manipulacion3Solemos considerar que nos resulta fácil manipular situaciones. Buscamos a aquellos que son menos agresivos, más pasivos que nosotros, para controlarlos y manipularlos, haciendo uso de su pasividad para que nos sigan.

Podemos aparentar incapacidad para empujar a otros a que hagan lo que nosotros no tenemos ganas de hacer. A veces somos amables con los demás sólo para conseguir lo que queremos obtener de ellos, o usamos nuestra simpatía personal para atraerlos a que compartan nuestros puntos de vista.

Cuando observamos de cerca nuestras motivaciones, vemos que a menudo tratamos de manipular para evitar una respuesta negativa. Por ejemplo, al reprender a un niño que está actuando en forma que pueda provocar un peligro, o cuando hacemos notar a un amigo sus errores, somos calificados de crueles o desconsiderados, provocando resentimiento, aunque hayamos elegido nuestras palabras cuidadosamente. De ahí que procuremos usar una forma más gentil para tratar tales situaciones: sobornamos al niño con caramelos, o ignoramos los errores de nuestros amigos para conservar su amistad. Tranquilamente pasamos por alto cosas que sabemos que son incorrectas y que los perjudican.

Ser honesto en aquellas veces en las que recurrimos a la manipulación no es fácil. Pero si expresamos sinceramente nuestros sentimientos y nuestra preocupación por el bienestar de los demás, nos sentiremos libres de poder actuar con naturalidad y de responder apropiadamente a las exigencias de una situación dada. Entonces, nuestros saludables esquemas de pensamiento podrán influir en otros para que sean más honestos en sus propias vidas.

Fernanda
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