Abrir el Corazón

Abrir el Corazón

La gente está dispuesta a ir a la guerra e incluso renunciar a su vida por una causa, pero no puede renunciar a las causas de su sufrimiento.


Una vez abierto nuestro corazón, toda la existencia aparece naturalmente bella y armoniosa.

Las enseñanzas fundamentales de la senda espiritual se originan en nuestro corazón. Cuando éste se convierte en nuestro maestro y nos inspira seguridad, la energía espiritual fluye por el centro del corazón (el chakra Anahata) y tiene propiedades curativas. Entonces, otros placeres y sensaciones parecen simples destellos. De modo que es importante mantener la comunicación con nuestro corazón y escuchar el silencio de nuestro interior.

A menudo, sin embargo, nuestro estudio o meditación apenas roza nuestros pensamientos y sentimientos. No nos aceptamos como lo que somos, sino que pasamos la vida soñando e intentando encontrar placeres externos. Estas fantasías nos hipnotizan y nos impiden experimentar nuestros sentimientos más íntimos, que después son ocultados por velos de decepción creados por nuestras expectativas frustradas. El fantasear abre una distancia entre la mente y el cuerpo.

La vida parece bastante vacía cuando el corazón está cerrado. Podemos leer libros, pedir consejo a amigos o buscar refugio en objetos materiales, y de todos modos sentirnos insatisfechos. Las diversiones ya no nos dan mucha satisfacción, y no hay cosa bella que por algún motivo no nos decepcione; el amor es escurridizo, y nada parece ser muy significativo ni valer mucho la pena. Simplemente nos enredamos en nuestros problemas, y buscamos algún método o técnica que alivie la tensión y presión de nuestra inseguridad y miedo. A la larga puede ser que sólo lloremos en secreto.

En el océano hay rocas que han estado cubiertas de agua durante miles de años y sin embargo permanecen secas por dentro. Análogamente, podemos tratar de comprendernos a nosotros mismos enfrascándonos en diversas ideas y filosofías, pero si nuestros corazones están cerrados y fríos, el verdadero significado no produce cambio alguno en nosotros. No importa dónde estemos ni qué hagamos, si no somos abiertos, nadie, ni siquiera el más extraordinario de los maestros, logrará acercarse.

Aunque somos adultos, llevamos un niño dentro. Ese niño quiere crecer, bailar, madurar, pero carece de la alimentación adecuada. Sólo sabe buscar satisfacción por medio de exigencias. Detrás de cada acción se halla el ego dirigiendo, manipulando, apropiando.

Ocasionalmente experimentamos un alivio de nuestro descontento, pero los recuerdos pronto crean nuevas expectativas. Tratamos de repetir nuestras experiencias pasadas, y buscamos nuevas maneras de complacer o ser complacidos, de satisfacer o ser satisfechos; gran parte del tiempo, sin embargo, la vida sigue pareciendo frustrante y desprovista de toda esperanza. Aunque todos deseamos la felicidad, pocos la alcanzamos debido al ciclo aparentemente interminable de expectativas y decepciones. No obstante, este ciclo puede terminar. Si logramos renunciar a nuestros apegos, es posible crecer espiritualmente y encontrar un goce genuino. Las abejas se alimentan del néctar de las flores, mas no se aferran a los capullos.

Hay, entonces, un modo de obrar, uno que no involucra al ego. Podemos simplemente existir; olvidarnos del ego arrojarlo lejos – y relajarnos por completo. No debemos pensar en mí ni en ti ni en lo que ganamos o perdemos; podemos simplemente intensificar nuestras sensaciones y relajarnos, así como aumentar la alegría. Podemos continuar desarrollando nuestra consciencia, libres del ego, libres de expectativas, prejuicios o asociaciones. Cuando hacemos esto, comenzamos a crecer.

Una vez que reconocemos que nuestras expectativas sólo llevan a la decepción y a la frustración, nos abrimos a nuestras experiencias. Podemos encontrar satisfacción en cualquier situación: una simple caminata puede darnos más placer que cualquier otra diversión. Pero hasta que abramos nuestro corazón, hay poca inspiración que nos anime a seguir, pues estamos constantemente socavándonos. Finalmente nadie puede ayudarnos mucho a menos que demos el primer paso, nos escuchemos a nosotros mismos y nos demos ánimo y confianza refugiándonos en nuestro corazón.

Empieza por escuchar tu corazón, tus sentimientos y pensamientos. Presta atención a todo lo que ocurre en tu interior. Al principio es posible que tiendas a juzgarlo todo, y que rechaces tu experiencia inmediata a causa de un profundo resentimiento contigo mismo o con los demás. O tal vez te sientas apagado y frío; tu corazón puede estar cerrado y es posible que te cueste sentir algo. Pero poco a poco y con mucha destreza, escucha tus sentimientos. Es importante. Escucha tu corazón escucha literalmente el latir de tu corazón – Por lo general ni siquiera nos percatamos de lo rápido o despacio que late éste. En vez de distraerte con pensamientos y conceptos, escucha tu voz interior y empezarás a sentirte más alegre y relajado.

Al escuchar con atención, a veces puedes incluso oír un sonido dentro del silencio. No es el sonido fugaz que a veces se oye cuando el cuerpo pasa por el proceso natural de liberar tensión, sino que es el sonido de tus pensamientos. Cuando tus sentidos están muy atenuados y tú estás relajado y concentrado, es posible oír distintos tonos. A veces se oye un tono agudo o una voz grave. De hecho, hay diez tonos diferentes, cada uno de los cuales tiene una vibración específica. Para experimentarlos, primero debes desarrollar tu concentración y percepción consciente hasta que estés totalmente receptivo.

Es importante no esforzarse por lograr ninguna experiencia determinada, de modo que relájate sin distraerte ni perder el estado de consciencia. Tras un prolongado período de meditación, es posible que oigas una música bella y suave en tu cuerpo: una especie de música silenciosa entre los pensamientos. Por medio de la meditación y de tu propia sensibilidad puedes entrar en contacto con esta silenciosa música.

Antes de poder escuchar al Yo Superior que llevamos dentro, debemos aprender a aceptarnos y a amarnos. Con el tiempo el chakra del corazón se abre de manera natural y esto es el comienzo de la senda de la apertura, la compasión y el compromiso. Cuando se abren los diversos chakras descubrimos ciertos indicios o energías mentales y físicas que influyen tanto en las emociones como en el sistema nervioso. Podemos sentir cuán abierto está el corazón y lo bien que nos comunicamos con éste.

Si nuestro corazón es receptivo, toda la existencia aparece naturalmente bella y armoniosa. Esto no es otra fantasía: es realmente posible ver o sentirse así, y ésta es la esencia de las enseñanzas espirituales. El corazón nos revela todo el conocimiento. Por qué el corazón y no la mente? Porque nuestra cabeza está gobernada por el ego y nuestro corazón es mucho más libre.

Cuando nuestro corazón está abierto, ningún problema es demasiado grande. Aunque perdamos nuestros bienes y nuestros amigos y nos quedemos solos, sin nadie que nos apoye o guíe, encontraremos sustento en nuestros más profundos sentimientos, en nuestro silencio interior. Utilizando nuestros recursos interiores podemos habérnoslas más fácilmente con las situaciones emocionales e intelectuales porque ya no estamos involucrados en el drama que nos rodea. Aunque tengamos que enfrentarnos con la muerte, permaneceremos apacibles y equilibrados.

De modo que debemos alentar nuestros sentimientos cálidos y positivos. Esta calidez no es una emoción superficial o sentimental del tipo que lleva al desequilibrio y a menudo crea pánico en lugar de calma. Es un genuino estado de apertura que sentimos como una profunda calidez en el chakra del corazón, que es nuestro santuario interior.

Es allí donde nuestra naturaleza alcanza la plenitud. Una vez que se abre el chakra del corazón, todos los bloqueos se disuelven; nuestro cuerpo se impregna de inspiración y todo nuestro ser cobra vida. A veces se alude a esta inspiración como la esencia de la energía humana o la esencia de la verdad. Sin importar su nombre, a menos que permitamos que nos refresque, nuestro cuerpo puede mantenerse activo pero nuestro corazón permanecerá cerrado.

Cuando somos capaces de integrar el corazón a la mente y la intuición a nuestras acciones, encontramos significación genuina. Nuestras dificultades y problemas emocionales disminuyen automáticamente y descubrimos la inspiración, la facultad de percibir la naturaleza de las cosas, la motivación y la fuerza. Llegamos a ser capaces de mantener nuestra motivación y la seguridad en nosotros mismos. Es importante que examinemos lo que ocurre en nuestro corazón; es ésta la base para experimentar la verdad de nuestra vida.


Representación vibracional del chakra Anahata
 

Despertar la compasión
Como el sol que emite incontables rayos, la compasión es la fuente del crecimiento interior y la positividad.

Poco después de nacer nos familiarizamos con nuestro propio sufrimiento. Sin embargo, después de muchos años, seguimos sin percatarnos de los sufrimientos de los demás. Y nuestra capacidad de comunicarnos, incluso con los que están más cerca de nosotros, es limitada. Nos resulta difícil comprenderlos, y a menudo no nos entienden. Hay cientos, o hasta miles de personas con las que compartimos tantos problemas humanos fundamentales, y no mostramos mucho interés los unos por los otros.

Muchos buscamos la manera de comprendernos y satisfacernos a nosotros mismos y a los demás. Aunque, por lo general, lo que encontramos no es más que un cúmulo de información: conceptos y teorías que poco tienen que ver con los asuntos del desarrollo y conocimiento humano, estudiamos ese tipo de información y creemos haber descubierto el verdadero conocimiento. Si lo que aprendemos nos ayuda a crecer espiritualmente, esto puede ser verdad, pero si no es así, año tras año nos hallaremos en la misma situación, malgastando nuestro tiempo en la acumulación de información de poco provecho. Por lo tanto, es importante que observemos atentamente nuestra vida, y que aprendamos a beneficiarnos del conocimiento y la comprensión que moran en nosotros.

Si nos examinamos honestamente qué vemos? Superficialmente, nuestra vida puede parecer tranquila, y aún así puede que no nos sintamos satisfechos. Aunque sonreímos y actuamos como si nada nos molestara, podemos estar sufriendo, sin que nadie nos ayude. Queriendo proteger nuestra situación o imagen, perpetuamos nuestro aislamiento y creamos un caparazón, un mundo privado en el que nadie más tiene permiso para entrar en éste experimentamos alegría, así como nuestros fracasos y frustraciones en éste podemos cometer errores sin que nadie se entere. Allí ocultamos nuestros resentimientos y pensamientos intolerantes olvidando que actitudes de esa índole son nocivas y que sólo provocarán más frustración.

De modo que, por una parte, creemos necesitar relaciones con otros que nos proporcionen alegría y amistad, pero además levantamos un muro para protegernos de enredos y conflictos. Rara vez nos interesamos o confiamos unos en otros. Quizás de jóvenes intentamos ser más abiertos mostrando nuestros sentimientos, pero fuimos lastimados y nos bloqueamos. Nuestro ego era muy vulnerable y nuestro interés por los demás no era muy profundo, de modo que nos aislamos. Incluso ahora, es posible que tengamos amigos íntimos y una familia a la que apreciamos, pero siendo honestos sabemos cuán solos nos sentimos. Casi nunca mostramos nuestro interior a nadie; cuando nos interesamos en alguien, a menudo el interés proviene de un sentido del deber o por conveniencia.

Cualquiera que sea nuestra pretensión, podemos aprender a interesarnos en esta persona asustada y solitaria que tal vez seamos. Interesarnos en nosotros mismos es una extraordinaria fuente de protección contra el sufrimiento y la frustración. La confianza en nosotros mismos nos ayuda a aplicar la inteligencia y el conocimiento para alcanzar un estado de mayor armonía. Por medio del desarrollo personal establecemos una amistad con nosotros mismos y se origina la compasión. Cuando empezamos a tener seguridad en nuestra persona nos mostramos verdaderamente bondadosos con nosotros mismos y con los demás.

Cuidarnos no es simplemente otro acto egoísta con etiqueta espiritual. Podemos proporcionarnos afecto y sustento sin estar motivados por el amor propio, porque tratar de obtener satisfacción es muy diferente de aprender a querernos. Sin compasión, los pensamientos y acciones se basan en el deseo de una gratificación egoísta. Pero la compasión verdadera, que es el antídoto del ego, se origina en una actitud humilde y valiente, de franqueza y generosidad.

La compasión es un puente, el fundamento espiritual de la paz y el equilibrio. El ego es un obstáculo; con apegos, habilidad e ingenio nos gobierna. El ego nos ha programado física y mentalmente de tal manera que sólo la compasión puede interrumpir su dominio sobre nosotros y permitirnos desarrollar todo nuestro potencial como seres humanos. Una vez que experimentamos profundamente el sufrimiento y la soledad podemos imaginar cuántos seres en el mundo experimentan emociones de este tipo. Vemos que las condiciones que dan origen a tanto dolor surgen una y otra vez, no sólo en esta vida sino en muchas más; nos damos cuenta, entonces, de que debemos tratar de modificar esta situación lo antes posible. Si reconocemos todo lo que tenemos en común con los demás surge un sentimiento de compasión y ya no tratamos a los otros con tanta indiferencia. Nos resulta más fácil comprender sus problemas.

Borobudur

Borobudur

Joya Budista
Patrimonio de la Humanidad (Unesco, 1991)



El así llamado Templo de Borobudur, o Templo de los Mil Budas se encuentra en Java, Indonesia, a 70 Kmt. al noreste de Yogyakarta, constituyendo el mayor monumento budista conocido. Su antigüedad data del siglo IX de nuestra era, y se han hecho numerosas interpretaciones del significado y origen de su nombre, sin existir certeza acerca de ninguna de ellas. De morfología semi piramidal, es considerado una inmensa estupa, completamente de piedra, que permaneció enterrada bajo la selva luego de su abandono calculado entre los siglos XI y XIV, hasta su redescubrimiento en 1814 por Sir Thomas Stamford Raffles, gobernador británico de las islas. Rodeado de leyendas, lugar de peregrinación, santuario, sendero de ascensión o purificación, es actualmente visitado por cientos de miles de turistas y peregrinos al año, constituyendo el sitio más visitado de todo Indonesia.

Parece inconcebible que un monumento de esta magnitud y belleza pudiera haber sido abandonado y relegado a una existencia meramente mítica en los relatos de los aldeanos de las inmediaciones. Se especula que tras la decadencia del predominio hindú y budista en la región, y la conversión de la mayoría de la población al Islam (Indonesia se cuenta actualmente entre los países con mayor cantidad de musulmanes del planeta, si no el más), el lugar pudo haber perdido preponderancia. Otras teorías sugieren que la población habría emigrado de la zona tras una erupción volcánica en los alrededores del año 1006. Luego de su descubrimiento en 1814 ha sufrido numerosas reparaciones y también saqueos, hasta su gran restauración emprendida en conjunto por el gobierno Indonesio y la UNESCO entre 1975 y 1982, que lo llevó a ser declarado Patrimonio de la Humanidad en 1991.

En su origen, una estupa o stupa es una construcción pétrea cuya popularización se remonta al reinado del gran emperador Ashoka (en sánscrito, el sin pesar) de la India (304-232 a.C.), gran propagador del budismo en la región, quien habría promovido la multiplicación del levantamiento de estos pequeños monumentos para guardar en su interior reliquias budistas. Tras la cremación del Buda, se habrían dividido sus restos en ocho partes para ser colocadas en estupas construidas en distintas regiones de la India, y que constituyen los ocho modelos de estupas existentes. También han servido para guardar objetos del Buda, o como centros para exponer la doctrina budista, o como santuarios. La estupa se relaciona tanto con una tumba o urna cineraria como con un lugar sagrado y, como todo el arte budista, está concebido para simbolizar un camino de iluminación, y al Buda mismo. Aunque con diferencias regionales, una estupa se compone de una base cuadrada, una bóveda hemisférica o domo equivalente al túmulo mortuorio original, una aguja o punta cónica con una dupla de sol y luna creciente en el pináculo, más una llama en la cima, y un disco circular o parasol.



La base cuadrada de la estupa es el elemento Tierra, y representa a las piernas cruzadas de la posición de loto del buda. En el interior de la bóveda o domo se colocan las reliquias u ofrendas, y es el elemento agua, expresado en la capacidad concreta de realizar obras benéficas. La aguja sobre el domo se compone de trece discos o niveles que representan las diez etapas hacia la iluminación, más tres niveles adicionales de supraconsciencia. Se simboliza aquí al elemento fuego, esto es, la facultad y el deseo de alcanzar la iluminación. El disco circular figura al elemento aire y simboliza la protección contra potenciales males. El elemento aire es el que permite la palabra, y a través de ella la transmisión correcta de las enseñanzas. La Luna creciente y el Sol del pináculo representan al elemento espacio, más allá de la dualidad; es decir, la comprensión de la unidad profunda que subyace a lo absoluto y lo relativo, a la forma y la no-forma. Se puede realizar así una verdadera sabiduría. Por último, la llama en la cima trasciende a los cinco elementos precedentes, simbolizando la Realización Suprema.

Evidentemente, Borobudur es una estupa bastante peculiar. Inmensa y suntuosa mole de piedra finamente tallada, sobre una colina, presidiendo lo que parece ser la cuenca de un antiguo lago, en medio del fértil – casi selvático – valle de Kedu, sembrado de volcanes y alineado en línea recta con otros dos templos budistas de la región, los que para algunos estudiosos constituyen parte del mismo complejo. Próximo a la confluencia de los ríos Progo y Elo; el volcán más importante del sector, por magnitud y actividad, es el temido Merapi, además de los volcanes Sumbing y Sindoro.

La simbología de Borobudur es múltiple e inmensa: considerado en su conjunto como un loto de piedra, símbolo tan afín al budismo por sus pies de barro, su cuerpo acuático y su flor abierta a la luz y el espacio infinito. Como tal es representación del budismo Mahayana, también llamado del Gran Vehículo, el que no considera el progreso individual más que como la posibilidad de contribuir a la iluminación de todos los seres. En Borobudur los visitantes pueden realizar la peregrinación desde los niveles inferiores hasta el estrato superior de la no-forma absidal; no sólo es un peregrinaje, sino también un recorrido de transformación.

Borobudur03En una vista aérea, Borobudur puede ser también apreciado como un inmenso mandala de capas concéntricas que atrae hacia su nirvánico centro de equilibrio. De base cuadrangular de 123×123 metros, exhibe nueve niveles en el ascenso de su mole filigranada, las seis primeras cuadradas, las tres superiores circulares. En estos tres niveles superiores hay 72 pequeñas estupas pétreas, cada una conteniendo una estatua de Buda en su interior. El centro superior lo ocupa una gran estupa acampanada. Debido a la abundancia pluvial de la región requirió un sistema de drenaje mediante 100 desagües en cada esquina, rematados por gárgolas aleonadas o draconianas. Las piedras necesarias andesita de origen volcánico-, tomadas de los ríos de las inmediaciones, fueron ensambladas o entrabadas en forma mecánica, sin mediar pasta de mortero.

Se ha estimado en 10.000 el número de operarios, artistas, canteros, que durante cerca de 100 años trabajaron para dar forma y acabado a la estructura.

Borobudur04El visitante asciende por escaleras y corredores a través de los diferentes niveles en el sentido de los punteros del reloj, los cuales están completamente decorados con bajorrelieves que, según se ha logrado establecer, fueron tallados en el lugar después de armada la construcción, estimándose su terminación en los alrededores del año 825 d.C. Considerado como un templo por el estado que suscita en los peregrinos, no posee sin embargo ningún espacio interior. No se entra a Borobudur, sino que se asciende por él circunvalándolo.

Las inscripciones del monumento han permitido identificar al arquitecto con el nombre de Gunadharma, aunque poco se sabe sobre él; se ha establecido que la medida utilizada en Borobudur por Gunadharma es semejante a otros templos budistas de la época y que es conocida como tala, y cuya dimensión es la que se extiende entre el mentón y el nacimiento del pelo, o entre los dedos pulgar y meñique completamente extendidos, lo que es variable para cada persona. Se ha determinado que la tala utilizada en Borobudur fue de 22,9cm., y que su distribución se relaciona con el calendario hindú y la conmemoración de eventos importantes. Correspondientemente, hasta el día de hoy los budistas contemporáneos se reúnen en Borobudur para celebrar Vesak, fecha del año en la que el Buda se encuentra más próximo a sus seguidores. Gunadharma consideraba que el rol del arquitecto debería ser armonizar las fuerzas del microcosmos que gobiernan la vida humana con las del macrocosmos que gobierna la vida de los dioses. Las proporciones detectadas son 4:6:9, las que se repiten en toda la construcción. La base tiene 4 metros de alto. La zona central, que comprende 5 niveles, empieza a 7 metros desde la base, y cada uno de estos niveles está a dos metros por sobre el precedente. Las tres plataformas circulares de la cima poseen estupas acampanadas con estatuas de Buda en su interior. Por último, el acceso hasta la cúpula central se realiza a través de escaleras con varias puertas vigiladas por leones de piedra.


Con posterioridad a su hallazgo y despeje, se descubrió que bajo la base había otra plataforma subterránea cubierta de relieves esculpidos, algunos narrativos y otros que se han interpretado como indicaciones a los constructores. Se ha descubierto que los relieves y estatuas de todo el monumento conservan restos de una suerte de estuco que ha hecho suponer que todo el templo era originalmente estucado y que estaba pintado de diversos colores. A pesar del deterioro en el que fue encontrado, sorprende que se conserve tan bien la estructura y detalles luego de por lo menos 800-900 años bajo la abundante lluvia y frondosa vegetación del valle.


En las caras y esquinas del diseño total se representan solsticios y equinoccios. Para los estudiosos, todo el monumento está colmado de detalles significativos que simbolizan realidades eternas. El trazado evita, por ejemplo, que las estupas pequeñas de las tres plataformas superiores coincidan exactamente con las esquinas, para no interrumpir el flujo de ciertas energías superiores por estas diagonales, consideradas como principales.

Cuando se contempla Borobudur en una vista total, se tiene la impresión de que sí es una pirámide, no una pirámide truncada, sino una pirámide completa cuya cima es inmanifiesta. No produce la sensación de que falta algo, sino de que ese algo está, pero implicado; se percibe como una presencia, aunque sea invisible a los ojos.

Sobre la base de Borobudur se encuentran las cinco plataformas cuadradas rodeadas de balaustradas en las que hay 432 (4+3+2=9) estatuas de Buda empotradas en nichos, en número decreciente. En la primera y segunda plataformas hay 104 nichos en cada una, en la tercera 88, en la cuarta 72 y en la quinta 64. Las plataformas superiores, redondas, contienen las 72 (7+2= 9) estupas con estatuas de Buda en su interior antes señaladas. La primera plataforma redonda tiene 32 estupas, la segunda 24 y la tercera 16 estupas (5, 6, 7 = 18, 1+8 = 9), rodeando la gran estupa central. En total, en todo el monumento/templo/santuario, 504 (5+0+4= 9) estatuas de Budas. Cuatro escaleras se abren en el centro de las cuatro fachadas para acceder directamente a los niveles superiores. Se ha estimado la altura original en 42 metros, aunque la actual alcanza a 35 metros.


El simbolismo de Borobudur es mucho más amplio aún. El monumento completo se puede considerar en tres sectores en sentido vertical, cada uno de los cuales simboliza una de las tres esferas del conocimiento necesario a la Realización Suprema. La base del edificio que según algunas teorías fue construida con posterioridad para evitar el deslizamiento de la mole- representa la Esfera del Deseo o Kamadhatu. La zona intermedia de las plataformas cuadrangulares es Rupadhatu o Esfera de la Forma. Y la tercera, Arupadhatu o Esfera de la No-Forma. Estas tres esferas encuentran su equivalencia en los tres mundos cristianos: infierno, naturaleza y cielo.


La Base, o Esfera del Deseo, está completamente decorada con bajorrelieves, 160 en total, la mayor parte escondidos tras un plinto de piedra como si no hubieran sido hechos para ser vistos, y que reflejan el resultado de las buenas y malas acciones a través de sucesivas encarnaciones, o doctrina del karma. Se observan escenas cotidianas, la atracción por los placeres, la indolencia, la frivolidad y sus consecuencias.


De forma gradual y continua, desde la terraza de la Base se accede a la Esfera de la Forma o Rupadhatu, siendo la primera el soporte y acceso insensible a la segunda. En la esfera de la Forma las galerías cuadrangulares están completamente decoradas por 1300 relieves pétreos a lo largo de 2,5 kilómetros que expresan pasajes de la doctrina budista, escenas de la vida del Buda, bestias reales y mitológicas, vidas ejemplares, divinidades, palacios y verdades cada vez más profundas y complejas de la doctrina Mahayana a medida que se asciende por estos niveles, muchas de las cuales resultan incomprensibles para el neófito. La perfección y delicadeza en el tallado de los detalles, que incluyen atavíos, joyas, peinados y atuendos, y en la concepción del conjunto, siguen maravillando a los visitantes hasta hoy. Escenas cotidianas, costumbres, oficios, flora y fauna, rituales y ceremonias se plasman en un despliegue inmenso de significados tanto evidentes como simbólicos.

De Auschwitz a Nagasaki

De Auschwitz a Nagasaki

DeAushwitzaNagazaki03Caminata por la Paz

Entrevista a Mónica Oportot, participante en esta caminata.

En agosto de 1995, justo 50 años después de aquel día inolvidable en que el cielo se tiñó de ese color indefinible del horror, una columna de peregrinos se reunía en la plaza de Nagasaki. Nueve meses antes, este mismo grupo de personas guiadas por los monjes budistas de la Orden Nipponzan Myohoji, hacía su entrada en los Campos de Concentración de Auschwitz.

Estos dos lugares, manchados por la destrucción y el dolor, marcaron el inicio y fin de la Gran Caminata por la Paz realizada en conmemoración de los 50 años del fin de la Segunda Guerra Mundial.

En diciembre de 1994 los caminantes tuvieron la oportunidad de permanecer en este campo de concentración, lo que les permitió conocer las construcciones e imaginarse, a través de toda la documentación allí existente, cada una de las alternativas de vida y de muerte que existían para los prisioneros durante la Segunda Guerra Mundial. Sin lugar a dudas lo más impactante para cada uno de los caminantes fue el experimentar la gran carga emocional que derramaban sus muros y rincones.

Auschwitz:

Este campo, situado en la población polaca de Oswiecim, sirvió al principio para encarcelar a los cabecillas del movimiento nacionalista polaco durante la ocupación. Junto a éstos se encontraban algunos rusos y gitanos. El papel de este campo fue cambiando en la medida en que ingresó un gran contingente judío. En 1941, Himmler dio orden de instalar cien mil prisioneros, en su mayoría judíos, quienes fueron tildados por el nazismo como enemigos de la raza humana. Ya en 1942 se dio comienzo al plan llamado Solución Final, que consistía en exterminarlos a todos. Se inició el programa con el fusilamiento de los cabecillas; pero, para hacerlo más eficiente, dado el gran número de deportados que llegaban, se empezó a aplicar un método silencioso, que consistía en las cámaras de gases. En ellas se introducía un gas producido por la mezcla de un insecticida con cianuro, el que provocaba un paro respiratorio instantáneo, de tal forma que la muerte sobrevenía de inmediato. De más está comentar que el tercer y más conocido método de exterminio colectivo consistía en el tan recordado y estremecedor final en los grandes hornos crematorios. Es difícil siquiera imaginar lo que era permanecer en el campo de Auschwitz; quizás una rápida sinopsis por el testimonio de una sobreviviente nos muestre una aproximación:

Nos introdujeron a un bloque, este término se refería a un agujero sombrío e inexpugnable. A tientas subimos a un andamiaje de maderas movedizas. Tenía tres compartimientos de dos metros por uno, colocados uno sobre otro. En cada uno de ellos teníamos que cobijarnos siete a diez mujeres. Privadas de nuestras ropas, con la cabeza rapada y el delgado uniforme que nos cubría, tiritábamos de frío y se entrechocaban nuestros dientes. En la barraca no había sitio para permanecer de pie, sentarse o guardar algo, tampoco había medio de colgar la ropa; así teníamos que secarlas puestas o echarnos sobre ellas. Igual hacíamos con las escasas pertenencias, las que nos veíamos obligadas a llevar encima día y noche, ya que estaba prohibido poseer nada. Después de una penosa jornada de trabajo, donde debíamos permanecer de pie con pala o cualquier otra herramienta en mano, soñábamos con un merecido descanso. Sin embargo, la noche en la barraca era un suplicio mayor que la dura labor del día. Primaban los dolores e incomodidades de la falta de espacio, agregándose a esto la constante lucha contra los ratones que pululaban en busca de alimentos. Algunas mujeres no podían resistir tantos sufrimientos, castigos corporales y enfermedades propias de esas condiciones de hacinamiento y caían en tal abandono que parecían fantasmas. Desprovistas de toda voluntad, deambulaban entre los barracones, incluso siendo arrastradas por las demás… y un día morían. Como resultado del tifus, pulmonías, diarreas y todo tipo de perturbaciones patológicas, al cabo de tres o cuatro semanas empezábamos a estar más holgadas por la progresiva desaparición de nuestras compañeras; pero inmediatamente nuevas remesas llenaban los vacíos. Un día, desesperada frente al dolor, las náuseas y la desesperación, levanté los ojos en busca del apoyo del cielo, pero el cielo mismo estaba invadido por el humo y las llamas del horno crematorio y la muerte.

Miles de historias como ésta parecen estremecerse entre el cemento y el cielo de Auschwitz, y de alguna forma son capaces de tocar el corazón de quienes han decidido caminar por esas tierras de conflicto hasta llegar nueve meses más tarde a Nagasaki. No es fácil enfrentarse a tanto dolor y no tomar partido. Sin embargo, es la premisa básica para participar en la caminata y permanecer en el empeño de llevar la paz por estas sendas por donde el mundo de la codicia ha hecho presente la guerra.


Saliendo por el camino de la muerte, que era el usado para traer a los deportados, los caminantes llegaron a la República Checa, de allí a Austria, Croacia, Bosnia. En estas dos últimas la guerra no era una historia del pasado sino una experiencia viva. Allí el peligro que entraña el caminar por la zona es menos duro que el escuchar los gritos lastimeros de madres que clamaban por sus hijos y ver aquellos cuerpos desgarrados donde la vida latía aún de alguna forma. Muchas preguntas nacían frente a tanta contradicción y violencia, sin que llegara la respuesta adecuada; pero esto le permitió a cada uno mirar sus propios conflictos y hacerse consciente de su vivencia interior.

La caminata no se detiene, tiene su ritmo, cambia el paisaje, llega a las Islas de Grecia y de allí a otra zona donde, a través de la historia, el conflicto reaparece. Es la zona de Israel, Jordania e Irak. La ruta sigue paso a paso para cubrir Pakistán, India y Malasia, cruzar Tailandia, Camboya, Vietnam y Filipinas, y terminar finalmente en Japón. En este último país se realiza una gran reunión con estudiantes en Tokio, para más tarde pasar por Hiroshima y terminar finalmente en Nagasaki. Estas dos últimas ciudades están totalmente reconstruidas, después de que el ser humano diera fin a su más destructivo experimento, lanzando sobre ellas el más sofisticado producto de su carrera nuclear: la bomba atómica.

Nagasaki:

Esta ciudad moderna, pujante y próspera, se encontraba celebrando en diferentes centros el aniversario del fin de la guerra cuando llegaron los caminantes. Estos pudieron vivir la emotividad del momento. Nagasaki tiene la particularidad de estar construida sobre sus propias cenizas, quizás como una forma de no olvidar la cruda realidad de esa destrucción total, donde tantos seres humanos murieron calcinados, carbonizados, deshidratados, sin tener la oportunidad de darse cuenta de lo que les pasaba. Para otros, la muerte fue más lenta como resultado de lesiones muchas veces de tipo canceroso. En los museos de Nagasaki se puede ver abundante documentación acerca de lo sucedido con este desastre nuclear. También cuentan con paneles fotográficos y circuitos de televisión recreada, ya que no quedó ningún registro directo de este espantoso evento.

Aquí se dio fin a esta larga caminata donde cada uno de sus integrantes tuvo el tiempo para procesar lo vivido en esos nueve meses. Más aún, cada día de éstos presentó un desafío personal y una ruta para viajar dentro de sí en un trabajo de introspección que le permitiera darse cuenta de sus propias contradicciones. La mejor lección quizás sea que hay que superar nuestras situaciones internas de conflicto para contribuir realmente a la armonía y a la paz mundial. De alguna forma, para todos es válido hacerse una pregunta: No será la guerra el resultado de miles y miles de conflictos individuales, personales, cotidianos, que en conjunto provocan una oscuridad tal que hace necesario un estallido?

Caminatas por la Paz:

Esta costumbre es muy antigua en el pueblo japonés. Sus orígenes se remontan al siglo XI, época en que el monje budista Nichiren (1222 -1282) empezara a caminar por los pueblos propagando el Sutra del Loto. Nichiren cantaba un mantra que había recibido durante los largos años de retiro en una montaña. Este mantra, No-Mu-Myo-Ho-Ren-Ge-Kyo, tenía la particularidad de purificar y provocar armonía en las zonas por donde él caminaba. Más tarde esta tradición se perdió y recién en pleno siglo XX fue recuperada por un muy devoto y ejemplar monje budista, Fuji Furuji (1885-1985). El fundó la Orden Nipponzan Myohoji y dedicó su vida a trabajar por la paz, comprendiendo que la guerra es un problema que ha acompañado al hombre a lo largo de toda su historia. La reconocía y definía como una concentración de actos criminales propia no sólo de pueblos bárbaros, sino perteneciente por igual a pueblos formados por hombres civilizados y modernos. Reconocía que la violencia se originaba en la ignorancia, arrogancia y egoísmo de los seres humanos. Partiendo de esa base, trató por todos los medios de disminuir la fabricación de las bombas atómicas. Tenía urgencia por contribuir a purificar las mentes de las personas y gobiernos que participan en todo el proceso del armamentismo nuclear. Para él era muy claro que la tecnología había sobrepasado el nivel del desarrollo humano en otros aspectos, por lo que estimaba que la inmadurez de la sociedad actual podía llevar a la humanidad a convertirse en una sucesión de Hiroshimas.


El maestro Fuji Furuji dedicó gran parte de sus cien años de vida a caminar por la paz, cantando el antiguo mantra acompañado por su tambor. Todos los monjes de esta orden dedican su vida entera a la búsqueda de esa apetecida armonía. En las épocas intermedias viven en sus conventos en diferentes partes del mundo y se dedican a construir unas hermosas pagodas, llamadas Pagodas de la Paz, ubicadas en parajes muy agradables y de fácil acceso a la vista de los transeuntes. Están construidas de forma tal que sus espacios y elementos constitutivos invitan a la paz. Se dice que así como las caminatas permiten un cambio a través de la constante meditación en acción y del trabajo sobre las propias emociones, la visión de la pagoda tiene el poder de permitir una transformación espiritual a todos aquellos que creen que la paz del mundo será manifestada.

Ha sido necesario sostener varias conversaciones con Mónica para dar forma a este artículo. Dinámica y de respuestas veloces, se diría que en ella estaba preparado el vehículo que la llevaría a la gran aventura de estos últimos años: Las Caminatas.

Su mirada azul es clara en un primer plano, sin embargo, muestra muchas variaciones similares a las profundidades de las aguas en los planos siguientes de sus ojos, esos mismos que van fotografiando desde el interior al exterior los acontecimientos de las largas jornadas de la caminata.

Estando de regreso de la India, después de un período de introspección, paseaba por el parque de Buttersea a las orillas del Támesis cuando divisó entre la vegetación a un monje vestido de amarillo, quien tenía su templo en el parque. Le habló de su maestro Fuji Furuji, fundador de la orden Budista Nipponzan Myohoji. Mónica, impactada por la conversación con el monje e intuyendo que allí se perfilaba un camino adecuado para ella, decidió partir en la que sería su primera Caminata por la paz. Partiendo desde Sri Lanka caminó durante tres meses al ritmo de los tambores ceremoniales y percibiendo las vibraciones del mantra purificador hasta llegar a Madrás. Esto ocurrió en medio de los conflictos de los Tigres Tamiles en 1983.

Esta caminata le permitió experimentar por primera vez la impermanencia gracias a ese constante cambio de lugar, clima, paisaje e idioma: Caminábamos 7 a 8 horas diarias, no teníamos ninguna especial preocupación por saber dónde alojaríamos o recibiríamos alimentos. Lo cierto es que en cada lugar éramos acogidos amablemente por templos y organizaciones de diferentes religiones. Este constante caminar en meditación fue produciendo cambios en mi atención y en mi percepción del mundo de los apegos.

La segunda caminata fue de Durban a Johannesburgo, y tenía por objeto llegar a su fin coincidiendo con la elección de Nelson Mandela. Ya con experiencia y bastantes cambios a su haber, pudo enfrentar la que sería su más larga e importante jornada, cubriendo la ruta de 5.000 kilómetros entre Auschwitz y Nagasaki. Durante varios meses pudo compartir esta vivencia con sus compañeros de ruta.

Introducción al Budismo Zen

Introducción al Budismo Zen

“Cuando llegues a la cumbre de una montaña, sigue subiendo”.
Expresión zen.

El budismo zen, heredero de tradiciones culturales hindúes y chinas, y estrechamente vinculado a la cultura japonesa, a partir del siglo XII, no puede considerarse ni una religión, ni una filosofía, ni tampoco una psicología o una ciencia. Es más bien una disciplina o una experiencia cuya finalidad última es proveer al hombre de una técnica que le permita alcanzar la iluminación (o satori, para el zen).

Intentando formularlo en términos occidentales, se podría decir que el objetivo fundamental del zen es salvar al hombre de la locura y la parálisis, a través de la apertura de ese “tercer ojo”, tan citado por textos búdicos, que es el que le permitirá “ver”. Ya que sólo el satori es el que permite traspasar la frontera y ver, quien lea sobre zen antes de alcanzarlo es como un ciego de nacimiento que intentara entender los colores a través de descripciones.

El satori, dice el zen, es lo que despierta a la verdadera vida, que se contrapone a lo que ilusoriamente se considera como la vida: “El hombre es perfecto y nada le falta, pero esta idea duerme en el centro de él. No se da cuenta de ello pues está preso en la maraña de sus representaciones mentales. Todo ocurre como si entre el hombre y la realidad, su actividad imaginativa hubiera tejido una pantalla”.

La realización perfecta no se da en otra vida, en otro mundo, sino “aquí y ahora”, una vez que se consigue el satori.

El zen propone disciplinar la mente hasta hacerla dueña de sí misma, por medio de la comprensión interna de su propia naturaleza. La disciplina del zen abre el ojo de la mente para mirar dentro de la razón misma de la existencia. Sólo así el hombre será capaz de captar la naturaleza real de su mente o alma.

Para esto, el zen exige que cada cosa sea experimentada directa y personalmente por cada uno en lo más profundo de sí. Siempre se refiere directamente a los hechos evitando cualquier conocimiento especulativo. No cree que las construcciones del intelecto puedan conseguir que el hombre solucione sus problemas más profundos. Es por eso que no atribuye ninguna importancia a los sutras sagrados o a exégesis realizadas por sabios o eruditos. Para el zen, la experiencia personal se opone a la autoridad y revelación objetiva.

El zen es particularmente evasivo en lo que respecta a sus aspectos exteriores. En primer lugar, no es un sistema fundado en la lógica y el análisis. Es el antípodo de la lógica, es decir, del sistema dualista de pensamiento. Es heredero en esto del Tao al considerar que, mientras el intelecto se esfuerce en aprisionar al mundo en su red de abstracciones y en etiquetar la vida en categorías rígidas, el sentido real del mismo permanecerá incomprensible. No enseña nada de análisis intelectual.

Por otro lado, tampoco impone una doctrina. Desde ese punto de vista podría decirse que el Zen es caótico: no existen libros sagrados, principios dogmáticos, fórmulas simbólicas que faciliten el acceso a su significado. No enseña nada. Sólo indica el camino hacia la mente. No tiene un Dios, no practica ceremonias rituales, no posee una morada futura para los muertos. Es totalmente libre de toda traba dogmática.

El termino “zen”, de origen japonés, es un término tremendamente complejo, que lleva en sí tanto el concepto “meditar” -que es el “método” que lleva al “conocer”- como ese “conocer” o “iluminación”, entendido como fin a alcanzar. El término también lleva implícita la existencia de un “sí mismo” (sujeto del meditar). Por lo tanto, “zen” implica que en el mismo método, en el ponerse en camino de, habita ya el conocer o iluminación (satori).

“El (hombre) es el que medita
él es la meditación
él es la cosa sobre la que se medita.
El que conoce y lo conocido, son uno.”

Sujeto y objeto quedan suprimidos y el conocer, libre al fin de la dualidad que lo encadenaba, puede manifestarse como puro “conocer”.

Simplemente, el zen se propone tomar las cosas tal cual son: considerar la nieve blanca, el cuervo negro. Suzuki, uno de los más notables difusores del budismo zen en occidente, dice en uno de sus textos que la meditación es algo que se agregó artificialmente como una forma de rechazar el intelectualismo que empapa nuestra cultura, pero no pertenece a la actividad natural de la mente. En qué meditan los pájaros en el aire? En qué meditan los peces en el agua?. Unos vuelan, los otros nadan. No es suficiente?

Para el zen es fundamental tomar contacto con el funcionamiento interno de nuestro ser en la forma más directa posible. Considera que las reglas artificiales y esquemáticas del pensamiento no esclarecen la experiencia, y la enturbian. Nuestra adhesión irracional a la interpretación lógica de las cosas, nos impediría alcanzar una comprensión cabal de la verdad. Si queremos llegar a la esencia de la vida, tenemos que abandonar nuestros preciados silogismos y adquirir una nueva forma de observación que nos permita escapar de la tiranía de la lógica y de la parcialidad de la fraseología cotidiana.

Es por eso que se preocupa sólo de hechos, no le interesan las representaciones lógicas ni las verbales, consideradas defectuosas y parciales. Siente que el lenguaje y sus nombres encadenan al hombre a formas sin sentido.

El razonamiento ordinario y lógico ha sido incapaz de satisfacer en forma concluyente nuestras necesidades espirituales más profundas. La vida es un arte, dice, y como todo arte perfecto, debe olvidarse de sí misma, no debe existir ni rastro de esfuerzo o sensación penosa. La vida debería vivirse como el pájaro que vuela en el aire o el pez que nada en el agua.

Hoy la mente está tan condicionada a operar dentro del dualismo lógico que se niega a desembarazarse de su carga. Sin embargo, la consistencia lógica no es definitiva. El hombre debe buscar -y encuentra- una afirmación superior, más allá de la antítesis lógica de la afirmación y negación.

El método de la disciplina zen consiste generalmente en poner al discípulo frente a un dilema ante el cual deba aplicar todos sus esfuerzos para escapar, pero no por medio de la lógica, sino por medio de una mente de orden superior. El momento en que la elocuencia y el silencio se tornen idénticos, es decir, en que la negación y la afirmación se unifiquen en una forma superior de afirmación, recién ahí se conocerá el zen.

El zen nunca explica, sólo afirma. Ya que la vida es un hecho, ninguna explicación es necesaria o apropiada. Intentar entender el zen desde un punto de vista racional es imposible. El zen es una disciplina y una experiencia que no depende de ninguna explicación. Es eminentemente práctico. Apela directamente a la vida, sin referencias al alma, a Dios o a cualquier cosa que interfiera o perturbe el curso ordinario del vivir. Toma la vida tal como fluye.

Las características esenciales del zen son su naturalidad, su liberación de lo artificial, su expresividad de la vida misma, su originalidad: “Todos buscan la verdad demasiado lejos y la tienen a su lado. Lo mismo pasa con el zen. Buscamos sus secretos donde es improbable encontrarlos, en abstracciones verbales y sutilezas metafísicas, cuando la verdad del zen se encuentra en las cosas más concretas de nuestra vida diaria”.

“Un monje dijo al maestro: “Hace algún tiempo que vine aquí para que me instruyérais en el camino sagrado del Buda, pero todavía no me habéis dado el menor indicio de él. Os ruego que seáis más benévolo conmigo”, A lo que el maestro contestó: “Qué quieres decir, hijo mío? Cuando me saludas todas las mañanas, acaso, no te devuelvo el saludo? Cuando me traes una taza de té,acaso no la acepto y la tomo encantado? Aparte de esto, qué otras instrucciones quieres que te dé? “.

A un célebre maestro le preguntaron cierta vez “Hacéis algún esfuerzo para disciplinaros en la verdad?”

– Sí, por supuesto.
– Y cómo os intruís?
– Cuando tengo hambre, como, cuando estoy cansado, duermo.
– Esto es lo que hacen todos, puede decirse, acaso, que ellos se están
instruyendo de la misma manera que vos?
– No.
– Por qué no?
– Porque cuando ellos comen, no comen, sino que piensan en otras cosas que los distraen, y cuando duermen, no duermen, sino que sueñan en mil y una cosas. Por eso no son iguales a mí.”

No debe entenderse con estos ejemplos, sin embargo, que el zen es un naturalismo desprovisto de disciplina. Los métodos que existen dentro del zen para lograr la iluminación -“razón de ser del zen”- son diversos y muy rigurosos. Sin embargo, lo que hacen es sólo indicar el camino, dejando a la propia experiencia el resto; es decir, lo que se pretende es que cada cual siga la indicación para penetrar directamente en el objeto mismo para verlo desde dentro.

Por lo dicho, en general, todas las exposiciones zen son sólo impresiones directas de la experiencia, sin interpretaciones intelectuales o metafísicas. El zen niega toda explicación, pues busca ser vivido. Considera que la visión interna de la realidad carece de contenido, pero, cuidado, esta ausencia de contenido no es abstracción.

La única forma de lograr esta visión interna es a través del satori, y por lo tanto, éste es el único objetivo del zen. El zen no tiene palabras, porque cuando se tiene el satori, se tiene todo.

Los medios que los adeptos al zen utilizan para alcanzar el satori presuponen una intensa búsqueda intelectual y la intensificación extrema del espíritu de investigación. Cuanto más fuerte es un espíritu de investigación, mayor es el satori resultante. Sin embargo, esta búsqueda debe entenderse en un sentido diferente de una búsqueda puramente intelectual, pues implica un ferviente deseo de sobrepasar las limitaciones propias del individuo.

Meditación Zen

En general, todas las culturas orientales utilizan la meditación como una forma de lograr sus fines. En el caso del zen, sin embargo, la meditación es más una concentración que un ejercicio intelectual. El objeto del dhyana (meditación) es conseguir que el individuo penetre directamente en algo que reside en el origen de todas las actividades mentales y físicas y que es la fuente de la energía y el conocimiento.

El método zen provoca, excita, intriga, anonada al intelecto y a las emociones, hasta que el discípulo llegue a comprender que la intelección consiste solamente en pensar acerca de, y que la emoción es solamente sentir respecto de algo. Sólo cuando se ha llegado a un callejón intelectual sin salida se tiende un puente entre el contacto conceptual de segunda mano con la realidad y la experiencia de primera mano.

Al final de la concentración se llega a un vacío en la mente. Todo razonamiento abstracto cesa, puesto que pensamiento y pensador no se oponen el uno al otro. Es sólo entonces que el mecanismo interior está maduro para la eclosión definitiva o satori. A partir de ese instante el estado de consciencia resultante no se puede describir en términos de lógica o psicología, sino únicamente desde el propio estado.

El proceso de maduración podría resumirse en tres fases: acumulación, saturación y explosión.

Mondos

El zen, además de la meditación (dhyana), común a todas las escuelas orientales, recurrió a métodos que eran eminentemente prácticos, pero que no seguían reglas preestablecidas. En un principio, estos métodos toman la forma de preguntas y respuestas (en japonés, “mondo”). Algunas de ellas se han convertido en clásicas, precisamente porque en ellas no hay nada sistemático: “Cuando un monje le pidió a Tchao Tchú que le instruyera en el zen, éste le dijo:

– Has tomado tu desayuno?
– Sí, maestro, lo he tomado.
– Entonces, vete a lavar los platos.

Esta respuesta abrió súbitamente los ojos del monje a la verdad del Zen”

Otro: “Un día el maestro Fo Kuo y su discípulo Hsiun paseaban por la montaña; al pasar cerca de un estanque profundo, Fo Kuo empujó rudamente a su compañero al agua, preguntándole al instante:

WU WEI – El No Hacer

WU WEI – El No Hacer

Qué sentido puede tener el No Hacer, tan familiar a la visión taoísta de las cosas, en el contexto de nuestra agitada vida contemporánea?

El No Hacer no es abulia, es como un ir y venir propio de la dinámica de la vida. Tiene algo que ver con esa imagen clásica del ojo del ciclón: en un ciclón, en una tormenta, hay una zona de calma, el llamado ojo del ciclón. Está en el centro y se desplaza con el ciclón.

Si tenemos en la vida una actividad desenfrenada, programada contra el reloj, y no hay un ojo en la tormenta, terminaremos siendo víctimas del estrés, nuestra vida será desequilibrada. Esto es en realidad un problema de supervivencia, Cuando contamos con ese espacio donde no ocurre nada, podemos estar relajados y al mismo tiempo comprometernos en un hacer muy intenso. La relación entre el No Hacer y .el Hacer es como un ir y venir.

En inglés hay un juego de palabras muy interesante, utilizado por Francisco Varela en De cuerpo presente, su libro-puente entre la tradición budista y las ciencias cognitivas occidentales. Cuando se dice The eye of the storm, que significa el ojo de la tormenta, se escucha como The I of the storm, que quiere decir el yo de la tormenta. Esto alude al hecho que nuestro yo, que solemos concebir como algo fijo, estable, sólido, según la psicología budista, por el contrario, no es más sólido ni fijo que el ojo de una tormenta.

El tiempo de No Hacer es un tiempo para estar ahí simplemente. Son tiempos o momentos que llegan naturalmente, como cuando estamos en contacto con la naturaleza, cuando contemplamos una puesta de sol, cuando nos ponemos bajo la luz de la luna,

Pero, a la vez, hay también vías y caminos que apuntan al No Hacer. Si nos disponemos a No Hacer, esto podría parecer un método, puesto en obra para alcanzar un objetivo. Otra forma de seguir haciendo cosas. Pero no es así. Por ejemplo, en el zazen (práctica de la meditación sentado en el budismo zen), uno se sienta frente a un muro, sin ningún objetivo ni meta. No se sienta allí para lograr algo, se trata tan sólo de estar ahí y resonar con el ritmo del universo,

El tiempo del No Hacer, el zazen, y también el tai-chi están muy cercanos. Por ejemplo. después de practicar tal-chi podemos sentir la necesidad de sentarnos un tiempo, y ahí puede surgir un grado de presencia o de transparencia en forma muy natural y espontánea. Además, el tai-chi es algo muy simple y sutil. Empieza con un movimiento deliberado, pero hay movimientos que cada vez van saliendo de una parte más profunda de nosotros, hasta que salen del centro vital (Hara). Así, este movimiento se convierte en un hacer que no proviene del lugar desde el que uno actúa cotidianamente. Esto se refleja de una manera muy somática: en la vida cotidiana el movimiento de las manos y de los brazos suele predominar, iniciado desde la cabeza o de las emociones. En el tai-chi el movimiento viene del centro de uno mismo. La persona se mueve desde su centro y ese movimiento se propaga a los brazos. A través de este movimiento va experimentando un No Hacer desde el punto de vista del actor dominante habitual. Este actor va dejando de hacer y abandonando su lugar a un actor más profundo, Hay un cambio de nuestro centro de gravedad.

Hay veces que podemos sentir esa necesidad de ponernos en un estado de No Hacer, igual como podemos desear sentarnos bajo un sauce en una tarde calurosa de verano. Otras veces es como algo que nos invade, que está siempre ahí y que siempre ha estado ahí, sólo que no nos habíamos sintonizado con ello. Es una manera de estar en el mundo, que viene naturalmente. Es una sensación directa, somática, como estar en un jardín y sentir que vemos por primera vez el color de las flores o la presencia de un arbusto. Y así nos damos cuenta, por contraste, que la mayor parte del tiempo hemos estado viviendo en un. mundo plano. En cambio, en estos otros momentos sentimos una profundidad que nos hace ver en tres dimensiones. Experimentamos así una sensación de espacio y de presencia.

Evocando experiencias de otras personas, recuerdo que Krishnamurti en algunos de sus libros describe experiencias muy personales de este tipo. Y es interesante, porque él habla de la no-práctica. Krishnamurti no está de acuerdo con la práctica, ni siquiera con la de la meditación y, menos aún, con una tan específica como el tai-chi. Para Krishnamurti, las experiencias más interesantes tienen que ver con la naturaleza, con la percepción, la energía, la presencia. Eso no está propiamente inscrito en una práctica, es algo que puede ocurrir en cualquier momento a cualquier persona. Es como vivir en forma diferente o como retornar a la condición que debiera ser la normal.

El No Hacer puede ser tanto una práctica.como el ir y venir de la vida. Yo acepto ambas facetas: participar en prácticas formales y dejarse invadir por ese ir y venir.

El No Hacer está muy relacionado con la actividad del inconsciente, con el hacer del inconsciente, en el sentido positivo del término. El relajar nuestro intento de construcción, programación y planeamiento consciente de toda la vida, nos vuelve más receptivos a lo que se podría llamar la sabiduría del Inconsciente. Sentimos así un contacto con algo más profundo y perspicaz que nosotros mismos. La relación entre el consciente y el inconsciente podría describirse por la imagen del iceberg: el ápice encima del agua y la mayor parte bajo ésta. En mi experiencia, siento que en esa parte bajo el agua. está mi centro de gravedad. Cuando hay un mayor contacto con el ínconsciente, si realmente no lo hacemos activamente sino que actuamos como desde el ojo del ciclón, hay un flujo de energía que emerge de la parte baja del iceberg. Eso es algo que se puede sentir concretamente. Como consecuencia práctica de este contacto nos conectamos con una fuente de energía que puede ser muy fuerte, que incide en nuestra capacidad de trabajo, en nuestra resistencia física y, seguramente, influye a nivel fisiológico en el sistema inmunitario, por ejemplo. Repercute en todo el cuerpo.

El No Hacer incide también en el aprendizaje. La tensión del Hacer voluntarioso suele ser aquí el peor obstáculo.. Por el contrario, el No Hacer, que implica la relajación de este intento, nos permite situarnos en una postura en que la energía circula más libremente, aumenta nuestra receptividad y se despliegan nuestra intuición y creatividad. Posibilita comenzar a aprender con el cuerpo, dejando de apoyarse en el discurso verbal dominante. Y, justamente, este aprender con el cuerpo es percibido como un No Hacer por nuestro ego habitual.

Puede ser que todo esto no nos resulte fácil si no podemos detener nuestra actividad, si nos parece imposible darnos un espacio para el No Hacer. Frecuentemente decimos: No tengo tiempo para…., estoy tan ocupado que no puedo … . Pero una cosa fundamental es empezar apoyándose en aquello con lo que tenemos más contacto. Si alguien está lanzado en una actividad delirante y le dicen que sería muy bueno que se sentara a meditar, la persona dirá que lo ve como imposible. En esos casos, comenzaría con el cuerpo. Un mínimo de trabajo con el cuerpo influye mucho en nuestro estado de ánimo. El movimiento lento, a un ritmo que no es el usual, cambia inmediatamente la actitud de agitación. Hay algo automático en esto. Está dentro de lo posible porque toda persona se siente capaz de controlar el cuerpo. Variar el ritmo del movimiento es algo accesible a todos, y, a partir de ese cambio, puede empezar a surgir una actitud que mira el transcurrir de las cosas: es el impulso inicial y posibilita el paso siguiente.

Jorge Soto Andrade
La Domesticación de la Vaca

La Domesticación de la Vaca

domesticacionvaca01I
En busca de la vaca.- Nunca se perdió, de modo que de qué sirve buscarla? No estamos en íntimos términos con ella, porque hicimos planes contra nuestra naturaleza más recóndita. Ella se perdió pues nosotros mismos perdimos nuestro rumbo a través de los engañosos sentidos. La casa se aleja cada vez más, y nos confunden los atajos y encrucijadas. El deseo de ganancia y el temor a la pérdida arden como el fuego; las ideas de correcto y equivocado brotan como una falange.

Sólo en el yermo, perdido en la selva, él busca, busca !
Aguas crecidas, montañas distantes, sendero sin término
Exhausto y desesperado, no sabe dónde ir,
Sólo en el yermo, perdido en la selva, él busca, busca !

domesticacionvaca02II
Tras las huellas de la vaca.- Con el auxilio de los Sutras e indagando en las doctrinas llegó a entender algo; halló las huellas. Ahora sabe que las cosas, por más multitudinarias que sean, son de una sola sustancia, y que el mundo objetivo es un reflejo del yo. Con todo es incapaz de distinguir lo que es bueno de lo que no lo es; su mente está todavía confusa respecto de la verdad y la falsedad. Como aún no traspuso la puerta, se dice que por ahora advirtió los rastros.

Junto al agua, bajo los árboles, están dispersas las huellas de la vaca perdida:
Los bosques fragantes se tornan densos. El halló el camino?
Por más lejos, por sobre las colinas y más allá, que haya vagado la vaca,
La nariz de ésta alcanza a los cielos y nadie puede ocultarla.

domesticacionvaca03III
Vaca a la vista.- El halla el camino por el sonido; ve dentro del origen de las cosas, y todos sus sentidos están en orden armonioso. En todas sus actividades eso está manifiestamente presente. Eso se parece a la sal en el agua y a la cola en el color. (Eso está allí, aunque no se lo distinga separadamente.) Cuando el ojo es dirigido apropiadamente, descubrirá que no hay otra cosa que él mismo.

Allá, encaramado en una rama, un ruiseñor canta alegremente;
El sol es cálido, la suave brisa sopla a través del verde sauce sobre la orilla;
Allí está la vaca en plenitud, en ningún lado hay sitio para que se oculte;
Qué pintor puede reproducirla, con la espléndida cabeza decorada con majestuosos cuernos?

domesticacionvaca04IV
La vaca está a mano.- Después de perderse tanto tiempo en el yermo, al fin encontró la vaca y puso su mano sobre ella. Pero debido a la imponente presión del mundo objetivo se aprecia que es difícil controlar a la vaca, pues constantemente ansía los dulces pastos. La naturaleza salvaje es todavía indómita, y rehúsa por completo ser atada. Si él desea tenerla completamente sujeta, debe usar libremente el látigo.

Con la energía de toda su alma, al fin pudo echar mano de la vaca:
Pero cuán salvaje es su voluntad, cuán ingobernable su poder !
A veces se contonea por la altiplanicie,
Cuando he aquí se pierde en un neblinoso e impenetrable paso de la montaña.

domesticacionvaca05V
Pastoreo de la vaca.- Cuando se desplaza un pensamiento, le sigue otro, y luego otro; así despierta un tren interminable de pensamientos. A través de la iluminación todo esto se vuelve verdad; pero la falsedad se afirma cuando prevalece la confusión. Las cosas nos oprimen, no debido al mundo objetivo sino debido a la mente engañosa del yo. No aflojéis el cabestro; mantenedlo restringido, y no os consintáis indulgencia.

No permitas separarte del látigo y la cuerda,
No sea que ella se descarríe por un mundo mancillado;
Si se la cuida apropiadamente, crecerá pura y dócil,
Incluso sin cadena, sin nada que la ate, te seguirá de buen grado.

domesticacionvaca06VI
Vuelta al hogar a lomo de la vaca.- La lucha ya pasó; él ya no se preocupa más de ganancia ni pérdida. Canturrea una tonada campestre de leñador, entona canciones simples de niños pueblerinos. Montado sobre el lomo de la vaca, sus ojos no están fijos en cosas terrenales. Aunque se le llamase, no volvería su cabeza; aunque se lo tentase, no se le retendría más.

Montando la vaca lentamente dirige sus pasos hacia el hogar:
Envuelto en la niebla vespertina, cuán armoniosamente se desvanece la flauta a lo lejos !
Entonando una cancioncilla, marcando el compás, su corazón está lleno de dicha indescriptible !
Es menester decir que él es ahora uno de aquellos que conocen?

domesticacionvaca07VII
Olvidada la vaca, el hombre queda solo.-Las cosas son una sola y la vaca es simbólica. Cuando sabes que lo que necesitas no es señuelo ni red sino conejo o pez, esto se parece al oro separado de la escoria; se parece a la luna saliendo de entre las nubes. El único rayo de luz, sereno y penetrante, brilla incluso antes de los tiempos de la creación.

Montado en la vaca él está al fin de regreso en su hogar,
Donde he aquí no hay más vaca, y cuán serenamente él se sienta totalmente sólo !
Aunque el sol rojo se sostiene en el cielo, él parece estar todavía silenciosamente dormido;
Bajo un techo de paja yacen ociosamente, junto a él, su látigo y su soga.

domesticacionvaca08VIII
La vaca y el hombre se pierden de vista.- Puesta a un lado toda confusión, sólo prevalece la serenidad; ni siquiera la idea de santidad tiene vigencia. No se demora donde está el Buda, y donde el Buda no está, pasa rápidamente de largo. Cuando no existe forma de dualismo, hasta un ser de mil ojos fracasa en detectar una salida. Santidad ante la que los pájaros ofrecen flores no es sino farsa.

Todo está vacío, el látigo, la soga, el hombre y la vaca;
Quién midió jamás la vastedad del cielo?
Sobre el horno que arde en llamas, ni un copo de nieve puede caer:
Cuando obtiene este estado de cosas, está manifiesto el espíritu del antiguo maestro.

domesticacionvaca09IX
Regreso al origen, vuelta a la fuente.- Desde el principio mismo, puro e inmaculado, jamás fue afectado por máculas. Observa con calma el crecimiento y decadencia de las cosas con forma, mientras que él mismo mora en la inmóvil serenidad de la no-afirmación. Cuando no se identifica con transformaciones aparentemente mágicas, qué tiene que hacer con las artificialidades de la auto-disciplina? El agua fluye azul, la montaña se empina verde. Sentado sólo, él observa las cosas que sufren cambios.

Retornar al Origen, regresar a la Fuente: este ya es un paso falso !
Mucho mejor es quedarse en casa, ciego y sordo, al instante y sin alharaca.
Sentado dentro de la choza no toma conocimiento de las cosas externas;
Observad el agua que fluye, nadie sabe adónde; y aquellas flores rojas y frescas para quién son?

domesticacionvaca10X
Ingreso a la ciudad con las manos que conceden bienaventuranza.- La puerta de la humilde morada está cerrada, y los muy sabios no le conocen. No han de lograrse vislumbres de su vida interior; pues él recorre su propio rumbo sin seguir los pasos de los antiguos sabios. Entra al mercado transportando una calabaza; llega al hogar inclinándose contra un bastón. Se lo encuentra en compañía de bebedores de vino y matarifes; él y ellos están todos convertidos en Budas.

Con el pecho y los pies desnudos, él entra en el mercado;
Embadurnado de barro y cenizas, cuán amplia es su sonrisa !
No es necesario el poder milagroso de los dioses,
Pues basta su contacto y he aquí los árboles muertos florecen en plenitud.

D. T. Suzuki

Extractado por Julián Alvarez de
D. T. Suzuki.- Ensayos Sobre Budismo Zen.-Kier