El dios de la honda alegríadioniso01



Si hay algo que sorprende repetidamente de los antiguos pueblos, es aquella miscelánea de historias y misterios que los rodean, como si hubiesen sido bañados de luz y sombra para que sólo algunos de nosotros, los nuevos y dubitativos guerreros, intentemos desvelarlos. Esto es, en suma, enfrentarse a la Belleza. Y lo más bello es también lo más sagrado… Es así que dentro de ese contexto, sentimos que el principio de la historia de Atenas se pierde en los albores de los siglos Porque lo que desconoce la historia, lo completa su mitología y tradición oral, acerca de los dioses estrechamente vinculados con la ciudad, sus enfrentamientos para ganar el título del dios protector, los regalos -por ejemplo- de Poseidón, de Atenea o de Dioniso o de grandes hombres míticos de la ciudad como Teseo.

Pero si tuviésemos que elegir a uno de ellos para recordarlo o redescubrirlo en su gran complejidad o gran inmensidad y variedad, sin duda, nos decidiríamos por Dioniso -el dios de los muchos nombres-, ya que en el contexto de la mitología helénica, encarnaba el poder irrefrenable y salvaje de las fuerzas de la naturaleza.

Su culto fue muy importante en la cultura griega, ya que confirió a ésta un aspecto oscuro y misterioso, irracional, frente a la racionalidad típica del espíritu helénico. Su significado original era el de un ser divino cuyo poder podría notarse en la savia de la vegetación y, por lo tanto, la primavera en una estación de alegría y gozo para él y el invierno lo era de sufrimiento. De aquí surgió su doble carácter de dios de la vendimia y sus alegres acompañantes y de dios del éxtasis y las ceremonias místicas en las que los sufrimientos durante el invierno eran lamentados. A medida que iba pasando el tiempo fue visto principalmente como la fuente de la felicidad y la alegría que surgía del disfrute de la noble fruta de la vid, mientras después, como sus festivales en primavera y verano, con su alegría y júbilo, dieron ocasión a los primeros intentos de representación teatrales, se añadió la función de dios del teatro al de dios de la vid.

Fiestas dionisíacas
Eurípides caracterizó muy bien a Dioniso diciendo que es el más temido de los dioses para los mortales, a la vez el más dulce y el más suave, porque les alivia las penas. De él se ha dicho que está considerado como uno de los más recientes dioses del Olimpo y lo prueba que en Homero no tiene aún lugar entre los dioses helénicos, sino que figura entre las deidades extranjeras y es detestado por los otros dioses.

Estas eran las épocas en que la espiritualidad estaba fuertemente unida a los hábitos hedonistas y los que conseguían el favor de los dioses no siempre eran los más ilustrados en el campo de la esencia; sino los más diestros en las buenas o malas artes, los más ritualistas o los más adentrados al mundo de la magia. Dentro de ese marco obviamente estaban las fiestas protagonizando los espacios y las vidas de cada ser

En lo que respecta a las fiestas, podemos decir que eran actos civiles y religiosos en los que se exaltaban tanto el sentimiento religioso como el patriótico. En la mayoría de ellas se incluían concursos gimnásticos, atléticos, literarios, musicales y dramáticos. Cada ciudad tenía preferencia por determinados dioses, pero también había fiestas de carácter panhelénico, como Las fiestas Olímpicas, celebradas cada cuatro años en Olimpia en honor a Zeus, origen de las famosas competiciones gimnásticas y deportivas de la antigüedad y del mundo actual: las Olimpíadas.

Algunas veces un grupo de estados vecinos se unían para rendir culto a alguna divinidad común; pero la mayoría de las fiestas eran actos programados por cada polis, a lo largo de varios días, durante los cuales acudían a las ciudades gente de polis vecinas dispuestas a contemplar o participar en las distintas competiciones. Toda ciudad tenía sus fiestas y sus cultos públicos, y, sobre todo, en Atenas no había mes en que no hubiera alguna. Entre las que se celebraban en Atenas las más conocidas fueron: las Panateneas, las Tesmoforias y las Dionisias.

En honor de Dioniso se celebraban tres grandes fiestas: las Dionisias Agrarias, las Leneas y las Grandes Dionisias, de importancia trascendental para el mundo occidental, pues en ellas tuvo origen el Teatro (la Tragedia y la Comedia).

Con el tiempo, estos cultos no llegaban a colmar las esperanzas de muchos, para quienes la religión debía ofrecerles algo más que respuestas a sus problemas materiales; por eso, alcanzaron gran difusión determinadas doctrinas y ritos esotéricos, que en Grecia surgieron principalmente en torno a Deméter y Dioniso, pero cuyos rasgos comunes eran la esperanza de una vida tras la muerte sólo para los iniciados (los mystes), su práctica no oficial y ritos secretos (las orgia), aunque sin contradecir por ello la religión cívica, pues la ciudad los reconocía oficialmente y se organizaban bajo su control y con su tutela, y la admisión de todos los individuos, tras una serie de ritos iniciáticos, sin distinción de sexo o condición social.

Se dice que las Dionisíadas eran fiestas originarias de Egipto y que fueron llevadas a Grecia. Los atenienses las celebraban con más pompa que todos los demás pueblos de Grecia. Las principales ceremonias consistían en procesiones, en las cuales se llevaban vasos llenos de vino coronados de pámpanos. Venían luego, vírgenes escogidas, llamadas canéforas, porque llevaban canastos de oro, llenos de toda especie de frutos, de los cuales asomaban y salían serpientes amansadas que inspiraban espanto a los espectadores. Algunos hombres vestidos de silenos, panes y sátiros hacían mil gestos extraños. Por su parte las Leneas eran fiestas anuales en Ática donde los poetas se disputaban el premio, tanto con sus piezas satíricas, como por los combates de tetralogía, es decir de cuatro piezas dramáticas.

Lo más admitido en torno a este tema es distinguir, al menos en época clásica, entre tres tipos de fenómenos religiosos: los Misterios, el Dionisismo y el Orfismo.

Las bellas Bacantes

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Las bacantes eran las mujeres que celebraban los misterios de Dioniso. Las primeras bacantes fueron las que lo siguieron a la conquista de las Indias, llevando en la mano un tirso o lanza corta cubierta de hiedra y de pámpanos. Se dice que las primeras bacantes fueron las ninfas que educaron al dios y que habiendo ido para sitiar Argos, Perseo que defendía la ciudad, ganó la victoria y que perecieron en el combate muchísimas bacantes.Con frecuencia desnudas, a excepción de un ligero velo que ondeaba alrededor de ellas, ceñida la cabeza algunas veces por serpientes vivas, con los ojos encendidos, las bacantes corrían de este modo sin orden ni concierto de una parte a otra, haciendo retumbar los aires con sus descompasados gritos y con el sonido brusco de sus instrumentos, gritando Evohé (valor), amenazando y golpeando a los espectadores, formando una especie de danzas que consistían en saltos irregulares y convulsivos.

Despedazaban becerros, comían cruda su carne e iban a celebrar estas fiestas en la cumbre de algunos montes; lugares en los cuales el dios era particularmente venerado.

Aunque las solteras, las casadas y las viudas concurrían sin distinción a celebrar las fiestas de Dioniso, no obstante parece que las verdaderas bacantes eran vírgenes y que sólo ellas llevaban el tirso (o vara enramada, símbolo de Dioniso) aullando y dando gritos descompasados. Después de las bacantes seguían en buen orden las matronas acompañando las ceremonias sagradas y cantando himnos.

Eurípides refiere que las bacantes sabían conservar su castidad en medio de la agitación y del furor de que estaban poseídas, y que se defendían a golpes de tirso de los hombres que las querían hacer violencia.

Las bacantes se ocupaban con preferencia de la caza de los animales salvajes, tales como los tigres, los leones, panteras y se cubrían y adornaban con sus despojos. Se ejercitaban en la danza y en la carrera. Había en Esparta once doncellas llamadas Dionisíadas, quienes en las fiestas de Dioniso se disputaban el premio de la carrera. A imitación de su numen tutelar, las bacantes llevaban alguna vez coturnos (calzado de tacón muy alto) y se coronaban de laurel dado que el dios se coronó de él cuando volvió triunfante de la conquista de la India.

El mito de Orfeo y Dioniso
Un buen mito que ejemplifica a la perfección estos comportamientos báquicos es el mito de Orfeo, dios de la música, que descubrió su propio destino cuando se encontró con Dioniso.

Orfeo había heredado los dones poéticos y musicales de sus padres. Se enamoró de la encantadora Eurídice, pero poco tiempo después de su matrimonio ella fue mordida por una serpiente venenosa y su espíritu fue conducido a las regiones infernales de Plutón. Los lamentos de Orfeo se volvieron insoportables, tanto para los mortales como para los inmortales, por lo que finalmente Zeus le dio permiso para buscar a Eurídice, pero no sin antes advertirle que no tomara en cuenta ninguno de los juicios establecidos por Plutón. En aquel oscuro lugar consintieron en devolver a la amada, pero Plutón impuso dos condiciones estrictas. Orfeo no debería volverse para mirar a su mujer dentro del Hades ni intentar hablarle en el viaje de vuelta. Orfeo aceptó contento estas condiciones, pero su inevitable alegría se convirtió en curiosidad y cuando ya casi había llegado a la entrada miró hacia atrás para comprobar si Eurídice seguía siendo tan hermosa. Entonces la forma de la bella se diluyó ante sus ojos y él, lleno de desesperación, se fue a vagar por el bosque en busca de soledad. Pero fue allí donde el destino lo esperaba bajo la forma de las orgías de Dioniso y, debido a que se negó a tocar para ellas, las Furias lo despedazaron echando sus restos al río Hebrero. Mientras su boca seguía murmurando el nombre de Eurídice, se fue hundiendo hacia las profundidades del Hades, en tanto que su espíritu volaba a reunirse con su amada, un final agridulce.

Locura, danza, vino y hiedra

dioniso03Según los estudios de Walter Otto está muy ligado el culto y el mito, porque la religión dionisíaca refleja el ser y el hacer sobrehumano. Sin ir más lejos tenemos en el propio centro el mito de Dioniso y de las divinas mujeres que lo criaron y que constituyen su eterna compañía. Todas ellas padecen sufrimientos y persecución, debiendo morir, como él mismo. Sucede que los padecimientos que les sobrevienen guardan una estrecha relación con los terribles actos a las que las conduce su insania. Si las Tíades despiertan en el día de la fiesta a Dioniso niño en la cuna, no hacen con ello sino remedar lo que hacen las divinas nodrizas que crían al joven dios y que, cuando éste alcanza la edad adulta, se entregan con él a toda clase de excesos.

La locura que acompaña al dios no es una enfermedad ni degradación de la vida, sino el elemento que acompaña su salud. Es la locura del regazo materno, en el que habita toda fuerza creadora, la que introduce el caos en las vidas ordenadas, la que inspira la beatitud primigenia y el dolor primero y, en ambos, el salvajismo originario del ser. Por eso, a pesar de su parentesco con los espíritus del submundo (Erinias, Hades) Dioniso es un dios verdadero porque es la unidad y la totalidad de un mundo plural que abarca todo lo vivo.

Hay otros símbolos que lo representan y lo identifican; sin duda, no pueden estar ausentes la música, la danza, la adivinación, el vino surgido de la madre salvaje como dice Esquilo. Junto a la vid, la hiedra es la planta predilecta, la que lo adorna y caracteriza, por eso se le llama el adornado de hiedra. De este modo, estas dos plantas consagradas al dios se enfrentan en un contraste: la vid es hija del calor y da luz al ígneo torrente que inflama el cuerpo y el alma. La hiedra parece ser de naturaleza fresca e incluso la esterilidad y falta de utilidad de sus ramas hacen pensar en la madre y la muerte. Por otra parte, también se ha empleado para adornar las tumbas.

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