Dinero y Vida espiritual

Dinero y Vida espiritual

Durante los últimos 30 años han acudido a mi consulta personas de todas las regiones del mundo De entre todos los que se encontraban en la segunda mitad de su vida no había ni siquiera uno cuyo problema no fuese, en última instancia, hallar una visión religiosa de la vida.
C. G. Jung

La espiritualidad consiste en considerar los problemas de la vida desde un punto de vista elevado, comprensivo y sintético; en probarlo todo sobre la base de los verdaderos valores; en intentar llegar a la esencia de los hechos, sin dejarse arrastrar por las apariencias externas, sin dejarse convencer por las opiniones tradicionales, sin dejarse influenciar por las masas, ni por las tendencias, las emociones o los prejuicios personales. La concepción espiritual de la vida y de sus manifestaciones, lejos de ser teórica o no-práctica, es eminentemente revolucionaria, dinámica y creativa.

Es revolucionaria porque, a la luz del espíritu, se evidencia que las valoraciones ordinarias y los comportamientos prácticos que de ellas se derivan están fundamentalmente equivocados. Esto es natural e inevitable, porque estas valoraciones y estos comportamientos son egocéntricos y separatistas y, dada la falsa perspectiva sobre la cual se basan, deforman la realidad y crean barreras artificiales en lo que verdaderamente es una sola vida. Por consiguiente, el punto de vista espiritual produce una especie de revolución copernicana al sustituir las concepciones antropocéntricas y personalistas por un heliocentrismo espiritual, lo cual sitúa en su justo lugar los hechos y los problemas, pero, sobre todo, también a nosotros mismos.

La espiritualidad es dinámica y creativa porque los cambios de perspectiva, la alteración de los valores, el despejar la niebla de las ilusiones y la transfiguración del mundo y de la vida debida a esta nueva luz, provocan profundos cambios en nosotros, desvelan nuevas y potentes energías, ensanchan el campo de nuestra acción sobre los demás y transforman en gran medida la calida de dichas acciones.

Por ello resulta sumamente oportuna la revisión radical que las almas más iluminadas y fervorosas intentan en todos los aspectos de la vida humana. Tal revisión implica, primeramente, una clara comprensión y una decidida reafirmación de los principios y valores eternos del espíritu, y después, la aplicación de estos principios y valores a los problemas concretos, personales y sociales de nuestra época. Para que las soluciones espirituales resulten adecuadas a esta siempre mutable realidad y sean eficaces en la práctica, deben ser plásticas, y en cierto sentido, siempre nuevas y originales.

Entre los muchos problemas que actualmente oprimen a la humanidad, hay dos que tienen un interés central y que están relacionados con los más fuertes impulsos de acción en la vida de los individuos y la colectividad, por lo que requieren más que ningún otro ser examinados y estudiados a la luz del espíritu. Se trata de nuestros comportamientos con respecto al amor (entendido en su sentido más amplio incluyendo la sexualidad) y con respecto al dinero. Intentaré considerar brevemente el segundo.

Si nos auto examinamos con valerosa sinceridad condición indispensable para seguir una vida espiritual digna de tal nombre – reconoceremos que el pensamiento del dinero nos provoca profundas e intensas resonancias, un tumulto de oscuras emociones y de reacciones apasionadas que demuestran que el vil metal toca puntos muy sensibles de nuestra personalidad. Conviene poner luz sobre este caos, para lo cual es preciso que aflore a nuestra consciencia todo aquello que se encuentra en los bajos fondos de nuestro inconsciente. Ello implica eliminar toda censura. Pero entonces emerge una turbia oleada en la que se entretejen corrientes de miedo, de deseo, de codicia y de apego, junto con sentimientos de culpa, de envidia y de resentimiento.

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Intentemos llegar al origen de estas fuerzas con la ayuda de Hermann Keyserling, quien a nuestro juicio ha indagado mejor que ningún otro las oscuras raíces telúricas de aquello que desde lo bajo se ha desarrollado en la personalidad humana: lo que en ella hay de mineral, de vegetal y de animal, sin por ello caer en el error cometido por otros investigadores de los bajos fondos – de ignorar aquello que, por el contrario, tiene un origen superior totalmente independiente y que él denominaba muy apropiadamente la irrupción del Espíritu.

En sus Méditations Sud-Américaines, que quizás sea su obra más profunda, y también en su libro antológico Vie Intime, Keyserling pone en evidencia dos tendencias principales que se hallan justamente en la raíz de la vida. La primera es el Miedo originario, con respecto al cual nos señala lo siguiente: este miedo originario no se refiere a la muerte, sino a la carestía; es decir, se trata de miedo a la carencia del alimento necesario, del miedo al hambre. Probablemente ello se deba a la existencia de un oscuro, pero intenso recuerdo atávico por la preocupante necesidad de procurarse alimentos, lo cual constituía una continua angustia para el hombre primitivo. Como salvaguarda contra este Miedo originario prosigue diciendo – aparece el instinto de seguridad, el cual constituye el primer impulso activo de todo ser viviente. Y el instinto de propiedad se desarrolla, según él, a partir de ese instinto de seguridad.

A la otra tendencia fundamental que surge de los bajos fondos del inconsciente y que es la antítesis dinámica de la primera – Keyserling la denominó Hambre originaria, aunque a fin de evitar confusiones sería más adecuado llamarla Avidez originaria. En palabras de Keyserling, esta tendencia es: el principio motor de todo crecimiento. Ahora bien, el crecimiento, por su propia esencia, aspira al infinito y ya desde sus inicios no reconoce ningún límite como definitivo. En consecuencia, este Hambre originario o primigenio es originalmente agresivo e insaciable. Por su propia naturaleza se opone a cualquier instinto de seguridad; el riesgo es su elemento, lo ilimitado es constantemente su objetivo. De ello se deriva un conflicto originario con todo aquello que pertenece al ámbito de la Propiedad y del Derecho. En los bajos fondos tiene lugar una perpetua y encarnizada lucha entre el Hambre y el Miedo; no existe allí ningún equilibrio permanente y armónico.

No es difícil percatarse de que en nuestra civilización materialista estas dos tendencias se manifiestan en forma de codicia, que persigue adquirir y conservar la mayor cantidad posible de dinero y de otros bienes materiales. A pesar de los milenios transcurridos y el parcial refinamiento de la vida humana, es todavía tan arrolladora la fuerza de estos instintos que generalmente prevalecen ya sea con manifestaciones violentas, ya sea de forma engañosa e indirecta, disfrazada tras hipócritas justificaciones – sobre cualquier otro móvil o freno superior, y no es raro que a menudo llegue a superar incluso al instinto de conservación.

Si pudiéramos darnos cuenta de la cantidad de delitos, traiciones, robos, despotismos, prostituciones físicas y morales, y bajezas de todo tipo que, más o menos encubiertas, los seres humanos llegan a cometer cotidianamente en nombre de la auri sacra fames – la execrable avidez de dinero – quedaríamos profundamente trastornados, por no decir aterrorizados. Y si después hiciésemos un sincero auto examen sobre este aspecto, temo que podríamos llevarnos alguna desagradable sorpresa.

De todo esto se han dado buena cuenta los elevados Seres que han venido a intentar la difícil tarea de elevar moralmente y despertar espiritualmente a los hombres, librándolos del sometimiento a sus pasiones.

dinero02Muchos siglos antes de la llegada de Buda, todos aquellos que en la India habían alcanzado un cierto nivel espiritual solían renunciar a todos los bienes terrenales y se convertían en sannyasin, llevando una vida mendicante. Así también, Buda abandonó en un principio todas sus riquezas y posesiones para ir en busca de la Verdad, y después, tras haber alcanzado la iluminación, para ayudar a los hombres a liberarse del dolor que es fruto del deseo. Jesús, por otra parte, advirtió en más de una ocasión con duras palabras de los graves peligros que para la vida espiritual representan las riquezas. A este respecto su acto más enérgico y combativo, y también el más conocido, fue el expulsar del templo a aquellos cuya avidez por el dinero les había llevado a profanarlo.

Esta actitud contraria al dinero continuó manteniéndose durante los siglos del cristianismo hasta culminar en el dramático y sublime gesto de San Francisco de Asís, que renunció a todo cuanto poseía e incluso a la ropa que llevaba encima y celebró jubiloso su mística boda con la señora pobreza. Frente a tales comportamientos y a las formas de vida que de ellos se derivan, surgen de forma espontánea en nosotros dos preguntas:
1- Desde un punto de vista espiritual, son justas y necesarias estas actitudes? Es necesario condenar el dinero para poder vivir espiritualmente?
2- Y de ser así, es factible vivir de este modo en nuestros tiempos?

La respuesta a la segunda pregunta es fácil. Transcurridos algunos pocos decenios después de la muerte de San Francisco, la Comunidad Franciscana acordó que una vida regular en el convento no era prácticamente posible sin manejar dinero y sin poseer, de un modo u otro, edificios o terrenos. Esto dio lugar a fuertes controversias entre los seguidores rigurosos de la Regla primitiva y aquellos que pretendían adaptarla a las exigencias de la vida práctica. Estos últimos llevaron las de ganar, y actualmente los religiosos franciscanos se sirven de todos los medios que ofrece la vida moderna, desde el sello hasta el buzón, desde el tren hasta el coche o el avión, pagando regularmente por su uso. Por lo tanto, si esto lo hacen incluso los hijos de San Francisco, con más razón todavía podemos hacerlo nosotros, los laicos, enredados en los mil y un problemas de la vida económica, familiar y social e íntimamente integrados, no sólo por necesidad, sino también por propia elección, en la vida de nuestros tiempos. Y ello convencidos de que cualquier transformación de esta vida, en el sentido espiritual, no puede ser hecha desde fuera y de forma ajena, sino desde dentro de su conjunto y actuando como fermento.

Consideremos ahora la primera y más difícil pregunta. En primer lugar, es preciso ponerse en guardia contra las fáciles degeneraciones e hipocresías a las que puede dar lugar el desprecio por el dinero. Ello puede convertirse en una cómoda máscara para ocultar la pereza, la debilidad o las bajezas; puede dar lugar al parasitismo individual y colectivo. En realidad esto ha ocurrido ya, sobre todo en el pasado, por ejemplo en la India, en donde el clima, las condiciones de vida y la mentalidad colectiva lo hacían más fácilmente factible.

Pero todavía existe una objeción más fundamental contra estas actitudes negativas hacia el dinero, representada por una concepción totalmente opuesta y que, sin embargo, se inspira en principios religiosos. De acuerdo con esta concepción, que impregna el Antiguo Testamento, la riqueza y la prosperidad serían, por el contrario, señales tangibles del favor de Dios y el premio por conducirse justa y rectamente. La pobreza y las adversidades, en cambio, serían consecuencia del castigo divino o, como mínimo, el resultado de los errores de pensamiento, sentimiento o conducta, tanto individuales como colectivos. Tal concepción fue retomada por algunas corrientes religiosas y espirituales modernas y en ella se basa, más o menos conscientemente, la mentalidad americana. De este modo el éxito práctico y los valores personales llegan a identificarse. Aquel es señal y prueba de éste.

Veamos qué puede haber de cierto en esta teoría. Si Dios es bueno, afirman convencidos sus defensores, si Dios es amor, si desea lo mejor para el hombre y quiere que éste disfrute de una vida plena, alegre y rica no puede estar en contra de que el hombre utilice al máximo los bienes terrenos que la naturaleza le otorga tan copiosamente. Si existe y evidentemente existe – una jerarquía entre los reinos de la naturaleza, es de orden natural y divino que los reinos inferiores estén al servicio de los superiores. En los reinos sub-humanos sucede espontáneamente: el reino mineral hace posible la existencia de la vida vegetal que se alimenta gracias a ellos, y la contribución y el sacrificio de ambos reinos es necesario para la manifestación de la vida animal.

Qué es la Voluntad?

Qué es la Voluntad?

Se cuenta que el compositor de ópera Rossini era tan perezoso como brillante. De las muchas anécdotas que circulan sobre su holgazanería, una nos lo presenta acostado en la cama por la mañana mientras componía una obertura. Estaba allí muy cómodo y hacía bastante frío para levantarse. Sin embargo, en ese momento se le cayeron al suelo unas cuantas hojas que estaba escribiendo y se esparcieron por toda la habitación, por lo que Rossini tenía que levantarse y recogerlas si quería seguir componiendo. Pero,
era un esfuerzo muy grande para él ! Reacio a molestarse, Rossini empezó otra vez y escribió una nueva obertura por completo, mucho más brillante y viva que la que se le había caído de las manos.

Esta anécdota puede considerarse como una victoria de la inspiración sobre la fuerza bruta y la auto-disciplina carente de imaginación. Es una victoria que parece cumplirse, al ser los sentimientos, la espontaneidad y el dejarse llevar los últimos vencedores. Por otro lado, la disciplina y la voluntad, que cada vez se consideran más como formas de inútil auto-tortura, son, en apariencia, los desgraciados perdedores de esta historia.

Sin embargo, se puede ver la voluntad como una expresión de lo que Angyal llamó autonomía: la capacidad de un organismo para funcionar libremente de acuerdo con su propia naturaleza intrínseca, en vez de hacerlo bajo la coacción de las fuerzas externas. Efectivamente, todo lo relacionado con la evolución se puede considerar como el resurgimiento de esta libertad.

En una visión comparativa entre los diferentes reinos de la naturaleza, el ser humano ocupa un lugar especial. Así como los animales son más libres que los vegetales porque pueden moverse en el mundo físico, los humanos son más libres que los animales porque pueden moverse en el mundo de las ideas, planes y visiones de infinita variabilidad, y pueden hacerlo con independencia del medio que los rodea. Nuestro sistema nervioso nos capacita para ser la especie de conducta menos previsible, porque somos la que menos depende de programas que nos den paso a unas normas de acción.

Es cierto que podemos encontrarnos obedeciendo a presiones externas: represión social, propaganda, etc. Podemos caer en la rutina y actuar automáticamente, y hasta podemos funcionar siguiendo solamente mecanismos instintivos. Pero he aquí la novedad – también podemos inventar nuevas conductas y convertirnos en una causa inteligente. Podemos elegir verdadera y libremente, manteniendo toda la responsabilidad de la auto-determinación. A esta adquisición evolutiva, que aún está en desarrollo, es a lo que damos aquí el nombre de voluntad.

Al mismo tiempo, estamos dramáticamente enfrentados a situaciones que nos invitan a servirnos de la voluntad. Si lo hacemos así, sube nuestra tensión psíquica y podemos marchar hacia una mayor libertad; pero, si no es así, somos prisioneros de las circunstancias de la vida. Múltiples circunstancias vitales que nos ha tocado protagonizar o presenciar a los largo de nuestra vida nos muestran que siempre que se ignora, suprime o viola de un modo firme y persistente la voluntad de un individuo, aparece el dolor y la enfermedad. Y, puesto que la voluntad es la facultad más próxima a nuestro yo, cuando recibe una ofensa le llega hasta lo más profundo.

Revisando la voluntad

Eche un vistazo a su propia voluntad.

Está con frecuencia:
– Desplazada por la de los demás?
– Subyugada por sus sentimientos, como la depresión, la ira o el miedo?
– Paralizada por la inercia?
– Adormecida por los hábitos?
– Desintegrada por las distracciones?
– Corroída por las dudas?

Hace normalmente lo que quiere hacer desde lo más profundo de su ser, porque le apetece así, o prevalece algún otro factor?

Tómese algún tiempo para considerar los principales aspectos de su vida y sus relaciones más importantes y escriba detalladamente sus respuestas.

La voluntad en la vida diaria

A pesar de muchos obstáculos, el descubrimiento de la voluntad es una experiencia elemental. Si queremos facilitar este proceso, podemos empezar por la forma más sencilla de todas: descubrir o reforzar nuestra voluntad haciendo uso de ella. En todo momento se nos ofrece esta oportunidad; si lo vemos así, la vida se convierte en un laboratorio para desarrollar y experimentar nuestra voluntad. Aquí hay algunas fórmulas se pueden inventar muchas más – para activarla en diversas situaciones de la vida diaria.

– Haga algo que no haya hecho nunca
– Tenga una actuación de valor
– Trace un plan y sígalo
– Quédese haciendo lo que hace durante cinco minutos más, aunque esté cansado
– Haga algo con mucha lentitud
– Diga no cuando tenga que decir no, aunque sea más fácil decir sí
– Haga lo que crea que es más importante
– Cuando se le presente una elección intrascendente, decida sin vacilar
– Actúe de forma contraria a lo esperado
– Actúe sin pensar en lo que los demás puedan pensar o decir
– Conténgase de decir algo que tenga ganas de decir
– Deje para más tarde algo que desee hacer ahora
– Haga en este momento algo que preferiría dejar para después
– Haga un mismo ejercicio todos los días durante un mes, aunque le parezca inútil
– Elimine de su vida cualquier cosa superflua
– Rompa un hábito
– Haga algo por lo que se sienta inseguro
– Haga algo poniendo en ello toda su atención, como si fuese la última vez.

Cualquier acción se puede convertir en un ejercicio de la voluntad, siempre que no se haga por costumbre o se considere una obligación. Así se pone en marcha un proceso en cadena. Una vez descubierta nuestra voluntad, podemos seguir realizando más actos de voluntad. De este modo vamos aumentando nuestra capacidad de voluntad, lo que nos permite seguir desarrollándola. La voluntad genera voluntad.

Pero no pensemos que las cosas son siempre tan fáciles. Podemos empezar haciendo estos ejercicios aunque los olvidemos al día siguiente; al tercer día puede parecer que no sirven para nada y, pasados unos días, puede que vuelvan a gustarnos y queramos empezar de nuevo. O, con la fogosidad de un entusiasmo repentino, podemos realizar muchos actos de voluntad con el fin de acumular el máximo posible de energías, para darnos cuenta después de que nos hemos dado una indigestión de voluntad.

Es importante no confundir la experiencia de la verdadera voluntad con el sentido victoriano de la fuerza de la voluntad. Lo cierto es que mucha gente ha llamado voluntad a lo que en realidad era austeridad. Podemos aclarar esta equivocación tan pronto como nos demos cuenta de que la verdadera función de la voluntad es dirigir, no imponer. Hay un ejemplo que puede ayudarnos a comprender este hecho básico. Suponga que está en un bote en medio de un lago, y quiere volver a la orilla. Para hacerlo tiene que hacer dos cosas:
primero, decidir en qué dirección navegar y mantenerla; después, utilizar su propia fuerza y remar.

Suponga ahora que en vez de llevar un bote está llevando un velero y hay una suave brisa. Lo que necesita en este caso es habilidad para manejar el timón y navegar para sacar el mayor provecho de las fuerzas naturales. No tiene que hacer ningún esfuerzo muscular para mover el barco. Su única función es elegir y mantener el rumbo que desea seguir, lo que es una tarea mucho más fácil y relajada que la de remar. En un velero el navegante no es un agente: es un meta-agente. Esto quiere decir que deja que el viento, la vela, las olas y las corrientes interactúen entre sí. Todo lo que tiene que hacer es regular con habilidad esta interacción sin participar directamente en ella, como lo habría hecho en el bote.


La verdadera voluntad también es un meta-agente, o una meta-fuerza que puede dirigir el juego de varios elementos de la personalidad desde una posición independiente, sin mezclarse ni identificarse con ninguno de ellos. Pero normalmente no nos damos cuenta de que esto es posible. Actuamos como si remáramos un velero cuando sopla el viento. Vamos dando golpes sin necesidad, decididos a actuar como agentes, a pesar de que no hace falta que hagamos ningún esfuerzo. Derrochamos tanta energía porque no sólo decidimos lo que vamos a hacer, sino que también intentamos hacerlo, utilizando la fuerza de voluntad ordinaria; pero podríamos conseguir todo esto sin intentar hacerlo y con mucho menos desgaste de energía.

Herbert von Karajan hizo una vez una distinción muy clara entre el trabajo laborioso y la dirección cómoda a sus alumnos, con una anécdota de su niñez, cuando aprendía a montar a caballo. La noche antes de su primer salto no pudo dormir de preocupación: Cómo puedo levantar esa cosa tan grande y saltar el obstáculo? pensé para mí. Entonces me di cuenta de que no es el jinete el que levanta el caballo. Uno se sienta en el caballo de la forma más adecuada y éste se levanta solo. La orquesta tiene que hacer lo mismo.

En el uso de la voluntad puede intervenir, a veces, el esfuerzo y la lucha. Puede chocar contra nuestras costumbres y hábitos arraigados. Puede ser una voluntad que rompe barreras, que vence el temor, y hace que sucedan hasta las cosas más improbables. Y hasta puede ser una voluntad sana, inmune al gesto seco de la fuerza de voluntad y de naturaleza diferente. Lo que marca la diferencia es identificarla con decisión solamente, y no con acción y esfuerzo. Para que ocurra así, la voluntad debe surgir desde nuestro corazón, que no debe estar contaminado ni desviado por otras fuerzas, aunque de todos modos es raro que esto suceda.

Muchas veces se observan personas que parecen tener una voluntad de hierro, pero que sólo están controladas por un sentimiento o deseo: la rebelión contra el dolor, la ambición o el miedo. No desean por sí mismos, sino que son sus esfuerzos los que se convertirán en intentos: esfuerzos absurdos, impulsos ciegos. En estos casos la voluntad no es un meta-agente, sino sólo un agente que está en el mismo plano que muchos otros agentes psicológicos. Nuestro mejor modo de compensar el peligro de pasarnos es recordar que sólo podemos desear verdaderamente desde el centro de nuestro ser, el yo.

Cuando surge desde el centro, la voluntad se puede expresar de muchas maneras y se puede considerar como una constelación de sucesos internos en vez de una manifestación psicológica simple y concreta. A veces nos damos cuenta de la voluntad en un hecho instantáneo, rápido como un relámpago, y en otras ocasiones podemos sentir la voluntad como un flujo constante de fuerza. En algunos momentos la voluntad consiste en hacer lo que hay que hacer, sin más razón, sin ningún compromiso ni expectativa de ganancia, sin ningún apoyo hedonístico, sin ningún reto, sin ningún sentimiento de culpabilidad. En otros momentos la voluntad se manifiesta cuando apuntamos a una meta con todas las fuerzas, sin estar tocada por ambivalencias ni fluctuaciones.

Cuando se pierde la voluntad, el espacio psicológico que debería ocupar ésta lo asume la angustia, la depresión, el enfado y la confusión. Por el contrario, la voluntad en acción otorga, según ha explicado Assagioli, siete grupos de cualidades: energía, dominio, concentración, determinación, persistencia, valor y organización.

Piero Ferrucci

Extractado por Pablo Cáceres de
P. Ferrucci.- Psicosíntesis.-Sirio

Como Desarrollar La Voluntad

Como Desarrollar La Voluntad

La voluntad es aquella función psicológica más directamente relacionada con nuestro ser. El psiquiatra Rank decía: el ser humano experiencia su individualidad en términos de su voluntad, y esto significa que su existencia personal es idéntica a su capacidad para expresar su voluntad en el mundo. Como, en general, la persona no está consciente de su ser, tampoco lo está de la más directa función de este ser: la voluntad.

Hay comúnmente dos concepciones unilaterales de la voluntad. La primera es la de reprimir o inhibir impulsos instintivos, usando la fuerza, tal como se doma a bestias salvajes. La segunda es la de empujar con fuerza, como hace un hombre al tratar de mover un vehículo cuyo motor no funciona.

En realidad, un análisis de la voluntad revela varias fases o estados, que detallaremos más adelante. Pero lo que más nos interesa es presentar sugerencias prácticas para el desarrollo y entrenamiento de la voluntad en su completa, efectiva y exitosa actuación.

Aplicaciones prácticas:

El propósito de desarrollar la voluntad es evidente por sí mismo, porque la voluntad se necesita primero para decidir y después para perseverar – haciéndose el tiempo. necesario y dándose la correspondiente molestia – en la práctica de una determinada técnica, o sea, primero hay que tener la voluntad de entrenar la voluntad. Aquellas personas que dicen que no tienen voluntad, siempre tienen algo de voluntad porque es una cualidad inherente al ser, aunque gran parte de ella esté en estado latente. Esta gente tiene que aprender a usar su pequeño capital – esta módica cuota de voluntad – con miras a fortalecerla e incrementarla hasta que llegue a ser una habilidad organizada, teniendo siempre en cuenta que no hay límites en lo que pueda alcanzar una potente voluntad.

Es conveniente colocarse en una posición cómoda, relajarse, e imaginar lo más vívidamente posible diferentes situaciones en las que se vean actuar con plena asertividad, en forma decidida, persistente, concentrada, resistiendo cualquier intimidación; disfrutando emocionalmente de los beneficios y satisfacciones que les traería este estado de cosas.

Ayuda mucho leer textos especialmente dedicados a cultivar y reforzar el optimismo y la decisión para actuar. Son útiles las biografías de personajes exitosos, quienes han demostrado las mejores cualidades
de una fuerte y constructiva voluntad.

En la vida cotidiana es posible dejar algunos momentos para ejercitar la voluntad en pequeñas cosas, como levantarse unos veinte minutos más temprano para hacer unos pocos ejercicios físicos; irse a la cama a una hora fijada de antemano, a pesar de un atractivo programa en la televisión, por ejemplo. Cada uno podrá idear el hacer un par de cosas diariamente en contra de las ganas de no hacerlas.

Una advertencia importante: no hablar de esto con otras personas, ni aún con la laudable intención de inducirlos a seguir este camino. El hablar del tema descarga las energías que se necesita acumular para el esfuerzo. Además, esto puede provocar fácilmente reacciones escépticas o cínicas que pueden hacerlos dudar o desalentarse. Hay que trabajar en silencio. Es indispensable insistir en este punto.

Las fases o estados de la voluntad son seis, todos necesarios para su completa y efectiva expresión:

1.- Meta – evaluación – motivación

Como estamos tratando con voluntad consciente, el próposito o meta es esencial como primer paso, porque sin una meta consciente no puede haber voluntad. Después de haber decidido la meta viene la intención de obtenerla y la evocación de la motivación.

Debemos tener en cuenta que tras de nuestra motivación consciente pueden haber móviles inconscientes que sería oportuno desenmascarar. No se trata de condenar o reprimir esos impulsos; la función de la voluntad es la de utilizarlos y asegurarse su cooperación para obtener el propósito elegido. El orgullo, la vanidad, el deseo de complacer a una persona amada, el impulso de competir con éxito en un deporte, etc., pueden ser empleados para reforzar una voluntad débil al comienzo. Resulta útil preguntarse sobre lo que más se desea obtener, cualquiera sea la motivación que haya detrás de ello. Lo que importa es poner a nuestro servicio la potente energía que pueda haber tras ese deseo.

La motivación inevitablemente implica evaluación, y esta es esencial. Una verdadera evaluación implica a su vez una escala de valores, los que a su turno son la expresión de un concepto o filosofía de vida y de una concepción del mundo. Toda persona lo tiene, aunque raras veces se lo formula a sí misma; a veces es vago, confuso, o aun contradictorio. La clarificación, el llegar a ser conscientes de la posición o actitud que tenemos frente al mundo, es un valioso fruto de este análisis. Es evidente que el propósito o meta hacia donde la voluntad será dirigida debe tener una intensa evaluación positiva.

2.- Deliberación

Es la consideración, el sopesar los pro y los contra. En algunos casos particulares parecería que no hay mucho que deliberar, y que la elección sería ir inevitablemente hacia la más alta meta o propósito concebible; pero el asunto no es tan simple. El propósito o meta no sólo debe ser de alto valor sino también obtenible. Podemos visualizar metas muy ambiciosas, y reconocer al mismo tiempo en forma realista que son imposibles, al menos en las condiciones psicológicas y ambientales existentes. Por lo tanto, la deliberación o consideración que nos llevará a la siguiente etapa – la decisión o elección – no puede ser hecha automáticamente eligiendo la más alta meta, porque uno debe tomar en consideración las varias condiciones y circunstancias. Aunque una meta alternativa pueda ser menos ambiciosa, por varias razones debería tener prioridad. Se necesita sabiduría en la deliberación y la consideración de los factores en juego en una situación dada, porque cada una es siempre única.

3.- Decisión

Esta es una etapa difícil porque involucra elección, y va contra la fuerte tendencia que existe en todo ser humano de guardar la torta sin privarse de comerla. En términos psicoanalíticos sería seguir el principio del placer, el cual es irracional. El hacer una elección deliberada significa, en cambio, el uso del principio
de la realidad, el cual es un principio de relatividad: no podemos tenerlo todo, debemos elegir entre alternativas. Se podría expresar en términos negativos como renunciamiento; pero, para propósitos prácticos, es mucho mejor poner énfasis en el término positivo de preferencia. Cuando escogemos, cuando formulamos una decisión, esto significa que preferimos algo que consideramos más deseable y obtenible que las otras alternativas que descartamos. La dificultad en una decisión voluntaria está en que
el individuo, ya sea clara o subconscientemente, se da cuenta de que una decisión es un acto de Iibertad que inevitablemente involucra responsabilidad. Este dilema de libertad versus responsabilidad – ya se trate de individuos o comunidades – ha sido estudiado en profundidad por Fromm y otros. El escapar de la responsabilidad se hace al costo de sacrificar el más precioso de los dones humanos: el de la libre voluntad.

A este punto, conviene recalcar que la indecisión es uno de los más notorios síntomas en personas depresivas. El verse obligadas a tomar una decisión les despierta una intensa ansiedad que puede convertirse en angustia. Como su autoestima es baja, pueden tomar decisiones en las que subvaloren su capacidad verdadera, limitando sus expectativas en perjuicio suyo.

El caso opuesto se encuentra en personas fuertemente autocentradas y muy asertivas, que se niegan a renunciar a lo que sea, y luchan por tenerlo todo, aunque se trate de cosas incompatibles entre sí, como sería una carrera absorbente y una feliz vida familiar.

4.- Afirmación

Una afirmación efectiva involucra varios factores: el primero es fe: no simplemente una creencia sino
una fe viviente y dinámica; aún más, una convicción arraigada. Si esto falta, la afirmación tendría que basarse en la intención de probar, de arriesgarse valientemente en una aventura.

El acto de afirmación consiste en una orden o declaración que nos hacemos a nosotros mismos. Es un imperativo expresado como la palabra latina Fiat o Hágase. La intensidad o voltaje psicológico de la afirmación determina el grado y la extensión de su efectividad.

En muchos casos es necesario repetir, o más bien renovar, la afirmación a intervalos, con miras a intensificar su potencia para superar factores oponentes. Es bueno estar consciente del hecho de que una afirmación a veces provoca reacciones internas en su contra. Esto debe ser comprendido de modo de no sorprenderse o desalentarse, sino de resistir en calma mientras estas reacciones persistan, para más adelante superarlas en forma apropiada, una de las cuales es – como ya dijimos – renovar la afirmación.

5.- Planificación

Se refiere a organizar la actividad de acuerdo a un plan claramente delineado. Esto requiere una previsualización de las varias etapas, o pasos a seguir, entre el punto inicial y la meta última de realización del propósito. En algunos casos esta meta puede estar muy distante, entonces es conveniente fijar metas intermedias que se irán alcanzando sucesivamente. Por ello es necesario hacerse – con claridad y discernimiento – un programa bien organizado de tareas parciales y logros consecutivos.

Hay dos errores contrapuestos que deben ser evitados. Uno es mantener la atención y la dirección de la voluntad tan exclusivamente enfocada en la meta última que la persona pierde de vista el suelo bajo sus pies. El otro, y el más común, es llegar a interesarse tanto y sobrevalorar las metas secundarias, colocando un énfasis indebido en las maneras de obtenerlas, que se olvida la meta última.

También existe gente demasiado segura de sí misma que se impacienta por la cuidadosa – e inevitablemente lenta – planificación. Tienden a poner en marcha un plan en el que falta afinar detalles, o peor aún, corren alocadamente hacia su meta, sin considerar obstáculos, tiempo, posibilidades realistas, reacciones negativas de otras personas, etc.

6.- Dirección de la Ejecución

Aquí se necesitan dos de las más importantes cualidades de la voluntad: primero, su dinamismo y poder energético enfocado hacia la meta, y segundo, la persistencia o perseverancia. Es obvio que una voluntad perfecta combina el máximo del poder dinámico con el máximo de persistencia; pero tipológicamente – encontramos que hay personas que tienen más de una cualidad que de la otra. Además, ciertas tareas requieren el aspecto dinámico, mientras que otras de naturaleza más prolongada piden paciencia y perseverancia. Por lo tanto, es un problema subjetivo no sólo qué características de la voluntad prevalecen en una determinada persona, sino además cuál de ellas es más necesaria para una tarea o meta en particular. Obviamente, en el entrenamiento de la voluntad tenemos que acentuar aquella que esté relativamente menos desarrollada.

La manera en que el dinamismo de la voluntad se manifiesta es a través de la afirmación y el comando, en
el Fiat. En contraste, el aspecto perseverante es necesario para una de las más efectivas técnicas de educación de la voluntad: mantener un claro cuadro mental en el foco de atención, visualizando persistentemente las ventajas de poseer una fuerte voluntad y las desventajas y frustraciones que produce el que ella sea débil. El poder de las imágenes sostenidas es enorme.

Otra cualidad necesaria en esta etapa final de ejecución es mantener la dirección. Esto requiere excluir o descartar todo obstáculo que pudiera interferir con la aplicación de la voluntad en la realización de la tarea.

Indicaciones Generales

Es importante que la persona sea consciente del nivel de su voluntad en cada una de esas fases. A menudo sucede que la voluntad está más desarrollada – y aun tiene la fuerza que se requiere – en alguna de ellas y sea débil – o muy poco desarrollada – en otras. Hay gente que decide con rapidez, pero le falta la persistencia para llevar a cabo sus decisiones. En otros casos, lo más difícil es tomar una decisión, pero, una vez hecha, el resto funciona adecuadamente.

Es evidente la necesidad de equilibrar armoniosamente estas seis fases de la voluntad que hemos detallado, sin dejar de lado el sentido ético: la responsabilidad que nos atañe por nuestras acciones en relación con otras personas. Existen individuos dominantes, que tratan de alcanzar sus metas a toda costa, sin consideración hacia los derechos de los demás, lo que provoca tanta resistencia a su alrededor, que fracasan en su intento. No debemos luchar por nuestras metas explotando o pasando a llevar a otras personas. Esto debe tomarse en cuenta en la etapa de Planificación.

Roberto Assagioli

Traducido y extractado por Sonia Ramírez de
Psychosynthesis
Penguin Books
New York.

El desarrollo de la intuición

El desarrollo de la intuición

El yo del estado de vigilia recibe del estrato más profundo de la mente, en especiales circunstancias, repentinas intuiciones y espontáneas inspiraciones. La intuición es un destello espontáneo, pasivo, receptivo e involuntario, que no guarda relación con algún pensamiento anterior. Es por eso que revela un horizonte nuevo sobre un tema particular. La mente tiene el poder de actuar según su propia manera misteriosa que le permite prescindir del pensamiento y enviar sus resultados a la consciencia superficial.

La intuición tiene mucha fuerza cuando toma una dirección negativa, por ejemplo, para prohibirnos un determinado acto. Se anula, cuando predomina en nosotros los prejuicios y deseos relacionados con el asunto. Pasado un tiempo puede reaparecer y allí nos recuerda el error de haber seguido el impulso de nuestros sentimientos personales en lugar de haberla captado en su fugaz manifestación.

Hay un tipo de intuición que tiene toda la humanidad y que no se manifiesta de un modo extraordinario. Es una facultad que a veces se presenta teñida de emociones, deseos, egoísmos que confunden sus contornos. Es lo que comúnmente se llama conciencia o voz interior. Es la destilación de muchas experiencias vitales acumuladas, que asume la forma de conciencia moral, juicio crítico y sentido artístico. Es el resultado de esta encarnación y de las anteriores. Estas experiencias están acumulados en los estados más profundos de la memoria y dejan como herencia esas intuiciones.

La fuente de la cual surge la intuición está siempre dentro del hombre, se debe cultivar la atención a aquella fuente. Depende de la voluntad y la frecuencia con que se realice. Si uno desea una respuesta sobre algo y ya ha agotado todos los medios para conseguirlo, lo mejor es comenzar por creer que la respuesta ya existe dentro de la persona que pregunta. Hay que hacerla surgir de los estratos más profundos de su mente para que aparezca ante su consciencia cotidiana.

Dicha confianza es acertada, aunque la respuesta intuitiva no esté completamente libre de la interferencia o ayuda del factor kármico. El próximo paso, consiste en “concentrar” la atención. Esta concentración debe repetirse varios días y, a veces es necesario, durante varias semanas.

El tercer punto es muy importante, el hombre tiene que ayudar para que la respuesta pase del nivel oculto al nivel abierto de la consciencia. Esto se logra paradójicamente, por el proceso de olvidar por completo el tema. Es así porque la intuición no se manifiesta por un acto de voluntad personal. El hombre debe ponerse en estado pasivo, relajar la atención apartándola del tema, aquietar la consciencia, dirigiendo los pensamientos hacia otra cosa. Las respuestas intuitivas se producen en el periodo intermedio de duermevela, entre el dormir y el despertar.

La cuarta fase, consiste en asir nuevamente el tema, justo antes de entregarse a un descanso o justo antes de dormirse. Esto induce a que algo enfoque las antenas al subconsciente, donde se encontrará el conocimiento esperado.

La mente en estado de dormir profundo, de semi sueño o de ensoñación diurna, puede resolver el problema más difícil, aunque en ese momento no se tenga consciencia de su actividad. Esto puede aparecer como idea consciente y auto evidente, como experiencia onírica o como una ocurrencia imaginativa, durante unos momentos de ausencia mental.

El quinto factor importante que se debe tomar en cuenta es que una intuición se evapora y es tan frágil como el recuerdo de un sueño al despertar. A veces el escepticismo, los prejuicios y convencionalismos, hacen que desoigamos su voz.

Es por esta causa que es conveniente anotar inmediatamente lo que se recibe. No es suficiente reconocer una intuición, se la debe comprender y obedecer aunque a veces pueda parecer desagradable.

El sexto punto consiste en esperar pacientemente la respuesta. Si uno se apresura, puede entregarse a una pseudo intuición, teñida con los prejuicios y emociones derivados de su modo de pensar. Además, la intuición puede presentarse de muchas maneras, el mensaje puede venir del exterior, un libro abierto al azar y hasta en una carta recibida a tiempo. La verdad de la respuesta tiene que ser reconocida por el yo interior. Estos hechos extraños no son tales, cuando el estudiante comprende la base mentalista de toda existencia, cuando sabe que el mismo nivel profundo de la mente corre a través de todas las cosas y seres manteniéndolos unidos.

El séptimo punto consiste en verificar toda aparente intuición sometiéndola al juicio crítico de la inteligencia – en donde la razón es la parte más importante y a la autoridad de la experiencia, las que servirán para evitar el auto engaño. El sentimiento de innata convicción no es una prueba de la validez de una intuición porque puede llegarle de una forma impura, si ha ignorado o despreciado la disciplina metafísica.

La voz de la verdadera intuición se recibe en calma interior y no en una condición dominante, apasionada o exigente, La verdadera intuición puede tener un trasfondo emocional pero nunca es dominante. Las características principales de una verdadera intuición son la calma, la claridad, la certidumbre y la infalibilidad.

El factor kármico tiene su incidencia y puede dar lugar a que nunca se manifieste una intuición. En las primeras etapas de desarrollo del estudiante se debe hacer las averiguaciones antedichas. Después de mucha experiencia y observación de los resultados, el hombre se acostumbra al modo de actuar de la intuición. Sólo con esta facultad madura ya no es necesario verificarla.

No debe confundirse intuición con visión interior. Hay planos primarios y secundarios de la mente y también son primarios y secundarios sus productos. La persona que por su evolución ha llegado a tener visión interior y ha adquirido esa facultad, merced a la cual puede atravesar las formas terrenales, manifiesta una consciencia exaltada, pero tranquila, no cambia su estado de ánimo establecido, su luz brilla en forma permanente. La visión sólo tiene que ver con la Fuente eterna de la cual surgen todas las cosas.

Las personas que manifiestan efectos de los planos secundarios de la mente hablan y escriben acerca de esos niveles, la consciencia es excitada, pero exaltada, caen en raptos de éxtasis y ensoñaciones abstractas, su luz brilla en forma discontinua. La misión de la intuición es proporcionar una guía correcta en los asuntos emocionales e intelectuales y no se ocupa de ideas efímeras.

El desarrollo de la intuición constituye un complemento preliminar muy valioso para llegar a la visión interior.

Paul Brunton

Extractado por Elisa Aliaga de
Brunton Paul.- La sabiduría del Yo Superior.-Editorial Kier

Assagioli y El Maestro Tibetano

Assagioli y El Maestro Tibetano

elmaestrotibetano01Dentro del vasto grupo de discípulos e iniciados que el Maestro Tibetano escogió para su gran experimento en beneficio de la humanidad a partir de la década de 1930, se encontraba el eminente psiquiatra italiano Roberto Assagioli, conocido fundador de la Psicosíntesis. La relación del Tibetano con sus Discípulos se estableció principalmente como una respuesta a la gran necesidad mundial de la época, y se efectuaba a través de varios niveles de contacto de acuerdo a la receptividad de cada uno; paralelamente, les envió cartas personales a lo largo de más de diez años a través de su gran colaboradora directa, Alice A. Bailey, las que fueron recopiladas y publicadas en los dos tomos del libro conocido como El Discipulado en la Nueva Era.

No es la primera vez que grandes Maestros se comunican en forma directa a través de algún canal mental particularmente receptivo; dos antecedentes inmediatos se encuentran en Las Cartas de los Mahatmas de M. y K. H. a A. P. Sinnett (1880-1884) y La Doctrina Secreta de Madame Blavastky (1888) dictada por el Maestro Tibetano, además de la mayoría de los otros libros publicados por la misma Alice Bailey, sólo por citar los ejemplos de más difusión en la actualidad.

Alice Bailey también tuvo relación directa con Assagioli. En su Autobiografía (2) se refiere al encuentro: El primer verano que pasamos en Ascona paramos en la casa de Olga, pero después ocupamos una pequeña casa sobre el lago que estaba en su propiedad. Allí se reunían personas de todas las nacionalidades; vivíamos todos juntos durante semanas, llegando a conocernos muy bien. Las barreras nacionales parecían no existir y todos hablábamos el mismo idioma espiritual. Allí fue donde conocimos al Dr. Roberto Assagioli, nuestro representante en Italia durante varios años, y el contacto con él y los muchos años de labor en común, constituyó uno de los hechos más felices y dignos de destacar en nuestra vida. En una época fue un destacado especialista del cerebro en Roma; cuando lo conocimos por primera vez se lo consideraba como el psicólogo más renombrado de Europa. Posee muy buen carácter. No puede entrar a una habitación sin que su presencia resalte de inmediato por sus cualidades espirituales extraordinarias. Frank D. Vanderlip en su libro What Next in Europe hace un sorprendente comentario sobre el Dr. Assagioli. Lo llama el moderno San Francisco de Asís, y dice que la mañana que pasó con él en Europa, marcó uno de los acontecimientos más sobresalientes de su viaje. Las charlas del Dr. Assagioli constituían sucesos de gran trascendencia en las conferencias de Ascona. Daba sus conferencias en francés, italiano e inglés, y la fuerza espiritual que de él emanaba fue un estímulo para que un gran número de personas renovara su consagración a la vida.

assagioliDr. R. Assagioli……………………Alice. A. Bailey

En las cartas que El Maestro Tibetano transmitía a través de A. Bailey a su grupo de discípulos, se refiere sistemáticamente a los conflictos de cada uno de ellos, conflictos derivados de desarmonías en la personalidad, taras debidas a razones kármicas, o a la dificultad para integrar adecuadamente cuerpos constituidos por Rayos muy disímiles entre sí, o de éstos con respecto al Rayo del Alma. Para aclarar someramente estos aspectos, digamos que en las personas no iniciadas, los Rayos de cada cuerpo son siempre los mismos: Séptimo rayo para el cuerpo vital, Sexto Rayo para el cuerpo emocional o astral y Quinto Rayo para el cuerpo mental. El rayo emocional siendo como el medio de ligazón entre el cuerpo vital y el mental. La principal tarea para estas personas, si realizan un trabajo consciente y están próximas a un contacto con el Alma (Yo Superior) , es la mayor o menor dificultad que puedan tener para integrar la personalidad, en cuyo caso se adquiere un nuevo Rayo que gobierna al conjunto de esta personalidad. Entonces se presenta una nueva tensión entre el Rayo de la personalidad y el Rayo del Alma, al que la personalidad debiera subordinarse. Así pues, en un discípulo con su personalidad integrada, son cinco los rayos que operan activamente en lo que el Maestro Tibetano llama el equipo: los rayos del cuerpo físico, del cuerpo emocional, del cuerpo mental, de la personalidad integrada y del Alma.

En los iniciados, en cambio, los Rayos de cada uno de los cuerpos presentan múltiples variaciones, dadas por la necesidad de realizar tareas específicas, o de compensar excesos en vidas anteriores, o producto de estas mismas vidas. Así pues, cada cual debe esforzarse por sacar adelante la tarea de integrar lo más adecuadamente posible estos cuerpos con el Rayo de la personalidad, para ponerlos al servicio del Alma y de las necesidades tanto de progreso personal como de servicio colectivo que se requieran.

Sintéticamente, los siete Rayos o emanaciones producen los siete tipos psicológicos principales, y son:

– El primer Rayo de Voluntad o Poder. Muchos grandes gobernantes del mundo, como Julio César, pertenecen a este rayo.
– El segundo Rayo de Amor-Sabiduría. Cristo y Buda pertenecen a este rayo, el gran rayo de la enseñanza.
– El tercer Rayo de Inteligencia Activa, a la que pertenece la masa humana inteligente.
– El cuarto Rayo de Armonía a través del Conflicto. Los aspirantes, las personas de buenas intenciones, los que se esfuerzan y luchan, los que trabajan por la unidad, los artistas que buscan superar sus conflictos internos a través de su expresión creativa, surgen de esta línea.
– El quinto Rayo de Conocimiento Concreto o Ciencia. Los científicos, los intelectuales, y las personas regidas únicamente por la mente.
– El sexto Rayo de Devoción e Idealismo. Muchos cristianos, los fanáticos y los sinceros devotos de todas las religiones del mundo.
– El séptimo Rayo de Orden Ceremonial o Magia. Los masones, los financistas, los grandes hombres de negocios y los organizadores de todo tipo. Los ejecutivos poseen las energías de este rayo en su equipo.

Cartas del Maestro Tibetano a Roberto Assagioli

En general, la correspondencia del Maestro Tibetano hacia Assagioli es particularmente afectuosa, especialmente si se la compara con aquella dirigida a otros de sus discípulos. Le hace ver los orígenes de sus problemas y, como a todos los demás, le sugiere vías para resolverlos, desde asuntos puramente domésticos como la alimentación o las horas de sueño, hasta las visualizaciones o actividades que le podrían hacer progresar dentro de los diferentes rayos que componen su equipo personal, y de este conjunto respecto del rayo del Alma. Además, como a cada discípulo, le sugiere las líneas de acción para brindar un mejor servicio a la humanidad dentro de sus esferas de influencia, uno de los asuntos centrales para el Tibetano en el origen de su experimento. El enorme esfuerzo de formar este grupo avanzado de discípulos, inspirarlos y mantenerlos en el tiempo tenía el propósito fundamental de que cada uno de ellos se constituyera a su vez en un núcleo irradiante y fluido de luminosidad en su entorno a través del servicio; de este modo tanto el progreso personal como el grupal y global se ven catalizados.

Una de las cartas fundamentales del Maestro Tibetano a R. Assagioli es aquella en la que le explicita los rayos constituyentes de su equipo:

Al considerar los rayos que controlan y dominan su vida, le recordaré que su mente de primer rayo le proporciona indiscutible influencia mental. Esto lo sienten muy fuertemente los que establecen contacto con usted. Estando definidamente en contacto con su Alma (que pertenece al segundo rayo), posee una combinación de fuerzas decididamente útil, tanto para usted como para los demás. Su cuerpo mental está pues regido por el primer rayo.

Su cuerpo astral es definidamente un conglomerado de energía de segundo rayo, de allí la influencia del amor que ejerce en todas partes. No obstante, le recordaré que cuando el Alma y el cuerpo astral pertenecen al mismo rayo, se presenta un absorbente problema de equilibrio. En tales casos habrá tendencia al desequilibrio en el efecto general del equipo y con el cual debe luchar constantemente.

Su cuerpo físico pertenece al séptimo rayo, pero está tan controlado por su personalidad de cuarto rayo, en sentido muy peculiar, que casi no tiene vida propia. Es negativo en grado asombroso, lo cual constituye también un problema definido.

Por lo tanto sus rayos son:
– El rayo del Alma, o Yo Superior, el segundo de Amor-Sabiduría.
– El rayo de la personalidad, el cuarto de Armonía a través del Conflicto.
– El rayo de la mente, el primero de Poder o Voluntad.
– El rayo del cuerpo astral, el segundo de Amor-Sabiduría.
– El rayo del cuerpo físico, el séptimo de Orden Ceremonial o Magia.

Me imagino que lo antedicho le traerá mucha iluminación y le permitirá un verdadero progreso.

Se puede notar que el Maestro Tibetano es muy explícito en algunos puntos, dejando amplias áreas de sugerencia entre medio, las que indican al menos dos orientaciones posibles: por una parte, que el discípulo debe esforzarse para captar los asuntos implícitos, por medio de la intuición y/o la reflexión, y por otra parte, que el Maestro utilizara otros medios, como la impresión directa en el cuerpo mental del discípulo, de mensajes o símbolos que pudieran ayudarle a esclarecer los aspectos oscuros cuando la primera vía no resultara satisfactoria. Desde luego, ninguna de estas formas es excluyente, y bien pueden haber sido utilizadas de manera complementaria.

En varias de las cartas aconseja a Assagioli acerca de sus relaciones con el entorno y le señala los efectos que en su salud física tienen esas relaciones. Extractamos algunos párrafos de cartas diversas.

A mi condiscípulo que trabaja en esa tan insoportable soledad del discípulo de segundo rayo, le diré: su problema es doble, y una vez resuelto extenderá aún más su ya amplio campo de servicio. Su cuerpo etérico está desvitalizado y su corazón se ha entregado a muchas personas, que lo apremian y obligan, y se aprovechan demasiado de su amabilidad. Cuando cumpla cincuenta años habrá logrado convertirse en un sannyasin en el mundo occidental. Los problemas del cuerpo etérico cederán si controla y regula cuidadosamente la dieta. En esta etapa usted adolece imprescindiblemente de los vicios y las virtudes de segundo rayo. Sufre porque se apega a las cosas y se identifica con demasiada rapidez con otras personas. Esto puede ser corregido si se mantiene firme como alma y no se centra como personalidad al tratar a otras personas Debe tener en cuenta que la relación se establece con las almas y no con las formas transitorias, por eso debe vivir sin apegarse a las personalidades, sirviéndolas, pero viviendo siempre en la consciencia del alma.

Absténgase de prestar tanta atención a las vidas de quienes lo rodean, porque esta forma de trabajar les resulta fácil a los discípulos de segundo rayo. Poseen un sentido de responsabilidad muy grande y es tan fuerte su deseo de cobijar y proteger, que estiman excesivamente a aquellos con cuyas vidas están en contacto cotidianamente y se hallan también vinculados por obligaciones kármicas. Siga su propio camino con fortaleza y en silencio, y haga lo que su Alma le dicte. No deje que las voces menores de los seres queridos y cercanos, desvíen su progreso en la senda de servicio. Pertenece ahora al mundo y no a un puñado de sus semejantes. Esta lección no es fácil de aprender, hermano mío, pero todos los discípulos deben aprenderla algún día, y es adecuada para usted. Se hizo un llamado para más servidores, y los discípulos consagrados deben ser los primeros en responder. Implica sacrificio, y se confía en que usted lo hará.

Su salud ha mejorado Quizás descubra que en los años venideros disminuirán sus horas de sueño. Esto será bueno, hermano mío, porque el dormir demasiado disminuye la fuerza etérica. Una insinuación es suficiente para el discípulo inteligente. En el futuro deberá ajustarse a la regla siguiente: tomar más aire y sol; dormir menos y no hacer tantos contactos humanos. Debe leer el significado oculto en estas palabras.

Autorealizacion y Perturbaciones Psicológicas Autorrealizacion

Autorealizacion y Perturbaciones Psicológicas Autorrealizacion

assagioliEl desarrollo espiritual es un arduo y largo viaje, una aventura a través de territorios extraños llenos de sorpresas, alegrías y belleza, dificultades y también peligros. Implica el despertar de potencialidades hasta entonces dormidas, la apertura de la consciencia a nuevos campos, una drástica transformación de los elementos normales de la personalidad, y un funcionamiento conforme a una nueva dimensión.

Utilizo el término espiritual en su connotación más amplia, y siempre referida a la experiencia humana empíricamente observable. En este sentido, espiritual abarca no sólo las experiencias tradicionalmente consideradas como religiosas, sino también todos los estados de consciencia, todas las funciones y actividades humanas que tienen como denominador común el poseer valores superiores a la media: valores como los éticos, estéticos, heroicos, humanitarios y altruistas.

 

En la Psicosíntesis, consideramos que dichas experiencias de valores superiores proceden de niveles supraconscientes del ser humano. El supraconsciente puede conceptualizarse como la contrapartida superior del inconsciente inferior, tan bien cartografiado por Freud y sus sucesores. Sirviendo de centro superior unificador del supraconsciente y del individuo como un todo se encuentra el Yo transpersonal o Yo Superior. Así pues, las experiencias espirituales pueden limitarse al terreno del supraconsciente o incluir la toma de consciencia de este Yo, que gradualmente desemboca en la autorrealización: la identificación del yo con el Yo transpersonal.

No nos podemos sorprender de encontrarnos con que una transformación tan esencial esté marcada por varias fases críticas, que pueden ser acompañadas por diversas perturbaciones mentales, emocionales, e incluso físicas. Para la observación objetiva y clínica del terapeuta, éstas pueden parecer de la misma naturaleza que las debidas a causas más habituales. Pero de hecho tienen otra función y otro significado, y requieren ser tratadas de manera diferente.

La incidencia de las perturbaciones de origen espiritual está creciendo rápidamente hoy día, a medida que un creciente número de personas se empieza a encaminar, consciente o inconscientemente, hacia una vida más plena. Por otra parte, el mayor desarrollo y complejidad de la personalidad del ser humano actual y su mente cada vez más crítica, han hecho que el desarrollo espiritual sea más rico, más gratificante, pero también lo ha convertido en un proceso más difícil y complicado. En el pasado, bastaba frecuentemente con una conversión moral, la devoción de corazón a un maestro o a un salvador, o la entrega a Dios, para abrir las puertas de acceso a niveles superiores de consciencia y a un sentimiento de unidad y de plenitud internas. Actualmente, sin embargo, se hallan implicados aspectos demasiado diversos y complejos de la personalidad del ser humano contemporáneo, que requieren ser armonizados entre sí y transmutados: sus acciones básicas, sus emociones y sentimientos, su imaginación creativa, su mente curiosa, su voluntad enérgica, y también sus relaciones interpersonales y sociales.

Por estas razones es útil tener una descripción general de las perturbaciones que pueden surgir en fases diferentes del desarrollo espiritual, así como algunas indicaciones sobre la mejor manera de enfrentarse a ellas. En este proceso reconocemos cuatro etapas o fases críticas:

-Las crisis que preceden al despertar espiritual.
-Las crisis causadas por el despertar espiritual.
-Las reacciones posteriores al despertar espiritual.
-Las fases del proceso de transmutación.

He utilizado la expresión simbólica despertar porque ésta sugiere claramente la toma de consciencia de un nuevo campo de experiencia, la apertura de los ojos hasta entonces cerrados a una realidad interna previamente desconocida.

Las crisis que preceden al despertar espiritual

Con objeto de comprender mejor las experiencias que suelen preceder al despertar, debemos revisar algunas de las características del ser humano normal.

Podría decirse de éste que se deja vivir en lugar de vivir. Toma la vida como viene sin preguntarse su significado, su valor y su propósito; se dedica a la satisfacción de sus deseos personales; busca el disfrute de los sentidos, placeres emocionales, seguridad material o la consecución de la ambición personal. Si está más maduro, subordina sus satisfacciones personales al cumplimiento de las diversas obligaciones familiares y sociales que le son asignadas, pero sin buscar la comprensión de los fundamentos en que éstas se basan ni de las fuentes de las que proceden. Probablemente se considera a sí mismo como religioso y creyente, pero normalmente su religión es externa y convencional, y una vez que se ha adaptado a los mandatos de su iglesia y compartido sus ritos, cree haber hecho todo lo que se exige de él. En resumen, su fe operativa tiene como objeto una única realidad, que es la del mundo que puede ver y tocar y, por ello, está fuertemente apegado a los bienes materiales. Así pues, a todos los efectos, considera esta vida como un fin en sí mismo. Su creencia en un cielo futuro, si es que lo concibe, es teórica y académica, como lo prueba el hecho de que hace todo lo que puede para posponer lo más posible su partida para disfrutarlo.

Pero puede suceder que este hombre normal sea sorprendido, y también perturbado, por un cambio súbito o lento – en su vida interior. Puede ser que ello ocurra después de una serie de desengaños; no es raro que suceda tras un shock emocional, como el producido por la pérdida de un familiar querido o de un amigo muy cercano. Pero a veces tiene lugar sin ninguna causa aparente, y en pleno gozo de buena salud y abundante prosperidad. El cambio comienza frecuentemente con un sentimiento creciente de insatisfacción, de carencia, de que falta algo. Pero esto que falta no es nada concreto y material; es algo vago y huidizo, algo que es incapaz de describir.

A esto se añade paulatinamente un sentimiento de irrealidad y de vacío de la vida ordinaria. Los asuntos personales, que previamente absorbían gran parte de su interés y de su atención, parecen retirarse psicológicamente a un plano posterior; pierden su valor y su importancia. Surgen nuevos problemas. La persona comienza a preguntarse, por ejemplo, por el sentido de sus propios sufrimientos y los de los demás, y por la justificación que puede existir para tanta desigualdad en el destino de los seres humanos.

Cuando una persona ha alcanzado este punto, le falta poco para comprender e interpretar de manera equivocada su propio estado. Muchas personas que no entienden el significado de estos nuevos estados de la mente los consideran como fantasías y divagaciones anormales. Alarmadas por la posibilidad de un desequilibrio mental, se esfuerzan por combatirlos de varios modos, haciendo desesperados intentos para volverse a implicar en la realidad de la vida diaria, que les parece que se les está escapando. Con frecuencia, se lanzan con renovado ardor a la agitación de las actividades externas, buscando nuevas ocupaciones, nuevos estímulos y nuevas sensaciones. Mediante éstos y otros medios tal vez puedan lograr por un tiempo aliviar su estado alterado, pero no pueden librarse de él de manera permanente. Continúa fermentando en el fondo de su ser, socavando los cimientos de su existencia ordinaria, y siendo susceptible de irrumpir de nuevo con renovada intensidad, tal vez después de mucho tiempo. El estado de incomodidad y de agitación se hace cada vez más doloroso y la sensación de vacío interior se vuelve insoportable. La persona se siente distraída; la mayor parte de las cosas que constituían su vida le parece que se desvanecen como un sueño, y no surge mientras tanto ninguna nueva luz. Es claro que todavía ignora que ésta existe o no puede creer que alguna vez le iluminará.

Con frecuencia sucede que este estado de agitación interior se vea acompañado por una crisis moral. Su conciencia ética se despierta o se vuelve más sensible; aparece un nuevo sentido de la responsabilidad y puede ser que la persona se vea abrumada por un fuerte sentido de culpa. Se juzga a sí misma con severidad y se convierte en presa de un profundo desánimo, que puede llegar al extremo de considerar la posibilidad de suicidarse. Es como si la aniquilación física le pareciera la única conclusión lógica de su creciente sentido de impotencia y desesperanza, de desmoronamiento y desintegración.

Lo hasta aquí expuesto es desde luego una descripción generalizada de tales experiencias. En la práctica, los individuos difieren ampliamente en sus experiencias y reacciones. Existen muchas personas que nunca alcanzan este estado agudo, mientras que otras llegan a él casi de repente. Algunas se ven más acuciadas por dudas intelectuales y problemas metafísicos; en otras, el rasgo más pronunciado es la depresión emocional y la crisis moral.

Es importante reconocer que estas diversas manifestaciones de la crisis tienen grandes similitudes con algunos de los síntomas que se consideran como característicos de los estados neuróticos y de los estados cercanos a la psicosis. En algunos casos, la intensidad y la gravedad de la crisis producen también síntomas físicos, como tensión nerviosa, insomnio y otros desórdenes psicosomáticos.

Por eso es esencial determinar el origen básico de las dificultades para enfrentarse correctamente con la situación. Normalmente no es difícil hacerlo. Los síntomas observados pueden ser idénticos, pero un examen cuidadoso de sus causas, la consideración de la personalidad global del individuo y, lo que es más importante de todo, el reconocimiento de su situación existencial real, revelan la naturaleza y el nivel diferentes de los conflictos subyacentes. En los casos ordinarios, estos conflictos se producen entre los comportamientos normales, entre éstos y el yo consciente, o entre el individuo y el mundo exterior (en especial con las personas más cercanas, como los padres, la pareja, o los hijos).

En los casos que estamos considerando, sin embargo, los conflictos se producen entre algún aspecto de la personalidad y las tendencias y aspiraciones que están paulatinamente emergiendo, de carácter moral, religioso, espiritual o humanitario. No es difícil detectar la presencia de dichas tendencias, una vez que su realidad y validez han sido reconocidas, en lugar de haber sido explicadas como simples fantasías y sublimaciones. De manera general, la emergencia de las tendencias espirituales puede considerarse como el resultado de coyunturas decisivas en el desarrollo o crecimiento de una persona.

Existe la posibilidad de una complicación: a veces estas nuevas tendencias emergentes hacen revivir o exacerban viejos conflictos latentes entre diversos elementos de la personalidad. Dichos conflictos, que por sí mismos serían regresivos, son de hecho progresivos, porque facilitan el logro de una nueva integración personal, más amplia y a un nivel superior, una integración a la que la misma crisis preparó el camino. Así, las crisis son preparaciones positivas, naturales y, con frecuencia, necesarias para el progreso del individuo. Hacen emerger a la superficie elementos de la personalidad que tienen que ser examinados y cambiados en interés del crecimiento posterior de la persona.

Las crisis causadas por el despertar espiritual

La apertura del canal entre los niveles consciente y supraconsciente, entre el yo y el Yo superior, y el torrente de luz, energía y gozo que le acompaña, producen una maravillosa liberación. Los conflictos y sufrimientos anteriores, junto con los síntomas físicos y psicológicos que generaron, se desvanecen a veces con una espontaneidad sorprendente, confirmando así el hecho de que no se debían a ninguna causa física, sino que eran el resultado directo de la lucha interna. En estos casos, el despertar espiritual equivale a una resolución real.

Pero en otros casos, bastante frecuentes, la personalidad es incapaz de asimilar correctamente el flujo de luz y de energía. Esto sucede, por ejemplo, cuando el intelecto no está bien coordinado y desarrollado; cuando las emociones y la imaginación están descontroladas; cuando el sistema nervioso es demasiado sensible; o cuando la irrupción de energía espiritual es abrumadora por su intensidad y su carácter repentino.

Una incapacidad de la mente para soportar la iluminación o la tendencia a centrarse excesivamente en sí mismo o al engreimiento pueden producir que la experiencia sea interpretada de manera errónea o, por así llamarlo, una confusión de niveles. En este caso, se desdibuja la distinción entre verdades absolutas y verdades relativas, entre el yo y el Yo superior; entonces, las energías espirituales que irrumpen pueden producir el desafortunado efecto de alimentar e inflar el ego personal.