El arte de conocerse a Si Mismo

El arte de conocerse a Si Mismo

Hace ya más de veinticinco siglos, Tales de Mileto afirmaba que la cosa más difícil del mundo es conocerse a uno mismo. Y en el templo de Delfos podía leerse aquella famosa inscripción socrática gnosei seauton: conócete a ti mismo, que recuerda una idea parecida.

Conocerse bien a uno mismo representa un primer e importante paso para lograr ser artífice de la propia vida, y quizá por eso se ha planteado como un gran reto para el hombre a lo largo de los siglos.
Hay un interrogante que muchos en algún momento del camino nos hemos planteado Quién soy? Cuál es el sentido de la vida? Soy feliz?

Tenemos la ilusión de que el mundo exterior nos complete y perseguimos la zanahoria de la felicidad que nunca llega: Cuando obtenga mi titulo universitario voy a ser feliz, cuando me case voy a ser feliz, cuando viaje, cuando tenga hijos voy a ser feliz

Y si el único que momento que tenemos para decidir sobre nuestra felicidad es ahora?

Y si lo único que puedo disfrutar es El aquí y ahora?

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Nos comenta Ekhart Tolle en su libro EL PODER DEL AHORA:

Un mendigo había estado sentado más de treinta años a la orilla de un camino. Un día pasó por allí un desconocido.

– ‘Una monedita’, murmuró mecánicamente el mendigo, alargando su cuenco.
-‘No tengo nada que darle’, dijo el desconocido. Después preguntó: ‘Qué es eso en lo que está sentado?’
– ‘Nada’, contestó el mendigo. ‘Sólo una caja vieja. Me he sentado en ella desde que tengo memoria’
– ‘Alguna vez ha mirado lo que hay dentro?’, preguntó el desconocido.
-‘No’ dijo el mendigo. ‘Para qué? No hay nada dentro’.
– ‘Échele una ojeada’, insistió el desconocido.

El mendigo se las arregló para abrir la caja. Con asombro, incredulidad y alborozo, vio que la caja estaba llena de oro.

Yo soy el desconocido que le dice que mire dentro. No dentro de una caja como en la parábola, sino en un lugar aún más cercano, dentro de Ud. mismo.

Los que no han encontrado su verdadera riqueza (la Alegría Radiante de haber descubierto quiénes son: Ser, Paz, Amor, Lo profundo, Dios, y la profunda e inconmovible experiencia que acompaña a este maravilloso descubrimiento: estar inundados esencialmente de Ternura, Armonía y Gozo Interior) son mendigos, incluso si tienen mucha riqueza material. Buscan afuera mendrugos de placer o de realización para lograr la aceptación, la seguridad o el amor, mientras que llevan ‘dentro’ un tesoro que no sólo incluye todas esas cosas sino que es infinitamente mayor que todo lo que el mundo pueda ofrecer.

La búsqueda interior tiene el propósito de encontrar ese tesoro interno, esa seguridad, esa confianza interna y el amor por uno mismo que luego se extiende a toda la creación.

Advertir cómo estamos emocionalmente es el primer paso hacia el gobierno de nuestros propios sentimientos.

El conocimiento propio es puerta de la verdad.

Cuando falta, no se puede ser sincero con uno mismo, por mucho que se quiera. Querer ver qué es lo que nos sucede y quererlo de verdad, con sinceridad plena es el punto decisivo. Si eso falla, podemos vivir como envueltos por una niebla con la que quizá nuestra propia imaginación enmascara las realidades que nos molestan.

Porque encontrar escapatorias cuando no se quiere mirar dentro de uno mismo es la cosa más fácil del mundo. Siempre existen causas exteriores a las que culpar, y por eso hace falta cierta valentía para aceptar que la responsabilidad, es quizá nuestra, o al menos una buena parte de ella. Esa valentía personal es imprescindible para avanzar con acierto en el camino de la verdad, aunque a veces se trate de un recorrido que puede hacerse muy cuesta arriba.

Hay un ejercicio muy bueno que puedes hacer muchas veces al día. Por un minuto suelta lo que estás haciendo, retírate a una habitación tranquila y acuéstate en el piso o sobre una cama con los brazos y piernas relajados. Imagínate que te sumerges en un océano de luz. No pienses en nada, quédate sumergido en la luz. Cuando te levantes, te habrás recargado. Puedes también pararte frente a una ventana y con los brazos abiertos respirar profundamente, imaginándote que inhalas luz y exhalas todas tus tensiones. Lo repites varias veces y luego, con el poder de tu imaginación, visualizas que la luz circula a través de todas tus células y de todos tus órganos y al exhalar la dejas salir para iluminar, alumbrar y ayudar al mundo entero.

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Tómate algún tiempo para mirar dentro tuyo y calmar la mente. Así, borrarás todas las impresiones que llevamos en nuestras vidas cotidianas y experimentarás la presencia, lo divino que es el verdadero centro de nuestra existencia.

Fátima Hergenreder.

info@despertarespiritual.com.ar

Estamos despiertos?

Estamos despiertos?

Cómo nos podríamos probar a nosotros mismos, en un momento cualquiera, que no estamos dormidos y soñando? Las circunstancias de la vida son a veces tan fantásticas como las de los sueños, y cambian con la misma rapidez. Qué pasaría si nos despertáramos y encontrásemos que nuestra vida despiertos es un sueño, y que nuestro dormir y soñar son sólo sueños dentro de ese sueño?

Hay una doctrina tradicional, generalmente asociada a la religión, pero que antes y ahora ha sido tema recurrente en la literatura, que dice que nuestro estar despierto habitual no es realmente estar despierto. No es el sueño nocturno, ciertamente, y tampoco es sonambulismo o caminar dormido, pero es, según la tradición, una manera especial de dormir comparable a un trance hipnótico en el cual, sin embargo, no hay hipnotismo sino solamente sugestión o autosugestión. Primero nos dice que, desde el momento del nacimiento y antes, estamos bajo la sugestión de que no estamos totalmente despiertos, y a nivel universal es sugerido a nuestra consciencia que debemos soñar el sueño de este mundo, tal como lo sueñan nuestros padres y amigos. Los niños pequeños, es notorio, encuentran difícil distinguir a primera vista entre esta fantasía, o sea sus sueños de día, y el sueño en el que viven sus padres y que ellos llaman realidad. Más tarde, en la niñez, cuando la sugestión original ha sido incorporada, la autosugestión nos mantiene en este estado más o menos continuamente. Nuestros amigos y vecinos, y todos los objetos que percibimos, actúan como soporíficos y sugestiones de sueño. Nunca más, como ocurrió en nuestra niñez, ponemos en duda lo que nuestros ojos nos muestran como la realidad de este mundo. Estamos totalmente convencidos de que es no sólo real, sino que no hay otra realidad. Soñamos sin poner en duda que estamos despiertos.

La religión, obviamente, presupone que la vida terrestre es un modo de dormir desde el cual es posible despertar a la vida eterna. El Nuevo Testamento, por ejemplo, constantemente usa las imágenes de dormir y despertar. De acuerdo a los Evangelios y a las Epístolas, nos dormimos con Adán y despertamos con Cristo, y la Doctrina nos dice en forma repetitiva que deberíamos esforzamos por despertar desde nuestro estado de vigilia presente y nacer de nuevo. En la literatura han explotado esta idea lbsen y H. G. Wells entre otros escritores. La obra de teatro de Ibsen “Cuando los Muertos Despertamos”, y la novela de Wells “El Durmiente Despierta”, suponen en sus propios títulos que los seres humanos estamos dormidos; pero que podemos despertar.

Es naturalmente difícil, por supuesto, convencernos de que estamos dormidos. Una persona dormida, en la mitad de un sueño, no puede despertarse por sí misma. El sueño puede ser tan desagradable que lo despierta naturalmente o se le debe remecer para que despierte. Muy rara vez nos podemos despertar voluntariamente. Es aún más difícil hacerlo desde un sueño hipnótico. Y si es difícil despertar a voluntad de estos estados de sueño leve, podemos imaginar la dificultad de despertar voluntariamente del profundo dormir y soñar de nuestra vigilia normal.

Pero, cómo convencernos a nosotros mismos de que realmente estamos en un sueño cuando nos parece que estamos en verdad despiertos? Comparando los dos estados de consciencia principales que conocemos y observando sus similitudes, cuáles son las características más destacadas de nuestro dormir ordinario, tal como las conocemos a través de los sueños que recordamos? El sueño ocurre, es decir, nunca lo iniciamos deliberadamente ni creamos sus figuras y eventos. En esto se parece a la vida en vigilia, por cuanto no predeterminamos nuestras experiencias, ni creamos o inventamos las personas ni los eventos con que nos encontramos día a día.

Otro elemento común de nuestro dormir y nuestra vigilia es la variabilidad de nuestra conducta. A veces nos horrorizamos o nos sentimos complacidos recordando cómo nos comportamos en determinado sueño. Es verdad que cualquiera que haya sido nuestra conducta, humillando o halagando nuestro orgullo, no lo habríamos podido hacer de otra manera. Nuestro disgusto o satisfacción es solamente un resultado de la presunta revelación de nuestro ser inconsciente. Pero cómo, fundamentalmente, estos hechos difieren de lo que ocurre en nuestro sueño del estado de vigilia? En el soñar despierto también alternamos entre una lamentable o una buena imagen de nosotros mismos, no por una decisión predeterminada sino porque así sucede, y nuestro desagrado o satisfacción es igualmente contingente en el efecto que el episodio tiene sobre nuestro orgullo. Pero, podemos decir verdaderamente y a priori que, sea lo que sea que pase, deberíamos comportamos así y asá y no de otra forma? No estamos sujetos a la sugestión del momento, siendo proclives a dejarnos alejar de nuestra resolución por la ira, envidia o entusiasmo? Exactamente como en un sueño nocturno, nuestra vida en vigilia siempre nos toma por sorpresa, y nos comportamos constantemente como ni siquiera imaginamos que podríamos hacerlo. Tampoco, mirando en retrospectiva, podemos realmente decir que lo habríamos hecho mejor o peor en una situación pasada. Si se repitiera, no tendríamos duda alguna de poder hacerlo mejor. Pero tomándola tal como fue, con nosotros tal como éramos en ese momento, no habría sido diferente de lo experimentado en un sueño nocturno.

El examen serio de los paralelismos existentes entre los estados de sueño y vigilia revela muchas más similitudes. Sólo se necesita mencionar una más: la manera en que nuestra memoria recuerda los dos estados es muy semejante. Es cierto que de nuestro estado de vigilia conservamos los recuerdos de manera más o menos continua, mientras que nuestra vida de sueños es una serie de recuerdos discontinuos. Aparte de esta diferencia específica, nuestra facultad de memoria parece comportarse de la misma manera en ambos tipos de experiencia. Todos sabemos lo difícil que es evocar a voluntad un sueño de la noche anterior, por vívido que haya sido y aunque todos sus detalles hayan estado en nuestra mente al despertar. En un instante desaparece por completo, sin dejar rastros. La memoria de lo vivido en nuestro estado de vigilia no es tan engañosa ni caprichosa en cuanto a sus características principales, pero es tan vivido hoy día un recuerdo de ayer? Vimos claramente miles de objetos, probablemente incluso les prestamos atención. Escuchamos conversaciones, hablamos, vimos hombres y cosas en las calles, leímos libros o periódicos, escribimos cartas, comimos y bebimos, e hicimos o percibimos una cantidad, que nadie puede enumerar, de objetos y actos. Esto ocurrió apenas ayer, fue el vívido sueño despierto de ayer. Cuántos de estos detalles permanecen en nuestra memoria hoy día? Cuántos podríamos recordar si nos esforzáramos? Tan completamente como los sueños nocturnos, la masa de sueños despiertos cae en el olvido de nuestro inconsciente.

Puede temerse que haya algo mórbido en las especulaciones anteriores, y que realizar un esfuerzo por ver nuestra vida despiertos como si fuera sólo una forma especial de dormir, debería disminuir la importancia que ella tiene para nosotros, y viceversa. Pero esta actitud hacia un posible y probable hecho es en sí misma mórbidamente tímida. La verdad es que así como en los sueños nocturnos el primer síntoma del despertar es la sospecha de que estamos soñando, el primer síntoma del despertar del estado de vigilia -el segundo despertar de la religión- es la sospecha de que nuestro estado de vigilia presente es como estar soñando. Darnos cuenta de que estamos dormidos es estar a punto de despertar, y estar enterados de que estamos sólo parcialmente despiertos es la primera condición para que logremos estar más plenamente despiertos.

A. R. Orage.

Traducido y extractado por Italo Godoy de
“Psychological Exercises & Essays”
Samuel Weiser Inc.

Transformacion

Transformacion

La transformación depende de cuatro factores:

A.- Conocimiento
Capacidad de aprender, receptividad para ser enseñado, discernimiento para ubicar lo que necesitamos en un momento dado.

Reglas:
1.- Procura verificar lo que escuchas o lees antes de aceptarlo.

2.- Si no tienes medios para verificarlo, no lo rechaces sin preguntarte si realmente te importa que sea verdadero o falso.

3.- Si realmente te importa, examina la fuente de donde proviene el conocimiento, y pregúntate si estás preparado para confiar en él mientras se te presenta algún medio de verificación.

4.- Nunca tomes nada que aprendas como definitivo. Debes estar siempre dispuesto a reconsiderarlo.

5.- El chequeo cruzado es útil. Nos da confianza comprobar que dos trozos de conocimiento se complementan y confirman el uno al otro.

6.- El chequeo cruzado debe hacerse con asuntos expresados en el mismo lenguaje. Tenemos que estar seguros primero de haber entendido lo que cada cual expresa.

7.- Practica la imparcialidad. No dejes que los gustos y disgustos influencien tu juicio.

8.- Sin embargo, toma muy en cuenta tus reacciones instintivas. Son a menudo más penetrantes que tus pensamientos.

9.- Aprender qué y aprender cómo no es lo mismo y esto nunca debe ser separado. Realmente, no conocemos algo si no sabemos hacer uso de ese conocimiento. Saber cómo – aprender un procedimiento- no nos llevará lejos a menos que sepamos qué estamos haciendo. La teoría y la práctica deben ir juntas si queremos resultados.

10.- Recuerda que todo conocimiento parcial es precario. Siempre trata de ver el total al cual pertenece determinado item de conocimiento. Si no logras ver el todo, es mejor hacer el intento que quedarse con un fragmento aislado.

11 – Abre tu mente más y más.

12.- El conocimiento que es compartido se comprende mejor que el que es cuidadosamente atesorado. Aprendemos mejor enseñando, así nunca olvidamos nuestra propia ignorancia, y recordemos que el aprender-enseñar es un proceso de doble vía en el que el profesor recibe tanto como el alumno.

El conocimiento da orden y un sentido de dirección a nuestra vida, pero, por sí mismo, no nos transforma.

B.- Lucha

Uno debe organizar una lucha de deseos o impulsos, la lucha del sí y el no. La lucha con uno mismo puede llamarse auto disciplina o trabajo sobre sí. Sólo podemos hacerlo si estamos conscientes de no ser uno sino varios.

Si estamos identificados, no luchamos, Necesitamos un shock. Si es físico, lo llamamos darse cuenta; si es mental: despertar de la atención; si es moral: remordimiento de conciencia

Reglas:

1.- Recuerda siempre que sólo puedes luchar en el momento presente.

2.- Organiza tu lucha. Elige contra qué lucharás y repite el acto tan a menudo como estés consciente del impulso contra el que quieres luchar.

3.- Usa tu discriminación. No seas demasiado ambicioso. Aprende a medir tu propia capacidad.

4.- la persistencia hará lo que no consigue la fuerza. La gota de agua horada la piedra.

5.- No temas luchar. No te hará ningún daño.

6.- Recuerda que la lucha presente es la llave de la futura felicidad.

7.- No te lo lleves cambiando. Un modesto plan de acción llevado hasta su fin produce asombrosos resultados.

8.- Formula decisiones sólo cuando estés seguro de tener la intención y la habilidad de llevarlas a cabo.

9.- Cuando dudes de tu habilidad, formúlate el propósito de que harás lo posible. Entonces tu posible deberá ser tu decisión.

10.- Nunca te detengas a lamentar fracasos ni trates de excusarlos. Ellos ya están fuera de tu momento presente y no hay nada que puedas hacer acerca de ellos.

11.- Tu cuerpo es ignorante, sé justo con él. Tus sentimientos cambian, no cuentes con ellos. Tu mente es volátil, no esperes que permanezca estable dentro de tu momento presente. En resumen, sé realista respecto a ti mismo.

12.- Nunca olvides que nadie puede luchar por ti.

La lucha es la organización del deseo. A no ser que algo en uno quiera hacer el esfuerzo, no podremos hacerlo.

C.- Sacrificio

Renunciar a algo a lo que estamos atado, es desapego. El hacerlo nos da libertad interior A veces, es aceptar que algo valioso nos sea quitado.

La esencia del sacrificio es la decisión (patriarca Abraham).

Reglas:

1.- Cualquier deseo de ser recompensado por un sacrificio, destruye su valor.

2.- Sé inteligente en tu decisión de objetos a sacrificar.

3.- No sacrifiques a expensas de otros, salvo que lo puedas restituir.

4.- Un sacrificio a medias no es un sacrificio.

5.- Sacrifica lo que es precioso para ti en el momento presente.

6.- Nunca aceptes retribución por un sacrificio,

7.- No seas falto de criterio e intentes sacrificios que después lamentarás.

8.- Mide lo que puedes soportar. Esa es la medida de lo que tú eres.

9.- Investiga en ti tus apegos y pregúntate si eres capaz de sacrificar alguno de ellos.

10.- El sacrificio correcto es hecho por una razón correcta; pero no por un buen resultado.

11.- Guarda tu sacrificio oculto de los otros, y si no es posible, procura aparentar que lo hiciste por gusto.

12.- Un sacrificio no debe ser el resultado de una lucha, sino de una decisión. Es un acto decisivo hecho en un momento, sin hesitación y sin segundos pensamientos.

D.- Ayuda

Si sacrificio es alejar algo valioso del momento presente, ayuda es permitir entrar algo valioso.

La ayuda se parece al conocimiento en que entra en nosotros desde fuera; pero es diferente de éste porque no entra a través de nuestra mente (intelecto, inteligencia). No viene del mismo plano en que vivimos.

Quienes la dan, han encontrado la manera de conectarse con una fuente que está fuera del momento presente, y pueden trasmitirla a quienes están con ellos cuando la reciben.

La ayuda actúa como un catalizador. No es propiedad de nadie, todos podemos recibirla directamente o a través de otros que actúan como canales de distribución: hombres santos, lugares santos, maestros de sabiduría, rituales, ceremonias iniciáticas.

La ayuda espiritual o sobrenatural es llamada gracia Al caer sobre una persona, produce una conversión; sobre una comunidad, dones carismáticos.

A veces ocurre espontáneamente, porque sí, que todo parece facilitarse y las puertas se abren solas. Otras veces, aparece ayuda en la más profunda desesperación, cuando todo parecía perdido. La naturaleza aborrece el vacío, cuando tú te vacías, la ayuda puede entrar.

Todas las sagradas figuras: Cristo, Buda, Mahoma, Ramana Maharshi, son fuentes de ayuda de las que fluyen corrientes de energía disponibles para sus seguidores.

J. G. Bennett

Traducido y extractado por Farid Azael de
J. G. Bennett.- Transformation
Claymont Communications
West Virginia.- USA

Recuerdo de Si, Consciencia y Memoria.

Recuerdo de Si, Consciencia y Memoria.

Si recordarse a sí mismo es tan deseable, por qué es tan difícil de alcanzar? Para contestar esta pregunta debemos volver con más detenimiento, a la cuestión de la atención. Porque la posibilidad de estados más elevados de consciencia en el hombre depende precisamente de ciertas materias finas que produce el cuerpo siendo sometidas a su atención.

El proceso de digestión en el hombre se compone de un enrarecimiento progresivo del alimento, el aire y las percepciones que ingiere; y la materia fina de que hablamos se puede tomar como el producto final de este enrarecimiento en condiciones normales. A desemejanza de la carne o la sangre, que se componen de células, esta materia se puede visualizar como en estado molecular, esto es, como en un estado análogo al de los gases o los perfumes. Es, así, extraordinariamente volátil, inestable y difícil de contener.

En el caso del hombre, sin embargo, está sujeta al control psicológico y este control psicológico es la atención. Combinada con la atención, esta materia deviene el vehículo potencial de la auto consciencia.

En el estado ordinario del hombre esto es, al actuar como máquina cuando su proceso interno opera muy independientemente de su voluntad o de su deseo – esta materia fina sigue las leyes que gobiernan a toda materia libre en estado molecular. Se difunde desde aquél en todas direcciones o en las direcciones que le cogen la atención. Tan pronto como es fabricada, o con muy breve retardo, esta materia fina sale a través de él en una u otra forma. Pues para contenerla o para acumularla requiere voluntad que normalmente no posee, y produce una tensión interior que sólo puede mantenerse con auto conocimiento y auto control grandes.

Esta difusión de la energía fina del hombre desde él mismo, toma muchas formas. Puede salir de él normalmente como energía sexual; explotar desde él anormalmente como ansiedad o irritación; filtrarse desde él como envidia o auto compasión. Más comúnmente que esto, sencillamente se difunde desde él para crear el curioso estado psicológico de fascinación
(o identificación) en el cual un hombre pierde por completo su identidad en una conversación, una tarea, un amigo, un enemigo, un libro, un objeto, un pensamiento o una sensación. Esta fascinación es sencillamente, efecto del discurrir hacia fuera de la materia fina desde un hombre, en una dirección determinada por su tipo y personalidad, y que arrastra su atención con ella. En casos extremos esta succión hacia fuera de la atención puede ser tan completa que el cuerpo del hombre queda por entonces como un ser vacío aún de los rudimentos de la individualidad psíquica. Esta fascinación es el más usual de los modos de gastar la materia fina de la energía creadora del hombre. Constituye, en realidad, el estado habitual del hombre y por esta misma razón es irreconocible por completo e invisible de ordinario.

Por las clases más finas y más productivas del trabajo humano, un hombre aprende por el uso de la atención a conservar su fascinación en una dirección determinada. Por ejemplo, un buen zapatero permanece durante una hora fascinado por la confección de un par de zapatos, un político queda fascinado por el discurso que pronuncia, una mujer queda fascinada por la carta que está escribiendo a un amigo. Sin esta retención más elemental de la atención en una dirección, ningún buen trabajo de ninguna clase, ni aún el más simple, puede producirse.

Así, hay tres categorías en el gasto ordinario o difusión de la materia fina. La corriente al exterior puede vagar simplemente de uno a otro objeto, de la vista al oído y el pensamiento, a medida que uno u otro fenómeno le coja la atención. Nuevamente, la corriente hacia fuera puede ser atraída por algo que ejerce un fuerte asidero a la atención, una persona que lo divierte, una persona que lo irrita, un libro que interesa, un sonido grato y así sucesivamente. O, por último, por un simple esfuerzo de atención, la corriente puede ser retenida durante cierto tiempo en una dirección deseada.

Como hemos dicho, estos diferentes modos en los cuales la materia fina es consumida normalmente, representan diferentes aspectos de la función particular en actividad: un aspecto puramente automático, un aspecto emotivo, o un aspecto intelectual. Más aún, son característicos de tres procesos distintos y producen tres grupos de resultados muy diferentes.

Al mismo tiempo, estos son igualmente mecánicos y la característica principal de todos ellos es que la atención sólo es suficiente para hacer posible que la materia fina que trae el estado de alerta, se aplique a una cosa cada vez. Este es el estado ordinario del hombre. Solamente puede darse cuenta de una sola cosa cada vez. Puede darse cuenta ya sea de la persona a quien está hablando, o de sus propias palabras; puede darse cuenta del malestar de alguien o de un dolor en su propio cuerpo; puede darse cuenta de una escena o de sus propios pensamientos. Pero, excepto en muy raras ocasiones, no puede darse cuenta simultáneamente de sus propias palabras y de la persona a quien las está dirigiendo; o de su propio dolor y del de alguna otra persona; o de la escena y de sus pensamientos acerca de aquélla. Así, el darse cuenta de todos los hombres en ese estado ordinario puede clasificarse como fascinación. Porque si se da cuenta de algún fenómeno exterior pierde su darse cuenta de él mismo; o al devenir alerta de algo en él mismo, pierde su darse cuenta del mundo exterior, esto es, deviene fascinado por una cosa, interna o externa, con exclusión de todo lo demás.

Ciertamente la experiencia de cada hombre contiene casos de atención dividida y de no ser así, no tendríamos indicio alguno de cómo proceder. Por ejemplo, una de las razones para el extraordinario poder que las sensaciones del amor y del sexo tienen sobre los hombres, es que en determinadas circunstancias provocan un intenso estado de alerta de uno mismo y de otro, al mismo tiempo. Esto es un verdadero pregustar del siguiente estado de consciencia. Pero si esta sensación llega a hombres no preparados para ello, es enteramente accidental y totalmente más allá de su control.

Una de las cosas principalmente enseñadas en las escuelas del cuarto camino es la división intencionada de la atención entre uno mismo y el mundo exterior. Mediante larga práctica y el ejercicio constante de la voluntad, no se le permite a la materia fina del estado de alerta que fluya ininterrumpidamente en una dirección, sino que es dividida, por decir así. Una de cuyas partes es retenida en uno mismo, mientras que la otra se dirige al exterior, hacia aquello que se pueda estar haciendo o estudiando. Mediante la división de la atención, el estudiante aprende a darse cuenta de él mismo cuando habla a otro, de él mismo mientras permanece en determinado escenario, de él mismo actuando, sintiendo o pensando en relación con el mundo exterior.

De este modo aprende a recordarse a sí mismo, primero por momentos y luego con frecuencia creciente. Y en proporción a su aprendizaje de recordarse a sí mismo, sus acciones adquieren consistencia y significación en la misma proporción, las que le habrían sido imposibles mientras su darse cuenta se movía únicamente de una a otra fascinación.

La característica de este segundo estado, recordarse a sí mismo, es la atención dividida. Hay varias cosas extrañas respecto a este estado. Primero, por ciertas razones cósmicas, nadie puede intentarla o practicarla hasta que se le haya hablado de aquella y se le haya explicado. Segundo, cuando se le ha explicado, toda persona normal tiene suficiente voluntad y energía para recoger un vistazo momentáneo de lo que ello significa. Si lo desea, puede en el momento que acaba de enterarse, devenir alerta de él mismo en su medio ambiente: de él mismo, sentado en una silla, atento a una nueva idea.

Pero este recordarse a sí mismo no puede repetirse o mantenerse excepto por su esfuerzo consciente. No ocurre espontáneamente. Nunca se convierte en un hábito. Y en el momento en que la idea de recordarse a sí mismo o de atención dividida se olvida, todos los esfuerzos, no importa cuán sinceros sean, degeneran una y otra vez en fascinación, esto es, en el darse cuenta de una cosa a un tiempo.

Es así necesario señalar que la estrecha atención puesta en un trabajo, en el darse cuenta físico del cuerpo de uno, en el ejercicio mental de una u otra clase, en visiones o visualizaciones, aún dentro de emociones profundas, no constituyen por sí, recordarse a sí mismo. Porque todo esto puede hacerse con la atención indivisa, esto es, uno puede devenir fascinado por una tarea, por un darse cuenta físico, por un ejercicio mental o por una emoción; y uno devendrá inevitablemente tan fascinado en el momento que cesa la atención de estar dividida entre un actor u observador en uno mismo y aquello que él observa o sobre lo que actúa.

Otra curiosa treta psicológica se debe mencionar en conexión con el momento en que un hombre escucha por primera vez hablar del recordarse a sí mismo. Si él lo relaciona con algo que ha escuchado o leído antes, con algún término filosófico, religioso u orientalista que le es ya familiar, inmediatamente la idea se le hace invisible, pierde su poder. Porque ésta sólo puede abrir nuevas posibilidades para él como idea completamente nueva. Si se conecta con alguna asociación familiar, significa que ha ingresado a la parte equívoca de su mente, donde podrá quedar alojada como cualquier otro fragmento de conocimiento.

Se ha desarrollado un impacto y sólo con gran dificultad puede volver el hombre a la misma oportunidad. La extraordinaria elusividad de este nuevo estado psicológico, el siguiente abierto al hombre más allá de su estado habitual, está muy bien descrito en el Cap. 7 de Fragmentos de una Enseñanza Desconocida por P. D. Ouspensky, donde el autor describe con gran exactitud sus propios experimentos y experiencias cuando por primera vez se le habló de la idea de recordarse a sí mismo.

Cuando por primera vez un hombre escucha algo sobre recordarse a sí mismo, si lo toma en serio, toda clase de nuevas posibilidades parecen abrirse inmediatamente para él. No puede comprender cómo es que jamás había pensado en ello. Siente que únicamente tiene que hacer esto y todas sus dudas, artificialidades y dificultades desaparecerán y toda clase de cosas podrán convertirse en posibles y fáciles para él, las mismas que antes consideraba completamente más allá de su alcance. Su vida toda podrá ser transformada.

Y esta sensación está tan en lo cierto como en el error. Está en lo cierto en su creencia de que si pudiera recordar todo por sí mismo sería tan diferente a como se lo imagine. Sólo que en un principio no ve la enorme resistencia que hay en él mismo para dominar este nuevo estado. No se da cuenta que conseguir recordarse a sí mismo como estado permanente o aún conseguir frecuentes momentos de recurrencia, requiere el deber de reconstruir completamente su vida, pues esta tarea exigirá una gran parte de la materia fina que su máquina puede ahorrar o hacer, toda la voluntad y atención que puede desarrollar por el ejercicio más constante. Tendrá que luchar en contra de y eventualmente abandonar todas las formas psicopáticas de quemar su materia fina, la cual forma ahora parte tan familiar y aparentemente necesaria de su vida: ansiedad, irritación, indignación, auto compasión y toda clase de temores, toda clase de sueños, todas las formas en las cuales se hipnotiza a sí mismo en la satisfacción con las cosas como son. Sobre todo, debe necesitar recordarse a él mismo, constante y permanentemente, no importa cuán doloroso e incómodo pueda hacer esto, ni cuán desagradables las cosas que ve así en sí mismo y en otras gentes. Porque en el momento que cese de necesitar recordarse a sí mismo, pierde en todo grado por algún tiempo – la posibilidad de hacerlo.

Psicotransformismo

Psicotransformismo

Psicotransformismo es el término que usó Ouspensky para describir una serie de cambios que pueden tener lugar en la psiquis del hombre. El Psicotransformismo trata de la posibilidad que el hombre tiene de transformarse desde un ser que es Enemigo Público N 1 desde el punto de vista de la biósfera – una creatura muy desarmónica y peligrosa – en un ser que puede vivir en armonía consigo mismo y con el universo. De acuerdo a esta teoría, el hombre posee posibilidades de desarrollo que generalmente ni siquiera conoce, ni mucho menos usa.

La naturaleza garantiza que el hombre se desarrollará hasta la etapa de un animal sexualmente maduro. En este punto lo abandona para que haga lo que le plazca. Ya sea que se desarrolle más allá o no, depende enteramente de sus propios deseos. Puede, y generalmente lo hace, vivir como un tonto y morir como un perro, en cuyo caso llega a ser mera comida para gusanos. 0 puede, mediante cierta clase de esfuerzo intencionado transformarse en una clase más elevada de ser, y entonces es incorporado a una etapa ascendente del proceso cósmico.

La validez de la teoría del Psicotransformismo puede ser probada por cualquiera, porque el hombre siempre puede usarse a sí mismo como conejillo de Indias para ver si funciona. No hay que creer nada, sólo intentar el experimento.

En orden a estudiar esta teoría científicamente, es necesario considerar la estructura y función del cerebro humano. El cerebro del hombre es el más complejo y peligroso de todos los aparatos que se han desarrollado en la biósfera terrestre. Es un órgano horrorosamente desarmónico. Su desarmonía proviene del hecho de que no es uno sino muchos. Incorpora tres diferentes cerebros en una sola entidad: un cerebro instintivo cercano al nivel de un cocodrilo, un cerebro emocional no muy por encima del de un caballo, y, encaramado al tope de esta inestable combinación, como un rey en un trono tambaleante, un cerebro humano recientemente evolucionado, alojado en dos hemisferios cerebrales de grandes dimensiones.
De este modo, parece razonable que cualquier ser, lo suficientemente desafortunado para tener que crear alguna clase de armonía entre un cocodrilo, un caballo y un hombre, tenga alguna dificultad. Basta revisar la historia de la humanidad para darnos cuenta de la horrible confusión que esta mezcla ha provocado. Arthur Koestler en El fantasma en la máquina, sugiere que el hombre es víctima de un error en la formación del cerebro. El error proviene de la incapacidad de los viejos cerebros para evolucionar armoniosamente con el nuevo. El resultado es un desastre biológico que puede llevar no solamente a la extinción de la raza humana, sino también a un daño irreparable en la biósfera del planeta tierra.

La candente pregunta que surge, ante la cual todas las otras preguntas parecen triviales, es ésta: Tiene el cerebro humano en sí mismo la capacidad, primero, de reconocer sus propios defectos y, segundo, de remediarlos?.

La teoría del Psicotransformismo contesta que la posición del hombre es difícil y peligrosa, pero no sin esperanzas. El cerebro, como ciertos computadores muy sofisticados, tiene la capacidad de reconocer y corregir algunos de sus errores. Para hacer esto debe usar un sistema del cerebro que, si bien existe en el hombre, no es normalmente conocido. Permanece sin uso como una poderosa máquina cuyo dueño ni siquiera sabe que la posee.

Si miramos los sistemas cerebrales que determinan el comportamiento del hombre y los otros animales, veremos que predominan dos sistemas. Siguiendo a John Lilly, los llamaremos los sistemas de detención y de partida.

Psicodinámica de los sistemas cerebrales:

partida…………………………detención
acción………………………….inacción
placer………………………….dolor
recompensa…………………castigo

Neurohormonas:

Norepinefrina………………..Acetilcolina

Los dos sistemas están íntimamente relacionados con recompensa y castigo. El sistema de partida ofrece al animal su recompensa. Es más o menos sinónimo con el centro del placer, cuyo poder fue tan dramáticamente demostrado por Olds en ratas y por Lilly en el mono. Si insertamos un electrodo en el centro del placer de una rata o de un mono y lo conectamos a una barra que la creatura pueda pulsar, tendremos una fascinante, e incluso atemorizadora, demostración del poder que este centro puede ejercer. Hora tras hora, descuidando todas sus otras necesidades, el animal permanecerá ahí oprimiendo la barra. Es, literalmente, un esclavo de su centro del placer.

El efecto del sistema de detención es igualmente dramático aunque, afortunadamente para nosotros, está localizado en una parte muy pequeña del cerebro. Este sistema cerebral castiga al hombre tan drásticamente que, si se implanta un electrodo allí y es frecuentemente activado, la creatura se decae, pierde interés en la vida y finalmente muere. La única manera de detener su depresión es activando su sistema de partida.

Es digno de mencionar que estos dos sistemas dependen para su funcionamiento de dos diferentes sustancias químicas. El sistema del placer o partida depende de la neurohormona norepinefrina; el dolor o detención depende de la neurohormona acetilcolina. Es muy importante que nos demos cuenta de cómo todos nuestros estados de ánimo y nuestro total sentido de aquello que llamamos uno mismo depende de diminutas trazas de ciertas sustancias químicas, las neurohormonas, liberadas en las terminales de las fibras nerviosas. Un defecto en el metabolismo de la norepinefrina puede hundir a una persona en las profundidades de una inexplicable depresión o inducir las alucinaciones de la esquizofrenia. Los médicos sacudirán sus cabezas y, si son de orientación psicoanalítica referirán al paciente a un colega psiquiatra, quien pondrá a la persona contra las cuerdas, cobrándole cincuenta dólares por la hora. Pero ésto es inútil, porque el problema real es químico. Todas las formas de conducta pueden finalmente estar relacionadas con eventos a nivel molecular que ocurren en ciertas áreas del cerebro. Las llamadas drogas psicotrópicas actúan en el cerebro alterando estos procesos bioquímicos.

Los sistemas de detención y de partida sustentan todas las conductas comunes. El hombre busca estímulos que activen su centro del placer. Con igual buena fe busca evitar cualquier influencia que active el centro del dolor. Se mueve como un asno entre el garrote y la zanahoria, una bestia estúpidamente dirigida por impulsos que difícilmente puede entender, en un viaje sin dirección y sin un real sentido. Ya sea tratando de capturar el placer o huyendo del dolor, es un esclavo de estos tiránicos centros cerebrales que limitan su libertad y lo transforman en un muñeco desvalido.


Corrupta y vieja naturaleza, nos empuja vehemente.
Un aguijón es la lujuria y el otro , el dolor.
Estas palabras, gritadas por un loco en una de las más inspiradas novelas de H. G. Wells, resumen la condición del hombre en el nivel de ser en que habitualmente existe, Pero la teoría del Psicotransformismo establece que éste no tiene porqué existir en ese desdichado nivel.

El nuevo cerebro del hombre, la neocorteza, es un grande, complejo y verdaderamente magnífico órgano, cuyo poseedor no sabe como usar. Es como un extraordinario computador puesto en manos de un ignorante y rústico labriego que no tiene ni la más nebulosa idea de para qué es. E incluso peor, el manual de instrucciones se ha perdido.

Sumado a los centros de detención y partida, que el hombre comparte con los otros animales, la neocorteza contiene centros superiores, los centros del poder y de la liberación. Aquel que pueda activar estos centros cesa de ser un esclavo de la dualidad placer-dolor. Tal persona obtiene una libertad interior aparejada a una comprensión totalmente nueva de sí mismo y de su poder, ha colmado su potencialidad y ha llegado a ser verdaderamente un hombre. La teoría del Psicotransformismo establece que aunque estos centros superiores existen en el cerebro del hombre, sólo pueden ser activados mediante esfuerzos intencionales. Es como si la naturaleza obsequiara al hombre con un soberbio regalo y luego, arrepintiéndose de su generosidad, pusiera ciertos obstáculos en su psiquis que le harán casi imposible usar el regalo. En el Nuevo Testamento, que es un tratado de Psicotransformismo escrito en clave, encontramos referencias a esta idea en varias parábolas. El centro superior del cerebro del hombre ofrece las llaves de ese estado llamado el reino de los cielos. El hombre comúnmente no sabe que este reino existe. Si pertenece a la llamada Iglesia Cristiana, puede haber escuchado que este reino está situado en alguna parte en la estratósfera, y poblado por improbable fauna, como querubines o ángeles, o que es un estado que se obtiene después de la muerte. Pero el reino de los cielos existe en su propio cerebro. Depende de él encontrarlo. Así, en las parábolas del Nuevo Testamento, el reino de los cielos es comparado al tesoro oculto en un campo y que, cuando el hombre lo descubre, vende todo lo que tiene para comprar ese campo.

La misma idea es presentada en forma algo diferente en la parábola del hijo pródigo. Habiendo despilfarrado sus bienes en una vida disipada se encuentra reducido al nivel de un porquerizo que gustosamente se llenaría la barriga con los desperdicios de lo que los cerdos comieron. Sólo en esta deplorable situación extrema, recuerda la casa de su padre y resuelve volver allá a toda costa.

Estas parábolas expresan alegóricamente dos de los más importantes principios del Psicotransformismo. En primer lugar, antes que el hombre siquiera comience a desarrollarse, debe darse cuenta de que, mientras permanezca esclavo de los centros del placer y del dolor, su vida no es mejor que la de un animal. Es un cerdo entre los cerdos. De hecho, está más abajo que ellos porque al menos los cerdos no tienen un potencial mayor que desperdiciar. En segundo lugar, el hombre debe entender que, para entrar en el reino de los cielos en la alegoría de los Evangelios, debe estar dispuesto a sacrificar todo lo que posee.

La naturaleza no tiene previsto asegurar que el hombre desarrollará todo su poder. Entenderemos ésto al comparar al hombre con un insecto, una mariposa, por ejemplo, que pasa por varias formas: huevo, oruga, crisálida y adulto alado. La naturaleza asegura que el insecto pasará por todos estos estados. Pero el hombre, cuya última transformación interior puede ser comparada al cambio de oruga a mariposa, es forzado a depender enteramente de sus propios esfuerzos intencionales para efectuar esta metamorfosis. La naturaleza no sólo no lo ayuda, sino que además pone grandes obstáculos en su camino. Si quiere alcanzar su total desarrollo y despertar los centros superiores de su cerebro, debe trabajar en contra de la naturaleza. Más correctamente, podemos decir que debe trabajar en contra de la naturaleza en un nivel, en orden a servir los propósitos de ella en un nivel más elevado, porque la razón nos obliga a percibir varios niveles en el funcionamiento del cosmos. Los procesos que tienen lugar en un nivel pueden ser opuestos a los que ocurren en otro. No es necesario ir tan lejos como aquellos dualistas babilonios que postulaban dos principios: una fuerza de la oscuridad y una fuerza de la luz. Basta decir que el proceso que llamamos naturaleza opera en varios niveles y que el hombre se encuentra colocado entre dos niveles de ese proceso cósmico. Tiene la posibilidad de transcenderse a sí mismo y alcanzar un nivel superior de ser, o puede permanecer como está, siendo un cerdo entre los cerdos.

El Psicotransformismo se refiere a las leyes que gobiernan la auto transcendencia. En muchos sistemas de enseñanza el Psicotransformismo es comparado con un viaje. Este viaje interior es aludido como el Camino, y los diferentes niveles de desarrollo son señalados como etapas del Camino. Podemos dibujar un mapa del Camino y distinguir cinco etapas, como se muestra en la figura siguiente.


En el nivel más bajo está la selva, representada aquí como un círculo, porque nadie a ese nivel llega jamás a alguna parte. La gente se mueve en círculos como los burros que hacen girar una rueda de molino. Ellos viven entre la zanahoria y el garrote. Son arrastrados por deseos, ya sea de riqueza, fama, placer sexual, etc. o son manejados por temores, temor a la pobreza, enfermedades, cesantía. Este nivel es llamado la selva porque en él se vive bajo la ley de la selva: comer y ser comidos.

El Control de las Emociones

El Control de las Emociones

El hecho es que cuando nos dejamos llevar por la ira u otra emoción negativa, somos incapaces, excepto en muy raros casos, de razonar como lo hacemos habitualmente. Si realmente tuviéramos un desarrollo de nuestro poder mental, como el que da un entrenamiento especial, podría tal vez ser posible contraponer el pensamiento a la emoción, y esperar una victoria del pensamiento. Pero, tal como son las cosas, no sólo nuestro desarrollo mental es inferior a nuestra emocionalidad animal, sino que además la energía de nuestro pensar cotidiano es de menor voltaje que la de nuestra emoción. En orden de intensidad, la energía de nuestro instinto, emoción y pensamiento están en la misma gradiente que la electricidad, el gas y el vapor. Por lo tanto, una gran cantidad de las energías más bajas es necesaria para contraponerse a una cantidad relativamente pequeña de energía de mayor voltaje, El razonamiento en contra de la ira u otra emoción negativa es como enfrentar una cantidad igual de energías de diferente intensidad. El resultado es previsible.

Cuando el razonamiento parece producir algún efecto sobre una emoción negativa, la explicación se encuentra en la mezcla de algún otro sentimiento o en la adición de algún poderoso instinto. Por ejemplo, las cosas nos provocan menos cuando estamos bien físicamente. Nuestro cuerpo está lleno de vitalidad y sostiene al débil razonamiento contra la amenaza de una explosión emocional. Similarmente, cuando tenemos un sentimiento de amor, miedo o cualquier otro, su ayuda puede socorrer a la razón a suprimir o sobrellevar un ataque de ira. La mayoría de las prescripciones comunes contra ella consisten en uno de dos ingredientes. Caen, de hecho, en dos clases: prescripciones de orden físico y prescripciones que consideran otros sentimientos aparte de la emoción negativa misma. Cuando Kipling dice que la cura para disminuir la presión de un arrebato es cavar hasta transpirar suavemente, o Gilbert recomienda un placebo contra la melancolía, están haciendo prescripciones del primer tipo. Y cuando nuestros padres, guardianes y amigos apelan, como dicen, a nuestra mejor naturaleza o invocan una imagen de miedo, inconscientemente preparan una prescripción del segundo tipo.

Ambos tipos de prescripción, evidentemente, podemos aplicarlas a nosotros mismos, si tenemos la resolución de hacerlo. Pero hay un placer infantil en ser recetados y recibir atención, y las pataletas son particularmente infantiles en sus demandas de ser regaloneados. Las naturalezas más adultas, sin embargo, pueden prescribirse a ellas mismas, y tomar su propia medicina. Es, de hecho, una señal de ser adulto el que podamos transar con nuestras emociones negativas (al menos cuando son relativamente suaves). Las emociones negativas más serias, como ataques severos de inseguridad o celos, están más allá del poder de la mayoría de los adultos para tratarlas por ellos mismos. Los dos tipos de prescripción sirven normalmente en casos que exceden la auto aplicación; y es igualmente difícil inducir al paciente a aceptarlas de otra persona. Entonces no hay nada que hacer, excepto esperar hasta que la emoción negativa se haya gastado sola, a veces con perjudiciales consecuencias para los involucrados.

Supongamos que un hombre o una mujer estén verdaderamente deseosos de trabajar sobre sus sentimientos oscuros de ira, desesperación, miedo, celos, odio o, en resumen, sus emociones negativas. Significa eso algo?

Para comenzar, es necesario admitir en uno mismo que este estado emocional es una enfermedad nerviosa. El paciente debe aprender a decir: estoy enfermo. La tendencia, por supuesto, es culpar a la supuesta causa, situación, persona o incidente que pareciera haber provocado la enfermedad. Pero no hay alivio en justificarse. Nadie nunca se ha recuperado de un acceso de mal humor culpando a la causa imaginada. Es mil veces mejor y verdadero decir: estoy enfermo, que decir o sentir: esto y lo otro me hizo enfermar. Esta actitud hacia las emociones negativas ya comienza a modificar su furor. Tiene algo de la magia del aceite sobre las olas.

Pero no es suficiente adoptar una actitud, aunque sea la correcta. Algo se debe hacer, dado que Satán siempre encuentra un mal uso para la energía libre que tenemos, y las emociones negativas son sólo despilfarro de energía. El Demonio vive en nuestra energía malgastada.

Trate de no pensar en la supuesta causa de la emoción o en las cosas y circunstancias que estén en su trasfondo. El pensar en un estado de emoción negativa necesariamente se ve distorsionado por el agitado medio que ella produce. Es como mirar un objeto a través de aguas tumultuosas y turbias. Pensar en este estado jamás conduce a la verdad.

Trate también de no sentir. Esto se ve imposible a primera vista, parece un consejo para dejar de sentirse desdichado. Pero todos sabemos que es posible convivir o no con un sentimiento. Todos conocemos la tentación de apretar con la lengua un diente que está doliendo, para que duela más. La recomendación de no sentir no es demasiado irrelevante. No sienta más de lo que puede soportar.

Pero el secreto no está contenido en alguno de los alivios anteriores. Es algo totalmente diferente, que puede ser descrito como sigue: cuando se está con un sentimiento amargo o en su proceso de desarrollo, observe y note sólo su estado físico. El cuerpo es a veces muy elocuente, muestra un conjunto especial de síntomas para cada sentimiento. Observe y note, a manera de curiosidad personal y científica, cómo su cuerpo manifiesta los malos sentimientos. Por ejemplo, su boca puede secarse o tener un sabor desagradable. Su piel puede sentir picazón, algunos músculos pueden contraerse, puede tener indigestión, náuseas o sentir el corazón oprimido. Los síntomas se revelan por sí mismos. Si usted simplemente los observa, anota y enumera, como si los estuviera recopilando para una novela o texto de psicología, verá que cuando haya terminado, habrán desaparecido, Habrá ahorrado energía al usarla para observar.

A. R. Orage.

Traducido y extractado por Italo Godoy de
A. R. Orage.- “Psychological Exercises & Essays”
Samuel Weiser Inc.