleados para producir la pureza mental.

El ritual es un arte, el arte de la religión. El arte es la expresión material externa de las ideas sostenidas intelectualmente y sentidas emocionalmente. El arte ritual se relaciona con la expresión de aquellas ideas y sentimientos que se denominan específicamente religiosos. Es una modalidad mediante la cual se presenta la verdad religiosa, tornándola inteligible para la mente en formas y símbolos materiales. Apela a todas las naturalezas apasionadamente sensibles a esa Belleza en la que, para algunos, Dios se manifiesta. Pero es más que esto, pues se trata del medio por el cual la mente se transforma y purifica. En particular, según los principios hindúes, es el instrumento por el cual la consciencia del devoto (sádhaka) se modela en el hecho, dentro de las formas de la experiencia que corporizan las verdades enseñada por la Escritura. Al practicante se le enseña que él es uno con Siva y Su Poder de Sakti. Esto no es un asunto meramente argumentativo. Es un hecho propio de la experiencia. El ritual y la práctica yóguica le aseguran esta experiencia. Cuán profundo es el ritual hindú lo admitirán quienes entiendan los principios generales de todo ritual y simbolismo, habiéndolo estudiado en su forma hindú, con conocimiento de los principios de los cuales es expresión. Quienes hablan de “mascarada”, ‘jerigonza” y “superstición”, delatan su incapacidad e ignorancia.

Yoga Integral

Yoga Integral

El Yoga integral postula la integración completa y dinámica de la personalidad, para lo cual es necesario actualizar la esencia más profunda de nuestra individualidad, el centro único de expresión creativa del Ser. Esta integración, sin embargo, tiene lugar a tres niveles diferentes: la integración psicológica, la integración cósmica y la integración existencial.

La integración psicológica.

Esta supone la armonización de todos los conflictos de nuestra personalidad, en particular de aquellos impulsos, fuerzas y necesidades instintivas inconscientes que se contraponen a la voluntad racional de nuestra mente consciente modelada por las fuerzas sociales y culturales propias de la comunidad a la que pertenecemos.

Nuestro psiquismo puede compararse a una especie de central eléctrica, capaz de generar una enorme cantidad de energía, donde descansa el instinto sexual, el tropismo hacia el crecimiento y el desarrollo, el impulso que nos incita a la expansión ininterrumpida y completa de nuestro ser y a la afirmación de nuestra voluntad de poder. El inconsciente es la morada de los anhelos, los deseos reprimidos y las tendencias verdaderamente creativas; es una región donde coexisten lo vulgar y lo sublime, un dominio en el que el ángel y el demonio se dan la mano, un reino en el que la luz permanece oculta en la oscuridad y en el que la oscuridad puede convertirse en luz.

En los estratos más profundos del psiquismo inconsciente, habita la memoria evolutiva de la raza humana. Allí se hallan almacenadas, en forma de imágenes arquetípicas, las experiencias cruciales de la historia evolutiva de la humanidad. En este nivel, propio de nuestra herencia inconsciente, esperan dinámicamente los símbolos e imágenes de Dios como Padre o como Madre cósmica, del “puer eternus”, del eterno femenino, del anciano sabio, de la bruja malévola, de la serpiente como personificación de los impulsos irracionales y del pájaro como emblema de las elevadas aspiraciones intelectuales del ser humano.

La consciencia racional, en cambio, es el fruto de las fuerzas socioculturales. Por tanto, nuestra concepción del bien y del mal, de Dios y del demonio, del cielo y del infierno, dependen del entorno cultural al que pertenecemos. Nuestra conducta se orienta hacia el logro de aquellos objetivos que concuerdan con los estándares aprobados socialmente, aunque ello suponga la represión de determinados contenidos inconscientes. De esta manera, en el corazón de todo ser humano se libra una incesante contienda entre lo consciente y lo inconsciente, entre el impulso y la ley, una batalla que, cuando supera la capacidad del individuo, genera todo tipo de perturbaciones emocionales.

Con mucha frecuencia el ser humano acomete intentos desesperados para sofocar esta tensión psíquica. Hay quienes prefieren la espontaneidad de los impulsos pasajeros al freno de la razón y, en consecuencia, ceden a los arrebatos de sus instintos y se dejan llevar por el principio del placer o por el concepto hedonista de “comer, beber y ser feliz”. Lamentablemente, sin embargo, el hedonismo encierra paradójicamente la semilla de la frustración y no tarda en revelarse como un burdo engaño ya que el placer tan afanosamente buscado escapa de nuestras manos como el agua. En realidad, los placeres más intensos son aquellos que sobrevienen inesperadamente o que son consecuencia de nuestro interés genuino por un objetivo verdaderamente valioso. Además, si nos entregamos al principio del placer no habrá modo de conciliar nuestras contradicciones y llevaremos una existencia conflictiva y absurda sometida a todo tipo de placeres momentáneos.

Otros, por el contrario, anteponiendo la perfección al placer, adoptan una actitud absolutamente opuesta al hedonismo y emprenden el arduo camino de la austeridad y la abnegación. De este modo, empujados por una devoción inquebrantable hacia algún modelo aceptado socialmente, tratan de extirpar en forma drástica los impulsos de su mente inconsciente. Esta actitud, sin embargo, termina generando un super-ego opresivo y tiránico que consume su alma con el fantasma del pecado mientras las llamas del puritanismo agostan su fluído vital como los rayos de un sol abrasador. El precio es una conducta excéntrica que puede también desembocar fácilmente en graves perturbaciones psicológicas.

Hay otras personas que, rechazando la superficialidad y convencionalidad de la vida social, deciden entregarse a la búsqueda independiente del espíritu sin seguir modelo alguno. Eligen el camino ascético de la devoción exclusiva a la Trascendencia, recorren completamente a solas el sendero que conduce hacia el Unico y llegan incluso, en ocasiones, a asumir una actitud hostil e indiferente hacia la sociedad. Sin embargo, psiquismo y sociedad son, en última instancia, inseparables y, en consecuencia, la represión de los aspectos sociales conduce necesariamente a la represión de determinados impulsos fundamentales de nuestro psiquismo. A pesar de todo, la búsqueda incondicional del espíritu que hace caso omiso de los requerimientos de la sociedad y de los impulsos del psiquismo puede aportarnos ciertos logros espirituales. La intensificación de la consciencia interna provoca percepciones estéticas o visiones místicas extraordinarias que aportan, indudablemente, cierta satisfacción. Sin embargo, estos logros no dejan de ser limitados porque la negación de la vertiente social e instintiva de la vida constituye una verdadera mutilación. De esta manera escalamos las alturas del espíritu pero perdemos el contacto con las profundidades del psiquismo, conquistamos la lucidez pero perdemos la totalidad, subimos a los cielos pero nos alejamos de la tierra, ascendemos meteóricamente a una posición sobresaliente pero perdemos, en fin, la oportunidad de crecer armónicamente y alcanzar la realización integral.

La integración psicológica supone el crecimiento armónico de la personalidad e implica una atención ecuánime a todas las necesidades instintivas fundamentales de nuestra naturaleza y a las disposiciones concretas de nuestro psiquismo. Pero, para que se produzca la reconciliación entre el impulso y la razón, entre el “ello” inconsciente y el “ego” consciente, tenemos que descubrir el Yo Superior, el principio unificador profundo de nuestra existencia. De otro modo, corremos el peligro de fomentar el desarrollo de la mente a expensas del cuerpo, de la fuerza muscular en detrimento del cerebro, del intelecto a costa de la emoción, del sentimentalismo en aras de la objetividad, del crecimiento tiránico de la consciencia social a costa del sacrificio de nuestras necesidades psicológicas o del desarrollo de una conducta rebelde, caprichosa y arbitraria en perjuicio del orden social.

Psiquismo y sociedad son esencialmente inseparables, por esto, no debemos olvidar que nuestro crecimiento psicológico individual exige tener en cuenta las demandas de la sociedad. Por imperfectas que puedan parecernos las normas morales no podemos rechazar nuestra relación con la sociedad sin mutilarnos. La sociedad forma parte inseparable de nuestra alma y aunque nos retiráramos a la más remota de las soledades seguiríamos llevando a la sociedad con nosotros. El alma tiene la necesidad vital de relacionarse con sus semejantes, de amar y de ser amada. Podemos criticar la sociedad y tratar de cambiarla, pero no podemos ignorarla porque cuando nos aislamos de las relaciones y de las actividades sociales cercenamos la vertiente social de nuestra alma. Renunciar a la sociedad debido a sus imperfecciones sería como repudiar a nuestra esposa porque está enferma. Del mismo modo, reprimir a la mente inconsciente por causa de sus impulsos oscuros sería como arrojar al niño por el desagüe junto con el agua de la bañera. La luz se esconde en el núcleo mismo de la oscuridad.

La integración cósmica.

Toda la discusión precedente sobre la necesidad de la integración psicológica nos sirve como introducción al concepto de integración cósmica. Jamás podremos alcanzar la integración plena del psiquismo si ignoramos la relación existente entre éste y la naturaleza, entre la sociedad y el cosmos. El psiquismo y el cosmos representan aspectos inseparables de la misma realidad que no es psiquismo ni cosmos, que no es un yo aislado ni un universo independiente sino un continuo psicocósmico, un yo-en-el-universo o un universo-para-el-yo, Atman-Brahman, (tú-eso o yo-eso).

A decir verdad, en el universo no existe ninguna entidad completamente aislada y cerrada en sí misma. Un átomo existe en la medida en que se relaciona con un campo energético, una planta crece cuando está en un entorno físico compuesto de aire, luz, agua y suelo, un animal vive y se mueve porque interactúa con su propia especie y con animales de otras especies y, finalmente, el hombre se desarrolla en la medida en que puede interactuar con la naturaleza, la sociedad y la profunda llamada de lo eterno. En definitiva, existir es relacionarse y, en ese sentido, la relación es absolutamente vital para la existencia.

Para que nuestro desarrollo psicológico sea sano, feliz y pleno, es necesario que mantengamos una relación integral con nuestro entorno, tanto natural como social. El aire limpio, el agua fresca, el espacio abierto y la comunión silenciosa con la naturaleza son esenciales para el desarrollo del psiquismo humano. La contemplación del esplendor y magnificencia de la naturaleza constituye una profunda fuente de inspiración para nuestra alma. Por ello, el estilo de vida artificial propio de la sociedad moderna perjudica gravemente la salud y la vitalidad.

Además, la armonía con la naturaleza despierta un sentimiento de afecto hacia el reino animal. El cruel sacrificio de animales adormece nuestro espíritu y la indiferencia ante su mudo sufrimiento embota nuestra sensibilidad. Al enfrentarnos violentamente con el resto de la creación provocamos todo tipo de discordias y tensiones internas que terminan debilitando y desfigurando nuestra personalidad. Mientras sigamos infligiendo heridas a la vida no podemos alcanzar la plenitud psicológica. Para el crecimiento equilibrado y armónico de nuestra personalidad es vital experimentar un sentimiento de unidad con la naturaleza y de reverencia y respeto hacia toda forma de vida.

La presencia de la sociedad es indispensable para la maduración de nuestra mente. Por ello, el método fundamental para romper la cáscara del egocentrismo consiste en interesarnos activamente por nuestros semejantes. Cuanto mayor sea nuestra entrega al amor y la amistad, más rápido será nuestro crecimiento, y cuanto más nos comprometamos con el bienestar de nuestros semejantes, más se expandirá nuestro ser.

El primer paso para trascender el egocentrismo consiste en aprender a subordinar el placer y la comodidad personales en beneficio de nuestra familia. Profundizando en esta dirección, llegaremos a percibir la indivisibilidad del bienestar de la humanidad y a comprometernos con la felicidad de toda la familia humana. Los distintos grupos humanos dependen mutuamente unos de otros, todos somos miembros inseparables del entorno cósmico en que vivimos, todos participamos de la misma totalidad cósmica indivisible. Esta es la verdad que puede conducirnos finalmente a la integración cósmica.

La integración existencial

Para alcanzar la plenitud total no basta con lograr la integración psicológica y la integración cósmica, sino que también es necesario llegar a descubrir el espíritu de lo eterno del cual derivan tanto el psiquismo
como el cosmos.

Por más que intentemos convencernos racionalmente de la necesidad de alcanzar la armonía psiológica, la contradicción entre las diferentes facetas de nuestra personalidad – pasión y razón, instinto e intelecto, emoción y entendimiento, por ejemplo – parece irreconciliable. La razón puede proporcionarnos cierto grado de equilibrio, pero la resolución definitiva de nuestros conflictos mentales es imposible de alcanzar en el plano psicológico. El secreto de la armonía psicológica completa descansa en la actualización de la dimensión atemporal de la existencia. La integración total del psiquismo sólo es posible a la luz de la experiencia existencial, es decir, la percepción directa e inmediata del sustrato atemporal. Para el logro de la integración psicológica global necesitamos conectar existencialmente con el trasfondo atemporal del Ser.

Lo mismo podríamos decir con respecto a la integración cósmica. Por más que intentemos convencernos racionalmente de la necesidad de alcanzar la armonía cósmica y social, la razón parece ser incapaz de resolver las irreconciliables discrepancias existentes entre el yo y la sociedad, entre el psiquismo y el cosmos. Lo máximo que podemos esperar es cierto grado de compromiso entre el crecimiento personal y el bienestar colectivo. El secreto de la armonía cósmica completa reside en la actualización del fundamento atemporal del proceso cósmico, la presencia dinámica de lo eterno en la evolución y en la historia. La unidad fundamental entre el psiquismo y el cosmos se oculta en la profundidad atemporal del Ser. Sólo la profundización existencial en el abismo del Ser puede revelarnos el principio de la armonía social, sólo podemos alcanzar la integración total entre el psiquismo y el cosmos a la luz de la realización supracósmica.

El Juego de las Polaridades en el Abrazo Tántrico

El Juego de las Polaridades en el Abrazo Tántrico

“El Camino del Éxtasis” indica ciertas vías para llegar a alcanzar una sexualidad en la cual los egos queden sobrepasados y se unan al final al cosmos.

Se podría decir que esta experiencia tiende a establecer un mundo sin fronteras donde la plenitud y el vacío se oponen, según el esquema de toda dialéctica. La plenitud del hombre es activa y, por lo tanto, se disuelve hasta llegar a ser pasiva, en tanto que, inversamente, el vacío de la mujer es pasivo, pero es también atractivo e incita a la actividad. El paso del uno al otro se produce justamente en su equilibrio inmóvil, pero animado subconscientemente por este doble intercambio bipolar, por el cual el activo satura
al pasivo que se transforma en activo, y el pasivo es saturado por el activo que pasa a ser pasivo.

La dinámica de estos intercambios se establece en relación inversa a los polos sexo-cerebro del hombre y de la mujer. En el concepto habitual, la polaridades sexuales de la díada se establecen así: el hombre es activo-pasivo, la mujer es pasiva-activa. El hombre es una plenitud que tiende a vaciarse, la mujer es una vacuidad que tiende a llenarse. El hombre actúa expulsivamente para penetrar, la mujer se somete atractivamente para absorber.

La visión transcendental presenta una relación diferente a nivel de las polaridades cerebrales. Aquí es la mujer quien es activa-pasiva y el hombre pasivo-activo. Siendo que precisamente era el hombre que infundía a la mujer, aquí es ella que se infunde en el hombre. Ella posee la intuición actuante y directa de la sophia, la sabiduría, en tanto que el hombre no posee más que la razón que analiza y recibe. El es una consciencia vacía que quiere llenarse; ella es un conocimiento pleno que quiere comunicarse.

A la luz de este análisis, es entonces posible simbolizar las relaciones: sexo de la mujer (SM), cerebro de la mujer (CM), y, por otra parte: sexo del hombre (SH), cerebro del hombre (CH) de la manera siguiente:

 

Mujer
CM + Cerebro Mujer activo
Intuición activa o lucidez de la conciencia separada
CM – Cerebro Mujer receptivo
Vacío mental
SM – Sexo Mujer receptivo SM + Sexo Mujer actuante

 

 

Hombre
CH – Cerebro Hombre
pasivo-receptivo
CH + Cerebro Hombre activo
consciencia lúcida o desdoblada
SH + Sexo Hombre
emisor activo
SH – Sexo Hombre
receptor pasivo (inmovilidad)

 

Al interior de cada uno de los participantes, los dos polos sexo-cerebro asumirán alternativamente los
roles pasivo-receptivo y activo-emisor, esto en una dinámica antagonista (inversa) en relación a los roles asumidos por estos dos polos en el otro participante en un momento dado.

Así, por ejemplo, cuando el sexo de la mujer (SM) sea receptivo-pasivo (durante los lapsos en el curso de los cuales ella absorbe la energía o simiente sutil del hombre), su cerebro (CM) asumirá el rol activo que mantendrá el desapego necesario a la orquestación consciente (control-relajación) de los pasajes sucesivos de la energía hacia los planos sutiles. Así la mujer coopera al proceso de fijación y de elevación del placer, evitando en el momento justo el abandonarse a una crisis paroxísmica, pues su claudicación (pérdida de consciencia, explosión orgásmica, movimiento brusco) podría interrumpir la fase de transmutación y precipitar la eyaculación en su compañero.

Se produce esta relación antagonista de los dos polos en la mujer, ya se trate del ejemplo citado ( SM – y CM + ) o de su inverso ( SM + y CM – ). En el segundo caso, ella se concentrará toda entera hacia el orgasmo, hasta alcanzarlo en el abandono de la consciencia. Esto permite el despertar de la Kundalini y su elevación, pero también el despertar del andrógino en la coincidencia activamente realizada del hombre y
de la mujer en ella.

Ocurre lo mismo en lo que concierne al hombre. Su sexo será a su turno pasivo-receptivo (en particular cuando él absorbe la simiente sutil de la mujer justo después del orgasmo de ella), en la inmovilidad de la postura, del aliento, de la mente, que facilita la activación de la lucidez de la que depende el control de sus reflejos (eyaculación); es decir, la interiorización de la consciencia y la inversión de la energía simiente. La relación sería entonces:(SH – CH +). Luego vendría la inversión cíclica: (SH + CH -) en el momento en que el hombre estimula a su compañera hacia un nuevo orgasmo, mientras su cerebro receptivo subordina la consciencia a las sensaciones de su cuerpo (identificación), y a la percepción de las de ella, hasta abandonarse juntos a la ola final del éxtasis. Así se produce el círculo por el juego de la dualidad asimétrica de las dos parejas del activo-pasivo y del pasivo-activo en estado eterno de permutación circular.

Entonces se produce una doble inversión cruzada, cuando la carga energética (la función) de los polos respectivos se invierte en cada uno en relación al polo correspondiente en la pareja.

Por ejemplo, en el caso de una unión ordinaria:
l.- El sexo del hombre toma posesión del sexo de la mujer.
2.- La consciencia femenina es activada.
3.- Ella recarga el cerebro del hombre que está receptivo (unificado).
4.- Activación más penetrante del sexo del hombre hasta la explosión orgásmica (implosión en la mujer).

Y en el caso del comienzo del abrazo inverso:
l.- El sexo de la mujer toma posesión del sexo del hombre. Ella es activa y móvil, él permanece inmóvil.
2.- Activación de la mente del hombre (visualización de la absorción de energías, control, lucidez).
3.- Sumergimiento de la consciencia femenina (unificada).
4.- Activación de su sexo (vibraciones uterinas).

Esta misma relación de antagonismo de polaridades se analiza a título de ejemplo:

SEXO DEL HOMBRE +

l.- Estimula activamente a la mujer (movimientos físicos)
2.- Ella recibe la energía y se abandona al deseo.
3.- Ella induce conscientemente las contracciones reflejas que llevan al orgasmo.
4.- Intensificación de la simiente sutil masculina (virya).

CEREBRO DEL HOMBRE –
Consciencia neutra, vitalizada.

———

Inversión de los roles:

SEXO DE LA MUJER +

l.- Estimula y emite energía.

SEXO DEL HOMBRE –

2.- Inmóvil absorbe.

CEREBRO DEL HOMBRE +

3.- Controla y retiene.

SEXO DE LA MUJER +

4.- Activación de las vibraciones sexuales.

——————–

CLIMAX DEL ORGASMO:

SM +

l.- Se abandona a la ola y se une al éxtasis del compañero.

2.- Absorbe y es recargada. Inducción de la simiente sutil (virya)..

3.- Ambos son un solo ser.

4.- Ella emite su energía sutil.

CM –

La importancia de esta visión reside en el hecho que el orgasmo es suscitado por la doble inversión cruzada de las polaridades, la sola capaz de exacerbar, por una parte, la presión casi insoportable de la energía en
el sentido de una explosión íntimamente deseada y atizada por la agitación de procesos psicológicos, y por otra parte, la contra-tensión psíquica que unifica los estados vibrantes de la energía en el sentido de una implosión, haciéndolos penetrar en la consciencia e interiorizándolos por una tensión unificada de toda la persona. Este retorno sobre sí, este “éntasis” (opuesto a éxtasis) es la experiencia cero que lleva al centro de un mandala.

PolaridadesAbrazoTantrico01
 

 

El juego antagónico y complementario de los cuatro polos de la cruz produce una circulación de energía en espiral que gira en ambos sentidos. Se puede imaginar los cuatro brazos de la cruz girando sobre sí mismos como los ejes de una rueda (lo que ocurre exactamente con los chakras), a fin de producir la espiral energética que conducirá a la explosión o implosión orgásmica (punto cero). Esta “transfusión” final estabiliza el movimiento y produce este salto en el vacío del cero central donde los polos se fusionan y las polaridades se anulan.

El juego tántrico propone entonces pasar de una lectura horizontal (orgasmo eyaculatorio percibido en el cuerpo y de corta duración) a una lectura vertical (dinamización vertical de las relaciones sexo-cerebro, orgasmo no eyaculatorio, fuera del tiempo y del cuerpo, éxtasis sentido más al nivel del cerebro que de las zonas genitales).

Se trata, entonces, para cada uno de los participantes:
l.- Asumir fácilmente la alternancia receptiva/emisora hombre/mujer. La mujer inicia el rito sexual siendo activa al comienzo.
2.- Saber controlar la eyaculación en el hombre y el orgasmo de tipo explosivo en la mujer. Este control debe ser adquirido por ciertas prácticas para permitir el abandono más allá del esfuerzo voluntario, siempre continuando la retención, hacia un orgasmo de tipo implosivo.

El “punto cero” es el justo equilibrio de donde puede brotar la consciencia andrógina. Siendo ella en su realización a la vez hombre y mujer, no es ni el uno y la otra sino que los transciende a ambos. Se podría entonces simbolizar su manifestación progresiva por el juego de relaciones del hombre exterior con su mujer interior, y de la mujer exterior con su hombre interior. Esto permite clarificar las relaciones en la pareja. Cuál es, por ejemplo, la relación del hombre interior de la mujer con el hombre exterior?

Si estos dos polos están activos, las energías se contraponen. Hay una pugna por quién dominará al otro… Lo que quiere decir que, en la visión transcendente, los semejantes se rechazan, en tanto que los contrarios se atraen. Entonces estas cuatro polaridades se funden en una imanencia común.

El orgasmo puede ser, por lo tanto, simbolizado por ese “punto cero” en el centro de una cruz en la cual se equilibran la horizontal y la vertical. Es el paso de la consciencia espacio-temporal del yo a la supra-consciencia (fuera del tiempo y del espacio) del Ser. Ultima y paradojal alquimia donde el otro (la puerta y el camino) desaparece, donde el ser (cuerpo-consciencia) se aniquila en el éxtasis de su desintegración. Llegando a ser Nada, él deviene el Todo. Esta “muerte de la muerte” es la resurrección de aquel que se concibe siendo concebido.

Margot Naslednikov

Traducido y extractado por Farid Azael de
Question de, N 42
Editions Retz
París