El individuo promedio halla muy difícil dominar lo que nunca logró comprender: el funcionamiento de su propia mente. Cuando usted se pone a pensar en lo que es el ambiente – sea bueno o malo – obtiene un resultado que no es más que una imagen refleja del pensamiento humano, el cual crea sus particulares Cielo o Infierno a través de la acción de su propia mente.

Usted podría preguntarse, con el objeto de captar las motivaciones que se extienden detrás de la conducta destructora del hombre, si los males de la civilización han sido los causantes de la incapacidad humana para salvarse a sí misma, por qué no hemos hecho algo para remediarlo durante todo este largo pasado de la Humanidad? La respuesta es que sí lo hemos hecho, pero sólo a medias.

La existencia de tantas religiones en todo el mundo y a través de los tiempos demuestra, con suficiencia, el esfuerzo humano que trata de influir sobre la conducta social en la verdadera dirección. La religión constituye una forma de disciplina social.

No obstante, el hombre necesita de algo más que de una vaga promesa de inmortalidad para obedecer los Diez Mandamientos. A pesar de su fe en la Potestad Divina el hombre continúa cometiendo crímenes contra la Humanidad. Todos los días podemos constatar este hecho.

Los psiquiatras creen haber hallado la razón de porqué la religión por sí sola ha sido impotente para contener las guerras y mucho menos curar las enfermedades mentales del individuo.

Hasta hace unos ochenta años, conocíamos muy poco acerca del aspecto negativo de la naturaleza humana. El psicoanálisis descubrió que la solución del enigma de la conducta del hombre no consiste en el estudio de lo que éste hace ni tampoco en el esfuerzo para convencerle de que sea bueno, sino en hacerle comprender el porqué de su comportamiento.

Actualmente, la mayoría de nosotros estamos convencidos de que la conducta anormal es una enfermedad de la mente y, por lo tanto, de la personalidad. Y aún más, la religión se está dirigiendo a la psiquiatría con sentido de cooperación. Pastores y sacerdotes han estudiado psicología a fin de aunar esfuerzos con los profesionales, buscando un entendimiento psicológico más profundo de los conflictos emocionales. Esto unido a la necesidad del alivio espiritual a través de los sacramentos.

Necesitamos valorar con propiedad la naturaleza de nuestros Instintos y apetitos básicos con el fin de procurar dominarlos, De acuerdo con Freud, la mente humana se divide en tres compartimentos:

1.- El inconsciente
2.- El subconsciente
3.- La consciencia.

El inconsciente es la despensa de nuestros impulsos primitivos, Generalmente se vale de excusas – problemas económicos, impedimentos físicos, frustraciones matrimoniales – para justificar sus manifestaciones en nosotros. La mayor parte de las tendencias destructivas están encerradas en estos cimientos de nuestra mente, Cuando dejamos escapar alguno de estos impulsos cautivos, la sociedad sufre la consecuencias, Alguien es asesinado, ocurre un robo con violencia, una niña es violada.

Pero no siempre acontecen hechos tan graves. La mayoría de nosotros no es tan temeraria como para permitir que sus impulsos desbocados alcancen manifestaciones tan
destructivas. En lugar de ello solemos reprimir los deseos que socialmente son objetables.
No obstante, cuando la lucha se hace demasiado grande, hasta el punto que estos impulsos dificultosos amenazan romper el lazo que los sujeta, nos convertimos en enfermos psíquicos. Los síntomas neuróticos – dolores de cabeza, indigestión, insomnio, etc. – vienen a nuestro rescate, actuando como una defensa contra el mal que íbamos a producir. Por ejemplo, he hallado entre mis pacientes que el temor a la locura que mostraban era, realmente, el miedo disfrazado de cometer alguna acción antisocial.

El instinto sexual está representado por el horno, que se halla en los cimientos, Pero la energía sexual, igual que el calor, podemos regularla con un termostato. Algunos sujetos nunca aprenden a regular su termostato sexual (lo que Freud llamaba líbido o hambre sexual) a una temperatura normal. Como resultado de ello, dejan que se apague el fuego y que sobrevenga el frío, o no se sienten cómodos por el excesivo calor, o bien, por descuido o abuso de alguna clase, se arriesgan a una explosión de la caldera. Esto explica a cuánta desdicha puede conducirnos el no saber comprender la naturaleza de nuestros impulsos sexuales.

Las maneras habituales de actuar se adquieren en el transcurso de la vida, con el objeto de aliviar la consciencia del peso de la decisión. Aprendemos a comer, a caminar, a controlar los esfínteres, a bañarnos, vestirnos, etc., todo esto sin someterlo a la dirección de la consciencia. De la misma forma adquirimos los hábitos mentales. Si hemos aprendido a ser amables y corteses, a aceptar los pequeños problemas y trastornos con una sonrisa o un encogimiento de hombros, a mirar el lado brillante de la vida, entonces tenderemos a continuar esta conducta y maneras de pensar a través del curso de nuestra vida.

Si, por otra parte, nos hemos acostumbrado a no soportar ni una brizna de paja sobre nuestros hombros, ofendiéndonos rápidamente, replicando con descortesía, manifestándonos a menudo suspicaces y rudos, dispuestos a engañar y a mentir, entonces nuestras reacciones tenderán a ser las mismas siempre. Para decirlo mejor, tendremos que mantener una lucha constante con el objeto de reaccionar de manera más educada, y así permitir a la consciencia superar al inconsciente. Este conflicto diario no representa, de ningún modo, una pérdida de tiempo. Al contrario, educa la mente de manera que atienda como corresponde los asuntos más importantes de la vida cotidiana.

Frank S. Caprio

Traducido y extractado por Ester Silva de
Frank S. Caprio.- How to Avoid a Nervous Breakdown.-

Este artículo fue publicado en el N 17 de la Revista ALCIONE

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