Las Fronteras del Surrealismo

Salvador Felipe Jacinto Dalí y Domenech, nacido en Figueres un día de mayo de 1904, no tardaría en sorprender al mundo con su audacia y su ilimitada capacidad de traspasar los límites que la misma vanguardia lograba imponer. Con maestría y veracidad fue capaz de desnudar imágenes y fragmentos de sus vivencias que se desplazaban en diferentes zonas de sus sentimientos y de su memoria, regalándolas a una generación ansiosa por descifrar los contenidos de la psiquis .

Tempranamente se convirtió en un niño ambicioso, exhibicionista y constantemente empeñado en ser el centro de la atención, mientras que por otro lado se mostraba como un niño tímido de mirada profunda, con una fuerte vocación por la pintura y el dibujo que lo mantenían concentrado en sí mismo.

Su vida no fue fácil ni tranquila, había ciertas fronteras que cruzaba casi inconscientemente gracias a una marcada tendencia a soñar despierto. Ya en la etapa de colegio destacaba por su extraordinaria habilidad tanto en el dibujo como en la pintura, donde continuamente estaba experimentando sus innovadoras ideas sobre la luz y la forma.

Al finalizar sus estudios secundarios en 1921, ingresó a la famosa Academia de San Fernando en Madrid. Pronto se dio cuenta que sus compañeros estaban lejos de él y de su entendimiento, por lo que se consideró superior a la mayoría de sus condiscípulos. Siempre caminaba a la vanguardia discrepando con los moldes académicos.

Su desarrollo fue vertiginoso y presagiaba claramente al gran Dalí surrealista. También era posible vislumbrar su talento literario a través de cada una de las explicaciones de sus dibujos. Dado su temperamento, libraba constantemente batallas dentro de este ambiente rígido y conservador, hasta el punto de ser expulsado de la academia.

El Surrealismo

En 1926 llego a París, donde encontró un mundo más propicio a su
temperamento e ideas. Allí se convirtió en un agente activo en la vanguardia literaria y pictórica.

En 1929 se incorporó definitivamente al surrealismo, asistiendo asiduamente a las tertulias en los cafés del centro parisino y a las reuniones en casa de Breton; de igual forma colaboró en revistas y exposiciones colectivas. Aunque París se convirtió en el centro de sus actividades, nunca rompió relaciones con sus amigos catalanes ni con su amado Cadaqués, constante punto de reunión durante los veranos. En este lugar desarrolló amistades de gran importancia como Federico García Lorca, Tanguy, Miró, Buñue y otros.

Los Surrealistas, y muy especialmente Dalí, sentían un profundo interés por la Psicología y el Psicoanálisis. A través de las posibilidades de este último, Dalí desarrolló equivalentes visuales que, combinados con imágenes personales rescatadas desde su infancia, le permitieron situar tanto a sus personajes como a los objetos en escenarios totalmente oníricos. Durante el verano de 1929, encontrándose en Cadaqués, se puso a trabajar en su conocido cuadro El juego Lúgubre. Este fue un período de gran excitación mental
provocada por grotescas escenas conjuradas en su imaginación, que se confundían entre la realidad y el constante revivir de fantasías infantiles. La llegada de nuevos amigos, atraídos por el magnetismo que ejercía su insólita personalidad, como Magritte, Eluard y su esposa Gala (quien abandonó a su marido por Dalí ), no aliviaron la situación, ya que Dalí estallaba en constantes crisis de risas causadas por las imágenes que le venían a la mente.


Así fue como decidió reproducir estas imágenes con la mayor escrupulosidad posible, utilizando únicamente como criterio y norma los sentimientos más automáticos. Para este efecto colocaba el caballete con el lienzo a los pies de la cama. Me pasaba el día entero sentado frente a él, con los ojos fijos, tratando de ver, como un médium, las imágenes que surgirían de mi imaginación.
En el primer manifiesto surrealista Breton habla del automatismo como el método capaz de expresar la esencia del pensamiento: el pensamiento transcrito en la ausencia de todo control ejercido por la razón y al margen de toda preocupación moral o estética. Muchos surrealistas interpretaron esto como dar forma a una obra a partir de un dibujo que debía empezar sin ningún tema preconcebido para permitir, en la medida que fuera avanzando, que afloraran a la superficie de la mente consciente imágenes del inconsciente. Por el contrario, para Dalí eran sueños que llegaban totalmente formados en lugar de metamorfosis, como en el caso del automatismo puro.

Dalí recalca en sus telas la naturaleza onírica, así en El juego Lúgubre recurre a un truco visual para destacar este carácter en el cuadro: de su cabeza mana una nube de imágenes multicolores. Todo esto parece indicar que Dalí pretendía enlazar visualmente las dos corrientes surrealistas de los años veinte: el automatismo y los sueños narrados. Ambas líneas están fuertemente ligadas a Freud, ya que sus estudios no sólo revelaron la existencia de áreas ocultas, sino que además proporcionaron los mecanismos para acceder a ellas, es decir los sueños y el monólogo libre sin restricciones de ningún tipo. Para los surrealistas, lo más importante era escudriñar el inconsciente a través de estas vías para extraer de esta fuente inagotable las imágenes poéticas de sus obra. Así, al viajar a través de la obra de Dalí va apareciendo una serie de imágenes de claro simbolismo psicoanalítico, donde recurren temas como la castración, el deseo y la angustia sexual, evidentes en obras como El Enigma del Deseo y La Adecuación al Deseo, pintada después de un paseo con Gala, quien fuera su musa y compañera de toda la vida. También indagó profundamente en la relación padre – hijo en su serie Guillermo Tell.


A partir de 1930 aparecen nuevos símbolos iconográficos aportados por Freud: cálices, sillas, clavos, hormigas y llaves, siendo estas últimas asociadas a la posibilidad de apertura o cierre de lo femenino, o en un sentido más amplio, al seno materno.

Dalí y el método paranoico-crítico

En 1934, Dalí aportó al surrealismo un nuevo instrumento con su método paranoico-crítico al que él mismo define como una forma de conocimiento irracional basado en un delirio de interpretación. Es decir, intenta reproducir y aprovechar el delirio de la paranoia en forma experimental con el objeto de sistematizar la confusión y contribuir de esta forma al descrédito del mundo de la realidad. En este nuevo camino en busca de la manifestación de la riqueza perceptual interior podemos apreciar la influencia de Jacques Lacan y su tesis Sobre la psicosis paranoica y su relación con la personalidad. Para Dalí, la obra de Lacan no deja lugar a dudas sobre la hiperagudeza objetivable del fenómeno, que le confiere al delirio un carácter tangible e imposible de contradecir, y lo sitúa en las antípodas de los estereotipos del automatismo y de los sueños.

En las obras de dicha época podemos apreciar variadas imágenes de lo irracional o la materialización pictórica de estos fenómenos paranoicos. Ejemplo de ellos es la multiplicación teórica y práctica de la figuración, que tiene como fundamento los mecanismos asociativos y la renovación de las ideas obsesivas materializadas en varios de sus cuadros, de tal forma que es posible apreciar simultáneamente varias imágenes sin que ninguna de ella sufra deformación. Esto se aprecia claramente en su famoso cuadro El enigma sin fin, 1938.


Dalí siguió desarrollando su método paranoico-crítico en la década de los treinta, logrando perfeccionar al máximo la técnica de la figuración múltiple y otros fenómenos paranoicos que permiten al espectador explorar diversas formas de asociación visual de objetos en forma irracional. Podemos apreciar en algunas de estas series espacios arquitectónicos dispuestos horizontalmente, pero en distintos planos – semejantes a decorados escenográficos – que permiten vislumbrar un espacio interior tan inespecífico como para avanzar hacia lo que podría ser una puerta a otra dimensión o a otro mundo. Como muestra de la febril actividad de esta etapa, podemos apreciar innumerables obras como Afueras de la Ciudad Paranoico-crítica, La Metamorfosis de Narciso, El Gran Paranoico, Impresiones de Africa, etc.


 

Afueras de la Ciudad Paranoico-crítica
Aunque la presencia y participación de Dalí fue tremendamente importante para el surrealismo , su posición dentro del movimiento fue bastante contradictoria, sobre todo por su posición apolítica en momentos tan polarizados. De esta forma, en 1934, fue acusado de ser culpable de acciones contrarrevolucionarias, siendo una de ellas el cuadro El enigma de Guillermo Tell. Como defensa, él argumentó que los sueños continuaban siendo el gran vocabulario del surrealismo y el delirio, el mejor medio de expresión poética.

Esta contienda se extendió hasta el año 1939, donde fue acusado directamente de fascismo y apartado totalmente del movimiento parisino. Su posición apolítica lo llevó a vivir con una increíble distancia todos los conflictos que azotaron a Europa. Sin embargo, aunque se radicó en Nueva York, varias de sus obras reflejan la angustia de la destrucción humana.

A partir de 1945, en la postguerra, Dalí demostró gran interés por la ciencia moderna y el misticismo. Aquí aparece impulsado por dos fuerzas contradictorias: el deseo de emular a los grandes maestros del pasado y la búsqueda de nuevas experiencias visuales. El realismo actúa como nexo entre las manifestaciones del pop art, del ilusionismo óptico, del hiperrealismo fotográfico, del divisionismo,
del expresionismo abstracto, de la estereoscopía y de la holografía. Todos estos movimientos tienen cabida en su obra. Para él es importante la no división del conocimiento científico de otras formas del conocimiento humano, y le preocupaba este cruel divorcio de la física con la metafísica, llegando a concluir que. desde el punto de vista espiritual, se estaba viviendo el nivel más bajo de la civilización.
El lanzamiento de la bomba atómica en Hiroshima lo conmocionó a tal punto que muchos de sus paisajes reflejan el enorme miedo originado por este desastroso evento. Deseaba ver y comprender las fuerzas
y las leyes ocultas de las cosas, evidentemente para llegar a dominarlas. Mi genio intuitivo me dice
que yo poseo un medio excepcional para penetrar en el corazón de las cosas: el misticismo.

En sus obras aprovechó, en sentido metafórico, los descubrimientos científicos relativos a la materia y a la liberación de la energía, siendo así posible ver diversos objetos suspendidos en el espacio en un estado de aparente inmovilidad provocado por las fuerzas de atracción y repulsión recíprocas, observable en obras como Naturaleza Muerta o Equilibrio inter-atómico de una pluma de cisne. (1947) o La Desintegración de la Persistencia de la Memoria. (1952-1954).


En su exhaustiva investigación y descubrimiento pictórico, donde combina las teorías nucleares con su peculiar misticismo, el autor llega a la necesidad de plasmar las antipartículas, trabajo que inicia
con La Asunción Antiprotónica (1956), donde plantea que la Asunción de la Virgen no es consecuencia de la fuerza de la oración, sino de la fuerza de sus antiprotones .

En 1959, incluyó un Manifiesto de la antimateria en el catálogo de la exposición, donde nos dice Me gustaría saber plasmar la antimateria en mis cuadros. En este período estudia física nuclear y en sus obras aparece la espiral como un elemento fundamental, y, en una mezcla desconcertante de lógica científica y paranoica, relaciona las espirales logarítmicas con los cuernos de rinocerontes, hasta el punto de realizar una película: La Prodigiosa Aventura de la Encajera y el Rinoceronte. De igual forma compara sus relojes blandos – símbolos de la relatividad del tiempo y del espacio – con los rinocerontes.

Los finales de los cincuenta y principio de los sesenta fueron especialmente prolíficos y, partiendo de sus experimentos con el pop y con el op art, culminó en las holografías y cuadros estereoscópicos. Esto le permitió ir pasando de soportes bidimensionales a los espaciales y volumétricos. Para el artista, el holograma representa el acceso a la tercera dimensión en la pintura.

Dalí no dejó de lado ningún aspecto de la imagen, de tal forma el cine fue otro de sus medios de expresión. En su época temprana realizó junto a Buñuel una de las películas más extraordinarias jamás filmadas:
El Perro Andaluz. Además colaboró en varias otras y publicó numerosos artículos sobre cine, afirmando que las técnicas cinematográficas eran capaces de expresar la violencia de las emociones humanas que impregnan los mitos mucho mejor que la quietud y la cristalización de la pintura.

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