En toda sociedad, en cualquier parte del mundo, ha habido personas con la tarea específica de mantener vivas las antiguas tradiciones ocultas y transmitirlas de generación en generación de forma oral. Estas personas eran historiadores, músicos y sanadores. Los conocemos agrupados bajo el nombre genérico de bardos. Por medio de leyendas, relatos, parábolas, poesía y canciones mantuvieron vivas para sus pueblos sus tradiciones y misterios esotéricos. Forman parte de esta antigua tradición bárdica los griods africanos, los skalds escandinavos, los gleemen anglosajones, los trovadores franceses, los cantantes navajos, los kaleki rusos o los zenza japoneses. Todos ellos son sanadores, animadores y maestros.

Se decía que los bardos eran meros animadores, si bien la más antigua de sus tradiciones incluía una gran preparación en todos los aspectos de los fenómenos físicos y metafísicos. Se acepta en general que los bardos, como animadores, evolucionaron a partir de la tradición del chamán errante, que era sanador, clarividente y cantante a la vez. En la más antigua de las tradiciones bárdicas, a menudo la canción y la hechicería iban de la mano. La figura nórdica de Odín no representaba únicamente al maestro de las leyes místicas sino también de la poesía. En la Grecia del siglo VI los juglares errantes se multiplicaron como adivinos. En los tiempos modernos todavía nos resultan más conocidas las tradiciones de los juglares y adivinos gitanos.

El auténtico místico bardo utilizaba la alegoría del relato y la leyenda para presentar verdades a la sociedad de forma que ésta pudiera aceptarlas. A menudo resulta difícil diferenciar las narraciones religiosas y místicas de lo que era puro y simple entretenimiento, puesto que a menudo se fusionaban ambos aspectos a fin de que quien lo escuchaba pudiera responder a ello y recibirlo a su propio nivel. La narración constituía un medio de transmitir las enseñanzas sin profanarlas. Los primeros narradores infundían a sus leyendas y narraciones imágenes y alegorías que habían de resonar en el corazón y la mente de la audiencia. El auténtico bardo místico sabía cómo escoger una historia y las imágenes apropiadas para su público. Finalmente, hubo que guardar con gran celo las enseñanzas sagradas y los bardos pasaron a ser meros animadores, historiadores y personas que cantaban las alabanzas de los demás.


Surgieron gran número de categorías entre los bardos, la inferior de las cuales se denominó el bardo. Los que poseían más conocimientos y formación utilizaban otros nombres y títulos. En general no se les distinguía por su habilidad en la música y la canción sino por el instrumento que utilizaban. Los rapsodas griegos se diferenciaban del bardo griego aficionado por el hecho de que eran capaces de tocar la cítara, mientras que los aficionados únicamente utilizaban la lira. Los ollahms de la tradición bárdica irlandesa eran considerados más en la línea del poeta laureado, mientras que los shanachies seguían más la historia en sus narraciones. Los magadha de la India eran los mejores trovadores hindúes, y más adelante dicho título dio nombre al gran centro del budismo.
A menudo resulta difícil distinguir entre el proceso bárdico y el narrativo. Cuál surgió primero? Estos bardos, trovadores, rapsodas y demás, precedieron o siguieron a la narración de cuentos por parte de personas a las que no se consideraba como profesionales? Sea como sea, resulta evidente que no podemos separarlos. No se puede examinar la tradición bárdica sin profundizar a la vez en el importante papel de la narración y la leyenda en las tradiciones esotéricas. Las leyendas y narraciones tienen una gran importancia en muchas sociedades, básicamente por lo que se refiere al desarrollo de las personas que las habitan.

El arte egipcio y los jeroglíficos retratan la actividad bárdica. Las escrituras bíblicas están saturadas de tradición relacionada con personas que enseñan por medio de narraciones. La literatura sánscrita contiene pasajes que reflejan la narración con objetivos tanto religiosos como seglares. Existen referencias en los upanishads y en la literatura védica. El Tipitaka budista, su sagrada escritura, contiene narraciones de distintos tipos. El taoísmo utilizó la narración para difundir e intensificar sus creencias. En los escritos de Chuang-Tsé encontramos parábolas y cuentos de Confucio, Lao-Tsé y otros personajes. En la religión hindú los brahmanes contienen leyendas e historias para explicar los Vedas. La antigua tradición hasídica-judaica consideraba que la narración era el mejor medio para introducir creencias religiosas y su práctica. Solían utilizar fábulas clásicas o anécdotas populares que completaban con un mensaje moral.


Existen infinidad de referencias históricas respecto al proceso de narración bárdico. Las leyendas de Casiopea datan del 3500 a. de C. Las narraciones chinas de las Pléyades datan aproximadamente del 2000 a.de C. Homero escribió la Ilíada y la Odisea entre e 950 y el 850 a.de C. El Elder Edda de la tradición teutónica se escribió hace solamente 800 años. El Kalevala, relato finlandés compuesto hace más de 3000 años, incluye una descripción de un narrador de sagas: De forma que podremos cantar excelentes canciones, poner voz a la mejor de nuestras leyendas para deleite de nuestros seres queridos, aquellos que quieren oírlas de nuestra boca Hemos juntado versos mágicos, encendidos por la inspiración La magia nunca falló a Sampo, a Houhi nunca le faltaron hechizos Existen otras palabras de magia, encantamientos que he aprendido, rescatados en el camino Entonces la escarcha cantaba sus versos; algunos, una rima que recitaba la lluvia, otros, poemas que distribuía el viento. En las olas del mar, flotaban las canciones, palabras mágicas que habían añadido los pájaros y los sortilegios de las copas de los árboles.
A través de la civilización griega encontramos muchas referencias históricas a los bardos y rapsodas, así como el proceso de la narración: Homero en la Odisea, Platón en La República, Ovidio en Las Metamorfosis, Aristóteles en La Política, Cicerón en De Oratore.

A lo largo de la Edad Media, la tradición bárdica fue perdiendo poco a poco su misterio, así como sus fuertes vínculos con las artes esotéricas. Los aspectos curativos y de iluminación dieron paso a la animación, y los bardos adquirieron más categoría social, aunque independientemente de ella en todos los rincones de Europa se veían músicos itinerantes y narradores de historias. Al principio, se les aceptó como parte de las actividades tanto seglares como religiosas. La canción y la danza eran fundamentales en la vida medieval, incluso en la Iglesia. El canto y la danza en la Iglesia adoptó forma de ritual, que se habían adaptado de las antiguas tradiciones. Se celebraban representaciones coincidiendo con el solsticio de invierno, el de verano y los equinoccios. Durante toda la Edad Media, la frontera entre los temas laicos y eclesiásticos seguía poco definida. Más tarde, la Iglesia empezó a prevenir a la gente contra los músicos andantes, a causa de los vínculos existentes entre sus canciones y relatos de las antiguas tradiciones místicas. El Concilio de Tours advirtió a los sacerdotes que debían evitar la vanidad de los falsos actores y sus obscenos pasatiempos. Poco después, el Obispo de Orleáns prohibió que se cantaran poemas rústicos y las actuaciones indecentes a las bailarinas.


Los trovadores de Francia sobresalen entre los poetas cantores de la Europa medieval. Había en sus filas mujeres y hombres; a través de su poesía perseguían la elevación de la Dama y con ello la antigua idea de la sabiduría del agnosticismo medieval: la divina sabiduría femenina. No obstante, hacia el 1300 se había apagado mucho la actividad y la aceptación de trovadores, juglares y bardos. A pesar de ello, esta tradición no se perdió. Siguen vivas sus historias y leyendas y de ellos podemos seguir extrayendo las poderosas energías arquetípicas y las enseñanzas esotéricas. En el mundo occidental hemos perdido el contacto con nuestras leyendas, por lo que tenemos que excavar en las raíces de nuestra civilización y volver a crear nuestras tradiciones. Joseph Campbell escribió: Existe la idea romántica de que la leyenda surge de las personas. Y no es así; surge del maestro, del chamán, del visionario que nos la ofrece y la interpreta. Este era el objetivo y la tarea de los antiguos discípulos bárdicos: infundir nueva vida y poder a las palabras e imágenes de nuestros relatos y leyendas. Y ésta tiene que ser también la tarea de los modernos bardos.

Preparación Poética

Toda tradición oculta posee su propia idea fundamental o cuestión clave. Para el discípulo bardo era importante penetrar en las raíces de su civilización y descubrir lo esotérico de dicha tradición. Los que deseen resucitar este proceso deben actuar de la misma forma: contemplar los orígenes de las antiguas leyendas y observar sus semejanzas. Cuáles son los orígenes y el significado de las leyendas del rey Arturo, de los Nibelungos, de la saga Volksunga, del ciclo de Osián, Beowolf, Robin Hood. Hiawatha, Coyote Trisckster, de los cuentos de Bushmen Mantis?

Tal como reza un proverbio etíope: Cuando el corazón se desborda, sale por la boca. Esto resulta adecuado para el antiguo arte de la tradición bárdica y su aprendizaje. Al despertar el individuo a las energías dinámicas del universo, las transmitía a los demás por medio de la dinámica de la narración. Existen leyendas sobre un sinfín de antiguas escuelas de sabiduría que versaban sobre el poder de la palabra. Las Escuelas de los Profetas de las escrituras bíblicas fueron fundadas por Samuel, el gran cantor iniciado de su época. Por medio de la canción y la danza se liberaba el alma del cuerpo y pasaba a conectarse con la Divina Sabiduría Femenina del universo. David fue el segundo de los grandes cantores iniciados de la escuela de los profetas, quien utilizó el arpa como símbolo. Se le atribuyen gran número de salmos bíblicos, los cuales sin el canto no pueden experimentarse con toda su plenitud. Elisha (el prototipo de Jesús) se sirvió del arpa para la estimulación del estado profético.

En Arabia, se formaba a los poetas islámicos para conseguir elevar el alma al estado de éxtasis. En los países nórdicos, el arte poético skald era lo primero que enseñaban en las escuelas de música. Los irlandeses dedicaban años al aprendizaje: Los narradores-poetas irlandeses estudiaban sus artes durante quince años y tenían que ser versados en filosofía, astronomía, magia, además de conocer con profundidad 250 relatos principales escogidos y 100 secundarios. Los shanachies, narradores de relatos históricos, tenían encomendados 178 relatos principales. Durante la Edad Media existieron en Europa las hermandades de juglares: la Hermandad de la Corona de Estrasburgo y la que constituyó San Nicolás de Viena en 1288. En Alemania existió una Hermandad de Maestros Cantores en Nuremberg, en la que se establecían tres categorías: los principiantes (alumnos), compañeros (neófitos) y maestros (iniciados). En realidad, en esta hermandad encontramos cinco grados:

– Alumnos.
– Escuela de amigos (con nociones sobre las leyes de la música y el sonido y un determinado número de tonos y poemas)
– Cantores (capaces de cantar sin equivocarse un cierto número de canciones y poemas).
– Poetas (capaces de componer nuevas poesías basadas en los antiguos modelos, siguiendo la tendencia de que lo nuevo siempre se construye a partir de lo antiguo). Tenían el cometido de conservar los elementos del pasado con un valor perdurable y prescindir de los que constituyeran un obstáculo.
– Maestros (inventores de un nuevo tono y un nuevo modo). El maestro tenía que elaborar sus propias normas y seguirlas. Cada uno de ellos debía ser creador por derecho propio. Tenían que expresar libremente su propio talento, aunque siguiendo fielmente las normas de su propio ser. La persona debía ser capaz de acomodar las necesidades cambiantes del espíritu creativo.


Los primeros bardos iniciados a menudo cantaban los dominios celestiales, encubriendo sus experiencias de tales dominios con la poesía, el canto y el relato. Las canciones oníricas solían relatar las actividades del plano interno. La canción principal era aquella cuya inspiración procedía de fuentes más elevadas que la Tierra.
La formación en las tradiciones bárdicas adoptó dos formas básicas. La primera consistía en una formación heredada. Podían existir ciertos lazos de sangre con el maestro u ocurrir que la preparación se transmitiera de un miembro de familia a otro de forma oral. La segunda se llevaba a cabo con el aprendizaje en grupo o individual. Podía tratarse de una instrucción o iniciación formal o informal. En realidad, ya no existe en el mundo el aprendizaje formal, un ejemplo del cual, sin embargo, podríamos encontrarlo en los zenza del Japón. El alumno recibía el nombre de minarai, y durante el primer período de aprendizaje trabajaba junto al maestro entre seis y doce meses. Este período se denominaba el acto de cruzar la verja del aprendizaje. El Maestro atribuía al alumno un nombre artístico. El segundo período de formación duraba entre dos y tres años. Durante este tiempo, el alumno nunca escribía ningún relato. Tenía que recitar las historias verbalmente hasta que descubría por sí mismo el secreto de éstas. Cuando el alumno conocía suficientemente bien la historia, y sólo entonces, se le permitía trabajar aparte del maestro e interpretar las narraciones y canciones a su manera. Normalmente, se instruía a los alumnos en las disciplinas de filosofía, astrología y curación durante el período de formación musical y de narración de historias. El alumno tenía que aprender asimismo las fórmulas y efectos adecuados para después utilizarlas a su manera.

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