El Amor a la Tierra

El Amor a la Tierra

ElAmoralaTierra

 

Hemos caminado tanto, y todo era sólo tu tierra arada, los terrones negros y el olor de la
tierra, el sabor de las hojas, las manos mojadas de ti. La tierra caliente, poseída por las semillas, por los arados, por la lluvia, por los pies de los hombres. En ti nos juntamos, nos salvamos. Por ti todos somos iguales, navegamos, somos ríos, desiertos, volcanes. Somos el polvo por donde pasan los valles, las montañas, la Cruz del Sur, como si fueran el viento. Toda la tierra circula por dentro de nosotros.Si vuela una garza, vuela dentro de nosotros. Si explota un volcán, explota dentro de nosotros. Si lloramos, llueve. Si amamos, los almendros florecen. Si acogemos a alguien, la tierra nos acoge. Si aceptamos a alguien, somos aceptados. No sólo nos representa: somos lo mismo.

En mi niñez lloré entre los altos pastos, lloré de felicidad, sentía tu calor en mi cuerpo, en tus hojas, en tu guindo florido: blanco, esplendoroso: me parecía Dios. Fundido en tu calor, era tu luz.

Fue un resplandor, se abrió la tierra y la lluvia corría, y corría el agua de Dios: el cielo, el sol, el pasto cristalino, Yo era el cielo, el pasto, el sol. Te besaba, te acariciaba, te contaba mi vida.

Tu amor pasaba por mí, como redención de mi ceguera. Era el verdadero lenguaje sagrado, así, aquí. como espuma de la tierra.

Madre-Dios nos llevas a ti, dentro de ti y de nosotros. A tu contemplación de todos los opuestos, A tu reconocimiento en la oración. Despertados, disueltos en ti.

Hernán Baeza.
Una Llamada a la Responsabilidad Colectiva

Una Llamada a la Responsabilidad Colectiva

Hermanas y hermanos:

Pensando en el tema de esta charla, he decidido haceros partícipes de algunas de mis reflexiones sobre los problemas comunes que todos nosotros debemos afrontar como miembros de la gran familia humana.

Compartimos este pequeño planeta que llamamos Tierra y, en consecuencia, tenemos que aprender a vivir en paz y armonía con nosotros mismos y con la naturaleza. Y no estoy hablando de una mera utopía sino de una verdadera necesidad. Dependemos hasta tal punto los unos de los otros que ya no podemos seguir viviendo en comunidades aisladas ignorando lo que sucede fuera de ellas.

La comprensión de que todos somos iguales y de que, por consiguiente, todos tratamos de buscar la felicidad y evitar el sufrimiento resulta sumamente útil a la hora de desarrollar un sentimiento de fraternidad, de amor y de compasión que resulta tan fundamental si queremos sobrevivir en este mundo cada vez más pequeño en el que vivimos. Si cada uno de nosotros se ocupara, de un modo puramente egoísta, exclusivamente en aquello que le interesa y se despreocupara de las necesidad ajenas, no sólo dañaríamos a los demás sino que también terminaríamos dañándonos a nosotros mismos. Esta es una situación que ha quedado perfectamente clara a lo largo del presente siglo. Sabemos ya que una guerra nuclear supondría un suicidio colectivo y que la polución indiscriminada del aire y los océanos , buscando conseguir el mayor beneficio al menor corto plazo posible, terminaría destruyendo el fundamento mismo de nuestra supervivencia. Así pues, a medida que las relaciones entre las naciones y entre los individuos se vuelven cada vez más interdependientes no nos queda más alternativa que desarrollar lo que podríamos llamar un sentido de responsabilidad universal.

No cabe duda de que los seres humanos somos miembros de una familia global y que lo que sucede en cualquier parte del planeta nos afecta a todos. Esto, por supuesto, no se refiere únicamente a las cosas negativas sino que es igualmente aplicable también a las positivas. La extraordinaria tecnología de los medios de comunicación nos permite conocer de inmediato lo que acontece en cualquier parte del mundo y, al mismo tiempo, nos torna vulnerables a los sucesos que tienen lugar en la otra parte del planeta. Es por ello que nos entristecemos cuando nos enteramos de que los niños mueren de hambre en África oriental y que nos sentimos alegres cuando sabemos que una familia consigue reunirse tras permanecer separada durante varias décadas por el muro de Berlín. Nuestras cosechas y nuestro ganado pueden verse contaminados y nuestra salud y sustento amenazados por un accidente nuclear que tiene lugar a miles de kilómetros de distancia y nuestra propia seguridad se ve fortalecida cuando dos facciones que se hallan enfrentadas bélicamente en cualquier país deciden establecer la paz.

Pero la guerra o la paz, la destrucción o la conservación de la naturaleza, la violación o la protección de los derechos humanos y las libertades democráticas, la pobreza o el bienestar material, la carencia de valores morales y espirituales o su existencia y desarrollo, y, en suma, la imposibilidad o la posibilidad de entendimiento entre los seres humanos, no son fenómenos aislados que puedan ser analizados o abordados independientemente. De hecho, se hallan tan interrelacionados en todos sus niveles que para poder abordarlos adecuadamente necesitamos considerarlos desde esta perspectiva.

La paz – en el sentido de ausencia de guerra – tiene poco valor para alguien que está muriendo de hambre o de frío, no sirve de mucho para mitigar el dolor de la tortura infligida al prisionero político y tampoco conforta a quienes han perdido a sus seres queridos en una inundación causada por la deforestación indiscriminada en un país vecino. La paz sólo puede mantenerse de manera estable allí donde se respetan los derechos humanos, allí donde la gente está suficientemente alimentada y allí donde los individuos y las naciones gozan de verdadera libertad. Sin embargo, la verdadera paz tanto con el mundo que nos rodea como con nosotros mismos sólo puede ser alcanzada a través del desarrollo de la paz dentro de nuestra propia mente.

El desarrollo material es, sin ningún género de dudas, importante para el progreso de la humanidad; pero sin el contrapunto del desarrollo espiritual también puede acarrear graves problemas. Creo, pues, que ambos tipos de desarrollo tienen importancia y debemos fomentarlos conjuntamente para poder alcanzar un verdadero equilibrio.

La clave radica en la paz interior porque, en tal caso, los problemas externos no podrán llegar a perturbarnos. De este modo podremos afrontar las situaciones que nos depare el futuro con calma y racionalidad sin perder nuestra felicidad interior. Esto es muy importante ya que, por más confortable que sea nuestra vida, si carecemos de esta paz interior permaneceremos a merced de las circunstancias externas.

Por eso resulta evidente que debemos tratar de resolver los problemas de un modo equilibrado teniendo en cuenta todos los aspectos implicados. Esto, por descontado, no es nada fácil, pero resulta inútil tratar de resolver un problema si al hacerlo creamos otro de igual magnitud. No nos queda, pues, más alternativa que asumir nuestra responsabilidad universal no sólo en un sentido geográfico sino también con respecto a la totalidad de los problemas que afectan a nuestro planeta.

La responsabilidad no sólo afecta a los dirigentes de los países o a aquellos que han sido elegidos o designados para desempeñar esta labor sino que, de hecho, nos atañe individualmente a cada uno de nosotros. La paz comienza en cada uno de nosotros. Y sólo cuando hemos logrado la suficiente paz interior podremos estar en paz con quienes nos rodean; sólo cuando nuestro país está en paz podemos compartir la paz con los países vecinos, y así sucesivamente. El amor y la bondad no sólo hacen que los demás se sientan queridos y cuidados sino que también nos ayudan a afianzar nuestra paz y nuestra felicidad. Existen técnicas para trabajar y desarrollar conscientemente los sentimientos de amor y de bondad. Para ciertas personas, el modo más eficaz consiste en comprometerse con una determinada práctica religiosa mientras que para otras, por el contrario, puede no tener nada que ver con la religión. Lo único verdaderamente importante es hacer el esfuerzo sincero de asumir nuestra parte de responsabilidad con respecto a los demás y con respecto al entorno natural que nos rodea.

Dalai Lama

Extractado por Tatiana Reyes de
R. Walsh y F. Vaughan.- Trascender el Ego.- Kairós

El Espíritu del Agua

El Espíritu del Agua

La pasión de Masaru Emoto

Entre los múltiples libros recientes dedicados al estudio del agua, destaca el trabajo microfotográfico del Dr. Masaru Emoto (22 de Julio, 1943), dedicado a este elemento esencial los últimos 11 años, y cuya amplia difusión a través de varios libros, abarca ya todo el orbe. En él, Emoto, con un título en Relaciones Internacionales (U. M. de Yokohama) y otro en Medicina Alternativa, demuestra iconográficamente cómo el agua reacciona con las más sutiles vibraciones de su entorno, mostrando insospechadas variaciones configurativas visibles en el congelamiento de una gota. Año tras año ha ido expandiendo sus experimentos y revelando evidencia que no sólo nos maravilla, sino que confirma que aún tras el velo químico, eléctrico o físico, el agua sigue siendo un gran misterio.

Muchas expresiones populares y proverbiales se refieren al agua de acuerdo a sus diversas posibilidades percibidas a través de la fe o de la observación de sus efectos: fuente de vida, vital elemento, agua viva, aguas curativas, aguas benditas, etc., siempre asociadas a la vida, la salud, la curación, la redención. El Dr. Emoto se propuso verificar si existían diferencias cualitativas entre estas diferentes aguas, desde la más corriente y químicamente tratada, de la red pública, hasta aquellas a las que se les atribuye propiedades curativas o milagrosas.



El método de Emoto considera el depósito de una gota del agua a observar en una placa de vidrio, que es congelada a -25 y observada al microscopio para luego fotografiar la forma cristalográfica obtenida. A pesar de que el laboratorio completo se mantiene a 5 bajo cero, el tiempo para tomar las fotografías no excede a los dos minutos, tiempo tras el cual el cristal comienza a deshacerse por el calentamiento producido por la luz del microscopio.

Los resultados obtenidos fueron mucho más lejos de lo que el propio Masaru Emoto podía suponer inicialmente. Descubrió que el agua no sólo reacciona a los agentes físicos, como la temperatura o la sequedad, sino que también a otros mucho más sutiles e intangibles como palabras, sonidos, sentimientos, pensamientos, imágenes, colores, etc., que afectaban la configuración de los cristales obtenidos.



La importancia del agua en nuestro planeta es evidente, pero, tomamos realmente consciencia de ello cada día, a pesar de que nuestra subsistencia depende de ella? Es sabido que el cuerpo humano está constituido por alrededor de un 70% de agua. En los recién nacidos y niños pequeños este porcentaje es mucho mayor aún. Si consideramos que toda esa agua podría estar siendo modificada en su configuración por el efecto de ambientes polutos, palabras duras o agresivas, vibraciones dañinas y el sinnúmero de agentes perturbadores que nos rodean cotidianamente, el efecto potencial resulta casi inimaginable para nuestros cuerpos y sus irradiaciones resultantes, y nuestro bienestar global. Por el contrario, el contacto con la naturaleza, con la buena música, con entornos pacíficos, con sentimientos positivos, contribuyen a limpiar y reorganizar la mayoritaria parte acuosa de nuestra constitución, impidiendo que se establezca un círculo vicioso.

Porque la mayoría de la contaminación que corrompe el agua emana de nosotros mismos, tanto de nuestras emociones y pensamientos negativos como de nuestra indolencia en mantener un entorno y actitudes personales apacibles y limpias en las que permanecer algún tiempo del día, cotidianamente. Es mera coincidencia la proliferación de los centros SPA (salud por agua) en todo el mundo?

El trabajo del Dr. Emoto ha encontrado bastantes reticencias en la comunidad científica, siendo criticado de falta de rigor científico y de la dificultad en reproducir los experimentos en condiciones fijas y establecidas mediante el procedimiento del doble ciego, de modo que el fotógrafo y sus propios sentimientos o estados anímicos no puedan afectar los resultados en una magnitud significativa. Aparentemente, el fotógrafo conoce a qué estuvo expuesta el agua cuyo cristal ahora observa, de modo que se le supone una expectativa que podría influir el resultado. Se lo acusa además de publicar sólo fotos seleccionadas de las múltiples que toma a cada cristal, y en general, de dar pocas explicaciones detalladas acerca de los métodos y procedimientos.

A pesar de estos detractores, válidos, creemos que el Dr. Emoto no es un científico nato, sino más bien un investigador apasionado en busca de evidencia y sentido. Y es innegable que, simbólicamente, las imágenes hablan por sí solas, y aunque puedan existir innumerables errores de método o interpretación, los resultados resultan impactantes y nos impulsan al menos a una detenida reflexión acerca de este elemento que damos por sentado y siempre disponible a granel en nuestro planeta.



El Agua es un elemento fundamental de la naturaleza. En ella surge la vida, tanto a nivel simbólico (el Espíritu sobre la faz de las aguas) como a nivel orgánico. Es el elemento en el que la vida no sólo nace, sino que también anida, como ocurre con el líquido amniótico en el que se desarrolla el feto de todos los mamíferos. El agua une los continentes, liga lo dispar, inunda todos los espacios disponibles acomodándose a la forma que lo recibe, siendo el elemento de contacto entre los elementos que le rodean.

Simbólicamente, el elemento agua, tanto en astrología como en psicología, representa a la psiquis, informe y omnipresente en la vida de los individuos, que incluye a las emociones en su octava menor, a los sentimientos en su octava mayor, además del pasado, los recuerdos, la vida arquetípica y simbólica. Cuando cualquier elemento toca el agua, como un guijarro lanzado a un estanque, las ondas se expanden a todo el continente, y del mismo modo las cosas que nos afectan, que nos recorren por completo en ondas de mayor o menor amplitud. Todo aquello que nos toca es aquello que tomó contacto con nuestra agua, de aquí la necesidad de su depuración, al ser nuestro principal objeto y elemento de transformación personal. Sólo el agua quieta y transparente puede mostrar sin distorsión el fondo y del mismo modo reflejar el cielo.

Físicamente, el agua tiene cualidades particulares, como que al helarse se expande, incluso antes de cristalizar. Y cuando se encuentra en estado sólido, congelada, se hace más liviana, de modo que flota por sobre el remanente líquido. El estado más denso del agua es el estado líquido. En ocasiones extraordinarias, el agua puede fluir en contra de la gravedad, como en las llamadas aguas artesianas. Gramaticalmente, el agua es una palabra femenina, pero se habla de el agua y las aguas, comportándose, en este sentido, como andrógina, al menos en español. Todas estas características suscitan evocaciones y provocan asociaciones, al extrapolarlas a lo psíquico. En un sentido más trascendente, el Agua se asocia al Alma como el núcleo de la encarnación. Y el Alma, tal como el agua, conserva la información incorporada por la experiencia, que resulta lo más asombroso del elemento químico. Aún cuando se evapore y desaparezca como forma física, mantiene la información que almacena. Este sería uno de los fundamentos de las aguas curativas.

El congelamiento de una gota de agua pura en condiciones naturales forma un núcleo hexagonal regular, que puede crecer o engalanarse con otros atributos según las cualidades del agua que se trate. Curiosamente, el Dr. Emoto no ha podido hasta el momento obtener cristales del agua de mar. De los cristales formados, los más bellos son aquellos formados a partir de agua de vertiente o manantial; por el contrario, las aguas estancadas o polutas pueden producir hexágonos incompletos o aún no cristalizar en absoluto. Sin embargo, los experimentos han mostrado que incluso al agua más contaminada puede incorporársele información que modifique la estructura y vuelva a formar hermosos cristales.



Esta información incorporada puede provenir de las más variadas fuentes como sentimientos positivos, colores, música, piedras preciosas o semipreciosas, la oración, la devoción, etc. Porque la conclusión fundamental de la evidencia mostrada en estos trabajos es que el agua es el elemento más receptivo que existe, lo que ya se sabía desde la antigüedad. Así pues, un agua poluta o muerta puede ser revertida en su corrupción.



Los experimentos han mostrado que si bien las peores formas se obtienen a partir de las aguas pantanosas o estancadas, las que difícilmente forman cristales, el agua clorada de la red pública tampoco produce formas bellas, y muchas veces los cristales no resultan completos o regulares. Las formas más hermosas, delicadas y llenas de detalles que maravillarían a un experto joyero, se producen en forma natural a partir de agua tomada de vertientes o manantiales.



Ante estas imágenes cualquier explicación sobra, y sin embargo, el misterio se mantiene. Emoto ha mostrado que el contacto del agua con elementos tan simples como la palabra gracias, o amor podía transformar los cristales obtenidos. Se ha observado que las fases lunares influyen la formación de los cristales, al igual que la posición de los planetas cercanos. Curiosamente, los resultados no son iguales si las palabras son dichas o mostradas en un idioma que en otro. La exposición del agua a cierta música, a ciertos colores, o incluso fotos de paisajes, también modificaría positivamente los cristales resultantes. Del mismo modo, la agresividad o la violencia era capaz de suprimir la capacidad de cristalizar, como se vio en las experiencias de exponer al agua a los insultos o a la música heavy metal.



Podemos ir constatando los efectos de nuestro lenguaje cotidiano sobre el 70% que nos constituye. Por más sesgo que pueda haber en los experimentos, hay efectos constatables. No sólo las palabras duras que decimos a otros, sino las que nos decimos constantemente a nosotros mismos cuando las cosas no salen como esperábamos, y que nos predisponen a establecer círculos viciosos repetitivos. Sólo imaginemos las configuraciones que podría adquirir nuestra agua personal frente a las formas en las que nos castigamos a diario por no ser perfectos. Tanto en el caso de la influencia negativa como de la positiva sobre el agua, tal vez no sean las palabras las que agreguen atributos al sencillo hexágono basal, sino la intención ofensiva o amorosa de quien las escribe o emite. Es decir, el agua personal de quien ejecuta la acción en contacto con la gota observada, en cuyo caso el resultado sería tanto o más impresionante. El hecho de que los resultados no puedan ser reproducidos en forma exacta, esto es, que no puedan establecerse mecánicamente situaciones iguales, resulta mucho más sugerente desde el punto de vista del significado, aunque carezcan de rigor científico.

La memoria del agua
Es universalmente conocido que la molécula de agua se forma de dos átomos de hidrógeno, de carga eléctrica positiva, y uno de oxígeno de carga negativa. Esta molécula no es regular ni simétrica, presentando un polo positivo y uno negativo; de esta forma se une a otras moléculas de agua mediante puentes de hidrógeno, formando agregados moleculares de más o menos magnitud denominados cluster. Aparentemente, esta forma de agregarse de las distintas moléculas individuales es la que varía de acuerdo a la información o vibración circundante (ya que la molécula inicial es siempre igual), y de este modo se conservaría la información. El cluster producido en determinadas circunstancias ambientales se seguiría agregando de forma similar aún cuando fuera evaporada y luego condensada en un nuevo matraz. Cada vibración induciría una forma de agregarse distinta de las moléculas, conservando en el tiempo esa vibración específica producto de esa agregación, la que constituye su estado energético, medible en forma de frecuencias vibratorias.

Esta es la base de la Homeopatía fundada por el intuitivo Dr. S. Hahnemann (1755-1843), quien obtenía productos activos sobre la base de una dilución tan exhaustiva de los productos, que no podía encontrarse rastro de ellos en el resultado final, lo que evidentemente desafiaba a la medicina convencional. Lo que Hahnemann hacía era recoger sólo la información del producto y almacenarla vibracionalmente en el agua, actuando así a un nivel completamente esencial sobre la enfermedad, y libre de los efectos adversos de los medicamentos que mantienen los productos químicos en forma directa.

Principios similares de esencialidad guían las terapias florales como las del Dr. E. Bach y otras como las de Findhorn que ni siquiera cosechan las flores o plantas curativas, sino que sólo exponen el agua de manantial a su influjo bajo la luz del sol o de la luna. En estas medicinas no se hace diferencia entre la salud del cuerpo y la del alma, y tanto la jaqueca como la melancolía pueden encontrar su tratamiento y cura. Si asociamos esta medicina esencial a las fotografías del Dr. Emoto, encontraremos completa coherencia en estos fundamentos.

Budismo y Bosques

Budismo y Bosques

El Buda decía: “El bosque es un organismo único y fuente de gran bondad. No exige nada para su sustento y extiende su protección sobre todos los seres dándoles sombra, incluso al leñador que con su hacha lo destruye.

Los bosques son de la mayor importancia, tanto para la vida silvestre como para la humanidad. Los budistas creen que la destrucción de los bosques acarrea calamidades, debido a que conlleva la muerte de árboles y animales y porque su pérdida redunda en un desequilibrio en el medio ambiente natural. La deforestación tiene como consecuencia inundaciones y sequías, hambruna y enfermedades. Si nos despreocupamos de los bosques, éstos desaparecerán y, junto con ellos, la alegría que nos produce su intrínseca belleza.

En el Vinaya Sutra, nuestro Señor Buda dice que los bosques son el mejor lugar para la contemplación. Aquellos que se retiran a meditar allí, son los llamados nagthrodpa (habitantes del bosque). Ellos dejan sus hogares para vivir como ascetas, buscando liberarse de los sufrimientos del mundo. Si desean hacerse practicantes estrictos, se les instruye seguir las doce Prácticas Ascéticas, la séptima de las cuales es llamada shingdrungpa (meditación mientras se vive a los pies de un árbol). Mientras se medita en calma morando en los bosques, se podrá adquirir flexibilidad tanto para el cuerpo como para la mente y la concentración necesaria para una real comprensión del stongpanvid (vacío total).

El Buda decía que en los bosques podemos olvidarnos de los apegos materiales, obtener la quietud de la mente y una posibilidad intuitiva de introspección. En nuestras casas, rodeados de cosas y llenos de actividades, solamente estamos dedicados a juntar objetos materiales. Pero allí afuera, en los bosques, tenemos la posibilidad de recolectar ge-wa (objetos espirituales), que nos serán mucho más útiles en la vida. Aquí podemos ver la conexión entre los bosques y la mente. Además, decía el Buda, en los bosques podemos entrenarnos para transformarnos en dagpaizhing jong (habitantes del Mundo de la Pureza). Esta práctica, en la que todas las energías virtuosas se concentran para crear los Campos de Buda de la Iluminación Total, es posible sólo porque los bosques se asemejan a los Campos de Buda y debido a que éstos crecen y existen por sí mismos, manteniendo un equilibrio natural con todos los elementos que lo componen.

El mismo Buda comenzó su camino a la Iluminación pasando muchos años como habitante de los bosques, meditando a los pies de una higuera. Hacia la mitad de su vida, habiendo alcanzado la Iluminación, permaneció viviendo bajo el gran árbol y su mayor deseo era vivir siempre como un asceta en el bosque. Decía: “He obtenido la esencia de Dharma, el néctar verdadero, pero a quién puedo comunicárselo? Lo mejor es no hablar con nadie y practicar, quedándome silencioso en el bosque”. Esto demuestra la importancia de los bosques para los budistas. Mientras los bosques existan, los nagthrodpa encontrarán en ellos paz de toda distracción y serán capaces de desarrollar la Gran Mente a través de prácticas tántricas y la meditación en stongpanvid.

En su Dawa Drome Sutra, el Buda describía el bosque como el hogar de la paz y la serenidad, un lugar de gran felicidad y fuente del mayor agrado. Decía que siempre que una persona se sienta tensa y molesta en su ambiente urbano, debiera ir a los bosques para encontrar paz mental y para olvidar los sufrimientos del mundo. También describía los bosques como el lugar de descanso para la humanidad, donde se puede ir cuando nos sentimos cansados de atender nuestros quehaceres mundanos, constantemente persiguiendo nuestro propio bienestar y con ello, tantas veces, perturbando el bienestar de los demás. En ese Sutra, hay varios miles de estrofas relativas a las bondades de los bosques.

El Buda y todos los Siddhas llamaban al bosque “un paraíso en el mundo humano”, con innumerables plantas de flores y frutos perfumados, abundancia natural plena del zumbar de las abejas, bendecido por suaves lluvias y coronado por infinitas y hermosas nubes blancas que resaltan en el cielo azul. Allí está el hogar de muchos animales, de aguas frescas, vertientes naturales de las cuales espíritus y Nagas hacen sus lares favoritos. Las ramas de las altas copas se entrelazan como brazos amistosos, protegiendo la tierra del embate del granizo y las tormentas, doblando sus hojas como en un gesto de bienvenida a todos. Allí los animales juegan y encuentran todo lo que necesitan. Y, aunque las leyes de la naturaleza sigan su curso, no hay enemigos allí. Ya que, de acuerdo con el budismo, los instintos y conflictos de los animales salvajes, aunque algunos sean tremendamente crueles, no tienen nada que ver con la maldad consciente de las mentes violentas y llenas de odio de algunos seres humanos.

Buda decía que, como regla general, es imposible desarrollar destreza en la meditación o sentimientos de compasión hacia los demás, si se vive en la ciudad. Basado en su propia experiencia nos enseñó cómo los bosques pueden ayudarnos a llegar más allá de Samsara. Decía que, incluso unos pocos pasos dados en dirección de los bosques con el firme deseo de meditar allí, es un acto de virtud igual a todas las ofrendas de los Bodhisattvas. Su experiencia de muchos años tratando de practicar el Dharma cuando aún era un rey, era que la Iluminación no puede ser alcanzada mientras se está en la rutina de la vida diaria. Hay que retirarse, entrenarse y luego volver con la Mente preparada para continuar en el mundo y no sentirse perturbado con ello.

Es por ello que, incluso en la actualidad, se dice que nadie puede llegar a la Iluminación mientras vive en la ciudad, rodeado por su círculo de amigos y familiares. Pero sí existen innumerables sabios que han logrado iluminarse retirándose a los bosques. Por ejemplo, el gran Siddha Melong Dorje pasó nueve años en los bosques meditando y comiendo solamente de sus frutas: no tomó nunca otro alimento. Finalmente se volvió un famoso Siddha de la Escuela Nyimga. También hizo así Jetsun Milarepa, quien pasó la mayor parte de su vida en cavernas y en bosques. Su principal sustentación fueron ortigas y nunca se acercó a asentamientos humanos porque sabía que solamente en los lugares silvestres se encuentran los Budas y que las voces de la verdad más profunda están allí permanentemente accesibles.

Mientras todo tipo de proyectos e industrias se multiplica infinitamente por todo el mundo, los bosques y su reino animal están desapareciendo. Es nuestra responsabilidad reflexionar acerca de sus valores y asegurar que no robamos este precioso patrimonio a las futuras generaciones. Cuando se cortan los árboles toma más tiempo que una vida humana el reemplazarlos, ya que los grandes árboles se demoran entre 80 y 150 años en llegar a su madurez. Hemos permitido que nuestra propia población humana crezca incontroladamente, y la explotación que hacemos de los bosques ha aumentado de la misma manera. Es nuestro deber el plantar muchos árboles nuevos y de velar que usemos la madera y la leña con gran cuidado, en respeto por los que han de venir.

Desde el punto de vista espiritual, hay tres tipos de árboles. Están los Sogshing, o árboles poseedores de la fuerza vital, los Lhanshing, o árboles de Dios, y los Lushing o árboles Naga. En la vida diaria de los budistas todos juegan un importante papel. Los Soghing por ejemplo, son usados para mantener la vitalidad de las imágenes y estatuas religiosas. En trozos de su madera se inscriben palabras sagradas y se ponen al centro de las estatuas, cuidadosamente unidos a todos los demás objetos sagrados y reliquias que se ubican dentro de ellas. Sin estos árboles, la fuerza vital que tienen estas imágenes no existiría.

En algunos países budistas como Tailandia, unos pocos monjes están tratando de proteger los árboles y cuidar los tocones de los que han sido cortados. Por ejemplo, Phra Prachak consagra un árbol y amarra azafrán a su alrededor, para santificarlo. Si un budista lo cortara, es como si matara a un monje. Dice: “Hacemos esto porque queremos estar conscientes del bosque, sentir el bosque y reconocer su importancia. Los bosques son los pulmones del mundo, un gran filtro para limpiar el aire”…

El abate Phra Mahachan ha estado regenerando tocones de árboles por más de 16 años y anima a los pobladores a ser conservacionistas. Dice, “Ellos cortan el bosque para plantar sus cultivos: casave, caña de azúcar, maíz. El casave es especialmente fácil de cultivar para conseguir algo de dinero extra. Pero ellos no saben el castigo que tendrán porque degradan el suelo plantando sus cultivos por muchas temporadas seguidas. Ahora ha llegado el momento para nosotros, los monjes budistas, de jugar un papel activo en la conservación de la naturaleza y dar protección a la vida silvestre”.

En Bután, los árboles que crecen en los terrenos de cada uno, son considerados sogshings propios: otra gente no puede tocarlos y el propietario sólo puede cortar algunos árboles cuidadosamente seleccionados cuando es muy necesario. Tradicionalmente, solamente los árboles que están muy viejos y podridos, o aquellos cuyas raíces o sombra perjudican los cultivos, pueden cortarse. De acuerdo a los principios budistas, los bosques públicos también se consideran sogshings. Son la fuerza de la vida de todo el país y, al mismo tiempo, los bosques del mundo son la vida del planeta. Así, los bosques tienen ventajas individuales, nacionales y globales, tanto en el sentido material como espiritual.

La mayoría de las fuentes de agua se encuentran en terrenos con bosques, no en terrenos desiertos, ya que las fuentes de agua están entre las raíces y los espíritus del Naga. Los árboles Naga siempre darán agua si se protegen los bosques. contra inundaciones y avalanchas al entrelazar sus raíces en la tierra. Cuando hay árboles Naga, hay abundantes lluvias. Los budistas hacen y entierran vasijas sagradas a los pies de los árboles Naga para asegurar el agua. Un cuento tradicional dice que el agua es purificada en la red dorada de los Nagas.

En la antigüedad, la gente obtenía prácticamente todos sus alimentos del bosque, usaba hojas y otros materiales vegetales para vestirse y madera de árboles y pasto para construir sus casas. Las creencias budistas dicen que los Lhashings son las moradas de los dioses, si se cortan ocurrirán desastres. A los monjes budistas les está prohibido cortar o subirse a los árboles. Además, consideran que es un grandísimo pecado el incendiar deliberadamente un bosque. La falta es, no sólo destruir la vegetación y las innumerables formas de vida que con ella coexisten, sino también el interrumpir con fuego los ciclos vitales naturales.

Sin embargo, la ciencia moderna nos ha hecho conscientes de que el fuego ha sido siempre parte importante de la naturaleza y que, incluso, a veces es beneficioso. Esto lleva a un conflicto entre la ciencia, los ideales religiosos y la necesidad de una mayor comprensión de esos ideales y su aplicación en el mundo, el mundo de verdades relativas.

Una vez, en el sur de la India del siglo VII, un enorme bosque de sándalo se incendió y con él todos los animales murieron, Miles de personas enfermaron y hubo una terrible hambruna. Mientras el suelo estaba quemado y desnudo, el Gurú Rimpoche lo visitó y condujo rezos rituales rogando por las malas
consecuencias que habían tenido las pérdidas de vida y del ambiente natural. El Gurú Rimpoche entregó las enseñanzas Phurpa a la gente, diciendo: “Donde hay bosques hay paz; allí también podrá haber sabios que vayan a meditar. Aquí el suelo se ha vuelto desnudo y todos los pobres seres del bosque han perdido la vida”. Luego de su visita, el bosque se recuperó.

En algunas religiones antiguas se creía que los árboles son seres vivientes lo mismo que los seres humanos, ya que sus hojas se doblan y están como dormidas durante la noche y se abren en el día a la luz del sol.

El gran santo Logchen Rabjampa escribió que no se puede descansar el cuerpo y la mente en las ciudades de la humanidad. Solamente puede hacerse en los territorios puros donde el bosque es como un paraíso. Allí no sentiremos ni sufrimiento ni tristeza entre las aves cantoras y la belleza del mundo natural. Todos los Budas han alabado los bosques, y todos los que desean una vida contemplativa debieran ir allí. Todas las religiones – y también muchos estudios científicos – enseñan no destruir los bosques, sino tratarlos como a nuestra propia fuerza vital, fuente de gran bienestar.

Kheiripo Phunthok Tashi

Traducción de Adriana Hoffman

Percibiendo al Mundo como a Uno Mismo

Percibiendo al Mundo como a Uno Mismo

La Emergencia de una Etica medioambientalista.

A lo largo de la historia de Occidente hemos valorado al mundo natural de acuerdo a su utilidad para los seres humanos. Viendo a la naturaleza como un proveedor de materias primas, un receptáculo de desperdicios y un vehículo para nuestro placer, hemos subordinado las necesidades del mundo natural a las necesidades de la humanidad. En el pasado, esto puede haber sido una visión adecuada dada la necesidad de sobrevivir en un mundo a menudo cruel e inhóspito.

Pero ahora hay demasiados de nosotros que continúan consumiendo los recursos del planeta sin mirar las consecuencias futuras. Reconociendo que debemos comenzar a transformar nuestros roles de conquistadores a administradores planetarios, el movimiento en favor del medio ambiente ha buscado reformar nuestra visión de la naturaleza.

Los Budistas enseñan que lo que nosotros vemos como separado es fundamentalmente algo que hace vibrar una cuerda dentro de nosotros. Mi práctica me ayuda a explorar la ecología de nuestro mundo simplemente como es: el mundo no es otra cosa que uno mismo, ya sea que yo esté inmerso en la frescura de un verde bosque o en la selva de concreto de una gran ciudad.

Más aún, como alguien a quien se le paga para que encuentre mejores formas de protección gubernamental del medio ambiente, diariamente tengo el desafío de llevar esta enseñanza a la práctica. Cómo incorporar al mundo entero a nuestra visión para cumplir tanto con nuestras reales necesidades y con las necesidades del planeta ? Aquellos que se esfuerzan por vivir una vida ética se encuentran enfrentados a un conflicto entre dos “derechos”. Como administradores del planeta, debemos mirar precisa y científicamente hacia nuestras interacciones con el medio ambiente. El poder de dominar confiere la responsabilidad de comprender las consecuencias de tal dominación. Lo que me desanima no es tanto que mucha gente no valore el ambiente natural, sino que tenemos tan poco conocimiento de nuestro impacto sobre las criaturas con quienes compartimos el planeta.

Reconociendo conscientemente el valor intrínseco de todos los seres (sin distinguir entre seres humanos, animales y plantas) reconocemos nuestro deber para apreciar la naturaleza y comenzar a preguntarnos sobre nuestro excesivo énfasis en satisfacer nuestros deseos personales. Ya sea que nos demos cuenta o no, estamos enfrentados ante una elección fundamental: sustentar al mundo natural o perpetuar una sociedad obsesivamente materialista. A la fecha, la resolución de este conflicto casi siempre ha favorecido al materialismo.

Las cosas han empezado a cambiar. Un claro ejemplo de cómo empezamos a apreciar el medio ambiente es el Acta de Especies en Peligro. Pero, simplemente decretar la ley era fácil en comparación a implementarla. El Acta de Especies en Peligro proclama el derecho de toda criatura a vivir en un ambiente saludable y perpetuar su propia especie. Algunos de nosotros nos hemos preguntado: Nos demanda esta ley proteger a toda costa especies únicas y subespecies amenazadas por el avance de la civilización ? La extinción es parte del ciclo de nacimiento y muerte de la naturaleza. Por qué deberían los humanos sacrificar su subsistencia para garantizar la supervivencia de, digamos, aquella solitaria lechuza moteada del Norte ? Acaso allá no están llenos de otras especies de lechuzas que lo pasan bastante bien ?

Tal retórica desmiente una visión instrumental de la naturaleza, ella es vista como medio para un fin, no como un mérito intrínseco. Un ejemplo, las lechuzas moteadas del Norte están próximas a su extinción porque su hábitat, las zonas templadas de los bosques lluviosos del Pacífico Nor-occidental, están siendo rápidamente destruidas. Las lechuzas moteadas del Norte no son “útiles”, pero explotar los árboles donde ellas viven proporciona trabajo. El desmantelamiento de esos árboles es a muy corto tiempo económicamente más valioso para los humanos que salvar a la lechuza moteada del Norte. Y cuando los empleos están en juego, para algunos la decisión a seguir es simple.

Los defensores del medio ambiente están tratando de salvar a la lechuza moteada del Norte y a los bosques templados del Pacífico Nor-occidental a través del Acta de Especies en Peligro de Extinción. Proteger esos bosques podría proporcionar otros beneficios además del habitat para las especies en peligro. Estaríamos preservando los beneficios recreacionales que estos bosques nos proporcionan y la pesca del salmón que depende de sus arroyos. Proteger los bosques, que son el hogar de muchas criaturas salvajes, también proporciona a los humanos un medio para recrearse y armonizar con un mundo que es verdaderamente salvaje. A largo plazo, los bosques lluviosos templados me parecen ser considerablemente de mayor valor que la madera producida por su destrucción.

En otras publicaciones sobre el medio ambiente, donde líderes gubernamentales y empresariales alegan: “o trabajo, o medio ambiente, amigos”, un examen más cercano de la situación revela la falacia de estos argumentos simplistas.

Pero, si usamos argumentos económicos para contrarrestar aquellos de, digamos, la industria maderera no estaríamos aún valorando el mundo natural solamente por su beneficio para los humanos ? Hasta cierto grado, la proyección de valores sobre el mundo natural es inevitable. Protegemos la pesca costera de la sobre-explotación y contaminación tóxica porque las personas dependen de su valor extractivo, no necesariamente porque reconozcamos el derecho inherente de los peces para vivir en su medio ambiente.

Usar el mundo natural para el beneficio humano, es en cierto grado inevitable. Pero si no nos moderamos a través de una apreciación del valor intrínseco de todos los seres, este tipo de actitud nos conducirá a un horrendo futuro. Si el valor del mundo natural es contingente sólo desde el punto de vista de nuestro uso de él, lo protegeremos solamente mientras nos provea de recursos valiosos. Si el día de mañana aprendemos como manufacturar árboles plásticos que convengan más económicamente a nuestras necesidades que los árboles reales, nuestra visión utilitaria del mundo natural estimulará el reemplazo de bosques vivientes por bosques plásticos.

Al llegar a percibir la comunidad humana como parte de una comunidad planetaria, asumiríamos una obligación de vincular los intereses humanos con los intereses de todos los seres sensibles. Si nuestro núcleo familiar pudiera extenderse a nuestra familia planetaria, podríamos reconocer la importancia de proteger estrictamente y distribuir equitativamente los recursos materiales. Sería fácil apreciar aquello con lo que nos relacionáramos íntimamente.

Cómo percibe usted el mundo natural? Cómo define usted sus necesidades en relación a las necesidades del planeta? Para mí, lanzar estas preguntas es posible sólo en la medida en que yo esté más consciente de que las necesidades humanas son las mismas que las del planeta. Para citar al poeta budista Gary Snyder, el gran desafío de mi vida ha sido aprender a caminar livianamente sobre la tierra”.

Ames B. Colt

Traducido y extractado por Tatiana Reyes de
Biography of Ames B. Colt
University of Massachusetts-Boston, 1993

La Unidad de lo Viviente

La Unidad de lo Viviente

Desde principios del siglo pasado (1920), los botánicos han comprobado que las plantas viven en comunidades, llamadas asociaciones de vegetales, y las han calificado con espíritu de análisis sistemático, tal como fue hecho con las moléculas químicas. Ellas forman entre sí comunidades homogéneas, ligadas a las características del medio, deducible, por lo demás, a partir de la observación de estas asociaciones. Estas plantas tienen así afinidades entre ellas y con el medio que habitan.

Observando una hondonada, se espera encontrar la asociación típica de matorrales, silenes, ortigas, etc.: pero sólo vemos los resultados de una exagerada aplicación de químicos, es decir, demasiado nitratos y no, ortigas. Todas las malezas han sido eliminadas. Ya no se encuentra la asociación de las hondonadas . Mirando un bosque, esperamos encontrar la asociación clásica del sotobosque con las plantas conocidas que vamos a recolectar en primavera , la centella , la anémona , la campanilla. Ellas forman asociaciones extremadamente típicas y bien definidas; pero ya no están. Prácticamente han desaparecido, pues se han drenado los bosques y el nivel de la napa ha bajado dos o tres metros, al punto que se ven robles con sed, aun cuando llueve.

Sin contar el efecto de los fertilizantes pues, contrariamente a lo que se piensa, los fertilizantes no son usados sólo en la agricultura, sino también a nivel forestal. Como resultado vemos plantas que aceptan abonos – no son más de cuatro o cinco especies – instalarse en el lugar de todas las otras. Así los abonos, o los herbicidas que tienen por objetivo eliminar las zarzamoras, también han perturbado los ecosistemas. Y las asociaciones que han existido más tiempo que las otras, que se encontraban aún hace ocho o diez años en medio de los bosques, están también en vías de desaparecer. Si ustedes visitaran los estuarios verían lo que hemos comprobado recientemente: se han perdido las tres cuartas partes de las especies que habíamos estudiado hace veinte años.

Este proceso es universal, se desarrolla prácticamente en toda la Europa industrial desde hace veinte años, con una prodigiosa aceleración en los últimos diez. Puede compararse a un período glaciar. Las floras europeas – y probablemente las americanas también, no hemos ido a verlas – están sometidas a una especie de glaciación intensa y brutal, que empobrece las asociaciones. Así, somos nosotros probablemente los únicos botánicos de la historia que hemos comenzado nuestra carrera estudiando formaciones vegetales idénticas a aquellas que se encontraban desde el neolítico, desde la partida de los hielos en Europa, hace cerca de diez mil años, para terminar nuestra carrera como botánicos con la desaparición de estas asociaciones tan rápidamente como si las glaciaciones hubieran vuelto. Pero ésta que tenemos encima ahora es de naturaleza económica y social. Se llama igual que el progreso económico y social que la ha provocado. Somos totalmente incapaces de decir cómo y hasta dónde este fenómeno seguirá evolucionando.

He aquí que las especies nos aparecen solas, solitarias, aisladas; dejaron de estar armonizadas, combinadas en asociaciones. Entonces van a reconstruirse esas asociaciones o muchas de ellas van a desaparecer? Serán eliminadas de Europa como tantos árboles lo fueron en la última gran glaciación? Tal vez sí, y en tal caso nuestra flora va a empobrecerse de manera muy importante y, como este proceso se desarrolla en el mundo entero, ocurrirá por sobre todo el globo terráqueo. Este es el retroceso de las especies, de que se habla tan a menudo, básicamente porque hemos modificado el entorno más que nada por agentes químicos, por lo que las plantas silvestres están en una situación de sálvese quien pueda. Aunque podríamos ser optimistas e imaginar un deshielo. Acaso habríamos imaginado un solo instante que vendría el deshielo Este-Oeste (URSS/EE.UU.)?

También podríamos imaginar un deshielo en las relaciones Hombre – Naturaleza. Pero sería necesario que este sucediera muy rápidamente, porque hace falta un tiempo muy prolongado para reconstruir las asociaciones . Para saturarlas – es decir, para que ellas incluyan todas las especies que deben encontrarse ahí naturalmente – son necesarios muchos siglos, muchos millares de años para algunas de ellas. Recordemos que la reconstitución espontánea, hasta llegar al equilibrio de los ecosistemas, es un proceso muy largo. Y cómo podríamos esperarlo, si ni nosotros mismos logramos el equilibrio con la naturaleza? Esta es la pregunta que se plantea. Y estas plantas que tienen la tendencia gradual a vivir aisladas , me hacen pensar en la imagen de la sociedad misma, en la sociedad de los hombres.

Pues es la sociedad la que ha llevado a estas especies a una situación de soledad en la naturaleza, destruyéndole su entorno, y es también la sociedad la que ha provocado el mismo fenómeno en los seres humanos. Nuestra sociedad hace también humanos solitarios. Es un fenómeno que existe y que no se ve. Se lee a menudo en la Biblia, en Ezequiel y en los Salmos, Tienen ojos y no ven. Esto se aplica a nuestra inteligencia; se nos considera como los seres más inteligentes que hayan existido en la Tierra. Es la opinión que tenemos de nosotros mismos – no sé si los extraterrestres pensarán igual – y, sin embargo, no medimos las consecuencias de las grandes elecciones que hacemos. He aquí tres grandes elecciones:

La primera de ellas, martillada día tras día por la televisión, es que el 80% de los jóvenes franceses irán a la universidad. Esto prueba que todo el mundo es inteligente en este país, ya que se supone que la universidad acoge sólo a los mejores. He aquí pues una juventud que será estandarizada sobre los bancos de las universidades. Nadie considera la utilidad de un aprendizaje práctico. En cambio, un 35% de jóvenes alemanes lo harán en empresas. Se banaliza, se estandariza, y los computadores de la calle Grenelle van a poder funcionar tragándose el 80% del pueblo francés.

La segunda gran operación de estandarización en curso concierne a la ciudad. Ustedes ven, como yo, la extraordinaria proliferación de las grandes superficies de supermercados en los suburbios de todas las ciudades. Saben ustedes que en las afueras urbanas ellas se han más que triplicado en diez años? Esta es una cifra impresionante. Con el horror arquitectónico que esto acarrea, pues son hiperfeos, jamás con árboles cerca, nadie ha ido a ver lo que hacen los holandeses en este aspecto. Pero son los imperativos económicos los que mandan: invertir al menor costo

Tercera gran estandarización: después de la ciudad, naturalmente el campo. Es la estandarización de los productos agrícolas que asimila los productores y los campesinos a los industriales. Esto conduce al increíble desastre de la agricultura, donde muchos se han arruinado, endeudados hasta el cuello, sin saber ya si es permitido o no usar abonos, pues les dicen que polucionan las napas. Todo esto es terriblemente confuso. Pero siempre es el mismo proceso: se banaliza, se estandariza, en nombre de la rentabilidad económica . Entonces, cuál es el resultado del cambio? Trágico: desaparecimiento de las comunidades de barrio, de las comunidades rurales, asfixia de las ciudades porque toda una serie de profesiones desaparece, los pequeños artesanos, los pequeños comerciantes son arruinados. Cuando el 80% de los jóvenes franceses estén en la universidad, yo les ruego a los pocos que no irán que se hagan artesanos y apliquen tarifas que produzcan una competencia . Pues los universitarios serán pobres y los plomeros, ricos. La trama social, la del barrio, la del pueblo, se encuentran quebradas por este proceso.

Quiero citar un ejemplo comparable al de las asociaciones vegetales, del que he tenido la experiencia en el medio urbano. Es el caso de la proliferación de las grandes superficies. Esto que he relatado sobre las plantas lo habíamos conversado con un amigo botánico que vive en una pequeña ciudad del Norte. En esa ciudad, cuyo alcalde es un hombre abierto y dinámico, se habían construido en un año tres supermercados. Este alcalde obraba de buena fe en el nombre del desarrollo y del progreso. Tres supermercados hacen en total entre 50 y 100 comercios arruinados en los siguientes dos años. Esto provocará también de uno a cinco suicidios. Hablo por mi experiencia como alcalde adjunto en Metz, donde procuré evitar, en casos particulares, que les quitaran las casas a personas a las cuales les habían destruido el barrio y las habían arruinado por el supermercado.

Quién contabiliza este costo negativo del progreso? Quién toma en consideración las depresiones nerviosas? Nadie. Pero, es una cadena alimentada tanto en la sociedad como en la naturaleza. Las viejas damas del centro de la ciudad no pueden seguir yendo al pequeño emporio a hacer sus compras, porque ya no está. Ellas no podrán ir al supermercado que está en los suburbios a 4 o 5 kms. pues no tienen auto. Helas aquí arrinconadas, acorraladas. Pero quién se interesa verdaderamente en la vida de estas viejecitas? A nadie le importa un bledo. Nuestra sociedad es de una crueldad absoluta. Y las viejecitas están solas en sus casas. Así en todas las ciudades se establece la soledad. Y si estas viejecitas tienen un jardín, como al fondo de todos los jardines hay una zanja, ellas pueden ir allí a discutir con la última ortiga tan sola como ellas.

Nosotros destruimos así, en el nombre del progreso, los ecosistemas humanos y urbanos tal como lo hacemos con los ecosistemas de la naturaleza . Paracelso tenía razón al decir que la vida es Una. Seguro que sí, las sociedades de los hombres y las sociedades de la naturaleza marchan según las mismas leyes. No es que unas se apliquen a los hombres y otras a la naturaleza. Todo esto acarrea consecuencias a menudo dramáticas, pues en esta soledad aparecen reacciones inesperadas de supervivencia. Cuando se está solo, no hay más que el yo, puesto que los otros no están en comunidad conmigo. Entonces el Yo – primero llega a ser normal. Por qué reprocharlo? Sobre este terreno propicio de la soledad debidamente organizada por los grandes intereses económicos llamados progreso, se desarrollan los grandes temas que la historia recordará de nuestra sociedad, expresados no por los filósofos, sino por la gente de la calle. Son dos: No tengo nada que perder y No es mi problema. Son expresiones criminales, pero se escuchan todo el tiempo, impuestas por un mundo que efectivamente no tiene nada que perder. Y sin embargo, tenemos verdaderamente algo que perder, pues si hacemos el inventario de los grandes problemas ecológicos veremos que todos estos problemas nos conciernen inmediatamente en el corto plazo. Estos no son vaticinios para un muy lejano futuro. Podemos citarlos rápidamente: presión demográfica galopante, deforestación masiva , desaparición de los bosques de zona húmeda en el mundo entero, impregnación de todos los medios por la química, acumulación de desechos tóxicos, deterioro de la capa de ozono, Riesgo de recalentamiento del clima – aunque este efecto invernadero no esté aún probado científicamente – degradación acelerada del Tercer Mundo, presión extraordinaria ejercida sobre todos los habitantes del planeta para que abandonen el campo y vayan a vivir a las ciudades. En el campo estaban la gallina, el conejo, la cabra y el cordero. En la ciudad, vitrinas, pero sin dinero para comprar.

La tradición griega, como la tradición judeocristiana, han considerado siempre que las ciudades están hechas para que la tierra funcione, jamás a la inversa. La primicia en la Biblia es siempre entregada a los nómades. Todos los grandes profetas, sin ninguna excepción, no tenían ni siquiera una piedra donde reposar su cabeza. Nosotros damos la preferencia a la ciudad con sus villas miseria, como son los suburbios de los pobres y esto es mucho peor en el Tercer Mundo. Estamos en una evolución que va de hecho en contra del interés y de la supervivencia del hombre. Pues si todo se degrada tan rápido es porque la naturaleza sigue al hombre y el hombre a la naturaleza: marchamos juntos al mismo paso. Nuestra suerte, la suerte de la naturaleza, la suerte de las plantas, están íntimamente ligadas y acabamos de verlo con las plantas solitarias y las viejas damas solas. Como conclusión, no podemos dejar de hacernos esta pregunta: cómo hemos llegado a tales errores de concepto, a una ciencia a veces pervertida en sus métodos – porque ellos son incompletos – y en sus objetivos – porque teóricamente no son sino económicos?

Página 1 de 3123