socratesIdeario Etico Político

“Sólo sé que nada sé”.
Sócrates.
“Doy gracias a Dios por haberme hecho griego y no bárbaro, libre y no esclavo,
hombre y no mujer, pero sobre todo por haberme hecho nacer en el tiempo de Sócrates”.- Platón.

En el presente trabajo nos proponemos analizar los planteamientos ético-políticos que constituyen el pensamiento y la obra de Sócrates.

Sócrates nace en Atenas alrededor del año 469 A. de C. Es hijo de un escultor y una partera. Su origen y
su situación económica corresponden a una clase media. Desde temprano muestra afición por el saber. Participa en todas las actividades de los atenienses de su tiempo. Es soldado, y como tal se destaca por
su disciplina, su sobriedad y su valor.

En el área cívica participa como Jurado al menos en dos casos importantes. Pero lo que Sócrates hace, es interesarse por temas tales como: Qué es la virtud? Qué es la justicia? Qué es un buen gobierno?

No tiene una profesión fija y fundamentalmente se dedica a participar en toda suerte de debates callejeros, con las más variada clase de personas.

Por esta actividad que pronto lo hace convertirse en maestro de numerosos discípulos, deja de lado la familia, negocios y la vida normal de cualquiera de sus pares.

Sus discípulos se reclutan entre lo más granado de la juventud de Atenas. Bástenos citar a Platón, Jenofonte, Alcibíades, Critias y otros. No pertenecen a una sola línea de pensamiento: Critias es un conservador, aristócrata que tendrá un rol importante en el regimen tiránico de los Treinta, Platón es de temperamento teórico poético, y Jenofonte era general e historiador. Es un asunto que hay que tener en cuenta posteriormente porque la acusación judicial que deriva en la condena a muerte de Sócrates incluye como cargo el de corromper a la juventud.

Vividor, amigo de sus amigos, Sócrates tiene también un rostro que es el de los hombres de la Ciudad Estado más importante de la antiguedad: vive intensamente las pasiones de su tiempo, comparte más con sus discípulos que con su propia familia, es frecuentemente invitado a cenar con sus amigos, y va siempre vestido con la misma túnica gastada, muchas veces descalzo. Hay sospecha que lo aqueja algún tipo de catalepsia pues es capaz de permanecer inmóvil por espacio de horas sin hablar, al parecer ausente de
este mundo. Testigos hay que dicen que es borrachín y descarado. Las malas lenguas indican que compartió con el propio Pericles los amores de una cortesana muy famosa. Su debilidad por los efebos no hace excepción a los gustos de su época.

Pero fundamentalmente es de buen corazón, tranquilo, bondadoso, valiente al punto de haberle salvado la vida a Alcibíades en medio de una batalla, generoso (no cobra un centavo por sus lecciones), está siempre dispuesto a luchar por las causas justas, es humilde, y en una época de convulsiones políticas de guerra externa y civil, se mantiene como un fiel patriota de su Atenas que lo tiene entre sus habitantes más característicos y pintorescos: en el Agora, en las plazas y en los caminos se le ve siempre preguntando: y esto qué es? y la sabiduría qué es?

Finalmente no tiene ambiciones políticas. Es activo en el cumplimiento de sus deberes ciudadanos y este es el milagro de la Atenas del siglo V: la participación y el compromiso ciudadano en la paz y en la guerra: como soldado y también como asambleísta o parte integrante del Tribunal.

Sócrates mantiene la idea que es obligación de cada Ateniense aceptar los deberes y obligaciones ciudadanos que las leyes imponen. Es un hecho que va a la muerte, entre otras razones, porque no desea sustraerse al cumplimiento de la Ley. Pero no aspira a ningún cargo, no tiene ambiciones políticas y siempre está cuestionando a sus conciudadanos, lo cual no es precisamente una manera de ganarse adeptos. Por el contrario, hay gente que lo considera molestoso, por decir lo menos. Otros, un majadero.
Los de más allá, un peligroso y solapado enemigo de la democracia. En efecto, en el aspecto intelectual Sócrates era un verdadero aristócrata, no obstante vestir andrajos e ir descalzo.

Este clima de sospecha le acarrea problemas. Por ejemplo, en calidad de Jurado, Sócrates absuelve a los almirantes que han ganado la batalla naval de las Islas Arginusas (406 A. de C.) que finaliza con el triunfo de Atenas y la derrota de Esparta, pero que, a causa de una tormenta, pierden 25 de sus barcos. Sócrates queda en minoría y los 8 Almirantes sobrevivientes son condenados a muerte. Subrayemos que al poco tiempo, los acusadores son, a su vez, condenados a muerte luego que la multitud se da cuenta del brutal error que ha cometido con la primera condena.

En tiempos del regimen tiránico de los Treinta, se prohibe a Sócrates seguir dictando clases por considerarse que su espíritu liberal, abierto y franco conspira contra el regimen. Sócrates rehusa acatar
esa órden y le toman preso.

Finalmente se completa el cuadro de la personalidad de Sócrates con el rasgo característico suyo de una modestia extrema. Ya hemos visto cómo, al revés de los Sofistas, no cobra un céntimo por sus lecciones; y él es un hombre pobre cuya mujer, la famosa Jantipa, tiene un genio terrible y grita en público a su marido a quién considera un inútil y vago. Incluso lo demanda judicialmente por alimentos y en el Tribunal el propio Sócrates reconoce su falta y, en vez de regañarla, la defiende frente a los jueces.

Este hombre, a quien el Oráculo de Delfos califica como el más sabio de Atenas, no tiene empacho en reconocer que sí, que es el hombre más sabio porque ha llegado a conocer la mayor de las verdades: la certidumbre de que no sabe nada resumida en el célebre aforismo “Sólo sé que nada sé”.

Cuál es la herencia filosófica y el legado propiamente ético político que recibimos de la obra y el pensamiento de Sócrates? Qué hace el maestro para que la historia de la filosofía Occidental lo señale como su primer representante, que haya dejado tantos y tan famosos discípulos, que se lo considere como el primer mártir de la filosofía y, en fin, que la historia de la filosofía utilice su nombre para dividir la primera etapa de esta disciplina entre presocráticos y socráticos?

Antes que nada contestemos esta última cuestión porque al parecer es la más sencilla.

Hasta Sócrates los pensadores griegos dedicaron sus investigaciones y esfuerzos a desentrañar los secretos de la naturaleza. Les interesó fundamentalmente el universo físico: qué es la materia? qué es la tierra? qué son las estrellas, el sol, la luna? Se manifestaron inclinados por la física, la geometría y la astronomía.

Con Sócrates empieza la preocupación por los niveles éticos y políticos. Sócrates va por todas partes en forma hasta majadera preguntando a uno y otro: Qué es la virtud? Qué es la verdad? Qué es la justicia? Qué es un buen gobierno? Qué deben estudiar los que aspiran a gobernar?

Sócrates definió su método tomando como base la profesión de su madre y sostuvo que mediante las preguntas él ayudaba a hacer parir las ideas del mismo modo como su madre ayudaba a traer criaturas al mundo.

A tal punto llegó al dominio público este verdadero personaje en que se había convertido Sócrates que Aristófanes, el comediante más famoso de Atenas, lo ridiculizó públicamente al escribir una pieza denominada “Las Nubes” (424 A. de C.) donde Sócrates aparece regentando una “Tienda del Pensamiento” en la cual se venden diversas recetas de cómo enfrentar discusiones a través de preguntas y en que sus alumnos se especializan en contestar con paradojas a cualquier tipo de cuestiones llegando al extremo en el arte de engañar el prójimo.

Algunos dicen que como entre esa obra, que causó sensación en la época, y la condena de Sócrates pasaron 25 años, no sería causa directa de la sentencia. Pero es evidente que Sócrates irritaba a un sector importante de la población, especialmente a los más ignorantes y los más adocenados de espíritu.

Voltaire en su diccionario filosófico, en el artículo sobre Sócrates reproduce el diálogo entre dos atenienses que se refieren a Sócrates como “ese ateo que sólo cree en un Dios”.

Efectivamente Sócrates, que respeta las prácticas religiosas de su época, que cumple con los rituales aceptados por el Estado ateniense, mantiene una actitud más racionalista y menos supersticiosa en este tema. Resulta evidente que todo ello también lo hace poco confiable entre sus conciudadanos.

El otro tema que lo hizo sospechoso de sus contemporáneos fué que siendo como era, un leal ciudadano Ateniense, ponía en tela de juicio los actos de gobierno, los que pasaba por el cedazo de su crítica en cuanto al mérito y la virtud de los mismos. El personificaba un antiguo adagio de la sabiduría popular que al hablar de los gobernantes postula la actitud que se resume en la frase “Honra y desconfía”

En ese tenor debe analizarse la acusación deducida en contra de Sócrates y que, en definitiva, le costó la vida.

Probablemente la historia olvidaría para siempre los nombres de Atino, Meletos y Licón, salvo por haber sido los acusadores en el caso de Sócrates. En cambio, este último ha quedado,inmortalizado para siempre. Primero por la impresión que su muerte (estoicamente aceptada y cumplida por propia mano), causa en sus discípulos y sobre todo en Platón y en Jenofonte a cuyos textos debemos la detallada y conmovedora reproducción del proceso y muerte de Sócrates, como así mismo la grandeza de alma, humildad y sobre todo humanidad del ateniense más conocido de su época.

Es cierto que el halo de santidad que rodea la muerte de una persona es materia siempre de una especie de culto. Países enteros, como el Egipto de los Faraones hicieron girar su civilización en torno al culto de los muertos. En la época actual en la esfera popular es lo que pasa con los difuntos en Méjico. El culto es mayor cuando la persona ha sido víctima a todas luces de una injusticia, cuando la muerte resulta de las ideas y pensamientos que sustente la persona de que se trata. Sócrates llena todos esos supuestos.

No teme a la muerte. Es más, provoca a los Jueces para que lo condenen a la última pena y por ello queda
la impresión en todo el mundo que va a la muerte por su dignidad y por su orgullo, por el odio que despierta en los que no quieren pensar. Por la envidia y pequeñez del necio aquel que merced al régimen-participación que rige en Atenas, termina por tener la condición de ciudadano y por ende decidir la vida y destino de la ciudad y de cada uno de sus habitantes, careciendo de elementales condiciones, no teniendo actitudes racionales y meditadas sino reaccionando a golpes de soberbia, de desprecio, entremezcladas en el carácter tan turbulento, variable, supersticioso y petulante que la muchedumbre ateniense empieza a demostrar e imponer sobre las minorías más preparadas. Ya no estamos en la época de Pericles, ya el barco del estado lo conducen personas menos talentosas que el griego Strategos Autokrats. Ahora son políticos vociferantes, ambiciosos, gritones y demagógicos los que encabezan el gobierno. Además existe una gran dosis de intolerancia propia de los momentos de peligro, en que el régimen pasa de manos de un grupo a otro de signo absolutamente opuesto. Finalmente la cruel y prolongada Guerra del Peloponeso que enfrentó a Atenas con Esparta por más de 20 años, hacía muy delicada la situación interna y extrema la necesidad de buscar un chivo expiatorio.

Es muy probable que en épocas normales un sujeto majadero, preguntón, libre, arrogante dentro de su humildad, que ha sido un soldado valeroso, que no tiene reproches personales sino derivados de los hechos de sus discípulos que, por lo demás, recorren por sus ideas todos los colores del arco-iris y que, finalmente, se burla en muchos aspectos públicamente de las autoridades, no sea más que un personaje pintoresco. Pero en medio de las convulsiones de una guerra civil, del establecimiento de una oligarquía (que paradojalmente proscribió también a Sócrates) se produce un contagio colectivo de desconfianza, y una histeria de sospechas que la humanidad ha presenciado en más de una oportunidad.