Bajo los procesos conscientes de la mente aquellos que aparentemente dirigimos – subyace un mar de sentimientos. Este telón de fondo posee la constante capacidad de retratar nuestras reacciones frente a nosotros mismos y frente a otros, y de llevar a imágenes nuestras propias tendencias internas. El mar del sentimiento es relativamente poco conocido y frecuentemente desdeñado. Sólo podemos hacer conjeturas en cuanto a sus causas.

En primer lugar, tendemos a identificarnos principalmente con los productos finales de nuestra mente: pensamiento y acción. Desde el punto de vista relativamente claro y preciso del pensamiento y la acción, el sentimiento parece un proceso de forma imprecisa, indefinida, poco confiable, resbaladiza. No posee la clara firmeza de nuestras palabras o actos. Es demasiado indefinido, oscuro, poco confiable. Más aún, este yo verbal, observando desdeñosamente al sentimiento, halla que éste se desvanece frente al análisis lógico. Actúa como un animal tímido que prefiere esconderse de la presencia del hombre-verbal.

La mayor parte de los rumores referentes al mundo del sentimiento son negativos. La gente sospecha que el sentimiento es quizás sólo una locura y una tontería; puede manejársele en cualquier sentido. El tipo opuesto de rumor acerca del sentimiento pronunciado es más siniestro. Un sentimiento fuerte puede provocar que una persona se haga incontrolable y aún peligrosa. Quizás somos todos locos o asesinos en el fondo. Podemos respaldar este rumor con los hechos. Podemos citar situaciones de llanto o ira, demostrando que perturban el suave flujo de la fina compañía. Ya que está todo dicho, la razón decide que es más adecuado tomar las riendas. El sentimiento es confinado o refrenado, porque, o es algo informe o es demasiado perturbador y escapa a nuestro control.

Trascendiendo los rumores y mitos acerca de nosotros mismos, podemos reconocer prestamente que el sentimiento subyace a toda percepción, todo pensamiento, toda acción. La sencilla percepción de este telón de fondo permite a nuestro sentimiento clarificar sus propios significados y dirección. Aquí la clave es la percepción relajada que permite al sentimiento surgir y retratarse a sí mismo. Algunas personas temen no estar vivenciando el verdadero sentimiento: temen estar dirigiendo voluntariamente su flujo. Esto surge de una falta de familiaridad con este espacio. El qué quiero en sí proviene del dominio del sentimiento. Si se dice a una persona que elabore una fantasía, ésta pronto descubre que está solamente bloqueando y reorientando al sentimiento, cada vez que éste la lleva a temas que le resultan desagradables. Mientras más se prolongue una fantasía, mayor tendencia existirá de que resulte gobernada por el timón interno de sus propios sentimientos. Un hombre sentía que podía fantasear sobre cualquier cosa y, por tanto, controlar todos sus impulsos internos. Ya que parecía marcadamente masculino, le pedí que se imaginara a sí mismo como un modisto afeminado. La fantasía no se había prolongado mucho cuando ya se hallaba seduciendo a las modelos, dejando de lado su trabajo y olvidando que era afeminado. Su tendencia natural había asomado. En el mejor de los casos, el maestro del autocontrol intenta bloquear algunas de las tendencias de sus sentimientos. En el momento en que surgen, resultan censuradas. Así, surgen una y otra vez! La cura para la fantasía persistente es vivirla por entero.


En cierta ocasión, en una clase de fenomenología, una joven dio a entender que tenía una terrible fantasía que se repetía persistentemente. Cuando le pregunté sobre ello, mencionó vagamente que guardaba relación con el suicidio; no deseaba hablar de ello. Sentía que si permitía que la fantasía se expresara, pasaría a los hechos en el suicidio. La alenté para que lo intentara en el ambiente seguro de la sala de clases. Finalmente, consintió en hacerlo. En su fantasía se apartaba de la gente y caminaba en la nieve; veía un profundo banco de nieve. Con miedo, temblando, consideraba la posibilidad de arrastrarse en la nieve para helarse hasta morir. Le insistí en que prosiguiera. Mentalmente, ella cavó una caverna cerrada bajo la nieve. Le pregunté cómo era el lugar. Tranquilo! No oigo ruidos de gente. Cuando se lo pregunté, confirmó que últimamente estaba cansada de la gente y deseaba apartarse de ellos. Entonces, rió entre dientes y sonrió. Le pregunté por qué. Dijo que primero había pensado que la nieve estaría fría, pero en lugar de eso, halló que le recordaba su calor interior; se sentía cómoda y a sus anchas bajo la nieve. Le sugerí que permaneciera allí tanto como quisiera y que regresara a ese lugar cada vez que deseara apartarse de la gente.

Lo que a primera vista le parecía una mortal fantasía suicida se transformó, en lugar de eso, en el símbolo de un lugar cálido y agradable, lejos de la gente y las preocupaciones. Jamás se había permitido esa tregua a sí misma. Así, la fantasía se presentaba una y otra vez. Su interpretación de la tendencia interna como quizás deseo matarme era una mala interpretación de su propio guía interno. Cuando halló esa tregua, lejos de la gente, todas sus ideas suicidas desaparecieron. Por este motivo, resultaba importante señalarle que podía regresar al cálido refugio de su banco de nieve cuando quisiera. Bajo circunstancias similares, otros se han suicidado, sin lograr percibir su propio banco de nieve imaginario, siempre a su alcance.

El mundo interno enlaza fácilmente diversos aspectos de la experiencia, de modos que confundirían totalmente a un filósofo racional que tuviera tendencia a categorizarlos. La percepción interna se despliega, transformándose en sentimiento. Cuando es lo suficientemente intenso, el sentimiento puede transformarse en una fantasía, con clara imaginería. Los pensamientos pueden derivarse a sentimientos. Las sensaciones corporales pueden fácilmente transformarse en imaginería emotiva. Nuestra percepción de los otros o de las cosas puede ser vaciada a la imaginería emotiva. El auto análisis entra en escena cuando analizamos y comprendemos nuestro propio impulso interno. Cuando nos acostumbramos al proceso, logramos desarrollar con facilidad fantasías detalladas y en colores intensos, mientras lavamos platos o conversamos con un amigo. Podemos también recordar una antigua fantasía en cualquier momento y observar su rumbo. Del mismo modo, nos será posible recorrer nuevamente las escenas de la niñez.

El sentimiento tiene una tendencia. Cuando se le permite expresarse, se intensifica, volcándose en imaginería emotiva. Luego que se le ha permitido desarrollarse y expresarse, podemos revisar la imaginería resultante para observar cuál es el mensaje. En el caso de la mujer del banco de nieve, su impulso interno era alejarse de las personas y acomodarse en un refugio cálido y agradable. Al descubrir la sabiduría de nuestras propias tendencias internas, estamos en mejor posición para cooperar con la tendencia subyacente.

Algunas personas temen que sus propias tendencias internas puedan no ser sabias; podrían ser demasiado instintivas, bestiales, e ir contra la sociedad. Mi propia sensación es que tales personas se hallan confundidas por los rumores existentes acerca del mundo interno. La vivencia de éste sugiere que puede parecer extraño y lejano, pero es eminentemente sabio. Más que defender esta tesis, observemos más de cerca su comportamiento.

La utilización más sencilla de la imaginería emotiva consiste en buscar su ayuda para aclarar nuestra situación en este instante. Considerando que todo el sistema sensorio-motor del cuerpo es su representante, podemos examinar nuestras sensaciones corporales y llegar a una imagen interna y a la comprensión de nuestra situación. Por ejemplo, al escribir me siento reclinado en mi silla (percepción relajada) haciendo girar un lápiz entre los dedos. La mano derecha sostiene la punta y la gira hacia atrás y adelante, mientras la mano izquierda siente este girar.


Permito que una fantasía se desarrolle a partir de esto. Veo la vieja rueda de un molino de agua. Se producen fascinantes ruidos de molienda y rechinar a medida que la energía del agua es transformada a través de grandes y toscos engranajes de madera hacia piedras que giran una contra otra donde el grano es molido. El poder libre del agua, que de otro modo se hubiera esfumado, es transformado en la molienda del grano.

Al escribir esto, me equivoco y escribo gano en lugar de grano. El agua que corre libremente (sentimiento) se convierte en un pavoroso girar de engranajes y ruidos (imágenes) para moler grano/gano (comprensión). Siento el aspecto principal de ambos: el lápiz que gira y el molino representan el modo como el poder, en un nivel es convertido en trabajo, y en otro nivel, en transformación. Por supuesto, intento explicar el modo cómo el sentimiento se transforma en pensamiento. Es un viejo molino porque éste es un viejo proceso.

Estoy impresionado por la dureza del lápiz en mi mano. Debido a su resistencia a la torsión, el movimiento hacia un lado es transmitido fielmente hacia el otro. Esta resistencia a la torsión es nuestra comprensión y confianza en este proceso a través del cual el sentimiento se expresa en la mente. Sin embargo, el extremo en que todo se origina los dedos girando el lápiz – parece mucho más plácido que los dedos que sienten el duro extremo metálico del lápiz. De modo similar, en la imagen el agua es más suave que la molienda del molino. El sentimiento es suave, fácil, juguetón. El trabajo mental-intelectual parece más áspero, como la molienda.

Un gesto cualquiera, aparentemente espontáneo, fue elegido por el sentimiento como su representante. De lo que sentí y noté del girar del lápiz, el sentimiento interno comenzó a expresar su tendencia. Realizando una pequeña asociación con estas sensaciones y percepciones, pude leer el mensaje interno que se desprendía. La fantasía del molino era una manera paralela de elaborar su tendencia. Permití que el proceso subyacente a mis intereses hallara su camino hacia la consciencia a través de un acto aparentemente espontáneo (girar el lápiz), las sensaciones que de ello surgían, y a través de una fantasía paralela (el molino harinero). Pero lo más notable era que lo que yo intentaba comprender, a su vez intentaba comunicarme la naturaleza de su propia existencia. Nuestros verdaderos intereses surgen de este espacio interno, que es perfectamente capaz de hablarnos de ellos.

Una buena ocasión para utilizar esta propensión interna se presenta cuando nos sentimos malhumorados o atrapados en algún estado de ánimo especial. Debiéramos entonces detenernos, concentrarnos en nuestras sensaciones y permitirles manifestarse a través de una fantasía. Un hombre maneja de regreso a su casa con dolor de cabeza. Teniendo la posibilidad mientras maneja, permite que sus sensaciones físicas se expresen. Cuando se concentra en ellas, el dolor de cabeza resulta ser, más bien, una rigidez en la parte inferior del cuello y en los hombros. Para captar su significado, intenta retratar esta rigidez. Mantiene sus brazos rígidos sobre el volante; sus hombros y cuello se hallan tensos. Siente una mueca airada en su rostro. La escena se amplifica. Se halla en un campo de batalla. Ha sido herido mortalmente y se está sosteniendo en el tocón de un árbol. Si resiste, alguien vendrá, lo verá y le prestará auxilio. El aspecto de mártir que ofrece en la imagen le parece humorística al conductor. El herido de la imagen sonríe para sí y dice Diablos, se supone que un hombre herido debe caer al suelo. Se relaja, reclinándose en el asiento y apoyando los codos en el regazo. Examina tranquilamente unas plantitas que crecen cerca, emergiendo de la tierra arruinada del campo de batalla. El conductor concluye que se ha forzado a hacer rígidamente todo lo que se esperaba de él, teniendo la secreta esperanza de que alguien notara su condición y le tuviera lástima. Toma consciencia de sí, siente pena por sí mismo y se permite relajar. Permanece cierta rigidez en su cuello y hombros. Concluye que el próximo fin de semana llevará a su familia al parque que ellos desean visitar.

Transformando las sensaciones en sentimientos e imágenes, pudo captar mejor lo que estaba haciendo. Sus heridas mortales provenían del excesivo maltrato a que se sometía a sí mismo. La persona de quien esperaba que se diera cuenta de su estado y lo cuidara era él mismo. El destrozado campo de batalla y sus heridas reflejaban la batalla por la que había atravesado en el mundo de su trabajo. Las plantitas que crecían eran los inicios de la nueva vida que surgía al relajarse y considerar el viaje al parque. Herido mortalmente en el campo de batalla parecía una dramática exageración. La vida interna utilizará un lenguaje muy dramático para lograr comunicarse con la persona que no desea escucharla. También se expresa así en los sueños. Usted haría lo mismo si tuviera que reflejarle su situación a alguien sin utilizar palabras, mediante el uso de imaginería. Por otra parte, la imagen era real, puesto que el hombre se sostenía, a pesar de estar gravemente herido en el campo de batalla de la vida.

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