Métodos de Indagación
Sólo por medio del arte podemos salir de nosotros mismos; en lugar de ver sólo un mundo, el nuestro, lo vemos con múltiples formas.

Marcel Proust

La naturaleza es un artista que trabaja desde dentro, y no desde fuera.

John Dewey

 

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La idea de relacionar el cuerpo humano con los cuerpos celestes es más antigua que la historia registrada. Los pintores de las cavernas paleolíticas, los antiguos egipcios y los arquitectos de las pirámides mayas, los constructores celtas de monumentos megalíticos, los escultores de los templos primitivos de las Indias Orientales, tallados en la roca, y los artesanos indios norteamericanos deben de haber sentido por igual la influencia del cosmos en sus vidas, como lo ponen de manifiesto sus formas artísticas. Los estudiosos de la mitología oriental señalan que el universo era concebido como una gran madre que engendró muchos mundos, y en cuya matriz se formarán otros, en un círculo continuo de nuevas creaciones. El Tao de los chinos revela una intuición similar, según la cual toda la actividad humana y los acontecimientos naturales existen en concordancia con los caminos del universo, y los diversos sistemas de la filosofía india han expuesto durante milenios el tema de la relación cuerpo-mente-sí mismo-universo.Una obra maestra de la metáfora, que trata muchas de las preocupaciones que han surgido en la neurocosmología, son los Upanishads. Este antiguo tratado de filosofía hindú, que data de los siglos VIII a VI a. de C., especula sobre la fusión de la materia y el espíritu (con esta palabra se designa la energía). La previsión es tan justa que se podría pensar que sus autores se anticiparon al concepto contemporáneo de la equivalencia de masa y energía. Además describe el proceso evolutivo por el cual crece y decrece el orden de la materia. En el Maitrayani Upanishad, por ejemplo, se emplea un equivalente del término esencia para describir el proceso creador en virtud del cual el cosmos como todas las criaturas vivas – es estimulado a evolucionar desde estados de desequilibrio o caos hasta estados de equilibrio y orden, para volver al desorden y comenzar de nuevo.

En otro lugar, los filósofos presocráticos del siglo VI a. de C. sugirieron muchas de las nociones actuales sobre la consciencia, la materia y los principios fundamentales del mundo. El astrónomo griego Anaximandro, por ejemplo, concebía la realidad como un todo cuyas partes son interdependientes. Y los filósofos Empédocles y Anaxágoras exploraron el punto de vista opuesto; teorizaron que la realidad está compuesta por muchas partes independientes con una multitud de principios últimos. Por otra parte Leucipo, Demócrito y Epicuro propusieron que toda la materia está constituida por elementos finitos indivisibles.

Con estos precedentes, afirmo que los principios neurológicos y los conceptos cosmogónicos actuales se han desarrollado en alguna medida a partir de las ingeniosas especulaciones de los antiguos, del mismo modo que las semillas de la geometría algebraica moderna fueron sembradas por los árabes, hindúes, chinos y griegos más o menos en el 1100 a. de C. La historia de estas ideas es muy larga e imaginativa, y ha influido en nuestras vidas en el sentido más profundo. Analizada, documenta de qué modo los antiguos formularon los conceptos que más tarde dieron origen a la mente nuclear, poniendo en movimiento reacciones en cadena de la razón que continúan cambiando nuestras sensibilidades y perspectivas. Hasta el día de hoy, nos sigue impresionando la magnitud de la imaginación de los antiguos puesta al servicio de su curiosidad. Ellos nos proporcionan las herramientas conceptuales y tecnologías del pensamiento necesarias para estudiarnos a nosotros mismos. Dos de las herramientas más admirables y estimulantes que utilizaron en sus exploraciones son el arte y la metáfora; nos referiremos al desarrollo de esos instrumentos de conocimiento.

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La metáfora como el arte- se refiere a la experiencia. Hay que experimentarla en la imaginación antes de analizar sus expresiones en busca del significado. Cuando se nos pide que identifiquemos las metáforas de nuestro discurso, o que consideremos sus significados, invariablemente un silencio incómodo llena el neuro-espacio como una niebla, antes de que la disipe nuestra respuesta imperfecta. Y, sin embargo, empleamos las metáforas tan inconsciente y libremente como el agua. No podemos hablar sin hablar metafóricamente, pues nuestro lenguaje hablado está construido con materiales simbólicos de naturaleza metafórica. Las palabras son sólo símbolos de sus significados. Un símbolo, signo, palabra, objeto o idea representa a otro.Nuestras mentes simbólicas operan relacionando implícitamente diferentes cosas y procesos. Por medio de las metáforas podemos relacionar algo que conocemos con algo que no conocemos. Una metáfora rica puede ser una mina de oro de hipótesis que relacionen las propiedades de diferentes sistemas. Tal es el caso del concepto de la música de las esferas formulado por el astrónomo alemán Johannes Kepler, que ayudó a la ciencia de la astronomía a escuchar de modo nuevo sus propias descripciones del universo. Las concepciones metafóricas del cosmos expresadas en el libro más antiguo de Kepler, Mysterium Cosmographicum (1595), y en su más maduro Harmonices Mundi (1619), identificaron algunas relaciones insospechadas entre cosas familiares: la aritmética, la geometría, la música y la astronomía. Kepler abordó la astronomía a través de una metáfora, pues se proponía descubrir la magia de los meros números y demostrar la música de las esferas, la naturaleza armoniosa del cosmos. Sus especulaciones, basadas en las observaciones astronómicas rigurosas de Nicolás Copérnico y Tycho Brahe, proporcionaron el pensamiento seminal de la teoría gravitatoria de Isaac Newton. Y esta teoría abrió las puertas a la ciencia moderna, unas puertas preparadas por el científico renacentista Galileo, contemporáneo de Kepler, con su creencia en las pruebas experimentales sistemáticas. El trabajo de la metáfora adquirió sentido en el contexto de la investigación científica que indagaba la unidad de la naturaleza.

Las metáforas fueron particularmente valiosas en estos y otros descubrimientos, en cuanto demostraron qué similares suelen ser los modelos de cosas desiguales. Los modelos de la forma como funciona una cosa pueden utilizarse para describir los funcionamientos de otras cosas muy diferentes. De ese tipo fueron las comparaciones de la mecánica de una bomba con la del corazón humano (da Vinci), de la mecánica de un reloj con la dinámica del cosmos (Descartes), de una fábrica con las operaciones de la mente humana (Leibniz) o de un ordenador con el cerebro (Turing).

 

Hay innumerables ejemplos de metáforas comunes que fueron fuente de ideas extraordinarias. Dos de las citadas con mayor confianza en el dominio de la ciencia son los descubrimientos de Isaac Newton y Albert Einstein. A los 22 años, Newton observó la caída de una manzana desde el árbol. El mismo fenómeno tal vez ya había sido presenciado casualmente por millones de otras personas, algunas de las cuales, nos dicen los historiadores, ya habían concebido una fuerza como la de la gravedad. Pero Newton fue el primero en atreverse a conjeturar que en los planetas y las estrellas debería estar actuando una fuerza similar. Esa conjetura permitió al hombre llegar al espacio exterior. Tal vez pueda también ayudarnos a conceptualizar las influencias de las fuerzas gravitacionales actuantes dentro de las mentes humanas y entre ellas. Sin duda, mientras continuemos definiendo la naturaleza ambigua de la gravedad, a la vez adquiriremos conocimientos sobre la gravedad de la ambigüedad, descubriendo de qué modo la mente gravita hacia ciertas materias de pensamiento y creaciones.

Como hemos leído en incontables relatos, a los treinta años Einstein emprendió el proceso de la metáfora cuando se vio a sí mismo cabalgando sobre un rayo de luz; en efecto, se convirtió en parte del rayo mientras experimentaba el sistema que intentaba describir. La experiencia cinestésica condujo a Einstein a conceptualizar la relatividad, y a formular sus especulaciones matemáticas sobre la relación entre la materia y la energía, el espacio y el tiempo. Es como si los sensorios de estos dos descubridores hubieran estado completamente abiertos al tránsito y el alcance de la metáfora.

 

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La historia de las creaciones humanas desde las pinturas rupestres magdalenienses de Altamira, de 14.000 años de antigüedad, hasta los trabajos cerebrales de los físicos teóricos y el arte contemporáneo – demuestra que las metáforas constituyen universos. Con redundancia agradable, los ritmos de la metáfora van transmitiendo el mensaje de que hay tantas maneras de interpretar el mundo como modos de representar nuestras percepciones y respuestas. Cada representación toca algún aspecto de la cosa o proceso representado. Las imágenes mentales a las que damos formas, en respuesta a los conceptos metafóricos, tienen significados que van más allá de nuestras descripciones de los conceptos en sí. Se podría decir que son tan livianas o densas como las cosas a las que se refieren.

Para designar los procesos del arte y la metáfora, utilizo el término metaforación. Una metaforación es un objeto, imagen, concepto o proceso que comparamos con alguna otra cosa. Por ejemplo, cuando decimos que la mente es una máquina, la máquina se convierte en una metaforación que representa los aspectos mecánicos de la mente humana. Y viceversa: la mente se convierte en una metaforación que representa los aspectos orgánicos o biológicos de las máquinas. Esta nueva asociación genera la ampliación de ambos conceptos.

La neurocosmología insiste en que se considere todo objeto, concepto, imagen y proceso como una metaforación. Todas las cosas son intrínsecamente metaforaciones, sea que se las emplee metafóricamente o no. Con independencia del contexto en el que existe una cosa o proceso, nuestra mente puede conectarlos con alguna otra cosa, al tiempo que discrimina entre las conexiones. Metaforaciones son todas las formas de la metáfora, entre ellas la analogía, la alegoría, la alusión, el simbolismo y los tropos o figuras del lenguaje. Además, pueden envolver todos nuestros sentidos físicos, en cuanto abarcan todo modo de pensamiento, sentimiento y creación. Muchas de las metaforaciones a las que aquí aludo tienden a ser objetos o ideas visuales, aunque deriven de fuentes no visuales.

Como sustantivo y verbo, metaforación y metaforar son los modos y medios de postular semejanzas entre las cosas. Al hacer de algo una metaforación, trascendemos las imposiciones de la lógica y el pensamiento verbal, transfiriendo de un objeto a otro (con el cual se relaciona) un nuevo significado, pauta o conjunto de relaciones. Como el lenguaje de la matemática pura, capaz de describir procesos y formas abstractas de n dimensiones, el lenguaje simbólico de las metaforaciones es también multidimensional. Opera simultáneamente en muchos planos de asociación, matices y significados. Las metaforaciones evocan la idea de formar, conectar, configurar alguna cosa (o información) en las manos y los ojos de nuestra mente.

A continuación nos dedicaremos a mostrar de qué modo las metaforaciones son instrumentos de la naturaleza para unir cosas y pensamientos. Transmiten ideas que dirigen nuestra consciencia hacia relaciones que eluden el análisis descriptivo completo. Las metaforaciones 1 a 5, por ejemplo, sugieren que las artes y las ciencias, el universo y el cerebro, comparten ciertas relaciones sin especificar ni abogar por esa sugerencia

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Metaforación 1.- Los mundos paralelos del arte y la ciencia.- Aunque a veces comparten intereses y percepciones similares, sus representaciones son esencialmente diferentes. Los ajenos a su campo, por lo general, piensan que la ciencia es una progresión lineal de hechos, investigaciones, etc. Esa linealidad suele quedar indicada por estos tipos de anotaciones visuales. Se muestra que el mundo del arte se mueve hacia el infinito en una dirección opuesta. Aquí vemos que las artes y las ciencias son paralelas entre sí y convergen (sobre algunas cuestiones), aunque realmente nunca llegan a encontrarse en un punto. Si sustituimos las palabras ciencia y arte por cerebro y universo, respectivamente, el significado de esta metaforación cambia bruscamente.

Quienes no queden satisfechos con esta anotación visual simple y consideren esta relación más compleja, podrían indicarlo creando dos curvas paralelas entre sí o dos planos que se cruzan, o con una matriz en la que sistemas de puntos distintos (que representan la ciencia) están conectados por un sistema perfectamente organizado de líneas (que representa el arte). Para añadir un sentido de acción a esas formas geométricas estáticas, se podría expresar esta idea mediante el símbolo activo de la espiral (metaforación 2).