Se cree que nació a fines del siglo 7 a. C. Lao Tsé es un apodo que significa “anciano”. Su apellido era Li, su nombre Erl, su nombre de erudito fue Be Yang (Conde Sol). En forma póstuma recibió el nombre de Dan o Tan. Literalmente Anciano Orejudo, en sentido figurado: Anciano Maestro. Fue oriundo de la actual provincia de Honan, situada en la región más meridional de la China.

Trabajó como archivero en un ministerio de la corte imperial de los Shou. Debido a esta circunstancia, tuvo varios encuentros con Confucio (documentados), en los cuales este último se refería a él con gran consideración frente a sus discípulos, aludiendo a su profunda sabiduría. Lo comparaba a un dragón que alcanza las nubes.

Llegado un momento de su vida, y debido a que en China se vivían situaciones muy convulsionadas políticamente y cansado de revisar documentos que sólo se referían a guerras y crueldades, decidió renunciar a su cargo con el objeto de llevar una vida más retirada. Se dirigió al oeste, montado en un búfalo negro. En el paso fronterizo de la montaña de Han Su, tuvo un encuentro con Yun Hsi, quien le solicitó le legara algún escrito. Lao Tsé accedió al pedido y le transcribió el Tao Te King, después de
lo cual, continuó su camino. Desde ese momento se perdió su huella física en el tiempo.

Durante toda su vida se esforzó por pasar inadvertido, tampoco tuvo discípulos. Descubrió para sí, grandes conexiones universales y seguramente esperó que con el tiempo, otros seres con espíritu afín, contemplaran y comprobaran las verdades que él había descubierto.

Su personalidad única, irrepetible y enigmática, evitó que se conociera más de su vida, así se transformó con el tiempo, en un ser mítico que alcanzó cumbres insospechadas y terminó por fundirse en un ser cósmico que habría aparecido en la tierra en las más diversas épocas.

Hay autores que suponen se dirigió a la India y ven huellas taoístas en el budismo, que, aseguran, no les parecen puras coincidencias.

El Tao Te King.

Hubo algunos emperadores chinos que estudiaron y trataron de aplicar la sabiduría de los 81 aforismos y 5.000 ideogramas que componen el libro. En especial Han Wen Ti (197 a 157 a C), cuyo hijo Han King Ti (156 a 140aC), da al libro el nombre de Tao Te King, es decir, “El libro del Sentido y de la Vida”, este nombre lo ha conservado hasta la actualidad en China.

Está formado por dos segmentos: Tao y Te.

El Tao, significa, Dios, Vía, Razón, Palabra, Logos y Sentido, designa la percepción misma en el seno de la consciencia, (el sentido interior), la disposición de percibir, de tomar consciencia de alguna cosa (el sentido de orientación), la razón, el juicio, el discernimiento, (el sentido común, el buen sentido).

Tao es un término que no es exclusivo del taoísmo. El confucianismo lo emplea para representar la norma moral, que debe cumplir con los designios del Cielo.

Para Lao Tsé, el Sentido o Tao, es toda realización todavía no separada por el divergir polar de los opuestos, con el que toda realización está ligada. Sería el proceso mismo de transformación de la Naturaleza, la síntesis suprema de todos los contrarios, que se resume en la contradicción universal y primera, Yin y Yang.

El Tao para los taoístas es la nada de donde surge el mundo visible, es inefable, porque el nombre no se distingue de la esencia Es trascendente, incognoscible, es la medida que se hace inmanente a la cosa.

Y Te, en chino significa “lo que los seres reciben para nacer”, o sea, Vida, Ser, Espíritu, Naturaleza, Fuerza.

La obra “original,” se divide en los siguientes capítulos:

Primera parte
Del Tao: Temas teóricos.
Del 1 al 10: Carácter general de la doctrina.
Del 11 al 20: Teoría de la inacción.
Del 21 al 28: Modelos de Tao.
Del 29 al 31: Advertencias contra el uso de la fuerza.
Del 32 al 37: Ritmo de vida.

Segunda parte.
Del Te: Tópicos de orden cotidiano.
Del 38 al 49: Simplicidad y quietud
Del 50 al 56: Preservación de la vida
Del 57 al 67: Manejo de asuntos humanos.
Del 68 al 69: Actitud frente a la guerra
Del 70 al 75: Crímenes y castigos.
Del 76 al 81: La fuerza de la debilidad

Contenido del Tao Te King

La filosofía de Lao Tsé, excluyó totalmente el antropomorfismo en la religión china. El Tao Te King no menciona hechos históricos, sin embargo, el autor los conocía muy bien. En su obra menciona tácitamente antiguas fórmulas de sabiduría.

Lao Tsé se mantuvo en el terreno de lo humano. En Tao y en Te está implícita la pregunta. Cómo conozco la Naturaleza del mundo?. El conocimiento del mundo es cada vez un principio general, el cual se halla también presente en el hombre que reflexiona. Lo que se conoce gracias a la experiencia, en el centro de uno mismo, (a partir de la luz interior, como dicen los místicos) queda endeble con la condición de que se haya percibido una manera realmente pura y verdadera.

Lao Tsé toma en consideración al ” yo” puro del yo inherente del ser humano como tal. Lo importante es que el corazón esté vacío, sólo entonces pueden conocerse las grandes verdades (vacío en el terreno del conocimiento igual que en el terreno práctico). En China el concepto “corazón”, significa también un medio de contacto con el exterior, se considera un complejo sensorial, como los cinco sentidos. Para
Lao Tsé es también la sede del deseo, orienta hacia fuera. El hecho de estar vinculado al mundo empírico, por medio de los sentidos y los deseos, constituye un peligro, porque ofrece una apariencia ilusoria e impide el verdadero conocimiento.

Es por eso que se deben “cerrar” las puertas, para que no entren esas impresiones generadoras de confusión. Todo saber positivo, pasa a segundo plano. Lao Tsé considera que cualquier conocimiento no
es suficientemente directo. Allí donde se extingue la apariencia, se distingue más nítidamente la esencia verdadera, aquella que se eleva por encima de la cambiante rapidez de la visión sensorial.

Lao Tsé, no aspira al “conocimiento” sino a la “visión” a la “iluminación interior”. Pero estas contemplaciones no tienen nada que ver con las visiones ascéticas. La iluminación interior, conduce por sí sola a la simplicidad, como la de un niño.

El ser humano constituye una unidad coherente, que vuelve sobre sí misma y se realiza actuando espontáneamente y dentro de la cual cualquier manifestación en una dirección determinada se ve completada, enseguida, por su contraria. Este equilibrio armónico, no se rompe a causa de los fenómenos del nacimiento y muerte, confiere una vida eterna que trasciende la muerte.

Para Lao Tsé, la vida no es otra cosa que la naturaleza humana, cuyo misterio más profundo es la espontaneidad. El individuo se deja vivir, es vivido. Por eso insiste en el wu wei, en la no acción, o sea, en la receptividad total y absoluta frente a todo lo que acciona sobre el individuo desde el fondo metafísico.

La Vida es buena en la medida en que exhiba un comportamiento adecuado a cada instante y situación. Es buena para los buenos, y también lo es, con los que no lo son, porque da a cada uno lo que le falta para ser completo.

Hasta la virtud más elevada que pretende afirmarse, es algo inferior, porque no representa más que un aspecto unilateral del indispensable par de opuestos.

Al hombre ideal, que encarna la Vida, en el Tao Te King, se le llama “sabio”. Es aquél que ha renunciado a sus inclinaciones y deseos accidentales, porque refleja perfectamente el principio de la Vida y deja que ésta se manifieste en él. Tal disposición, lo transforma en una potencia cósmica, porque no se puede separar al hombre del circuito cósmico. Siempre continuará siendo un eslabón indispensable del complejo que solemos llamar mundo.

TAO.- La espontaneidad seguida más allá de lo humano, nos conduce al Sentido
(Tao). La Vida está en el ser humano, el Sentido está en el mundo, en forma de espontaneidad, naturalmente. No pertenece al terreno de lo existente. Lao Tsé, le atribuye el “no ser”, el “vacío”. Son extremos opuestos pero no contradictorios. El “no ser” de Lao Tsé, se debe interpretar como algo cualitativamente distinto de la existencia.

El Sentido está en todas las cosas, pero no es una cosa, está presente en todo lo que ocurre, pero no se agota en ningún acontecimiento. Este no-colmarse lo eleva por encima de todas las cosas.

La eternidad del Sentido se basa en que todos sus movimientos retornan siempre sobre sí mismos. Las contradicciones se compensan mutuamente. Cada movimiento se convierte en su contrario.

El Sentido es ontológicamente la raíz de todo Ser, pero como el Ser no se distingue del No-ser, nada más que por el nombre y no por la esencia, en el Sentido se manifiesta también el seno del Ser, de forma de lo materno, de donde nacen a la vida los seres individuales y donde vuelven al morir.

Lao Tsé, distingue dos aspectos, por una parte, el movimiento que conduce desde el Sentido, como Unidad Suprema, al nacimiento de las diversidades y por otra, las líneas, que conducen del pensamiento a la realidad.

Lao Tsé parte de la Unidad, el punto más alto que puede alcanzar el pensamiento, es la puerta por donde surgen todas las energías. Dentro de la Unidad se encuentran incluidos todos los contrarios, aún sin separar. Es lo que se llama “el no- comienzo”, antes del comienzo original.

La Unidad encierra la predisposición a la diversidad, sin que esta última sea capaz de manifestarse en estado germinal. Esto permite que la Unidad evolucione hacia la diversidad, sin que nazca algo completamente distinto. En diversos capítulos de su obra, Lao Tsé habla de una visibilidad invisible, una audibilidad inaudible, encerrada en el Sentido, formando Uno, en forma inseparablemente confundidos. La diversidad en la unidad, hace posible las evoluciones posteriores. Para Lao Tsé, la evolución es un proceso esencialmente lógico que, no obstante, puede ser proyectado en el pasado, y designado, entonces, como el comienzo del Cielo y de la Tierra. Lo mismo se produce en el mundo tridimensional como la continua regeneración de la vida.

El Sentido se manifiesta fluyendo. Actúa primero en el conjunto de las fuerzas inmateriales que obran sin ser vistas en el Cielo, y que luego, se aleja de sí mismo y fecunda la Tierra que es el conjunto de la corporalidad material. Finalmente retorna sobre sí mismo en el ser humano.

Cielo y Tierra y ser humano hallan siempre, por lo tanto, su respectivo modelo en el nivel de existencia inmediatamente anterior. Su modalidad de manifestación se deriva del Sentido, único en tener capacidad realizadora directa.

Se debe distinguir la relación de Unidad y diversidad y el paso desde el Sentido a la realidad.

Hay capítulos en el Tao Te King, en que se encuentran alusiones a cómo el Sentido contiene potencialmente la realidad. La manifestación del Sentido en las criaturas (en los seres individuales de la realidad) es posible gracias a que el Sentido contiene de un modo inconcebible, sin forma ni cuerpo, a las ideas. Para expresar el nacimiento de estas ideas, Lao Tsé se sirve de la noción de Vida, (el contenido
de la gran Vida, sigue en todo al Sentido, lo toma como modelo), y por otro lado de la noción de semilla.

El concepto de semilla ocupa una posición intermediaria entre el mundo de las Ideas y el mundo de los cuerpos materiales. En este contexto, el Cielo representa las energías espirituales, mientras que la Tierra se sitúa más próxima a lo material, o sea, a una enajenación del Sentido.

Otros dos conceptos importantes en el Tao Te King son el Vacío o Profundidad, (literalmente el valle) y el Espíritu o los Dioses. La Profundidad o el vacío es el espacio sin llenar entre las vertientes de las montañas. La Profundidad casi asumiría el significado de lo que llamamos materia: lo que todavía es indeterminado, inactivo, la mera posibilidad de Ser, mientras que el Espíritu aportaría el principio
activo correspondiente.

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