Si quieres hacer un pastel de manzanas desde cero, primero tienes que crear el universo.-

Carl Sagan

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El acto creativo más profundo que experimentamos como seres humanos es dar a luz a nuestros hijos. Las grandes fuerzas nos llevan a seguir el mandamiento de reproducirnos; aunque algunos de nosotros casi no sentimos este gran impulso, está allí como fuerza motriz, para asegurar nuestra futura existencia. Le ponemos una etiqueta y lo experimentamos comúnmente como una fuerza impulsora sexual, que sin embargo va mucho más allá de la supervivencia del género humano; de hecho, va más allá de la supervivencia de todos los tipos de vida. Borbotea continuamente en cada uno de nosotros; dirige nuestra existencia produciendo las ideas que fluyen por nuestras cabezas, formando las mismísimas palabras que pronunciamos.

Cada ser vivo siente esta fuerza impulsora de crear: tu perro, la serpiente en la hierba, las células de tu cuerpo, los insectos y las plantas la sienten. El flujo constante de encendido/apagado, vida/muerte, principio/final, esa presencia imposible de álef (espíritu incorpóreo) palpita en cada uno de nosotros como bet (la consciencia reconociéndose). En este sentido creativo, todos somos hijos de la enorme mente-espíritu que llena el universo y lo creó, y al igual que nuestro creador-espíritu, cada uno de nosotros tiene el poder de crear. Prueba de ello es que podemos pensar y hablar.

Este es el milagro de la acción creativa: nuestra descendencia, que puede tener la forma de nuestra propia carne y sangre o los pensamientos que nos salen de la frente, como en el mito de Zeus, cuando éste da a luz a su hija Atenea. Vamos ahora a explorar las bases alquímicas del impulso creativo (el sentimiento o el impulso de crear) y la importancia del concepto de la creación primogénita. Veremos cómo la creación implica y produce el sentimiento vivo que todos experimentamos y que al igual que el creador indio Brahma, que sueña para crear mundos, y el Gran Espíritu aborigen australiano, que sueña en la existencia de todos nosotros, nosotros también encontramos la fuente de nuestra capacidad creativa en nuestros sueños.

Todo empezó como un sueño

Al soñar, creamos una historia o jugamos. Contar cuentos o actuar parece ser una parte muy importante de la evolución humana; soñamos porque lo necesitamos para evolucionar y, de hecho, la mayoría de las criaturas sueñan.

Soñar es el resultado de la consciencia evolutiva de cada criatura sobre cómo adaptarse a su entorno. Si analizáramos el hecho de soñar desde un punto de vista científico puramente rutinario, tendríamos que decir que los sueños son importantes porque permiten que las criaturas desarrollen estrategias de supervivencia o modifiquen la programación a partir de los cambios medio-ambientales diarios. No existe una fórmula sencilla de definir lo que son los sueños, pero las pruebas actuales indican que sin duda tienen un papel evolutivo.

La teoría evolutiva de Darwin declara que la evolución de la vida es un proceso de selección natural. Según Darwin, la vida es una lucha competitiva para sobrevivir frente a los recursos limitados, en muchos casos. Los seres vivos deben competir por comida y espacio, evitar depredadores y enfermedades y a su vez lidiar con cambios impredecibles en su entorno. Darwin sugirió que en una población y entorno concreto existen individuos que poseen unas características que les permiten una mayor supervivencia y reproducción. Sin embargo, cómo adquieren estas características sigue siendo aún hoy un misterio, aunque las heredan las siguientes generaciones. Como la característica adquirida beneficia al organismo, la cantidad de organismos con estos nuevos rasgos aumenta a medida que las generaciones van transmitiendo esta combinación ventajosa de características. Del mismo modo, puede decirse que la especie que no presenta estos rasgos beneficiosos va perdiendo gradualmente individuos. Por lo tanto, según Darwin, a lo largo del tiempo la selección natural hace que el equilibrio de la población se incline hacia esos individuos con la combinación de rasgos, o adaptaciones, más adecuados a su entorno.

Pero mi pregunta sigue siendo: cómo adquiere una especie la característica que se necesita? Las experiencias del sueño de los pueblos aborígenes australianos indican que la característica que se necesita surge y nace por primera vez en los sueños. Cada criatura sueña con la posibilidad de la siguiente evolución, de manera que, por ejemplo, el pez sueña con el anfibio y el anfibio con el pájaro, y así sucesivamente. Es decir, soñamos ante todo para ser conscientes de nuestras futuras posibilidades: las nuevas formas en las que cada uno de nosotros puede existir. Esta capacidad de sentirse como algo nuevo o modificado parece ser vital para la supervivencia y para modificar el código genético; sin ella, no somos capaces de sobrevivir tanto como especie.

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Además, la capacidad de ver las posibilidades futuras atrae el futuro al presente. Este movimiento de futuro-a-presente es distinto, por supuesto, del modelo normal en el que vemos cómo fluye el tiempo de forma lineal del pasado al presente y al futuro. Dicho en otras palabras, la consciencia puede funcionar de manera distinta en el estado de sueño que en nuestro estado despierto.

La materia sueña.- Según la ciencia moderna, si creemos que toda la consciencia surge de la materia, la materia en sí debe soñar. Sabemos que los sueños ocurren y que casi todas las cosas sueñan. Así pues, cuando digo que la materia sueña, me limito a seguir el hilo lógico de la idea basada en la filosofía materialista.

El razonamiento es el siguiente: el universo está compuesto de materia, y la materia que interactúa con la materia crea todos los fenómenos físicos distintos que se pueden observar, incluyendo la vida y sus formas evolutivas y la mente. En última instancia, la vida y la consciencia son fenómenos físicos que se pueden observar. Así pues, cualquier cosa asociada con la vida debe estar a su vez asociada con los objetos materiales que chocan o interactúan entre sí. Por lo tanto, el estado de sueño y toda la consciencia consciente surgen de la materia interactuando, y llegamos a la conclusión de que la materia sueña (como mínimo esta es la conclusión lógica desde el punto de vista materialista).

Sin embargo, yo no he llegado a esta conclusión, puesto que creo que el materialismo en sí es erróneo como base para entender la ciencia; es demasiado reduccionista. El reduccionismo no es tan importante como la base sobre la que se sostiene el reduccionismo, puesto que la materia es la base. Como expliqué en La Mente en la Materia, creo que la materia debe ser una cualidad secundaria, que debe existir una cualidad principal de la que surge la materia. Del mismo modo que debe haber un orden implícito, como diría el físico David Bohm, del que surge la consciencia y el conocimiento, también debe de existir algún orden, que no se percibe directamente, del que surgen la materia y el espacio.

Sabemos, o digamos que tenemos pruebas experimentales que lo sugieren, que hubo un big bang y que el universo fue creado a partir de un punto. La teoría está basada en dos o tres conjuntos de pruebas muy sólidas, aunque no por ello eso fue lo que ocurrió real y necesariamente. Sin embargo, es lo que creemos en la actualidad según las pruebas: que el universo nació a partir de la nada.

Y no sólo nació el universo, sino que toda la materia, el espacio y el tiempo también nacieron simultáneamente. Según la teoría general de la relatividad, la materia no sólo surgió en espacio y tiempo, porque no pudo ser así. El espacio y el tiempo tenían que surgir simultáneamente con la materia y la energía. Por lo tanto, la materia no puede ser fundamental y nuestra filosofía materialista es errónea simplemente porque no tiene en cuenta el concepto elemental del big bang. Tiene que haber algo más fundamental que la propia materia.

Compartiré un pensamiento más que nos ayudará en adelante. Según el principio de la física cuántica de la complementariedad, la materia y la energía acaban siendo complementos necesarios en el espacio y el tiempo. Así pues, no podemos describir el mundo de los acontecimientos en términos de espacio y tiempo y en términos de energía y materia a la vez. Este hecho nos ayuda a entender el axioma de la nueva alquimia, el como es arriba es abajo. De hecho, esta complementariedad es lo que tenemos que ver si queremos que la evolución se parezca a la visión de Darwin o a cualquier otra neoforma que pueda adoptar.

Qué es más fundamental?

Podemos imaginarnos la base fundamental de la existencia, de la que apareció en primer lugar el espacio, el tiempo, la energía y la materia, como la gran madre-diosa o el gran padre-dios. Estas imágenes aparecen una vez tras otra en los textos antiguos de muchas culturas. Todo lo que puedo contar sobre ello es mi propio punto de vista, pero ahí va.

Existen varias pistas sobre la existencia de una base más fundamental de la existencia, y una de ellas es la realidad del vacío de espacio. Sabemos que un espacio vacío puede estallar en materia y energía, y por lo tanto puede envolver lo que ha creado y reabsorber lo que ha engendrado. Así pues, podría decirse que el vacío de espacio puede crear y aniquilar, de manera que tendremos un baile continuo de objetos que aparecen y desaparecen rápidamente, por todas partes, en todo momento. Dicho baile impregna todas las cosas y su resultado es que nada se vuelve a repetir exactamente de la misma forma, aunque lo pueda parecer.

Cuando el espacio está absolutamente vacío, cuando no hay nada, el proceso parece ser inestable, y existe una gran tendencia a producir objetos. De vez en cuando, esta tendencia incluso permite que los universos aparezcan de repente. El espacio dentro de un universo, sin embargo, cuando ya ha sido creado, parece ser más estable, relativamente hablando, en términos de tiempo; parece haber menos procesos de creación de universos dentro de un universo espacio-tiempo. Cuando surgen la materia, el espacio-tiempo y la energía, parece que hay una menor tendencia a producir otro universo justo después o en la proximidad inmediata. Así pues, aparentemente, existe una norma sobre cómo debería o no debería crearse un universo.

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De la historia que acabo de contar, que está basada en la física y en la especulación, proviene otra historia de la espiritualidad, la Danza de Shiva. En esta historia, Shiva y Shakti bailan la danza de la creación y la aniquilación. Shiva es el Creador-Destructor. A veces Shiva se presenta como Shakti, la consorte de Shiva. Él/Ella es quien aparece como Kali, la diosa que mata y destruye para que ocurra la recreación. Así pues, la Danza de la aniquilación y la Creación, que es una parte de la física moderna, también es una parte de la mitología antigua.

En la cábala, los principios del misticismo judeocristiano, que se remontan a la época anterior a la aparición de judíos o cristianos hasta el pueblo de la tierra de Ur (ahora conocida como Irak), hubo una visión de este proceso en funcionamiento. El espíritu, simbolizado por la letra álef, la letra primogénita del alfabeto hebreo, fue capaz de producir o emanar un movimiento vibratorio de resistencia a sí mismo que se llamó agua, o mem (la decimotercera letra del alfabeto hebreo). Luego el espíritu fue capaz de respirar vida en esa agua y, al hacerlo, apareció un movimiento del espíritu al agua y del agua de nuevo al espíritu. Este movimiento de doble flujo recuerda tanto al proceso de aniquilación y creación como al ciclo de vida y muerte.

El flujo del espíritu al agua es creativo y el flujo del agua al espíritu es destructivo, lo cual produce una danza continua de vida. Este proceso también puede simbolizar la danza de la consciencia o conocimiento, o incluso el movimiento de ondas cuánticas de posibilidad de un acontecimiento presente a un acontecimiento futuro, y luego hacia atrás en el tiempo al acontecimiento presente de nuevo.

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