La voluntad es aquella función psicológica más directamente relacionada con nuestro ser. El psiquiatra Rank decía: el ser humano experiencia su individualidad en términos de su voluntad, y esto significa que su existencia personal es idéntica a su capacidad para expresar su voluntad en el mundo. Como, en general, la persona no está consciente de su ser, tampoco lo está de la más directa función de este ser: la voluntad.

Hay comúnmente dos concepciones unilaterales de la voluntad. La primera es la de reprimir o inhibir impulsos instintivos, usando la fuerza, tal como se doma a bestias salvajes. La segunda es la de empujar con fuerza, como hace un hombre al tratar de mover un vehículo cuyo motor no funciona.

En realidad, un análisis de la voluntad revela varias fases o estados, que detallaremos más adelante. Pero lo que más nos interesa es presentar sugerencias prácticas para el desarrollo y entrenamiento de la voluntad en su completa, efectiva y exitosa actuación.

Aplicaciones prácticas:

El propósito de desarrollar la voluntad es evidente por sí mismo, porque la voluntad se necesita primero para decidir y después para perseverar – haciéndose el tiempo. necesario y dándose la correspondiente molestia – en la práctica de una determinada técnica, o sea, primero hay que tener la voluntad de entrenar la voluntad. Aquellas personas que dicen que no tienen voluntad, siempre tienen algo de voluntad porque es una cualidad inherente al ser, aunque gran parte de ella esté en estado latente. Esta gente tiene que aprender a usar su pequeño capital – esta módica cuota de voluntad – con miras a fortalecerla e incrementarla hasta que llegue a ser una habilidad organizada, teniendo siempre en cuenta que no hay límites en lo que pueda alcanzar una potente voluntad.

Es conveniente colocarse en una posición cómoda, relajarse, e imaginar lo más vívidamente posible diferentes situaciones en las que se vean actuar con plena asertividad, en forma decidida, persistente, concentrada, resistiendo cualquier intimidación; disfrutando emocionalmente de los beneficios y satisfacciones que les traería este estado de cosas.

Ayuda mucho leer textos especialmente dedicados a cultivar y reforzar el optimismo y la decisión para actuar. Son útiles las biografías de personajes exitosos, quienes han demostrado las mejores cualidades
de una fuerte y constructiva voluntad.

En la vida cotidiana es posible dejar algunos momentos para ejercitar la voluntad en pequeñas cosas, como levantarse unos veinte minutos más temprano para hacer unos pocos ejercicios físicos; irse a la cama a una hora fijada de antemano, a pesar de un atractivo programa en la televisión, por ejemplo. Cada uno podrá idear el hacer un par de cosas diariamente en contra de las ganas de no hacerlas.

Una advertencia importante: no hablar de esto con otras personas, ni aún con la laudable intención de inducirlos a seguir este camino. El hablar del tema descarga las energías que se necesita acumular para el esfuerzo. Además, esto puede provocar fácilmente reacciones escépticas o cínicas que pueden hacerlos dudar o desalentarse. Hay que trabajar en silencio. Es indispensable insistir en este punto.

Las fases o estados de la voluntad son seis, todos necesarios para su completa y efectiva expresión:

1.- Meta – evaluación – motivación

Como estamos tratando con voluntad consciente, el próposito o meta es esencial como primer paso, porque sin una meta consciente no puede haber voluntad. Después de haber decidido la meta viene la intención de obtenerla y la evocación de la motivación.

Debemos tener en cuenta que tras de nuestra motivación consciente pueden haber móviles inconscientes que sería oportuno desenmascarar. No se trata de condenar o reprimir esos impulsos; la función de la voluntad es la de utilizarlos y asegurarse su cooperación para obtener el propósito elegido. El orgullo, la vanidad, el deseo de complacer a una persona amada, el impulso de competir con éxito en un deporte, etc., pueden ser empleados para reforzar una voluntad débil al comienzo. Resulta útil preguntarse sobre lo que más se desea obtener, cualquiera sea la motivación que haya detrás de ello. Lo que importa es poner a nuestro servicio la potente energía que pueda haber tras ese deseo.

La motivación inevitablemente implica evaluación, y esta es esencial. Una verdadera evaluación implica a su vez una escala de valores, los que a su turno son la expresión de un concepto o filosofía de vida y de una concepción del mundo. Toda persona lo tiene, aunque raras veces se lo formula a sí misma; a veces es vago, confuso, o aun contradictorio. La clarificación, el llegar a ser conscientes de la posición o actitud que tenemos frente al mundo, es un valioso fruto de este análisis. Es evidente que el propósito o meta hacia donde la voluntad será dirigida debe tener una intensa evaluación positiva.

2.- Deliberación

Es la consideración, el sopesar los pro y los contra. En algunos casos particulares parecería que no hay mucho que deliberar, y que la elección sería ir inevitablemente hacia la más alta meta o propósito concebible; pero el asunto no es tan simple. El propósito o meta no sólo debe ser de alto valor sino también obtenible. Podemos visualizar metas muy ambiciosas, y reconocer al mismo tiempo en forma realista que son imposibles, al menos en las condiciones psicológicas y ambientales existentes. Por lo tanto, la deliberación o consideración que nos llevará a la siguiente etapa – la decisión o elección – no puede ser hecha automáticamente eligiendo la más alta meta, porque uno debe tomar en consideración las varias condiciones y circunstancias. Aunque una meta alternativa pueda ser menos ambiciosa, por varias razones debería tener prioridad. Se necesita sabiduría en la deliberación y la consideración de los factores en juego en una situación dada, porque cada una es siempre única.

3.- Decisión

Esta es una etapa difícil porque involucra elección, y va contra la fuerte tendencia que existe en todo ser humano de guardar la torta sin privarse de comerla. En términos psicoanalíticos sería seguir el principio del placer, el cual es irracional. El hacer una elección deliberada significa, en cambio, el uso del principio
de la realidad, el cual es un principio de relatividad: no podemos tenerlo todo, debemos elegir entre alternativas. Se podría expresar en términos negativos como renunciamiento; pero, para propósitos prácticos, es mucho mejor poner énfasis en el término positivo de preferencia. Cuando escogemos, cuando formulamos una decisión, esto significa que preferimos algo que consideramos más deseable y obtenible que las otras alternativas que descartamos. La dificultad en una decisión voluntaria está en que
el individuo, ya sea clara o subconscientemente, se da cuenta de que una decisión es un acto de Iibertad que inevitablemente involucra responsabilidad. Este dilema de libertad versus responsabilidad – ya se trate de individuos o comunidades – ha sido estudiado en profundidad por Fromm y otros. El escapar de la responsabilidad se hace al costo de sacrificar el más precioso de los dones humanos: el de la libre voluntad.

A este punto, conviene recalcar que la indecisión es uno de los más notorios síntomas en personas depresivas. El verse obligadas a tomar una decisión les despierta una intensa ansiedad que puede convertirse en angustia. Como su autoestima es baja, pueden tomar decisiones en las que subvaloren su capacidad verdadera, limitando sus expectativas en perjuicio suyo.

El caso opuesto se encuentra en personas fuertemente autocentradas y muy asertivas, que se niegan a renunciar a lo que sea, y luchan por tenerlo todo, aunque se trate de cosas incompatibles entre sí, como sería una carrera absorbente y una feliz vida familiar.

4.- Afirmación

Una afirmación efectiva involucra varios factores: el primero es fe: no simplemente una creencia sino
una fe viviente y dinámica; aún más, una convicción arraigada. Si esto falta, la afirmación tendría que basarse en la intención de probar, de arriesgarse valientemente en una aventura.

El acto de afirmación consiste en una orden o declaración que nos hacemos a nosotros mismos. Es un imperativo expresado como la palabra latina Fiat o Hágase. La intensidad o voltaje psicológico de la afirmación determina el grado y la extensión de su efectividad.

En muchos casos es necesario repetir, o más bien renovar, la afirmación a intervalos, con miras a intensificar su potencia para superar factores oponentes. Es bueno estar consciente del hecho de que una afirmación a veces provoca reacciones internas en su contra. Esto debe ser comprendido de modo de no sorprenderse o desalentarse, sino de resistir en calma mientras estas reacciones persistan, para más adelante superarlas en forma apropiada, una de las cuales es – como ya dijimos – renovar la afirmación.

5.- Planificación

Se refiere a organizar la actividad de acuerdo a un plan claramente delineado. Esto requiere una previsualización de las varias etapas, o pasos a seguir, entre el punto inicial y la meta última de realización del propósito. En algunos casos esta meta puede estar muy distante, entonces es conveniente fijar metas intermedias que se irán alcanzando sucesivamente. Por ello es necesario hacerse – con claridad y discernimiento – un programa bien organizado de tareas parciales y logros consecutivos.

Hay dos errores contrapuestos que deben ser evitados. Uno es mantener la atención y la dirección de la voluntad tan exclusivamente enfocada en la meta última que la persona pierde de vista el suelo bajo sus pies. El otro, y el más común, es llegar a interesarse tanto y sobrevalorar las metas secundarias, colocando un énfasis indebido en las maneras de obtenerlas, que se olvida la meta última.

También existe gente demasiado segura de sí misma que se impacienta por la cuidadosa – e inevitablemente lenta – planificación. Tienden a poner en marcha un plan en el que falta afinar detalles, o peor aún, corren alocadamente hacia su meta, sin considerar obstáculos, tiempo, posibilidades realistas, reacciones negativas de otras personas, etc.

6.- Dirección de la Ejecución

Aquí se necesitan dos de las más importantes cualidades de la voluntad: primero, su dinamismo y poder energético enfocado hacia la meta, y segundo, la persistencia o perseverancia. Es obvio que una voluntad perfecta combina el máximo del poder dinámico con el máximo de persistencia; pero tipológicamente – encontramos que hay personas que tienen más de una cualidad que de la otra. Además, ciertas tareas requieren el aspecto dinámico, mientras que otras de naturaleza más prolongada piden paciencia y perseverancia. Por lo tanto, es un problema subjetivo no sólo qué características de la voluntad prevalecen en una determinada persona, sino además cuál de ellas es más necesaria para una tarea o meta en particular. Obviamente, en el entrenamiento de la voluntad tenemos que acentuar aquella que esté relativamente menos desarrollada.

La manera en que el dinamismo de la voluntad se manifiesta es a través de la afirmación y el comando, en
el Fiat. En contraste, el aspecto perseverante es necesario para una de las más efectivas técnicas de educación de la voluntad: mantener un claro cuadro mental en el foco de atención, visualizando persistentemente las ventajas de poseer una fuerte voluntad y las desventajas y frustraciones que produce el que ella sea débil. El poder de las imágenes sostenidas es enorme.

Otra cualidad necesaria en esta etapa final de ejecución es mantener la dirección. Esto requiere excluir o descartar todo obstáculo que pudiera interferir con la aplicación de la voluntad en la realización de la tarea.

Indicaciones Generales

Es importante que la persona sea consciente del nivel de su voluntad en cada una de esas fases. A menudo sucede que la voluntad está más desarrollada – y aun tiene la fuerza que se requiere – en alguna de ellas y sea débil – o muy poco desarrollada – en otras. Hay gente que decide con rapidez, pero le falta la persistencia para llevar a cabo sus decisiones. En otros casos, lo más difícil es tomar una decisión, pero, una vez hecha, el resto funciona adecuadamente.

Es evidente la necesidad de equilibrar armoniosamente estas seis fases de la voluntad que hemos detallado, sin dejar de lado el sentido ético: la responsabilidad que nos atañe por nuestras acciones en relación con otras personas. Existen individuos dominantes, que tratan de alcanzar sus metas a toda costa, sin consideración hacia los derechos de los demás, lo que provoca tanta resistencia a su alrededor, que fracasan en su intento. No debemos luchar por nuestras metas explotando o pasando a llevar a otras personas. Esto debe tomarse en cuenta en la etapa de Planificación.

Roberto Assagioli

Traducido y extractado por Sonia Ramírez de
Psychosynthesis
Penguin Books
New York.

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