Nació en Santiago de Chile el año 1951.

Estudió y se tituló de arquitecto en la Universidad de Chile. En el ejercicio de esa profesión, ha expuesto diversos proyectos de arquitectura y urbanismo en las bienales de Santiago y en la de Venecia del año 1985. Allí fue invitado por su entonces director, arquitecto Aldo Rossi. Participó en la muestra colectiva El Dibujo en la Arquitectura, arquitectos chilenos y argentinos llevada a cabo en Santiago y Buenos Aires, en el año 1986. Ha editados dos libros sobre el tema del patrimonio arquitectónico y urbano de la ciudad de Santiago, en conjunto con el arquitecto Cristián Boza y el historiador Leopoldo Castedo.

Ha realizado Talleres de Arquitectura en la Universidad Católica de Chile, Taller de Arquitectura y Taller de Dibujo en la Universidad de Artes y Ciencias Sociales (ARCIS) de Santiago de Chile, en la cual actualmente se desempeña como profesor de Taller de Titulación.

Paralelamente con ejercer la profesión de arquitecto, realizó estudios de pintura y dibujo en los talleres de Gonzalo Cienfuegos, Jaime León y del pintor español Martín Soria. A partir del año 1990, ha participado en variadas muestras de dibujo y pintura, colectivas e individuales.

Opinión de Gonzalo Cienfuegos

Cuando me veo enfrentado a la difícil tarea de poner en palabras mis sentimientos ante una determinada situación, me encuentro envuelto en una nube de ideas, emociones y recuerdos. Tratar de articular en una forma sensible para dar cuenta de aquello que verdaderamente experimento. Al hablar de pintura, y particularmente la de un amigo de tantos años, no es fácil poder responder adecuadamente a lo esperado. Sin embargo es un privilegio muy grande el desafío de concentrarse en la obra de un artista tan especial como es el caso de Hernán Duval.

La verdadera actitud del artista que se plantea en la vida como un ser abierto a lo desconocido, inquieto ante la existencia y que busca la verdad por los caminos que el recorrerlos es siempre una aventura al borde del precipicio. Esta permanente actitud de alerta ante lo desconocido, siempre con la valentía de volver a cero sin medir las consecuencias, es lo que distingue al artista. No son por casualidad seres privilegiados que se encuentran a si mismos enfrentados a la cotidianeidad, no ensimismados en el progreso como norte principal. Son personalidades diferentes que desde el sonido hacia el silencio van adecuando su metabolismo en función de una necesidad flagelante hacia el aparente sin sentido de la existencia, expresada en colores, sonidos y relaciones cromáticas.

Duval parte desde el espacio real de la tela, en la construcción de un mundo virtual que no es otro que el de su propia experiencia. Es la nostalgia del tiempo pasado que con la emoción del oficio se instala en el presente como una llamada de atención hacia la modernidad. Es su habilidad en el dibujo arquitectónico con su amor hacia la música y sus intérpretes, lo que va configurando la médula de su quehacer.

Consciente en la magia de la representación, la comunicación afectiva del autor con el personaje representado pasa a ocupar una complicidad que nos permite adentrarnos en el mundo de Duval.

Él no hace otra cosa que expresar en imágenes sus preocupaciones existenciales, dejando en evidencia la carencia afectiva de una sociedad marcada por exitismos. No duda en denunciar lo anterior y para ello utiliza la figura del músico de jazz como paradigma emblemático del romántico que, sostenido en la estructura racional, asume la libertad que le da esta práctica musical. La fuerza de ésta imagen se irá conjugando en una suerte de collage, donde las diferentes citas a paisajes y personas reales conocidos por él, irán descontinuando el discurso plástico para ir dando paso a una realidad.

Duval no escatima esfuerzos en la investigación de procesos técnicos de la gestación del proceso pictórico en la elaboración de materiales, colas, barnices, pigmentos aglutinantes, etc. Ahí revela una faceta más de esta incansable preocupación por éste objeto sagrado de la obra humana que nos muestra nuestra alma en una faceta más profunda: El objeto cuadro.

Duval es un enamorado del cuadro, de su realidad ontológica; de ese objeto transaccional de emociones que nos permite comunicarnos más allá de nuestra esfera inmediata y es así como en esta antológica de sus pinturas y dibujos podemos penetrar un poco más en el misterio de la creación y de la existencia humana.

Gonzalo Cienfuegos Browne

www.duval.cl



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