Indiscutiblemente, los colores tienen su propio valor de expresión y pueden influir directamente sobre la psiquis, como se revela por los renovados intentos de volver a establecer una cromoterapia que se ocupe positivamente de curar trastornos psíquicos y psicosomáticos, lo que ya se hacía en la antigüedad.

Hay que tener en cuenta que los colores provocan reacciones y emociones diferentes en los seres humanos, que prefieren o rechazan determinados colores. Por esto, se han creados varios tests cromáticos para medir estas reacciones con fines de diagnóstico.

Es evidente que los colores se revelan como esenciales para nuestro equilibrio. Según sean alegres o sombríos los que nos rodean, nuestro humor se modifica como por una sutil osmosis. Cada tono envía su vibración con su propia fuerza de impacto y su carga de influencia. Cada uno posee un magnetismo particular que estimula, inconscientemente, ciertas reacciones nerviosas y psíquicas. De acuerdo a nuestra personalidad -según la astrología- hay colores favorables y desfavorables benéficos o nefastos, agradables o desagradables.

En la alquimia se observa un singular simbolismo de los colores, según el cual el verde significaba un fuerte disolvente; el rojo y el blanco representaban los principios primarios del azufre y del mercurio. Entre los antiguos mayas de la América central, los puntos cardinales en el orden de sucesión de este, norte, oeste
y sur, se relacionaban con el rojo, blanco, negro y amarillo. En tanto en la antigua China, el este, sur, oeste, norte y centro eran representados por los colores, azul, rojo, blanco, negro y amarillo.

Durante el Renacimiento se desarrolló un complicado simbolismo en relación a los planetas, los metales y los colores heráldicos de los escudos de nobleza. El Sol era el amarillo y el oro; la Luna, el blanco y la plata; Marte, el rojo y el hierro; Júpiter, el azul y el estaño; Saturno, el negro y el plomo; Venus, el verde y el cobre; Mercurio, la púrpura y el azogue.

El oro o amarillo significaba virtud, entendimiento, prestigio y majestad; el blanco y la plata, pureza, inocencia y alegría; el rojo, ansia ardiente de virtud y un corazón entregado a Dios; el azul, constancia, lealtad, ciencia y devoción para con Dios; el negro, tristeza, humildad, infortunio, y peligro; el verde, libertad, belleza, alegría, salud, esperanza y mansedumbre; el púrpura o violeta, vestidura regia; el anaranjado, fama inconstante.

Si bien en el arco iris aparecen siete colores, hay más de setecientos matices diferentes: pero sólo nos referiremos a los arquetipos fundamentales: blanco, azul, violeta, rojo, naranja, amarillo, verde, castaño, negro.

Blanco: Es como la luz original existente antes que el Dios del Génesis creara el cielo y la tierra. Puede entenderse como la unión completa de todos los colores del espectro de la luz, como símbolo de la inocencia aún no influída ni enturbiada por la Creación, o como fin definitivo de la persona purificada. Color de la unidad y de la pureza, fue siempre empleado como tal en los ritos de iniciación de todas las religiones. Es unidad porque sólo él refleja todos los rayos luminosos de donde emanan los colores primitivos y la infinita variedad de matices que dan vida a la naturaleza. El blanco es como un espejo que refleja el universo, su vibración nos devuelve a nosotros mismos, nos entrega una imagen de nuestra inocencia perdida, nos purifica de las miasmas de la vida, representando un ideal de claridad y trasparencia.

En los ritos paganos se sacrificaban animales blancos a los dioses celestes, en cambio, a los dioses del mundo subterráneo se ofrecían animales negros.

En la tradición china, el blanco es el color de la vejez, del otoño, del oeste y del infortunio, aunque también el de la virginidad y de la pureza. Lo consideran como el color del luto por los muertos, tal vez a causa de la palidez de la muerte. En los sueños, un caballo blanco puede interpretarse como el presentimiento de una muerte. En muchas culturas aparecen fantasmas o espectros como figuras blancas.

En la alquimia, lo blanco (albedo) es la señal de que, después de lo negro (nigredo), la materia prima se encuentra en el camino que conduce a la piedra filosofal.

Azul: Es el color que más se considera como símbolo espiritual. Se le compara con la trasparencia del aire, del agua, del cristal y del diamante. También con el mar, el cielo, el espacio, puesto que no bloquean la mirada sino que la dejan perderse en ellos. Envía una vibración de equilibrio, de armonía y de alegría de vivir. Agranda el espacio a la vez que lo vuelve luminoso. El azul, todo profundidad y frescura, contiene una promesa de libertad. Simboliza la calma de una mar tranquila, la suavidad de modales, la ternura, el amor a la vida. Representa la plenitud de los más fervientes anhelos de unificación y de comunión con la naturaleza, la verdad y la confianza, el amor y la dedicación, la sumisión y la devoción. Simboliza lo tradicional, los valores permanentes, la eternidad sin tiempo.

La contemplación de este color – mientras más oscuro, mejor – tiene un efecto pacificante para el sistema nervioso central. La presión de la sangre, los ritmos del pulso y de la respiración se lentifican, dando lugar
a la actuación de los mecanismos auto-protectores de organismo y produciendo una tranquilidad saludable. Los lugares donde uno busca relajarse debieran tener reflejos azules. Un entorno azul oscuro es lo más adecuado para practicar meditación. La luz azul hace volver el sueño en algunos casos de insomnios rebeldes.

Cuando este color es el preferido por una persona en un test, revela una necesidad por quietud, paz, armonía, descanso, relajación y oportunidad para equilibrarse interiormente. Se desea un entorno calmo y ordenado, libre de disturbios y presiones, en el que los eventos puedan desenvolverse en forma suave a lo largo de líneas más o menos tradicionales, y donde las relaciones con los demás sean plácidas y libres de confrontaciones. Muestra una necesidad de sentir que se puede confiar en quienes lo rodean y de percibir que ellos a su vez confían en él.

Si este color es rechazado, significa que existe una intensa frustración por la carencia de todo lo descrito anteriormente, lo que conduce a un estado de ansiedad e, incluso, de angustia. Hay desasosiego, desaliento, deseos de escapar cortando todo tipo de lazos, sean emocionales, sociales o laborales. Hay falta de concentración, dificultades de aprendizaje en los niños, conducta inconsistente y agitación mental. Esta profunda inestabilidad puede llevar a la búsqueda de compensaciones, ya sea por una conducta sexual promiscua o por la práctica de deportes de alto riesgo. Si esa situación se prolonga demasiado tiempo, conduce a perturbaciones del sistema nervioso y a trastornos cardiovasculares.

Es aconsejado para calmar las neuralgias, el asma, los reumatismos, las crisis nerviosas y la hipertensión por sus propiedades analgésicas y antiespasmódicas.

Violeta: Es una mezcla de azul y rojo y simboliza tradicionalmente espiritualidad unida a la sangre del sacrificio. En el uso litúrgico, se vincula a conceptos de penitencia, expiación y conversión. Se usa en la Iglesia Católica durante el tiempo de reflexión de Adviento, próximo a la Navidad. Con un poco más de rojo, da origen al púrpura de los antiguos mantos imperiales, el que se extraía de dos especies de caracoles marinos y que era sumamente caro en la Edad Media.

Al unificar la conquista impulsiva del rojo y la sumisión gentil del azul, llega a ser representativo de la identificación. Esta es una especie de unión mística, un alto grado de sensitiva intimidad que conduce a una completa fusión entre el sujeto y el objeto, como si todo lo que se pensara y deseara pudiera transformarse en realidad. Es como un espejismo, un encantamiento, un sueño realizado en la imaginación, un estado mágico en el que la persona pretende fascinar a otros y cree conseguirlo. Existe una incapacidad para distinguir entre los sueños y los hechos reales.

Las personas mentalmente maduras nunca prefieren ese color en un test; pero sí lo hacen los preadolescentes – que todavía viven en el mundo de la lámpara de Aladino- las mujeres embarazadas, los homosexuales (hombres y mujeres), las razas indígenas en las que prevalece aún el animismo. También se ha observado esta preferencia en personas con problemas de la glándula tiroides. En todos estos casos indica inseguridad emocional, la que debe tratarse con especial comprensión, gentileza y afecto.

Cuando este color es rechazado, significa que el anhelo por una intimidad mística con otro ha sido reprimido por su aparente imposibilidad. Esto implica también un rechazo a involucrarse profundamente en cualquier tipo de relación, sea personal o profesional.

Rojo: En forma de óxido de hierro ha acompañado al hombre desde épocas Inmemoriales y se empleó abundantemente en las pinturas rupestres que han llegado hasta nuestros días. En la antigua China era el color sagrado, revitalizador de la dinastía Chou (lO5O-256 AC). Rojo también era el color del dios de la buena suerte que concedía la riqueza. En el arte cristiano tradicional es el color de la sangre del sacrificio de Cristo y de los mártires, del amor fervoroso a Dios y de las llamas del Espíritu Santo en Pentecostés.

En la alquimia, el rojo está relacionado con el blanco para formar un sistema dual en el que simboliza el azufre, el que quema. En la francmasonería, el rojo designa el sistema de altos grados del rito escocés. Se considera que en los sueños significa que la persona está preparada para la acción, se inicia la conquista y los sufrimientos; es entrega y también tribulación; es sobre todo una futura relación sentimental.

Se considera agresivo, vital, cargado de energía, afín al fuego, y sugiere tanto el amor como la lucha entre
la vida y la muerte. Es como la sangre y la pasión. Excita y estimula la mente, aumenta la tensión muscular y la capacidad de la respiración. Caliente e irritante, se desaconseja a los enfermos, para estados de ánimo introvertidos y melancólicos su efecto es inoportuno y repelente. Se dice que exalta los impulsos eróticos
y el entusiasmo. Es excitante para los sanguíneos, estimulante para los linfáticos o los convalecientes, levanta la actividad psíquica en la neurastenia depresiva. Acrecienta la actividad sexual del hombre, es el color del calor y del movimiento. Esencialmente dinámico, es necesario poner atención en su potencia, la que conviene saber dosificar. Despierta la energía vital y el deseo, la voluntad de conquista y el apetito de aventuras riesgosas.

El rechazo al rojo acompaña frecuentemente a la fatiga psíquica y nerviosa, a la falta de vitalidad, inquietud, impotencia o pérdida de apetito sexual. Por el contrario, un gusto demasiado pronunciado por este color atestigua un temperamento exorbitante, que puede llevar a la ninfomanía o satiromanía, estados en los que es imposible hallar la satisfacción y el aplacamiento sexual que esas personas buscan en vano.

Naranja: Este color evoca la luz, el fuego, el calor del sol. Goethe dijo que representa la exaltación extrema tanto como el suave reflejo del sol poniente. En efecto, el naranja estimula más de lo que excita, Símbolo de la intuición, de la alegría serena, de la fuerza equilibrada, induce al optimismo. Es un estimulante emotivo que acelera ligeramente las pulsaciones del corazón y da una sensación de bienestar y de júbilo, regocijando el alma.

Amarillo: Como el oro o la luz del sol. Considerado a menudo como el color más alegre, evoca en cierta forma la riqueza y la abundancia. En un matiz intenso produce actividad; pálido, descansa, relaja. Su efecto luminoso da vitalidad, es el color que más aumenta la tonicidad neuromuscular general. Agudiza el intelecto e incita a los trabajos del espíritu. Según Goethe: en su matiz más puro lleva siempre en sí la naturaleza de la claridad y posee un carácter de serena jovialidad y de dulce estimulación. Todo luz, el amarillo agranda los espacios exaltándolos e irradiando un alegre júbilo.

En la simbología tradicional china, era el color de la tierra. En el sentimiento popular, se lo considera el color de la envidia y de los celos, probablemente en relación con la bilis amarilla de los cuatro humores del cuerpo. En la Edad Media se consideraba el amarillo pálido como la representación de la agresión traicionera, por ello los judíos se veían obligados en esa época a vestir de amarillo.

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