Los Cuatro Mundos de la Cábala

Los Cuatro Mundos de la Cábala

Introducción:

Para comenzar a desarrollar este tema debemos necesariamente aludir, aunque sea en forma muy breve, a la cosmología cabalista. De hecho, los cuatro mundos corresponden en ella a la representación estructural de un cosmos que va más allá de lo físico y energético, a un cosmos que involucra toda la Creación, o sea, lo que la Divinidad ha desarrollado a partir de El Mismo. Esta creación así concebida conforma la Existencia Positiva. Para poder analizar estas estructuras de existencia es necesario detenernos en su formación.

La Creación es el mayor de los misterios que el ser humano está llamado a descifrar porque, si bien es cierto que él forma parte integrante de la manifestación, según la Cábala, tiene la posibilidad de superarla, ya que su origen proviene de Aquel o Aquello que se mantiene tras el velo de la existencia. El ser humano es el único ser que pertenece a esta creación y que al mismo tiempo existía antes de que ésta se manifestara. Por lo tanto, la preexiste y por ello puede llegar más lejos que nadie en su camino de evolución. Es más, según la Cábala tradicional judía, el ser humano está llamado a ser la herramienta determinada por el Altísimo para que, a través de su acción en el Universo material – nivel de existencia en donde de una u otra forma se expresan todas las energías participantes de la creación – pueda llevarse a cabo la labor de evolución de todo lo manifestado de modo que vuelva a su Origen.

Dios – Aquello que está más allá de nuestra comprensión – decide crear un Universo, y difícilmente podremos determinar por qué tomó esa decisión. Simplemente debemos aceptar esta realidad. Y, aunque se pueda especular mucho al respecto, la tradición cabalista reconoce que es imposible llegar a saberlo, aceptando que eso está vedado a nuestra realidad. Tratar de explorarlo es lo mismo que intentar conocer a Dios en su Esencia. El ser humano puede conocer todos los secretos de Su obra: su Creación. Ya esto es una tarea magnífica propia de dioses, pero ir más allá está fuera de sus posibilidades.

Aceptamos que Dios decide crear una manifestación, y este es su gran maravilloso misterio. El crea, con lo que otorga una parte de El mismo a esta manifestación por formarse, pero, al mismo tiempo se mantiene incólume e inalterado. Crea, pero no se involucra en esta creación. Dios está en la creación, pero la creación no es Dios. Cómo realiza este prodigio? La Cábala plantea que desde su Realidad la única y verdadera, llamada la Existencia Negativa – transciende a una nueva realidad ficticia llamada la Existencia o Existencia Positiva , en la cual se concibe y conforma la manifestación. Dios, en esencia, se mantiene aislado de esta creación a través de tres velos llamados por la Cábala:

Ein = Negatividad
Ein Soph = Lo Ilimitado
Ein Soph Aur = La Luz Ilimitada

Ellos permiten que Dios se exprese en la Creación y que a la vez se mantenga incólume y aparte de ella. Estos tres velos se traducen en el término Pargod o cortina cósmica y a partir de ella la creación comienza a manifestarse.

La Divinidad proyecta a través de la cortina una parte de su Realidad, plasmándola en el primer estado de manifestación o existencia positiva, la que es conocida como Kether, Corona. Partiendo de allí, toda la Existencia Positiva se expresa instantáneamente y la Cábala la ordena en diez emanaciones: los Sephiroth (Sephirah en singular), de los cuales el primero es la ya mencionada Corona.

Ellos habrían surgido en forma instantánea y simultánea, por lo que no existe ninguno superior a otro, todos son emanaciones divinas de igual magnitud e importancia. La única diferencia que podría establecerse es que se manifiestan en diversa forma. Pero para fines didácticos, la enseñanza de la Cábala ha establecido un orden, una jerarquía, entre los Sephiroth – ya que nuestra comprensión y capacidad de intelectualizar este conocimiento es limitada – estableciendo distintas estructuras para el estudio de las relaciones entre ellos. La más universal y conocida es la del Arbol de la Vida.

En este artículo analizaremos una de estas estructuras: la llamada los Cuatro Planos o Mundos de la Cábala.

Los Cuatro Mundos:
Para los cabalistas, esta estructura de estudio refleja especialmente las enseñanzas de la Mercavah, las que, entre otras cosas, son interpretaciones cabalistas del libro de Ezequiel en el Antiguo Testamento.

Los cuatro mundos son cuatro niveles de manifestación sobre la base de los cuales está construida la creación:

1.- El Plano Divino o Atziluth
2.- El Plano de la Creación o Beriah
3.- El Plano de la Formación o Yezirah
4.- El Plano de la Materia o Asiyyah

Estos cuatro mundos o planos se ven representados en el citado libro bíblico en el Capítulo I. La visión de las criaturas vivientes, corresponde al Plano Material; la visión de la bóveda o firmamento al Plano de la Formación; la visión del trono como de zafiro al Plano de la Creación, y finalmente, la visión de la figura de apariencia humana al Plano Divino.

Estos cuatro mundos se pueden relacionar de diversas maneras con el Arbol de la Vida, pero, básicamente podemos encontrar dos criterios de relación:

I.- Cada mundo involucra un Arbol de la Vida completo, por lo tanto, cada Sephirah posee cuatro aspectos, de acuerdo a estos cuatro planos.

2.- El Arbol de la Vida se puede dividir en los cuatro mundos o planos.

Atziluth:
Este mundo corresponde al Plano Divino, en el que Dios mismo plasma su Esencia en las Diez Emanaciones de las que hablamos anteriormente. Por esta razón Dios tiene un nombre distinto en cada una de estas esferas o Sephirah. En este nivel la creación es esencialmente divina – por ello está libre de toda mácula – y
es una sola.

No existe la dualidad en este nivel arquetípico y, aunque es difícil comprenderlo, Dios es uno solo y completo, pero se puede reflejar en los diez estados de manifestación divina. En este plano se encuentra reflejado el Adam Kadmon , el ser humano superior y divino. Al respecto Leo Schaya expresa: Ahora bien, la imagen de Dios por excelencia es el hombre, cuyo único ser integral incluye todas las realidades cósmicas y sus arquetipos increados. No hay otra criatura que exprese la totalidad de los Sephiroth tan sintéticamente y, al mismo tiempo, tan explícitamente como el hombre. Según la tradición cabalista, el ser humano Celestial preexistía a la creación formal del Universo en todas sus dimensiones. Este Adam Kadmon u hombre celestial está directamente relacionado con esta expresión divina a través de los Sephiroth atzilúticos. Y es misión del ser humano conocer la creación para nuevamente ascender a esta existencia una con Dios mismo.

Leo Schaya plantea con respecto a esto:
Dios creó al mundo y todo lo que existe contemplando al hombre de arriba Adam ilaah , que no es sino la unidad infinita de los diez Sephiroth.

Este mundo de las emanaciones o arquetípico está relacionado con la chispa divina que posee cada ser humano, y que se mantiene incólume e inalterable en el alma de Dios Mismo. Los cabalistas llaman a esta esencia Chaia. y difícilmente podremos tomar consciencia de ella mientras estemos encarnados, ya que ella se mantiene inalterable en el mundo de Atziluth y no se involucra ni se contamina con los otros mundos de manifestación, en donde existe dualidad o multi-diversidad. A pesar de esto, esta Chispa Divina o Mónada permite la expresión de las otras formas de expresión del ser humano. Esta esencia divina se llama Yechidah , según Rabbi Azariel.

Analicemos brevemente los nombres divinos de cada esfera:

Corona.- Kether.- Corresponde al nombre divino de Eheieh, que se puede traducir como Yo Soy o Yo Soy el que Soy, aunque otros autores plantean que debe interpretarse como Yo Seré.

En la Biblia, Dios se presenta a Moisés para encomendarle la misión de rescatar a su pueblo de la esclavitud, y cuando éste le pregunta por Su Nombre, El se da a conocer: Eheieh aher Eheieh, es decir: Yo Soy el que Soy. El sonido de este nombre divino representa la inhalación y exhalación del aliento, simbolizando a Kether como el origen y raíz de todo lo que existe y el fin al que todo ha de volver.

Sabiduría.- Hokhmah.- Se le atribuye el nombre divino de Jehovah , como un intento de pronunciar el nombre impronunciable de Dios: el Tetragramatón (iod-hei-vau-hei). También se le hace corresponder el nombre de yah, considerado como el título del Padre. Los rabbis llamaban a Hokhmah como el iod del Tetragramaton, y por ello este nombre.

Entendimiento.- (Binah).- En esta ocasión el nombre divino es Jehovah Elohim. El segundo nombre es el que caracteriza a las representaciones de todo el Pilar del Rigor o Severidad. Con respecto a elohim, existe y siempre ha existido una controversia, ya que es una voz hebrea de tipo plural. Por eso algunos autores la han traducido como dioses, algo totalmente inaceptable dentro del estricto monoteísmo judío. Sin embargo, hay varias explicaciones al respecto. las que en conjunto traerían más luz sobre este tema. Comentemos brevemente algunas de ellas.

Dion Fortune plantea que elohim es un vocablo femenino que tiene terminación plural, por lo que debería ser traducido como diosas o diosas y dioses, aludiendo por una parte a la idea de la Energía femenina o receptiva que tiene el Pilar de la Severidad y por otra parte a la labor de complementación con el Pilar Masculino, permitiendo una fructífera fecundación. Observemos que a este nivel comienza a aparecer el concepto de dualidad, de pares de opuestos, los que en una acción conjunta dan como resultado un tercer elemento. Con Kether tenemos una primera emanación equilibrada, luego aparece simultáneamente Hokhmah y Binah, como los representantes de esta primera dualidad.

También es importante considerar que, según la Cábala, en Binah o Entendimiento es donde empieza a producirse la forma, dando por resultado la división aparente en infinitas manifestaciones. Dios – siendo Unico e Indivisible – aparenta dividirse en una gran cantidad de formas, porque ninguna de ellas puede abarcarlo completamente. Todo esto es sólo una ilusión a fin de que pueda llegar a expresarse en una Creación que alcance al plano físico. Esta aparente diversidad será más evidente a medida que descendamos en el Rayo de la Creación.

En otra explicación cabalista se dice que en Binah se encuentran intrínsecos los otros seis Sephiroth, incluso el séptimo que pone un broche final a todo el proceso. A los seis Sephiroth de creación (desde Hesed a Yesod) se les conoce como el Pequeño Rostro, o el Microprosopo. Al estar expresados virtualmente o potencialmente en Binah, elohim estaría compuesto de los vocablos eleh (la pequeña cara) agregado a mi (la gran cara) que se invertiría hacia lo creado formando im.. De esta forma tenemos eleh+im, que sería la expresión de toda la creación latente en esta tercera Sephirah.

Misericordia.- (Hesed).- Tiene el nombre divino de el o al, lo que también puede deberse a lo que mencionábamos en Binah:. Eleh (la pequeña cara), puesto que éste es el primer Sephirah de Microprosopus o del grupo de seis denominado Constructores. Debemos considerar que en la Cábala la creación se produce desde Hesed hasta Yesod, y que cada uno de estos Sephiroth se relaciona con un día de creación del Génesis. El séptimo, el de descanso, corresponde al último Sephirah: Malkhut (el Reino). El proceso se produce por la transición de los tres Sephiroth más elevados, que se mantienen fuera del alcance de la expresión de la creación en sí, y que son Kether, Hokhmah y Binah. Con Hesed comienza recién la posibilidad de expresión de la creación, es su inicio, y por ello es que Crowley plantea que este nombre al representa a la Esfera, que a la vez simboliza al numero cuatro, la más alta manifestación posible de la deidad. Referente a esto, Knight agrega que este nombre está integrado por las letras Aleph y Lamed, las que de acuerdo al significado simbólico de las letras hebreas, significan el comienzo o principio (Aleph) que se despliega alcanzando una nueva realidad de existencia (Lamed).

Las Tríadas en el Árbol de la Vida

Las Tríadas en el Árbol de la Vida

Si estudiamos detenidamente la figura adjunta del Arbol de la Vida, vemos que se forman en ella tres triángulos que unen diversas esferas. Básicamente vemos que, a simple vista y en forma descendente, se forman tres triángulos que reciben los nombres de: Triángulo Superior o Superno, Triángulo Etico y Triángulo Mágico.

Si observamos la forma que tiene cada uno de ellos, vemos que el primer triángulo (Superno) construido con las esferas de La Corona (Kether), La Sabiduría (Kjokmah) y El Entendimiento (Binah), es de carácter ascendente, teniendo su cúspide en Kether, en tanto que el triángulo que le sigue, el Triángulo Etico, conformado por La Misericordia (Kjesed), La Fuerza (Gueburah) y La Armonía (Tipheret), es de carácter descendente y se manifiesta como un reflejo del anterior, como si estuviera puesto sobre un espejo. Ahora bien, el Triángulo Mágico, que sigue a los otros, también es un reflejo del primero y una repetición del segundo, evidentemente a una menor escala. Por último, tenemos la esfera de El Reino (Malkuth), que si bien no forma un triángulo con otras esferas, es el receptáculo de todas las demás esferas del Arbol de la Vida.

No podemos dejar de analizar la relación general que se produce entre los diversos triángulos del Arbol de la Vida debido al hecho de que los triángulos inferiores actúan como reflejo del superior o superno.

,La palabra reflejo está definida en el diccionario como aquello que ha sido reflejado, en tanto que reflejar está definido como hacer retroceder o cambiar de dirección los rayos luminosos, caloríficos, acústicos, etc., oponiéndoles una superficie lisa. Por su parte, la palabra imagen se la concibe como representación en pintura o escultura de una persona o cosa; representación de la divinidad, de los santos, etc.: representación de la figura de un objeto formado por la reflexión o refracción de los rayos de luz. Como se verá entonces, la palabra reflejo tiene una directa relación con la idea de imagen. Pero bien, este reflejo se da invertido como ocurre ante un espejo o en el agua. De allí que algunas imágenes antiguas del macroprosopos y del microprosopos se ve al derecho la primera y al revés, o invertida, la segunda, dándole una connotación demoníaca a la creación, o tomando el término demiúrgico en un sentido negativo y peyorativo que no tiene.

Asimismo en la Biblia se dice que el ser humano es creado a la imagen y semejanza de Dios. Nuevamente tenemos aquí la idea de imagen que, como hemos visto, se refiere a un reflejo; pero aparece también el término semejanza, que nosotros sabemos que se refiere a igualdad. Sin embargo, desde el punto de vista matemático implica una igualdad en los ángulos y una proporcionalidad en las líneas correspondientes. De esta definición matemática, que es más específica, nosotros podemos colegir que los términos imagen y semejanza se refieren a un reflejo proporcional de Dios.

Aplicados ahora estos conceptos a los triángulos en estudio, tenemos que el segundo y el tercero son un reflejo proporcional del Triángulo Superno, con una igualdad aparente, puesto que son un reflejo y, en consecuencia, su potencialidad no es la misma sino que es proporcionalmente inferior.

Muchas veces hemos visto en televisión alguna secuencia donde se muestra a una soprano que es capaz de romper los cristales al emitir determinadas notas; sin embargo – en el evento que esa secuencia sea real, o no una mera recreación artística – no se producen los mismos resultados con los artículos de cristal que nosotros tengamos cerca del televisor en ese momento, y ello es debido a que el aparato electrónico, si bien reproduce las imágenes y sonidos, no los trasmite con la misma fuerza e intensidad, distorsionando y aminorando los efectos de la realidad, lo mismo que ocurre con las energías espirituales, que no son manifestadas con la misma fuerza e intensidad en los planos inferiores, Por ello somos solamente una imagen proporcional de nuestro ser superior.

Antes de terminar, es útil recordar que en la esfera del Reino nos vamos a encontrar con los cuatro elementos, tres de ellos formando un triángulo, más un elemento que será la síntesis de los demás (la tierra o el color negro).

En todo caso, conviene tener presente que la idea de reflejo nos indica algo que está representado, lo que no quiere decir que tenga todos los atributos y potencias del ser que es representado, sino que es su imagen, su reflejo y, por lo tanto, sus potencias son proporcionales al ser que representan.

Pasaremos ahora a un estudio detallado de los tres triángulos básicos que se forman en el Árbol de la Vida, y a la esfera del Reino (Malkuth) que es el receptáculo de todas las energías que descienden desde las demás esferas de la Cabalah.

El Triángulo Superno o Superior:
Este primer triángulo está conformado por las esferas de La Corona (Kether), La Sabiduría (Kjokmah) y El Entendimiento (Binah), además de los senderos N 11, El Mago; N 12, La Sacerdotisa, y N 14, El Emperador.

Además de los componentes señalados debemos agregar la esfera de Daath, o El Conocimiento, que si bien se nos ha enseñado que es un estadio de consciencia fundamentalmente móvil y que su actividad puede hallarse en cualquier parte del Arbol de la Vida, no es menos cierto que su génesis se da con el Inmanifestado o con esta tríada, mas no con las otras, como pasaremos a explicar.

Para algunos autores, la esfera de Daath es una forma de manifestación directa de la Existencia Negativa o Inmanifestado que se expresa en la Creación, jugando en ella el rol de embajador. Para otros, esta esfera es la resultante de la interacción de las esferas de La Sabiduría (Kjokmah -Activo) y de El Entendimiento (Binah-pasivo): El Padre Superno, Abba, se casa con la Madre Superna, Ama, y Daath es el hijo. También hay algunos que sostienen que la esfera de Daath es el reflejo de la propia esfera de La Corona (Kether).

Sin embargo, cualquiera que sea la concepción que se tenga de esta esfera, si la analizamos desde el punto de vista tridimensional, proyectada hacia el centro y hacia afuera del triángulo superior, tendremos que conjuntamente con este – se forma una pirámide simple de base triangular, siendo esta base el triángulo superno, compuesto por Kether, Kjokmah y Binah. Ahora bien, por el hecho de ser una pirámide de base triangular, es la primera figura tridimensional que se puede formar en el mundo de la geometría, y ello involucra un salto de dimensión desde lo bidimensional a lo tridimensional, que hace posible la creación de todas las demás figuras de este Universo. Resulta entonces interesante aplicar esta analogía a nuestro tema de estudio.

Con la analogía señalada, podremos comprender la situación que acontece en los estados de la inexistencia, en donde los tres elementos: Ain, la Negatividad; Ain Soph lo ilimitado, y Ain Soph Aur, la Luz ilimitada, se unen para provocar un salto desde lo adimensional a lo unidimensional, en donde la esfera de La Corona (Kether) es su resultante (o elemento de transición, si usamos los términos del ciclo dinámico). Por ello, es importante tener presente la imagen mágica de esta esfera que corresponde a la de un Rey anciano, barbudo, visto de perfil. Importa destacar aquí la característica de que se encuentra de perfil, esto es. que no tenemos una visión completa de él sino sólo una parte, quedando oculta o fuera de nuestra percepción – mejor dicho, fuera de nuestra dimensión – aquella parte que lo une a lo Inmanifestado preservando su esencia incólume.

Del elemento Kether emanan, a su vez, dos polaridades o elementos diferentes y opuestos entre sí, el elemento activo o energía (Kjokmah) y el elemento pasivo o forma (Binah). De ahí entonces que las respectivas imágenes mágicas de cada uno de ellos son: una figura masculina, con barba, para La Sabiduría, y una mujer madura, una matrona, para El Entendimiento, Ambas, así como todas las demás esferas del Árbol de la Vida, emanan en un único y mismo acto, ya que esta creación, desde el punto de vista de Dios, no se genera en el tiempo y en el espacio, sino que estos elementos son consecuencia de aquella. Como nosotros apreciamos este universo dentro de nuestro tiempo y espacio, podemos sacar conclusiones tergiversadas y alejadas de la realidad esencial, debido a que estamos sometidos a las limitaciones de la propia creación.

Toda nuestra existencia gira en torno a un universo que es un enorme reflejo del pensamiento divino, denominado maya por los hindúes. Sin embargo, estas distorsiones reciben distintos nombres, dependiendo del plano en que se esté trabajando, denominándose ilusión en el mental y espejismo en el emocional. Así es como, mientras más denso sea el plano en el que nos encontramos, más alejados estaremos de la realidad esencial. Al estar sometidos a las innumerables y diversas leyes que rigen cada uno de los planos de manifestación, más enmarañada está nuestra percepción. Por ello se dice que mientras más elevado es el plano en que se encuentra el estudiante, más libre puede ser, hasta llegar el momento en que estará tan liberado que volverá a su esencia espiritual, fundiéndose con el Creador.

Podemos decir que el mayor estado de liberación lo podemos lograr en el estado de consciencia que emana de la esfera de Kether y que, en nuestro actual estado de existencia, podemos lograr, al menos, un acercamiento místico a través de la visión de su imagen mágica.

Con respecto a la esfera de La Sabiduría (Kjokmah), cuesta establecer la relación con el elemento activo o positivo del Árbol de la Vida, ya que lo usual es que el primer elemento – en este caso, Kether – sea el activo. Para comprender esta situación debemos analizar, desde un punto de vista didáctico, la dinámica que se produce desde la Inmanifestación hasta la esfera de Binah. Como vimos anteriormente, la esfera de Kether es la resultante del proceso que se produce en el Inmanifestado:

Activo = Negatividad (Ain),
Pasivo = Lo Ilimitado (Ain Soph),
Neutro = La Luz ilimitada (Ain Soph Aur);

siendo la esfera de Kether la transición de este proceso. Lo normal es que el elemento de transición se constituya en el elemento activo del siguiente proceso. Sin embargo, ello no ocurre con Kether por cuanto, si bien nace de un proceso dinámico, su manifestación completa no se da en este mundo – no forma parte de él – sino que está sobre el sistema o estructura. Por ello recibe el nombre de Corona.

Kether está en proceso de transformación permanente (Primeros Torbellinos) del cual emana la polaridad activa y pasiva de la Manifestación: Abba y Ama, el Padre Superno y la Madre Superna, Activo y Pasivo, Kjokmah y Binah, que no son más que Kether transformado en energía y forma. Esto es lo que comúnmente escuchamos en diversas religiones como la Unidad y Trinidad de la Divinidad al decir que Dios es Uno y Trino, en otras palabras, es la Cabeza Que No Es, el Padre y la Madre.

El Triángulo Etico:
El segundo triángulo que se forma es un reflejo del primero, una imagen proporcional, figura invertida de la Tríada Superna. Está conformado por las esferas de La Misericordia (Kjesed), La Fuerza (Gueburah) y La Armonía (Tipheret).

Llama la atención el nombre de Triángulo Etico que se le ha dado a esta tríada, ya que nos sugiere la idea de que ella nos está rigiendo en relación a ciertos principios o normas de regulación de las formas y energías de la creación. Ello es así y lo explicamos a continuación:

El primer elemento que aparece en la Creación después de la aparición de la Tríada Superna – que se encuentra bastante alejada de nuestra realidad y percepción por ser eminentemente abstracta y sutil – es la esfera de la Misericordia (Kjesed-Zeus), Si utilizamos la mitología griega podemos encontrar algunos antecedentes que nos permitirán comprender la relación que aquí se produce. Cronos-Saturno, conocido como el dios de la tierra y de la cosecha, personificación del Tiempo, hijo de Urano y de Gea, había destronado a su padre, rigiendo al mundo, y para evitar correr la misma suerte devoraba a sus hijos apenas nacidos. Sin embargo, su esposa Rea, en vez de entregarle al último de ellos, envolvió una piedra en un pañal y se lo dio a tragar sin que Cronos se diera cuenta del engaño. Este hijo llamado Zeus (Júpiter para los romanos) creció alejado de su padre y, siendo ya adulto, lo destronó y extrajo de las entrañas de Cronos a sus demás hermanos liberándolos. Entre ellos lograron salvarse Poseidón (dios de los océanos), Plutón (dios de los infiernos) y Hera, esposa y hermana de Zeus. Desde ese momento Zeus gobernó en reemplazo de su padre. Posteriormente, padre e hijo se reconciliaron y Cronos-Saturno gobernó a los dioses antiguos.

Introducción a la Cábala

Introducción a la Cábala

La Cábala suele estar unida a la tradición metafísica occidental, teniendo su máximo desarrollo a través de la cultura hebrea, aunque sus orígenes se remontan muchos miles de años atrás de la formación política de este pueblo. Sin embargo, comprender lo que ella significa, necesariamente nos lleva a adentrarnos en la historia hebrea, ya que principalmente el desarrollo filosófico está dado por sus textos religiosos, su jurisprudencia, la doctrina y la tradición.

Es esta última palabra la que nos revela uno de sus significados, debido a que la palabra conlleva una concatenación en la entrega del conocimiento sagrado desde sus orígenes hasta nuestro tiempo. Incluso más, el proceso histórico de la Cábala se describe del siguiente modo: “Moisés recibió la Tora (la enseñanza, la Ley) en el Monte Sinaí; Moisés la transmitió a Josué, éste a los Ancianos, éstos lo comunicaron a los profetas, y éstos finalmente lo han transmitido a los miembros de la Gran Sinagoga”.

Sin embargo, la tradición esotérica occidental, incluídos algunos rabinos judíos, está de acuerdo en que el conocimiento cabalístico fue tomado por las diversas tribus hebreas de diversas culturas, dentro de las cuales encontramos a los caldeos, fenicios, egipcios y babilonios, entre otros. Esta adquisición del conocimiento cabalístico, dado inicialmente por las Leyes de Moisés (La Tora), no es más que una recopilación sintética de principios morales trascendentes que llevarían al pueblo hacia estadios superiores de conciencia. Por ello es que otros de los nombres que recibe la Cábala, es el de “aceptación”, ya que esta cadena es una serie vertical de eslabones cuya parte superior es sostenida por Dios, en tanto que la parte inferior la tiene el hombre, quien es el invitado a recogerla.

El primer diagrama o símbolo cabalístico manifiesto de enseñanza de la tradición esotérica judaica es la Menorah, el candelabro que le especificó Dios a Moisés, en el Monte Sinaí (Exodo, 25:31-40). Hecho de una sola pieza de oro puro, para simbolizar el permanente y unificado Mundo Divino de la Emanación, se compone del eje central de la Gracia, de los brazos derecho e izquierdo, de la Misericordia y de la Severidad, de diez más una posiciones sefiróticas y veintidós decoraciones. Este objeto ritual es la forma exotérica de un esquema esotérico de la existencia, y es tanto un objeto de contemplación como de culto.

En el período del Segundo Templo de la historia judía (siglo VI al siglo I D.C.) lo que ahora se conoce como la Cábala se llamó el Trabajo del Carro. El nombre proviene de la visión profética de Ezequiel, cuyos escritos forman la base de numerosas experiencias místicas y pensamientos judaicos. El capítulo primero de Ezequiel expresa, en el lenguaje metafísico de la época, la jerarquía de los Mundos: el Mundo de la Acción o la Tierra; el mundo del Carro o la Formación; el Mundo del Trono o la Creación; y el Mundo Divino de la Emanación. Estos atisbos de los Mundos Superiores se perseguían a través del Trabajo del Carro, a pesar de los peligros que implicaba para los impuros, los desequilibrados y los no adiestrados.

El diagrama de las Sephirot o Atributos Divinos no fue publicado por completo hasta la Edad Media. Ha habido muchas variantes; pero la versión utilizada actualmente por los esoteristas es la dada por Isaac Luria (1534- 1572). Su estructura contiene todas las leyes que rigen la existencia, ya que revela un proceso universal de interacción equilibrada entre los principios superior e inferior, activo (derecha) y pasivo (izquierda).
LA ESTRUCTURA DE LA CABALA.
La Cabala se encuentra estructurada en diez esferas visibles, una invisible y veintidós senderos que unen las diez esferas visibles.

La estructura de las esferas propiamente tal es lo que en rigor se denomina Cábala, las que unidas a los senderos forman lo que se denomina El Arbol de la Vida.

Las esferas manifiestan estados de consciencia divina, con sus respectivos atributos y formas de expresión, que parten desde la Corona (Kether) hasta la esfera del Reino (Malkuth), pasando por diversos otros aspectos de sí mismo. En otras palabras, abarca desde el primer elemento sutil o esencial de la manifestación hasta el plano más concreto de la creación.

Por otra parte, los veintidós senderos del Arbol de la Vida representan las veintidós letras del alfabeto hebreo, que son ideogramas y como tales simbolizan diferentes aspectos del ser humano en relación con el universo. Asimismo, los senderos representan los veintidós arcanos mayores del Tarot. Dentro de esta estructura, los arcanos mayores del Tarot simbolizan estados de consciencia en los que puede encontrarse el ser humano (microcosmos) y que posibilitan su conexión con los estados de consciencia divina o macrocósmica (las esferas). A su vez, los arcanos menores del Tarot representan situaciones específicas dentro de las cuales puede encontrarse el ser humano. Sin embargo, el estudio del Tarot como tal quedará para ser analizado en futuros trabajos.

La comprensión del Arbol de la Vida y sus relaciones nos posibilita saber manejar las diferentes energías que existen en la naturaleza creada y vislumbrar aquellas que están más allá de la consciencia crística o superior. Evidentemente, como todo estudio de textos sagrados, debemos tener una mente abierta para captar las analogías que se van presentando en su análisis, puesto que de ellas podremos darnos cuenta que nos encontramos frente a uno de los símbolos más perfecto y sintéticos que abarca todo conocimiento humano capaz de ser adquirido en este plano de la existencia.

La primera esfera se denomina la Corona o Kether. Ella es el primer elemento de la manifestación, que surge precisamente de la existencia negativa. Como toda corona está ligada al cuerpo o a la creación, en este caso, pero no forma parte de ella, manifestando su esencia como venida de otra dimensión.

Esta primera manifestación se transforma a sí misma constituyéndose, a su vez, en el primer elemento de la creación o elemento activo, cuyo nombre es la Sabiduría o Kjokmah. Pero, como toda energía, debe ser atrapada por la forma para que no vague por los confines del universo, sin ninguna finalidad. Es por ello que ese primer elemento activo es aprisionado por la Gran Madre o la Gran Matriz, el Entendimiento o Binah.

Esta tríada superior formada por la Corona, la Sabiduría y el Entendimiento, se encuentra muy lejana a la percepción propia de la consciencia humana, por ello es que se dice que existe un gran abismo entre esta tríada y el septenario que la sigue, que es un tanto más concreto y posible de ser conocido por nosotros. Para acceder a este atisbo de la esencia de esta tríada, es necesario, como ya se dijo, haber adquirido una consciencia crística o superior, dada por la esfera de la Armonía, que será analizada más adelante.

Por su parte, el septenario surge con la esfera de la Misericordia o Kjesed: en ella está reflejado el trabajo de las jerarquías espirituales o Maestros Ascendidos que, conectadas con los planos sutiles, van entregando la instrucción a los otros planos de la existencia. Esta esfera se ecuentra equilibrada, a su vez, con su contraparte denominada la esfera de la Fuerza o el Rigor (Gueburah), que representa el aspecto superior de la disciplina iniciática, y en cierto aspecto kármica, que rige diferentes aspectos de los seres vivientes.

Las dos esferas señaladas precedentemente se equilibran en la esfera de la Belleza, la Armonía o Tiphereth. Esta esfera se encuentra en contacto con la mayoría de las esferas del Arbol de la Vida. Por ello es necesario recalcar que las esferas son estados de consciencia divina. En consecuencia, la esfera de la Armonía permite el acceso a la mayoría de éstas y , en especial , a la esfera de la Corona (Kether). A través del trabajo con los símbolos y la mente abstracta, se puede desarrollar la consciencia crística, que nos permite la conexión con la consciencia superior. Por ello es que Jesús dice que para llegar al Padre es necesario conocer al hijo. En términos cabalísticos, para llegar a la corona, es necesario pasar por la consciencia crística o inteligencia mediadora, que es otro de los nombres con que se conoce a esta esfera.

Las siguientes cuatro esferas, con su ordenamiento lo indica, se refieren al cuaternario inferior o de la personalidad: el plano emocional, la mente lógica o racional, el plano etérico o electromagnético y el plano físico, representadas en las esferas de la Victoria (Netzach), la Gloria (Hod), el fundamento (Yesod) y el Reino (Malkuth).

El aspecto emocional se encuentra presente en la energía que nos mueve en los planos densos de la creación. es como el combustible que es capaz de llevarnos a la realización en el universo, sea en el aspecto positivo (el altruísmo) o en el negativo (la lujuria), que corresponde a su virtud y a su defecto, respectivamente. no obstante, como todo aspecto de energía activa, es atrapada por la forma que constituye la mente racional en la esfera de la Gloria (Hod). En ella se manifiestan todos los aspectos lógicos de la creación y como todo estado de consciencia manifiesta su aspecto positivo, la veracidad, como su lado negativo, la mentira.

La unión de las esferas de la Victoria y de la Gloria se complementan y equilibran en la esfera del Fundamento, que corresponde al plano electromagnético o etérico, que informa lo existente en los planos físicos o densos de la creación. Es por así decirlo, lo matriz de lo físico, ya que todo lo creado en los planos físicos pasa necesariamente por la creación en dicho plano, por ello es que en su relación con el cuerpo físico, se le asocia con los órganos sexuales.

Por último, tenemos la esfera del Reino o Malkuth, en donde se concretiza toda la creación. Ella es la resultante de la síntesis de todas las manifestaciones superiores, debido a ello es que uno de sus colores es el negro, síntesis de toda la escala cromática que se encuentra presente en toda las demás esferas.

Hasta el momento hemos analizado el Arbol de la Vida desde la perspectiva involutiva o descendente. Corresponde también analizarla desde el punto de vista ascendente, partiendo desde el plano físico (el Reino), que microscópicamente corresponde a nuestro propio cuerpo físico, el que debe ser cuidado como corresponde, armonizando el aspecto de la alimentación, respiración y salud, puesto que la armonía y buen funcionamiento de nuestro cuerpo nos posibilitará tener un desarrollo equilibrado en los demás planos.

Luego continúa un trabajo que es trascendente para nuestro desarrollo personal y que se refiere al aspecto etérico o electromagnético (el Fundamento), plano que si bien tiene directa relación con el cuerpo físico, al momento de verlo como plano de consciencia, nos puede jugar muy malas pasadas y creer que la persona está muy adelantada en la conexión con los planos sutiles y no ser más que meras respuestas de los planos inconscientes del propio estudiante. Por ello que uno de los símbolos que encontramos en esta esfera es la Luna, que no tiene una luz propia, sino que es solamente el reflejo de luces exteriores a ella y que , sin embargo, es capaz de fascinar a muchos con su luminosidad. Así como nos puede llevar hacia el interior de nuestro propio templo, también nos puede llevar, con su imaginería distorsionada a la hechicería y la magia negra.

Sin embargo, superada esta fase, que en términos hindúes, se denomina maya, viene el trabajo en los planos más elevados de la personalidad, el equilibrio emocional, simbolizado por la diosa Venus en la esfera de la Victoria, y el mental concreto, simbolizado por el dios Mercurio en la esfera de la Gloria. Sin duda en el trabajo de los estudiantes es necesario el manejo superior de estos dos aspectos que necesariamente nos posibilitan el trabajo con la mente abstracta que se desarrolla principalmente a través de la esfera de la Armonía, simbolizada por el sol. De lo contrario, nos llevarían al espejismo y la ilusión, respectivamente, sin poder acceder a los planos superiores.

Las esferas de la Misericordia y de la Fuerza, por su parte, nos permiten el trabajo de la mente intuicional, donde se encuentran los arquetipos, las profecías y la inspiración superior.