objetivo

Nuestras expectativas del futuro son historias que nos contamos todos los días. Tenemos que diferenciar cuando estas expectativas se basan en la conducta de ciertas personas hacia nosotros – una emoción negativa que estudiamos en nuestro Curso de Crecimiento y cuando se basan en nuestro propio esfuerzo. Es muy distinto esperar que nos llegue algo que deseamos gracias a la buena disposición de alguna persona, a que nos propongamos conseguirlo con dedicación y fuerza de voluntad.

En el segundo caso, estaríamos hablando de “formas de pensamiento” o “profecías autocumplidas”. O aun, como decía alguien: “estamos siendo el arquitecto de nuestro propio destino”. La imagen que podamos hacernos de nuestro futuro determina nuestras motivaciones. Podemos programarnos como perdedor o como ganador. Lo que consigamos lograr depende de lo que pensemos que somos capaces de hacer. A menudo nos autolimitamos, juzgándonos por debajo de nuestras verdaderas capacidades.

Es esencial que nos hagamos una imagen clara y realista del futuro. No se trata de soñar con alcanzar la luna, pero sí de realizar las potencialidades que objetivamente vemos en nosotros. Esto, sin duda, nos obliga a una búsqueda de nuestra identidad, condición indispensable cuando queremos tomar el timón de nuestra vida en nuestras manos en lugar de dejarnos llevar por los acontecimientos.

La visualización es de gran utilidad cuando planeamos nuestro futuro. Proyectamos una imagen nuestra actuando positivamente, sin dudas ni vacilaciones, decididos a enfrentar las dificultades y a superarlas. En este caso no estamos prediciendo el futuro sino construyéndolo. Nuestros intentos de anticiparlo – basados en nuestra experiencia ayudan a configurar la existencia de lo que quisiéramos tener.

Fernanda
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