Ecología Profunda

Ecología Profunda

Vivir como si la Naturaleza importara

El término “Ecología Profunda” fue acuñado por Arne Naess y se refiere a un enfoque profundo y espiritual sobre la naturaleza, el que se deriva de una apertura más sensitiva hacia nosotros mismos y hacia la vida que nos rodea. La esencia de la ecología profunda brota, pues, naturalmente, del hecho de preguntarnos en profundidad sobre la vida humana, la sociedad y la naturaleza.

La ecología profunda es mucho más que una aproximación fragmentaria a los problemas medioambientales, una aproximación que intenta articular una visión religiosa y filosófica comprehensiva sobre el mundo. Sus fundamentos hay que buscarlos en aquellas intuiciones y experiencias con respecto a nosotros mismos y a la naturaleza que surgen espontáneamente de la conciencia ecológica junto a ciertas visiones naturales sobre la política y la sociedad.

La mayor parte de sus temas de interés son los tópicos que han preocupado a la filosofía y a la religión de todos los tiempos. Qué significa ser un individuo único? Cómo puede el ser individual conservar y potenciar su singularidad sin dejar de participar en un sistema global en el que no existe discontinuidad entre el ser y el otro? Una perspectiva verdaderamente ecológica puede conducir a aquello que Theodore Roszac denomina “el despertar de una totalidad que es algo más que la suma de sus partes. El espíritu de tal disciplina es, pues, contemplativo y terapéutico.”

La conciencia ecológica y la ecología profunda se hallan en abierta contradicción con la visión del mundo imperante en las sociedades tecnocrático-industriales que consideran que los seres humanos estamos aislados y separados y que debemos ejercer nuestro poder sobre el resto de la creación. Esta visión del ser humano como una especie superior que se halla separada de la naturaleza es una manifestación de un patrón cultural que ha venido obsesionando a la cultura occidental desde hace miles de años, el concepto de “dominio”: el dominio de la humanidad sobre la naturaleza, de lo masculino sobre lo femenino, de los ricos y los poderosos sobre los pobres, y, en suma, de la cultura occidental sobre la cultura oriental.

La conciencia ecológica profunda, por su parte, nos permite ir más allá de estas ilusiones erróneas y peligrosas. Según la ecología profunda, el estudio de nuestro lugar en el planeta Tierra nos obliga a reconocernos como parte de una totalidad orgánica. Pero ir más allá de la estrecha visión científico-materialista de la realidad nos obliga a fundir sus aspectos materiales y espirituales. Los líderes intelectuales más destacados de la visión del mundo imperante han tendido a considerar a la religión como una “mera superstición” y, en consecuencia, han subrayado la subjetividad de las antiguas prácticas espirituales y de la iluminación. La conciencia ecológica profunda, por su parte, constituye la búsqueda de una conciencia y de un estado de ser más objetivo mediante un cuestionamiento activo profundo, un proceso meditativo y un estilo de vida.

En el contexto de las diferentes tradiciones espirituales -cristianismo, budismo, taoísmo e iglesia nativa americana, por ejemplo- son muchas las personas que se han planteado en profundidad estos interrogantes y que han cultivado la conciencia ecológica y, si bien estas tradiciones difieren en muchos aspectos, todas ellas coinciden, sin embargo, en lo que respecta a los principios fundamentales de la ecología profunda.

El filósofo australiano Warwick Fox ha expresado sucintamente que la intuición central de la ecología profunda “es la idea de que no podemos establecer ninguna división ontológica definitiva en el campo de la existencia. En la realidad no existe ninguna diferencia radical entre el dominio humano y el dominio no humano… mientras sigamos percibiendo este tipo de fronteras no alcanzaremos a comprender qué cosa es la conciencia ecológica profunda.”

A partir de esta intuición fundamental característica de la conciencia ecológica profunda, Arne Naess ha desarrollado dos “normas últimas” -dos intuiciones que no se derivan de ningún otro principio o intuición- a las que sólo puede accederse mediante un proceso de cuestionamiento que nos revela la importancia del nivel filosófico y religioso. Estas intuiciones, sin embargo, no pueden ser verificadas mediante la metodología de la ciencia moderna, basada en premisas mecanicistas y en una definición excesivamente estrecha de los datos. Se trata de “la autorrealización y la igualdad biocéntrica”.

Autorrealización:
La norma de la autorrealización propuesta por la ecología profunda está relacionada con las grandes tradiciones espirituales de la mayor parte de las religiones del mundo y trasciende la noción occidental moderna que define al ser como un ego aislado cuyo impulso primario estriba en la gratificación hedonista o en una idea muy limitada de salvación individual en esta vida o la siguiente. El crecimiento y el desarrollo espiritual comienza cuando dejamos de concebirnos y de vernos a nosotros mismos como egos aislados que se hallan en oposición y nos abrimos a la identificación con otros seres humanos, comenzando por nuestra propia familia y siguiendo con nuestros amigos hasta terminar abrazando a toda la especie humana. Sin embargo, la ecología profunda va un paso más allá de esta identificación con la humanidad y subraya también la necesidad de llegar a identificarse con el mundo no humano. Debemos, pues, aprender a mirar más allá de las creencias y presupuestos de nuestra sociedad contemporánea, más allá de la sabiduría convencional de nuestra época y lugar, y esto sólo puede lograrse mediante un proceso meditativo de cuestionamiento profundo. Sólo de este modo podremos alcanzar la plena madurez de nuestra personalidad y de nuestra singularidad.

Una sociedad nutricia y no dominante puede resultar sumamente útil en el “trabajo real” de llegar a convertirnos en personas íntegras. Este “trabajo real” puede ser definido simbólicamente como la realización del “ser en el Ser”(entendiendo por “Ser” la totalidad orgánica) y también podríamos resumir en una frase el proceso del pleno desarrollo del ser diciendo: “Yo no puedo salvarme mientras no lo hagan todos los individuos”, (y entendiendo aquí por individuo no sólo al individuo humano sino -además de toda la humanidad- a las ballenas, los osos pardos, los ecosistemas de los bosques húmedos, las montañas, los ríos y el más diminuto de los miocrobios).

Igualdad biocéntrica:
La intuición de la igualdad biocéntrica afirma que todas las cosas tienen el mismo derecho a vivir, crecer y alcanzar sus propias formas individuales de expresión y autorrealización dentro del marco superior de la Autorrealización. Esta intuición básica se resume en la idea de que todos los organismos y entidades que pueblan la ecosfera participan de la misma totalidad interrelacionada y que, por consiguiente, tienen el mismo valor intrínseco.

Este concepto de igualdad biocéntrica está estrechamente relacionado con la noción de Autorrealización omni-inclusiva en el sentido de que, si dañamos a la naturaleza, en realidad nos estamos dañando a nosotros mismos. Desde este punto de vista, todo está interrelacionado y no existe frontera alguna. Pero, en la medida en que percibimos las cosas en tanto que entidades u organismos individuales, esta intuición nos conduce a respetar a todos los individuos -humanos y no humanos – como parte de la totalidad sin sentir la necesidad de establecer un orden jerárquico entre las distintas especies que se halle coronado por el ser humano.

Las implicaciones prácticas de esta intuición, o de esta norma, nos invitan a vivir causando el menor impacto posible sobre las otras especies y sobre el planeta en general. Entonces veremos otro de los aspectos de este principio fundamental: simple en medios y rico en objetivos.

En tanto que individuos y comunidades humanas tenemos necesidades vitales que van mucho más allá de la satisfacción de nuestras necesidades básicas -como el alimento y el abrigo, por ejemplo- necesidades entre las que se incluyen también el amor, el juego, la expresión creativa, la relación con un determinado paisaje (o con el conjunto de la naturaleza), la relación íntima con los demás seres humanos y la necesidad vital del desarrollo espiritual para llegar a devenir seres humanos maduros.

Es muy probable que nuestras necesidades vitales materiales sean mucho menores de lo que generalmente creemos. La abrumadora publicidad de las sociedades tecnocrático-industriales alimenta falsas necesidades y deseos destructivos que sólo sirven para aumentar la productividad y el consumo, lo cual, de hecho, no hace sino impedirnos afrontar de manera directa, objetiva y desde el principio, la necesidad de llevar a cabo un “trabajo real” de crecimiento y maduración espiritual.

La mayor parte de las personas no se sienten partícipes de las ideas propugnadas por la ecología profunda, pero reconocen, sin embargo, nuestra necesidad vital – y, en realidad, la necesidad vital que tiene toda forma de vida- de vivir en un entorno natural de calidad, generando la menor cantidad posible de residuos tóxicos, evitando la contaminación nuclear, el smog y la lluvia ácida y manteniendo los suficientes bosques como para poder permanecer en contacto con nuestras fuentes, con los ritmos naturales y con el flujo del tiempo y el espacio.

Las normas últimas propuestas por la ecología profunda se apoyan en una visión de la naturaleza, de la realidad y del lugar que ocupamos como individuos (múltiples en la unidad) en el esquema global de las cosas. Dichos principios no pueden ser abordados de un modo meramente intelectual sino que tan sólo pueden ser aprehendidos experiencialmente. El cuadro que presentamos a continuación resume la diferencia existente entre la visión del mundo predominante en nuestra sociedad y la visión que nos propone la ecología profunda.

 

Visión del mundo predominante Ecología profunda
Dominio sobre la Naturaleza. Armonía con la Naturaleza.
Entorno natural como fuente de provecho. Toda forma natural tiene valor intrínseco/igualdad biocéntrica.
Crecimiento económico/material en pos del crecimiento de la población. Necesidades materiales simples (los objetivos materiales se hallan supeditados a la meta superior de la autorrealización).
Creencia de que los recursos son inagotables Bienes terrenales finitos
Progreso y soluciones de carácter exclusivamente tecnológico Tecnología adecuada, ciencia no-dominante
Consumismo Hacer con lo suficiente, reciclaje

 

Bill Devall y George Sessions

Extractado por Farid Azael de
Trascender el Ego
Editado por Roger Walsh y Frances Vaughan
Kairós.

El Espíritu del Agua

El Espíritu del Agua

La pasión de Masaru Emoto

Entre los múltiples libros recientes dedicados al estudio del agua, destaca el trabajo microfotográfico del Dr. Masaru Emoto (22 de Julio, 1943), dedicado a este elemento esencial los últimos 11 años, y cuya amplia difusión a través de varios libros, abarca ya todo el orbe. En él, Emoto, con un título en Relaciones Internacionales (U. M. de Yokohama) y otro en Medicina Alternativa, demuestra iconográficamente cómo el agua reacciona con las más sutiles vibraciones de su entorno, mostrando insospechadas variaciones configurativas visibles en el congelamiento de una gota. Año tras año ha ido expandiendo sus experimentos y revelando evidencia que no sólo nos maravilla, sino que confirma que aún tras el velo químico, eléctrico o físico, el agua sigue siendo un gran misterio.

Muchas expresiones populares y proverbiales se refieren al agua de acuerdo a sus diversas posibilidades percibidas a través de la fe o de la observación de sus efectos: fuente de vida, vital elemento, agua viva, aguas curativas, aguas benditas, etc., siempre asociadas a la vida, la salud, la curación, la redención. El Dr. Emoto se propuso verificar si existían diferencias cualitativas entre estas diferentes aguas, desde la más corriente y químicamente tratada, de la red pública, hasta aquellas a las que se les atribuye propiedades curativas o milagrosas.



El método de Emoto considera el depósito de una gota del agua a observar en una placa de vidrio, que es congelada a -25 y observada al microscopio para luego fotografiar la forma cristalográfica obtenida. A pesar de que el laboratorio completo se mantiene a 5 bajo cero, el tiempo para tomar las fotografías no excede a los dos minutos, tiempo tras el cual el cristal comienza a deshacerse por el calentamiento producido por la luz del microscopio.

Los resultados obtenidos fueron mucho más lejos de lo que el propio Masaru Emoto podía suponer inicialmente. Descubrió que el agua no sólo reacciona a los agentes físicos, como la temperatura o la sequedad, sino que también a otros mucho más sutiles e intangibles como palabras, sonidos, sentimientos, pensamientos, imágenes, colores, etc., que afectaban la configuración de los cristales obtenidos.



La importancia del agua en nuestro planeta es evidente, pero, tomamos realmente consciencia de ello cada día, a pesar de que nuestra subsistencia depende de ella? Es sabido que el cuerpo humano está constituido por alrededor de un 70% de agua. En los recién nacidos y niños pequeños este porcentaje es mucho mayor aún. Si consideramos que toda esa agua podría estar siendo modificada en su configuración por el efecto de ambientes polutos, palabras duras o agresivas, vibraciones dañinas y el sinnúmero de agentes perturbadores que nos rodean cotidianamente, el efecto potencial resulta casi inimaginable para nuestros cuerpos y sus irradiaciones resultantes, y nuestro bienestar global. Por el contrario, el contacto con la naturaleza, con la buena música, con entornos pacíficos, con sentimientos positivos, contribuyen a limpiar y reorganizar la mayoritaria parte acuosa de nuestra constitución, impidiendo que se establezca un círculo vicioso.

Porque la mayoría de la contaminación que corrompe el agua emana de nosotros mismos, tanto de nuestras emociones y pensamientos negativos como de nuestra indolencia en mantener un entorno y actitudes personales apacibles y limpias en las que permanecer algún tiempo del día, cotidianamente. Es mera coincidencia la proliferación de los centros SPA (salud por agua) en todo el mundo?

El trabajo del Dr. Emoto ha encontrado bastantes reticencias en la comunidad científica, siendo criticado de falta de rigor científico y de la dificultad en reproducir los experimentos en condiciones fijas y establecidas mediante el procedimiento del doble ciego, de modo que el fotógrafo y sus propios sentimientos o estados anímicos no puedan afectar los resultados en una magnitud significativa. Aparentemente, el fotógrafo conoce a qué estuvo expuesta el agua cuyo cristal ahora observa, de modo que se le supone una expectativa que podría influir el resultado. Se lo acusa además de publicar sólo fotos seleccionadas de las múltiples que toma a cada cristal, y en general, de dar pocas explicaciones detalladas acerca de los métodos y procedimientos.

A pesar de estos detractores, válidos, creemos que el Dr. Emoto no es un científico nato, sino más bien un investigador apasionado en busca de evidencia y sentido. Y es innegable que, simbólicamente, las imágenes hablan por sí solas, y aunque puedan existir innumerables errores de método o interpretación, los resultados resultan impactantes y nos impulsan al menos a una detenida reflexión acerca de este elemento que damos por sentado y siempre disponible a granel en nuestro planeta.



El Agua es un elemento fundamental de la naturaleza. En ella surge la vida, tanto a nivel simbólico (el Espíritu sobre la faz de las aguas) como a nivel orgánico. Es el elemento en el que la vida no sólo nace, sino que también anida, como ocurre con el líquido amniótico en el que se desarrolla el feto de todos los mamíferos. El agua une los continentes, liga lo dispar, inunda todos los espacios disponibles acomodándose a la forma que lo recibe, siendo el elemento de contacto entre los elementos que le rodean.

Simbólicamente, el elemento agua, tanto en astrología como en psicología, representa a la psiquis, informe y omnipresente en la vida de los individuos, que incluye a las emociones en su octava menor, a los sentimientos en su octava mayor, además del pasado, los recuerdos, la vida arquetípica y simbólica. Cuando cualquier elemento toca el agua, como un guijarro lanzado a un estanque, las ondas se expanden a todo el continente, y del mismo modo las cosas que nos afectan, que nos recorren por completo en ondas de mayor o menor amplitud. Todo aquello que nos toca es aquello que tomó contacto con nuestra agua, de aquí la necesidad de su depuración, al ser nuestro principal objeto y elemento de transformación personal. Sólo el agua quieta y transparente puede mostrar sin distorsión el fondo y del mismo modo reflejar el cielo.

Físicamente, el agua tiene cualidades particulares, como que al helarse se expande, incluso antes de cristalizar. Y cuando se encuentra en estado sólido, congelada, se hace más liviana, de modo que flota por sobre el remanente líquido. El estado más denso del agua es el estado líquido. En ocasiones extraordinarias, el agua puede fluir en contra de la gravedad, como en las llamadas aguas artesianas. Gramaticalmente, el agua es una palabra femenina, pero se habla de el agua y las aguas, comportándose, en este sentido, como andrógina, al menos en español. Todas estas características suscitan evocaciones y provocan asociaciones, al extrapolarlas a lo psíquico. En un sentido más trascendente, el Agua se asocia al Alma como el núcleo de la encarnación. Y el Alma, tal como el agua, conserva la información incorporada por la experiencia, que resulta lo más asombroso del elemento químico. Aún cuando se evapore y desaparezca como forma física, mantiene la información que almacena. Este sería uno de los fundamentos de las aguas curativas.

El congelamiento de una gota de agua pura en condiciones naturales forma un núcleo hexagonal regular, que puede crecer o engalanarse con otros atributos según las cualidades del agua que se trate. Curiosamente, el Dr. Emoto no ha podido hasta el momento obtener cristales del agua de mar. De los cristales formados, los más bellos son aquellos formados a partir de agua de vertiente o manantial; por el contrario, las aguas estancadas o polutas pueden producir hexágonos incompletos o aún no cristalizar en absoluto. Sin embargo, los experimentos han mostrado que incluso al agua más contaminada puede incorporársele información que modifique la estructura y vuelva a formar hermosos cristales.



Esta información incorporada puede provenir de las más variadas fuentes como sentimientos positivos, colores, música, piedras preciosas o semipreciosas, la oración, la devoción, etc. Porque la conclusión fundamental de la evidencia mostrada en estos trabajos es que el agua es el elemento más receptivo que existe, lo que ya se sabía desde la antigüedad. Así pues, un agua poluta o muerta puede ser revertida en su corrupción.



Los experimentos han mostrado que si bien las peores formas se obtienen a partir de las aguas pantanosas o estancadas, las que difícilmente forman cristales, el agua clorada de la red pública tampoco produce formas bellas, y muchas veces los cristales no resultan completos o regulares. Las formas más hermosas, delicadas y llenas de detalles que maravillarían a un experto joyero, se producen en forma natural a partir de agua tomada de vertientes o manantiales.



Ante estas imágenes cualquier explicación sobra, y sin embargo, el misterio se mantiene. Emoto ha mostrado que el contacto del agua con elementos tan simples como la palabra gracias, o amor podía transformar los cristales obtenidos. Se ha observado que las fases lunares influyen la formación de los cristales, al igual que la posición de los planetas cercanos. Curiosamente, los resultados no son iguales si las palabras son dichas o mostradas en un idioma que en otro. La exposición del agua a cierta música, a ciertos colores, o incluso fotos de paisajes, también modificaría positivamente los cristales resultantes. Del mismo modo, la agresividad o la violencia era capaz de suprimir la capacidad de cristalizar, como se vio en las experiencias de exponer al agua a los insultos o a la música heavy metal.



Podemos ir constatando los efectos de nuestro lenguaje cotidiano sobre el 70% que nos constituye. Por más sesgo que pueda haber en los experimentos, hay efectos constatables. No sólo las palabras duras que decimos a otros, sino las que nos decimos constantemente a nosotros mismos cuando las cosas no salen como esperábamos, y que nos predisponen a establecer círculos viciosos repetitivos. Sólo imaginemos las configuraciones que podría adquirir nuestra agua personal frente a las formas en las que nos castigamos a diario por no ser perfectos. Tanto en el caso de la influencia negativa como de la positiva sobre el agua, tal vez no sean las palabras las que agreguen atributos al sencillo hexágono basal, sino la intención ofensiva o amorosa de quien las escribe o emite. Es decir, el agua personal de quien ejecuta la acción en contacto con la gota observada, en cuyo caso el resultado sería tanto o más impresionante. El hecho de que los resultados no puedan ser reproducidos en forma exacta, esto es, que no puedan establecerse mecánicamente situaciones iguales, resulta mucho más sugerente desde el punto de vista del significado, aunque carezcan de rigor científico.

La memoria del agua
Es universalmente conocido que la molécula de agua se forma de dos átomos de hidrógeno, de carga eléctrica positiva, y uno de oxígeno de carga negativa. Esta molécula no es regular ni simétrica, presentando un polo positivo y uno negativo; de esta forma se une a otras moléculas de agua mediante puentes de hidrógeno, formando agregados moleculares de más o menos magnitud denominados cluster. Aparentemente, esta forma de agregarse de las distintas moléculas individuales es la que varía de acuerdo a la información o vibración circundante (ya que la molécula inicial es siempre igual), y de este modo se conservaría la información. El cluster producido en determinadas circunstancias ambientales se seguiría agregando de forma similar aún cuando fuera evaporada y luego condensada en un nuevo matraz. Cada vibración induciría una forma de agregarse distinta de las moléculas, conservando en el tiempo esa vibración específica producto de esa agregación, la que constituye su estado energético, medible en forma de frecuencias vibratorias.

Esta es la base de la Homeopatía fundada por el intuitivo Dr. S. Hahnemann (1755-1843), quien obtenía productos activos sobre la base de una dilución tan exhaustiva de los productos, que no podía encontrarse rastro de ellos en el resultado final, lo que evidentemente desafiaba a la medicina convencional. Lo que Hahnemann hacía era recoger sólo la información del producto y almacenarla vibracionalmente en el agua, actuando así a un nivel completamente esencial sobre la enfermedad, y libre de los efectos adversos de los medicamentos que mantienen los productos químicos en forma directa.

Principios similares de esencialidad guían las terapias florales como las del Dr. E. Bach y otras como las de Findhorn que ni siquiera cosechan las flores o plantas curativas, sino que sólo exponen el agua de manantial a su influjo bajo la luz del sol o de la luna. En estas medicinas no se hace diferencia entre la salud del cuerpo y la del alma, y tanto la jaqueca como la melancolía pueden encontrar su tratamiento y cura. Si asociamos esta medicina esencial a las fotografías del Dr. Emoto, encontraremos completa coherencia en estos fundamentos.

Percibiendo al Mundo como a Uno Mismo

Percibiendo al Mundo como a Uno Mismo

La Emergencia de una Etica medioambientalista.

A lo largo de la historia de Occidente hemos valorado al mundo natural de acuerdo a su utilidad para los seres humanos. Viendo a la naturaleza como un proveedor de materias primas, un receptáculo de desperdicios y un vehículo para nuestro placer, hemos subordinado las necesidades del mundo natural a las necesidades de la humanidad. En el pasado, esto puede haber sido una visión adecuada dada la necesidad de sobrevivir en un mundo a menudo cruel e inhóspito.

Pero ahora hay demasiados de nosotros que continúan consumiendo los recursos del planeta sin mirar las consecuencias futuras. Reconociendo que debemos comenzar a transformar nuestros roles de conquistadores a administradores planetarios, el movimiento en favor del medio ambiente ha buscado reformar nuestra visión de la naturaleza.

Los Budistas enseñan que lo que nosotros vemos como separado es fundamentalmente algo que hace vibrar una cuerda dentro de nosotros. Mi práctica me ayuda a explorar la ecología de nuestro mundo simplemente como es: el mundo no es otra cosa que uno mismo, ya sea que yo esté inmerso en la frescura de un verde bosque o en la selva de concreto de una gran ciudad.

Más aún, como alguien a quien se le paga para que encuentre mejores formas de protección gubernamental del medio ambiente, diariamente tengo el desafío de llevar esta enseñanza a la práctica. Cómo incorporar al mundo entero a nuestra visión para cumplir tanto con nuestras reales necesidades y con las necesidades del planeta ? Aquellos que se esfuerzan por vivir una vida ética se encuentran enfrentados a un conflicto entre dos “derechos”. Como administradores del planeta, debemos mirar precisa y científicamente hacia nuestras interacciones con el medio ambiente. El poder de dominar confiere la responsabilidad de comprender las consecuencias de tal dominación. Lo que me desanima no es tanto que mucha gente no valore el ambiente natural, sino que tenemos tan poco conocimiento de nuestro impacto sobre las criaturas con quienes compartimos el planeta.

Reconociendo conscientemente el valor intrínseco de todos los seres (sin distinguir entre seres humanos, animales y plantas) reconocemos nuestro deber para apreciar la naturaleza y comenzar a preguntarnos sobre nuestro excesivo énfasis en satisfacer nuestros deseos personales. Ya sea que nos demos cuenta o no, estamos enfrentados ante una elección fundamental: sustentar al mundo natural o perpetuar una sociedad obsesivamente materialista. A la fecha, la resolución de este conflicto casi siempre ha favorecido al materialismo.

Las cosas han empezado a cambiar. Un claro ejemplo de cómo empezamos a apreciar el medio ambiente es el Acta de Especies en Peligro. Pero, simplemente decretar la ley era fácil en comparación a implementarla. El Acta de Especies en Peligro proclama el derecho de toda criatura a vivir en un ambiente saludable y perpetuar su propia especie. Algunos de nosotros nos hemos preguntado: Nos demanda esta ley proteger a toda costa especies únicas y subespecies amenazadas por el avance de la civilización ? La extinción es parte del ciclo de nacimiento y muerte de la naturaleza. Por qué deberían los humanos sacrificar su subsistencia para garantizar la supervivencia de, digamos, aquella solitaria lechuza moteada del Norte ? Acaso allá no están llenos de otras especies de lechuzas que lo pasan bastante bien ?

Tal retórica desmiente una visión instrumental de la naturaleza, ella es vista como medio para un fin, no como un mérito intrínseco. Un ejemplo, las lechuzas moteadas del Norte están próximas a su extinción porque su hábitat, las zonas templadas de los bosques lluviosos del Pacífico Nor-occidental, están siendo rápidamente destruidas. Las lechuzas moteadas del Norte no son “útiles”, pero explotar los árboles donde ellas viven proporciona trabajo. El desmantelamiento de esos árboles es a muy corto tiempo económicamente más valioso para los humanos que salvar a la lechuza moteada del Norte. Y cuando los empleos están en juego, para algunos la decisión a seguir es simple.

Los defensores del medio ambiente están tratando de salvar a la lechuza moteada del Norte y a los bosques templados del Pacífico Nor-occidental a través del Acta de Especies en Peligro de Extinción. Proteger esos bosques podría proporcionar otros beneficios además del habitat para las especies en peligro. Estaríamos preservando los beneficios recreacionales que estos bosques nos proporcionan y la pesca del salmón que depende de sus arroyos. Proteger los bosques, que son el hogar de muchas criaturas salvajes, también proporciona a los humanos un medio para recrearse y armonizar con un mundo que es verdaderamente salvaje. A largo plazo, los bosques lluviosos templados me parecen ser considerablemente de mayor valor que la madera producida por su destrucción.

En otras publicaciones sobre el medio ambiente, donde líderes gubernamentales y empresariales alegan: “o trabajo, o medio ambiente, amigos”, un examen más cercano de la situación revela la falacia de estos argumentos simplistas.

Pero, si usamos argumentos económicos para contrarrestar aquellos de, digamos, la industria maderera no estaríamos aún valorando el mundo natural solamente por su beneficio para los humanos ? Hasta cierto grado, la proyección de valores sobre el mundo natural es inevitable. Protegemos la pesca costera de la sobre-explotación y contaminación tóxica porque las personas dependen de su valor extractivo, no necesariamente porque reconozcamos el derecho inherente de los peces para vivir en su medio ambiente.

Usar el mundo natural para el beneficio humano, es en cierto grado inevitable. Pero si no nos moderamos a través de una apreciación del valor intrínseco de todos los seres, este tipo de actitud nos conducirá a un horrendo futuro. Si el valor del mundo natural es contingente sólo desde el punto de vista de nuestro uso de él, lo protegeremos solamente mientras nos provea de recursos valiosos. Si el día de mañana aprendemos como manufacturar árboles plásticos que convengan más económicamente a nuestras necesidades que los árboles reales, nuestra visión utilitaria del mundo natural estimulará el reemplazo de bosques vivientes por bosques plásticos.

Al llegar a percibir la comunidad humana como parte de una comunidad planetaria, asumiríamos una obligación de vincular los intereses humanos con los intereses de todos los seres sensibles. Si nuestro núcleo familiar pudiera extenderse a nuestra familia planetaria, podríamos reconocer la importancia de proteger estrictamente y distribuir equitativamente los recursos materiales. Sería fácil apreciar aquello con lo que nos relacionáramos íntimamente.

Cómo percibe usted el mundo natural? Cómo define usted sus necesidades en relación a las necesidades del planeta? Para mí, lanzar estas preguntas es posible sólo en la medida en que yo esté más consciente de que las necesidades humanas son las mismas que las del planeta. Para citar al poeta budista Gary Snyder, el gran desafío de mi vida ha sido aprender a caminar livianamente sobre la tierra”.

Ames B. Colt

Traducido y extractado por Tatiana Reyes de
Biography of Ames B. Colt
University of Massachusetts-Boston, 1993

Ecología de la Mente

Ecología de la Mente

Recientemente asistí a un importante encuentro en Moscú, donde se efectuaba un congreso llamado Foro Mundial de Parlamentarios y Líderes Espirituales para la Sobrevivencia Humana. El tema principal fue nuestra relación con el mundo, cómo lo estábamos destruyendo, y cómo nosotros, los seres humanos podríamos sobrevivir. La clave de este encuentro fue, obviamente, la ecología, que es la rama de la biología que trata de la relación de los seres vivientes y el medio ambiente.

Cuál es la relación con nuestro ambiente? Esta es una materia que las enseñanzas de Buda exponen muy claramente. En los tiempos de Buda no había la misma clase de problemas con la contaminación del aire, del agua y de la tierra. Por eso Buda no nos habló específicamente de esas clases de contaminación. El nos enseñó un tipo de ecología más básica y más comprensible.

Esta enseñanza es tan fundamental que no solamente es la ecología biológica una natural consecuencia de esta enseñanza, sino del mismo modo es ecología ética, ecología espiritual, y finalmente, a través de la enseñanza de los Patriarcas, la ecología de momento a momento: situación correcta, relación correcta, función correcta. Si nosotros entendemos este camino correctamente, entonces podremos entender todas las relaciones, incluyendo nuestra relación con el medio ambiente, lo que significa no sólo la tierra, el agua, el aire, el cielo, los árboles, las plantas y los animales, sino también cualquier otro ser humano.

Desde el punto de vista de las enseñanzas de Buda, un foro para la supervivencia humana es un error. Esta meta ya separa a los seres humanos del resto del mundo. No es suficiente amar este mundo para que los seres humanos puedan sobrevivir. Eso no es verdadero amor, porque el amor verdadero es incondicional. De hecho, en este foro varios expositores hablaron de amor. Entonces, qué es amor? Alcanzar el verdadero amor es llegar a ser ecológicamente correcto en nuestra relación con el medio ambiente.

Hay una rama de la ciencia que es relativamente nueva. Es el estudio del caos. Mientras que para nosotros la palabra caos implica un estado de total confusión, para los científicos ella tiene un significado muy específico que implica una ecuación con un número de posibles soluciones en cualquier momento. Las ecuaciones describen turbulencias, fenómenos meteorológicos, o aun, las variaciones en las existencias de mercaderías en un rubro comercial dado, como ejemplo de situaciones caóticas.

Lo más interesante es que los científicos han encontrado que en cualquier clase de sistema caótico hay algún orden. También han encontrado que en muchos sistemas de quienes hasta ahora se pensó que eran muy ordenados y predecibles, aparecen algunas conductas caóticas a lo largo del tiempo. Esto no es muy sorprendente para los seguidores de los sabios del Oriente.

La bandera de Corea es un buen ejemplo de esto. Es básicamente un símbolo del yin y del yang. El sector del yang tiene un pequeño trozo del color del yin y, a su vez, el sector del yin tiene un pequeño trozo del color del yang. El yin da nacimiento al yang, el yang da nacimiento al yin. El caos da nacimiento al orden, y viceversa. Esta es la causa de por qué nosotros vivimos en un mundo de opuestos. Si tú eliminas un opuesto, el otro no puede existir. Si eliminas al hombre en su masculinidad, el mundo femenino llega a no tener sentido. Si eliminas la oscuridad, no podría haber luz. Si eliminas la ignorancia, no podría existir la iluminación.

En este mundo de opuestos, cómo encontrar nuestra situación correcta, relación correcta y función correcta? Comprender este mundo de opuestos es respetar a toda la naturaleza. Es una locura tener aversión a la noche, porque sin ella no existiría el día. Respetar la naturaleza es renunciar a la noción de propiedad de ella, de propiedad de este mundo. No tratar este mundo como mi mundo es darse cuenta de que pertenece a todo lo viviente.

Nuestra tarea entonces llega a ser más clara. Nuestra vida no proviene solamente de nuestros padres. La tierra, el aire, el agua, el sol y la luna, todos mantienen nuestra vida; de hecho, ellos nos dan vida. Todos son nuestros padres. Así como tenemos una obligación con ellos, la debemos extender al mundo entero. Esa es la enseñanza de Buda. Esa es nuestra verdadera enseñanza de la naturaleza. En otras palabras, lo medular no es tanto la polución del medio ambiente, sino la contaminación de nuestra mente.

Buda enseñó algo muy simple. Él enseñó cómo tratar con la ira, la codicia y la ignorancia. Tres grandes contaminantes. Si nosotros somos capaces de eliminar esta contaminación, entonces las otras clases de contaminación también desaparecerían. Si no la eliminamos, es imposible lograr una verdadera armonía con la naturaleza. Sin armonía con ella es imposible evitar el daño al medio ambiente.

Algo que uno aprende en sus clases de Ciencias de la enseñanza básica es lo que pasa si conectamos dos depósitos, uno lleno de agua caliente y el otro lleno de agua fría. Cuando los depósitos se conectan y el agua puede mezclarse libremente, muy pronto, aún sin agitarlos, la temperatura llega a ser uniforme. El que estaba caliente se enfría, y el que estaba frío se calienta. El agua caliente tiene más energía térmica. Esta energía busca un nivel donde balancearse, intenta un tipo de equilibrio.

Observamos esto en cualquier parte de la naturaleza. En el Foro algunos dijeron que el mundo está desbalanceado. Pero el mundo está siempre equilibrado. Todos los problemas del medio ambiente tienen como resultado hambre, enfermedad, muerte. Esto es correcto. Es parte de la ecuación equilibrada. Es la energía negativa de los seres humanos dispersándose a través de nuestro mundo. Eso es también enseñanza del Buda. Él nos enseñó el equilibrio. Cómo lograr un correcto equilibrio en nuestra vida, en nuestra mente, en las relaciones con nuestra familia, nuestros amigos, con el mundo entero incluidos animales, árboles, aire.

En el Foro, la gente habló de varios problemas ambientales y sugirió algunas soluciones. Se habló acerca de las enseñanzas del Karma. En este mundo cada resultado viene de una causa. Entonces, cualquier enfermedad tiene una causa en su origen. Es muy importante modificar la causa original así cualquier desdicha, cualquier karma, puede cambiarse. Para lograr esto, es necesario que todos nosotros acallemos nuestras opiniones, nuestro entendimiento, nuestro yo, mío, mi. Se pidió a cada uno mantener la mente despejada. Esto significa que cualquiera puede obtener energía del Dharma. Entonces esta energía puede dispersarse a través de todo el mundo.

Esta enseñanza es muy simple y muy clara. Pero los que practican saben que por muy simple que sea, no siempre es fácil llevarla a cabo. Este es uno de los grandes desagrados de los alumnos Zen, al juzgar su propia práctica y cuestionar su propia capacidad para hacer los esfuerzos requeridos.

Algunas veces aparecen grandes impedimentos en nuestras vidas, en nuestra práctica, y esto nos induce a abandonarnos a nuestras propias dudas y a paralizarnos. Los problemas ecológicos a los que nos enfrentamos parecen abrumadores. La contaminación mental, para aquellos que intentan una práctica, es a menudo más abrumadora aún. Cómo podemos siquiera empezar a ayudar a este mundo? Una de las enseñanzas más importantes que he recibido es que hay dos clases de mente. Hay una mente que dice yo puedo y otra que dice yo no puedo. Si uno piensa no puedo, entonces uno no puede. Si alguien piensa yo puedo, entonces aquello se hace posible. Lo mejor de todo, por supuesto, es no pensar nada, sino realmente hacerlo. En cada momento de nuestra vida el Buda continúa dándonos un gran regalo, su Dharma. La mejor forma en que podemos retribuirle como agradecimiento es aplicar esta enseñanza en nuestras vidas. Significa haz el correcto equilibrio; haz la correcta armonía; haz el verdadero amor; haz momento a momento la situación correcta, la relación correcta, la función correcta. Entonces nuestra vida ya no es nuestra, sino que pertenece al total del universo. Verán que una vida ecológicamente correcta no es nada especial. Es simplemente la función correcta de nuestra verdadera naturaleza. Esto es en verdad el gran camino personal. podemos lograrlo ahora?

Jacob Perl

Traducido y extractado por Patricia Zárraga de
Perl, Jacob.- Ecology of Mind.

El Amor a la Tierra

El Amor a la Tierra

ElAmoralaTierra

 

Hemos caminado tanto, y todo era sólo tu tierra arada, los terrones negros y el olor de la
tierra, el sabor de las hojas, las manos mojadas de ti. La tierra caliente, poseída por las semillas, por los arados, por la lluvia, por los pies de los hombres. En ti nos juntamos, nos salvamos. Por ti todos somos iguales, navegamos, somos ríos, desiertos, volcanes. Somos el polvo por donde pasan los valles, las montañas, la Cruz del Sur, como si fueran el viento. Toda la tierra circula por dentro de nosotros.Si vuela una garza, vuela dentro de nosotros. Si explota un volcán, explota dentro de nosotros. Si lloramos, llueve. Si amamos, los almendros florecen. Si acogemos a alguien, la tierra nos acoge. Si aceptamos a alguien, somos aceptados. No sólo nos representa: somos lo mismo.

En mi niñez lloré entre los altos pastos, lloré de felicidad, sentía tu calor en mi cuerpo, en tus hojas, en tu guindo florido: blanco, esplendoroso: me parecía Dios. Fundido en tu calor, era tu luz.

Fue un resplandor, se abrió la tierra y la lluvia corría, y corría el agua de Dios: el cielo, el sol, el pasto cristalino, Yo era el cielo, el pasto, el sol. Te besaba, te acariciaba, te contaba mi vida.

Tu amor pasaba por mí, como redención de mi ceguera. Era el verdadero lenguaje sagrado, así, aquí. como espuma de la tierra.

Madre-Dios nos llevas a ti, dentro de ti y de nosotros. A tu contemplación de todos los opuestos, A tu reconocimiento en la oración. Despertados, disueltos en ti.

Hernán Baeza.
Una Llamada a la Responsabilidad Colectiva

Una Llamada a la Responsabilidad Colectiva

Hermanas y hermanos:

Pensando en el tema de esta charla, he decidido haceros partícipes de algunas de mis reflexiones sobre los problemas comunes que todos nosotros debemos afrontar como miembros de la gran familia humana.

Compartimos este pequeño planeta que llamamos Tierra y, en consecuencia, tenemos que aprender a vivir en paz y armonía con nosotros mismos y con la naturaleza. Y no estoy hablando de una mera utopía sino de una verdadera necesidad. Dependemos hasta tal punto los unos de los otros que ya no podemos seguir viviendo en comunidades aisladas ignorando lo que sucede fuera de ellas.

La comprensión de que todos somos iguales y de que, por consiguiente, todos tratamos de buscar la felicidad y evitar el sufrimiento resulta sumamente útil a la hora de desarrollar un sentimiento de fraternidad, de amor y de compasión que resulta tan fundamental si queremos sobrevivir en este mundo cada vez más pequeño en el que vivimos. Si cada uno de nosotros se ocupara, de un modo puramente egoísta, exclusivamente en aquello que le interesa y se despreocupara de las necesidad ajenas, no sólo dañaríamos a los demás sino que también terminaríamos dañándonos a nosotros mismos. Esta es una situación que ha quedado perfectamente clara a lo largo del presente siglo. Sabemos ya que una guerra nuclear supondría un suicidio colectivo y que la polución indiscriminada del aire y los océanos , buscando conseguir el mayor beneficio al menor corto plazo posible, terminaría destruyendo el fundamento mismo de nuestra supervivencia. Así pues, a medida que las relaciones entre las naciones y entre los individuos se vuelven cada vez más interdependientes no nos queda más alternativa que desarrollar lo que podríamos llamar un sentido de responsabilidad universal.

No cabe duda de que los seres humanos somos miembros de una familia global y que lo que sucede en cualquier parte del planeta nos afecta a todos. Esto, por supuesto, no se refiere únicamente a las cosas negativas sino que es igualmente aplicable también a las positivas. La extraordinaria tecnología de los medios de comunicación nos permite conocer de inmediato lo que acontece en cualquier parte del mundo y, al mismo tiempo, nos torna vulnerables a los sucesos que tienen lugar en la otra parte del planeta. Es por ello que nos entristecemos cuando nos enteramos de que los niños mueren de hambre en África oriental y que nos sentimos alegres cuando sabemos que una familia consigue reunirse tras permanecer separada durante varias décadas por el muro de Berlín. Nuestras cosechas y nuestro ganado pueden verse contaminados y nuestra salud y sustento amenazados por un accidente nuclear que tiene lugar a miles de kilómetros de distancia y nuestra propia seguridad se ve fortalecida cuando dos facciones que se hallan enfrentadas bélicamente en cualquier país deciden establecer la paz.

Pero la guerra o la paz, la destrucción o la conservación de la naturaleza, la violación o la protección de los derechos humanos y las libertades democráticas, la pobreza o el bienestar material, la carencia de valores morales y espirituales o su existencia y desarrollo, y, en suma, la imposibilidad o la posibilidad de entendimiento entre los seres humanos, no son fenómenos aislados que puedan ser analizados o abordados independientemente. De hecho, se hallan tan interrelacionados en todos sus niveles que para poder abordarlos adecuadamente necesitamos considerarlos desde esta perspectiva.

La paz – en el sentido de ausencia de guerra – tiene poco valor para alguien que está muriendo de hambre o de frío, no sirve de mucho para mitigar el dolor de la tortura infligida al prisionero político y tampoco conforta a quienes han perdido a sus seres queridos en una inundación causada por la deforestación indiscriminada en un país vecino. La paz sólo puede mantenerse de manera estable allí donde se respetan los derechos humanos, allí donde la gente está suficientemente alimentada y allí donde los individuos y las naciones gozan de verdadera libertad. Sin embargo, la verdadera paz tanto con el mundo que nos rodea como con nosotros mismos sólo puede ser alcanzada a través del desarrollo de la paz dentro de nuestra propia mente.

El desarrollo material es, sin ningún género de dudas, importante para el progreso de la humanidad; pero sin el contrapunto del desarrollo espiritual también puede acarrear graves problemas. Creo, pues, que ambos tipos de desarrollo tienen importancia y debemos fomentarlos conjuntamente para poder alcanzar un verdadero equilibrio.

La clave radica en la paz interior porque, en tal caso, los problemas externos no podrán llegar a perturbarnos. De este modo podremos afrontar las situaciones que nos depare el futuro con calma y racionalidad sin perder nuestra felicidad interior. Esto es muy importante ya que, por más confortable que sea nuestra vida, si carecemos de esta paz interior permaneceremos a merced de las circunstancias externas.

Por eso resulta evidente que debemos tratar de resolver los problemas de un modo equilibrado teniendo en cuenta todos los aspectos implicados. Esto, por descontado, no es nada fácil, pero resulta inútil tratar de resolver un problema si al hacerlo creamos otro de igual magnitud. No nos queda, pues, más alternativa que asumir nuestra responsabilidad universal no sólo en un sentido geográfico sino también con respecto a la totalidad de los problemas que afectan a nuestro planeta.

La responsabilidad no sólo afecta a los dirigentes de los países o a aquellos que han sido elegidos o designados para desempeñar esta labor sino que, de hecho, nos atañe individualmente a cada uno de nosotros. La paz comienza en cada uno de nosotros. Y sólo cuando hemos logrado la suficiente paz interior podremos estar en paz con quienes nos rodean; sólo cuando nuestro país está en paz podemos compartir la paz con los países vecinos, y así sucesivamente. El amor y la bondad no sólo hacen que los demás se sientan queridos y cuidados sino que también nos ayudan a afianzar nuestra paz y nuestra felicidad. Existen técnicas para trabajar y desarrollar conscientemente los sentimientos de amor y de bondad. Para ciertas personas, el modo más eficaz consiste en comprometerse con una determinada práctica religiosa mientras que para otras, por el contrario, puede no tener nada que ver con la religión. Lo único verdaderamente importante es hacer el esfuerzo sincero de asumir nuestra parte de responsabilidad con respecto a los demás y con respecto al entorno natural que nos rodea.

Dalai Lama

Extractado por Tatiana Reyes de
R. Walsh y F. Vaughan.- Trascender el Ego.- Kairós

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